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sábado, 6 de febrero de 2016

NECROWORLD Capitulo 103

Día 2 de Octubre de 2010
Día 825 del Apocalipsis
Hotel… 09:00 de la mañana…

—Me tenían encerrada. Desde el preciso momento que me negué a participar en su barbarie. El tipo que creía que era mi novio me encerró y permitió que sus amigos abusaran de mi, repetidas veces. También el lo hacía. No importaba a donde fuéramos, me trasladaban encerrada en una caravana, amordazada e inmovilizada. Me ponían una capucha en la cabeza para que me desorientara— explicaba Silvia a los que la estábamos escuchando, había decidido hablar y allí estábamos escuchándola Melanie, Faith, Katrina, Sheila, Juan, Mike, Rachel y yo.
—¿Y tu bebé?— preguntó Sheila
—A.J se llevó a mi hija y luego me dijo que estaba muerta. Hoy debería tener poco más de cinco meses. Ese cabrón no me dejó tenerla ni en brazos.
—¿Cuántos son y donde se encuentran?— pregunté mirando a Silvia.
—Antes eran más. Yo maté a tres, así que a menos que haya muerto alguno más… Quedan ocho. A.J y siete más. El ultimo lugar en el que estuvimos, por lo que vi, es un taller de coches que está junto a unas vías del tren, las seguí durante un buen rato antes de que me encontrarais— me respondió Silvia.
Yo asentí, primero miré a Juan y luego nuevamente a Silvia. —¿Si organizo un equipo para ir allí nos guiarías?
—Puedo guiaros, pero con una condición.
—¿Cuál?— pregunté.
—A.J… A el quiero matarlo yo, no me importa lo que ocurra con los demás, pero a A.J lo quiero para mi.
Asentí y di por finalizada esa pequeña reunión, rápidamente me dirigí a Katrina, Juan y Mike. –Reunid a diez personas más. Son ocho, tenemos que superarles en numero. No saben que vamos, les pillaremos por sorpresa. Tenedlos dentro de media hora. Yo tengo que ir a hablar con Alard. Quiero que me explique por que tenía caminantes en su laboratorio y no me había dicho nada.
Los tres asintieron y salieron por la puerta, fue entonces cuando miré a Silvia. –Espero por tu bien que no nos estés mintiendo ni sea una trampa.
—No os estoy tendiendo una trampa, te lo juro. Solo quiero sobrevivir como vosotros, y se que con ellos por ahí no será cosa fácil.
—Si todo sale bien y has sido sincera te podrás quedar aquí con nosotros— respondí, seguidamente salí por la puerta y me dirigí  a la parte trasera del hotel. Cuando salí me encontré a varios de los Amish trabajando en los huertos. Todos trabajaban durante el día, eran expertos agricultores y les debíamos muchísimo, por eso no terminaba de gustarme que entre todos hubiesen decidido ocupar la sala de baile, y más aun sabiendo que había habitaciones enormes sin ocupar. Fue en ese momento cuando me encontré con el viejo Zacarías, el único Amish que no había querido irse a la sala de baile con todos los demás.
—Buenos días ¿Todo bien hijo?
—Buenos días. Si, todo va bien, solo que voy a llevarme a un grupo para asegurarnos que todo estará bien y no tengamos problemas— entonces miré a uno de los campos y vi a varios de los nuevos que estaban trabajando. —¿Esos no son los nuevos? Aun no me he acercado a hablar con ellos, ni siquiera se sus nombres. He estado muy ocupado.
—Ya tendrás tiempo, aunque te adelanto que son buenos chicos.
—Bueno. Voy a ver si hablo con Alard. Está en su laboratorio ¿No?
—Si. Hace rato que lo vi ir acompañado de su ayudante— respondió Zacarias.
—Gracias— respondí dándole una palmada en el brazo. Después de eso seguí caminando hacia el laboratorio. Por el camino me crucé con una de las jóvenes Amish que estaba de pie mirándose la mano, al verme levantó la cabeza, me sonrió y siguió trabajando recogiendo la cosecha.
Por fin llegué al laboratorio, abrí la puerta, allí estaban Alard y su ayudante Susy Brown. Nada más verme, el viejo científico salió a mi encuentro.
—Se lo que vas a decirme y lo entiendo, pero aunque eran peligrosos debes saber que me aseguré de que no pudieran morder. Les quité los dientes.
—¿Por qué no me dijo nada? Aquí hay niños…— pregunté tratando de no perder los estribos. –Los caminantes son peligrosos y estamos aquí para estar alejados de ellos, no para tenerlos dentro como si fueran mascotas.
—No puedes ni imaginarte las cosas que hemos averiguado de ellos, te sorprenderías— replicó el doctor. –Podemos enseñarles si nos lo proponemos. Quizás así no serian peligrosos.
—Quizás con el tiempo dejarían de ser una amenaza— dijo Susy –El doctor solo quiere hacer que las cosas sean mejores. Que no volvamos a tener miedo.
—No hay forma de domesticarlos— respondí. –Simplemente no quiero que meta caminantes aquí, ni que nadie se dedique a jugar con ellos ¿Me entiende?
—Si me das tiempo…— replicó Alard. Aunque se detuvo para tomarse su medicación. –Si me das tiempo puedo demostrarte que es posible. Esos seres se mueven por el cerebro, yo los he visto hacer cosas como si recordaran, vi hace tiempo como uno de ellos tenía un peine en la mano y ante un espejo se lo pasaba por la cabeza. Solo hay que buscar esa parte del cerebro para que esos recuerdos y el raciocinio se impongan.
—No quiero aquí caminantes doctor. Simplemente hágame caso y obedezca o me veré obligado a echarle de aquí. Si quiere seguir con sus investigaciones hágalo, pero hágalo lejos de aquí y sin poner en peligro a la gente— seguidamente me di la vuelta y salí de allí dando un portazo.
*****
Alard volvió a tomarse sus pastillas ante la mirada de su ayudante. —¿Qué haremos ahora? Sin caminantes no podremos seguir con la investigación.
—Seguiremos como hasta ahora. Lograré que lo entienda. Entenderá que es posible. Susy, llama a unos cuantos chicos, necesitamos especímenes para la investigación.
*****
Regresé al hotel, en el hall estaban Katrina, Juan, Mike y Silvia. Acompañándolos estaban Yuriko, Johana, Alexandra, Stacy, Dylan, Levine, Arianne, Tamara, Nick y Forrest, estos eran dos hombres que habían salido de Manhattan cuando huimos. No esperaba que se unieran al equipo de expedición.
—Muy bien. Ya estamos todos. Es hora de salir. Forrest y Nick. Vosotros es la primera vez que os presentáis voluntarios. ¿Qué conocimientos tenéis respecto a armas?
—Yo he estado practicando en la bolera— respondió Forrest.
—Yo también he estado practicando ahí— contestó rápidamente Nick.
—A ambos los he instruido yo. Son aptos— dijo Johana.
Entonces asentí y comencé a contarles el plan que tenía. Guiados por Silvia íbamos a ir a pie hasta el refugio de esos tipos y acabaríamos con ellos. No podíamos permitir que esas personas siguieran por allí, eran del grupo al que pertenecía aquel que le lanzó la flecha a Mike.  Pocos minutos después y tras despedirnos de los demás, salimos por la puerta principal y comenzamos a caminar a través del bosque. No quería usar vehículos por el ruido, eso podría poner en sobre aviso a aquellos tipos. No quería que nos vieran llegar, así sería mucho más fácil iniciar nuestro asalto. Mientras caminábamos vi a Silvia situarse a mi lado.
—Siento todo lo que ha pasado. Me refiero a lo de apuntarte con el arma y con lo que les hice a las medicas. Lo siento de veras— se disculpó Silvia. –Espero que lo entiendas, estaba asustada y este mundo es tan duro y cruel que nunca sabes de quien puedes fiarte.
—Te entiendo perfectamente. ¿Cómo acabaste aquí? Me refiero a estados unidos. Me sorprendí mucho cuando descubrí que eras española.
—Conocí a A.J por internet y me enamoré de él como una loca. Eso fue un mes antes de que todo ocurriera, de hecho ya se estaba hablando del virus extraño similar a la gripe por aquel entonces. Dejé todo lo que tenía en Cáceres y me vine a vivir aquí— yo dejé escapar una pequeña carcajada, lo que hizo que Silvia me mirara. —¿Eh dicho algo gracioso?
—Cuando era militar, en mi tiempo de instrucción. Estuve allí en un cuartel de Cáceres. Que casualidad ¿Verdad? Solía ir por allí durante las tardes de tiempo libre. Iba mucho al cine que había en el eroski.
—Yo también. Eso esa como un templo para muchos jóvenes. ¿Quién sabe? Quizás nos cruzáramos en algún momento. Será por casualidades.
Seguimos andando y conversando hasta que llegamos a un pequeño rio. Había un puente roto, por lo tanto tendríamos que cruzar el rio a nado. No parecía que hubiera otra forma de pasar.
—Podríamos tratar de buscar otro puente— sugirió Tamara. –Está empezando el frio y no creo que meternos en el agua sea buena idea. Podríamos acabar sufriendo hipotermia.
—Mi hermana tiene razón— dijo Arianne.
Le pedí el mapa a Yuriko y esta me lo pasó, lo extendí sobre una roca. Yo recordaba haber vuelto por un puente tras el incidente de la casa, pero llegar hasta el implicaba dar toda la vuelta. Era cierto que no había prisa, pero tampoco quería que nos cogiera la noche en el bosque.
—Según el mapa tenemos un puente a unos dos kilómetros— dijo Juan. –A menos que lo hayan volado igual que este.
—Muy bien. Pues vamos hacia allá— dije al tiempo que recogía el mapa y lo guardaba en mi mochila. Seguidamente reanudamos la marcha.
No tardamos mucho en llegar al puente, habíamos tenido bastante suerte. Este seguía estando en su sitio. Cuando llegamos a el vimos a varios caminantes deambulando por el, al vernos comenzaron a caminar hacia nosotros. Vi como Silvia sacaba la pistola, pero yo rápidamente se lo impedí.
—¿Por qué?
—No son muchos. No necesitamos armas de fuego— dije al mismo tiempo que sacaba el machete y les pedía a Juan y a Mike que me siguieran. Yo llegué junto al primero, y cuando trató de agarrarme lo empujé, seguidamente le clavé en machete en la cabeza. Al segundo le corté la cabeza y luego clavé el machete en esta. Vi como Juan y Mike hacían lo propio con los demás No Muertos. Cuando acabamos seguimos nuestro camino hasta que llegamos a las vías del tren. Allí Silvia comenzó a fijarse en las indicaciones.
—Es por aquí— dijo Silvia yendo hacia la izquierda.
Seguimos a Silvia por las vías, pasamos junto a varios vagones de tren abandonados. Vimos restos de caminantes, sus cuerpos estaban prácticamente aplastados y solo tenían sana la cabeza. Al verlos, Silvia me miró.
—¿Qué ocurre?— pregunté.
—Es su firma— respondió Silvia. –A.J y los demás disfrutan destrozando caminantes. Han sido ellos. Habrán pasado por aquí hace tiempo y los habrán dejado así solo por diversión. Antes de que me encerraran y empezaran a hacer las barbaridades que hacen ahora… Vi como cogían a varios caminantes, fue terrible… Fue espantoso. Ahí fue cuando me di cuenta de que la humanidad que tenían se estaba esfumando. Ya no se comportaban como personas, eran animales.
Seguimos caminando hasta que Silvia alzó la mano y nos hizo una señal, todos nos paramos y esperamos. Ella se acercó a nosotros y comenzó a hablar en voz baja. –El taller está ahí.
Comencé a hacer señas y los demás comenzaron a tomar posiciones. Seguidamente comenzamos a avanzar en abanico. Cuando llegamos a la fachada comenzamos a rodear el taller. Le pedí a Silvia que se quedará atrás mientras Katrina y yo avanzábamos hasta la puerta más cercana. Nada más llegar vi que la puerta estaba entre abierta. Me quedé quieto escuchando, pero no se escuchaba nada. Miré a mi hermana y le dije que se preparara, entonces abrí la puerta de repente y ella y yo entramos apuntando en todas direcciones, pero allí no había nadie. Fue entonces cuando vi a Juan y a Mike aparecer.
—Aquí no hay nadie. Fuera en el otro lado hemos visto huellas de neumático de moto recientes. Se han largado.
Los demás comenzaron a entrar también. El taller estaba vacio, fue entonces cuando noté algo que cayó en mi cabeza, me llevé la mano al pelo y toqué algo espeso, cuando me miré la mano vi que era sangre. Todos miramos al techo y vimos el cuerpo de una mujer atravesado por un gancho, esta estaba desnuda y parecía que había estado retenida. Rápidamente miré a Silvia.
—Es la mujer a la que maté antes de escapar— dijo ella mirando hacia arriba.
Cuando la bajamos vimos que en sus brazos y piernas había señales, era como si hubiese estado amarrada. No tenía mandíbula inferior. Al inspeccionarla nos dimos cuenta de que tenía los brazos y piernas rotos.
—Esto es cosa de Reed. Ese tipo es un sádico y un cabrón. Además de un cerdo. Cuando lo conocí… A.J me contó que había estado en la cárcel acusado de violación. Decían que había cambiado, hasta que un día vi con mis propios ojos como violaba a una caminante. Decía que la mezcla de morbo con la adrenalina lo ponía a mil.
—No te ofendas, pero ibas con unos auténticos degenerados— dijo Stacy mirando a Silvia.
En ese momento Silvia comenzó a patear el cuerpo de la mujer muerta mientras lanzaba gritos de rabia. Juan y yo tuvimos que cogerla para que parara.
—Esa zorra fue la que me abrió y me quitó a mi hija.
—Ya la mataste antes. Esto ya no merece la pena. ¡¡¡Para!!!— Silvia paró de darle patadas y me miró. Entonces me dirigí a todos. –Estos tipos ya no están aquí. Volvamos al hotel. Es evidente que se han ido de aquí para no volver.
Salimos del taller y no pude evitar fijarme en Silvia. Su expresión delataba que sentía rabia y decepción. Podía imaginarme que deseaba encontrar a aquella gente y hacerles pagar todo lo que le habían hecho. Conocía bien esa sensación, era la misma que había sentido en muchas ocasiones. Con Álvaro, con Smirnov, con el que mató a Sean y violó a Rachel. Yo con ellos había llevado a cabo mi venganza y los había asesinado sin compasión, manchándome con su sangre. También entendía esa frustración de no poder hacerlo. A Silvia la habían humillado y destrozado, y cuando tenía la venganza al alcance de la mano, no había podido llevarla a cabo.
Durante todo el camino de regreso al hotel, Silvia no dijo nada, estaba callada. Una vez en el hotel cada uno se fue a dar una ducha. Cuando terminamos de ducharnos fuimos a comer con todos los demás. Les conté a Eva y a Vicky que no habíamos encontrado nada, que esos tipos se habían marchado antes de que llegáramos. Habíamos hecho ese pequeño viaje en vano.

Las Vegas…
16:00 horas de la tarde…
Dorian estaba en su habitación cuando escuchó que llamaban a la puerta. Cuando abrió la puerta se encontró con la periodista que había llegado con el grupo de Carlos. Aunque no recordaba su nombre.
—Buenas tardes señorita…— dijo Dorian.
—Morales. Soy Terry Morales. Me preguntaba si tenía un momento— respondió la periodista.
—Para usted tengo todo el tiempo del mundo. Pase— dijo Dorian dejándole pasar, después cerró la puerta. Cuando la periodista entró se sentó y Dorian fue al mueble bar. —¿Quiere tomar algo señorita Morales?
—No, gracias— respondió la periodista.
Dorian se alejó del mueble bar y se sentó frente a ella. –Bien. ¿En que puedo ayudarla? ¿A que se  debe su compañía?
En ese momento la periodista sacó una cámara de video. La cual dejó sobre la mesa. –Quiero hacer un gran reportaje de esto y estoy entrevistando a los supervivientes, sus puntos de vista. Me gustaría conocer el suyo. Quiero hacerle una entrevista.
—¿Una entrevista?— preguntó Dorian con una sonrisa. –No veo ni el sentido ni la necesidad de hacer algo así. Lo que quede del mundo ya tendrá oportunidad de conocerme cuando yo sea el amo y señor de todo. Estos seres no durarán para siempre, y cuando desaparezcan, ahí estaré yo para dirigir a aquellos que quieran seguirme y someter a aquellos que me planten cara. Eso ocurrirá algún día.  Y dime… ¿Tienes alguna entrevista en esa cámara tuya?
—Solo una— respondió la periodista. –Pero no es muy importante. El que me la concedió puede que esté muerto. Hace meses que no lo veo.
—¿Quién fue?— quiso saber Dorian.
—No importa mucho— respondió la periodista. –Solo contaba la historia de su vida. Su nombre era Juanma, es el hermano de Carlos.
En ese momento Dorian dejó ver una sonrisa de blancos dientes. –Ahora más que nunca deseo verla— Dorian cogió la cámara y comenzó a ver la entrevista con atención.

Hotel…
17:00 de la tarde…

Me encontraba echándoles de comer a los caballos. Era algo que me gustaba hacer desde que los teníamos. Les eché varios fardos de hierba y salí de los establos, entonces me encontré con Silvia, esta venia acompañada de Stephany.
—¿Ves? Aquí está. Le encanta venir aquí a alimentar a los caballos— dijo Stephany con una sonrisa.
Me quité los guantes y luego le di un trago a la botella de agua, entonces me dirigí a ellas. —¿Ya te has instalado? Quiero que sepas que aunque no llegaste aquí como todos eres bienvenida. Luego si quieres te haré un paseo guiado.
—Eso puedo hacerlo yo— dijo Stephany.
—Tú tienes cosas que hacer. A las seis tienes cuentos que contar a los niños. Te comprometiste a ayudar a Diana con ello. No intentes escaquearte ahora. Yo puedo enseñarle todo esto. Y si quieres hacer tiempo hasta lo de los cuentos puedes coger e ir a la bolera a prácticas de tiro. De eso también te escaqueas… Y mucho.
—Deja de darme ordenes, no eres mi padre— replicó Stephany.
—No lo soy, pero soy el que manda aquí. Así que soy yo quien se encarga de mostrarle esto. Ve a prácticas de tiro y luego ve a contar cuentos.
*****
Stephany se dio la vuelta y se fue dando zancadas. Estaba harta de que la trataran como a una niña. Ella no era ninguna niña, y aunque Juanma fuera el líder, no tenía derecho a darle órdenes. Se dio la vuelta y vio a Juanma y a la nueva alejarse. Fue en ese momento cuando se chocó con alguien, se dio la vuelta rápidamente y se encontró con una chica, la cual era una de los Amish a juzgar por la vestimenta que llevaba, no había tenido mucho trato con ellos desde que había llegado.
—Lo… Lo siento— balbuceó la chica. No debía ser mucho mayor que ella.
—No te preocupes— respondió Stephany. Entonces se fijó en que la chica estaba muy pálida. También estaba sudando. –Oye, ¿te encuentras bien? Parece que estás enferma. Si quieres puedo llevarte con las doctoras para que te atiendan.
—No. Solo es que me ha picado una avispa y soy alérgica, mira— la chica le mostró la mano hinchada donde podía verse la picadura. Solo tengo que tomarme la medicación  y acostarme, mañana estaré como nueva. No se lo digas a nadie, por favor.
—Pero quizás deberían echarte un vistazo— replicó Stephany.
—No, no. De verdad. No quiero que se alarmen por tan poca cosa— respondió la muchacha. Seguidamente se alejó corriendo hacia el interior del hotel.
Stephany sabía que cuando pasaba algo o alguien se encontraba mal o tenía una enfermedad, debía informar enseguida. Eran las normas allí. Salvo unos pocos que estaban vacunados contra el virus, los demás lo seguían teniendo, y bastaba con que uno de los que todavía lo tuvieran muriera para que luego se reanimara como un caminante. Aun así tomó la decisión de no decir nada, no hacía falta. La picadura de una avispa no mataba a nadie.
Stephany siguió su camino hacia el hotel y se encontró con Diana y los niños. Los cuales iban al jardín interior para escuchar el cuento. Allí estaban todos los críos incluida Vicky. Parecía ser que la hora del cuento se había adelantado un poco, algo que no la sorprendió.
—Ahí viene Stephany— dijo Cindy sin soltar a su gato.
Entonces Diana comenzó a saludarla dando saltos mientras sonreía. Stephany le tenía muchísimo cariño a esa chica. La veía tan frágil que sentía que debía cuidar de ella, tanto que incluso compartían habitación. Se habían hecho muy amigas.
—Muy bien chicos. ¿Estáis listos para el cuento de hoy?
Todos los niños y Diana gritaron afirmando, todos lo hicieron salvo Vicky. Eso no sorprendió a Stephany. Veía a Vicky muy madura. Quizás demasiado para su edad. Era la única de los niños que llevaba un arma y la única que tenía un carácter más serio. Era clavada a Juanma sin ser su hija biológica.
—Muy bien. Vamos.
Pasaron al jardín interior y los niños se sentaron en el suelo frente al banco donde se sentaron Stephany y Diana, entonces comenzaron a contar el cuento, ese día, Diana había elegido contar el cuento de “La bella durmiente”
*****
Había terminado de mostrarle todo el exterior del hotel a Silvia. Ella se mostraba entusiasmada con todo aquello. No parecía la misma persona que recogimos en estado de shock ni la misma de la mañana cuando habíamos ido al taller. Parecía relajada. Nos habíamos parado junto al corral de las gallinas.
—Me gusta mucho como os lo habéis montado aquí. Al principio tenía miedo, te tenía miedo a ti solo por ser un hombre. Lo siento.
—No te preocupes. Es normal después de todo lo que has pasado. Supongo que no ayuda que de repente te recojan dos desconocidos y te traigan a un lugar sin preguntarte— respondí mientras les echaba de comer a las gallinas. Te entiendo.
—Aun así no me quedo tranquila si no te pido perdón. Os habéis portado muy bien conmigo. Aun así quiero que me asignéis una tarea, veo que todos tenéis un trabajo aquí. Todos aportáis algo. Yo también quiero contribuir— pidió Silvia. –Quiero ser útil para el grupo.
—¿Qué se te da bien? Me refiero a que hacías antes de que pasara esto.
—Estudiaba informática, pero va a ser que eso ya no sirve de nada. Se me daba muy bien también el motor. Me reparaba yo misma mi coche.
—Bueno… Aquí la única persona especializada en motor es Yuriko. Creo que no le vendría mal un poco de ayuda. Es bueno tener los vehículos siempre a punto. Venga ven. Hablemos con Yuriko y a partir de mañana serás su ayudante.
Fuimos hacia donde Yuriko trabajaba con los vehículos. Al vernos vino a saludarnos.
—Yuri. Te presento a Silvia. Aunque más o menos ya os conocíais, a partir de mañana será tu ayudante aquí. ¿Te parece bien?
—Si claro. Me parece genial. Necesito ayuda aquí— respondió Yuriko con una sonrisa.
—Pues bien. Ya está decidido. Mañana ya puedes venir aquí a ayudar. ¿Queréis quedaros solas y conoceros un poco más? Yo tengo cosas que hacer ahora. Nos vemos.
Me fui de allí dejándolas a solas. Seguidamente entré en el hotel y me dirigí hacia el hall principal. Iba a reunir a todos los nuevos. Tenía que conocerlos y saber en que eran hábiles. Después de unos minutos acudieron y comenzaron a presentarse.
El grupo estaba encabezado por Prudence, una mujer de cuarenta años atlética de larga melena rubia. Ella y su grupo habían sido encontrados en Forsyth, en el grupo también estaban Scott de veintitrés años y su hermana Cordelia de veinte uno, ambos de pelo castaño y delgados.  Estaba Jordan, un hombre de treinta y cinco años de pelo corto negro, grueso y con gafas, el había sido informático antes de que la pandemia estallase. Corey había sido vecino de Jordan, tenía treinta años y al igual que su vecino estaba obsesionado con los ordenadores, decían que habían hackeado varios programas. Sven un joven de veintiún años era estudiante y fornido, era el quaterback del equipo de futbol de la universidad, normalmente se rapaba el cabello, aunque comenzaba a mostrar cabellos rubios. Damian tenía treinta y dos años, aunque parecía mucho más mayor debido a que ya mostraba alopecia, estaba bastante delgado. Drew era otro joven de veinticuatro años, afroamericano de pelo rizado. Phoebe de treinta años, rubia y esbelta, había sido modelo. Kelly de veintiocho años, pelirroja con la cara llena de pecas y delgada. Brandon de treinta y cuatro años, estaba en la guardia nacional y fue el único superviviente masculino del grupo en el que estaba antes de encontrarse con el grupo de Prudence. Blair de veintisiete años también había sido militar, pelo largo y negro, piel morena, compañera de Brandon, solo ellos habían sobrevivido en su pelotón. Por ultimo estaba Brendan, hombre de treinta y seis años de aspecto bastante fuerte, había sido guardaespaldas de cantantes famosos.
Con todos presentados, Brendan, Blair y Brandon enseguida se ofrecieron voluntarios para formar parte de todas las misiones de recolección de alimentos y medicamentos. También querían participar en misiones de búsqueda y rescate de supervivientes, trabajo que ya hacían antes de ser rescatados por nosotros, en realidad habían sido ellos quienes sacaron de casa a Jordan y Corey. Se les veía bastante preparados, así que no tuve nada que objetar.
—Bien.  Brendan, Blair y Brandon. Vosotros estaréis en la próxima salida, la cual será dentro de dos días— les dije. Ellos asintieron rápidamente estando de acuerdo. Entonces me dirigí a Jordan. –Sabes de informática, pero aquí no hay ordenadores. Sin embargo hay una radio de radio aficionado, está rota, pero… ¿Crees que podrías repararla? Eso nos facilitaría las cosas a la hora de encontrar gente. Puede que aun quede gente transmitiendo y pidiendo ayuda. Puede que incluso comunidades más grandes y preparadas a las que podamos mudarnos si fuera necesario.
—Cuenta con ello— dijo Jordan.
—Bien. Quiero que busques a un hombre negro y grandote que se llama Mike. Sus hijos la llevaron a su habitación. El te la dará.
—¿Puedo ir con el? Yo puedo ayudarle con la radio— preguntó Corey.
—Eso es cierto. A Corey se le da eso mucho mejor que a mi—añadió Jordan.
—Me parece bien. Siguiente punto. De los que … ¿Hay alguien que no sepa disparar?
Entonces vi como Phoebe levantaba la mano. –Yo no se disparar. No es algo que nos enseñaran en la agencia.
—Pues a partir de mañana quiero que empieces a aprender. Doy por hecho que todos los demás si sabéis, puesto que no habéis levantado la mano. Bien. ¿Preguntas?
—¿Qué seguridad hay aquí?— preguntó Kelly mientras se hacía a un lado su roja cabellera.
—Pues como habéis visto tenemos unas estacas que impiden el paso de los caminantes y dos puertas. Ambas son seguras y nunca se abre una sin cerrar la otra, eso nos libra de que se cuele algún no muerto. Por otro lado habéis visto las dos torres, hay guardia en ellas día y noche. Va a turnos. Tengo previsto que se construyan dos más en la parte trasera. No está desprotegida esa parte, tenemos perros y varios guardias. Supongo que nadie sería tan estúpido de atacarnos viendo la seguridad que tenemos, pero toda precaución es poca. ¿Más preguntas?— Nadie hizo ninguna pregunta más. –Bien. Puesto que no hay más preguntas doy por zanjada esta reunión, aunque no quiero terminar sin deciros unas cuantas cosas. Una vez más os doy la bienvenida. Espero que os sintáis cómodos aquí. Mi gente y yo nos estamos esforzando para que este lugar sea un hogar en condiciones y podamos acoger a más gente. Cuantos más seamos, más fuertes seremos. Actualmente con vosotros, aquí hay viviendo ciento veinte personas que dentro de poco aumentarán a ciento veintitrés. Mi esposa y otra mujer darán a luz en menos de un mes. En vistas de esta comunidad va a seguir creciendo, planeamos construir cabañas y convertir algunas zonas del hotel en habitaciones. Bueno, ya está, os veré a todos esta noche durante la cena. Podéis también ir conociendo al resto. Hasta luego.

22:00 horas de la noche…

Llegó la hora de la hora de la cena y todos nos sentamos en las mesas. Los nuevos disfrutaron de una cena como hacía tiempo que no disfrutaban. Era algo así como una especie de cena de bienvenida. Después todos nos fuimos yendo a dormir, los Amish se metieron todos en lo que era su dormitorio común y cerraron las puertas. Siempre lo hacían, vivían con nosotros, pero seguían conservando sus costumbres.
En mi habitación me tumbé al lado de Eva y esta se tumbó sobre mi pecho. –Estás haciendo un gran trabajo aquí. Estoy orgullosa de ti. Aunque me preocupa que seamos demasiadas bocas que alimentar. Hemos tenido que matar un cerdo para esta noche y la cosecha entera de uno de los campos.
—No te preocupes por eso. Las cosas nos van bastante bien. Y mañana un grupo saldrá a cazar. No te preocupes por los alimentos.
—Vicky y Cindy dicen que podríamos criar ciervos. Que así no haría falta salir a cazarlos. Aunque sospecho que lo que de verdad quieren es adoptar a uno como mascota y llamarlo Bambi.
—Siguen siendo niñas al fin y al cabo. Aunque Vicky sea ahora mucho más madura. No deja de ser una niña. No me molestaría que quisieran quedarse uno de mascota. Bueno, vamos a dormir— dije dándole un beso en los labios. –Descansa.
—Estoy deseando dar a luz de una vez. Hay tantas cosas que quiero hacer contigo— me susurró Eva al oído, después me dio un dio varios besos por el cuello.
—Y yo cariño. Y yo. Ahora vamos a dormir. Es mejor no pensar en cosas que no podemos hacer aun— dije con una sonrisa. Después apagué la luz de la lamparilla y no tardamos en quedarnos dormidos.
*****
23:00 horas
Kora comenzó a ahogarse. La medicación no había servido para nada, la mano le ardía. Intentó avisar a los demás Amish que dormían a su alrededor. Se levantó de la cama, pero antes de que pudiera decir nada se desplomó en el suelo. Quiso gritar, quiso pedir auxilio, pero no pudo. Sintió que la vida se le escapaba rápidamente, su vista se nublaba. Finalmente se dejó caer en los brazos de la muerte.

No pasaron ni diez minutos desde que Kora había muerto cuando volvió a abrir los ojos. Se puso de pie y miró a alrededor. Entonces se fijó en un hombre que roncaba a su lado. Con paso decidido se acercó a el y se inclinó clavándole los dientes en el cuello sin que el hombre se enterara. Mientras Kora masticaba,  miró por toda la sala de baile. La noche iba a ser muy corta para algunos.