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sábado, 5 de septiembre de 2015

NECROWORLD Capitulo 87

Día 28 de Marzo de 2010
Día 638 del Apocalipsis…
Mahwah… 02:00 de la madrugada…

Habíamos llegado al concesionario de auto caravanas. Este estaba desierto y aunque había varias auto caravanas, no todas tenían buen aspecto. Seguramente durante la epidemia, muchos habían tenido la misma idea que nosotros estábamos teniendo en ese momento. Y estos habían arrasado con todas las que estaban en buen estado.
—Habrá que inspeccionarlas todas— dijo Ben. –Es muy probable que algunas necesiten batería y combustible— se acercó a una que teníamos cerca y se agachó. –Fijaros en esta. Tiene las ruedas pinchadas— la rodeó y cuando volvió a nosotros nos miró. –Le han quitado varias piezas. No nos sirve.
—Corre Arianne, corre. Cuidado con ese perro— dijo en ese momento Tamara. Esta seguía en brazos de Juan. Cuando esta comenzó a hablar todos la miramos. Fue en ese momento cuando Juan le puso la mano sobre la frente y nos miró con una mueca de preocupación.
—Está delirando. Tiene mucha fiebre, puede que por la herida de la mano. Puede que se le haya infectado.
—Tenemos que hacer algo. No quiero que se muera— dijo en ese momento Arianne.
—Ahí está la garita del dueño— dijo en ese momento Katrina señalando a una especie de caseta con una caravana  al lado. –Tenemos que tumbarla mientras nosotros hacemos lo que hemos venido a hacer.
Todos avanzamos hasta donde había dicho Katrina. Una vez allí, nos aseguramos de que no fuera peligroso. Entramos en la garita y vimos que allí no había nada decente donde tumbarla, entonces Ben nos indicó que en la caravana de al lado había una cama.
Juan salió con Tamara en brazos y entró dentro de la caravana. Allí dentro estaba todo desordenado, pero sin embargo la cama estaba limpia. Con mucho cuidado, Juan tumbó a Tamara y nos miró.
—Necesita un medico cuanto antes, hay que darle antibióticos para que la infección no se extienda más.
Todos comenzamos a buscar por el interior de aquella caravana, pero no encontramos nada que nos sirviera en absoluto.
—Cuando veníamos hacia aquí me pareció ver una farmacia. Tenemos que ir a por antibióticos— dijo en ese momento Arianne.
—¿Y por que no dijiste nada? Eso nos habría ahorrado tiempo— dijo entonces Johana. —¿Ahora tenemos que volver hasta dios sabe donde? Además, no sabes seguro si es una farmacia. Propongo que hagamos lo que hemos venido a hacer y nos larguemos a Macon. Allí ya le daríamos lo que necesita. Además, os recuerdo que esa misma tía es la que a ti te apuntaba a la cara –Johana me señaló.
—No vamos a dejarla así— dije en ese momento. Entonces miré a Arianne–Pero ahora mismo nuestra prioridad no es otra que encontrar un vehículo con el que desplazarnos. Cuando lo tengamos nos indicarás el lugar e iremos a ver si es una farmacia. Ahora tú y Vicky quedaros aquí con ella. En la garita hay agua, ponedle trapos húmedos en la frente.
—Yo quiero ayudaros papá— dijo Vicky. –Puedo hacerlo.
Me arrodillé y puse mis manos en los hombros de mi hija. –Claro que se que puedes, pero te necesito aquí vigilando. Si ocurre algo grita. ¿De acuerdo?
Vicky asintió no muy convencida y se sentó junto a la cama vigilando a Tamara. Arianne hizo lo mismo y se sentó en el otro extremo mientras Ben, Juan, Johana, Katrina y yo salíamos de la caravana.
Cuando estuvieron solas, Vicky no pudo evitar sentirse culpable al contemplar la mano destrozada de Tamara, pero por otro lado, si no llega a hacerlo, probablemente serían su padre y su madre los que estarían muertos. Tamara los habría asesinado a los dos en un ataque de rabia al pensar que había sido su padre quien había asesinado al padre de Tamara y Arianne. Entonces alzó la vista y miró a Arianne. Entonces Tamara comenzó a hablar de nuevo en sueños. Estaba delirando.
—Corre Arianne. Cuidado con el perro, cuidado con el perro…
—Está recordando algo de cuando éramos pequeñas. De cuando teníamos diez y quince años. El perro de un vecino nos persiguió calle abajo. Nuestro padre nos protegió ese día y denunció al dueño de ese perro. Puede que mi padre fuera un cascarrabias, pero no era malo, no merecía morir.
—Mi padre no lo mató— dijo en ese momento Vicky. –Mi padre nunca mata a nadie por que si. Siempre lo ha hecho en defensa propia o para proteger a otros. Nuestros padres no eran amigos, pero el nunca lo mataría.
—El no es tu padre de verdad. ¿No?— preguntó Arianne.
—No. No es mi padre de verdad, pero como si lo fuera— respondió Vicky.
En ese momento Arianne se levantó y se acercó a Vicky. Tendió la mano con la palma abierta hacia arriba. –Déjame tu arma. Iré a buscar los antibióticos que mi hermana necesita. Vicky la miró y cuando estuvo a punto de entregarle el arma se lo pensó mejor.
—No. Lo haré yo. Yo soy la responsable y seré yo quien traerá los antibióticos. ¿Dónde estaba esa supuesta farmacia? Estaré aquí antes de que regresen.
Arianne le explicó la dirección y le hizo una lista con los nombres de los antibióticos que tenía que buscar. Vicky salió de la caravana con decisión. Miró hacia su padre y los demás, estos estaban demasiado ocupados intentando conseguir una auto caravana y vigilando para no sufrir ataques por parte de caminantes. Vicky se escabulló entre unos vehículos abandonados y salió a la calle. Una vez en ella le quitó el seguro al arma y recorrió las calles en dirección a la supuesta farmacia. Seguramente iba a tener problemas con su padre por largarse así, pero ella era la responsable de lo ocurrido.

Las Vegas…

Tom había salido victorioso de la jaula. Había acabado con todos los No Muertos que le habían soltado. Este había luchado con uñas y dientes. Cuando terminó, uno de los hombres de Dorian lo sacó de la jaula a punta de pistola y de nuevo sobre el escenario lo declararon vencedor. Una vez allí, la mujer que lo había besado antes subió al escenario y lo besó delante de todos.
Dorian se levantó de la mesa donde estaba sentado junto a Luci y corrió hacia el escenario. Durante el juego, Dorian, le había estado contando a Luci en que consistía la compra de vencedores. Según Dorian, había veces que algunos de los vip pagaban tanto por uno de los vencedores que este nunca más iba a tener que volver a pisar la jaula, un caso como el de Estela, pero a cambio de no volver a pisar la jaula, el comprado o comprada tenía que hacer todo lo que su comprador le decía, incluso algunas veces el comprador vendía a su comprado o lo alquilaba a otros.
Cuando la mujer se llevo a Tom del local, este antes de salir le lanzó una mirada a Luci. Probablemente odiándola por estar con todos aquellos que les hacían pasar un calvario.
—¿Te ha gustado?— preguntó en ese momento Dorian volviendo al lado de Luci. –Suele ser mejor cuando uno no sale vivo de allí. Ahora es hora de ir a otra fiesta.
—Prefiero volver a mi celda. Todo esto me da nauseas— respondió Luci mirando a Dorian.
—No seas así. Aun es temprano y la noche es joven— dijo Dorian. Seguidamente obligó a Luci a levantarse y ambos salieron del local junto a la otra pareja. Allí en la puerta estaba esperándolos de nuevo la limusina.
Luci se sentía entre la espada y la pared, entonces se dio cuenta de algo. Dorian llevaba una pistola, la cual había quedado al descubierto después de que se le subiera la camiseta por detrás. En ese momento pensó que quizás podría hacerse con ella en un momento que Dorian se despistara. Si hacía las cosas bien, quizás podría escapar de allí.
Subieron al vehículo y este comenzó a moverse por las calles de la ciudad, llegó un momento que llegaron a una zona que parecía fuera de los limites de la ciudad, allí solo había hombres armados con rifles de asalto descargando camiones y montando lo que parecían alambradas.
—Esta zona aun queda fuera de los límites de la ciudad. Aunque está ya limpia. La limpiamos hace poco, pero por seguridad, los civiles aun no vienen por aquí. Solo algunos privilegiados. Los vip— comenzó a decir Dorian. A Luci le habría parecido que esa decisión era de alguien normal si no fuera por que Dorian era más bien un psicópata de manual.
A oídos de Luci no tardó en llegar lo que parecía música clásica. Se revolvió en su asiento y miró por otra ventana, entonces vio unas grandes vallas custodiadas por dos nidos de ametralladora. Al otro lado de la valla había un gran jardín y en medio de este una mansión, aunque a Luci más bien le pareció que en otros tiempos aquello había sido una mansión donde había prostitutas de lujo.
La limusina avanzó hacia las grandes puertas del jardín y estas se abrieron. La música venia de allí y estaban todas las luces encendidas. Cuando la limusina se detuvo y Luci se bajó, observó con atención todo lo que la rodeaba. Allí dentro también había hombres armados, incluso vio a un francotirador que no se había ocultado bien en lo alto de un torreón. Seguramente estaban vigilando que nada ni nadie autorizado entraran, pero cuando entró dentro de la mansión  se dio cuenta de que estaban allí para que nadie no autorizado escapara. El interior parecería normal debido a las mesas con un exquisito banquete y a los ricachones que llenaban la barriga y bebían como cosacos alrededor, pero todo lo que le quitaba la normalidad estaba presente en cada esquina. Había un grupo de chicas completamente desnudas encadenadas unas a otras, con ellas había un hombre que parecía que se las estaba mostrando a otros. Este les manoseaba los pechos y les mostraba las piezas dentales en buen estado. Fue entonces cuando Luci recordó lo ocurrido antes de acabar en manos de Terry. Si la hubiesen vendido habría probablemente acabado ahí exhibida. En otra zona había hombres jóvenes también desnudos y encadenados, todos tenían una erección.
—Les dan viagra. Es una forma de que muestren su virilidad. Ayuda en la venta— dijo Dorian acercándose a Luci. —Te acostumbrarás a todo esto. Ven conmigo— dijo cogiéndola del brazo. Antes de irse, Luci vio como uno de los compradores se bajaba los pantalones detrás de uno de los chicos y lo obligaba a inclinarse. Luci estaba sintiendo ganas de vomitar. Pensó que la cárcel en la que estuvo era el infierno, pero estaba descubriendo que ni el mundo de fuera ni aquella prisión podían compararse con todo aquello. Aquello si era un verdadero infierno.
Dorian llevó a Luci a las mesas y allí le ofreció un plato con algo que parecía caviar. –Aquí podemos presumir de que no nos falta de nada. Y tú eres afortunada por que has pasado directamente a la clase alta de la ciudad. Es lo que tiene tener una sangre tan valiosa como la tuya. Y como soy yo quien manda aquí, hago lo que me sale de los huevos. Ahora tengo que ir a hablar con unos amigos. Quédate por aquí y disfruta de la noche, come, bebe y si te apetece echa un polvo— entonces Dorian señaló un cuenco lleno de preservativos hasta arriba. –No me gustan las gomas, pero aquí las tenemos por precaución, para que los compradores prueben la mercancía. Hasta luego— Dorian le dio un beso a Luci en la mejilla y se largo de su lado para reunirse con un par de hombres que acababan de entrar por la puerta.
Luci sintió ganas de vomitar, incluso se mareó, tanto que tuvo que apoyarse en la mesa para no caerse. Tenía que salir de allí cuanto antes.
—Así que dejas al populacho para mezclarte con los viles cabrones que hacen de nosotros lo que les da la gana. Es increíble— Luci se giró hacia la voz y descubrió a Tom. Este se había cambiado de ropa y parecía que le habían dado una ducha. En una mano sostenía una copa de vino. —¿Te gustó mí actuación dentro de la jaula? Seguro que si.
—No tengo ganas de hablar ahora. Déjame tranquila— dijo Luci intentando largarse, pero Tom se apresuró a bloquearle el camino.
—Esa reacción es propia de alguien que ha escrito mi nombre en un papel. No te preocupes, no te voy a guardar rencor por ello. ¿Qué opinas de este pequeño infierno?
—Es un asco— respondió Luci. Esta volvió a mirar a los esclavos desnudos y vio como el tipo que había obligado a inclinarse al chico, seguía allí sodomizando a la mercancía que acababa de comprar.
—Los que traen a esos esclavos sexuales no son de Las Vegas si quiera. Son nómadas que cogen a gente o grupos que vagan solos por ahí. Luego los venden a otros. Hay mucha gente así, el mundo se ha vuelto muy cabrón desde que los muertos volvieron a caminar. ¿No es cojonudo?— Tom bebió un trago de su copa y se la ofreció a Luci, pero esta la rechazó. Justo en ese momento apareció la mujer que se había llevado a Tom en el local.
—¿Quién es tu amiga Tommy? Es muy guapa. Me gusta. ¿Te gusta a ti?— en ese momento la mujer sacó varios billetes y se los mostró a Luci. —¿Cuántos quieres por pasar el resto de la noche con nosotros? Lo pasaremos bien.
—No creo que ella esté interesada. Quizás en otra ocasión— dijo Tom mirando a la mujer. –Además, sabes de sobra que ni me gustan los tríos ni que nos miren. ¿Qué tal si nos vamos?— antes de irse, Tom miró a Luci y le dedicó una sonrisa antes de beber un ultimo sorbo y dejar la compa sobre la gran mesa.
Luci quería salir de aquel lugar, a medida que pasaban los minutos se iba dando más cuenta de que ese lugar era peor de lo que había imaginado. Los que compraban los esclavos, no solo los compraban para el sexo, si no también para hacer exhibiciones de tortura y asesinato. Seguramente eso desataba la adrenalina de los ricachones, los veía gritar eufóricos cuando cercenaban algún miembro o los genitales a alguna de sus compras. En ese momento escuchó el llanto de un bebé de casi un año, una anciana lo traía en brazos. Esta lo depositó encima de una mesa en la que se congregaron varios hombres. Entonces la mujer sacó un cuchillo y en ese momento Luci dejó de mirar, no quería saber lo que iban a hacer con esa criatura. El estomago se le revolvió tanto que no pudo evitar vomitar. Dorian no era el único enfermo de aquel lugar, allí todos eran unos monstruos sádicos.

Mahwah…
02:45 de la madrugada…

Vicky había seguido al pie de la letra las indicaciones de Arianne para encontrar la supuesta farmacia. Que en efecto lo era, pero cuando llegó vio a varios caminantes bloqueándole el paso. Los cuales antes no estaban allí. Debía haber alrededor de media docena, y lo peor de todo era que no podía pasar sin que la vieran. Podría dispararles, acabar con ellos y llegar hasta las puertas de la farmacia. Desde su posición podía ver que las puertas estaban cerradas, iba a tener que forzar la cerradura, lo cual también le restaría bastante tiempo. Iba a ser muy difícil lo de salir y entrar. Entonces se fijó en un vehículo que había al otro lado de la calle y que parecía en perfecto estado, lo más importante, las ruedas parecían intactas. Entonces recordó algo que había visto hacer antes a la hora de quitar vehículos del camino. Caminó agazapada hasta el vehículo y miró en el interior, podría moverlo y aprovechar la pequeña pendiente de la calle. Quitó el freno sin hacer ruido, ahora lo que necesitaba era algo que hiciera presión en el pedal para que el vehículo se moviera. Miró a su alrededor y vio unos ladrillos en un callejón junto a un contenedor de basura. Cogió un par de ellos y los puso en el pedal, seguidamente comenzó a tocar el claxon para atraer la atención de los caminantes. Era una maniobra arriesgada, pero era lo único que podía hacer. Cuando los caminantes centraron toda su atención en ella, Vicky utilizó todas sus fuerzas para mover el vehículo, el cual comenzó a desplazarse por la pendiente, atrayendo entonces a todos los caminantes detrás, los cuales encontraron más interesante el vehículo antes que a la niña que se había ocultado detrás de un contenedor.
Con la calle despejada, Vicky corrió hacia la farmacia. Abrió las puertas a la carrera y con la pistola en mano, esa era otra de las cosas que había aprendido, a ir con los ojos muy abiertos y el arma siempre preparada cada vez que entraba en algún sitio. Una vez dentro se dio la vuelta para cerrar la puerta con el más extremo cuidado, evitando que sonara la campana de la puerta, no quería que los caminantes dejaran el coche para ir a por ella. Una vez dentro encendió la linterna y casi estuvo a punto de disparar cuando se encontró de frente la cara sonriente de una mujer que estaba anunciando unas barritas energéticas. Vicky sonrió al sentirse ridícula por asustarse por un trozo de cartón.
Se sacó el trozo de papel con los nombres de los antibióticos apuntados y los comenzó a buscar en las estanterías y cajones, pero no había, aun así había tenido suerte de que no hubieran saqueado. Como no lo encontraba allí decidió ir a la trastienda, ahí solían tener de todo, lo recordaba de cuando iba con su madre para comprar la medicación para su padre. Una vez en la trastienda comenzó a abrir cajones y a abrir armarios. Entonces encontró varias cajas cuyo nombre estaba escrito en la lista. Se descolgó la mochila del hombro y comenzó a llenarla rápidamente. No tenía tiempo que perder.
*****
Katrina y yo estábamos volviendo a la caravana donde habíamos dejado a Vicky, Arianne y Tamara. Íbamos a avisarlas de que habíamos encontrado una auto caravana en buen estado y que nos íbamos a marchar en breves. Cuando entré me encontré con Arianne junto a la cama de Tamara. Al verme entrar, Arianne se sobresaltó. Miré por toda la caravana, pero no vi ni rastro de mi hija.
—¿Dónde está Vicky?
—Fue a la farmacia a por antibióticos— respondió Arianne apartándome la mirada.
Rápidamente me lancé sobre ella y la cogí de los brazos, entonces comencé a zarandearla. —¿Qué has dicho? ¿Y por que demonios no se lo has impedido?— solté a Arieanne y me descolgué el fusil del hombro, comprobé que el cargador estaba lleno y miré a Arianne. –Dame la maldita dirección.
—¿Qué vas a hacer?— preguntó Katrina.
—Voy a ir a por mi hija. Eso es lo que voy a hacer. Vosotros quedaros aquí, estaré de vuelta enseguida.
Salí de la caravana con Katrina detrás de mí, esta quería que me tranquilizara por que estaba demasiado nervioso a causa de que mi hija se había marchado. –Tienes que mantener la cabeza fría en estos momentos. Si sales así pondrás tu vida en peligro.
—Es mi hija la que está ahí fuera. Si fueras tú o mi sobrina. También lo haría.
—Papá…— la voz de Vicky nos hizo girarnos a los dos, allí estaba Vicky dejando la mochila en el suelo. Estaba sana y salva, aun así me acerqué a ella y la abofeteé con la mano derecha. Entonces ella se tapó la cara con una mano y me miró con los ojos llorosos. –Era mi responsabilidad. Yo le hice eso y no quiero que se muera. No quiero cargar con su muerte en mis espaldas.
—No habría muerto. ¿Tan difícil era obedecerme?— le pregunté. –No tenías porque salir. Podría haberte ocurrido algo. Salir ahí fuera no es ningún juego. No vuelvas a hacerlo nunca.
—No me ha pasado nada. Ya no soy una niña, por si no te habías dado cuenta he madurado mucho. Ya no soy esa niña que necesita que la protejan en todo momento. No necesito que estés encima de mi en todo momento.
—Has madurado, si, pero la madurez no te salva de morir. El mundo es un lugar muy peligroso. Hay mucho más que caminantes ahí fuera. Hay mala gente y no soportaría que te ocurriera algo— respondí rápidamente mientras le ponía las manos en los hombros. –No quiero perderte.
En esos momentos llegaron Juan y los demás subidos en la auto caravana. Era hora de largarse de allí. Le pedí a Vicky que subiera y luego entre Ben y yo subimos a Tamara al vehículo. Allí la tumbamos en una de las dos camas que había y miré a Vicky, la cual se había sentado en silencio al fondo. Me sentía fatal por haberle dado esa bofetada, pero estaba furioso por haberme desobedecido.
Mientras Katrina le suministraba a Tamara los antibióticos, los demás tomábamos asiento en el gran vehículo. Juan y yo pasamos a delante y el se sentó en el asiento del conductor. Entonces miró a Vicky sentada en el sofá del fondo.
—Se le pasará y lo aceptará. No va a odiarte por eso. En el fondo sabe que fue una locura salir ahí fuera ella sola. Además, sin ser tu hija ha heredado toda tu impulsividad.
—No se lo que haría si a ella le pasara algo. Puede que no sea mi hija biológica, pero tengo un vínculo especial con ella. Mataría al que intentara hacerle daño. Bueno… Pongámonos en marcha. ¿Cuánto nos queda hasta Macon?— pregunté finalmente.
—Son las tres y media de la madrugada. Aun nos quedan horas. Si condujésemos todo lo que queda de noche y parte del día de mañana sin parar. Podríamos llegar a Macon mañana por la noche— respondió Juan.
—Me parece bien, espero que los demás nos estén esperando allí en algún lugar cuando lleguemos. Venga, pongámonos en marcha.
El vehículo se puso en marcha y comenzamos abandonar Mahwah por la noventa y cinco. La autopista que debían haber seguido los demás horas antes. Pensé en acercarme a Vicky, pero pensé que era mejor esperar a que se le pasara, que durmiera un poco antes. Entendía que lo había hecho por ayudar y ciertamente admiraba esa valentía y no podía evitar sentirme orgulloso de ella, pero había sido muy imprudente.
—¿Qué crees que nos espera?— preguntó en ese momento Juan mientras conducía. –Me refiero a que esperas encontrar. Los estados unidos son muy grandes, llevamos más de dos meses dando vueltas y aun no hemos encontrado nada que nos convenciera o que fuese lo suficiente seguro.
—En un principio pensaba en ir a algún puerto para buscar algún barco grande en el que subir a toda la gente y largarnos, pero creo que a la larga sería un problema en cuanto a la comida. Aunque consiguiéramos anclar en algún puerto no se si podríamos encontrar algo en los pueblos costeros. Y además podría pillarnos una tormenta en alta mar. Sería mucho más peligroso que quedarnos por aquí. Se me ocurre refugiarnos en una prisión, ya estuve en una de Alcoy. Estábamos allí refugiados. Tuvimos algunos problemas, pero finalmente nos establecimos allí, la dejamos cuando nos dirigimos a Madrid. ¿Quién sabe? Puede que aun siguiéramos allí.
—Yo también estuve en esa cárcel— dijo Juan con una media sonrisa.
—¿Refugiado?— pregunté.
—Preso— respondió Juan. Yo lo miré y recordé que me había dicho que había sido asesino a sueldo, entonces el siguió hablando. –Me encargaron cargarme a un tío que debía un mogollón de pasta del poker. El tío no hacía más que dar largas, incluso se había escondido muy bien para que los cobradores no lo pillaran.
—Vaya. Un tipo esquivo— respondí.
—Demasiado. Me costó lo suyo dar con el. No tenía familia conocida a la que extorsionar para encontrarlo. Ese tío era todo un enigma para los que debía pasta. Así que me empleé a fondo. Justo cuando iba a pillarlo me cazaron a mí. Me pasé cuatro años en aquel agujero de mierda, y para rematar me tocó compartir celda con un jodido pedófilo. Llamado Richie. Ese cabrón tenía tatuados unos corazones en el brazo. Dentro de los corazones estaba escrito el nombre de las niñas de las que había abusado. Menudo hijo de puta.
—Conocí a ese tipo. Aunque al principió se me presentó como Gustavo. Casi me mata… Y casi se lleva a Vicky— dije mientras miraba a Vicky, esta se había quedado dormida y Johana la estaba cubriendo con una manta que había encontrado.
—¿Está muerto?— preguntó Juan.
Yo asentí. –Lo mató una de las hermanas de Eva antes de morir.
—Así se pudra en el infierno ese cabrón. Escucha, que mi pasado no cambie nada. Eso es algo que ya quedó atrás. Ahora mismo te puedo asegurar que daría mi vida por este grupo.
—Ya lo se. Nunca he dudado de ti— respondí.
La auto caravana siguió por la autopista mientras yo iba mirando por la ventana. Entonces me percaté de algo que había escrito en un trozo de tela colgado de un cartel.
“En Las Vegas está la salvación. Todos son bienvenidos”
Allí era a donde se dirigía Carlos y su grupo, incluso era posible que ya estuvieran allí.

Las Vegas…
04:55 de la madrugada…

Eran alrededor de las cinco de la madrugada cuando Dorian hizo acto de presencia en el salón. Hasta ese entonces, Luci había presenciado todo tipo de cosas. Habría querido intervenir y ayudar a los que estaban sufriendo, pero eso no acabaría bien para ella. En el fondo sentía que las miradas de esas personas la iban a perseguir eternamente. Cuando Dorian apareció se le acercó con una enorme sonrisa de oreja a oreja, señal de que los negocios con aquellos tipos habían marchado más que bien. También se notaba en sus movimientos que el alcohol había hecho su trabajo. Cuando lo tuvo cerca, Luci pudo confirmar lo del alcohol, Dorian apestaba, seguramente llevaba algo más además de la bebida.
—Espero que te lo hayas pasado bien y hayas disfrutado, ya que se repetirán más noches como esta. Es hora de volver a casa, esta noche te quedarás en el Caesar Palace. Considéralo un regalo.
Dorian y Luci salieron de la mansión y caminaron hacia la limusina, la cual estaba esperándolos en el mismo lugar donde los había dejado en un principio. Subieron y emprendieron el camino de vuelta. Durante el regreso, Dorian no dejó de contar batallitas y estupideces. Luci se limitaba a reírle las gracias de vez en cuando y a mirar por la ventana mientras esperaba el momento oportuno.
“Está borracho y medio colocado. Si eres rápida puedes quitarle el arma, cargártelo y escapar de este condenado lugar” Se decía a si misma, pero aun así, allí dentro del vehículo no encontraba el momento ni la postura de Dorian para poder abalanzarse sobre el y quitarle la pistola.
Llegaron a las puertas del Caesar Palace y la limusina se detuvo poco a poco. Cuando estuvo parada por completo, Dorian abrió la puerta y salió de un salto. Cuando Luci salió, este se le abalanzó encima y le plantó un beso en los labios.
—No te imaginas las ganas que tengo de echarte un polvo, pero por ahora me toca aguantarme. Ya llegará el momento. Venga, vamos.
Dorian y Luci entraron en el hotel y tras pasar por recepción se metieron en el ascensor, el cual enseguida comenzó a subir pisos. Luci miraba de reojo el espejo que tenía detrás, ahí estaba reflejada también la pistola. Dio unos pasos atrás hasta que tenía la pistola de Dorian en su punto de mira. Justo cuando iba a quitársela, la puerta se abrió y entraron uno de los hombres armados acompañado de una chica joven, ambos estaban besándose y metiéndose mano como unos locos.
—Que bonito es el amor… ¿Verdad?— dijo Dorian, pero Luci no respondió.
Llegaron al piso de destino, el último. Dorian salió cogiendo a Luci del brazo y ambos avanzaron por un pasillo hasta que llegaron a una habitación enorme. Era una autentica suite, una que en otros tiempos solo habría estado al alcancé de los más ricos. Una vez allí mientras Luci se quedaba parada junto a unas columnas de mármol, Dorian camino hacia el mueble bar, allí sacó una botella de champán y dos copas. Llenó ambas y le pidió a Luci que se acercara para brindar.
—Por una noche memorable que se repetirá con mejores resultados. Por nosotros y nuestro encuentro— dijo Dorian.
Luci asintió y se acercó para brindar. Debía ser en ese momento cuando se la tenía que jugar. Brindó con Dorian y se le acercó como queriendo besarlo, acercó sus labios a los de Dorian y lo besó, este no se retiró ni lo encontró extraño. Simplemente se dejó llevar. Fue ese el momento, con un rápido movimiento agarró la pistola, se apartó de Dorian de un salto y le apuntó. Dorian ni siquiera se sorprendió.
—Ahora tú y yo vamos a salir de aquí. Se que si te mato ahora no tendré posibilidades de escapar. Todos  tus hombres se me echarían encima. Por eso vas a ser mi rehén, harás todo lo que yo te diga— amenazó Luci.
En ese momento Dorian se puso serio y se apoyó en el mueble bar. Parecía que la borrachera se le había pasado de golpe. –Me preguntaba cuando coño ibas a cogerme la pistola. Te la había dejado hace rato al descubierto a propósito. Casi me canso del juego antes de que empezara. Tienes cojones, lo admito, pero ni me vas a disparar, ni vas a escapar ni vas a hacer nada, salvo irte a dormir y no complicar las cosas. No te conviene.
—¿De que va esto?— preguntó Luci sin dejar de apuntar. Justo cuando iba a disparar, olvidándose de todo lo que había calculado, sintió lo que parecía una descarga eléctrica. Tan fuerte que la hizo caer al suelo. —¿Qué es esto?

Dorian dejó su copa sobre un mueble y caminó hacia Luci. Se agachó junto a ella y le quitó el arma. Entonces le enseñó el cargador, estaba vacio. —¿De verdad te pensabas que iba a ser tan gilipollas como para dejarte a mano un arma cargada? No seas ingenua. Escucha, este mundo es muy cabrón… Y para sobrevivir en el hay que mantener la cabeza fría en ciertos momentos. Y yo soy el que más fría tiene la cabeza aquí. Ahora duerme. Mañana por la noche es tu debut…— Dorian le dio una patada a Luci en la cara y esta perdió el conocimiento.