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sábado, 22 de agosto de 2015

NECROWORLD Capitulo 85

Día 27 de Marzo de 2010
Día 637 del Apocalipsis…
Cerca de Tarrytown… 10:15 de la mañana…

Nos había llevado más de lo esperado lo de ir apartando los vehículos, pero con todos apartados ya podíamos seguir nuestro camino. A mi solo me quedaba una cosa por hacer, me acerqué al cuerpo del hombre al que había matado. Me acerqué a el y comencé a registrarlo después de cerrarle los ojos, mientras lo registraba vi un tatuaje en su brazo, era una calavera con una cruz en la frente y una serpiente saliéndole de la boca. Algo bastante siniestro. Rebusqué en la pequeña bolsa que llevaba y encontré varias cosas. Un bote de pastillas para el dolor, un carné de identidad. Supe que se llamaba Jaden Raymond. Seguí buscando y encontré una cámara de fotos digital. Vi que aun tenía pilas y la encendí. Comencé a pasar las fotos y vi primero fotos familiares donde aparecía un matrimonio mayor y algunos niños en diferentes fiestas como navidades y aniversarios. Fue en ese momento cuando vi fotos más macabras.
—¿Qué es eso?— preguntó Katrina a mis espaldas.
Me di la vuelta para mirarla. –Intento averiguar quien era. Mira esto— le enseñé las fotos donde se podía ver lo que hacían con las personas de color. Lo que me había contado no era mentira. El y otros como el se dedicaban a capturar a hombres, mujeres y niños de piel oscura para hacerles autenticas barbaridades. A algunos los mataban y torturaban según se veía en las fotos, a otros los usaban para venderlos a otros como esclavos a para esclavizarlos ellos mismos.
—No puedo creerme que estemos volviendo a esto— dijo Katrina. –Sabía que el fin del mundo había sacado lo peor de algunas personas, pero esto…
Entonces apagué la cámara. No necesitaba ver más, ya había tenido suficiente. Miré a Katrina. –Ayúdame. Vamos a tirarlos al rio Hudson. Cógelo por los pies.
—Espera— dijo Katrina cogiendo el arco y el carcaj. —¿Te importa si esto me lo quedo yo?
—No, para nada. Todo tuyo— respondí. Katrina cogió el arco y el carcaj y se lo colgó al hombro. Seguidamente lo cogió de los pies y lo acercamos a la barandilla, lo pasamos por encima y lo dejamos caer.
El cuerpo cayó rápidamente. Desde arriba nos quedamos observando el cuerpo flotando en el agua. Seguidamente dejé caer el control remoto que hacía detonar las cargas de C—4 repartidas por el puente. Me di la vuelta para mirar a Katrina.
—Es hora de largarse. Todo el mundo a los vehículos— comenzamos a caminar de regreso a los vehículos. Entonces me aseguré de que nadie nos escuchase y comencé a hablar con Katrina. –He visto el moretón de tu espalda. ¿Obra de James? A mi me lo puedes decir. No puedes dejar que te haga eso. Se supone que eres una mujer fuerte. No puedes permitir que te vuelva a tocar.
—El no era así antes. Me ha pegado muy pocas veces en mi vida. Es la situación. Le estresa. Desde que estamos con vosotros solo me ha pegado una vez, y se arrepintió enseguida.
—Pero antes se aseguró de dejarte bien marcada— respondí. –Escucha, puede que no deba meterme, pero si vuelve a hacerte daño me ocuparé de el personalmente. Lo mataré.
—Tienes razón. No debes meterte. Ya me ocuparé yo de ello. Te prometo que no volverá a tocarme. Deja que haga esto a mi manera.
—Lo quieras o no esto también me afecta a mí. Eres mi hermana.
Ambos nos paramos y ella me puso la mano en el hombro. –Se que te preocupas por mi. No solo eso, te preocupas por todos. Es algo normal, ya que eres tú quien lidera este grupo, pero de verdad, déjame esto a mí.
—Muy bien. Espero que no tenga que arrepentirme. Está en tus manos no permitir que esto vuelva a suceder. Si tú no haces nada, lo haré yo.
Subimos a los vehículos y nos pusimos en marcha. Aun nos quedaba un largo camino por delante. Aun nadie salvo los de mi círculo de confianza se había enterado de lo que pretendíamos hacer. La mayoría seguían pensando que únicamente nos estábamos trasladando como de costumbre. Antes de salir había ido a ver a Mike. Le habían extraído la flecha, esta, afortunadamente no había provocado grandes daños y en un par de días volvería a estar caminando. Sheila y Melanie habían hecho un gran trabajo.
Como siempre en el autobús me senté junto a Eva en nuestra cama. Este me miró y me abrazó, enseguida supe que era por que se había enterado de lo que había tenido que hacer. Era evidente que lo de matar a otros era algo que siempre íbamos a tener que hacer siempre. Era algo imposible de evitar, sobre todo cuando nuestras vidas eran amenazadas por otros.
Hacia el medio día llegamos a Mahwah. Donde detuvimos los vehículos en un lugar donde la presencia de caminantes era mínima. Detuvimos los vehículos en lo que parecía un almacén. Allí íbamos a parar a comer y a descansar, no sabíamos cuanto tiempo íbamos a estar, pero lo de pararnos nos iba a quitar horas de viaje e íbamos a tardar más en llegar a Macon.
Durante la comida me fijé en que Katrina estaba trasteando con el walkie talkie. Seguramente esperando volver a contactar con su madre. Podía entenderla perfectamente. Si a mi me hubiese ocurrido lo mismo, probablemente estaría obsesionado con volver a escuchar su voz, tanto que no me despegaría de el ni un segundo. Después de comer decidimos descansar para seguir con el viaje dos horas después. Me fui a dormir con Eva un rato.
No sabía la hora que era cuando un grito me despertó a mí y a otros. Cogí mi arma pensando que habían entrado caminantes y salí disparado del autobús. Una vez fuera del vehículo escuché otro grito. Me giré y vi a Diana gritando histéricamente mirando al interior de lo que parecía un cuarto de la limpieza, me acerqué corriendo a donde estaba ella, cuando llegué la abracé e intenté que se callara. Más llegaron a donde estábamos y todos asombrados descubrimos el cadáver de uno de los niños. Se trataba de Andy. Un niño al que no conocía mucho salvo que tenía un vocabulario cuestionable con los demás. Había tenido un pasado cruel con su familia en Manhattan y era así como se había criado.
Faith llegó y comenzó a inspeccionar el cadáver. –No debe llevar muerto ni una hora. Creo que las causas de la muerte ha sido un golpe contundente en la cabeza con algo. Aunque creo que lo recibió cuando estaba ya muerto. Necesitaría horas para averiguarlo.
Eva también llegó acompañada de Vicky y al ver el cadáver del niño, Eva abrazó a Vicky. Yo enseguida cogí a Diana del brazo y la acerqué a mi mujer. –Llévalas al interior del autobús y tranquilízalas a las dos, especialmente a Diana, ella fue quien encontró el cadaver. No dejes que salgan.
Eva hizo lo que le dije mientras los demás nos íbamos reuniendo en torno al cadáver del niño. Algunos no dejaron que los demás niños del grupo se acercaran. Se los estaban llevando al interior de los vehículos.
También vino Katrina a ver el cadáver. Esta le levantó la camiseta y vio algo que le llamó la atención. Enseguida le hizo un gesto a Faith. —¿Has visto esto? Es una herida de bala. Alguien le ha disparado.
—Pero no se escuchó ningún tiro— dijo una mujer mayor.
—Eso es por que el arma llevaba puesto un silenciador. Estúpida— dijo en ese momento Larry. –Es evidente que tenemos a un asesino o asesinos entre nosotros. Tenemos que encontrarlo y matarlo antes de que se cobre más victimas— Larry comenzó a levantar demasiado la voz, tanto que me preocupó que los demás niños lo escuchasen.
—No te falta razón Larry, pero deberías bajar la voz. Los niños…— le dije acercándome a el.
—¿Y que? Que se enteren. Deben saber en que mundo viven. Es absurdo el como los proteges. ¿Te crees que no saben que pueden morir en cualquier momento? ¿Te crees que la cría que has adoptado no lo sabe? Si seguimos así moriremos todos y ahora tenemos a un asesino entre nosotros que no allanará el camino para ello.
—Por última vez Larry. Baja la voz— le dije acercándome a el mientras le apuntaba con el dedo. –Haz el favor de no hablar tan alto.
—Ojala nunca nos hubiésemos ido con vosotros. Nunca tuvisteis que habernos acogido— dijo en ese momento Larry. –Solos habríamos durado más que contigo.
—Ojala lo hubieses hecho— dije explotando por completo. –Así nos libraríamos de ti y de tu afición por tocar los cojones. Ya estamos hartos de ti y de tus quejas. Intento llevar esto lo mejor que puedo e intento proteger a todo el mundo, pero tu siempre estás ahí para tocarme la moral. Ahí tienes la puerta si de verdad crees que sin nosotros estarás mejor, pero piensa que no estás tu solo. Que tienes contigo a tus dos hijas.
—A ellas no las metas en esto pedazo de hijo de puta. ¿Te crees que no conozco a la gente como tu? ¿Esos que van de lideres? Seguro que estás esperando el momento oportuno para dejarnos tirados o darnos de comer a los caminantes. Seguro que incluso tu mismo has matado a tu familia.
No pude más. Apreté los puños y me dirigí a Larry con intención de asestarle un puñetazo, pero fueron Mouse y Ben los que me lo impidieron.
—No es el momento para peleas Juanma. Ahora no, todos están muy nerviosos— me decía Ben. –No merece la pena. Ese viejo no sabe lo que dice.
—Eso. Llevároslo y que se tome algo. Algún anti psicótico— dijo Larry. Al escuchar aquello nuevamente intenté ir a por el, pero Mouse y Ben me tenían fuertemente cogido.
Nadie se metió en la discusión, nadie salvo las hijas de Larry. Las cuales se lo fueron llevando de vuelta a uno de los autobuses seguramente mientras le echaban una reprimenda. Todos allí sabían como era Larry por que yo no era el único con el que había tenido un encontronazo.
Mouse y Ben me llevaron a un lugar apartado. Al que después acudieron Katrina y Faith. Yo me las quedé mirando.
—¿Habéis descubierto algo?— pregunté en ese momento apoyándome en la pared del almacén. –Algo que nos ayude a saber que ha pasado. No me puedo creer que nadie haya visto nada.
—Juan y Alexandra estaban en la azotea del almacén vigilando y no vieron nada. Tampoco lo escucharon. Así que podemos descartar que haya sido alguien de fuera— dijo Faith. –Fue alguien de entre nosotros. Eso lo tenemos todos claro ¿No?
Yo asentí. –Si, eso lo tenía claro desde el principio. La pregunta es quien. ¿Quién ha hecho algo así?
—A juzgar por la herida. Esta tiene entrada y salida. Al asesino se le disparó de cerca— comentó Katrina. No fue un disparo premeditado, el golpe que le machacó la cabeza si lo fue. Le dieron el golpe con algo. La sien está hundida. Señal de que lo golpearon con algo pesado.
—Pero eso no nos dice quien fue— respondí. –Eso es lo que más me interesa saber. Cuando lo tenga delante ya me encargaré de sacarle los motivos.
—Se me ocurre algo, pero eso nos restará horas y puede que no lleguemos a nada— dijo Faith mirando a Katrina.
—¿Es que piensas?— preguntó Katrina.
—Interrogatorios— respondió Faith tajantemente. –Pero somos muchos. Eso nos llevaría horas. Además, esos interrogatorios incluirían también a los niños. Lo cual puede ser muy duro para ellos.
—¿A los niños también? ¿Qué locura es esa?— dije llevándome las manos a la cabeza y pasándomelas por el pelo. –No puedes coger y acribillar a preguntas a unos pobres niños. Ya tienen suficiente con lo de tener que ver la muerte de cerca cada día. Es absurdo preguntar a los niños— entonces miré a Mouse y lo noté pensativo. —¿Qué ocurre?
—A ver. No dije nada por que ya pensé que lo tenía solucionado. Pero un día o dos antes de salir de Manhattan… Hubo un asesinato en las alcantarillas. Alguien mató a esa chica. A 14K. Por aquel entonces allí estábamos, un profesor, Sandra, varios niños y yo. Quise interrogar al profesor, para mi era el principal sospechoso. Se me fue la mano y lo maté— Mouse entonces vio las miradas de Katrina y Faith. –No me miréis así. En estos tiempos es extraño que nadie tenga las manos manchadas de sangre.
—¿Qué quieres decir?— preguntó Ben.
—¿Y si no fue el profesor?— preguntó entonces Mouse.
—¿Insinúas que podría haber sido Sandra?— preguntó Ben mirando a Mouse.
—No. Eso no tendría sentido— respondí. —¿Para que insinuar que ha sido Sandra si ella no está aquí? No. Lo que Mouse quiere decir es otra cosa. Sospecha de uno de los niños.
—¿De los niños? ¿Nos hemos vuelto locos? Eso no tiene ni pies ni cabeza. Un niño es imposible que haga estas cosas. Un poco de sentido común— dijo Ben. –No podéis pensar así.
—¿Una locura? ¿Acaso no has visto la que hay montada ahí fuera y en el resto del mundo? La locura sería no pensarlo— respondió Mouse.
—Juanma. No puede ser que estés de acuerdo. Es imposible que haya sido uno de los niños. Por favor— dijo Ben mirándome a los ojos.
—Empezad con los interrogatorios. Usad los autobuses y que todos vayan pasando. Yo seré el primero en pasar. Repartidlos entre las dos. Ya se que somos más de cincuenta personas las que estamos aquí, pero ahora mismo todos somos sospechosos. Todos. Id organizando esto— les dije.
*****
Yuriko y Stacy habían subido a la azotea para relevar a Juan y a Johana. Desde allí observaban la actividad de los caminantes de la zona. Hasta entonces, ninguno se había acercado al almacén. De vez en cuando se asomaban a una de las ventanas para ver como iban avanzando los interrogatorios. Cada vez iban quedando menos a los que interrogar.
—¿Quién crees que ha sido?— preguntó Yuriko. –Me refiero al que ha matado al chiquillo.
—Antes de esto no sabría decir, pero con todo esto que nos rodea… Todos somos sospechosos. Incluidas tú y yo. Puede haber sido cualquiera.
—Pero nadie tenía motivos para matar al niño. Absolutamente nadie.
—No te preocupes. Haya sido quien haya sido lo acabarán descubriendo. Lo que de verdad me preocupa es lo que pasará después. El que harán con el responsable.
—Puede que la cosa termine con abandono o ejecución— respondió Yuriko.
En ese momento apareció Alexandra en la azotea. Esta les hizo un gesto a Yuriko y a Stacy. –Os toca. Es vuestro turno.
—¿Cómo te ha ido?— preguntó Yuriko.
—Bien. Me interrogó Katrina. Yo no fui quien mató al niño y creo que se dio cuenta de ello. Aun así, el asesino sigue entre nosotros… Y no se si se descubrirá quien es. Si no se descubre acabarán sospechando unos de otros y eso acabará en paranoia y traerá muchos problemas— respondió Alexandra. –Venga, os están esperando.
*****
Estaba en el cuarto de la limpieza donde Diana había encontrado el cuerpo del muchacho. Este seguía allí, cubierto con una manta. Había ido a inspeccionar el cuerpo para ver si encontraba algo que se nos hubiese escapado antes. Algo de lo que no nos hubiésemos percatado. Me agaché y le fui quitando la manta, cuando le vi la cara tuve que apartar la mirada. No me lo iba a poder perdonar nunca. Yo no lo había matado, pero me sentía como si que lo hubiese hecho. Volví a quitarle la manta, esta vez entera.
—Papá— la voz de Vicky me sobresaltó. Rápidamente cubrí el cadáver y me di la vuelta para mirar a mi hija.
—¿Qué haces aquí? No deberías estar aquí. ¿Ya te han hecho las preguntas?— le pregunté.
—No es necesario que lo tapes. Ya estoy acostumbrada a ver cadáveres de gente.
Me sorprendió la entereza de la niña, algo que había ido notando que iba en aumento desde que habíamos salido de Manhattan. Ya casi hablaba como una persona adulta. Quité la manta y me quedé mirando la cara del niño y la herida de la cabeza, la que según Faith le había ocasionado la muerte.
—¿Erais muy amigos?— le pregunté a Vicky.
Vicky negó con la cabeza. –No me caía bien, pero no merecía acabar así. El que lo ha hecho es mala persona y hay que cogerle cuanto antes. Antes de que vuelva a matar. Tienes que cogerlo papá.
—¿Y que se supone que debo hacer cuando lo coja?— pregunté yo mirando a Vicky.
En ese momento vi a Larry en la puerta. Este me miraba con los brazos cruzados. Yo le dije a Vicky que se marchara con Eva, la cual acababa de salir del autobús. Cuando me quedé a solas con el esperé a que hablara.
—Veo que me has hecho caso en cuanto a no ocultarle esas cosas a la cría. Yo también te lo preguntó. ¿Qué se supone que harás cuando se descubra quien ha sido? En mí opinión habría que matarlo o dejarlo tirado en algún sitio. Que se las apañe como pueda. Sea quien sea, aunque haya sido esa cría. ¿La dejarás tirada o la matarás si ha sido ella?
En ese momento me di la vuelta y miré a Larry, entonces sin previo aviso me lancé contra el. –Ella no ha sido. ¿Entiendes? No vuelvas a decir eso.
—No le caía bien. He escuchado como lo decía. Además, yo vi a ese niño antes de morir. Estaba discutiendo con tu niña. Tú no lo viste por que estabas ocupado charlando con la tía nueva que trajiste. ¿Te la estás tirando? Muy mal. Teniendo en cuenta de que tu mujer está preñada de un hijo que no es ni tuyo— lo que dijo Larry me hizo mirarlo con odio. Sentía ganas de golpearle. Este me vio los puños y luego me volvió a mirar. –Adelante. Pégame. Se que lo estás deseando. Pégame si tienes huevos.
Iba a golpearlo cuando vi que abría la boca de par en par y se llevaba la mano al pecho. Este cayó de costado y yo me agaché a su lado. —¿Qué te pasa? Larry— Alcé la cabeza y vi a Melanie sentada en una mesa junto a Sheila y Rachel, estas estaban haciendo un recuento de medicamentos. Enseguida comencé a dar gritos. —¡¡¡Sheila!!! ¡¡¡Mel!!!—Ambas se pusieron de pie alertadas por mis gritos y corrieron en mi dirección. También lo hicieron Tamara y Arianne. Cuando llegaron junto a mí. –Creo que es un infarto— les dije cuando llegaron a donde estaba yo.
Las dos chicas llamaban a su padre. Este se agarraba el pecho con fuerza. Entonces Melanie las miró. —¿Por qué no habíais dicho que tenía problemas de corazón?
—Creíamos que no nos dejaríais quedarnos si…
Sheila les cortó la frase y les pidió la medicación. Tamara salió corriendo y entró en su coche. Enseguida salió de el y corrió hacia nosotros con un frasco de pastillas. Lo abrió y le metió una a su padre en la boca. Unos minutos después parecía que la cosa se había calmado. Larry ya estaba mejor.
—Será mejor que guarde reposo— dijo Sheila.
Yo me levanté y junto a las hijas de Larry lo llevamos hasta el autobús donde Eva tenía la cama. Fue ella misma quien nos la cedió cuando vio lo sucedido.
Tumbamos a Larry en la cama y vi a Arianne mirarme. —¿Qué le hiciste a mi padre?
—Yo no le hice nada a tu padre— respondí. –Ahora que repose y que no haga esfuerzos.
Salí del autobús totalmente furioso. Sentía que todos me estaban culpando de lo ocurrido con Larry. Puede que a nadie le cayera bien ese hombre, pero tampoco aprobaban que se hiciera daño a otros. Una vez fuera del autobús me encontré con Katrina y Faith.
—¿Problemas con el grandullón?— preguntó Faith.
—Ha sido un pequeño infarto. Se recuperará. ¿Cómo os fue a vosotras?
—Los hemos interrogado a todos— respondió Katrina mirando a Faith. Por sus caras parecía que las cosas no habían ido muy bien.
—¿Y? ¿Algo que nos indique quien es el culpable?
Las chicas volvieron a mirarse y luego me miraron a mí. –Ninguno se ha delatado como tal. Sea quien sea,  sabe muy bien como ocultar el rastro. Estamos como al principio. Puede que incluso peor.
En ese momento vi al padre Kaleb salir del cuarto de limpieza donde se encontraba el cadáver de Andy. Entonces se acercó a nosotros.
—Hay que hacer algo con el cadáver. Enterrarlo.
—Padre. Ahora mismo no es el momento de enterrar a nadie. No tenemos tierra en la que podamos cavar por aquí cerca, y la situación no es fácil. Por el momento habrá que envolverlo en mantas y cerrar esa puerta. Que nadie entre. Ya no se va a reanimar de todos modos.
—Eso no es cristiano— dijo en ese momento el sacerdote. –Dejarlo ahí no le traerá la paz que necesita. Así no podrá ir junto a dios.
Entonces le lancé una mirada al sacerdote. –Déjese de gilipolleces. Que le den por saco a dios. Si tanto le preocupáramos haría tiempo que habría dejado de cagar sobre nosotros— le di un puñetazo al lateral del autobús y me fui alejando. Necesitaba despejarme para pensar con claridad. Aun nos quedaba un largo viaje por delante y para rematar había un asesino entre nosotros que ya se había cobrado una victima y que no habíamos podido encontrar todavía. Y teníamos a un hombre en delicado estado de salud, lo cual nos retrasaba más en nuestro camino hacia Macon. Las cosas se habían complicado.

Las Vegas…
Calabozos… 16:20 de la tarde…

Luci se despertó de repente cuando escuchó un ruido en su celda. Miró hacia la puerta y vio como le pasaban una bandeja con comida. Enseguida que le carcelero se marchó, se lanzó sobre la bandeja, no quería comer comida de esa gente, pero estaba tan hambrienta que le daba igual. Engulló lo que le habían dejado como si no hubiera mañana. Lo hizo tan deprisa que casi se atragantó.
—¿Me das un poco?— preguntó Isabella.
Luci observó la bandeja, cogió un pedazo de carne y se lo lanzó a Isabella. Entonces vio que algunos de los presos sacaban el brazo entre los barrotes para que a ellos también pudiera darles.
—Lo siento. No me queda más— dijo Luci sacando la bandeja nuevamente por debajo. Únicamente se había quedado con la botella de agua de plástico.
La puerta de los calabozos de abrió nuevamente y vieron como traían a Jack y a Tom. A ellos los metieron en sus celdas y luego se marcharon. Cuando Isabella vio a Jack se volvió a acercar a los barrotes.
—¿Has visto a Lazarus? ¿A mi marido?
Jack en ese momento asintió. –Si. Lo vi…
—¿Está bien? Necesito saberlo. Dime la verdad— suplicó Isabella.
—Lo vi en el hotel. Un hombre ha pagado mucho por el. No se que es lo que está haciendo con el— confesó Jack.
—Está haciendo lo mismo que hicieron con nosotros anoche tras sobrevivir a la jaula— dijo en ese momento Tom mientras se apoyaba en los barrotes. –Tu marido es la putita de un viejo baboso. Como lo fuiste tu cuando pagaron por ti… Y como harán contigo— dijo Tom señalando a Luci.
—Si se me acercan les cortaré los cojones— respondió Luci. –No pienso dejar que hagan de mi lo que se les antoje.
—Lo están haciendo desde el mismo momento que te trajeron aquí. No eres tan importante como te han hecho creer que eres. Solo les importa tu sangre. Te sacarán la que tengan que sacarte y luego te llevarán a la jaula. Donde lucharás por tu vida… Y créeme que lo harás. Cuando sobrevivas algún hijo de puta o alguna zorra pagará por ti.
—Antes me dejo matar— respondió Luci.
—Eso me gustaría verlo— respondió Tom. –No eres la primera ni la ultima que dice eso. ¿Quieres saber cuantos lo mantienen?— Tom hizo un circulo con dos dedos. –Exacto. Cero. Cuando llegue el momento lucharás olvidando todo lo que has dicho ahora.
En ese momento Luci vio que Isabella se estaba tambaleando en la celda. —¿Te pasa algo?
—No me encuentro bien— respondió Isabella cayendo de rodillas.
Luci iba a decir algo cuando también se sintió mareada. Sus parpados parecían pesar. Sintió que perdía la fuerza en las piernas y también cayó de rodillas. Trató de pedir ayuda, pero no pudo. Su vista comenzó a nublarse y se dejó caer de espaldas sobre el suelo de cemento de la celda. Estaba perdiendo la consciencia. Entonces se dio cuenta de que eso debía ser el efecto de algo que le habían metido en la comida. También le estaba haciendo efecto a Isabella. En ese momento alguien entró en los calabozos y se detuvo ante su celda. Aparecieron otras dos personas más, no alcanzaba a verles la cara, pero reconoció las botas de Dante. Entonces cerró los ojos y perdió el conocimiento por completo.

Luci se despertó dentro de una sala muy parecida a la que había estado en su llegada a Las Vegas. Se notó la boca pastosa y tenía un fuerte dolor de cabeza. Intentó mover brazos y piernas, pero estaba amarrada a una camilla. Miró uno de sus brazos y vio un trozo de algodón pegado gracias a un trozo de esparadrapo. Entonces la puerta de la sala se abrió y entraron Dante y Dorian. Por como iban vestidos parecía que iban a una fiesta.
—Por fin te despiertas. No te muevas— dijo Dorian acercándose para quitarle el algodón. Cuando se lo quitó lo tiró a una papelera que Luci no podía ver. –Te hemos sacado sangre para comenzar a elaborar las vacunas. Espero que entiendas que tenías que estar dormida para no resistirte. Por seguridad más que nada.
—Me habéis drogado— respondió Luci intentando levantarse.
—Si, bueno. Es una forma de definir lo que hemos hecho. Te metimos somníferos en la comida. Comida que compartiste con Isabella y dejaste a la pobre K.O. No te preocupes, pronto estará bien otra vez. Ahora preocúpate por despejarte un poco y ponerte ese vestido— Dorian señaló al fondo de la sala y cuando Luci miró vio un vestido de noche color rojo brillante. Al lado había unos tacones.
—No pienso ponerme eso— replicó Luci.
—Me temo que no tienes opción. Esta noche vamos a salir y quiero que estés radiante. Quiero que te des un baño y te quites esos trapos que llevas por ropa. Dentro de un rato vendrán a prepararte. No me decepciones.
—Pues no pienso hacerlo— dijo Luci. –Devolvedme a mi celda. Es el único sitio donde no siento ganas de vomitar. El único sitio al que no soléis bajar a menudo. Como ves tengo mis preferencias.
—Te lo repetiré una última vez. O te pones ese vestido o me ocuparé de matar a tus amigos— Luci lo miró. –No te sorprendas tanto. Tengo a algunos hombres vigilándolos día y noche. Ahora mismo están en Mahwah. No se que hacen allí. Por lo visto llevan dando vueltas desde que cayó Manhattan.
—No te creo— respondió Luci.
En ese momento Dorian cogió un walkie talkie. – Claire. Tráeme las fotos.
En ese momento Claire entró por la puerta con una carpeta en las manos. Le lanzó una mirada rápida a Luci y enseguida le entregó la carpeta a Dorian. Este la abrió y sacó varias fotos. En ella se veía a Juanma, Eva, Yuriko, Juan… Todos. –A estas horas están acampados en un almacén en Mahwah. Todos los días recibo fotografías de todos sus pasos. Ya sabes, por si intentas algo.
—Eres un hijo de la gran puta. Juro que te mataré— amenazó Luci.
—No lo harás. ¿A quien pretendes engañar? Además, si fuese un hijo de puta… Ya me habría cargado a tu querido amigo Juanma. Te recuerdo que le debo un tiro en la cabeza. Ahora despéjate, date una ducha y ponte guapa. Cuando acabes tendrás una limusina en la puerta, esta te llevará al Caesar Palace.  Dónde te estaré esperando. Como ya te he dicho, espero que no me decepciones.
Dorian y Dante se marcharon de la sala y seguidamente entraron tres mujeres. Dos de ellas armadas. La que no llevaba armas era una mujer de mediana edad.
—Buenas noches. Soy Rosa, esta noche yo seré quien te ponga guapa— dijo la mujer con un claro acento cubano.
Luci no tenía otra opción. Iba a tener que hacer todo lo que le dijeran. Una negativa y pondría en peligro a Juanma y a los demás. Una vez más se sentía entre la espada y la pared.

Mahwah…
21:00 horas…

El padre Kaleb me había convencido. Cargué con el cuerpo de Andy y únicamente el y yo salimos a dejar su cadáver en un contenedor del exterior junto al muelle de carga del almacén. Una vez allí le eché algo de gasolina por encima. Encendí una cerilla y la dejé caer sobre el cuerpo envuelto con unas mantas. Mientras ardía, el sacerdote recitaba una oración. Cuando terminó me dirigí a el.
—Siento lo que dije antes. Estaba fuera de lugar. Estoy últimamente con mucho estrés. Así que lo lamento, no volverá a ocurrir— le dije.
—Aunque no lo creas, dios está de nuestra parte. Has encontrado a una hermana. Dios fue quien ha hecho que os encontrarais. Dale una oportunidad.
—No se si habrá sido cosa de dios o no— respondí. –Pero lo que si se es que el destino así lo ha querido. Era una posibilidad entre millones y ha sucedido. Ahora no solo tengo una hermana, si no también una sobrina preciosa.
El cuerpo ya casi se había consumido por la fuerza del fuego. Tenía un cubo de agua preparado al lado para echárselo por encima. No quería que el humo atrajese a nadie, ni humanos ni caminantes. Un par de minutos después cogí el cubo y se lo eché por encima, apagando así el fuego.
—¿Y que harás con respecto a Larry?— preguntó en ese momento el padre Kaleb.
—Ese hombre tiene una cabeza más dura que una piedra y un corazón más duro y frio que el granito. Aun así trataré de llevarme bien con el, pedirle más la opinión. Creo que lo que más le duele es eso. Que seamos otros los que tomemos decisiones, hagamos cosas y el esté mirando.
—Es un tipo orgulloso y de carácter fuerte— dijo en ese momento el padre Kaleb. –Vas ha tener que hacerle mucho la pelota para que se ablande un poco y te deje decir más de dos palabras seguidas. Aunque no me cabe duda de que sabrás que decir. Si tienes un don, ese es el de la palabra.
—Ese tío tiene pinta de ser un tipo de alto rango militar o algo. Puede que incluso abogado. De ahí su mala leche. Aunque si fuera de mi país pensaría que es Franquista— dije con una sonrisa. Algo que también hizo gracia al sacerdote.
En ese momento escuché un grito que venia del interior del almacén. De repente la puerta se abrió y apareció Tamara, detrás iba Eva seguida de otros tantos más. Esta caminó con paso firme hacia mí y al verla le sonreí.
—Hola. Justamente ahora iba a ver a tu padre. Espera que pudiéramos hacer las pa…— pero no terminé la frase. Tamara me golpeó con algo en la cara y yo caí al suelo con la vista nublada y mareado a causa del golpe. Iba a levantarme y entonces sentí una patada en el estomago, entonces caí al contenedor donde había estado ardiendo el cuerpo del niño. Aun mareado levanté la cabeza y entonces vi el negro cañón de un arma apuntando a mi cara.
—¿Pero que estás haciendo?— pregunté.
—Asesino. Está es la ultima vez que matas a alguien.
*****

Vicky corría hacia el exterior, tenía que contarle algo que había visto a su padre. Estaba a punto de salir al muelle de carga donde se habían reunido la gran mayoría cuando escuchó un disparo.