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sábado, 5 de diciembre de 2015

NECROWORLD Capitulo 98

Día 22 de Abril de 2010
Día 663 del Apocalipsis
Bosque… 09:00 de la mañana…

Levine observaba a sus captores mientras estaba dentro de la jaula camuflado entre los caminantes. Desde que estaba allí había visto llegar siete camiones más como en el que se encontraba, en cada uno había más de dos docenas de caminantes. Aquellos malditos bastardos estaban preparando un ataque a lo grande, la pregunta era cuando lo llevarían a cabo. Por otro lado, mientras no vigilaban aquel camión había estado trabajando en una manera de escapar. La parte superior de la jaula en la que se encontraba era una lona que estaba bien sujeta y que el había estado aflojando cada cierto tiempo, ya le quedaba muy poco. Buscó a los dos caminantes más alto y los acercó a un rincón, a estos los usaba para tapar lo que estaba haciendo, después de eso observó que nadie mirara hacia el camión y comenzó a trabajar. Se aupó y comenzó a trastear con la lona y el cuchillo que llevaba. Abrió un agujero y comprobó que pudiera pasar por el. Con un impulso se lanzó hacia el exterior y se agazapó sobre la lona. Era imposible que lo vieran, iba a bajar aprovechando que nadie lo veía cuando escuchó una voz. Volvió a agazaparse y miró, entonces vio a un chico joven, delgado, muy blanco de piel y cabellos largos y dorados. Este alzó una mano para que los que murmuraran y que se habían reunido en torno a el se callaran.
—Muy bien chicos. Ha llegado el momento. Nos ponemos en marcha hacia la aldea. Id a los vehículos y seguid el plan previsto. Situad los camiones en puntos estratégicos rodeando el muro de la aldea. Los demás iréis a pie, rodead la aldea. Vuestro trabajo consiste en que nadie abandone la aldea. Si alguien lo intenta escapar… Matadlo. Ahora hay que demostrar que a los arcángeles nadie les toma el pelo.
Todos los hombres comenzaron a vitorear y luego comenzaron a movilizarse. El líder caminó junto a otro tipo y ambos se subieron a un jeep. Rápidamente Levine se puso de pie y saltó del camión, entonces comenzó a correr a través del bosque. Tenía que llegar a la aldea antes que ellos.

Aldea Amish…
09:25 horas…

Me encontraba en el cementerio que había detrás de la pequeña iglesia junto a Alexandra. Éramos los únicos que estaban enterrando a Luke. Todos se habían enterado de su muerte, pero nadie había querido hablar del tema ni acudir, todos creían que había sido yo quien lo había ejecutado, solo dos personas conocíamos la verdad. Cavé una última vez y miré a Alexandra, la cual tenía el cuerpo cubierto de Luke en brazos. Yo extendí los brazos hacia delante y ella me pasó el cuerpo. Con sumo cuidado lo fui dejando dentro del hoyo, luego comencé a echar la tierra encima.
—¿Cómo te encuentras?— preguntó Alexandra.
—Bien— respondí sin mirarla. –Todo lo bien que se puede estar en este mundo de mierda.
—Hiciste lo correcto… Cualquiera habría optado por hacer esto.
—Pero lo hice yo… Nadie se quiso manchar las manos. Mejor que se las manche el líder— alcé la vista y miré hacia los vehículos, donde nuestra gente estaba cargando el equipaje para marcharnos. Ningún Amish había querido unirse a nosotros, todos se querían quedar. Seguían creyendo en Malaquías y su protección divina. Entonces vi una silueta de corta estatura que caminaba en dirección a la puerta de la iglesia y desaparecía en el interior. Se trataba de Vicky. Rápidamente le pasé la pala a Alexandra. —¿Puedes seguir tu?
—Si, claro— respondió Alexandra cogiendo la pala.
Me alejé de allí corriendo en dirección a la iglesia. Cuando llegué a la puerta no entré, solo me quedé escuchando, pero no podía oír nada, me asomé un poco y vi a Vicky sentada en un banco con el padre Kaleb sentado al lado.
*****
—Quiero confesarme— dijo Vicky.
—Adelante hija. Te escucho— respondió el sacerdote.
—No fue mi padre quien mató a Luke. Fui yo. Me oculté en el granero para ver como mi padre lo hacía, pero no fue así. El salió del granero y yo no me lo pensé. Salí de mi escondite y disparé a Luke a quemarropa. Un único tiro. En la cabeza.
—¿Te arrepientes?— preguntó el padre Kaleb.
—No. Por eso me confieso. Confieso que no me siento arrepentida. El merecía morir. Mató a personas inocentes y casi me mata a mí. Era peligroso para todos nosotros. Se que matar está mal y que no debe hacerse, pero eso era antes, las cosas han cambiado y el mundo ya no es el que era. Los muertos caminan y nosotros sobrevivimos, ya tenemos bastante con ellos.
—¿Por qué me cuentas esto?— preguntó el padre Kaleb.
—Todo el mundo cree que fue mi padre quien lo hizo… Lo lógico es que se sepa la verdad. Por otro lado, matar sigue estando mal aunque en ocasiones tenga que hacerse. ¿Qué penitencia me va a poner?— preguntó Vicky
En ese momento entré en la iglesia y me dirigí hacia los dos. Miré al sacerdote y luego me puse a la altura de Vicky agarrándola de los brazos. –No debes decir a nadie que fuiste tú. No es necesario que nadie lo sepa. Te tendrían miedo y pensarían que tú también eres peligrosa. No quiero que se lo digas a nadie.
—Papá…Yo…— Vicky no acabó la frase. Richard Levine apareció de repente en la puerta de la iglesia gritando mi nombre. Cuando este me vio corrió hacia mí.
—Escucha. No tenemos tiempo. Vienen hacia aquí y…— tampoco Levine acabó su frase. Una explosión nos sobresaltó a los cuatro. Entonces vimos que la gente en el exterior comenzaba a correr. Yo salí corriendo seguido por Vicky y vimos a varias personas paradas frente al muro de la puerta principal. Vi a varios que incluso se asomaban por encima del muro. Algo estaba ocurriendo.
—Son ellos. Ya están aquí— dijo Levine.
—¿A quien te refieres?— pregunté. Entonces vi también a Malaquías, su expresión me dio la pista. Eran esos los que protegían la aldea.
Entonces se escuchó un megáfono seguido de una voz que comenzó a hablar con serenidad. –Estoy buscando a Juanma, el líder del grupo recién llegado. Que salga aquí por favor.
Después de escuchar mi nombre vi como varios ojos se posaban en mí. ¿Quién era ese y que querría exactamente de mí? Caminé hacia el muro y subí las escaleras de la pasarela. Entonces me asomé y vi a un hombre joven delgado, muy blanco de piel y de larga melena rubia, este entonces clavó sus ojos azules en mí.
—¿Qué es lo que quieres de mi?— pregunté mirándolo fijamente yo también.
—¿Tu eres Juanma? Debo admitir que te imaginaba de otra manera. Yo soy Alaric. ¿Por qué no sales aquí para que podamos hablar? Es una cuestión de educación. Me gusta hablar cara a cara y no con alguien que está a tres metros de distancia y a dos de altura.
Me quedé observando la puesta en escena. Era un jeep el vehículo que llevaban. En la parte delantera estaba Alaric acompañado de otro hombre, ninguno de los dos parecía ir armado, aunque me imaginaba que la razón por la que no iban armados era por que había más de sus hombres escondidos y seguramente apuntando con sus armas. En la parte trasera del jeep había dos hombres más, uno de ellos con una capucha en la cabeza y otro apuntando al rehén.
—No se si tenemos algo de lo que hablar, sinceramente— respondí mientras me llevaba la mano a la espalda para tocar el mango de mi pistola.
—Yo creo que si— respondió Alaric dejando caer el megáfono al suelo y mostrando las palmas de las manos mientras daba una vuelta sobre si mismo para que pudiera ver que no llevaba armas. –Como ves no voy armado. Sal aquí para que podamos charlar plácidamente.
Miré a mi alrededor y vi a Katrina con el arco preparado, esta me negaba con la cabeza. Lentamente bajé de la pasarela y me encontré con varios de mis compañeros armados, también Vicky estaba allí.
—¿Qué vas a hacer?— preguntó Johana.
—Voy a salir a ver que quiere. El no va armado. Aunque deduzco que tiene a más hombres ocultos esperando una orden para abrir fuego— respondí.
—¿Y eso te tranquiliza?— preguntó Katrina detrás de mi.
—No, pero no quiero adelantar las cosas, si podemos solucionarlo hablando hay que intentarlo— dije poniéndole las manos en los hombros a mi hermana, luego miré a varios, entre ellos a Stacy y a Laura. –Vosotras dos id movilizando a la gente y poniéndola en un lugar seguro por si pasa algo. Venga— les dije en voz baja.
Ambas obedecieron y comenzaron a movilizar a la gente, otros simplemente ocuparon puestos. Seguidamente me acerqué a la puerta y la abrí. Salí seguido por Katrina, Juan y Johana. Ellos tres lo hicieron apuntando a los intrusos, los cuales hicieron como si nada. Al verme, Alaric sonrió y se me acercó con una sonrisa, entonces tendió la mano para que se la estrechara. Al principio dudé un poco pero le di un apretón de manos. Este sonrió.
—Es un placer conocerte. Me gustaría ofrecerte algo para beber o para comer, pero creo que es imperativo que vayamos directos al grano y te diga lo que quiero. ¿No te parece? Verás, hace un par de noches tres de mis hombres fueron agredidos, dos de ellos fueron asesinados de forma brutal y salvaje. Algo que si me permites decirlo, no está nada bien. El tercero de ellos logró sobrevivir y llegó a mi campamento donde nos contó lo sucedido. Me contó a mi que los habían agredido tres personas que estaban viviendo en la aldea y que eran del grupo de recién llegados.
—Fueron tus hombres quienes nos atacaron primero— respondí.
—Si bueno. Quizás esa foca de ahí dentro debería haber dejado claras nuestras normas antes de que tus amiguitos y tú decidierais salir a coger setas. ¿Me oyes Malaquías?
En ese momento Malaquías apareció en lo alto del muro escoltado por dos hombres armados con dos rifles de caza, incluso el se había puesto un chaleco antibalas.
—Yo no tengo nada que ver con esto. No es mi culpa… Nuestro trato sigue en pie.
—Llevamos esperando nuestro trato varias semanas ya y nunca llega. ¿Nos tomas por estúpidos? De todos modos ya no nos interesa. Puedes decirles la verdad a todos, que no eres más que un charlatán que no tiene nada de divino, que no habla con dios ni hostias parecidas. Solo eres un maldito saco de grasa que tiene engañadas a estas personas y que iba a traernos a las chicas de la aldea para que nos las tirásemos frecuentemente. ¿Lo habéis oído? Vuestro orondo mesías no es más que un sucio mentiroso.
En ese momento Malaquías enrojeció y comenzó a dar gritos. –Está mintiendo. Nada de lo que dice es cierto, yo solo estoy aquí para protegeros, ellos son demonios traídos por los recién llegados, si a ellos los echamos también los demonios se largaran— en ese momento Malaquías comenzó a decirle a uno de los hombres que lo escoltaba que me disparara a mi, pero nadie le hizo caso. Entonces vi como Mouse aparecía en lo alto del muro y le daba un golpe a Malaquías en la cara, eso hizo que Alaric comenzara a reír.
—Ese tío es gilipollas. Bueno, ahora que porky se ha callado… Volvamos a lo que nos concierne. He venido aquí para cobrarme lo que habéis hecho y equilibrar las cosas. Vosotros matasteis a dos de los míos y yo mataré a dos de los vuestros— en ese momento Alaric lanzó un silbido y los dos hombres del jeep se bajaron. El rehén fue llevado a empujones y le dieron un golpe en las piernas para que cayera arrodillado delante de mí, le quitaron la capucha y descubrí a James, amordazado y ensangrentado. La última vez que lo había visto había sido cuando había salido corriendo. Katrina no pudo ocultar su sorpresa cuando lo vio. Su marido que había huido dejándonos tirados estaba allí. –Este es de los vuestros ¿Verdad? El muy mierda llegó a mi campamento y pensé que podría ayudarnos, pero en vez de eso nos ofendió… Y eso que le dimos comida.
—Soltadle— le dije.
—Va a ser que no. Verás, mi hombre superviviente describió a tres agresores. Uno de ellos era el líder del grupo recién llegado a la aldea, otro era un tipo grande y robusto, el tercero era una chica china o japonesa. Así que… Vosotros matasteis a dos de los nuestros y yo mato a dos de los vuestros. Sin embargo no es necesario que mueran los agresores, al menos no todos. Uno será este mierda de aquí. El otro te dejo elegirlo a ti.
—¿Qué?— pregunté sorprendido sin entender a lo que se refería.
—Te lo explicaré otra vez. Tengo que matar a dos, uno será este de aquí y el otro será a tu elección entre los dos agresores que quedan, ya que ni creo ni te permitiría que fueras tú.
—¿Quieres que elija a uno de los que iba conmigo para entregártelo para que puedas matarlo? ¿Por qué debería hacer eso?
—Lo has entendido… Y ya que preguntas. En primer lugar por que me sale a mi de los cojones lo de equilibrar las cosas, y en segundo lugar por que si no lo haces arraso toda la puta aldea. Os matamos a todos y nos llevamos a todo aquel que nos la ponga lo bastante dura como para follarnoslo hasta la locura. ¿Eh sido lo suficientemente claro? De todos modos, soy consciente de que es una elección bastante dura, por eso seré razonable y te daré tiempo para que puedas decidirte— Alaric se miró el reloj. –Son las diez de la mañana. Volveré a las cinco de la tarde y espero que ya esté la elección hecha.
—¿Y si no?— pregunté.
—Si no arrasaré la aldea como ya te dije. Y te garantizo que no es ningún farol, de hecho ya lo tengo todo previsto por si se da el caso. Otra cosa, supongo que debes estar pensando en escapar con toda la gente que puedas, y déjame decirte que es lo más lógico, pero no será posible por que además tengo a hombres míos en todos los caminos, si ven un vehículo os lo harán saltar por los aires. Simplemente haz lo que te pido y podréis seguir viviendo aquí, no tendremos que volver a vernos.
—¿Cómo puedo fiarme de tu palabra? La palabra de los hombres ya no existe— respondí.
—La mía si— respondió Alaric. –Hasta la tarde.
Alaric se fue hacia el jeep y cuando se subió a el miró a James. Entonces hizo una señal y se escuchó un disparo, seguidamente en el pecho de James brotó una flor roja y este se desplomó, seguidamente volvió a sonreírme y el jeep se alejó.
*****
Después de la visita de Alaric  enterramos a James y luego reuní a todo el mundo en la iglesia, estaban todos salvo los enfermos, mi grupo y la comunidad amish. Fui al altar escoltado por Juan y por Yuriko. Ellos se sentaron detrás de mí y yo comencé a hablar.
—Todos habéis sido testigos de lo que ha ocurrido hoy. No voy a engañar a nadie, es una situación muy difícil y peligrosa. Ese hombre, Alaric amenaza con arrasar la aldea si no le entrego a Juan o Yuriko para que el pueda mataros. Supongo que muchos estaréis pensando en que se los entreguemos y salvemos así la vida, quizás el que se hayan marchado sin hacernos nada les pueda dar un voto de confianza, sin embargo yo no pienso igual. He visto a mucha gente así desde que los muertos comenzaron a caminar. Esta gente no tiene palabra, son gente cuyo mal ha aflorado y les ha consumido.
—Entonces… ¿Para que nos reúnes? Dijeron que no podríamos escapar— dijo una mujer de entre los presentes.
—Parece ser que será un enfrentamiento inevitable. Por eso creo que lo lógico seria enfrentarnos a ellos. Necesito que todos aquellos que sepan disparar alcen la mano. Cuantos más efectivos seamos, más posibilidades tendremos de repeler su ataque.
La gente comenzó a murmurar, algunos me hablaban a mí, pero no podía entender lo que decían al mezclarse su voz con la de los demás. Entonces Malaquías comenzó a hablar haciendo que los demás se callaran.
—No puedes obligarnos a luchar en una guerra que vais a provocar vosotros. Deberíamos echaros aquí. No nos habéis traído más que desgracias, vosotros sois los que habéis traído el mal a nuestra aldea… Vosotros…— Malaquías no acabó la frase. Mouse le pegó un codazo en la cara.
—Cállate ya coño.
Entonces Juan se puso de pie detrás de mi. –No es necesario que haya guerra. Si lo que quieren es a uno de nosotros. Yo me ofrezco voluntario para ello. Yo seré la ofrenda.
—Eso no garantiza que luego no nos ataquen. Yo no me fio de ellos. Entiendo que quieras proteger a las personas, pero puede que no sirva de nada y lo sabes. Luego también podrían querer a Yuriko. No estoy dispuesto a entregaros a ninguno de los dos.
—¿Y que pasará con los que no sepan disparar?— preguntó Laura.
—Mi plan es que los que podamos combatir concentremos a todos sus efectivos en una parte mientras los que no podáis luchar esperareis el momento oportuno para escapar por otra parte. Los combatientes no seremos más que una distracción.
Entonces vi a Levine ponerse en pie. –No será posible. Controlan los alrededores de la aldea. Nadie podrá salir desde ningún punto sin ser visto. Estamos atrapados. Además, puede que nosotros seamos más que ellos, pero en número de combatientes ellos nos superan de largo. Cuando estuve en su campamento vi más de una treintena de tipos y tienen más artillería que nosotros. Lo he visto, los he vigilado. Nos barrerán como si fueran un tornado. Estamos jodidos y tenemos las de perder en un enfrentamiento.
En ese momento vi al viejo Zacarías ponerse de pie. Este salió al pasillo de la iglesia y caminó hacia mi, cuando lo tuve delante me miró y luego miró al resto de presentes. –Hay una oportunidad que nadie conoce.
*****
Zacarías nos llevó  a unos cuantos al granero, una vez allí comenzó a quitar fardos de paja. Juan y yo lo ayudamos, cuando los quitamos todos, este apartó paja del suelo y una trampilla quedó al descubierto. Este sacó una llave y abrió el cerrojo. Cuando la trampilla estuvo abierta, Zacarías me miró. Yo encendí la linterna y bajé al pasillo seguido por Zacarías, Juan y Katrina.
—¿Qué es este lugar?— pregunté enfocando hacia delante.
—Es un pasadizo que conecta con una iglesia. Son unos tres o cuatro kilómetros. Puede que cinco. Muy pocos de la aldea conocen este lugar, de hecho lleva más de cuarenta años cerrado. Si usamos este túnel  no nos verán salir. Esta es la mejor baza que tenemos.
—Pero… Entre unos y otros somos más de cien personas. ¿Podremos meter a tanta gente aquí? Además, hay enfermos y equipaje. Nos acabarán descubriendo— dijo Katrina.
—No necesariamente— respondí. –Acabo de tener una idea. Seguimos con que todos los que sepan disparar estén al frente conmigo para repeler el ataque. Debemos darles tiempo a los que vayan entrando al túnel.
—¿Y por que no empezamos a ir pasando ahora?— preguntó Zacarías. –Faltan cuatro horas para que vuelvan. No nos dará demasiado tiempo.
—Vamos a ver más adelante. Tienes razón, quizás podamos ir trasladando ya a la gente. Seguramente están vigilando la aldea desde varios puntos, hay que asegurarse de que no nos descubren.
Seguimos caminando por el túnel y entonces llegamos a un desprendimiento que nos bloqueaba el camino. Al verlo, Zacarías corrió hasta el y comenzó a tocar las piedras. –No, no. No puede ser.
—Parece que las cosas se están complicando— dijo Katrina.
Avancé hasta el desprendimiento y comencé a mirar las rocas que habían caído. Entonces sentí una ráfaga de aire que venia de entre las piedras. Me agaché y di con el punto exacto, miré y vi el otro lado. Enseguida me puse de pie. –Debe haber unos tres metros de desprendimiento y no parece que hayan más en todo el túnel. Disponemos de cuatro horas para desbloquear este túnel. Venga, a trabajar.
*****
Iban pasando las horas y el momento crucial se iba acercando. Con gran cautela y secretismo estaban trabajando quitando rocas. Cualquier error podría mandar nuestro plan al traste. Yo me encontraba en una de las casas ayudando a Vicky a preparar el equipaje, esta de vez en cuando me miraba y cuando la miraba yo apartaba rápidamente la mirada.
—¿Qué ocurre?
—¿Estás enfadado conmigo por lo que hice?— preguntó ella. –Yo… Tenía que hacerlo.
—No tienes el por que darme explicaciones. No estoy enfadado y lo hecho, hecho está. Simplemente deberías haber dejado que lo hiciera yo. Eso es todo, ahora simplemente tenemos que guardar el secreto. No es necesario que lo sepa nadie más.
—¿A dónde iremos ahora?— preguntó en ese momento Vicky. –Esta aldea parecía segura. Me gustaba… Y ahora…
—Encontraremos algún lugar. El mundo es muy grande.
—Pero vayamos a donde vayamos hay caminantes… Y mala gente. Ese hombre…
—No te preocupes— respondí. –Todo quedará solucionado.
En ese momento apareció Yuriko acompañada de Juan en la puerta. –¿Podemos hablar?— preguntó ella.
Me despedí de Vicky dándole un beso en la frente y acompañé a mis dos compañeros. Juan comenzó a hablar. –Hemos estado interrogando al gordo sacándole información sobre el rubio. Y hemos llegado a una conclusión, ese tipo es un cabrón que de vez en cuando tiene arranques de rabia, es como una bomba, que explota en cualquier momento, sus hombres le tienen miedo y hacen todo lo que el dice sin rechistar.
—Lo que Juan quiere decir es que tenemos un plan— dijo Yuriko.
—Básicamente eso. Hay que quitarse al barbie de en medio, con el muerto se acabó— dijo Juan. –Hay que hacerle creer que me vas a entregar a mí, llevaré un chaleco antibalas para asegurarme. Cuando baje la guardia cárgatelo.
—Si fallo provocaré una guerra— respondí.
—La guerra es inevitable lo mires como lo mires. La gente se prepara para ella. Hay que quitarse a ese tal Alaric de en medio como sea.
Los tres salimos de la casa y allí me encontré a los que iban a poder luchar si era necesario. Los miré a todos y luego miré a Juan. Este me dijo –Ellos están al tanto del plan y están dispuestos.
—Muy bien. Comenzad a tomar posiciones. Rachel, Mouse, Ben y Alexandra quiero que toméis posiciones en la torre, desde allí tendréis buen ángulo de tiro por si yo fallase. Los demás distribuiros en casas y ocupad tejados y ventanas. Si algo sale mal corred a los vehículos o a través del bosque. Ya os han dicho donde está la iglesia ¿No? Pues el punto de encuentro será allí cuando todo sea seguro. ¿De acuerdo? Venga. Todos a sus puestos— miré al granero y vi a Zacarías haciéndome una señal con los dedos, estaba claro que ya habían desbloqueado el túnel. Era el momento de comenzar a trasladar a la gente.
Minutos más tarde comenzaron a desfilar la gran mayoría hacia el granero, Eva y Vicky entre ellos. También estaba Malaquías.
—Ven con nosotras— me pidió Eva.
—Sabes que no puedo, pero no temáis, me reuniré con vosotras antes de que podáis echarme de menos— les di un beso a cada uno y entonces le saqué la pistola a Vicky y se la puse en las manos. –Si pasa algo ahí abajo quiero que protejas a esta gente. ¿Vale? Confío en ti.
Vicky asintió y sonrió. Era bueno que supiera que confiaba en ella, eso le daba ánimos para hacer lo que debía hacer. Mientras veía desfilar a la gente me aseguraba de que nuestros vigías estuvieran atentos. Si nos veían, el plan del granero se vendría abajo, y era evidente que tanta gente andando hacia el granero cantaba mucho. También me fijé en que todavía faltaba mucha gente. Entre ellos Melanie y Sheila.
Al ver que ellas no estaban corrí hacia la casa enfermería y al entrar me las vi cuidando de los enfermos. —¿Qué estáis haciendo? Deberíais estar entrando en ese maldito túnel. Venga— les espeté.
—Los enfermos. Algunos están que no pueden ni caminar… Y no vamos a dejarles aquí— dijo Melanie. –No podemos hacer eso.
En ese momento escuché mi nombre saliendo de un megáfono. Eso hizo que el corazón casi me diera un vuelco, miré mi reloj y vi que ni siquiera eran las cuatro de la tarde. Me di media vuelta y comencé a correr hacia la puerta seguido por Juan mientras este se iba poniendo el chaleco. Llegamos a la puerta y ambos salimos, allí estaban nuevamente Alaric en el jeep escoltado por dos de sus hombres.
—Llegas pronto. No es la hora— le dije mirándolo fijamente.
—Eso ya lo se, pero estaba ansioso. Discúlpame. Bueno espero que esto no sea un problema para nuestro trato— dijo Alaric sin dejar de sonreír. Su blanca sonrisa era perturbadora. —¿Es a el al que vas a entregar?— preguntó mirando a Juan.
—¿Por? No me digas que no soy tu tipo— replicó Juan.
Alaric comenzó a reírse a carcajadas y me volvió a mirar, entonces yo le respondí. –Tú y yo no hemos hecho un trato. Nunca lo hicimos. Lo que tu estas haciendo, obligándome a hacer se llama chantaje.
—Eso es cierto. Me gusta tu actitud, son los hombres como nosotros los que sobreviven a todo esto. Creo que podríamos ser amigos, cooperar. De hecho podemos matar a Malaquías y quedarte tu aquí mandando. Tu tienes algo que el ni tiene, ni tendrá. Agallas.
—No me interesa— dije tratando de ganar tiempo. No podía verlos, pero aun había gente huyendo por los túneles. Era necesario que tuvieran tiempo para escapar todos.
—Bueno. Vayamos directos al grano— Alaric miró a Juan. —¿Eres tú o no?
—Si. Soy yo el que se sacrifica. Acabemos con esto de una condenada vez.
En ese momento, Alaric volvió a carcajearse y me miró. –Se me ocurre algo mucho más divertido. Yo no tengo por que matarte. Que lo haga tu líder.
Juan me miró y luego miró a Alaric. —¿De que coño vas? Deja de decir chorradas.
—No son chorradas. Hablo muy en serio. Quiero que sea vuestro líder quien acabe con la vida de otro de los suyos. Digamos que es un pequeño castigo por lo que ha pasado. El no muere, pero si se mancha las manos. Venga, saca tu pistola y mátalo.
Me quedé mirando tanto a Juan como a Alaric y sus hombres. Entonces vi un punto rojo en mi pecho. Venia de una mira laser oculta en algún lugar del bosque.
—Sabia que no tenía que fiarme de ti— le dije a Alaric. –Tu palabra es una mierda que no sirve para nada. Eres un bastardo.
—Venga. Déjate de rollos y mátalo— me espetó Alaric juntando las manos.
Saqué mi arma y miré a Juan, el cual también me miró a mí. Detrás de nosotros sobre el muro se habían congregado Katrina y unos cuantos más, todos estaban atentos. Dispuestos a intervenir si pasaba algo.
—Lo siento— le dije a mi compañero mientras le apuntaba. Estaba apuntándole al pecho.
—Adelante. Hazlo— dijo Juan poniéndose delante de mi con los brazos abiertos en forma de cruz, metiéndose en el medio entre Alaric y yo. –Es el momento. Los dioses están de nuestra parte— Juan asintió en ese momento.
De repente Juan se apartó y yo abrí fuego contra Alaric. La bala acertó en uno de sus hombros y este cayó sobré el capó del jeep, de repente comenzó un intercambio de disparos. Los nuestros nos cubrían y Juan se lanzó sobre mi aprovechando su chaleco antibalas para que el fuego enemigo no me diera. Miré hacia donde estaba Alaric y lo vi siendo cubierto por sus hombres, incluso vi a varios de ellos saliendo del bosque en dirección a nosotros. Miré a la puerta y vi salir a Johana y a Jill disparando mientras nos cubrían a Juan y a mí. Una vez estuvimos dentro cerraron las puertas.
Estando a salvo nos dieron un fusil a Juan y a mí, fue cuando me di cuenta de la mancha roja que tenía Juan en el brazo.
—Solo es un rasguño. ¡¡¡Vamos!!!
—¡¡¡¡El jeep de Alaric se marcha!!!— gritó Rachel desde la torre.
Efectivamente escuchamos el motor del vehículo encenderse y comenzar a alejarse. Habíamos logrado repelerles, pero había todavía hombres fuera. Había comenzado la batalla.
*****
El escolta de Alaric detuvo el motor cuando estaba lejos de las puertas principales. Entonces el líder de los Arcángeles se miró la herida de bala de su brazo. Había tenido mucha suerte, si el otro se hubiese apartado antes y al líder del otro grupo no hubiese tenido el tiempo justo para disparar ahora estaría muerto. Rápidamente se sintió invadido por una fuerte rabia, cogió el walkie talkie y comenzó a hablar.
—¡¡¡¡Mandad los putos camiones!!!!! Que paguen por lo que han hecho. Los quiero a todos muertos menos al líder, a el lo quiero vivo.
No pasaron ni cincuenta segundos cuando varios camiones cargados de caminantes comenzaron a circular a toda velocidad hacia la aldea.
******
Estaba impartiendo órdenes cuando vi a Rachel que todavía seguía en la torreta, esta estaba haciéndome señas. Entonces vi que me gritaba algo.
—¡¡¡¡Camiones!!!! Vienen camiones a toda velocidad.
De repente vi como los que estaban en la puerta comenzaban a abandonarla apresuradamente. Entonces las puertas saltaron por los aires dejando paso al primero de los camiones. Estos invadieron la aldea y se detuvieron, entonces vimos a varios tipos con kevlar salir y subirse a las lonas dispuestos a abrir las puertas.
—¡¡¡¡Fuego contra ellos!!!!— grité

Comenzaron a dispararles, pero las balas no hacían efecto, fue en ese mismo momento cuando de todos los camiones que habían irrumpido comenzaron a salir caminantes ansiosos de carne humana.