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sábado, 31 de octubre de 2015

NECROWORLD Capitulo 93

Día 19 de Abril de 2010
Día 660 del Apocalipsis

—Mantén el rifle tenso y ten cuidado con el retroceso. Respira hondo y pon tu dedo sobre el gatillo. ¿Lo tienes en el punto de mira?— le pregunté a Vicky mientras apuntaba al ciervo que teníamos a unos veinte metros de nosotros. Ella asintió y entonces continué hablando. –Muy bien. Dispara.
Vicky apretó el gatillo y disparó. Aunque falló el tiro y el ciervo salió huyendo. Esta levantó la cabeza y dejó ir un suspiro de fastidio. –Se me ha escapado. Esto no es igual que una pistola, me he hecho daño en el hombro— dijo tocándose el hombro donde había apoyado la culata, yo me acerqué un poco más y se lo toqué.
—No te preocupes. No está roto ni nada, el dolor se te pasará pronto. Te dije que tuvieses cuidado con el retroceso. Venga regresemos a la aldea. Puede que los demás hayan tenido más suerte que nosotros con la caza— dije poniéndome de pie al mismo tiempo que ayudaba a mi hija.
Hacía varios días que habíamos llegado a la aldea. Allí nos habíamos instalado rápidamente y habíamos hecho amistades con los que allí vivían. A decir verdad no parecían peligrosos, tan solo eran diferentes a nosotros, era otro estilo de vida. De todos modos seguíamos yendo con nuestras armas a todas partes. Desde nuestra llegada habían pasado muchas cosas. Melanie y Sheila habían montado una clínica en una de las casas, allí atendían todo tipo de problemas, caídas, mordeduras de serpiente, quemaduras… Las noches eran tranquilas y no nos despertábamos sobresaltados. No nos faltaba comida, de hecho algunos habíamos recuperado algunos kilos.
Algunos habíamos construido una especie de sauna donde nos dábamos duchas de agua caliente constantemente. Era como estar viviendo en la edad media.
Malaquías como líder no se dejaba ver demasiado, de vez en cuando me llamaba a su casa para que le contara cosas por las que había pasado y cosas que había visto. Otras veces salía a pasear por la aldea.
Los niños por su parte acudían a una escuela donde compartían clases con las chicas y chicos jóvenes que había visto en mi llegada. Era bueno que aprendieran tanto en estudios como en manejo de armas, algo de lo que se encargaban de enseñarles Juan y Johana. Desde nuestra llegada no habíamos vuelto a ver caminantes, lo cual se agradecía muchísimo. Era tal y como había dicho Levine. Aquellos seres no se acercaban a la aldea. Aunque realmente nunca podíamos estar cien por cien seguros.
Por su parte, Eva se había relajado y volvía a hablarme, decía que estaba mucho mejor de lo que esperaba y que aquellas personas eran muy amables.
Vicky y yo llegamos al caballo que habíamos dejado atado a un árbol y nos montamos. En teoría habría ido de caza yo solo aquella mañana, pero ella se había empeñado en venir y yo no había podido negarme. Vicky se acercó y le acarició el morro al animal.
—Me alegro de verte otra vez Cristina.
—Vicky. Es un caballo, no una yegua. No puedes llamarle Cristina a un caballo macho. ¿Acaso si el bebé que lleva Eva fuera un niño lo llamarías Cristina?
—¿Qué más da? A el no parece importarle— respondió Vicky.
Iba a decir algo cuando me llegó un olor a quemado, exactamente olor a carne quemada. Miré a Vicky y también esta se había dado cuenta. Entonces vi como señalaba detrás de mí. Me di la vuelta y vi una columna de humo negro que iba en aumento extendiéndose sobre las copas de los arboles.
—¿Qué crees que es?— preguntó Vicky.
—No lo se. Voy a mirar— dije a la vez que metía las manos en una mochila que estaba sujeta a la montura del caballo, de ella saqué unos prismáticos y comencé a mirar hacia la columna de humo. –No parece que sea muy lejos.
—Podríamos ir a mirar. Me intriga saber que es— dijo Vicky.
Miré a Vicky. –A mi también, pero tu no irás. Primero te dejaré en la aldea y luego iré a ver que es. Luego ya te lo contaré.
—Eso no vale. ¿Por qué tengo que perdérmelo?
—No discutas conmigo. Podría ser muy peligroso, no sabemos quien ha hecho ese fuego. ¿Y si fueran malas personas?
—Pues tendrían que vérselas con nosotros. Te apuesto lo que quieras a que no se esperan que una niña les pueda volar las pelotas— respondió Vicky.
—Haz el favor de no hablar así. Controla el vocabulario— le reprendí mientras volvía a guardar los prismáticos. –Ya sabes que a estas personas no les gustan las palabrotas. Se podrían ofender y echarnos de aquí. Vivimos demasiado bien y tranquilos como para permitir que nos echen. Además, tienes que seguir vigilando a Luke.
—No ha vuelto a pasar nada. Creo que podríamos dejar esa vigilancia. Mira papá, te sugiero una cosa. ¿Y si nos lo jugamos a piedra, papel y tijeras? Si gano yo te acompaño. ¿O es que tienes miedo de perder con una niña?
—Eres una chantajista. Miedo me da cuando llegues a tu edad adulta— respondí accediendo a participar en el juego. Me preparé y escondí mi mano detrás de la espalda.
—Piedra, papel, tijeras— dijo Vicky al tiempo que ambos sacábamos nuestras manos. Yo saqué piedra y ella papel. Eso la hizo sonreír. –Yo gano. Me tienes que llevar contigo.
—Está bien. Sube al caballo, pero solo por esta vez— dije al tiempo que la ayudaba a subir. Seguidamente subí yo y hice que el caballo comenzara a caminar en dirección a la columna de humo. Evidentemente el olor que nos llegaba era a carne quemada, eso solo podría significar que alguien estaba quemando una pila de cadáveres.

Prescott… Arizona…

Desde los caníbales Sandra no dormía bien. Cuando lo hacía, terribles pesadillas la asaltaban. Se veía a si misma disparando sobre mujeres y niños que trataban de huir. Realmente durante el asalto, ella no había disparado más que a hombres que le habían apuntado, por otro lado, Carlos y Butch habían sido los mayores dirigentes del asalto. Ellos no discriminaron, no dejaron títere con cabeza, no les importaba que fueran mujeres o niños, ellos los abatían de todos modos. Incluso había veces que Butch bromeaba sobre ello y decía que para matar a un niño solo había que apuntar un poco más bajo.
Sandra se levantó de la cama en la que se encontraba y salió al salón de la casa que había tomado como suya para pasar el tiempo. Desde el salón fue a la cocina y allí se puso un vaso de agua. Desde la ventana tenía a la vista toda la calle y la casa donde vivía Carlos. Se la quedó mirando y entonces vio como la puerta se abría. De la casa salió Tina. La cual solía pasar bastante tiempo allí, iba detrás de Carlos como un perrito.
En ese momento vio a David pasar por delante y seguidamente dio varios toques a la puerta. Sandra corrió rápidamente y le abrió. Cuando este entró le pidió que pasara al salón, se sentó en el sofá y Sandra caminó hacia el.
—¿Qué ocurre?— preguntó Sandra cruzándose de brazos.
—Hace un rato vino Butch a mi casa. Me dijo que Carlos va a hacer una avanzadilla hacia Las Vegas. Quiere que Butch, tú y yo lo acompañemos por lo que pueda pasar. Según el, en caso de confrontación, nosotros somos los más preparados.
—No creo que alguien que apenas duerme esté preparado para nada— dijo Sandra. –Tienes tantas ojeras como yo. Demasiada culpa ¿Verdad? Al principio no parece que vaya a ser tanto, pero cierras los ojos y ves a los hermanos Spencer mirándote mientras acabas con ellos. Alicia me lo ha dicho, te escucha hablar en sueños y te ve levantarte alterado mientras respiras agitadamente e incluso lloras. A mi me pasa igual. No es lo mismo matar en defensa propia que matar a personas que están indefensas.
David se pasó las manos por la cabeza y asintió. –Tienes toda la razón del mundo. No me quito sus miradas de la cabeza. Creo que tomamos una mala decisión al seguir con Carlos. Debimos habernos ido con Juanma. Lo peor de todo es que aunque nos largásemos no se cuanto duraríamos solos, tampoco sabemos donde está Juanma. Estamos jodidos Sandra.
—Ahora ya es demasiado tarde para quejarnos. Tomamos nuestra decisión y con ella tendremos que vivir. Sea aquí o en Las Vegas. Muy bien. ¿Cuándo dice Butch que tiene pensado Carlos salir?
—Dentro de dos horas nos subiremos a la camioneta e iremos hacia Las Vegas— respondió David. –Sinceramente, no se si esto saldrá bien. Y Carlos parece dispuesto a entrar allí por las buenas o por las malas. Está totalmente decidido a hacerlo aunque sea abriéndose paso a base de tiros. No es ese líder que esperábamos— David se levantó del sofá y se dirigió a la puerta. –Te veo dentro de dos horas.
Sandra asintió y acompañó a David a la puerta. Cuando se marchó, Sandra subió a la planta superior para darse una ducha. En las próximas horas iba a estar ante las puertas de una comunidad ubicada en Las Vegas reclamando que les dejaran pasar por las buenas o por las malas. Eso seguramente terminaría con una escaramuza.

Bosque…       Alrededores de la aldea…

Llegamos a la pila de cadáveres en llamas. Vicky y yo nos bajamos del caballo y yo lo até a un árbol. Ante nosotros había una pila donde debía haber unos veinte cadáveres. Por el grado de calcinación no parecía que llevaran mucho tiempo así. Con un gesto le indiqué a Vicky que sacara el arma mientras yo me acercaba.
Comencé a observar las caras de los cadáveres, todos tenían un agujero en una parte u otra de la cara. Agujeros que no parecían hechos por una bala.
—¿Flechas?— preguntó Vicky observando la cara de uno de los No Muertos.
—Eso parece. Disparar con armas de fuego a estos caminantes hubiese significado que desde donde estábamos o incluso desde la aldea hubiésemos escuchado los disparos, pero no ha sido así— expliqué.
—¿Crees que pueden haber sido esos hombres que vimos? Los que nos seguían— preguntó Vicky. –Si han sido ellos…
En ese momento escuché un ruido que venía de entre los arboles. Eso me hizo levantar a la cabeza al tiempo que agarraba a Vicky para ponerla detrás de mí. No tardamos en ver una silueta avanzando hacia nosotros entre los matorrales. Alcé el arma y apunté esperando a ver que era lo que se nos acercaba. Entonces Juan surgió apuntándonos con el rifle. Al vernos, ambos bajamos nuestras armas, junto detrás de el apareció Yuriko.
—Debí suponer que no seriamos los únicos en ver el fuego. ¿Hace mucho que habéis llegado?— preguntó Juan inspeccionando los cadáveres. –Son heridas ocasionadas por flechas. Sean quienes sean los que han hecho esto no han sido muy cuidadosos.
—Esto significa que los autores de esto puede que sigan por aquí— dijo Yuriko mirando alrededor. –Podrían estar vigilándonos.
—¿Tu crees?— preguntó Vicky a la vez que se ponía tensa.
—Será mejor que regresemos a la aldea y se lo digamos a Malaquías. Puede que el sepa algo de esto— dije regresando a donde estaba nuestro caballo. Ayudé a Vicky a subir y luego subí yo. –Nos veremos allí. Tened cuidado en el regreso.
—Lo haremos— respondió Juan.
Una media hora después Vicky y yo llegábamos a la aldea. Nos bajamos del caballo y mientras Vicky lo llevaba a los establos yo fui corriendo a casa de Malaquías. Llegué a la puerta y vi que estaba abierta. Al entrar escuché lo que parecía música típica de las iglesias y a Malaquías hablar en otro idioma que según pude recordar era latín. Avancé por el pasillo y llegué al salón. Allí estaba Malaquías de espaldas a mí, entre nosotros había unas nueve chicas en el suelo como alabándolo. Este se dio la vuelta y al verme apagó la música.
—Chicas. La ceremonia ha terminado por ahora. Ahora tengo asuntos que tratar. Esta noche será la ceremonia final, os espero— Las chicas se pusieron de pie y pasaron por mi lado sin mirarme para salir de la casa. Todas vestían túnicas de color blanco, parecían monjas. Una vez salieron las chicas. Malaquías se centró en mí a la vez que se sentaba en una silla. –Por favor, toma asiento y dime en que puedo ayudarte.
—Hemos visto algo en el bosque— dije en ese momento. Lo dije tan de repente que Malaquías pareció ponerse tenso. Incluso dejó ver una risa nerviosa.
—¿Y… Y que ha sido?
—Alguien había estado matando caminantes. Los han amontonado y quemado. La columna de humo puede verse desde aquí. Es demasiado cerca y por ahí va mucha gente que no es amistosa. Deberíamos doblar el número de guardas. Yo puedo repartir armas y enseñar a disparar a muchos de los que aquí viven. Se que tiene buenos tiradores aquí, pero si nos atacan… Ellos y nosotros no seríamos suficientes como para proteger la aldea de un ataque que podría venir desde varias direcciones. Además, ya le conté que había un grupo siguiéndonos. Podrían ser ellos.
—Aun no nos han atacado. Aquí nadie representa una amenaza ni tenemos algo que ellos no puedan tener. No creo que haya nada de que preocuparse. Por favor, tranquilo. Te preocupas demasiado y eso no es bueno para nadie. Te recomiendo que te tomes el resto del día libre, que pasees con tu mujer y con tu hija— dijo Malaquías mientras repentinamente volvía a estar sereno y tranquilo. No parecía que le importara mucho.
—Escuche. Si me da permiso, en unos días podría haber creado un pequeño ejército capaz de defendernos si pasara algo. Debemos estar precavidos para todo lo que pueda pasar. ¿No quiere proteger a su gente?
—Ya nos protege dios. Cuando os permití quedaros lo hice esperando que entendieras nuestro punto de vista y respetando nuestras decisiones. Yo creo que no hay nada de que preocuparse. Mira, puedes hacerlo si así te vas a sentir mejor, pero desde ya te digo que vas a perder tiempo, pero adelante. Coge a todos aquellos que puedas y crea ese ejercito. Tienes mi permiso.
—Muy bien— respondí. Me di la vuelta y salí de la casa, justo en ese momento vi como Juan y Yuriko hacían acto de presencia en la aldea. Cuando Juan me vio vino corriendo hacia a mi. Cuando llegó me entregó una carpeta.
—¿Qué es esto?— pregunté mientras abría la carpeta.
—De camino aquí, Yuriko y yo encontramos una furgoneta de color negro abandonada. Lleva así tiempo a juzgar por su estado. Esta carpeta estaba ahí dentro, pero no había nadie. Solo restos de sangre.
Cuando abrí la carpeta me encontré varias fotos. Estas me dejaron atónito. Eran fotografías de una instantánea. Ellas aparecíamos todos nosotros. Rápidamente guardé las fotografías y miré a Juan. –Que nadie más se entere. Esta noche cuando todos duerman quiero que me guíes hasta esa furgoneta, necesito verla y confirmar que es la de esos tipos que nos seguían. No quiero precipitarme en mis conclusiones, pero aquí hay algo extraño. Malaquías se puso nervioso cuando le dije que había visto algo en el bosque. Se relajó cuando le dije que era una pila de cadáveres— ambos miramos a la ventana de la casa de Malaquías y allí estaba el observándonos, entonces nos saludó con la mano.
—¿Crees que oculta algo?— preguntó Juan mientras le devolvía el saludo y murmuraba la palabra “capullo”.
—Eso es lo que vamos a tratar de averiguar, pero solo lo sabemos tú y yo. Que nadie más se entere. No me gustaría que cundiera el pánico, tampoco convendría que si son enemigos sepan que lo sabemos. Será mejor que nos tomemos las cosas con calma, pero con precaución y alerta.
—¿Cómo lo hacemos?— preguntó Juan. —¿Se te ocurre algo?
—Saldremos de noche cuando todos duerman. Con sigilo— respondí. –Durante el cambio de guardias. Será el mejor momento.

Las Vegas…
14:00 del medio día…

La camioneta se detuvo justo delante de las puertas de acceso al interior de la comunidad de Las Vegas. Allí había varios guardias armados, tres en total, cuando vieron llegar al vehículo apuntaron con sus armas. Carlos salió del vehículo con las manos en alto seguido por Butch y David armados con los lanzacohetes. Sandra se quedó dentro de la camioneta al volante y con el motor encendido.
—Buenas tardes— dijo Carlos –Me gustaría hablar con Dorian. El que está aquí al mando. Que venga a las puertas para tener una conversación conmigo.
—Dorian no va a salir a hablar con unos cualquiera. Os recomiendo que os deis la vuelta y os vayáis por donde habéis venido. No sois bienvenidos.
—No os lo estoy pidiendo, os lo estoy exigiendo— Carlos señaló a Butch y a David. –Tenéis dos lanzacohetes apuntando a vuestras caras. Puede que logréis abatir a alguno, pero no sin antes sentir un cohete en vuestras narices ¿Quién sabe los hombres que podría tener ocultos apuntándoos. Te lo repetiré, quiero hablar con Dorian ahora mismo. Se supone que es un tipo razonable ¿No? Pues que venga a las puertas de su casa para hablar conmigo. Si no lo hace, haré que empiecen los fuegos artificiales, os aseguro que serán inolvidables.
—Que te follen— dijo uno de los guardas. –Esfúmate de aquí ahora mismo.
Carlos sonrió y miró a Butch. –Demuéstrale que no vamos de coña.
Butch apuntó con el lanzacohetes con intención de disparar. Entonces otro de los guardas alzó las manos. –Vale. Llamaremos al jefe, pero vosotros quedaros ahí.
El guarda que llevaba la voz cantante miró al que había hablado. —¿Se puede saber que estás diciendo? ¿En que coño estás pensando?
—El cohete podría venir de otro lugar y no verlo hasta que nos estalle en las narices. Deja que digan lo que han venido a decir y deja de armar follón.
Uno de los guardas cogió un walkie y desapareció de la puerta. Carlos y los suyos se quedaron quietos y esperando. Unos segundos después el mismo guarda apareció.
—Ya viene. Estará aquí en unos veinte minutos. Vosotros no hagáis nada.
Carlos sonrió satisfecho, había conseguido que Dorian accediera a hablar con el. Mientras los guardas hablaban, el les indicó a David y a Butch que ocuparan posiciones en unos edificios cercanos. Había conseguido lo que quería. Quería que aquellos guardas vieran del arsenal que disponían, aunque eso significaba exponer a David y a Butch desde el principio. Era un riesgo que obligadamente debía correr.
Veinte minutos después, Dorian hizo acto de presencia en las puertas. Cuando vio a Carlos no pudo evitar sonreír.
—Debo admitir que cuando me dijeron que había alguien que quería hablar conmigo, no imagine que se tratara de ti. Te pareces mucho a el. Eres el hermano de Juanma ¿Verdad? Te pareces demasiado a el como para que me lo niegues. Bueno, al grano. ¿Qué quieres?
—Como imagino que ya sabrás. Manhattan es historia. Formamos parte de un grupo más grande. Lo que queremos es que nos dejes pasar a formar parte de tu ciudad. Hemos hecho un largo viaje para ello. Tengo a varias personas apuntando con lanzacohetes a tus puertas. Tus hombres los han visto y saben que es verdad.
—¿Y que me ofreces a cambio?— preguntó Dorian
—Se que mi hermano te hizo una visita. El y yo no es que nos llevemos demasiado bien, así que te ofrezco su cabeza. Déjame pasar y te la traeré— respondió Carlos.
—La cabeza de tu hermano me la pueden traer cuando yo la pida, eso no es un problema. Tengo a unos chicos de los míos vigilándolos día y noche. Tendrás que mejorar tu oferta. Además, no es que tu hermano represente una amenaza, su cabeza no es que me sirva para mucho. Realmente no creo que haya nada que puedas ofrecerme… Y mucho menos que pueda interesarme. Tendrías que haber venido con mejores argumentos. Has venido aquí creyendo que podrías venderme la cabeza de tu hermano, eres más estúpido de lo que pensaba chaval. ¿Por qué te interesa vivir en Las Vegas? Sigue siendo la ciudad del pecado y tal, pero no es lo que era.
—Déjanos pasar o te juro que entraremos a la fuerza. Me sobran huevos para echar abajo toda tu puta ciudad si me lo propongo. Te confieso que me encantan los derribos y las explosiones.
—Tienes actitud y eso me gusta. ¿Cuántos sois en tu grupo?
—Más de veinte personas— respondió Carlos.
—Muy bien. No tengo inconveniente en que vengáis, creo que tú y yo nos llevaremos bien. Esto va a ser el comienzo de una bonita amistad. Tenéis vía libre para pasar a la ciudad.
—Esta noche estaremos todos aquí— respondió Carlos con una sonrisa. Lo había conseguido, parecía que iba a tener problemas, pero todo había salido bien. Iban a poder instalarse allí a vivir.
Carlos subió a la camioneta y le indicó a Sandra que condujera para alejarse de allí. Debían ir a Prescott para recoger a todos los que allí esperaban. Había cumplido su promesa y sería adorado por ello.

Aldea Amish…
23:00 horas…

Como era habitual en la aldea, todos habíamos cenado juntos. Después de la cena, salvo los guardas, todos se habían ido a dormir. Yo me encontraba en la tienda de campaña con Eva. Ella trataba de dormirse, pero le estaba costando. Yo por mi parte, estaba esperando a Juan.
—¿Otra vez te vas a ir?— preguntó Eva.—Me estoy hartando. ¿No puedes estar quieto ni un puñetero segundo? Parece que estés deseando que ocurra algo para poder largarte. ¿Qué ha sido esta vez? Por que no has contado nada.
—De momento es un secreto. No creo que sea necesario contar nada.
—¿Ni a mi? Te recuerdo que soy tú mujer. Estabas conmigo en el altar en el momento del si quiero. ¿Qué está pasando?
En ese momento saqué la carpeta y se la di a Eva, esta la abrió y mientras me lanzaba miradas comenzó a pasar las fotos, cuando llegó a las suyas me miró. —¿Qué es esto? ¿De donde han salido estas fotos? ¿Quién las ha hecho?
—Fueron esos hombres que dije que nos seguían. Juan encontró su furgoneta abandonada y ni rastro de ellos. Por eso vamos a ir esta noche durante el cambio de guardia. Saldremos a hurtadillas de la aldea y volveremos lo antes posible. Hay que averiguar que hay ahí fuera. También queremos averiguar quienes fueron los que hicieron esa hoguera con los caminantes. Sean quienes sean están cerca y podrían ser hostiles. Hay muchas cosas que no me cuadran. Te pido que no digas nada a nadie de momento.
En ese momento vi la sombra de Juan fuera y este dio un par de palmadas en la tienda. Yo abrí la cremallera con cautela y salí fuera tras despedirme de Eva con un beso, nada más salir vi también a Yuriko.
—¿Qué haces tu aquí?— le pregunté en voz baja. –Se suponía que solo iríamos Juan y yo.
—Lo mismo le dije, pero se empeñó en venir. Mira, si quieres discutirlo me parece perfecto, pero… ¿Qué te parece si lo hacemos una vez fuera de la aldea? El cambio de guardia está a punto de efectuarse.
No dije nada más, cogí mi arma y los tres corrimos agazapados hasta el granero. Teníamos a veinte metros de nosotros el muro que daba al bosque. La dirección en la que queríamos ir. Con cuidado comenzamos a avanzar nuevamente y nos ocultamos detrás de un montón de paja cuando vimos pasar a dos hombres. Ambos Amish, iban fumando en pipa y parecía que estaban bromeando con algo. Le indiqué a Yuriko que se quedara en silencio, se estaba poniendo muy nerviosa. Si nos pillaban podría ocurrir que nos echaran de allí a todos. Cuando los dos hombres pasaron seguimos avanzando hasta que llegamos al muro, una vez allí, Juan se aupó y pasó por encima, luego puse las manos para que Yuriko apoyara el pie. Empujé hacia arriba y ella pasó, seguidamente pasé yo.
Una vez al otro lado del muro comenzamos a avanzar por el bosque con la luz de las linternas en un mínimo de luz, lo suficiente para ver por donde íbamos.
—La furgoneta parece que se despeñó. Seguimos el mismo camino de regreso más o menos cuando regresamos. No entiendo como Vicky y tú no la visteis— comenzó a explicar Juan. –Bajo mi punto de vista creo que fue atacada y se salió del camino, pero eso es solo una teoría.
—Podrían haber sido caminantes, pero creo que habríamos visto restos— dijo Yuriko. –Ahí solo vimos manchas de sangre. No demasiada.
—¿Crees que podrían haber sido ellos los que amontonaron esos cadáveres y los quemaron?— preguntó Juan.
—Es una posibilidad, pero eso es algo que podría haber hecho cualquiera que estuviera de paso o cualquiera de nosotros. Sin embargo lo que me preocupa es que ese alguien no esté solo de paso. Por eso le he pedido a Malaquías permiso para formar un pequeño ejército con sus hombres y mujeres más aptos. Nunca se sabe lo que podría ocurrir o quien podría atacarnos. Es mejor que estén preparados.
—Esta gente tiene fe en que nunca serán atacados y es por eso por lo que ocurren algunas cosas. Es mejor prepararles y enseñarles a usar armas. No merece la pena que mueran— respondí mientras caminaba. En ese momento escuchamos unos gruñidos. Rápidamente apagamos las linternas y Yuriko, Juan y yo nos ocultamos detrás de unos arboles, desde allí vimos varias siluetas avanzar entre los arboles y los matorrales. Eran una docena de caminantes. Uno de ellos estaba avanzando hasta el árbol donde estaba Yuriko, esta sacó un cuchillo y justo cuando iba a clavárselo, una flecha cruzó volando entre los arboles y abatió a ese caminante. Más flechas que aparecieron de repente abatieron a los demás.
Yuriko estaba a punto de salir corriendo presa del pánico cuando me lancé sobre ella y ambos caímos entre los matorrales. Juan también se agazapó y los tres nos quedamos en silencio entre los matorrales. No pasó mucho tiempo hasta que escuchamos unas voces, eran voces de hombres, al menos tres.
—Estoy harto de estos apestosos. No son más que un montón de carroña— dijo uno de los hombres mientras ponía su pie sobre la cabeza de un caminante para poder extraerle la flecha de la cabeza. ¡¡¡Eh Logan!!! ¿Sigues pensando que eran voces humanas las que escuchaste? No eran más que estos pedazos de mierda. Creo que estás perdiendo un poco la cabeza, no haces más que escuchar voces.
—Maldita sea Theo. Te juro que escuché voces. Aun me funciona la sesera. Te digo que por aquí había alguien— dijo una segunda voz, la de un chico joven de unos veinte años.
—Déjame que lo dude. Por aquí solo puede haber habitantes de la aldea. No salen de noche y dudo que sea ese que camina entre los muertos o ese grupo que llegó hace poco, pero dudo muchísimo que estén merodeando por aquí.
Mientras los escuchábamos hablar sentí como Yuriko se iba poniendo tensa, incluso comenzó a respirar agitadamente, tuve que taparle la boca. Aquellos tipos estaban como mucho a unos cinco metros de nosotros. Si nos descubrían, estaríamos muertos.
—¡¡¡Logan!!! ¡¡¡Theo!!! Larguémonos de aquí. No hay nadie. Dudo mucho que sean más de esos tíos de la furgoneta. Acabamos con ellos. Volvamos al campamento antes de que Alaric entre en cólera y nos haga ejecutar.
—¿No quemamos los cadáveres?— preguntó el joven que respondía al nombre de Logan.
—No. ¿Para que? ya escuchaste a Alaric. Nada de hogueras, ya la cagaron suficiente cuando encendieron aquella hoguera esta mañana y fue vista por ese tipo y la cría. No podemos ser tan jodidamente descuidados. Además, tampoco hay tantos caminantes. Larguémonos de aquí.
Aquellos tipos habían hablado de un tipo y la cría. Se referían a mí y a Vicky sin duda. Eso significaba que nos habían estado vigilando sin que los viésemos, lo que demostraba que eran increíblemente sigilosos cuando se lo proponían, menos en esos momentos. Cuando se largaron nos arrastramos entre los matorrales y por fin pudimos ponernos de pie.
—¿Los habéis escuchado? Hablaban de que habían matado a los de la furgoneta. ¿Quién coño eran estos tíos? Es evidente que no son hombres de Dorian— comencé a decir en voz baja. Debemos avisar a Malaquías de que hay maleantes cerca y que podrían atacarnos. Debemos regresar y dar la voz de alarma— dijo Juan.
—Hablaban de un tal Alaric. Debe ser su jefe… Y no hablaban de el como si fueran amigos. Hablaban de el como si le tuvieran miedo— entonces miré a Yuriko, parecía estar petrificada. –Tendrías que haberte quedado en la aldea.
—No. Estoy bien. Solo ha sido un momento, pero ya estoy mejor. No me acostumbro a esto. Los caminantes son una cosa, pero este tipo de hombres… Me aterran. Son impredecibles y en su mayoría asesinos despiadados que solo disfrutan matando a otros.
—¿Entonces nos olvidamos de la furgoneta y volvemos?— preguntó Juan.
—Lo que queríamos averiguar de esa furgoneta ya lo sabemos. Los hombres de Dorian nos siguieron hasta aquí y estos tipos los mataron. Y estos me preocupan más. Rápido, regresemos.
Volvimos a encender las linternas al mínimo y comenzamos a recorrer el camino de vuelta a paso acelerado. Fue en ese momento cuando una silueta surgió ante nosotros, esta me golpeó y apuntó a Yuriko con una ballesta. Enseguida aparecieron dos tipos más que nos desarmaron a Juan y a mí.
—¿Lo veis? Os dije que había escuchado voces. —¿Qué es lo que tenemos aquí?
Habíamos sido imprudentes y íbamos a pagar por ello. No teníamos muchas opciones de salir de allí con vida. Estábamos literalmente perdidos.

Prescott… Arizona…
Día 20 de Abril de 2010
Día 661 del Apocalipsis
01:00 horas…

Carlos y los demás habían regresado a Prescott con buenas noticias, pero aun así se tomaron su tiempo para revelar lo que había sucedido. Tras cenar sin escatimar en racionar la comida, Carlos reunió a todos en el salón de una de las casas.
—Como bien sabéis. Cuatro de nosotros han ido hoy a Las Vegas con la esperanza de que nos dejaran pasar a formar parte de su comunidad. David, Burch y Sandra han sido testigos de ello.
—¿Y que ha pasado? ¿Qué es lo que os han dicho?— preguntó Tina Morales.
—Haced vuestras maletas— dijo Carlos a la vez que dejaba ver una sonrisa. –Nos vamos a Las Vegas.

Una explosión de alegría envolvió a todo el grupo. Todos se abrazaban y felicitaban a los que habían ido al encuentro de Dorian para pedirle que los dejara quedarse. Para todos, Carlos había cumplido con lo prometido, Carlos los había salvado, Carlos había conseguido que el viaje terminara bien y también había conseguido un hogar para todos. Y eso el lo sabía. El sonreía mientras se imaginaba a su hermano fracasando en la misma misión que el había triunfado. Aun así esperaba que siguieran vivos, había conseguido el hogar, solo le faltaba su familia. Eso era lo único que le faltaba para la completa felicidad.