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sábado, 12 de diciembre de 2015

NECROWORLD Capitulo 99

Bosque… 22:00 de la noche…

El cuerpo de Alaric yacía a unos dos metros de mí con el cuello roto, Katrina estaba a unos metros por detrás de mí, herida e inconsciente. Yo me estaba tapando la herida del costado para impedir que siguiera sangrando mientras miraba al cielo nocturno y a la maleza que me rodeaba. Antes de morir, Alaric me había disparado. Entonces escuché un ruido que venia de entre los matorrales, era algo o alguien que caminaba en mi dirección. Si no era alguien de mi grupo estaría perdido, no me quedaba nada de munición en la pistola que tenía al lado. De repente vi surgir varias siluetas armadas, todos eran hombres de Alaric, todos ellos me apuntaron y yo levanté las manos en señal de rendición. Uno de ellos, al que no recordaba haber visto antes se adelantó y comenzó a caminar hacia mí. Cuando estuvo más cerca se quedó mirando el cuerpo de Alaric.
—¿Lo has matado?
Yo asentí casi sin fuerzas, tampoco tenía mucho que decir. De todos modos no parecía que me quedara mucho tiempo de vida. Fue en ese momento cuando aquel tipo alzó su arma y me apuntó a la cabeza.

Horas antes…
Día 22 de Abril de 2010
Día 663 del Apocalipsis…
Aldea Amish… 16:00 horas de la tarde…

Alaric y sus hombres habían utilizado a los caminantes de avanzadilla, eran como peones que se encargarían de ir eliminándonos. En la aldea no quedábamos muchos. Rachel, Ben, Alexandra y Mouse estaban en la torre disparando a los caminantes. Katrina, Johana, Jill, Yuriko, Juan y yo después del encontronazo con Alaric habíamos retrocedido para buscar cobertura en los vehículos. Sheila y Melanie seguían en la casa enfermería tratando de mantener a salvo a los enfermos. Mike y Stacy estaban disparando desde otra casa junto a varios Amish que habían decidido quedarse para el enfrentamiento. El padre Kaleb había sido sorprendido junto a otro grupo justo cuando intentaban llegar al túnel, pero con la repentina aparición de los camiones habían corrido a refugiarse en la pequeña iglesia. Todos los demás habían logrado escapar antes.
—Tenemos que llegar a los túneles— dijo Yuriko mientras nos ocultábamos junto al autobús para ir eliminando No Muertos. –Juan está herido.
—Esto no es nada. Solo me ha rozado— respondió Juan mientras disparaba a un caminante que había llegado hasta nosotros.
—De todos modos debemos llevar a más gente a los túneles. Aun no han llegado todos— respondí. –Hay que hacerlo rápido, antes de que empiece la segunda oleada y entren con todo lo que tienen. Los caminantes son solo los peones del juego. Hay que moverse rápido.
—Deberíamos usar el autobús y los vehículos— dijo en ese momento Jill.
—Solo como ultima optativa. Dentro seríamos un blanco fácil si tienen lanzacohetes— respondió Juan. Entonces me miró. –Escucha. Hay gente en la enfermería que necesita nuestra ayuda. Sígueme, vamos a cubrirles para llevarlos a los túneles.
—¿Y tu herida?— pregunté
—Me hecho cortes peores afeitándome. Esto no es nada, deja de preocuparte. El que me disparó debía ser un completo inepto… Cosa que por otro lado agradezco.
En ese momento vi como Rachel desde la torre comenzaba a hacernos señas señalando a la puerta principal. Yo me asomé un poco y entonces vi a filas de hombres armados tomando la aldea. Me oculté rápidamente y miré a mis compañeros.
—Aquí llegan los pesos pesados. Juan y Yuriko conmigo. Hay que distraerlos. Los demás quiero que vayáis a la iglesia y que os llevéis a esa gente mientras nosotros nos ocupamos de distraer a esos idiotas.
—¿Podréis hacerlo?— preguntó Katrina –Yo puedo ayudaros. Soy la más silenciosa, no me verán llegar.
Miré a mi hermana y luego hacia la puerta. –Muy bien. ¿Ves esa casa?— le dije señalando a una casa de dos plantas. –Sube a la terraza y cárgate a todos los que puedas, podrás usar la chimenea como cobertura— Katrina asintió y cuando iba a irse, la agarré y le di un fuerte abrazo seguido de un beso en la frente. –Y recuerda. Te quiero de vuelta.
Justamente en ese momento el equipo de Rachel comenzó a disparar mientras nosotros nos separábamos. Cada uno a donde tenía que ir.
Yuriko, Juan y yo salimos corriendo tomando diferentes coberturas mientras disparábamos a los que estaban entrando. Katrina alcanzó la terraza y comenzó a lanzar las flechas abatiendo a varios. Estaba resultando demasiado fácil, algo no cuadraba. Johana y Jill mientras tanto corrían hacia la iglesia, su trabajo iba a consistir en llevar a los allí refugiados hasta los túneles sin que nadie los viera, para eso, Yuriko, Juan y yo estábamos atrayendo toda la atención de los asaltantes.

Túneles…

Laura se detuvo de repente y todos hicieron lo mismo. Vicky y Eva iban al frente y se dieron la vuelta para mirarla.
—¿No habéis oído eso? Parecen disparos. Se han duplicado, antes se escuchaban, pero ahora más…— comentó Laura.
—Es un fuego cruzado— respondió Vicky sin dejar de alumbrar con la linterna al frente. –Tenemos que seguir. Aun nos queda un largo camino, pararnos aquí solo nos retrasa.
—Se han quedado allí y ellos pagarán el alto precio de enfrentarse a Alaric. Si las cosas hubiesen seguido como las llevaba, nada de esto habría ocurrido. Habéis acabado con la armonía de la aldea— dijo en ese momento Malaquías. –Todos morirán…
—Lo tuyo era peor. Los que se han quedado allí nos están salvando la vida. Tu solo querías salvar la tuya— respondió Eva.
En ese momento, Vicky avanzó entre la multitud congregada allí abajo y apuntó a Malaquías con la pistola. –Mi padre está allí y tu sigues vivo, por lo tanto el te ha perdonado tu miserable vida, pero si el muere, tu serás el culpable y acabaré contigo. Te lo juro, así que si quieres seguir vivo cierra esa boca.
—Déjalo Vicky. No vale la pena— dijo Eva alejándola de Malaquías. Seguidamente miró a los demás –No podemos pararnos. Tenemos que seguir, aquí solo perdemos el tiempo y estamos echando a perder el tiempo que nos están dando. Sigamos y en silencio.
El grupo de los túneles se volvió a poner en marcha. Mientras caminaba, Eva se puso la mano en el pecho deseando que a Juanma no le pasara nada. Se estaban arriesgando mucho y estaba deseando que las cosas salieran bien para poder verlo pronto y darle un fuerte abrazo. Siguieron caminando y miró a Vicky.
—Aun no hemos podido hablar de lo que ha pasado. Se que has hablado con tu padre, pero no conmigo. ¿Hay algo que sientas que quieres decirme?— quiso saber Eva.
—En realidad no hay mucho que decir. Hice lo que hice por que Luke era peligroso. Había matado ya, vi como mataba a mi amiga Rebeca y casi me mató a mí. Creí que lo haría papá, pero no lo hizo. De hecho entiendo esos remordimientos que tuvo, pero yo no los tengo. Por eso lo hice yo. El dice que debe ser un secreto, pero yo no creo que sea necesario. Además, la gente me mira y creo que intuyen que fui yo. No me molesta, tampoco me importa que puedan tenerme miedo, yo se que hice lo correcto— explicó Vicky. —¿Tu también me tienes miedo? ¿Tú piensas que hice mal?
En ese momento Eva le puso la mano en el hombro a Vicky. –Nadie te teme, yo no te temo. Todos comprenden lo que pasó y el por que lo hiciste. Sin embargo… Hablando con tu padre me dijo que no estabas arrepentida, pero yo no me lo creo. Se que lo hiciste por que quisiste hacerlo y por que creíste que debías, pero aun así sabes que el asesinato a sangre fría está mal. No te mientas a ti misma y llora si lo necesitas.
—Ya hace mucho que no lloro— respondió Vicky.
—Eso ya lo se. Por eso digo que lo hagas, suelta todo lo que tengas dentro. Busca un momento de soledad y tranquilidad y suéltalo todo, si lo necesitas, búscame a mi para que lloremos juntas.
—Lo haré… Mamá— respondió Vicky.
—Te estaré esperando.

Bosque…

Alaric estaba curándose el mismo la herida de bala. El proyectil había atravesado su cuerpo y el bramaba de dolor mientras odiaba a ese que le había disparado. Lo había hecho, se había atrevido a hacerlo. Nunca antes nadie se había atrevido a ello, nunca antes había sentido miedo. El miedo era algo que el provocaba, no algo que sufría. Entonces uno de sus hombres se acercó a informar.
—Nuestros caminantes no han sido suficientes… Y ahora nuestros hombres no pueden con ellos. Están siendo abatidos rápidamente. Deberíamos retirarnos jefe. Esta gente no son como la mayoría de grupos que nos hemos encontrado, esta gente son supervivientes, luchadores…
—¡¡¡¡Fuera de mi vista!!!!. Quiero que movilices a todos los demás, quiero esa puta aldea arrasada y lo quiero ya— bramó Alaric.
—Lo siento, pero muchos de los hombres quieren dejarlo correr. Muchos incluso empiezan a marcharse. No quieren seguir con esto. Yo también me…
—¿Qué te vas? ¿Quieres acabar como tu hermano?  ¿Es que no recuerdas lo que le pasó? Venga Derek, dime que le ocurrió.
El hombre titubeó y luego habló. –Que lo mató cuando intentó disolver el grupo y que cada uno se buscara la vida, pensó que esto ya no tenía sentido y usted lo asesinó a sangre fría. Fue cuando se puso al mando.
—Eso es. Si no quieres terminar como ese mierda quiero que mandes al frente a todos los hombres con las armas más potentes que tengamos.
—Si señor— respondió Derek dándose la vuelta. Entonces Alaric lo llamó.
—Será mejor que no me falles por tu bien.
Derek se alejó de Alaric para preparar el ataque. No entendía por que nadie, ni siquiera el se había atrevido a quitarse a ese hombre de en medio. Todos lo odiaban, pero también lo temían. Era un ser despreciable y sádico que quería ir de bueno, pero que tampoco se molestaba en ocultar la verdad de su ser. Podrían unirse contra el y matarle, pero nadie lo hacía, le temían y hacían todo lo que el ordenaba. Siempre había sido así y así siempre sería. Podría ser que el mundo se hubiese ido al infierno, pero hasta que no conoció a Alaric no había visto al diablo. Eso era ese hombre, el verdadero diablo.
Derek llegó a donde estaban la mayoría de hombres, estos lo miraron y entonces Derek dio la orden que había dado Alaric.
—Es hora de atacar con todas nuestras fuerzas. Vamos a masacrarlos.

Aldea Amish…

Juan, Yuriko y yo habíamos tomado como cobertura unos establos. Desde allí abríamos fuego sin parar contra varios hombres que avanzaban hacia nosotros ocultándose detrás de montículos de tierra o montones de madera. No había demasiados, pero no nos lo estaban poniendo demasiado fácil. Eran muy buenos con el armamento.
Mientras disparábamos vi flaquear un poco a Juan, este estaba pálido y comenzaba a sentirse mal. Cayó al suelo y rápidamente Yuriko se lanzó sobre el para protegerlo.
—Está muy mal. Hay que llevarlo a la enfermería. Con un poco de tiempo podríamos cerrarle la herida. Se morirá si no lo hacemos.
Me asomé y abatí a varios, todavía quedaban tres ocultos, los cuales salían de vez en cuando para disparar. Volví a ocultarme y miré a mis compañeros. –Tenemos la enfermería a unos treinta metros de nosotros. Puedo cubriros a la carrera, pero deberemos ser rápidos. Rachel, Ben, Mouse y Alexandra siguen en la torre. Ellos pueden prestarnos cobertura también para cuando los que nos atacan queden al descubierto— entonces miré a Juan. —¿Puedes correr?
—Claro que puedo. Los dioses están de mi lado… ¿No lo sabias?
—Déjate de dioses. ¿Puedes o no?— pregunté nuevamente.
—Creo que si— respondió Juan.
—Muy bien. Cuando yo os diga quiero que salgamos corriendo. Cuando den la cara me los cargaré. ¿Preparados?— Yuriko asintió y Juan lo intentó. –Muy bien. ¡¡¡Ahora!!!
Los tres salimos de nuestra cobertura y comenzamos a correr. Al vernos, varios tipos surgieron y comenzaron a dispararnos. Yo logré abatir a uno, pero cuando ese cayó surgieron dos más, logré disparar a uno, pero el otro me tenía completamente a tiro, justo cuando pensé que iba a ser mi final, una flecha cruzó el cielo y atravesó la cabeza de aquel tipo. Miré hacia el tejado donde estaba Katrina y allí la vi cargando otra flecha.
Por fin llegamos hasta la enfermería, entramos y enseguida nos vimos sorprendidos por Melanie, la cual nos apuntó con el arma, aunque enseguida la bajó.
—¿Qué tenemos?
—Herida de bala con orificio de entrada y salida— respondió Yuriko.
—Deprisa. Tumbadlo ahí— dijo Melanie mientras avanzaba recogiéndose el pelo en una coleta.
Tumbamos a Juan en una de las camas y mientras Melanie lo observaba, yo me acerqué a la ventana junto a Sheila. –Hemos acabado con una oleada, pero vendrán más. Deberíamos ir trasladando al resto de personas al túnel.
—¿Y que pasa con Rachel?— preguntó Sheila.
—Ella estará bien. Sigue con su equipo en la torre. Tu chica es una mujer de recursos. Escucha, necesito que te quedes aquí observando, esa puerta es la única manera de acceder a la enfermería. Si alguien que no sea cualquiera de la aldea se acerca, dispara.
—¿A dónde vas tú?— preguntó Sheila.
—Tengo que ir primero al autobús. Coger unos walkie talkie y entregárselos a nuestros compañeros. Así estaremos en contacto por si pasa algo. Tendríamos que haberlo hecho antes, pero Alaric nos sorprendió. Bueno, voy a salir— mientras caminaba miré a Melanie curándole la herida a Juan. Allí había más gente, la mayoría eran ancianos. —¿Cómo va?— pregunté refiriéndome a Juan.
—Podría ser peor. Su vida no corre peligro por la herida. Está débil, pero sobrevivirá si nos movemos para largarnos de aquí. Quizás podamos llegar al autobús y salir subidos en el. Esta gente… No podrá caminar mucho por esos túneles. Y ahora que todo está tranquilo, tenemos la oportunidad. Antes de que se vuelva a complicar— respondió Melanie.
Me quedé mirando a los ancianos y luego miré a Melanie. –No se si podremos sacarlos a todos de aquí. Muchos son demasiado viejos.
—No podemos abandonarlos. No sería humano y lo sabes.
—Claro que lo se, pero estamos hasta arriba de problemas. Y esta aldea ya no podemos salvarla. Te veo dentro de un rato.
Salí de la enfermería y me crucé con Katrina, seguida de Mike, Stacy y algunos Amish que se habían quedado para luchar.
—¿A dónde vas?— preguntó mi hermana.
—Tengo algo que hacer. Vosotros id llevando a este grupo a los túneles. No creo que tarde mucho en llegar otro ataque. Debemos aprovechar todo el tiempo que podamos. Venga moveros.
Katrina asintió y comenzó a dirigir su grupo. –Venga, seguidme.
Yo miré una última vez a mi hermana mientras se alejaba y enseguida me dirigí corriendo al autobús.
Entré en el vehículo y fui directo a donde guardábamos los walkie talkie. Cogí cuatro y salí. Justo entonces me crucé con Jill, Johana y otro grupo, el de la iglesia. Al único que no vi fue al padre Kaleb.
—¿Dónde está Kaleb?
—No quiere abandonar la iglesia, se ha quedando rezando— respondió Johana. –El muy gilipollas sigue creyendo que dios nos salvará. Era lo que estaba haciendo cuando llegamos nosotras. Rezar.
—Muy bien. Yo me encargo de el. Vosotras llevad a esta gente al túnel. Katrina, Stacy y Mike ya están allí. Yo tengo que llevarles esto a los que están en la torre. Aun nos queda trabajo por hacer. Hay muchos enfermos a los que únicamente podremos sacar de aquí a bordo de vehículos. No pueden caminar.
Johana y Jill se miraron y entonces me devolvieron la mirada. –Nosotras nos quedamos. Llevaremos a estas personas allí y nos quedaremos para ganar tiempo.
—Muy bien— respondí. –Venga.
Salí corriendo y llegué a la torre. Subí y les entregué el walkie talkie. –Con esto estaremos comunicados para todo lo que pase. Seguid en vuestro puesto, estáis haciendo un buen trabajo. Estamos trasladando a los rezagados.
—¿Sheila está bien?— preguntó Rachel.
—Si, lo está. Todos están bien. Hemos logrado salvar a muchos y…
No terminé la frase, Mouse pasó entre nosotros y señaló a la puerta principal. Allí por el camino a lo lejos se veía movimiento. Yo me acerqué a la barandilla y me lo quedé mirando. Volví la vista atrás. —¿Alguien tiene prismáticos?
Alexandra asintió y me los pasó, me los llevé a los ojos y sentí como el corazón me daba un vuelco. –Joder…— le pasé los prismáticos a Rachel para que esta mirara. Esta los bajó y me miró.
—¿Cuánto crees que tardarán en llegar?— preguntó Rachel.
—Debe haber más de cuarenta tipos. Todos llevan kevlar y vienen hacia aquí en formación. Lo de antes no era nada, la verdadera guerra empieza ahora. No creo que tarden mucho más de diez minutos. Vosotros quedaros aquí vigilando y disparad a los que crucen la puerta cuando lleguen. Hay que evacuar a la gente.
Bajé corriendo por las escaleras de mano y atravesé corriendo el campo en dirección a la iglesia, mientras corría no dejaba de mirar la puerta principal. Aquellos tipos venían enfundados en trajes de kevlar, los mejores para evitar las balas. Venían en formación dando un aspecto de marabunta de muerte. No podríamos repeler un ataque así, había que llevarse a todos. Llegué a la iglesia y allí vi al sacerdote arrodillado delante de una gran cruz. Detrás de el aun había dos mujeres sentadas en los bancos, eran dos mujeres que habían salido de Manhattan con nosotros, los tres estaban rezando.
—¡¡¡Padre!!! No hay tiempo para esto. Tenemos que largarnos. Rezar no le salvará.
—Ni huir tampoco. Siempre será igual. Nosotros nos estamos encomendando a dios. Vosotros deberíais hacer lo mismo, ya no queda nada bueno en este mundo, salí de Manhattan por que me negaba a aceptar la rendición, pero ahora…
—¿Qué es lo que ha cambiado? Creí que era un luchador, creí que lucharía hasta el final.
—El final llegó hace tiempo y no quisimos darnos cuenta. Yo me quedaré aquí y que sea lo que dios quiera…
En ese momento escuché varios disparos, seguidamente escuché la voz de Rachel en el walkie talkie. –Juanma. ¿Qué estás haciendo? Ya casi están aquí. Hemos intentado dispararles, pero no hay manera. Hay que salir de aquí. No vamos a poder con ellos. Jill y Johana están ayudando a los enfermos a subir al autobús. Tenemos que irnos.
—Voy— respondí, luego corté la comunicación y volví a mirar al sacerdote. –Padre…
—Ve a donde tengas que ir. Nosotros quizás nos veamos algún día en el paraíso.
No pude convencerle, no lo iba a conseguir. Me di media vuelta y salí corriendo de la iglesia.
Regresé a la casa enfermería y vi a Melanie y a Sheila preparando a los ancianos para la partida. Johana estaba esperándonos en el autobús con los demás. Me fijé en Juan y vi que tenía mejor aspecto. No quería ni imaginarme lo que podría haber pasado si no hubiésemos llevado a Juan a la enfermería.
—Muy bien— dije mientras ayudaba a una mujer a caminar. –Tenemos el tiempo un poco en contra. Tenemos que ser rápidos.
Fuimos saliendo y comenzamos a ayudar a subir a los ancianos al vehículo. Entonces escuché el sonido del walkie talkie. Era Rachel.
—Se están acercando. No tardarán en llegar.
—Ya estamos. Nos largamos. Aun así hay que crear una distracción— respondí ayudando a sentarse a una señora que había tenido una caída unos días antes.
Bajé del autobús con el walkie talkie en la mano mientras no dejaba de observar la entrada principal. Incluso podía escuchar el sonido de varios pies avanzando hacia nosotros. Fue entonces cuando vi a Katrina correr hacia mí.
—¿Qué cojones estás haciendo aquí Kat? Tendrías que haberte marchado por los túneles con los demás. Tienes que marcharte de aquí antes de que…— no terminé la frase. Tuvimos que refugiarnos detrás del autobús cuando una lluvia de balas nos sorprendió. Algunos cristales reventaron y los trozos cayeron sobre nosotros. Los gritos del interior del vehículo enseguida comenzaron a escucharse, era evidente que había heridos, incluso algún muerto.
—¡¡¡Subid!!! Tenemos que salir de aquí— gritaba Johana desde el interior. –Hay una puerta por la que podéis salir si os vais ya. Si están todos aquí no tendréis problemas. Katrina, ve con ellos.
—No. Me quedaré contigo— respondió mi hermana mientras se asomaba para lanzar una flecha. El proyectil salió disparado y rebotó en uno de los trajes de Kevlar.
El autobús comenzó a moverse mientras mi hermana y yo lo usábamos como cobertura. Entonces llegamos a un carruaje y allí nos quedamos mientras el autobús seguía alejándose. No tardamos en verlo salir atravesando la puerta y escapando mientras Katrina y yo corríamos a ocultarnos. Nos metimos en una casa y desde allí vimos como una enorme multitud de hombres con trajes de kevlar. Uno de ellos pareció sacar un lanzagranadas y disparó contra la parte inferior la torreta donde estaban Rachel y su grupo. Esta comenzó a derrumbarse y finalmente cayó parte de ella en el bosque. Intenté ir, pero Katrina me agarró del brazo. —¿A dónde vas?
—Tengo que ayudarles. Todavía podrían estar vivos.
—No llegarás vivo, te matarán antes. Tenemos que irnos de aquí cuanto antes— yo intenté ir, pero Katrina siguió reteniéndome. —¡¡¡Juanma!!! Solo quedamos nosotros.
Miré de nuevo a donde había estado la torre, también miré a los hombres que estaban tomando la aldea. No quisimos defender la aldea, simplemente estábamos luchando para que los que estaban en los túneles pudieran alejarse con tiempo. Eso si lo habíamos conseguido. Lamenté no haber podido hacer nada más y me alejé corriendo con Katrina. Saltamos el muro y comenzamos a correr por el bosque mientras pensaba en que le diría a Sheila respecto a Rachel.
*****
Alaric entró en la aldea, allí varios de sus hombres comenzaron a pararse a saludarlo, entonces Derek se le acercó.
—¿Qué nuevas hay? ¿Algún superviviente?
—Hemos encontrado a tres en la iglesia y a uno entre los restos de la torreta. Estaba herido y no creo que le quede mucho de vida— respondió Derek. –Sígame.
Alaric siguió a Derek y ambos llegaron a un huerto donde tenían retenidas a dos ancianas, a un hombre mayor que iba vestido de sacerdote y a un hombre de raza negra, el cual estaba sangrando. Los cuatro estaban arrodillados en el suelo —¿Solo estos? ¿Dos viejos, un cura y un negro que se está desangrando? Debe ser una broma. ¿Dónde están los demás? Aquí debía haber como mínimo cien personas. ¿Dónde coño se han metido?
—Vimos salir un autobús a toda velocidad, intentamos detenerlo sin éxito, pero ahí no había ni veinte personas. No sabemos que ha pasado— respondió uno de sus hombres quitándose el casco. –Quizás ellos sepan algo.
Alaric miró a los rehenes y centró su atención en el sacerdote. Camino hacia el y se agachó para mirarlo a los ojos. —¡¡¡Hola padre!!!— saludó con una sonrisa. –Mi nombre es Alaric. ¿Cómo se llama usted?
—Kaleb— respondió el sacerdote.
—Encantado, le estrecharía la mano, pero creo que no es momento para formalidades. ¿Sabe? Hoy es un gran día para usted, por que hoy será usted quien se confiese. Adelante, dígame donde están todos. Seguro que lo sabe.
—No diré nada, no traicionaré a los míos.
En ese momento Alaric clavó un cuchillo en la cabeza de una de las ancianas y cuando está se desplomó hacia delante retiró el arma y volvió a mirar al sacerdote, el cual se había quedado mirando a la anciana muerta con los ojos muy abiertos.
—Segunda oportunidad ¿Dónde están los demás?
—Puedes matarme si quieres, pero no diré nada. Vete al infierno. No pienso…— el padre Kaleb no terminó la frese, Alaric acabó con la vida de la otra anciana situándose detrás de ella y cortándole el cuello, dejando que la sangre lo salpicara.
—Ya se  ha manchado las manos de sangre padre. Su tiempo se agota y mi paciencia también. O me dice lo que quiero saber o el siguiente será este joven encantador que queda. A el le ahorraremos el sufrimiento, no debe quedarle mucho. Pero si no habla le haré daño. ¿Verdad?— Alaric miró al afroamericano y entonces vio como sangraba por la boca. —¿Pero que coño?— preguntó Alaric.
Uno de los hombres agarró al tipo negro y luego miró a Alaric. –No me jodas. Este se ha mordido la lengua para que no le saquemos nada. Que listo es el cabrón. Sabía que habría terminado cantando y por eso se ha mordido la lengua.
—Entonces mátalo— respondió Alaric. –Si no puede hablar no me sirve para nada.
El hombre que estaba en el bando de Alaric empujó a Ben contra el suelo y luego le disparó a bocajarro en la cabeza. El sonido del disparo hizo que los oídos del padre Kaleb comenzaran a pitar. Alaric volvió a mirar al sacerdote y cuando iba a hablarle uno de sus hombres le pasó un walkie talkie.
—¿Qué es lo que pasa?... ¿Qué?... ¿Dónde? Muy bien. Voy para allá. Que nadie haga nada. Lo quiero para mí— Alaric cortó la comunicación y miró al sacerdote. –Mire por donde padre… No hará falta que traicione a nadie. Ahora deberá estarme agradecido, voy a mandarlo por correo urgente con su jefe— seguidamente disparó a Kaleb en la cabeza. Justo en ese momento llegaron dos hombres corriendo. —¿Qué es lo que pasa?
—Estábamos en el granero y hemos encontrado algo que parece una entrada a los túneles. Creemos que pueden haber huido por ahí.
Alaric creyó explotar de la rabia, ahora se había dado cuenta de lo que había pasado. Los habían tomado por idiotas, les habían tomado el pelo. Mientras ellos se enfrentaban, los demás estaban en algún lugar donde los había llevado aquel túnel.
—Escuchad. Quiero que un grupo recorra esos túneles hasta el final y que acabe con todo aquello vivo o muerto que se cruce en vuestro camino, si los encontráis no quiero que los matéis a menos que sea necesario, eso es un privilegio que me reservo yo. El resto que peine el maldito bosque. Derek, tu yo vamos a por el líder. Está huyendo a través del bosque. ¡¡¡Vamos!!!
Los hombres de Alaric comenzaron a movilizarse y a abandonar la aldea.
*****
Rachel, Mouse y Alexandra estaban ocultos en el bosque. Habían sobrevivido al derrumbe de la torreta. El peor parado había sido Ben. El cual había quedado atrapado entre las maderas y cuando habían querido ayudarlo habían descubierto que un trozo de madera estaba atravesando su abdomen. El mismo les había dicho que se alejaran de allí cuando vio que se estaban acercando los tipos que los habían asaltado.
—¿Qué hacemos ahora? Esos cabrones parece que han descubierto la entrada a los túneles. Si los siguen estaremos jodidos. Tenemos que correr— dijo Mouse.
—Tenemos que llegar a la iglesia esa y avisarlos. Aquí ya no nos queda nada que hacer— dijo Rachel. Rápido, no os paréis, no nos queda tiempo.
Los tres comenzaron a correr a través del bosque en dirección a la iglesia, siguiendo las indicaciones que les habían dado si ocurría algo.

Bosque…

Llevábamos horas dando vueltas por el bosque y no encontrábamos ni rastro de la iglesia. Tantas horas habían pasado que la noche había caído sobre nosotros y nuestros estómagos comenzaban a protestar.
—Creo que ya podemos decir que nos hemos perdido— dijo Katrina mirándome en la oscuridad. Solo podíamos vernos con la luz de nuestras linternas.
—Si. Eso es evidente. Los demás deben estar preocupados. Seguramente han escuchado todo el jaleo. Me preocupa sobretodo Vicky, temo que quiera regresar a la aldea.
—No lo hará. No te preocupes. Los demás estarán a salvo. Oye, quizás deberíamos buscar refugio para comer algo y pasar la noche. Con el amanecer veremos mejor lo que nos rodea y será mucho más fácil encontrar esa iglesia. Íbamos huyendo, es normal que nos hayamos perdido. Quédate aquí descansando mientras voy a ver que encuentro. Ahí hay una formación rocosa, quizás encuentre alguna cueva.
—Muy bien. Ve con cuidado— le dije a mi hermana. Lo cierto es que yo estaba demasiado cansado y preocupado por los demás.
Mientras Katrina desaparecía entre la maleza, yo me sentaba en el suelo apoyándome en el tronco de un gran árbol, con el oído siempre alerta por si aparecían caminantes. Un minuto después de que Katrina se marchara escuché un ruido de una rama al romperse, alguien la había pisado, enfoqué en la dirección que había sonado el ruido y entonces vi aparecer a Katrina. Iba a decir algo cuando vi a una segunda silueta surgir detrás de ella, era un hombre delgado de blanca piel y melena dorada, era Alaric. Me levanté rápidamente, pero este agarró a Katrina y le apuntó a la cabeza con una pistola.
—Ya sabes como funciona esto. Un movimiento en falso y tendrás que cargar también con su muerte. Deja tus armas en el suelo ahora— me ordenó Alaric. Yo hice rápidamente lo que dijo y dejé el fusil en el suelo junto a la pistola. Después dejé la mochila. –Muy bien. Así se hace, como un perro obediente. Te juro que me ha costado dios y ayuda encontraros, incluso he perdido al que iba conmigo.
—Alaric— comencé a decir. –Esto no tiene por que ocurrir. Déjala ir. Es conmigo con quien tienes el problema. Fui yo quien mató a uno de tus hombres aquella vez y fui yo quien te disparó a ti.
—Lo del disparo no es menester que lo digas. El recuerdo aun me dura. Tuviste muchos cojones al hacerlo. Nunca nadie me había plantado cara así. ¡¡¡Nunca!!! Y ahora llegas tu y mandas todo lo que había creado a tomar por el culo. ¿Cómo crees que me siento? Tenía montado mi propio sistema y tenía a Malaquías comiendo de mi mano. Incluso podría deslizar mi polla por su garganta y el me daría las gracias, pero tu llegada y la de tu grupo cambió las cosas. Si vosotros no hubieseis llegado… Todo seguiría igual.
—Si algo he aprendido desde que empezó esto, es que no todo dura para siempre. Tarde o temprano las cosas se tuercen. Eso es lo que llevo viendo desde que el mundo entró de lleno en el infierno— respondí. –Esto no tiene por que ser así a partir de ahora. Tienes un grupo numeroso y cuantos más numeroso es un grupo más posibilidades tiene de sobrevivir.
—¿Qué es lo que quieres decir?— preguntó Alaric apuntándome a mi esta vez.
—Digo que podemos tratar de olvidar lo sucedido y unir fuerzas— respondí levantando las manos. –Podemos empezar de nuevo— en ese momento escuché un disparo y un fuerte dolor en el costado. Tan fuerte que me hizo caer de rodillas.
—Ya estamos en paz. ¿De verdad te crees que voy a dejar que me tomes el pelo otra vez? ¿Empezar de nuevo olvidándolo todo? ¿Unir fuerzas? Que te jodan. Ya me he cargado a cuatro de los tuyos. Me he cargado a dos viejas, a un cura y a un negro que han encontrado atrapado entre las maderas de esa torre. ¿Acaso tú olvidarás eso? ¿O aprovecharás cualquier descuido mío para terminar el trabajo que no terminaste en la puerta? Ni lo sueñes. ¿Sabes que haré con ella? ¿Sabes que haré con tu querida hermana?— entonces miré a Alaric. –Si, se quien es ella. Lo sabíamos todo sobre vosotros, esa furgoneta y esos tipos que os seguían fue como un regalo, tenían todo tipo de información sobre vosotros. Voy a coger a tu hermana y pienso tirármela mientras nos miras, luego intentaré mantenerte con vida para que veas como llegamos a donde quiera que llevan esos túneles, allí donde están el resto de tus compañeros. Allí donde están tu mujer y tu hija, me las cepillaré a las dos. A la cría primero y luego a la zorra embarazada, a la que le abriré el vientre, le sacaré el bebé y puede que entonces te lo haga comer. Cuando vea que ya no puedes sufrir más acabaré contigo. Así que ni se te ocurra morirte.
En ese momento vi como Katrina se sacaba un cuchillo del cinturón y con un rápido movimiento se lo clavaba a Alaric en la pierna. Este lanzó un grito y tiró a un lado a Katrina, dejándola inconsciente. En ese momento sentí un ataque de rabia y me lancé contra el, este me miró con cara de miedo y de sorpresa, entonces, antes de que pudiera hacer y decir nada, cogí su cabeza entre mis manos y le rompí el cuello.
Este cayó al suelo y yo me quedé una vez más de rodillas. Me quedé un rato allí observando. Sabía que Katrina estaba bien, únicamente había perdido el conocimiento por culpa del golpe. Segundos después me vi rodeado por hombres de Alaric que salieron de entre la maleza. Uno de ellos se acercó a mi y luego me apuntó a la cabeza con una escopeta, para acto seguido preguntarme.
—¿Está muerto?
—Si— respondí jadeando.
En ese momento el hombre de Alaric dejó de apuntarme y seguidamente le disparó a Alaric en la cabeza. –Nunca se está suficientemente muerto— el hombre de Alaric miró a los demás hombres que habían comenzado a rodearnos. –Bajad las armas. Esto ha terminado. Alaric está muerto y nada nos retiene aquí. ¿Algunos no queríais marcharos? Esta es la oportunidad que estabais esperando. Nos largamos— en ese momento aquel tipo dejó caer una caja  mi lado. Ahí tienes un botiquín. Nosotros ya no volveremos a vernos, no volverás a vernos a ninguno de nosotros.

Los hombres de Alaric se dieron media vuelta y se alejaron perdiéndose en el bosque mientras nuevamente Katrina y yo nos quedábamos solos.