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sábado, 1 de agosto de 2015

NECROWORLD Capitulo 82

Día 26 de Marzo de 2010
Día 636 del Apocalipsis…
Greenwich… 07:00 de la mañana…

La alarma del reloj sonó y yo me fui levantando de la cama tranquilamente para no despertar ni a Eva ni a Vicky. Las dos dormían tranquilamente a mi lado. A diferencia suya yo no había pegado ojo en toda la noche dándole vueltas al asunto de Katrina. No me cabía duda de que esa chica era mi hermana por parte de padre. Tampoco daba crédito a esa enorme casualidad. ¿Qué posibilidades había en que me encontrase con una hermana desconocida? Y menos en lo que quedaba del mundo, pero la foto donde aparecía aquel hombre me lo había dejado totalmente claro, ese hombre era sin duda mi padre.
—¿Ya te vas a levantar? ¿No es muy pronto?— la voz de Eva me hizo darme la vuelta. Al girarme la vi incorporándose.
—No he podido dormir en toda la noche. No dejo de darle vueltas a lo de Katrina. No deja de ser increíble. Esa chica es mi hermana… Y yo no tenía ni idea de que mi padre había tenido un rollo con una mujer extranjera. Además, prácticamente tenemos la misma edad… Lo que significa que mi padre dejó embarazada a su madre al mismo tiempo que a la mía. Esto es una locura.
—Quizás te estás confundiendo y ese hombre se parece únicamente a tu padre. Es extraño cariño. No le des más vueltas. Puede que te hayas confundido— dijo Eva poniéndome las manos en los hombros.
Yo me levanté lentamente y me quedé de pie. Cogí mi chaqueta de color marrón y me la puse. Luego cogí mis armas y me dispuse a salir del autobús. Cuando salí de el vi que llegaba un vehículo. Este se detuvo junto a los otros vehículos y vi a Melanie bajarse de el. Esta me saludó y yo levanté la mano para devolverle el saludo.
—Me alegro de que ya estéis de vuelta. Espero que os haya ido bien— le dije.
—Bueno. No hemos tenido problemas. Hemos traído algunas cosas. Leche y cereales. Además de algunas latas de conserva que nos darán para una semana. Y lo más importante, antibióticos. Andábamos bastante cortos de ellos.
—Nos vendrán bastante bien. Ayer trajimos a unas personas. Uno de ellos perdió una pierna. Así que le vendrán bien— respondí mirando a Melanie a los ojos. Esta clavó sus verdes ojos en mí.
—¿Estás de coña? ¿Más gente? ¿Y un herido? Voy a ir a verlo. Por curiosidad. ¿Cómo perdió la pierna?— preguntó Melanie dirigiendo su mirada hacia la tienda de lona que usábamos para las curas.
—Tuve que cortársela. La tenía atrapada en un cepo. No teníamos tiempo… Los caminantes nos rodeaban… Aunque me sabe mal… Pero no había otro remedio en esos momentos. Cuando pueda hablaré con el y me disculparé.
—Hiciste lo correcto. Lo entenderá… ¿Son ellos?— preguntó en ese momento Melanie mirando la furgoneta roja. Junto a ella vi a Katrina hablando con su marido. Más bien parecían estar discutiendo.
—Si. Son ellos. El parece estar de mal humor. Ve a ver al herido mientras yo hablo con ellos. Ahora te veo— Melanie y yo nos despedimos y yo me dirigí hacia nuestros dos nuevos miembros. Cuando me acerqué les di las buenos días. El marido de Katrina me lanzó una mirada que parecía de odio.
—¿Querías algo? Estoy hablando con mi mujer. Si no te importa… Podrías dejarnos a solas. Deberías estar vigilando a mi hermano. Al fin y al cabo tu le cortaste la pierna— dijo James. –Cuando se despierte deberías ser tu quien esté ahí para disculparse.
—Solo quería saber como habíais pasado la noche— respondí. –Únicamente eso.
En ese momento escuchamos un grito que venía de la tienda de lona en la que habíamos ubicado la enfermería. Vi como los que se estaban levantando se quedaban mirando a la tienda. Algunos comenzaron a correr hacia allí arma en mano. Yo me di media vuelta y comencé a correr seguido de cerca por Katrina y James.
—Poned a los niños en lugar seguro— comencé a decir mientras corría. Cuando llegué a la tienda vi salir a Sheila de espaldas. Entré y vi al herido agarrando a María por la espalda mientras Melanie hacía un esfuerzo titánico por quitárselo de la espalda y alcanzar su arma.
Enseguida me di cuenta de lo que ocurría. Me acerqué corriendo y saqué mi arma para apuntar, pero con tanto movimiento era difícil acertar. Había que quitárselo a María de encima. Vi como Mouse aparecía a mi lado y este me hizo una seña. Ambos nos lanzamos sobre María y cada uno agarró al No Muerto de un brazo para separarlo de ella, pero estaba ejerciendo demasiada presión sobre ella en ese agarre mortal. Cuando logré separar un poco al caminante me saqué la pistola de la cintura y le apunté a la cabeza, justo cuando iba a disparar sentí un fuerte golpe y caí de espaldas mientras el arma se me disparaba.
—No dejaré que mates a mi hermano— dijo en ese momento James mirándome desde arriba. –Sabía que no eras de fiar.
En ese momento escuché el grito de María. La miré y vi como George clavaba sus dientes en el cuello de la enfermera. Me levanté rápidamente y aparté a James de un empujón. Apunté nuevamente a George a la cabeza y disparé. La bala atravesó su cabeza y tanto el como María cayeron al suelo. Separamos el cuerpo de George de María mientras esta se cubría la herida del cuello mientras rezaba a la vez que desangraba y tenía la vista clavada en el techo de la tienda. No había manera de salvarla.
—Has matado a mi hermano… ¡¡¡Cabrón!!!— dijo en ese momento James acercándose a mi con el puño en alto. Mouse tuvo que interponerse entre nosotros para que no me propinara un puñetazo, pero este se quitó a Mouse de delante con facilidad y luego me asestó un puñetazo que me hizo marearme. Iba a darme otro cuando Katrina lo agarró por detrás.
—¿Qué estás haciendo? Ha matado a mi hermano. No te metas en esto. ¡¡¡Aparta!!!— James apartó a Katrina de un empujón, y cuando fue a agarrarme de nuevo le apunté con la pistola directamente a la cabeza. —¿Me vas a matar a mi también? ¿No te bastaba con cortarle la pierna? ¿También deseabas matarlo? ¿Nos matarás a nosotros también? ¿Por eso nos has traído? ¿Para matarnos?
—George era un caminante. Ya viste como mordió a esa chica— dijo en ese momento Katrina señalando a María. La cual estaba todavía desangrándose sin remedio.
—Eso es imposible. No le habían mordido en ningún momento. Seguro que ellos le han hecho algo— respondió James. –Seguro que le han inyectado el virus mientras lo curaban.
—¿Es que no lo sabíais?— preguntó en ese momento Melanie. –Desde hace un tiempo el virus mutó y todos lo contrajimos. Por eso, al morir, aunque sea de forma natural. Volvemos como uno de ellos. Es lo que le ocurrió a tu hermano. Dejó de respirar al poco rato de llegar yo. No pudimos hacer nada.
—Estáis mintiendo— dijo en ese momento James. —Nunca antes lo habíamos visto.
—Están diciendo la verdad Jimmy.
En ese momento James le asestó un bofetón a Katrina y está cayó al suelo. Entonces yo me lancé contra el y lo tiré al suelo donde lo inmovilicé poniéndole las manos detrás de la espalda. Seguidamente Mouse se lanzó sobre el con unas esposas en la mano y se las puso.
—Ahora te estarás quietecito y no armarás más follón. Ahora ven conmigo— dijo Mouse obligando a James a ponerse en pie. Ambos salieron de la tienda y yo ayudé a levantarse a Katrina.
—¿Estás bien?
—Si— respondió ella cogiéndome la mano que yo le tendía. –Siento lo ocurrido, el estaba muy unido a su hermano, pero lo entenderá al final. Solo le cogió por sorpresa. Ninguno de nosotros lo sabía, me refiero a que no teníamos ni idea de que el virus… Dios… Esto es una locura.
—Juanma. María a muerto— dijo en ese momento Melanie a la vez que sacaba su cuchillo. Enseguida lo hundió en la sien de María para evitar que resucitase. –Tenemos que enterrarla.
—Muy bien. ¿Nos ayudas?— dije mirando a Katrina. Todavía me resultaba extraño lo de tener a una supuesta hermana delante. Me preguntaba a mi mismo si debía decírselo directamente o indagar sobre el pasado de su madre y ese hombre que yo pensaba y daba por hecho de que era mi padre. No quería arriesgarme con mis palabras.

Joseph City… Arizona…

Butch detuvo el vehículo delante del supermercado de la ciudad. Antes de salir, el David y Carlos observaron en todas direcciones. Querían asegurarse de que no había No Muertos en la zona.
—No se ve a un solo podrido. Eso nos facilitará las cosas ¿No?— preguntó Butch.
—Salgamos— dijo Carlos abriendo la puerta del copiloto de la camioneta. La cual habían encontrado en la mismísima área de servicio donde se habían quedado a vivir. Entonces Carlos miró a Butch. –Deja el motor encendido. Nunca se sabe lo que tardaremos en salir de aquí. Puede que tengamos que hacerlo por patas en algún momento. No quisiera perder demasiado tiempo y darles oportunidad de que nos rodeen.
—Yo creo que no era necesario salir del campamento. Tenemos comida de sobra para todos. Esto es un riesgo innecesario— dijo Butch acercándose al cristal del supermercado.
—No es comida lo que vinimos a buscar. Creí que te lo había dicho— respondió Carlos.
—Pues no. No me dijiste nada salvo: Coge la puta camioneta y conduce. Fuiste muy claro. ¿Qué te parece si a la próxima me das más datos de lo que vamos a hacer? Me gusta saber en que voy a arriesgar mi vida. Así que dime… ¿Para que hemos venido?
—Vinimos para ampliar nuestro arsenal. Más y mejores armas es lo que necesitamos. La guardia nacional estableció aquí un puesto. Nosotros hemos venido a buscarlo— explicó Carlos.
—Eso si no lo han hecho otros ya— replicó David. –No creo que tu fueses el único que sabía de su existencia. Creo que vinimos para nada, sinceramente.
—Bueno. Eso lo decido yo. ¿Entendido? Ahora silencio.
Los tres caminaron por la desértica de la ciudad observando todo cuanto les rodeaba. Se percataron de que allí había habido una guerra, quizás en los primeros días de la pandemia. Había vehículos tanto civiles como militares abandonados por todas partes. Había un jeep atravesando un escaparate sobre el que había restos humanos alimentando a un par de buitres que alzaron la cabeza al verlos, salvo eso no había ni rastro de caminantes, al menos no de momento.
—¿Y bien? ¿Dónde está ese puesto del que hablas? Se supone que debe estar en un sitio grande y visible. Algo así como un…— en ese momento Carlos interrumpió a Butch y le señaló un lugar al final de la calle donde ondeaban los restos de lona de color verde.
—Almacén.
—¿Es allí?— preguntó David.
—Ahora con cuidado— dijo Carlos disminuyendo la velocidad de sus pasos. –Podría haber algún grupo de saqueadores— Carlos señaló unas pancartas colgadas cerca del almacén donde podían leerse mensajes amenazantes que advertían de que nadie se acercara. Aunque de momento nadie había aparecido para impedirles el avance.
Llegaron a una parte de la calle donde alguien había fabricado estacas cruzadas entre si, en las cuales se habían quedado empalados caminantes. Los observaron de cerca y vieron que tenían agujeros en la cabeza producidas por algún arma punzante. Por el aspecto de estos se podía saber que llevaban tiempo allí.
Apartaron con cuidado las estacas y siguieron caminando hasta que llegaron a una alambrada. Cuando Butch iba a coger el alambre para quitárselo de en medio notó como Carlos se lo impedía agarrándolo del brazo.
—¿Quieres acaso carbonizarte? Mira ahí— dijo Carlos mientras señalaba unas pinzas conectadas al alambre. –Puede que este sitio sea fácil de encontrar, pero está bastante protegido— decía Carlos mientras regresaba a las estacas y le arrancaba un brazo a uno de los caminantes empalados. Enseguida regresó con el brazo. –Primero hay que asegurarse de que no hay corriente— entonces Carlos lanzó el brazo contra el alambre y no hubo ningún chispazo. Señal de que no había electricidad. Carlos miró a sus dos acompañantes –Vía libre.

Greenwich… Connecticut…

—No conocía demasiado a ninguna de las dos personas que estamos enterrando en estos momentos— decía a medida que Mouse echaba el ultimo grapado de arena sobre las tumbas de María y George. Todos nos habíamos reunido para dar nuestro ultimo adiós a nuestros compañeros caídos –A George se puede decir que lo conocí ayer y tuve que tomar una drástica decisión para salvarle la vida… No teníamos demasiadas opciones. Me hubiese gustado conocerle más. En cuanto a María… A ella si tuve oportunidad de conocerla más, aunque no demasiado tampoco. Después de la muerte de su hijo y marido en Manhattan se encerró en si misma y no se comunicaba mucho con nadie, pero cuando era necesario siempre estaba de los primeros para ayudar. No me alegra que haya muerto, pero me consuela pensar que ahora está en un lugar mejor junto a sus familiares. Ya no tiene que soportar este infierno que nos toca vivir a nosotros, pero por ella y por George seguiremos adelante todos juntos y ayudándonos los unos a los otros— mi mirada se desvió en ese momento hacia Katrina y su hija. James también estaba con ellas, se había tranquilizado y ya le habían quitado las esposas–Ahora quiero presentaros a tres nuevas personas que a partir de hoy permanecerán con nosotros. Quiero darles la bienvenida a nuestro grupo.  Ellos son Katrina, su hija Cindy y James, marido de Katrina y padre de Cindy. Antes de que acabe el día quiero que todos os presentéis a ellos y les digáis quienes sois. Ahora… James ¿Hay algo que quieras decir?
James se adelantó unos pasos y nos miró a todos. –Nos quedaremos con vosotros. Ayudaremos en todo lo que podamos. Gracias— el retrocedió y entonces vi a Katrina adelantarse mientras Cindy se quedaba junto a su padre. No podía evitar ver a la pequeña que también había heredado los ojos de mi padre.
—Yo quiero proponer algo. Me he dado cuenta de que estáis faltos de comida y somos muchos. Se de un supermercado que no queda demasiado lejos de aquí y me gustaría llevar a un equipo hasta allí para recoger suministros, está en Riverside. Podríamos ponernos en marcha en media hora.
Todos los que estaban reunidos comenzaron a murmurar entre ellos. Yo miré a Eva que estaba a mi lado y tras ver como asentía me acerqué a Katrina. –Yo me apunto. Soy el líder del grupo. Así que es mi obligación.
—Yo también voy— dijo en ese momento James metiéndose entre los dos, como tratando de impedir que me acercara demasiado a su mujer. Entonces me dedicó una mirada que me pareció muy hostil.
—Bueno. Voy a reunir al resto del equipo. Saldremos en media hora… ¿Te parece bien?— le pregunté a Katrina. Esta asintió y yo me di la vuelta para volver al autobús junto con Eva.
Una vez dentro, Eva comenzó a hablarme. —¿Le vas a decir algo? Sobre lo que piensas. En mi opinión no deberías precipitarte, es posible que sean solo imaginaciones tuyas. Sería demasiada casualidad. Creo que lo ocurrido con Carlos te está provocando una especie de desesperación. Eso ha hecho que ciertas casualidades te hayan hecho creer que esa chica es tu hermana… Esto es muy raro.
—Mira… No se si son imaginaciones mías o no, pero debo comprobarlo. Necesito saberlo. Es perfectamente posible— dije al tiempo que cogía a Eva de los hombros. –Los datos que me dio eran muy claros. Su madre conoció a su padre en un pueblo de Valencia… Que curiosamente es el mío… Hay un 90% de posibilidades de que si sea mi hermana. Eso es algo que debo hablar con ella en privado— solté a Eva y cogí una mochila en la cual comencé a meter cosas que nos iban a ser útiles en caso de que pasáramos más de un día fuera del campamento. También cogí un par de fusiles más y munición. Podían pasar muchas cosas estando fuera.
Unos minutos más tarde me reuní fuera con Johana, Mouse y Yuriko. Los cuales se habían apuntado al viaje. Íbamos a coger el camión. Era lo bastante grande como para traer varios suministros para todos.
Caminamos hacia el camión y entonces allí nos esperaban James y Katrina. A cada uno de ellos le entregué un fusil. Cuando Katrina cogió el suyo sonrió y se subió a la parte trasera del camión de un salto. Cuando iba a subir noté como James me cogía del brazo y tiraba de mí. Entonces nos miramos el uno al otro.
—¿Te crees que no se lo que pretendes? Aléjate de mi mujer o te meteré una bala entre ceja y ceja. Se como sois los tíos como tu.
Me quité la mano de James de encima y lo miré a los ojos directamente y sin miedo. –Te imaginas más de lo que hay. Yo no voy detrás de tú mujer. Ahora si no te importa… Tenemos cosas que hacer— salté al interior de la parte trasera del camión. Allí arriba ya estaba Johana. Cuando me senté a su lado acercó su boca a mi oído.
—Ese tío está paranoico. Yo me andaría con cuidado. Nunca se sabe de lo que pueden ser capaces… Y ella. No se que rollo te traes con ella… Pero será mejor que no sigas por ahí o dentro de poco tendrás a gran parte del grupo cuchicheando a tus espaldas sobre mil y un rumores tuyos con la chica. Le darás nuevos motivos a Larry para que este te ponga a parir, no le caes nada bien.
—¿Me lo dices o me lo cuentas?— pregunté al tiempo que el camión se ponía en marcha. Era Mouse quien conducía.
Mientras nos íbamos alejando del campamento no podía evitar mirar de reojo a Katrina y a James. Este parecía que le estaba susurrando algo al oído y ella parecía estar asustada. Sinceramente, James estaba empezando a causarme cierta desconfianza, había algo en el que no me gustaba nada.

Joseph City… Arizona…

Carlos tocó la puerta y trató de levantarla. Era una persiana metálica bastante gruesa ubicada en el muelle de carga del almacén. Esta ni siquiera se movió. Carlos miró a sus dos compañeros. —Cerrada…Como suponía.
—¿Y por donde podemos entrar?— preguntó Butch dando vuelta sobre si mismo y ante la puerta. En ese momento se acercó a la puerta y la empujó. También la golpeó.
En ese momento los tres escucharon un golpe al otro lado y vieron como la puerta comenzaba a vibrar. También se escuchaban gemidos.
—La hostia— dijo Butch dando un paso hacia atrás mientras apuntaba a la puerta. –Hay podridos al otro lado… Y no tenemos ni puta idea de cuantos hay ahí dentro.
—Venid. Buscaremos una forma de entrar. En estos almacenes siempre hay una escalera de mano por la que vamos a poder acceder al interior.
Los tres comenzaron a rodear el almacén y llegaron a la escalera de mano que había dicho Carlos que encontrarían. La escalera daba a una pasarela. Los tres subieron rápidamente y se asomaron por una de las ventanas, lo que vieron al otro lado hizo que Carlos sonriera de oreja a oreja –Ahí lo tenéis. ¿Veis todas esas cajas de madera? Ahí tenemos más armamento.
David y Butch se adelantaron y comenzaron a abrir la ventana. Cuando la abrieron comenzaron a pasar poco a poco y a situarse sobre una estantería llena de cajas. Butch se acercó a una de ellas y le quitó la tapa. Dentro de la caja había una ametralladora Gatling en perfecto estado.
—¿Habéis visto esta maravilla?— preguntó Butch mirando a Carlos –Esta me la quedo yo.
—Ahora déjala. Volveremos en otro momento a por ella. Ahora tenemos que hacer otra cosa más importante— dijo Carlos señalando a tres caminantes que avanzaban hacia la estantería mientras alzaban los brazos para intentar alcanzarlos. –Primero acabemos con ellos.
Cuando acabaron con los caminantes, bajaron. Carlos comenzó a caminar en cabeza, parecía muy bien a donde se dirigía. Dobló la esquina de otra estantería y llegó hasta unas cajas de color verde. Carlos corrió hacia las cajas y las abrió rápidamente. –Esto. Esto es lo que buscaba.
—¿Qué es?— preguntó Butch mientras se acercaba. Entonces se asomó al interior y enseguida miró a Carlos. –No me jodas. ¿Son lanzacohetes stinger?
—Así es— respondió Carlos sacando el arma para mostrársela a sus dos compañeros. Cuando David la vio se acercó.
—¿Para que necesitamos tanta potencia de fuego? No tiene sentido. Pensé que veníamos a por armamento como el que ya tenemos.
Carlos se dio la vuelta y miró a David. –Digamos que son nuestras armas de persuasión.
—No te entiendo. No se lo que quieres decir— respondió David.
—Imagínate que llegamos a Las Vegas y no nos dejan pasar… Habrá que convencerles de algún modo… Y este es ese modo de convencimiento. O nos abren la puerta de forma voluntaria o lo hacen por la fuerza. Ese era mi plan desde el principio.
—¿Quieres iniciar una guerra contra los que están en Las Vegas? ¿Quieres mandar a nuestra gente a una guerra que quizás no podamos ganar? Muchos no han cogido un arma en su vida. Y llevamos niños.
—Pues yo estoy  de acuerdo con el— dijo en ese momento Butch. –Si es necesario seré yo quien los instruya. En este mundo es importante saber usar armas… O estás muerto. Podría enseñar incluso a tu crio.
—No te acerques a el o te destrozaré— dijo David acercándose a Butch. –Ya hace tiempo que te tengo muchas ganas. ¿Lo pillas capullo?
—Las mismas ganas que te tengo yo a ti— respondió Butch empujando a David
—Parad los dos y coged una caja cada uno. Con tres nos basta de momento. Hoy solo quería venir a ver que había, pero mañana volveremos con más gente y vaciaremos este lugar. Venga— ordenó Carlos.
David y Butch cogieron una caja verde cada uno. Carlos cogió otra y los tres salieron del almacén por la puerta por la que no habían podido entrar al principio. Recorrieron la calle de regreso a la camioneta, cuando estaban llegando, Carlos vio a alguien rebuscando algo en el vehículo. Entonces se asomó una chica joven y esta les apuntó con una pistola.
—¿Qué estás haciendo en nuestro vehículo?— preguntó Butch. –Mejor será que te alejes.
—Dadme la comida que llevéis. Dádmela y no os mataré— advirtió la chica sin dejar de apuntarles a los tres. ¡¡¡Venga!!!
—No llevamos nada de comida encima— dijo en ese momento Carlos con toda la tranquilidad del mundo. –Aquí solo estamos de paso.
La chica miró las cajas que llevaban y les indicó que las dejaran en el suelo y las abrieran para mostrarle el contenido de estas. Carlos le mostró la mejor de sus sonrisas e hizo lo que la chica decía.
—Puedes mirar lo que hay. Son lanzacohetes Stinger. Sabes para que sirven… ¿No?... Ahora… ¿Por qué no bajas el arma y te vas por donde has venido? Ya ves que aquí no hay nada para ti. Largo…
La chica retrocedió unos pasos y miró al interior de la camioneta y luego los miró a ellos. –Me llevo la camioneta. Lo siento, la necesito.
Carlos sonrió. –Claro, es toda tuya— le dijo a la vez que le hacía un gesto con la mano ante las miradas de David y Butch. La chica se subió al vehículo y justo cuando iba a ponerlo en marcha. Carlos sacó el arma y disparó a la cabeza de la chica. El cristal reventó y comenzó a sonar la alarma anti robo. –Sacad el cuerpo de esa perra de ahí y larguémonos. Ese sonido atraerá a los No Muertos de la zona.
David y Butch dejaron las cajas de los Stinger en la parte trasera. Luego sacaron el cadáver de la chica y lo dejaron sobre el asfalto, Butch le quitó el arma y se la guardó.
David observó la cara de la chica, aun tenía los ojos abiertos y el se los cerró. Miró luego a Carlos, el cual ya había ocupado su puesto en el interior de la camioneta. No había dudado en dispararle, ni siquiera había pestañeado. Quizás el irse con el no había sido la mejor opción.
—¿Vas a subir o no?— preguntó Butch. –Los caminantes se acercan.
David alzó la vista y vio como de calles, casas y comercios comenzaban a salir No Muertos que caminaban hacia ellos atraídos por el ruido ocasionado. David se lanzó de un salto a la parte trasera y la camioneta salió rápidamente de allí, lo último que vio David allí fue a varios caminantes abalanzándose sobre el cuerpo de la chica asesinada.

Greenwich, Riverside… Connecticut…

 El camión se detuvo en el parking del supermercado y todos bajamos. El supermercado era bastante grande y tenía todas las puertas cerradas. En la puerta principal vi una enorme “x” de color verde pintada con un spray.
—La marqué yo— dijo en ese momento Katrina. –Es uno de los pocos supermercados que no han sido saqueados. Lo cual es extraño ¿Verdad? Creo que el motivo está en que aquí había alguien viviendo y que mantenía a raya a otros.
Katrina y yo nos agachamos y quitamos el candado mientras sentía la mirada de James sobre mi, por lo visto se le había metido en la cabeza que yo quería algo intimo con ella, me imaginaba que James era de esos tipos celosos por naturaleza.
Entre ella y yo subimos la persiana metálica y nos fuimos adentrando en el interior del supermercado. Tal como Katrina había dicho, alguien había estado viviendo allí. La prueba estaba en la muralla hecha de carritos de la compra que llegaba del suelo al techo y parecía ser bastante solida. Haría falta mucha gente para tirar eso abajo, y en el centro de la muralla de hierro había una plataforma ubicada al otro lado en la que podía verse el cañón de un fusil. Me imaginaba que el que estuviera o los que estuvieran viviendo allí se ponían a vigilar allí, ya que era el único acceso al supermercado. Tuvimos que quitar varios carritos para abrir una obertura para pasar al otro lado. Cuando estuvimos allí vimos cosas que nos sorprendieron. Había una montaña de cuerpos humanos envueltos en bolsas para cadáveres cerca de las cajas registradoras. Juro que sentí mucha curiosidad por quien había estado viviendo allí.
Encendimos nuestras linternas para ver mejor el lugar. Vimos varias estanterías con muchos alimentos acumulados. Especialmente latas de conserva de todo tipo, lo más codiciado por todos debido a que era lo que más aguantaba el paso del tiempo.
—Coged solo latas y las botellas de agua. Id metiéndolas en los carritos— dije al tiempo que me iba a mirar otra estantería donde había amontonada ropa. Enfoqué con la linterna, estaba buscando algo concreto que aun no teníamos y que íbamos a necesitar. Estaba buscando ropa de bebé. Finalmente encontré varios conjuntos amontonados en un rincón. Cogí un par de conjuntos tanto de niño como de niña.
—No creo que sean de tu talla— la voz de Katrina me sobresaltó. Me giré y la vi enfocándome con la linterna. Miré detrás de ella buscando a James, pero este no estaba. Mouse se lo había llevado a la otra punta del supermercado a cargar unos carritos.
Sonreí al tiempo que metía unos cuantos conjuntos en mi carro. –Es para mi mujer, Eva. Está embarazada y no tenemos ropa de bebé.
—¿De cuanto está?— preguntó Katrina cogiendo unos biberones y chupetes.
—De casi cuatro meses creo. Si te soy sincero no lo se— vi la mirada de Katrina y noté que quizás estaba pensando en que menudo padre iba a ser si no sabía de cuanto estaba mi mujer. Así que me apresuré a arreglarlo. –No me malinterpretes por no saberlo con exactitud, pero ocurrió algo que me hizo perder la noción del tiempo. Incluso me dieron por muerto. Ya te contaré eso cuando tengamos más tiempo.
—Hecho. ¿Y a que te dedicabas antes de que el mundo se acabara? ¿Dónde vivías?— quiso saber Katrina. –Perdona si hago demasiadas preguntas.
—Era militar. Estaba de permiso cuando todo esto comenzó a suceder. Fue algo que nos pilló por sorpresa. Vivía en Valencia… En un pueblo llamado Puzol con mis padres y mis otros dos hermanos— me fijé en la expresión de Katrina cuando mencioné Valencia y Puzol. No lo había hecho a propósito, pero esa revelación dejó perpleja a Katrina, la cual se quedó quieta antes de seguir metiendo cosas en el carrito. —¿Y tu a que te dedicabas?— pregunté finalmente.
—Agente de policía en Macon. Mi madre era la comisaria. Aunque ya no lo ejercía cuando el mundo se fue al infierno. Lo dejé unos meses antes.
—¿Por qué?— pregunté. –Si me lo quieres contar… Claro.
—Maté a un hombre…— me la quedé mirando, y justo cuando iba a preguntarle, ella respondió. –No, no me arrepiento de lo que hice. Se lo merecía. Se trataba de un asesino. Era el marido de mi mejor amiga. Se la cargó y todo el mundo lo sabía, pero su abogado le salvó el culo y estaba libre. Un día lo seguí hasta su casa y lo esperé, fue justo cuando bajó a tirar la basura. Me acerqué a el y le disparé varias veces. Podría haber ido a la cárcel, pero mi madre movió los hilos para que eso no sucediese. Volvería a hacerlo, de eso no me cabe duda.
Entendía perfectamente a Katrina, por que yo mismo había actuado así. Aunque hubiese sido después del apocalipsis. No podía culparla por ello por que lo de matar a otros se había convertido en una opción de supervivencia.
Minutos más tarde habíamos cargado varios carritos en el camión. Entonces vi a James que volvía a entrar en el supermercado. Fui detrás de el y también entré.
—¿A dónde vas?— le pregunté.
Este me miró de forma hostil, con esa mirada a la que ya me tenía acostumbrado y que me estaba obligando a dejarle las cosas claras sobre que yo no buscaba nada con su mujer. Lo último que necesitaba en el grupo era a un hombre paranoico por los celos.
James señaló a una puerta doble donde había puestas unas cadenas y un candado. –Ahí puede que haya algo importante, por eso está así. Voy a ver que es. Quizás sean armas.
—Ya tenemos armas. No necesitamos más. Vámonos— le dije cogiéndolo del brazo.
—Suéltame coño— me dijo James empujándome contra las estanterías. Intenté abalanzarme sobre el, pero este me dio un golpe en la cara con la culata del fusil que llevaba. Caí de espaldas totalmente mareado mientras el golpeaba varias veces el candado. Cuando logró romperlo y abrir la puerta comenzó a sonar una alarma. Entonces del interior aparecieron varias siluetas que se lanzaron sobre el. Este logró zafarse tirando por delante una estantería. Yo sin embargo estaba todavía mareado y para incorporarme tuve que ayudarme con una estantería. Cuando miré al frente vi a tres caminantes a menos de un metro de mí. Y mi arma estaba en el suelo detrás de ellos. Estaba en peligro.