Bienvenido

NOTA IMPORTANTE

Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
juanmanuel-sagazombis.blogspot.com.es

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lunes, 19 de junio de 2017

Descarga de los capítulos del 161 al 180 de Necroworld

Para facilitar el envío de los capítulos y que no tengáis que esperar a que yo vea vuestro email. Aquí os dejo un enlace para que podáis ver y/o descargar los capítulos del 161 al 180. (En un enlace de OneDrive)
Necroworld 161 a 180

Recuerda que a partir de Septiembre, podrás seguir la re edición de Zombies, mejorada y corregida en:

Saga Zombies (Nuevo blog)


sábado, 17 de junio de 2017

Mudanza de blog (Leer, es importante)

Buenos días. Algunos ya lo sabéis, pero otros no. Esta entrada va dirigida a los más veteranos y a los nuevos que lleguen al blog, leed con atención.
Con motivo de corregir y mejorar estás dos novelas ZOMBIES y NECROWORLD.  Cree un nuevo blog donde pretendo volver a publicar las novelas desde el principio, pero esta vez, mejoradas y corregidas. 
Hoy, día 17 de Junio de 2017 se ha publicado el capitulo 160 de NECROWORLD. Esta, será la ultima entrada que publicaré en el blog, para centrarme únicamente en la publicación de los otros donde seguiré con mi trabajo. Soy consciente de que aun faltan 40 capítulos de NECROWORLD, así que tranquilos, aunque esta vaya a ser la ultima entrada que se publicará en este blog, no os quedareis sin leer los capítulos que faltan. 
Actualmente, de Necroworld, tengo escrito hasta el capitulo  185. Me faltan 15 para acabar, como imagino que no querréis esperar a que en el otro blog se alcance este capitulo, os voy a dejar una dirección de Email donde podéis contactarme y donde, podréis escribirme para pedirme los capítulos de toda la historia o los que os falten por leer, yo sin problemas y  en archivos PDF comprimidos en un archivo rar. Os los enviaré por Email.
El Email al que tenéis que escribirme es: juanmanuelzombis@hotmail.com

Ahora hablemos del nuevo blog. En este nuevo blog, comenzaré a publicar a partir del día 10 de Septiembre de 2017
Aquí encontrareis la historia desde el principio, pero con varias mejoras, tanto ortográficas como narrativas. Diálogos alargados y mejorados. También, encontrareis algún cambio en el nombre de algún personaje (Aunque no muchos), encontrareis pasajes adicionales que mejoran la historia y se explican mejor algunas cosas. De momento, puse un capitulo de demostración, que podéis leer en:

Así que, dicho esto. Doy por finalizada la publicación en este blog. A mis seguidores veteranos y nuevos, os pido que me sigáis y suscribáis al nuevo blog. Donde no solo leeréis ZOMBIES Y NECROWORLD corregidas, si no que podréis leer la ultima entrega de esta trilogía, titulada THE SURVIVORS LAND

El link al nuevo blog es (Haz click sobre el nombre)

Muchas gracias y os espero allí.

NECROWORLD Capitulo 160

12 de Noviembre de 2010

—No estás embarazada. La regla podría no haberte venido por cuestión de estrés. Supongo que es normal viendo vuestra situación— la doctora Green miró a Katrina. –No es asunto mío, pero ya que me has pedido que lo compruebe. Creo que estoy en mi derecho de preguntar. ¿Qué es lo que te preocupaba exactamente de estar embarazada?
Katrina se quedó un rato pensativa y miró a la doctora. –Habría sido fruto de una violación. Aun peor, fue mi hermano quien me violó.
—¿Tu hermano? ¿Te refieres a Juanma? Si es un violador no quiero tenerlo aquí.
—No. No me refiero a el. Me refiero a otro hermano. El no está entre nosotros ya. Lo conocí después en… Bueno, es una larga historia, pero esa persona ahora debe estar ardiendo en el infierno. Si hubiese estado embarazada… No habría podido querer a ese hijo.
—Lo entiendo— afirmó la doctora. –Afortunadamente… Esa persona que te hizo tanto daño. Ya no está entre nosotros.

Día 24 de Diciembre de 2010
Día 909 del Apocalipsis
06:00 de la mañana. Hospital JFK…

Me encontraba en el exterior cavando tumbas para los que habíamos perdido, me encontraba yo solo. Era increíble que a nada de irnos a empezar una nueva vida, hubiese pasado todo aquello. No podía creérmelo. No podía creerme algo así. Mike y sus hijos nos habían dejado.
Terminé de enterrar los cuerpos y me decidí a volver al interior del hospital. Justo al entrar por la puerta me encontré cara a cara con Amparo.
—Siento lo de tu gente. De verdad. Especialmente siento lo de los dos niños. Tenían toda la vida por delante.
—Si… Toda la vida…— dije pasando por al lado de Amparo.
Regresé a la habitación y me encontré con Eva y Vicky. Ellas ya habían terminado de prepararse las mochilas que llevarían y se estaban ocupando de preparar a los bebés.
—¿Por qué lo has hecho tú solo?— preguntó Eva. –No tienes por que hacerlo siempre todo tu solo. Mírate, no estás en condiciones. Estás cansado y herido. Apenas has dormido. Cuando lleguemos a Thomaston, quiero que te estés quieto una temporada. No puedes seguir así.
—Cuando lleguemos a Thomaston. Muchas  cosas cambiarán— miré a los bebés un momento y luego miré a Eva de nuevo. –Voy a ir a hablar con Sheila por última vez antes de irnos.
Salí de la habitación y fui a ver a Sheila. Ella había ocupado el despacho de la doctora Green tras su muerte y pasaba la mayor parte del tiempo allí. Cuando entré, vi que estaba ojeando varias hojas de papel.
—Ya casi estamos preparados. Quizás quieras venir a despedirte— miré las hojas y pude leer las palabras de “Proyecto renacer” —¿Cómo lo llevas?
—Podría crear una vacuna a partir de estos datos, pero no será a corto plazo. Aun así, aquí en el hospital tendré más material y ayuda que en Thomaston. Al menos estaremos comunicados.
Me metí la mano en el bolsillo y saqué un trozo de papel. –Aquí está apuntada la frecuencia de la radio que usan en Thomaston. Si pasa algo, si tienes algún problema, ponte en contacto con nosotros y vendré corriendo si hace falta. También tienes los walkies. No lo olvides ¿Vale?
—Te prometo que no lo olvidaré— Sheila se levantó y vino a abrazarme. Ambos nos miramos y yo le sonreí.
—Nunca te he agradecido suficientemente lo que hiciste por mí en los túneles. Puede que sin ti y las curas que me administrabas… Puede que hubiese muerto— dije. –Echaré de menos no verte más a menudo.
Ambos salimos del despacho y bajamos al hall. Allí había varios de los nuestros y Sheila comenzó a despedirse de ellos con abrazos y besos. Ella se acercó a Eva, primero miró a los bebés y luego a mi mujer.
—¿Estás segura que quieres quedarte aquí?— preguntó Eva. –Creo que deberías venir con nosotros. Puede ser peligroso para vosotros lo de quedarse aquí. Por favor…Ven con nosotros.
Sheila negó con la cabeza. –No. Ya tomé una decisión. Además, ya lo he hablado con Juanma. Estaremos comunicados todo el rato. Será como estar al lado— Eva abrazó más fuerte a Sheila. –Cuida de esos pequeñajos. Será maravilloso verlos crecer.
—Lo haré— respondió Eva. –Te prometo que cuidaré de ellos a costa de mi vida.
Con todos allí reunidos me puse al frente. Comencé a mirarlos a todos y entonces comencé a hablar. –Ya se que hemos pasado un infierno hasta llegar hasta aquí y que lo que menos apetece ahora es volver a salir ahí fuera a recorrer kilómetros de carretera y bosque, pero es lo que debemos hacer para llegar a Thomaston y entonces empezar una nueva vida. Una vida que nos hará dejar atrás todo lo que hemos vivido. He estado allí junto a otros y os puedo asegurar que es un lugar seguro y tranquilo.  Os prometo que todo saldrá bien— miré entonces a Sheila. –Como ya sabéis. Algunos han decidido quedarse, y yo no quiero obligar a nadie a venir, pero si alguien quiere quedarse aquí, lo entenderé.
Vi como algunos se quedaban un rato pensativos y decidían cambiar de opinión y quedarse en el hospital. Otros se mantuvieron firmes en su decisión de viajar hasta Thomaston.
Todo estaba ya claro, no había nada más que hacer. Se dieron las ultimas despedidas y salimos al exterior, allí la gente comenzó a subirse a los autobuses. Me dirigí a Amparo entonces. –Toma el volante de uno de los autobuses y ponte en primer lugar. Ve marcándonos el camino de regreso.
—El mejor camino es por donde vinimos— respondió Amparo. –Así llegaremos antes.
—Entonces adelante— dije yo. Miré a los que todavía estaban abajo. –Llegó la hora. Nos vamos.
Subí al autobús y me puse al volante. Vicky iba a mi lado. –Pronto estaremos en Thomaston— dije con una sonrisa.
—Y yo volveré al colegio. Tengo ganas…— Vicky hizo una pausa. –Nunca creí que diría esto.
—Vamos. Siéntate. Nos vamos— dije encendiendo el motor. Poco después, los tres autobuses dejaban atrás el hospital JFK. Mientras salíamos del aparcamiento, miré el retrovisor y me fijé en Sheila. Ella seguía en la puerta viéndonos marchar.
*****
Habíamos recorrido una pequeña parte del camino cuando el autobús que teníamos delante comenzó a reducir la marcha y a hacernos señales con la luces.
—¿Por qué hacen eso?— preguntó Vicky situándose a mi lado.
—Vamos a parar. Pasa algo— respondí al tiempo que aminoraba y hacía la misma señal al autobús que venía detrás. Detuve el vehículo y me giré para mirar a los que iban subidos en el. –Voy a bajar. Vosotros quedaros aquí.
—Voy contigo—dijo en ese momento Vicky.
—No. Quédate aquí— respondí. Seguidamente bajé y avancé hacia el primer autobús. Cuando llegué a donde comenzaba este, vi el por que nos habíamos detenido. Juan, David, Luci, Amparo, Stephanie y Keity ya se habían bajado también. Delante de nosotros había varios troncos de árbol en medio del camino. —¿Qué ha pasado? Eso no estaba ahí ayer cuando vinimos.
Keity estaba observando la parte por donde habían sido talados. –Los han talado y puesto aquí hace poco. Fíjate— Keity señalo un rastro que indicaba que habían sido arrastrados. –Hace falta mucha gente para arrastrar estos troncos.
—¿Quién puede haber sido?— preguntó Stephanie mirándome a mí.
—Quien haya sido… Es evidente que quiere retrasarnos— dijo David. Este entonces miró a Amparo. —¿Tiene esto algo que ver contigo?
—Por supuesto que no— dijo Amparo. —¿Por qué tendría que hacer algo así? No tiene sentido.
—No. Ella no ha sido— dije en ese momento. –Esto ha sido otra persona— en ese momento fui al autobús que había estado conduciendo y subí. Una vez arriba esquivé las preguntas de mis compañeros y me acerqué a Jake. A el lo habíamos esposado en la parte trasera del autobús y estaba siendo vigilado por Marta. No creía que llevarlo esposado fuese necesario, pero así los demás que todavía no confiaban del todo en el, estarían más tranquilos.
Le quité las esposas a Jake y volví a bajar del autobús seguido por el. Nos reunimos con los que estaban abajo y le mostré los arboles.
—¿Qué se supone que debo contaros?— preguntó Jake mirándonos estupefacto. Entonces miró los troncos y luego a mi. –Son troncos de árbol.
Luci al escucharlo soltó un suspiro. –Muy ingenioso… Lo que queremos saber es quien puede haberlos puesto ahí. Sabemos que por aquí hay varios grupos de cazadores.
—Perdona, pero yo no conozco a ningún grupo de cazadores leñadores. Esto podría haberlo hecho cualquiera. Lo que es evidente es que esto lo han puesto aquí para impedirnos el paso.
En ese momento escuchamos un ruido entre los matorrales y vimos aparecer a varios caminantes. Los cuales habían sido atraídos por el sonido de los motores.
—Yo me encargo de ellos— dijo Luci avanzando hacia ellos y comenzando a lanzarles mandobles con la katana. En pocos segundos, había acabado con todos ellos y regresaba a nuestro lado limpiando la hoja de la espada. –Vendrán más. Tenemos que movernos.
—Vamos a intentar apartaros. Que bajen los demás— dije.
Al poco rato. Estábamos varios tratando de apartar los troncos. Habíamos quitado ya un par cuando comenzamos a escuchar muchos gemidos y gruñidos. Miramos a nuestro alrededor y vimos salir a varios caminantes. Venían directos hacia nosotros.
—Volvamos a los autobuses. Daremos la vuelta— dije al ver que había demasiados y que algunos miembros del grupo comenzaban a entrar en pánico. Era evidente que fuese quien fuese, estaba provocando que diéramos la vuelta.
Subimos a los autobuses y comenzamos a volver sobre nuestros pasos marcha atrás mientras observábamos a los caminantes invadir la carretera. Llegamos a un cruce y giramos hacia la derecha. Llegamos  entonces a un nuevo camino y nos volvimos a encontrar con troncos en el medio de la carretera, esta vez eran más y mucho más gruesos, incluso tenían marcas de unos ganchos. Pude entonces comprobar como muchos comenzaban a desconfiar de Amparo. Algunos intentaron agredirla y yo me puse delante.
—Escuchad. No tiene sentido que haya sido ella. Esto es otra cosa. Ella está de nuestro lado— respondí tratando de proteger a Amparo. —Ahora lo importante es que salgamos de aquí.
—El tiene razón— dijo en ese momento Keity. –Alguien ajeno al grupo es quien está haciendo esto. Alguien que sabía que íbamos a pasar por aquí. Es raro, si, pero se que ella no tiene nada que ver. Ahora subiros a los autobuses y vayámonos.
Nuevamente subimos a los autobuses. Me senté al volante y entonces, Vicky vino a preguntarme que estaba sucediendo. No pude ocultarle nada.
—Alguien no quiere que lleguemos a Thomaston— respondí. En ese momento puse una pistola en sus manos y la miré. –Toma esta pistola y úsala contra quien se acerque a ti, a tu madre o a tus hermanos. Es evidente que quieren hacernos daño, podrían aparecer en cualquier momento. Estate atenta.
—Lo haré— respondió Vicky.
Miré entonces a Eva y ella me devolvió la mirada. Con un gesto le supe hacer entender que había algo que no marchaba del todo bien.
Pusimos de nuevo los vehículos en marcha y vi como Juan, tomaba posiciones sobre el techo del autobús que teníamos delante. Desde allí podría ver si alguien nos seguía.
Retrocedimos unos casi tres kilómetros cuando nos encontramos más troncos en medio de la carretera cortándonos el paso. Aquello era increíble, no hacía tanto que habíamos pasado por allí. Eso significaba que quien los había dejado allí, aun podría estar cerca.
Nuevamente nos bajamos de los autobuses e iniciamos una pequeña reunión. Los troncos eran demasiado gruesos y pesados y no íbamos a poder quitarlos. Los autobuses habían quedado así atrapados y no había manera de usarlos para ir hacia delante o hacia atrás.
—Bien. ¿Qué hacemos?— preguntó Luci. –Ahora mismo, los autobuses no nos sirven para nada. Tampoco podemos mover los troncos. Ni cincuenta personas a la vez podríamos moverlos. Y tampoco es que dispongamos de tiempo, por que cualquier ruido que hagamos bastará para atraer caminantes. Ya sabéis, basta con que se mueva uno para que los demás lo sigan.
—Ya. Es evidente que nos tocará dejar atrás los vehículos y seguir a pie— dijo en ese momento David. –Quizás podríamos adelantarnos a Thomaston unos pocos y pedir refuerzos.
—Estamos lejos para ir a pie. No llegaríais hasta mañana. Además de que si nos están acechando, es evidente que no os dejarían avanzar— dijo Amparo. –Ir unos pocos solamente es lo más parecido a un suicidio.
—No. No nos separaremos— dije mirándolos. –Quizás, eso quieran. Que nos separemos.
—O que nos quedemos juntos— dijo Yuriko.
—Si. Eso también…— respondí. Lo cierto era que ninguno de nosotros tenía idea de con quien estábamos tratando, y por lo tanto, no teníamos ni idea de lo que cabía esperar. Ni siquiera Jake o  Silvia que eran los más familiarizados con ello, sabían quien actuaba así, llegando a la conclusión de que podrían ser un grupo nuevo en la zona con el que nunca habían tratado o cruzado. Entonces tomé una decisión.  –Que todo el mundo lleve un arma y tenga los ojos abiertos. Vamos a comer algo, y planearemos que hacer.
Disolví la reunión y me acerqué a Eva. Ella entonces me miró. –Las cosas pintan mal. ¿No?
—Tú ten los ojos abiertos— le dije. –Probablemente tengamos que seguir a pie. Nos prepararemos y partiremos— vi que se ponía nerviosa y abrazaba a los bebés, entonces me acerqué más. –No dejaré que os pase nada. Te lo prometo.
—Tengo miedo… ¿Es que nada nos puede salir bien?— preguntó Eva.
*****
Ebony se encontraba ya en el cuartel general de su grupo y lo primero que había ido a hacer, había sido tomarse un baño caliente con mucha espuma y pétalos de rosa. La bañera era grande. Escuchaba música clásica mientras dos mujeres la lavaban. Ebony estaba relajada, tanto que comenzó a sentir sueño, fue cerrando los ojos y entonces sintió dolor en uno de sus brazos, abrió los ojos y le lanzó una mirada a la mujer.
—Me has hecho daño, inútil.
—Lo siento señora— dijo la mujer con timidez.
—No importa. Sigue frotando— Ebony miró a la otra mujer. –Tu. Llena una copa de vino y tráemela. Llénala hasta arriba y procura que no se derrame ni una sola gota.
—Si, señora— dijo la mujer saliendo de la gran bañera y dirigiéndose a una mesa donde comenzó a llenar una de las copas.
La puerta se abrió de repente y entonces apareció un chico joven que no tendría más de diecisiete años. Este se quedó plantado delante de Ebony, con una sonrisa de oreja a oreja.
—¿Querías algo Giga?— pregunto Ebony relajándose un poco más.
—Venía a decirte algo, pero verte así ha hecho que se me olvide… ¿Necesitas compañía ahí dentro?— preguntó Giga.
—Sigue soñando. Yo solo le pertenezco a el— respondió Ebony. –De hecho, no tendrías huevos a insinuarte si el estuviera aquí. Nunca me follarás.
—Ya veremos— contestó Giga mientras miraba a la chica que llenaba la copa. –Ponme una a mí. ¡Ahora!
—Son mis esclavas personales. Tu no tienes derecho a mandarles nada, si las quieres, paga por ellas— Ebony miró a la mujer.  –No le hagas caso. Es un capullo… Bueno. Habla de una vez.
—Ram acaba de ponerse en contacto con nosotros. Pronto cogerán a ese grupo, los están dirigiendo hacia donde queríamos. De momento, no pueden seguir con los vehículos. Tendrán que cruzar por el bosque, tal y como esperábamos.
—Perfecto. Las cosas saldrán bien. Que manden ya los helicópteros— dijo Ebony mientras observaba a su esclava regresar junto a ella con la copa en las manos. –Pues ya me has dicho lo que querías decirme, puedes retirarte.
—¿Cuándo volverá el?— preguntó Giga.
—No lo se, pero eso es lo que le hace interesante. El volverá cuando lo considere oportuno. El está moviéndose para que nuestra familia crezca. El es nuestro dios y el nos guiará en el nuevo mundo que está por llegar— respondió Ebony con una sonrisa.
Giga se fue de allí y siguió tomándose el baño. Sonrió al darse cuenta que se había excitado solo de pensar en el. El nunca la había tocado, pero aun así le pertenecía, ella era para el. Entonces, Ebony agarró una de las manos de una de sus esclavas y la llevó hasta sus piernas, poco a poco, se fue metiendo la mano de su esclava entre los muslos.
—Ya sabes lo que tienes que hacer— dijo Ebony.
La esclava comenzó  a masturbarla mientras Ebony se imaginaba que era el quien estaba dentro de ella, sonrió y le dio un trago a la copa de vino mientras la otra esclava seguía lavándola.
*****
—Si salimos ahora, tardaríamos seis o siete horas en llegar a Thomaston. Antes del anochecer. Sería lo más sensato— dijo Amparo mirándome. Yo estaba cruzado de brazos apoyado en el autobús. –No podemos seguir aquí.
—Tiene razón. Debemos movernos, no debemos seguir aquí— dijo Luci mirándome también.
—Muy bien— respondí. –Pongámonos en marcha.
Repartimos armas a todos y yo me dirigí al grupo. –Vamos a ir a través del bosque. Nos abriremos en abanico y protegeremos a los que no saben disparar. Si seguimos por el bosque, llegaremos a Thomaston antes del anochecer. No os preocupéis, se que es andar mucho, pero lo conseguiremos.
Todos comenzaron a movilizarse. Yo me acerqué a Eva y cogí en brazos a Shanon mientras ella llevaba a Nathan. Ella me miró. –Saldrá bien. No te preocupes.
—Te protegeré si pasa algo. Os protegeré a todos.
Comenzamos a caminar por el bosque. Miraba en todas direcciones. No quería que nada ni nadie nos sorprendiera. Miré al extremo derecho y vi a David junto a Alicia, dirigiendo a una parte de nuestro grupo. Entonces Silvia comenzó a caminar junto a mí.
—¿Qué haremos una vez lleguemos a Thomaston?
—Nos distribuirán en casas me imagino. La casa donde nos quedamos durante nuestra estancia estaba bastante bien. Y los muros son altos y fuertes. Mucho mejor que el hotel o el hospital— miré entonces a la pequeña Lucia. –Podrás verla crecer con tranquilidad.
—Tu a ellos también— dijo Silvia mirando a Shanon y luego a Nathan. –Pero… No se, me da miedo. ¿Y si vuelve a salir mal? Nada dura eternamente.
—Te juro que haré todo lo posible para que salga bien. Ayudaré para que los muros sean más altos y fuertes si hace falta— respondí.
En ese momento escuchamos un ruido y vimos aparecer a un caminante. Rápidamente, Juan se adelantó a todos y le clavó un cuchillo en la cabeza.
—Tranquilos— dijo Juan mirándonos. Fue en ese momento, cuando algo cruzó el aire y se clavó en el cuello de Juan. Este rápidamente se llevó la mano a la zona afectada y agarró un dardo. Entonces se cayó redondo en el suelo entre convulsiones.
Nadie entendió nada y cundió el pánico en el momento que más dardos comenzaron a cruzar el cielo. Vi caer a varios que trataban de huir. Alguien gritó que corriéramos y todos comenzamos a correr. Yo agarré a Eva de la mano y comencé a correr con Vicky detrás.
Vimos a un grupo que iba delante de nosotros y una explosión los mandó volando. Eso nos hizo cambiar de dirección. Corrimos a toda velocidad junto a Silvia. Ella se adelantó un poco y vi como salía despedida hacia el cielo, quedándose colgada boca abajo. La pequeña Lucia cayó al suelo y Luci se apresuró a cogerla.
—¿Qué coño está pasando?— preguntó Luci.
—Coge a la niña y corre. Pon a salvo a Eva, Vicky y los niños— dije a medida que trepaba por el árbol. Llegué a donde estaba Silvia y corté la cuerda. Silvia cayó al suelo y yo salté. La ayudé a levantarse y ambos comenzamos a correr por el bosque. Escuché más explosiones y vi a varios de los nuestros en el suelo con dardos clavados. Algo estaba pasando y no  era bueno.
Silvia y yo seguimos corriendo y entonces una explosión justo a nuestro lado nos mandó volando por los aires. Yo choqué contra el tronco de un árbol y luego caí al suelo totalmente mareado. Vi entonces a Silvia diciéndome algo, pero apenas la escuchaba por culpa del pitido de mis oídos. Ella intentó levantarme, pero no lo conseguía.
—Vamos Juanma. ¡¡¡Vamos!!!— logré entender que me decía Silvia.
En ese momento escuché algo que parecía ser el motor de varios helicópteros. Vi como uno nos sobrevolaba. Rápidamente agarré a Silvia y la miré a los ojos. –Corre y ponte a salvo. Vamos. Olvídate de mí.
Silvia asintió y comenzó a correr alejándose de mí. Yo me encontré entonces solo. Recobré un poco el equilibrio y me puse en pie apoyándome en el árbol. Seguí escuchando explosiones y recé para que ninguna alcanzara a Eva. Comencé a correr todo lo que podía, me dolía todo el cuerpo y a veces, tenia que pararme para descansar. Me aparté del árbol donde me había apoyado y seguí corriendo. Fue entonces cuando una red salida de la nada me envolvió y me hizo caer al suelo. Traté de quitármela de encima y cuando ya casi lo había conseguido. Alguien enfundado en un uniforme negro y con casco se abalanzó sobre mí.
Yo logré quitarme la red y le golpeé. Yo  era indudablemente más fuerte que el, lo desarmé, lo lancé contra un árbol y le quité el casco. Fue entonces cuando me quedé mudo y helado. No era más que un niño. En ese momento, sentí una punzada en el cuello y sentí algo como una descarga eléctrica. Caí al suelo totalmente paralizado mientras me daban convulsiones. Cuando estas pararon, me quedé inmóvil y vi a varias personas enfundadas en trajes negros. No podía distinguirlos muy bien, pero su altura no era muy distinta del niño al que había descubierto. Intenté levantarme y entonces me golpearon. Lo siguiente que vi fue oscuridad.

12 de Abril de 2011
Las Vegas…

Se despertó y se sitió como perdido, no recordaba nada. Abrió un poco los ojos y vio que estaba metido en lo que parecía un ataúd de plástico. En su cara había una mascarilla de oxigeno. Levantó su dolorido brazo para quitarse la mascarilla y vio que tenía el brazo vendado. Debajo de las vendas notaba un hormigueo que se estaba convirtiendo en dolor. Levantó el otro brazo y vio su piel, estaba como quemada. Fue en ese momento cuando vio a una mujer al otro lado de aquel ataúd de plástico. Ella lo miró con una mueca y seguidamente abandonó la estancia.
No había pasado ni un minuto cuando la mujer regresó acompañada de un hombre. Era un hombre de mediana edad con algunas canas y una cicatriz en la cabeza. Al verlo, el hombre sonrió y se acercó al plástico. Allí tomó asiento y lo miró cada vez más sonriente.
—¿Puedes oírme? Asiente si es así— el asintió y el hombre siguió haciendo preguntas. —¿Entiendes lo que digo?— volvió a asentir. —¿Recuerdas algo?— el negó con la cabeza mientras iba notando el hormigueo por todo su cuerpo. El hombre hizo una mueca y comenzó a hablar. –Muy bien. Escucha atentamente. Estás en un lugar llamado Las Vegas. Llevas aquí varios meses. Estuviste a punto de morir, pero ya no corres peligro. Según parece, sufres de amnesia. También vamos a tener que sedarte para que el dolor no te provoque un shock. No es la primera vez que te despiertas, aunque dudo que recuerdes algo. No intentes hablar, todavía no puedes.

La mujer se acercó al plástico y metió la mano con una jeringuilla, entonces le pinchó en el brazo. El volvió a mirar al hombre y este le sonrió. –No quiero que mueras. Sinceramente, prefiero que vivas y sufras cada día. Es lo único que mereces. Tú te buscaste esto. Ahora dormirás un poco y cuando te despiertes volveremos a vernos— el hombre se levantó y fue hacia la puerta. Entonces, antes de salir, se dio la vuelta y lo miró. –Por cierto. Tu nombre es Carlos. Y vas a vivir únicamente para sufrir y yo contemplarlo. 

sábado, 10 de junio de 2017

NECROWORLD Capitulo 159

Día 22 de Junio de 2008
Thomaston…
08:00 horas de la mañana.

Amparo se despertó y miró la hora en el despertador. Acababan de tocar las ocho de la mañana. Miró a su marido, el cual seguía dormido. Se levantó de la cama y fue a darse una ducha. Cuando terminó, bajó a la cocina y comenzó a prepararse una taza de café. Justo cuando iba a darle el primer sorbo, escuchó la voz de su hijo a sus espaldas.
—Buenos días mamá— dijo Martin acercándose a ella y dándole un beso en la mejilla.
—Has madrugado mucho— respondió Amparo. –Pareces muy contento.
—Tengo motivos para estarlo. Hemos sobrevivido, estamos aquí tan tranquilos— dijo Martin señalando hacia las ventanas. Amparo se acercó a la ventana de la cocina y vio como los soldados trabajaban en las vallas.
El mundo se había ido al infierno y la supervivencia al otro lado de las vallas era imposible. Había muertos vivientes, grupos de saqueadores y animales salvajes. Aunque eran pocos, los habitantes de Thomaston que habían sobrevivido habían sido llevados a una zona segura del pueblo, una zona rodeada de vallas que mantenía a los No Muertos fuera al otro lado y a salvo a la población.
En ese momento llamaron a la puerta y Amparo fue a abrir. Cuando abrió la puerta se encontró frente a frente con el capitán Rossenberg. Este la saludó con una sonrisa.
—Buenos días— saludó el capitán. –Es hora de la reunión. Espero que no se haya olvidado.
Amparo se dio una palmada en la frente. –Es cierto. Se me había olvidado. Ahora enseguida voy.
Una hora después, Amparo se presentó en la reunión. Allí estaban reunidos varios de los militares y de los habitantes. Amparo estaba sentada detrás del estrado, observando como el capitán hablaba. Entonces este le dio la palabra a ella. Amparo se puso en pie, tomó el micrófono y comenzó a hablar.
—Se que hemos vivido tiempos difíciles, y que hemos sobrevivido a un infierno. Mi trabajo como alcaldesa será manteneros con vida a este lado de las vallas y tratar de seguir con nuestras vidas. Viviremos de la ganadería y de las cosechas. Los militares nos han traído semillas y animales de granja. Si todos cooperamos, en unos meses habremos recuperado lo más parecido a una vida normal mientras ahí fuera los militares y el gobierno siguen luchando para devolver  todo a la normalidad. Será algo costoso, pero no me cabe duda de que esto acabará algún día.

Día 18 de Julio de 2008

Amparo observaba demasiada actividad militar en la zona segura de Thomaston. Vio a varios soldados correr por las calles. Vio como se llevaban a rastras a varias personas. Rápidamente salió de casa y se encontró de frente con algunos militares.
—¿Qué demonios está pasando?— preguntó Amparo.
Amparo no recibió respuesta, solo la apartaron de un empujón y entraron en su casa, un minuto después aparecieron los militares saliendo por la puerta llevándose a Martin. Este trataba de librarse de las garras de sus captores. Amparo trató de impedírselo, pero la apartaron de un empujón.
—Por su bien le aconsejo que se quede quietecita alcaldesa— la amenazó uno de los militares. –Nos llevamos a los más jóvenes. Hemos perdido a muchos hombres. Algunos han muerto y otros han desertado.
—No dejaré que os llevéis a mi hijo— dijo Amparo abalanzándose sobre un militar, pero sintió un fuerte golpe en la nuca y perdió el conocimiento.
Amparo recuperó el conocimiento. Había estado inconsciente horas. Lo primero que hizo nada más levantarse, fue correr por toda la casa llamando a gritos a su hijo. Entonces se dio de bruces con su marido Reed. Este la detuvo y trató de calmarla.
—Martin no está aquí. Los soldados se han marchado y se han llevado a los varones más jóvenes. Nos han dejado solos a nuestra suerte. Nos han condenado a morir aquí atrapados. No volveremos a ver a nuestro hijo.
Amparo se derrumbó y comenzó a llorar amargamente. Los militares, aquellos que los debían proteger, los habían abandonado a su suerte y se habían llevado a parte de los habitantes.

01:00 horas de la madrugada…

Ariadna se despertó en mitad de la noche. Fue en ese momento cuando le llegó un murmullo similar a una canción. Salió de su habitación y vio que la luz de la habitación de su hermano estaba encendida. Caminó hacia ella y allí se encontró a Amparo. Esta, estaba sentada en la cama de su hijo con una foto en las manos y cantando una canción. Reconoció la canción por que era la misma que les cantaba cuando eran pequeños.
—¿Qué haces?— preguntó Ariadna parándose en la puerta.
—Pensar…— respondió Amparo dejando de cantar y la foto en la mesita de noche de su hijo. –Pensar, pensar y pensar.
—Tu no has podido hacer nada— dijo Ariadna entrando y sentándose a su lado. –La culpa es de esos cobardes. Tú eres la que realmente nos ha protegido haciéndote cargo de esta comunidad. Ellos solo estaban ahí para aparentar protegernos. Hasta tu amigo Rossenberg ha decidido dejarnos tirados, pero aun así… No podemos rendirnos.
—No. No podemos. Vamos a prosperar. Vamos a vivir. Me eligieron como alcaldesa por que yo misma fui una soldado. Se lo que hay que hacer para sobrevivir… Y es lo que haremos. Nos mantendremos con vida y creceremos como comunidad.

Día 1 de Enero de 2009
Thomaston…

—Han pasado varios meses desde que los militares nos dejaron tirados. Creíamos que íbamos a morir, pero no solo no ha sido así, si no que además, hemos prosperado y hemos crecido. Hace un día acogimos a un convoy de personas que huían desde Los Ángeles. Hoy forman parte de nuestra comunidad. También hemos finalizado la construcción de los muros que mantendrán fuera a todo ser vivo o muerto que trate de penetrar aquí sin autorización. Os prometí que creceríamos y que prosperaríamos. Lo hemos conseguido, pero no ha sido solo gracias a mi, si no a todos vosotros.
Todos comenzaron a aplaudir, era un grupo de más de cien personas allí reunidas en la plaza del pueblo. Amparo sonrió al verlo. Lo habían logrado, habían sobrevivido y levantado muros mucho más altos y resistentes, los cuales los protegían de los  No Muertos, los cuales habían crecido en gran número al otro lado hasta formar auténticos rebaños de miles de individuos.
Amparo se bajó del escenario y enseguida fue recibida por su marido Reed.
—Gran discurso cariño. Lo cierto es que esta gente lo necesitaba— dijo Reed dándole un beso a su mujer. También Ariadna se acercó para abrazar y besar a su madre.
—Lo único que lamento es que Martin no esté aquí para verlo— dijo Amparo con pesadumbre.
—No ha vuelto. Dudo que lo haga. Nosotros debemos vivir por el. ¿De acuerdo?— dijo Reed. Todos echaban de menos a Martin, pero era evidente que el habría muerto en algún momento, si no, nada le impedía regresar. Si no había vuelto ya, ya no lo haría.
La noche llegó y Amparo había decidido montar una fiesta en su casa. La música y el ambiente era algo agradable. Los invitados hablaban entre si y se felicitaban por los trabajos que desempeñaban, los cuales hacían que el día a día en la comunidad de Thomaston fuera mucho mejor.
Amparo vio entonces a dos de sus hombres de confianza. O´Donell y Tychell. Ellos habían sido vecinos suyos desde que había llegado a Thomaston y los mismos que se habían ocupado del levantamiento de los muros. Gracias a ellos, el levantamiento de los muros había sido en tiempo record.
—Hola chicos. ¿Cómo os va?— preguntó Amparo. —¿Es de vuestro agrado la fiesta?
—Lo es alcaldesa— dijo Tychell. –Viene bien tener estos momentos de vez en cuando.
Tychell era un joven enérgico y fuerte que en sus viejos tiempos había sido quaterback de un equipo de futbol.
Por su parte O´Donell era un hombre de mediana edad que había sido amigo de Reed desde el instituto y que estaba casado con una mujer llamada Brenda, la cual no sobrevivió al primer brote.
—¿Cuál es el siguiente paso?— preguntó O´Donell.
—El siguiente paso es seguir trayendo gente a la comunidad. Se que no es algo fácil, por que podrían ser peligrosos, pero creo que cuantos más seamos, más fuertes seremos y si además son personas expertas en algo, podremos seguir avanzando y recuperando lo que una vez fue la humanidad. Simplemente, recuperarnos.
—Yo no seguiría trayendo a más personas. El mundo ha cambiado Amparo. Hay demasiados desgraciados por ahí a los que no les importa nada más que ellos. No podemos dejar entrar a cualquiera— dijo Tychell. –Se lo que sientes, pero hay que ser precavidos. No pongamos en peligro lo que hemos construido.
—Yo también te entiendo y tomaré nota de ello. Quizás deberíamos hacer una sala de detenciones para que las personas a las que traigamos pasen allí un tiempo hasta que veamos si son o no de fiar. Pero no pienso negar ayuda a todos aquellos que la necesiten. En nuestro pueblo está la salvación y el nuevo comienzo— respondió Amparo.
—Espero que no te equivoques— dijo Tychell dándole un trago a su copa.

Día 14 de Febrero de 2009

Amparo iba a tomarse una taza de café cuando alguien llamó a la puerta de su casa. Salió a la puerta y allí se encontró con uno de los vigilantes de la puerta. Era Gordon.
—¿Qué ocurre?— preguntó Amparo con una sonrisa. La cual desapareció cuando vio que el vigilante estaba serio. —¿Pasa algo malo?
—Será mejor que vengas a la puerta— respondió Gordon.
—Espera— dijo Amparo dándose media vuelta. Se acercó a un mueble y abrió el cajón. Entonces sacó una pistola  y volvió a mirar a Gordon. Sabía que eso no podía significar nada bueno.
—Mamá ¿Qué ocurre?— preguntó Ariadna bajando por las escaleras.
—Vuelve a tu habitación y enciérrate. No bajes para nada— respondió Amparo. Seguidamente salió por la puerta y comenzó a correr por la calle junto a Gordon.
Amparo y Gordon no tardaron en llegar a la puerta. Allí había congregadas varias personas, todas apuntando con sus armas a la puerta. Cuando Amparo llegó, se fijó en la gente que había al otro lado. Eran alrededor de unas dos docenas. Todos estaban sucios y el que llevaba la voz cantante se acercó un poco más a la puerta.
—¿Eres tu quien está al mando?— preguntó el líder de aquel grupo mirando a Amparo. –Nunca me habría imaginado que fuese una mujer. Debes ser alguien muy importante si tienes ese puesto. Yo soy Louise.
—Yo soy…— Tychell interrumpió a Amparo.
—No le digas tu nombre. No es necesario.
—Pasábamos por aquí y vimos que había vida al otro lado. Venimos desde Mexico. Ha sido un largo camino. Estamos hambrientos y cansados. No tenemos nada que ofrecer, pero les estaríamos eternamente agradecidos si nos dieran algo de comida. Solo pedimos eso. Comida— explicó Louise.
—¿Por esto me habéis llamado? Creí que estaba ocurriendo algo— dijo Amparo.
—Les ordenamos que se detuvieran antes de llegar a las puertas, pero no lo hicieron. Activamos entonces el protocolo de seguridad y te llamamos a ti.
—No conocíamos dicho protocolo. Por eso deben disculpar nuestro error. Solo queremos comida— dijo Louise con una sonrisa. –Estamos hambrientos.
Entonces Tychell se fijó en un hombre que estaba bastante grueso y que presentaba un aspecto muy saludable. Demasiado para estar supuestamente hambriento. De hecho, ninguno de ellos parecía hambriento, y eran bastantes como para cazar animales de los alrededores.
—Aquí hay algo que no me cuadra del todo— dijo Tychell mirando a Amparo. –Aquí hay algo raro.
En ese momento Louise se acercó más a la puerta pese a las advertencias que le hicieron. –Queremos comer.
—Dad media vuelta— dijo Tychell. –No sigan avanzando.
En ese momento, escucharon un fuerte golpe a su derecha. Amparo, Tychell y el resto de presentes miraron a su derecha y entonces vieron como uno de los muros se venía abajo entre una nube de polvo.
El ataque fue tan repentino que Amparo apenas tuvo tiempo de reaccionar. Cuando quiso darse cuenta, un arpón atravesó el cuerpo de Gordon, seguidamente varias flechas comenzaron a volar hacia ella y Tychell. Rápidamente, ambos tomaron un vehículo como cobertura y comenzaron a disparar tanto a los hombres de la puerta como a los que aparecían tras la nube de polvo. Algunos de los hombres de Thomaston habían caído abatidos a causa de las flechas y permanecían inmóviles en el suelo mientras aquellos tipos que les habían asaltado iban entrando. Amparo se asomó y abrió fuego contra un hombre que trataba de llevarse a cuestas el cuerpo de uno de los habitantes de Thomaston. Fue en ese momento cuando Amparo cayó en la cuenta de que pasaba algo raro. Esas personas se estaban llevando a aquellos que habían matado o herido. Vio entonces como Louise entraba y abatía con una flecha a una mujer que estaba en las puertas. Seguidamente entraba, se la cargaba a los hombros y huía con ella. Amparo se asomó y continuó disparando hasta que logró acertar a Louise en la espalda. Este se desplomó en el suelo y entonces Amparo salió de su cobertura disparando a todo aquel que se cruzaba en su camino. Tychell la llamaba desde detrás de la cobertura, pero ella estaba haciendo caso omiso. Fue entonces cuando más habitantes de Thomaston hicieron su aparición y comenzaron a disparar a los intrusos. Unos minutos después ya no había nadie allí, los intrusos  se habían marchado y se habían llevado con ellos varios cuerpos.
—¿Qué cojones ha pasado aquí?— preguntó O´Donell.
Amparo en ese momento apareció arrastrando a Louise, el cual todavía seguía vivo. –Llevadlo a la sala de interrogatorios— Amparo miró al resto de personas. –Vosotros volved a levantar los muros. También quiero vigías en el muro. Tres de ellos cada treinta metros. Los quiero por toda la valla.
Amparo se acercó a uno de sus compañeros caídos. Tenía una flecha atravesándole el corazón. Fue en ese momento cuando Amparo vio que se movía. Al principio creyó que se había salvado, pero entonces le vio los ojos y se percató de que estaban carentes de vida, era un muerto viviente como los que había al otro lado del muro. Sin pensárselo dos veces, le apuntó con el arma y disparó.
—¿Qué ha pasado?— preguntó Tychell acercándose a ella.
—Era un No Muerto— respondió Amparo agachándose junto al cuerpo e inspeccionándolo en busca de mordiscos, pero no encontró ninguno. Algo que le extrañó, entonces miró a Tychell. –No hay mordiscos. Es extraño.
—Tampoco estaba enfermo. Recuerdo que en el primer brote, la gente enfermaba como si fuera una gripe normal. Las cosas se complicaban y al final morían, era entonces cuando resucitaban. Esto no tiene sentido— dijo Tychell. —¿Crees que…?
—Yo no creo nada. Llevad a ese mierda a la sala de interrogatorios. Luego pasaré a verlo y le sacaré información.
Amparo se alejó de allí y regresó a su casa. Allí la estaban esperando su marido y su hija. Reed se acercó a ella y la abrazó. –Me alegro que estés bien. ¿Qué ha pasado?
—Unos tipos de fuera nos atacaron. Han matado a Gordon y a otros. Nosotros también hemos acabado con unos cuantos. Lo más extraño es que a los que hemos matado, tanto suyos como nuestros, se los han llevado— respondió Amparo.
—¿Pero tu estás bien?— preguntó Reed cogiéndola de las mejillas.
—Si. Lo estoy. Van a llevar a uno de los intrusos a la sala de interrogatorios. Iré a sacarle información— eso hizo que Reed abriera mucho los ojos.
—¿No iras a…?
—Ya se que me prometí a mi misma que nunca más, pero solo por esta vez hay que hacerlo— respondió Amparo saliendo por la puerta de nuevo.
De camino a la sala de interrogatorios. Amparo se pasó por la casa hospital y entró. Allí se encontró con una de los médicos. Esta le dedicó una sonrisa.
—He escuchado lo que ha pasado. Me alegro de que estés bien. ¿En que puedo ayudarte?
—¿Recuerdas como eran las muestras de sangre del virus durante el primer brote?— preguntó Amparo.
—Si. Todavía conservo alguna de las probetas. ¿Por qué?— preguntó la doctora.
—Sácame sangre. Hay algo que quiero comprobar— respondió Amparo.
La doctora le sacó un tubo de sangre y luego la miró. —¿Qué quieres que haga exactamente con esto?
—Que lo analices, pero quiero que sea cual sea el resultado, solamente me informes a mi. ¿Entendido?
—Entendido— respondió la doctora.
Amparo salió de la casa hospital y finalmente llegó a la antigua comisaria de policia donde tenían la sala de interrogatorios. Allí se encontró con Tychell.
—¿Ha dicho algo?— preguntó Amparo.
—Nada. Ese tío no abre la boca. Le hemos curado la herida. Solo era algo superficial— respondió Tychell. –Creo que está esperándote.
—¿Cómo lo sabes?— preguntó Amparo.
—Cuando lo sentamos, dijo: ¿Dónde está la zorra que me disparó?
—Creí que habías dicho que no había hablado— respondió Amparo mientras caminaba junto a Tychell hacia la sala.
—No ha respondido a las preguntas, pero con nosotros y contigo se despachó a gusto el cabrón— respondió Tychell. Fue entonces cuando llegaron a la sala y vieron al tipo sentado al otro lado del cristal. Este estaba esposado a la mesa. No llevaba camisa y tenía vendajes cubriéndole el torso.
—Hablaré con el— dijo Amparo. Seguidamente se separó de Tychell y entró en la sala. Allí Louise la miró con una sonrisa.
—Por fin me traen lo que yo quería. ¿Como estás?
—Mejor de lo que estarás tú. Voy a ser clara contigo. Quiero saber de que coño va esto. Si me lo dices, probablemente vivas. Encerrado, pero vivo al fin y al cabo. Puede que incluso, si prometes irte lejos, te soltemos. Tú elijes Louise. ¿Qué queríais de nosotros?
—Verás…— comenzó a decir Louise. –El mundo ahí fuera no es como a este lado del muro. Llevamos observándoos varios días y nada de lo que hay aquí dentro se parece en nada a lo de ahí fuera. La vida en el exterior es dura. Cada día es una prueba de supervivencia que puede salir bien o puede salir mal. Si sale bien, vives para ver un nuevo día… Si sale mal… Bueno… Digamos que es entonces cuando acabas deambulando por ahí como uno más de esos podridos. Perdíamos gente demasiado a menudo. Así que tomamos una decisión para no morir de hambre. Cazar para comer. Comer carne.
—De personas— respondió Amparo.
—Al principio cazábamos animales y nos gustaba, pero los animales se desplazan y no se les puede engañar tan fácilmente. Nunca tropiezan dos veces en la misma piedra. Si escapan una vez de la trampa, será imposible que caigan una segunda vez. Sin embargo… Eso no ocurre con los seres humanos. Esos caen una segunda, tercera y cuarta vez. Seamos sinceros ¿Quién iba a dudar de un grupo de personas hambrientas? Es entonces cuando hacemos nuestra jugada maestra. No hay segundas oportunidades— explicó Louise.
—Pues hoy no os ha salido muy bien— dijo Amparo.
—Lo de a suerte también afecta a estas cosas— dijo Louise. –Hay que hacer lo que sea necesario para sobrevivir.
—Sobrevivir como sea…— murmuró Amparo –Se lo que es eso. Hace unos años estuve en Afganistán. Iba en un convoy militar cuando nos emboscaron. Nos dieron por muertos y nos lanzaron a una fosa. Tuve que hacerme la muerta durante horas, escuchando como se reían de nosotros. Cuando llegó la noche salí arrastrándome como pude entre los cadáveres de mis compañeros. Salí de la fosa y maté a todos los que había allí. Cuando me encontraron… Había acabado con todos. Eso será algo que nunca olvidaré.
—Entonces me entiendes— dijo Louise mientras Amparo se levantaba de la silla y le quitaba las esposas. –Entonces entiendes que hay cosas que tenemos que hacer.
—Entiendo que hay cosas que hay que hacer, pero tu y los tuyos habéis cometido el error de atacarnos— dijo Amparo, entonces, agarró a Louise por la cabeza, se la estampó contra la mesa y le clavó un cuchillo en la cabeza. Después, salió de la sala y se encontró con Tychell.
—He hecho lo que debía— dijo Amparo.
—Si…— murmuró Tychell.

16 de Febrero de 2009

—Estas son las muestras de tu analítica— dijo la doctora pasándole unas hojas de papel a Amparo. Ella las cogió y tras leerlas la miró. –No hay duda. Tienes el virus.
—Estoy infectada entonces— murmuró Amparo. —¿Qué se supone que debo hacer ahora?
—El caso es que me extrañó que estuvieras infectada y que no presentaras los síntomas. Basándome en que muchos virus suelen mutar y adoptar nuevas características… Decidí sacarme sangre y tomar otras diez muestras de habitantes de Thomaston.
—¿Y?— preguntó Amparo.
—Todas las muestras recientes muestran síntomas de infección. El caso es que las he comparado con muestras que tomé hace unos meses. Esas muestras están limpias— explicó la doctora.
—Entonces… Creo que había acertado con la hipótesis que había barajado hace unos días. Todos estamos infectados y dará igual como muramos. Resucitaremos— Amparo lanzó un suspiro. –Esto complica mucho las cosas.
—¿Qué hacemos ahora? Podríamos convocar una reunión y decírselo a todos— dijo la doctora.
—No. Nada de eso. Si les decimos que todos tenemos el virus. Cundirá el pánico. La gente se asustará. Debemos ocultárselo para que sigan siendo felices. Por favor Ronda. No digas nada— pidió Amparo.
—No lo haré— respondió la doctora.
Amparo salió de la sala y se topó de bruces con Tychell. Este se fijó entonces en la expresión de Amparo. –¿Ocurre algo?
—No. No ocurre nada— respondió Amparo. Después se marchó de allí.

24 de Febrero de 2009

Amparo estaba en el salón de su casa junto a su marido. Ambos leyendo un libro cada uno. En ese momento, llamaron a la puerta y ella salió a abrir. Cuando la puerta estuvo abierta se encontró con Tychell, la doctora Ronda y otros miembros de la comunidad.  Todos llevaban antorchas. Amparo los miró a todos y a cada uno de ellos, a la última a la que miró fue a la doctora.
—Lo siento. Esto es algo que no podía ocultar.
Tychell se adelantó más que ninguno y se plantó delante de Amparo. —¿Por qué ocultaste algo tan importante? Todos estamos infectados ¿Y tú nos lo ocultas? ¿Qué demonios pretendes?
—¿Qué es lo que ocurre?— preguntó en ese momento Reed saliendo a la puerta. Cuando vio a Tychell con la antorcha, se alarmó. –No se lo que ha pasado, pero todo se puede solucionar.
—¿De verdad crees eso? Veo que tu mujer no te ha contado nada a ti tampoco. Díselo Amparo. Dile lo que ocurre— le espetó Tychell a Amparo.
—¿Qué ocurre cariño?— preguntó Reed.
Amparo miró entonces a Tychell y luego a Reed. –Estamos todos infectados. Si morimos, nos levantaremos como muertos vivientes y mataremos a todo aquel que se nos cruce. Ella lo sabía… Y se calló. No dijo nada. Si lo hubiese dicho desde un principio, podríamos habernos evitado problemas. Ha muerto el señor Thompson. Se ha reanimado y ha matado a su mujer y a sus hijos. Si Amparo hubiese sido sincera, podríamos evitado las muertes de la mujer y los hijos de Thompson.
—¿Y que queréis?— preguntó Amparo. —¿Habéis venido a lincharme?
—No. He venido a anunciarte que algunos nos vamos de aquí. No queremos vivir aquí. Ya no. Nos vamos y no quiero que intentes detenernos— dijo Tychell.
—¿Por qué motivo? No sobreviviréis ahí fuera— dijo Amparo.
—No queremos vivir en un sitio donde nos mienten para manipularnos. Algún día lo entenderás. Y si, sobreviviremos ahí fuera y no será gracias a ti. Adiós Amparo— Tychell se dio media vuelta y salió del porche de la casa de Amparo. Entonces Amparo salió detrás de Tychell y le apuntó con la pistola.
—No os dejaré ir. Si te los llevas, solo conseguirás que os maten— dijo Amparo con las primeras lagrimas surgiendo de sus ojos.
—Moriremos de todos modos aquí si nos ocultas cosas. No me harás cambiar de idea Amparo. Esto es un adiós.
Amparo se derrumbó por completo y comenzó a llorar en medio de la calle, viendo como parte de los habitantes de la comunidad que tanto se había esforzado en construir, se marchaban sin volver la vista atrás. Ella se maldijo entonces por haber tomado aquellas ultimas decisiones, fue entonces cuando se juró a si misma que nunca más volvería a estropear lo que habían construido.


sábado, 3 de junio de 2017

NECROWORLD Capitulo 158

Día 23 de Diciembre de 2010
Día 908 del Apocalipsis…
Bosque…

Gareth caminaba por el bosque. Se paraba cada vez que escuchaba un ruido en el bosque, apuntaba con su pistola y esperaba. Cuando veía que no ocurría nada, seguía su camino. Llegó a una zona despejada y sacó la pistola de bengalas, apuntó al cielo y disparó. Seguidamente, se sentó sobre un tronco caído y esperó. No pasaron ni diez minutos cuando Gareth comenzó a escuchar ramas crujir. Gareth se levantó de golpe y comenzó a apuntar en todas direcciones. Fue en ese momento cuando escuchó un ruido a sus espaldas, se dio la vuelta rápidamente y disparó.
La bala dio en el tronco de un árbol y a su lado apareció una muchacha con rastas que le sonreía de oreja a oreja.
—Tienes muy mala puntería. No se si alegrarme o preocuparme— dijo la chica. –Con esa puntería no vivirás mucho si sigues por aquí. Llego a ser un caminante y probablemente no lo habrías contado.
—¿Quién coño eres tu?— preguntó Gareth. –No te conozco.
—No conoces ni a la decima parte de nosotros. Soy Ebony— dijo la chica presentándose y caminando hacia Gareth. En ese momento, más gente apareció allí, todos eran chicos y chicas con edades de entre diecisiete y veinte años. Gareth comenzó a apuntarles a todos. –Relájate.  Haciendo eso no empiezas con muy buen pie si quieres unirte a nosotros.
—¿Quiénes son todos estos?— preguntó Gareth.
—Son los demás miembros de nuestro grupo— respondió Ebony. Entonces se percató de algo. –Oh. Ya entiendo lo que pasa. Tú esperabas a otra persona. Quizás esperabas a nuestro líder.
—¿Dónde está el? ¿Dónde está…?— Ebony lo paró de golpe.
—No digas su nombre. No te está permitido todavía. El no está aquí todavía. Está en un importante viaje, pero si lo quieres ver lo verás. Lo primer es preparar tu ritual de iniciación.
Ebony llevó a Gareth hasta una roca, allí lo sentó y todos los demás se pusieron a su alrededor. Entonces comenzaron a hablar en un idioma que Gareth no conocía. Fue en ese momento cuando Ebony se puso delante de el y sacó un cuchillo, lo acercó al brazo del muchacho y allí le hizo un corte en forma de Z. seguidamente, sacó un frasco con una sustancia de color rojo en su interior. Ebony le quitó el tapón y sonrió a Gareth.
—¿Qué es eso?— preguntó Gareth.
—Es su sangre. La sangre de nuestro dios. Todos hemos pasado por esto— respondió Ebony.
—Pero la sangre… Esa sangre…— balbuceó Gareth.
—No te pasará nada. A ninguno nos ha pasado nada y todos la hemos bebido— dijo Ebony. Entonces se echó el contenido del frasco en la boca, seguidamente besó a Gareth y dejó caer en su boca la sangre. Seguidamente retiró la boca y miró a Gareth. –Bienvenido a la hermandad. Ahora somos hermanos. Su sangre es nuestra sangre.

Hospital JFK…

Todos nos habíamos movilizado por el interior y el exterior del hospital. Jeremy, el hijo de Mike había desaparecido. No sabíamos cuanto tiempo hacia de ello, pero era evidente que no estaba allí. Nos separamos por el interior del hospital y comenzamos a buscar sin descanso. Yo iba con Amparo, ambos subimos a la última planta y comenzamos a llamar a Jeremy a voces,  pero no tuvimos respuesta. Me acerqué a una de las ventanas, le di un puñetazo a la pared y me di la vuelta para mirar a Amparo.
—Justo cuando íbamos a irnos ocurre esto. No hay nada que nos salga bien. Y es lo último que Mike necesita. Ya lo ha pasado demasiado mal, y Jeremy es un buen chico. El como todos los demás, está bajo mi cuidado, yo soy el líder de este grupo y no he podido evitar que pasara esto. Si no lo encontramos, la reacción de Mike es imprevisible.
—¿Ese Mike es peligroso?— preguntó Amparo.
—Mike es buena persona, pero es un hombre que lo ha pasado bastante mal. Perdió a su mujer en Manhattan y casi ha perdido a su hija. Fue una suerte llegar aquí y se salvó gracias a ello. Ahora ha desaparecido su hijo…
—Escucha. Si Mike es peligroso… No puedo llevarle a Thomaston. Ya tuvimos problemas antes por culpa de gente que perdía rápidamente los estribos y que ponían en peligro a los demás. No quiero pasar por ello otra vez, no quiero exponer tanto a mi gente.
—Tu gente lleva expuesta desde hace tiempo. Este mundo es un peligro constante aunque estéis detrás de unos muros. Cuando estuve allí me di cuenta de algo y es que esos muros aunque altos, no resistirían una marea de caminantes. Por eso he estado pensando en reforzarlo un poco más, pero necesito que tú estés de acuerdo.
—¿Crees que podría pasar pese a los vigías?— preguntó Amparo.
—A los caminantes les da igual quien este vigilando. Si apareciese un rebaño, ni todos los vigías del mundo podrían hacer nada. Necesitáis muros más gruesos y fuertes. Y triplicar o incluso cuadruplicar la vigilancia día y noche. Como ya sabes, no solo hay caminantes ahí fuera. Toda precaución es poca.
—Lideras muy bien este grupo y parece que sabes muy bien como sobrevivir y defender un lugar. Ambos hemos sido militares, pero tú has vivido ahí fuera más que yo. Cuando volvamos a Thomaston, quiero que seas tu quien nos lidere. Necesito que seas tú. Se que lo harás bien. Tú eres el líder que Thomaston necesita.
—Te equivocas— respondí. –Yo no soy…
En ese momento escuchamos gritos en el primer piso y Amparo y yo bajamos a toda velocidad. Una vez llegamos vimos a Mike sobre el doctor Kirk. Este lee golpeaba violentamente y todos los demás trataban de quitar a Mike de encima del doctor. Susy se lanzó sobre Mike y este se la quitó de encima con un manotazo. Yo corrí rápidamente hacia mi compañero y me lancé contra el para detenerle, pese a ser mucho más grande que yo, conseguí quitárselo de encima al doctor y ambos rodamos casi un metro por el suelo.
—Para Mike. Detente— le dije tratando de detenerle, pero el me golpeó y me lanzó por los aires. Choqué contra uno de los pilares y sentí un fuerte dolor en la espalda. Caí al suelo y justo cuando iba a levantarme, sentí como me levantaban con rapidez. Escuchaba gritos y todo era muy confuso, miré al frente y entonces vi el puño de Mike acercándose a mi cara, sentí entonces el golpe seguido de un fuerte dolor. Seguí escuchando los gritos y entonces escuché varios disparos, Mike se detuvo y ambos caímos al suelo.
Todo giraba a mí alrededor y entonces vi a Mike caído a mi lado, sangraba por un brazo y el hombro, pero todavía vivía. Detrás de el, Amparo sostenía una pistola, ella había disparado.
Me ayudaron a levantarme y miré a mí alrededor, vi a David que examinaba el cuerpo del doctor Kirk. El levantó la cabeza e hizo un gesto de negación. Era evidente que el doctor estaba muerto. David entonces atravesó la cabeza del doctor con un cuchillo.
—Te llevo a la enfermería— dijo Luci acercándose a mi. Seguidamente miró a los demás. –Sacad a Mike fuera de mi vista antes de que me lo cargue yo misma. Y no dejéis que se muera. Ese imbécil tiene mucho  que explicar. Quiero saber que ha pasado.
*****
Me desperté tumbado en una de las camillas, me incorporé lentamente mientras me tocaba la cara, todavía hinchada a consecuencia de los golpes que Mike me había propinado. Miré por la habitación y allí vi a Eva cruzada de brazos en uno de los sillones.
—¿Cuánto hace que me quedé inconsciente? ¿Cuánto tiempo he dormido?— pregunté.
—Son las nueve de la noche— dijo Eva. –Te quedaste frito a los pocos segundos de que Luci te ayudara a levantarte. El doctor Kirk está muerto.
—Ya lo vi… Creo recordar. ¿Qué le pasó a Mike?— pregunté haciendo memoria de lo que había pasado. —¿Por qué mató al doctor?
—¿Recuerdas que estábamos buscando a Jeremy?— preguntó Eva. –Pues lo encontraron. Era un caminante y Kirk lo tenía amarrado a una de las camillas. Mike lo descubrió y por eso lo mató. Vengó la muerte de su hijo.
—Dios… ¿Y donde está ahora Mike?— pregunté tratando de levantarme, pero me mareé y casi me caí. Eva se levantó y evitó que me cayera.
—¿Qué demonios pretendes? Estás hecho un asco. Mírate— dijo Eva. Yo me miré y vi que varias vendas cubrían mi torso. –Mélanie y Sheila dijeron que tenías dos costillas rotas. Como ya he dicho, estás hecho un asco.
—Necesito ver a Mike— respondí. –Tengo que hablar con el.
—El está en otra habitación. Esposado a la camilla y vigilado por Juan. Algunos piensan que es peligroso y que ha perdido el juicio. Incluso Amparo duda de llevarlo a Thomaston. No quiere arriesgarse a que cree problemas.
—Hablaré con el— respondí. –Acompáñame a su habitación.
Eva al final aceptó y me ayudó a caminar por el pasillo. Cada paso que daba me costaba mucho. Finalmente llegamos a la puerta de la habitación y entramos, allí estaba Juan de brazos cruzados y apoyado en la pared mientras Sheila y el doctor Lopez terminaban de curar a Mike. Cuando este me vio entrar, giró la cabeza para no mirarme.
—Dejadnos a solas— dije.
—No creo que sea buena idea— dijo en ese momento Juan.
—Está esposado. Es imposible que me haga nada. No tiene motivos para ello. Dejadnos solos, de verdad, estaré bien.
Eva me miró y salió de la habitación seguida por Sheila y el doctor. Cuando iba a salir Juan, este se acercó a mi y me  dio una pistola. –Por si acaso.
Todos salieron y entonces yo me quedé a solas con Mike. Este seguía sin mirarme pese a que comencé a caminar hacia el, finalmente me senté en un sillón y me quedé observándole. Cuando este me miró y vio la pistola sonrió.
—Supongo que me lo merezco— dijo en ese momento Mike. –La he cagado. La cagué en Manhattan y perdí a Kendra. La he cagado aquí y he perdido a mi Jeremy. Es cuestión de tiempo que también pierda a mi Beth.
En ese momento, dejé la pistola en la ventana y volví a mirar a Mike. –No quiero matarte. Quiero saber que pasó. Solo eso.
—Yo los encontré. Llegué a esa sala y ese cabrón estaba con mi hijo. El estaba bien esta mañana y luego estaba muerto. Fue ese cabrón quien lo mató. Tenía más caminantes allí. Sinceramente no se que me pasó, perdí los estribos con el y luego contigo, estaba fuera de mi. Mira como te he dejado. Merezco que me pegues un tiro.
—No lo haré— respondí. –Pero lo que he venido a hablar contigo es otra cosa. Estamos a punto de largarnos hacia Thomaston y cuando llegamos con la persona que nos llevará allí, te vemos a ti matando a uno de los nuestros. Amparo está dudando si debe llevarte a ti también.
—¿Eso es un ultimátum?— preguntó Mike —¿Me estás tratando de decir que no me llevareis con vosotros?
—Algo así, pero esto es un grupo y no pienso permitir que se rompa. Hablaré con Amparo y la convenceré de que no eres un peligro. Solo te pido que no hagas que me arrepienta. Thomaston es ese sitio que hemos buscado tanto y no pienso permitir que nadie lo estropee. Ni tú, ni nadie. Ahora descansa y mañana te soltaremos— dije mientras cogía la pistola y me dirigía hacia la puerta. Justo cuando iba a salir, Mike me llamó.
—No me arrepiento de haber matado a ese cabrón— dijo Mike. –Hice lo que tenía que hacerse.
—No Mike. No lo hiciste. Había otras opciones— respondí, seguidamente salí por la puerta.
Una vez fuera, Sheila y el doctor López volvieron a entrar en la habitación y yo me reuní con Juan y con Eva, a el le devolví la pistola.
—Soltadle. Hay que enterrar a su hijo y el debe estar presente.
—¿Estás seguro? Podría haberte matado igual que mató al doctor— respondió Juan –Es mi amigo, pero eso no significa que no crea que es peligroso.
—Estoy seguro. Hazlo— le dije. Miré a Eva en ese momento. –Llévame hasta donde estaba el cadáver de Jeremy.
—De acuerdo.
Eva me llevó hasta la habitación donde habían descubierto los caminantes con los que el doctor había estado experimentando. Nada más llegar, vimos a Marta y a Keity. Habían matado a todos los caminantes excepto al que unas horas antes había sido Jeremy.
Jeremy nos miraba con sus ojos carentes de vida desde la camilla donde estaba amarrado. Pude fijarme en el mordisco, pero también en unas marcas que había sobre su cara.
—Kirk lo asfixió después de que le mordieran. Lo he leído aquí— dijo Marta pasándome unas hojas de papel. –Al parecer, Kirk trataba de recuperar los recuerdos de los muertos. Quizás a su modo estaba buscando una solución.
—En el hotel hacía lo mismo. Creí que ya lo había dejado. Tendría que haberlo vigilado más— respondí. –Esto en parte es culpa mía. —Me separé de Eva y comencé a caminar hacia Jeremy. Este me miraba mientras abría y cerraba la boca. Haciendo rechinar sus dientes. Yo saqué mi cuchillo y lo miré. –Lo siento muchacho. Lo siento mucho— seguidamente le clavé el cuchillo en la sien y Jeremy dejó de moverse. Después le quité las correas y lo cogí en brazos. –Hay que enterrarlo.
—¿Y que hacemos con el cadáver del doctor?— preguntó Eva.
—Me da igual…— respondí saliendo por la puerta.
Unos minutos después estábamos todos reunidos en el exterior. Juan y David habían cavado una tumba mientras Mike envolvía el cuerpo de su hijo en una manta. Después, el mismo cogió en brazos a su hijo y lo depositó con ternura en el hoyo. Después comenzó a hablar.
—Jeremy era un gran chico. Le encantaba el Baseball y quería ser jugador profesional. No había nada que no hiciera por su hermana. El lo daba todo por ella— en ese momento miré a Beth. Vicky estaba con ella abrazándola, la pequeña ni siquiera lloraba, tenía la vista clavada en el bulto dentro del hoyo. Volví a mirar a Mike, el cual seguía hablando. –Los fines de semana, solía ir a las residencias de ancianos a escuchar historias de los veteranos de guerra. Todos lo querían mucho— Mike no pudo seguir hablando, su voz se quebró y rompió a llorar. Seguidamente, caminó hacia Vicky, cogió en brazos a Beth y se alejó hacia el interior del hospital. Yo me adelanté en ese momento y comencé a echar tierra sobre el cuerpo cubierto  de Jeremy. Cuando acabé, todos entramos al hospital. Había que prepararse. Saldríamos hacia Thomaston al día siguiente.
*****
Eran las ocho de la tarde y me encontraba en mi habitación preparando las mochilas para el día siguiente. Shanon y Nathan dormían tranquilamente en sus cunas y yo trataba de no hacer ruido para no despertarles. Fue entonces cuando llamaron a la puerta y yo dije que pasara, pensé en un principio que podría ser Amparo para hablar del asunto de Mike, pero me llevé una sorpresa cuando fue Sheila la que apareció.
—Hola— saludó ella. —¿Cómo te encuentras? ¿Te estás tomando las pastillas para el dolor?
—Si. No te preocupes. Es curioso, pero es alucinante que desde que pasó esto, me he tomado más pastillas en casi tres años que en toda mi vida. ¿Tú ya te has preparado?
—No. Yo no voy— dijo en ese momento Sheila. Eso hizo que me la quedara mirando.
—¿Qué has dicho?— pregunté dejando la mochila. —¿Has dicho que no vienes?
—Eso mismo— dijo Sheila caminando hacia mí. Esta se plantó al lado de la cuna y observó a los bebés. –Me voy a quedar en el hospital. Algunos celadores y enfermeros han optado por lo mismo. Igual que muchos de los que sacasteis de las jaulas del refugio de los cazadores.
—Hemos estado allí Sheila. Es un buen lugar, es seguro. Es mucho mejor que este hospital. Somos un grupo— dije mirando a mi compañera.
—Ya lo se, pero no es eso— respondió Sheila sentándose. Yo me senté frente a ella.
—¿Es por Rachel? ¿Aun me culpas por ello?— pregunté.
—No. Tú no tuviste la culpa de eso. El único culpable fue tu hermano— respondió Sheila.
—Entonces… ¿Qué ocurre?— pregunté.
—Aquí hay mucha gente enferma que no sobreviviría al viaje. Algunos viven conectados a una maquina. Aquí estamos bien abastecidos de medicamentos, agua y alimentos. Contamos con las placas solares. Muchos han decidido quedarse… Y yo también. No iré a Thomaston con vosotros, pero eso no significa que no vayamos a vernos más. Ya he hablado con Amparo y vamos a crear una ruta de comercio entre el hospital y Thomaston. Nosotros fabricaremos medicamentos y vosotros nos distribuiréis alimentos para sobrevivir y municiones para protegernos. Piénsalo, es una oportunidad que puede que no tengamos si nos vamos todos. Piensa también en esa gente que no se puede ni mover. Juanma… Esto es lo mejor. Se que nos quieres mantener juntos por que somos una familia, pero esto no es una separación. Esto,  es un primer paso hacia el futuro. Crearemos un mundo nuevo.
—Supongo que no puedo obligarte a que vengas con nosotros. No lo haría— respondí. No insistí, sabía que no iba a hacerla cambiar de opinión. –Entonces la miré. Prométeme que estarás en contacto con nosotros en todo momento y que si pasa algo extraño, por mínimo que sea, nos lo harás saber. Vendremos enseguida.
—Te lo prometo— dijo Sheila. Seguidamente nos dimos un abrazo y yo la miré.
—Estás anteponiendo el bienestar de los otros al tuyo propio. Rachel estaría orgullosa de ti. Siempre lo estuvo en realidad. Esto haría que lo estuviera más todavía.
—Vosotros simplemente tened cuidado ¿Vale?
—Lo haremos— respondí.
Sheila se levantó de la camilla donde se había sentado y salió de la habitación. Yo me quedé allí sentado, asimilando lo que había pasado y lo que estaba por venir. Teníamos ante nosotros un nuevo camino hacia lo que esperábamos que fuera un futuro.

En algún lugar del bosque…
22:00 horas…

Gareth fue llevado hasta una zona sin arboles. Allí había varias tiendas de campaña y caravanas. Nada más llegar miró a su alrededor con un gesto de decepción.
—¿Qué ocurre?— preguntó Ebony.
—¿Qué es todo esto? Esto no es de lo que me habían hablado. Esto es una mierda. Aquí no hay ni protección contra los muertos— entonces señaló a un grupo de chicos que no tendrían más de diecisiete años. –Son putos críos.
—¿Y que esperabas?— preguntó Ebony. –Tranquilo. Para tu información este no es nuestro cuartel general. Está lejos, nosotros estamos aquí solo de paso. Te hemos traído para que sepas donde estamos para cuando tengas que volver. Ahora vuelve a Thomaston.
—¿Cómo?— preguntó Gareth. –Yo no quiero volver. Esto no va así, no es lo que me prometieron.
—Te prometimos que serías de los nuestros y ya lo eres. Por eso ahora tienes que cumplir tu primera misión. La de volver a Thomaston y hacer como que nada a pasado. Reúnete con los demás que están allí y comenzad a trabajar. Tenéis que hacer lo que sea para que ese grupo no llegue a Thomaston. Solo así los cazaremos.
—Cazar… ¿De que estás hablando? No, esto no me interesa. Me uní a vosotros por que no seguíais reglas. Yo paso, no quiero formar parte de esto— dijo Gareth dándose la vuelta para irse, pero entonces se encontró con un grupo que le cortaba el paso. –Dejadme pasar.
En ese momento, Ebony lo agarró por detrás y le puso un cuchillo en el cuello. Entonces comenzó a hablarle. –Quien te habló de nosotros creo que omitió algunos detalles. Una vez bebes la sangre de nuestro dios y te conviertes en nuestro hermano, ya no puedes dejar de serlo. A menos que mueras. Has sido el ultimo en llegar y debes obedecer las ordenes de tus hermanos mayores, sin embargo…— Ebony oprimió más el cuello de Gareth. –Puedes morir y dejar de ser nuestro hermano. ¿Qué quieres hacer? Vives y haces lo que debes hacer… O mueres y alimentas a los gusanos. Decide.
—Quiero vivir— respondió Gareth. En ese momento, Ebony lo soltó y lo empujó. Gareth trastabilló y cayó de bruces al suelo. Allí se dio la vuelta y miró a Ebony. Esta lo miraba con una sonrisa de satisfacción.
—Sabia decisión. Ahora regresa a Thomaston. Sigue ese camino y llegarás en unos veinte minutos. Cuando llegues te dirán lo que tienes que hacer. Si haces esto bien, yo haré que te sientas bien.
Gareth se levantó y comenzó a caminar por el camino que le habían indicado. Veinte minutos después y sin complicaciones. Llegó a las puertas de Thomaston. Allí entonces fue recibido por un grupo de chicos y chicas. Todos iban cargados con mochilas. A la mayoría los conocía de las clases en la escuela.
—¿Te manda Ebony?— preguntó uno de ellos.
—Si… Si, me manda ella— balbuceó Gareth sin dar crédito a lo que veía.
—Bienvenido a la hermandad. Ahora debemos salir a cumplir nuestra misión— respondió aquel chico entregándole una mochila.
—¿Qué es esto?— preguntó Gareth.
—Tu solo síguenos. No tenemos mucho tiempo— dijo el chico haciéndole una seña a uno de los vigías. El cual se la devolvió. Después, el grupo se adentró en el bosque.

Hospital JFK…
22:45 Horas…

Beth se encontraba tumbada en una de las camillas. Su padre estaba a su lado, este no la miraba. Llevaba así desde que habían entrado, ni siquiera habían ido a cenar con todos los demás. Beth se incorporó un poco.
—Tengo hambre papá— dijo la pequeña. Aunque Mike no le respondió seguía mirando al suelo con un puño delante de la boca. —¿Papá?
En ese momento Mike la miró. –Echo de menos a mamá y a Jeremy. Quiero volver a verlos… ¿Y tu? ¿Quieres volver a ver a tu madre y a tu hermano? ¿Quieres verlos cariño? ¿Quieres que volvamos a ser una familia?
—No te entiendo papá— respondió Beth.
Mike miró a su hija y sus ojos se llenaron de lágrimas. Seguidamente le pasó la mano por la mejilla. –Duerme cariño. Cuando te despiertes, estaremos todos juntos. No pienses en que tienes hambre. Solo duerme mi vida.
Beth asintió y se tumbó en la cama. Allí miró a su padre. –Cántame una canción— después de decir eso y dejándose llevar por el canto de Mike, la niña cerró los ojos.
Mike cantaba mientras las lágrimas corrían por sus mejillas  y cogía una almohada. Seguidamente con delicadeza, la puso sobre la cara de su hija y ejerció presión sin dejar de cantar mientras la pequeña trataba de zafarse. Mike dejó de cantar justo cuando la niña dejó de moverse, después, únicamente lloró amargamente.
*****
—Le he hecho estofado caliente a Beth y Mike. Voy a llevárselo— dijo Vicky mirándome.
—De acuerdo. Lo necesitan. Quédate con Beth esta noche si quieres— respondí. Yo me encontraba sentado en un sillón de la habitación mientras le daba un biberón a Shanon. Eva dormía junto a Nathan en otra camilla.
—¿Y que pasa con mi mochila? Tengo que preparármela— dijo Vicky.
—Ya la prepararás mañana. No te preocupes— respondí.
Vicky salió de la habitación con el estofado y comenzó a caminar por el pasillo. Podía entender como podía sentirse Beth en esos momentos y pensó que lo mejor era quedarse con ella toda la noche, hacerle compañía. No le importaba pasarse toda la noche en vela si hacía falta. Llegó a la habitación y llamó antes de entrar, pero como no escuchó nada, entró. Lo que se encontró  la dejó petrificada. Mike estaba sentado en la camilla con la mirada fija en la puerta. Detrás de el, se encontraba Beth inmóvil. Con la cara cubierta por la almohada.
—¿Qué has hecho?— preguntó Vicky mirando a Mike.
—La he enviado con su madre y con su hermano— respondió Mike dejando ver la pistola que llevaba en las manos. Eso hizo que Vicky dejara caer el estofado al suelo y apuntara a Mike con su pistola.
—Deja la pistola Mike—dijo Vicky.

En ese momento, el cuerpo de Beth comenzó a moverse. Mike también se dio cuenta de ello. Puso la pistola en la frente de Beth cuando esta asomó y apretó el gatillo. El disparo se escuchó en todo el hospital. Seguidamente, Mike se puso la pistola debajo de la barbilla y volvió a disparar. Lo ultimo que pensó antes de morir, fue que por fin la pesadilla había terminado.