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sábado, 26 de septiembre de 2015

NECROWORLD Capitulo 90

Día 29 de Marzo de 2010
Día 539 del Apocalipsis
Macon… 10:00 de la mañana…

Katrina yacía en el suelo con una herida en el hombro. Estaba a los pies de su madre, la cual ni siquiera podía moverse. Yo intenté adelantarme hacia ella, pero nuevamente fui encañonado por Mickey. —¡¡Eh!! ¿Quién te ha dicho que podías moverte. Quédate en tu puto sitio o te aseguro que esta vez no fallaré ni será un aviso.
—Tranquilo— dijo en ese momento Katrina incorporándose lentamente contra uno de los muebles. –La bala ha entrado y ha salido. Se curará. Solo necesito hacerme un torniquete.
En ese momento la madre de Katrina comenzó a hablarle a Mickey. –Por favor. Déjales que se vayan. Entiendo como te sientes, pero esto no te traerá de vuelta a tu hermano. Lo que pasara es ya agua pasada.
—Pero callará las voces de mi cabeza. Me dejarán en paz si mató a Katrina. Esto tiene que acabar aquí y ahora. Tiene que morir, debe hacerlo.
—¿Y que crees que pasará? Se irán esas voces y vendrán otras a atormentarte. Vendrán las nuestras para atormentarte eternamente. ¿Quieres que ocurra eso? No te atreverás a detonar esos explosivos. Ya lo habrías hecho, no quieres morir.
En ese momento apareció Juan por detrás de Mickey y con un rápido movimiento le cortó la mano con un machete. La misma mano en la que sostenía el detonador. El miembro cercenado de Mickey cayó al suelo mientras Mickey gritaba de dolor y caía al suelo. Yo me apresuré y le di una patada a la pistola de Mickey, luego cogí la mano amputada y me hice con el detonador. Rápidamente lo guardé en un cajón mientras Juan y Melanie entraban en la sala. Mientras Melanie corría a socorrer a Katrina, Juan agarraba a Mickey y lo inmovilizaba.
—Me alegro de veros. Tienes que ayudarme. Hay que quitarle estos explosivos— dije señalando los explosivos que la madre de Katrina tenía por todo el cuerpo. Justo cuando iba a quitárselos Juan me lo impidió.
—No intentes quitárselos ni moverla. Si lo haces saltaremos por los aires.
—¿Y que se supone que tenemos que hacer?— pregunté. –Yo no tengo ni idea de desactivar explosivos. ¿Y tú?
Juan negó con la cabeza. –No, ni puñetera idea, pero Mouse si. Recuerdo que me comentó algo una noche que estábamos de vigilancia. Tenemos que ir a por Mouse y traerlo aquí. Solo así tendremos una oportunidad, pero no es lo único. Hay que llevarse de aquí a Katrina. Necesita ser atendida de urgencia.
Me quedé un rato pensativo y miré a Katrina y a Melanie, avancé hacia ellas y me agaché. Le aparté el pelo de la cara a mi hermana y comencé a hablar. –Ahora te van a llevar al campamento para curarte. Te irás con Juan y con Melanie. Después vendrá Juan otra vez y traerá a Mouse para desactivar esos explosivos. Es necesario que lo hagamos. Aquí ahora mismo no hay nadie que sepa desactivar estas cosas. Y tú necesitas que te curen eso.
—Pero mi madre…— replicó Katrina.
—No te preocupes cariño. Estaré bien. Aquí tu hermano se quedará para hacerme compañía. ¿Verdad?— dijo la madre de Katrina mirándome.
—Si. Yo me quedo aquí hasta que regresen— respondí.
Katrina asintió con resignación. –Está bien. Por favor. Cuida de ella.
—Te lo prometo— respondí.
Juan y Melanie alzaron a Katrina y se la llevaron del despacho en dirección al callejón mientras yo me quedaba allí con su madre. La miré a los ojos y confirmé lo que llevaba rato imaginándome. Además, se le notaba en la cara, estaba pálida y sudaba, seguramente tenía fiebre. Me acerqué a ella y esta me sonrió.
—No te pareces en nada a tu padre. Nunca conocí a tu madre, pero es evidente que te pareces a ella. Siento haberme liado con tu padre cuando tu madre ya estaba embarazada de ti, pero no me enteré hasta mucho después.
—¿Cuánto hace que le mordieron?— pregunté tajantemente.
—Te has dado cuenta… Me mordieron hace horas. Intenté escapar y me mordieron. No he querido decir nada por no preocupar a mi hija. No merece la pena quitarme estos explosivos. Voy a morir de todos modos. Tú deberías marcharte de aquí ahora que aun puedes. No hay nada que hacer. Márchate.
—Aun le queda tiempo y yo le hice una promesa a su hija. Mouse vendrá aquí, le desactivará esos explosivos y la llevaremos al campamento. Al menos podrá despedirse de su hija, de su nieta y de su yerno. Todos están bien.
—¿James sigue vivo?— preguntó en ese momento la madre de Katrina.
—Si— respondí. —¿Ocurre algo con el?
—Ese hombre no es ningún padre modélico ni un marido ejemplar. Mi hija está cegada con el por el miedo. No quería que se fuera con mi hija de viaje cuando ocurrió lo que ocurrió, pero no pude impedirlo. Tienes que cuidar de mi hija y de mi nieta. Haz lo que tengas que hacer para que ese hombre no les haga daño ni se siga aprovechando del miedo de mi hija.
James nunca me había hecho gracia. Desde el primer momento había algo en el que no me expresaba nada de confianza. Sabía que guardaba algo y que no era bueno. La madre de Katrina me estaba abriendo totalmente los ojos. Ese hombre era un peligro para mi hermana y mi sobrina. Ahora también para el resto del grupo. ¿Y si había sido el quien había matado a Andy y a Larry? Si había sido el… Iba a tener que deshacerme de ese peligro. Iba a tener que vigilar a James y seguramente iba a tener que matarle.

Macon… Campamento…

Diana jugaba con los niños. Siempre bajo la vigilancia de Jill y Faith. Las cuales vigilaban desde lo alto del autobús para que no ocurriera nada malo o se acercaran caminantes. De repente vieron aparecer el vehículo que se habían llevado los demás, iba a toda velocidad hacia el campamento. Jill bajó de un salto y comenzó a dar ordenes a los demás para que se prepararan por si había que luchar o incluso huir. Eva se acercó corriendo a los niños y entre ella y Diana los pusieron a cubierto.
Cuando el vehículo llegó vieron como Melanie bajaba con Katrina a cuestas. Cuando James la vio sangrando se acercó corriendo.
—¿Qué ha pasado? ¿La han mordido?
—Le han disparado. Quítate de en medio. Me estorbas— respondió Melanie apartando a James de un empujón. —¡¡¡Sheila!!!
Sheila se acercó corriendo seguida por Rachel. Esta cogió a Katrina por las mejillas. —¿Qué tenemos?
—Herida de bala en el hombro, con orificio de entrada y salida. No parece grave, pero hay que curarla— respondió Melanie sin dejar de avanzar.
Mientras, Juan corrió a buscar a Mouse. –Me dijiste que sabias desconectar explosivos ¿No? Pues si es así necesito que vengas conmigo a un lugar. Es estrictamente necesario.
—¿Qué está pasando? Traéis a Katrina herida y no hay rastro de Juanma. ¿No se supone que ibais a por la madre de esta? ¿Qué cojones está ocurriendo aquí.
—Te lo contaré por el camino, pero no hay tiempo que perder. Tenemos que salir de aquí a la de ya. Vamos.
Juan y Mouse corrieron de nuevo hacia el coche y se subieron de un salto. Segundos después, el coche salió disparado de vuelta a la comisaria de Macon mientras James los observaba alejarse con recelo. Ahí había algo que no funcionaba. Algo que no le cuadraba. Algo que tenía que ver con su suegra, a la que odiaba y que desde la primera llamada había estado deseando que la encontraran muerta.

Macon… Comisaria…

Me acerqué a la sala donde habíamos encerrado a Mickey y lo observé a través del cristal. Estaba tirado en el suelo mientras se cubría el muñón con un trapo. Este movía los labios, parecía que estaba hablando con alguien. Antes de entrar en la sala donde estaba aquel tipo, miré a la madre de Katrina, ella estaba inmóvil y con fiebre, pero aun seguía consciente, le hice un gesto y ella asintió con la cabeza. Abrí la puerta y entré. Me acerqué a el con cautela y me quedé de pie a unos dos metros de el.
—Voy a tratar de curarte eso. No quiero que hagas nada. Si lo haces acabaré contigo. ¿De acuerdo? ¿Quedó suficientemente claro? No quiero volver a repetírtelo. Y tampoco me quiero ver obligado a matarte. Eres un pobre loco y no merece la pena. Además… Tú don…
—Mi don… Esto no es un don. Es una maldición. Una jodida maldición que no me ha traído nada bueno. No me ayuda el que tenga que estar escuchando la voz de mi hermano día y noche. Diciéndome que haga cosas. Como matar a gente, como buscar y encontrar a Katrina para vengar su muerte.
—Tú hermano está muerto. Esas voces que escuchas son solo producto de tu imaginación. No existen, no tienes el por que obedecerlas. Debes ignorarlas. Se de lo que hablo. A mi también me ha pasado por el peso de la culpa he estado cargando. También veía a personas que estaban muertas, tanto amigos como gente a la que he tenido que matar en defensa propia o en defensa de los míos. Tú don podría sernos muy útil a la larga— dije a la vez que empezaba a sacar el material de un botiquín que había encontrado en el despacho. Iba a tratar de curarlo, algo había aprendido de Sheila y Melanie.
Cuando comencé. Mickey dejaba ver muecas de dolor, pero no se quejaba. Me sorprendía que no hubiese entrado en shock todavía. Debía ser un hombre muy fuerte, aunque la fuerza no servía de mucho en una mente perturbada. Y la de ese hombre era una ruina total. Ciertamente podría sernos de ayuda, pero al mismo tiempo era un riesgo enorme el llevarlo con nosotros. Terminé de curarle y salí de la sala donde estaba encerrado, la cura que le había hecho debía hacerle aguantar. Había conseguido detenerla la hemorragia, justo en ese momento llegaron Juan y Mouse a la comisaria.
—Se lo he contado todo mientras veníamos— dijo Juan acercándose a mi. Mientras, Mouse se acercaba a la madre de Katrina, primero la saludó y luego inspeccionó los explosivos con cuidado. Luego nos miró.
—Ya había visto este tipo de explosivos. Una vez activados son sensibles al movimiento. Hay tres maneras de detonarlos. Con un detonador— dijo Mouse señalando la mano que seguía en el suelo sosteniendo el detonador todavía. –Moviéndola o cortando un cable que no se debe.
—¿Podrás desconectarlo? Es importante— respondí.
Mouse se rascó la cabeza. –Si, pero hay que ir con tanto cuidado que podría llevarnos horas. Ósea, tiempo. Creo que eso es lo único que no tenemos. Esta mujer está ardiendo.
—Le han mordido— respondí. Cuando lo dije, Mouse y Juan me miraron.
—¿Qué la han mordido? Entonces que sentido tiene que le quitemos los explosivos. Va a morir de todos modos. Por no hablar de si se convierte mientras se los quito. Se moverá para pegarme un mordisco y entonces explotará todo. Supongo que no es necesario que te diga lo que pasará entonces, pero por si acaso te recordaré que eso nos matará. No nos encontrarán ni los del C.S.I. El cargamento es tan grande y potente que la explosión no solo mandaría a tomar por culo la comisaria, si no que también varios metros a la redonda. El que ha hecho esto parece que sabia muy bien lo que quería hacer.
—En realidad no. Es un tipo que está loco. Según el, lo hizo por orden de su hermano. El cual está muerto, oye su voz dentro de su cabeza— expliqué.
—Hay hermanos que son unos cabrones. Y eso tú lo sabes bien. Así que no es nada nuevo— Mouse se agachó de nuevo y comenzó a inspeccionar el explosivo de nuevo sin tocarlo. Había que tener extremo cuidado. –Aquí hay unos cables, cortar uno de ellos es el primer paso para desactivarlo, cortar el equivocado es el paso directo a regresar al campamento por fascículos. Bueno, creo que va siendo hora de que nos pongamos manos a la obra. Esto va a ser largo, habrá que ser cuidadosos y pacientes.

Las Vegas…

Luci despertó en su celda como de costumbre. Se incorporó lentamente aun con los recuerdos de la noche anterior repitiéndose en su cabeza. Había sobrevivido casi de milagro. Fue en ese momento cuando descubrió que no estaba sola en la celda. Había alguien más. Se trataba de un hombre que vestía una camisa de color blanco con manchas de sangre, y que le era muy familiar. Se levantó de la litera y caminó hacia el, se agachó y le levantó la cabeza para verle la cara. Entonces como si se asustara de repente se retiró. Ese hombre era Dante. ¿Qué hacía ahí? ¿Qué le había pasado?
Dante alzó la cabeza y la miró a pesar de su ojo morado e hinchado. –Ya te has despertado ¿eh? Ya iba siendo hora. Yo llevo aquí sin poder moverme horas. Desde poco después de que sobrevivieras en la jaula.
En ese momento, Luci lo agarró del cuello y lo obligó a levantar la cabeza para mirarla. Tenía la oportunidad para acabar con el, hacer lo que tanto deseaba, por su culpa estaba ella ahí.
—¿Qué haces tu aquí?
—Dorian ha decidido poner fin a nuestra amistad y me ha traicionado. Pensó que sería divertido dejarme tirado en tu celda para ver si me matas.
—Es lo que debería hacer— respondió Luci apretándole el cuello, deseaba tener algo con que rajárselo de parte a parte. –Tú eres el causante de que esté aquí.
—¿Y que te impide hacerlo? Estoy en tus manos. Si no lo haces ahora moriremos más tarde de todos modos. De aquí nadie sale con vida a menos que Dorian quiera. Ni siquiera tú. Estás tan jodida como yo, o más.
—No. Tu ahora mismo estás donde te mereces— dijo Luci levantándose. –Me das pena, y verte así me reconforta. No voy a matarte, no me merece la pena. Ya no. Tampoco podrás hacerme nada. Ahora mismo no eres más que un pobre hombre sin poder. Solamente eres un miserable. Matarte no serviría de nada. Prefiero que vivas así sintiéndote el despojo que eres. Si quieres morir matate tu solo.
En ese momento escucharon a alguien dar palmas, fue en ese momento cuando vieron aparecer a Dorian con una sonrisa de oreja a oreja, seguido por varios de sus hombres. A los que Dante enseguida reconoció como los autores de la paliza que le habían pegado.
—Te juro que pensé que lo ibas a matar en cuanto lo vieras en tú misma celda, pero preferí confiar en tu criterio y aposté que no lo harías. Me has hecho ganar dos de los grandes. Gracias— dijo Dorian mirando a Luci.
—Me alegro. Así te dará más gusto cuando te los metas por el culo. ¿Qué está haciendo el aquí?— preguntó Luci mirando al maltrecho Dante. –Ya es tarde para los regalos de navidad. Y este es de los que sobran por que no te lo he pedido.
Dorian sonrió y con un gesto hizo que dos de sus hombres entraran dentro de la celda. Luci no intentó nada. Con aquello bajo su piel no podría hacer mucho. Ambos tipos cogieron a Dante, este en un principió intentó resistirse, pero uno de ellos le pegó un puñetazo en el estomago. Seguidamente lo sacaron de la celda y se lo llevaron de allí mientras Dorian se quedaba con Luci.
—Soy consciente de las cuentas que tienes pendiente con el. Y por eso aunque no me lo pidas te voy a hacer un regalo. Dentro de poco tú y otros muchos de los aquí presentes seréis participes de un nuevo juego. Os gustará. Será un buen momento para que podáis conoceros mejor todos vosotros. Hasta entonces no será necesario que salgáis para ir a la jaula, se os alimentará bien para que estéis fuertes.
Dorian se marchó de allí y entonces Luci miró a Isabella. Iba a decirle algo cuando Tom la interrumpió. –Isabella. Lazarus está muerto, era un No Muerto. Fue uno de los que le sacaron a ella anoche. Lo siento.
Isabella se quedó pálida, seguidamente desapareció en la oscuridad de su celda. Lo único que escucharon Luci, Tom y los demás fueron sus sollozos.
—¿Por qué lo has hecho?— preguntó Luci.
—Por que hay que ser claros y sinceros. ¿Acaso tú se lo habrías dicho así? No importa. Estuviste sensacional anoche. Tienes suerte de que no te pongan en venta o alquiler. Eso que viste en aquella mansión no es más que la puntita del iceberg. Hay mucho más y mucho más es lo que está por venir. He escuchado rumores.
—Rumores… ¿De que?— preguntó en ese momento Jack desde la celda que tenía Luci al lado. —¿De que estás hablando?
—Cuando tienes un ama que te exhibe en su casa como un trofeo para que te manoseen todas sus putas amigas, llegas a escuchar cosas que se les escapan y que tú nunca deberías escuchar. En este caso yo. Lo que he escuchado es que nos van a meter a todos en un recinto cerrado con caminantes. El objetivo no es otro que matarnos entre nosotros mientras sobrevivimos a los caminantes. ¿Alguno ha leído la novela Battle Royale o visto la película? Solo uno de nosotros podrá salir de ahí con vida. Parece que quieren librarse de nosotros de una tacada. Son unos hijos de la gran puta sádicos.
—Supongo que hay un premio entonces— dijo Luci. —¿Cuál es?
—La libertad. No dejarán que nos vayamos de Las Vegas, por supuesto, pero se nos permitirá vivir como ellos. Aunque claro, solo podrá ser uno. Nos darán una casita donde vivir una vida tranquila. No quiero intranquilizaros, pero os aseguro que cuando llegue ese momento no seré yo quien muera.
Luci no respondió. Se fue al fondo se su celda y se sentó en su cama para pensar. Tom había sido claro con lo que había dicho aunque no había especificado. Iban a entrar todos en un recinto y solo uno de ellos podría salir, lo que significaba que todos los allí presentes iban a tener que luchar con uñas y dientes hasta la muerte. Era un juego de morir o matar, en el que seguramente todos jugarían aunque no quisieran. Desde ese momento, aunque Luci no sabía cuantas personas había allí abajo encerradas, sabía que en esos momentos todos eran enemigos. Gente que iba a pugnar por la libertad que tanto ansiaban… Y por supuesto. Luci iba a hacer lo mismo. No se iba a dejar matar, no quería morir, ya no.

En algún lugar de Arizona…

Carlos le había contado a David su plan. El cual consistía en esperar a que fueran a por ellos para llevarlos al matadero. En el momento que cruzaran la puerta, ambos se abalanzarían sobre ellos para luchar con uñas y dientes. Algo que no convencía a David y que a su parecer, más que un plan era una forma de ir a la desesperada y de suicidarse estúpidamente. Ciertamente para el, Carlos no sabía que demonios hacer, se encontraba entre la espada y la pared y era demasiado orgulloso como para admitirlo.
Desde el momento que le había contado su plan ya no habían vuelto a hablar. Cada uno se había ido a una parte de la sala vacía en la que estaban. David se había apoyado en una esquina y se estaba quedando dormido, justo en ese momento escuchó un ruido y vio como Carlos se levantaba para ir hacia la puerta, quería poner en marcha su “plan”, pero antes de que pudiera hacer nada, la puerta se abrió de golpe y una mujer pelirroja y delgada le apuntó con un arma, mientras un hombre apuntaba a David.
—Ni se te ocurra mover un musculo capullo— dijo la pelirroja.
—¿Quién de los dos es David?— preguntó el hombre.
David se acercó con las manos en alto y habló. –Yo soy David.
—Date la vuelta— dijo el hombre. David hizo lo que le mandaron y notó como le ponían unas esposas. –Vienes con nosotros. Hay alguien que quiere verte.
David no entendía nada, pero aun así se fue con ellos. Antes de salir miró a Carlos, el cual se quedó solo en aquella sala. Imaginaba que estaba tan rabioso que estaría gritando y dando golpes, pero no se le escuchaba. Entonces David se dio cuenta que no era la única sala, había muchas más. Se dio cuenta también de que aquello eran salas insonorizadas y que debían estar en algún bunker. Solo le faltaba saber quienes eran aquellas personas y que querían en realidad además de comérselos.
Metieron a David en una sala que parecía una de esas que hay en las cárceles para que los presos puedan comunicarse con sus familiares. Lo obligaron a sentarse y esperar. Esperó unos minutos hasta que al otro lado del cristal se abrió una puerta y apareció una chica a la que David enseguida reconoció. El impacto fue tan grande que se levantó de golpe de la silla.
—¡¡¡Alicia!!!
En ese momento un hombre obligó a David a sentarse a la vez que le ponía el cañón de su arma en la nuca.
—No se preocupe. No hará nada. ¿Nos pueden dejar solos?
El hombre asintió y David se quedó a solas con Alicia, aunque separados por un cristal.
—¿Qué demonios está pasando aquí? ¿Quién es esta gente? ¿Qué haces tú aquí?
—Es una larga historia, pero te puedo decir que esta gente son caníbales como ya sabéis tú y los demás, pero no parecen tan malos, no se comen a todos. Lo primero que tienes que saber es que Cristian y yo estamos a salvo. Cuando me vieron con el niño y se enteraron que estaba embarazada me sacaron de la celda. No son unos locos, solo tratan de sobrevivir, y esta es una de esas maneras, aunque sea algo drástico.
—El canibalismo es de locos— respondió David. –Carlos estaba conmigo en la celda, pero no se que ha sido de Butch, Sandra y Kyle. Puede que ya los hayan matado.
—No. Ellos siguen vivos. Aun tienen lo que ha sobrado de otras personas a las que han capturado— dijo en ese momento Alicia con un hilillo de voz. –Fueron los Spencer quienes nos vendieron para escapar. Ellos les dijeron donde estábamos y vinieron, fueron estas personas quienes mataron al perro de Sandra. Querían crear confusión para separar al grupo y lo consiguieron. La primera noche tras vuestra marcha vinieron al campamento aprovechando que la mayoría de los que sabían disparar de habían ido. Luego os siguieron. Les he pedido que me dejaran verte cuando me he enterado que estabais aquí.
—¿Qué se supone que debemos hacer ahora?— preguntó David.
—Nos dejaran ir a algunos, pero otros deberán quedarse. Quieren a diez de nosotros ya que ellos son muchas bocas que alimentar y tienen niños. Nosotros podemos irnos si queremos. No nos retendrán.
—¿Y tu te has fiado de su palabra? Se comen a la gente. ¿Qué crees que pasará cuando se coman a los diez que quieren que les dejemos? Cuando necesiten más carne vendrán a por nosotros. Esta gente no tiene palabra, su palabra es una mierda. Solo están jugando con nosotros. ¿No te das cuenta?
En ese momento se abrió la puerta de la parte de David y un hombre entró. Agarró a David del brazo y se lo fue llevando de allí. David quiso decirle algo más a Alicia, pero no pudo. Cuando salió al pasillo para ir de vuelta a la sala se cruzó con Carlos y la chica pelirroja. ¿A dónde llevaban a Carlos? ¿Y por que este parecía tan sereno? Algo raro había en todo aquello. ¿Y si Carlos los había vendido a todos para salvarse el? El no era ese tipo de personas de los que uno se podía fiar, era mezquino y en ocasiones cruel, pero… ¿Habría sido capaz de venderlos? ¿Habría sido capaz de traicionarles?

Macon… Comisaria…
18:30 horas…

La salud de la madre de Katrina parecía haber empeorado. Al mismo tiempo Mouse parecía que estaba terminando. Solo le quedaba quitar un cable de los dos que tenía delante. Uno podría mandarnos al otro barrio, y el otro nos permitiría quitarle los explosivos a la mujer. En esos últimos momentos, Mouse había comenzado a sudar.
—¿Cómo vas?— preguntó Juan tocándole el hombro a Mouse, el cual se sobresaltó de golpe. Le lanzó una mirada a Juan y este se retiró. –Lo siento.
—No vuelvas a hacer eso nunca. Aquí tenemos un serio dilema, una puta apuesta de vida o muerte. Imagínate que se me va la mano y quito por error el que no es. ¿Quieres morir?— Mouse volvió al trabajo mientras yo me fijaba en los colores de los cables. Uno era de color negro y el otro de color azul oscuro.
—¿Cuál dirías que es? Yo no lo tengo muy claro.
Mouse se limpió el sudor de la frente con un pañuelo y me miró. –Ni yo, pero estoy seguro que con quitar uno esto estará solucionado— En ese momento Mouse se quedó quieto y me lanzó una mirada. —¿Y si se lo preguntas al esquizofrénico de ahí dentro? El la puso, el debe saber cual de los dos hay que quitar. Digo yo.
—Voy— dije dándome la vuelta. Caminé hacia la sala donde Mickey estaba encerrado, abrí la puerta y lo que me encontré me dejó estupefacto. Mickey estaba en el suelo tumbado boca abajo con los ojos abiertos y un charco de sangre bajo su cara. El muñón estaba al descubierto y los dedos de la otra mano estaban manchados de sangre. Mickey estaba muerto. Alcé la vista y me fijé en algo que había escrito en la pared con letras de color rojo.
“Demonios en todas partes. En el exterior me ignoran, en mi cabeza me atormentan. Solo una manera de evadirse. Para dejar de escucharlos pasa al otro lado, solo así sus voces se callarán”
Me acerqué al cuerpo y le di la vuelta, entonces descubrí un corte en su cuello, de este aun sobresalía un abre cartas. Se había suicidado, me puse de pie y salí de la sala.
—¿Qué te ha dicho bomber man?— preguntó Mouse en tono jocoso.
—Bomber Man no me ha dicho nada. Por lo visto ha decidido que era mejor quitarse la vida. Se ha suicidado. Al final optó por matarse el solo.
Mouse lanzó un suspiro y se levantó. –Escuchad. No puedo jugármela así— bajó el tono de voz. –No creo que merezca la pena hacer esto. Esta mujer está muerta de todos modos. La fiebre no deja de subir. No le queda mucho.
—¿Qué hacemos?— preguntó Juan mirándome.
En ese momento le cogí los alicates a Mouse y me agaché delante de la madre de Katrina. –Voy a cortar el cable. No se muy bien como terminará esto.
Mouse se acercó a mí. —¡¡Eh!! Ni se te ocurra. No seas loco. Si no tienes ni puta idea de explosivos, es tontería que intentes desactivarlo. Vas a matarnos a todos.
—Lo más complicado ya lo has hecho tú. Yo solo voy a jugármela. Le hice una promesa a mi hermana. Si no puedo cumplirla es mejor que tampoco vuelva— dije mirando a mis dos compañeros. –Os recomiendo que si queréis salir pitando, esta es la oportunidad.
Juan miró a Mouse y en lugar de hacer nada pasó por detrás de mí y se sentó en una silla con los brazos cruzados. –Inténtalo. Los dioses están de tu parte. Lo han estado hasta ahora y no creo que en este momento crucial vayan a darte la espalda. Y si lo hacen, quiero estar en primera fila para pegarles una patada en el culo.
—Estáis como cabras. ¿Lo sabíais?— dijo Mouse llevándose las manos a la cabeza.
Poco a poco fui acercando los alicates a los dos cables, comencé a sentir la tensión mientras comenzaba a sudar. Comencé a notar como me temblaba el pulso a medida que colocaba los dos filos alrededor del cable de color negro. Tuve que agarrarme la muñeca para que no me temblara. Justo cuando iba a cortarlo me detuve. ¿Y si no era ese? ¿Qué pasaría si explotaba? ¿Sería rápido? ¿Moriría al instante o moriría entre terribles sufrimientos? Me limpié el sudor de la frente y miré a la madre de Katrina.
—Quiero que sepa que lo lamento si esto no sale bien. He hecho todo lo que he podido.
—Haz lo que tengas que hacer— dijo la mujer.
Nuevamente puse los alicates sobre el cable de color negro. Podría ser ese, o no. Los retiré y los puse sobre el cable de color azul oscuro. Seguía sudando, entonces cerré los ojos, respiré hondo y lo corté.

Macon… Campamento…
20:00 horas de la noche…

Katrina ya podía caminar sin problemas. Se acercó al autobús y llamó a Yuriko. La cual estaba montando guardia sobre el techo del autobús.
—¿Quieres que te cambie la guardia? Yo estoy bien y ya he comido algo. Tú aun no has comido nada.
Yuriko bajó de un salto. –Muchas gracias. La verdad es que tengo hambre.
—Pues ve y come con tranquilidad— dijo Katrina a la vez que iba subiendo al autobús. Estaba anocheciendo, pero se veía perfectamente la carretera por la que debían volver… Si volvían.
Katrina esperó minutos allí sentada, tantos, que estaba perdiendo la esperanza. Iba a bajar cuando vio las luces de los faros de un vehículo. No había duda, eran ellos. Comenzó a gritar y saltó del techo, cayó al suelo y se hizo daño en los tobillos, pero no le importó. Salió corriendo a la carretera seguida por más miembros del grupo.
*****
El coche llegó a la gasolinera y se detuvo, el primero en bajar fue Mouse, y Jill corrió a abrazarle. El siguiente en salir fui yo cargando con la madre de Katrina. Esta apenas podía caminar debido a la fiebre. Katrina se acercó a nosotros y la miró.
—¿Qué es lo que le pasa?
—Le mordieron y ha estado aguantando hasta ahora. No le queda mucho.
Katrina nos miró a los dos y me pidió que llevara a su madre hasta la furgoneta. Cindy también vino detrás. Cuando llegamos vi que Katrina sacaba un cuchillo.
—Déjanos un rato a solas. Ya se lo que tengo que hacer.
Yo asentí y me alejé dejándolas solas en el interior de la furgoneta. Me imaginaba que estaría despidiéndose de ellas. Al menos podía hacerlo. Yo me la había jugado a cara o cruz y lo había conseguido casi de milagro. Había cortado el cable correcto. De no haberlo hecho, habríamos muerto en una terrible explosión.
—¿Qué ocurre?— preguntó Eva acercándose a mí.
—Cuando llegamos a la comisaria había un loco reteniéndola contra su voluntad. Le había puesto explosivos y era imposible moverla. Y por si fuera poco la habían mordido. Podríamos haberlo dejado pasar, pero mirándolo de un modo humano… Tienen la oportunidad y el derecho de despedirse. No iba a negarle eso. Yo ni siquiera he podido despedirme de mis padres.
En ese momento se abrió la puerta de la furgoneta y Cindy salió llorando y cerró. Mientras se alejaba su padre intentó abrazarla, pero la niña se lo quitó de encima. Haciéndome recordar lo que me había dicho la madre de Katrina. Sobre la clase de hombre que era y que lo tendría que tener vigilado.

En ese momento escuchamos un fuerte llanto que provenía del interior del vehículo. Segundos después la puerta se abrió y Katrina salió sin hablar con nadie, en la mano del brazo sano sostenía el cuchillo lleno de sangre. Se acercó a mi, dejó caer el cuchillo, me abrazó y rompió a llorar amargamente.