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sábado, 23 de abril de 2016

NECROWORLD Capitulo 112

Día 6 de Octubre de 2010
Día 829 del Apocalipsis…
Afueras de Gray… 15:00 de la tarde…

Juan se vio llevado en camilla por unos pasillos con paredes de piedra. Era algo así como una cueva por todo lo que había visto. Detrás de el también llevaban a Mike y a Brendan, los cuales gritaban y maldecían a sus captores, Juan sin embargo guardaba silencio, para el, gritar y maldecir no serbia de nada, eso no los salvaría de morir si había llegado su momento. Los que los llevaban eran personas de todo tipo, cuyo comportamiento estaba alejado de toda normalidad, a un lado de la camilla podía ver a una mujer que iba desnuda cubriendo su rostro con una mascara de porcelana. A otro lado había un hombre con barba que no dejaba de reír. También vio a un niño que daba saltos delante de las camillas mientras avanzaban, estaba como divirtiéndose.
De pronto dejaron a tras las paredes de roca y entraron en lo que parecía un pasillo normal, siguieron adelante y cruzaron unas puertas dobles. En esos momentos se encontraban en un pasillo que parecía el de una casa, había cuadros y adornos antiguos sobre muebles a ambos lados. También vio varias puertas cerradas. En ese momento pasaron por una que estaba entre abierta y entonces Juan divisó algo en el interior, había una mujer vestida de doncella poniéndole un respirador a un hombre viejo que estaba sentado en una silla de ruedas. Estaban en medio de una lujosa habitación con una gran cama.
Siguieron por aquel pasillo que se le antojó larguísimo y llegaron a lo que parecía la cocina, aunque esta por el aspecto, parecía que hacía tiempo que no se usaba para cocinar. Pusieron las camillas una al lado de la otra y entonces apareció el tipo con pintas de medico que vieron cuando estaban colgados del techo.
—¿Quién era ese viejo al que le estaban poniendo un respirador? ¿De que va todo esto?— preguntó Juan desde la camilla.
—¿Lo viste? Creí que estarías igual que tus compañeros. No me imaginaba que alguien tuviera tanta entereza en un mundo como este, y mucho menos si está con la incertidumbre de lo que le va a suceder. Ese era el señor Crawford. Se muere— respondió el doctor.
—Pues me la suda— respondió Juan al tiempo que veía que llegaban más camillas. Sobre ellas iban hombres y mujeres a los que no conocía de nada, seguramente eran personas que al igual que ellos habían sido capturados. —¿Nos matáis a nosotros para que el viva?
—Muy perspicaz joven, pero no es tan sencillo— el doctor se acercó a una bandeja y sacó una jeringuilla y un tubo transparente. –Al principio de la pandemia que hizo que los muertos caminaran, uno de los mayores vectores de infección fueron los trasplantes de órganos. Es decir, una persona que en un principio hubiese sido inmune al contagio por aire, se infectaba al instante de recibir el órgano de una persona que ya habría sido infectado. Aquí hay diez personas, dos de vosotros no tenéis el virus en el organismo desde que os vacunaron en Manhattan— dijo el doctor señalando a Juan y a Mike. –Vosotros dos sois especiales.
—¿Va a desangrarnos para curar a los otros?— preguntó Mike.
—Se puede decir de esa manera, si— respondió el doctor. –Pero lo que yo quiero hacer hoy aquí es lo contrario. Quiero infectar a los otros con vuestra sangre. Vuestra sangre en su organismo purificará la suya y por lo tanto sus órganos. Los que luego usaré para trasplantes para el señor Crawford.
—Ese viejo no vivirá mucho más aunque le hagas mil trasplantes. Tiene los días contados— dijo Juan. –Además, ya te recuerdo. Tú eres el Dr. Desmond Locke. Te metieron en el carguero prisión por tener ideas enfermizas y experimentar con pacientes en el hospital de Manhattan, antes de que la ciudad cayera. Eres un chalado, a tu lado… A tu lado Hannibal Lecter es un tío normal y corriente.
El doctor comenzó a reír a carcajadas y se acercó a Juan. Entonces se sentó a su lado. –Me ha hecho gracia eso que acabas de decir, pero no soy ningún loco. Los demás no supieron ver mi talento. Tampoco les gustó que alguien les superara en conocimientos. Graham pensó que era mejor quitarme de en medio. No tuvo cojones de mandar mi ejecución y optó por mandarme a ese infierno, pero allí prosperé y me hice un nombre entre los reclusos que hoy aquí me acompañan. Son mis fieles seguidores.
—¿Eso es lo que son ese atajo de locos que hemos visto? ¿Presos?— preguntó Mike
—Así es. Logramos escapar cuando el barco se puso en marcha y chocamos contra el muelle. Desde entonces estuvimos viajando hasta que llegamos a Gray. Una vez aquí el señor Crawford nos acogió. Ahora nos encontramos en su mansión. Bueno, en una parte de ella. A veces me pierdo entre tanto pasillo— el doctor miró a su alrededor y luego volvió a mirar a Juan. –Esto era la cocina, pero ya no la usan, me la dejaron para que pudiera llevar a cabo mis investigaciones. Llevo aquí desde que cayó la ciudad más o menos— en ese momento el doctor se dio una palmada en la frente. –Bueno, creo que ya hablé demasiado. Es hora de empezar a trabajar— El doctor se levantó y cogió de nuevo la jeringuilla. Entonces se acercó a Juan y acercó la punta de la jeringuilla a su brazo. Juan intentó soltarse, pero estaba fuertemente amarrado a la camilla. –Oh, trata de relajarte. O te dolerá más de lo que pretendo— justamente cuando iba a clavarle la jeringuilla apareció un tipo delgado y con muchas ojeras. También le faltaban mechones de pelo, era como si se los hubiese arrancado. El doctor se acercó a el. —¿Qué ocurre? Estoy en medio de algo importante.
Aquel tipo flacucho comenzó a decirle algo al doctor. Segundos después miró a Juan y a los otros y seguidamente salieron de la cocina, cerraron la puerta y tanto Juan como Mike escucharon el ruido de las llaves. Los habían encerrado.
*****
Johana, Brandon y Blair se habían detenido en una de las casas. Desde que habían salido de la otra no habían sido atacados, por eso habían decidido cambiar un poco el plan. Johana sacó una caja de su mochila y la puso encima de la mesa, la abrió y sacó lo que parecía un botón.
—¿Qué es eso?— preguntó Blair.
—Un localizador. Lo conseguimos hace un par de meses en una incursión en una base militar. Siempre lo llevo encima por si hace falta. El plan es que uno de nosotros se lo ponga y salga ahí. Lo cojan y a los que quedemos, nos lleve hasta el lugar exacto— explicó Johana –Pero solo puede ser uno de nosotros.
—Seré yo— dijo en ese momento Brandon quitándose la camiseta y cogiendo aquella especie de botón. Le quitó la parte de detrás y el botón se pegó a su piel como si fuera un adhesivo. Seguidamente Johana sacó el otro aparato y comprobó que funcionara. No tardó en comenzar a parpadear una luz roja que marcaba la posición de Brandon.
—Funciona— dijo Johana con una sonrisa. –Muy bien, es hora de ponerse a ello entonces, pero… ¿Estás seguro? Puedo hacerlo yo si quieres.
—No. Vosotras quedaros aquí, cuando me cojan seguidnos— respondió Brandon.
En ese momento Blair se acercó a Brandon y le dio un beso en los labios. –Ten mucho cuidado— Brandon sonrió y seguidamente salió por la puerta mientras las dos chicas lo observaban.
—No te preocupes. No estará mucho rato en manos de esos locos— dijo Johana dándole una palmada en la espalda a Blair. –Iremos tras el en el momento que lo cojan— entonces Johana vio a varios caminantes que habían aparecido por la calle. –Y me parece que vamos a tener una ayuda extra— segundos después escucharon un grito que provenía de la calle por la que había desaparecido Brandon, seguidamente el localizador comenzó a emitir señal, alejándose rápidamente de allí –Hora de comenzar a correr.
*****
El doctor Desmond Locke llegó a la habitación del señor Crawford y fue recibido por su asistenta. Una joven muy guapa que tras el fin del mundo no se había separado de el y había estado allí para todas las necesidades de este, incluidas las sexuales. Su nombre era Nina y tenía una larga cabellera pelirroja, sus ojos verdes se clavaban intensamente en todo aquel al que miraba.
—¿Crawford quiere verme?— preguntó el doctor. —¿Qué le ocurre?
—Será mejor que pase usted mismo doctor— respondió la joven asistenta.
Desmond pasó al interior de la habitación y enseguida le llegó olor a sangre. Miró al suelo y vio varios pañuelos con manchas rojas, sangre indudablemente. El señor Crawford lo esperaba al final de la habitación. La edad no perdonaba y a sus noventa años, el señor Crawford se negaba a despegarse de la vida a pesar de que el cáncer de pulmones lo seguía consumiendo día a día.
—¿En que puedo ayudarle señor Crawford?
—Mi tiempo se acaba— respondió Crawford al mismo tiempo que se quitaba el respirador. –Lo presiento, pero no quiero morir. Los necesito ya.
—Los estoy preparando. Cuando lo tenga todo listo podré trasplantarle unos pulmones sanos. Si se los pusiese ahora. La infección dejaría de estar latente, directamente enfermaría hasta morir y entonces…
—Todos morimos al fin y al cabo. Extráele los pulmones a uno de los dos de Manhattan y pónmelos a mí. No son necesarias tantas pruebas…
—Eso… Adelantaría las cosas… Y los riesgos… Y no quiero correr riesgos.
—Haz lo que te pido. Si lo haces, me pase lo que me pase… Ella será tuya— respondió en ese momento Crawford.
—¿Ella?
—Nina. He visto como la miras. Se que la deseas desde que llegaste con tu gente. Te he descubierto muchas veces espiándonos mientras ella me daba placer. Aunque nunca te dije nada. Ahora solo te pido que corras esos riesgos, solo quiero vivir más. Y si muero, la mansión Crawford será tuya.
—¿Habla en serio? Señor Crawford… No se que decir…
—Solo intenta salvarme la vida. Es lo único que pido y necesito. Conservar la vida— Crawford tosió y escupió sangre. Desmond se apresuró a ponerle el respirador y entonces Crawford le agarró la mano. –Te necesito. No solo eres mi medico, eres mi amigo ¿No es así?
Desmond asintió. –Si. Lo soy.
—Entonces hazlo— pidió Crawford.
Desmond salió de la habitación y se cruzó con Nina. La cual le dedicó una sonrisa, el se la devolvió y siguió su camino por el pasillo con un único pensamiento. A Crawford le quedaba lo justo y no había mucho que hacer por el, aun así, haría que lo pareciese. Llegó a la cocina donde estaban sus pacientes como a el le gustaba llamarlos. Eran diez en total, dos de ellos eran increíblemente importantes.
—¿Ya estiró la pata el viejo?— preguntó Juan desde la camilla.
Desmond sonrió. –No. Quiere los pulmones de alguien que ya no tenga el virus en su organismo. Y esos sois vosotros— dijo señalando a Mike y a Juan. –Sin embargo…— Desmond avanzó hacia una mesa y cogió un gran cuchillo, seguidamente se acercó a Mike. Cuando Mike lo vio acercarse comenzó a tratar de librarse, pero era imposible soltarse.
—No te acerques a mi maldito loco. Aléjate de mí, aléjate cabrón.
—No tengo intención de ponerle vuestros pulmones. Sois demasiado importantes como para desperdiciaros tan pronto. Crawford está en las ultimas, soy medico y veo esas cosas. No durará más de una semana, pero como medico debo interpretar mi papel a la perfección.
El doctor alzó el cuchillo y lo clavó en el vientre de uno de los que estaban allí, seguidamente comenzó a cortar. La victima no pareció enterarse, todos salvo Juan, Mike y Brendan estaban drogados.
—Estás como un cencerro jodido carnicero. Tu no eres un medico, eres un jodido loco— dijo Brendan desde su camilla.
Mientras el doctor trabajaba, Juan vio a un niño entrar en la sala. Este tendría unos ocho o nueve años. Lo había visto ya antes. Este se acercó a Juan y entonces cogió un bisturí de una bandeja, seguidamente miró a Juan con una sonrisa. Poco a poco se fue acercando y le provocó un corte en el brazo a Juan, el cual no pudo evitar lanzarle una mirada de rabia al tiempo que el niño se reía a carcajadas. Eso hizo que el medico se girara y mirara al muchacho.
—Maldita sea Robert. Te he dicho un millón de veces que no quiero que estés aquí. Lárgate a tu habitación. Este sitio no es para niños.
—Pero yo también quiero ayudar a mi abuelo— respondió el niño agachando la cabeza.
—Para eso ya estoy yo. Deja el bisturí en su sitio y vete— El niño obedeció sin rechistar y se largó de allí, antes de salir por la puerta volvió a mirar a Juan y le sacó la lengua. El medico se acercó a Juan y con una gasa comenzó a limpiarle la herida del brazo. –Es el nieto del señor Crawford. El pobre anda perdido desde que vio morir a sus padres a manos de los caminantes… Y en mi ha visto un modelo al que imitar.
—Tu cordura si que anda perdida puto chiflado— le espetó Juan al medico.
—No te pases muchacho… Si tu y el gigantón negro vais a seguir con vida es por que yo quiero, pero puedo prescindir de uno se a mi se me antoja. Eso que te quede claro— en ese momento, algunos de los otros que estaban en las camillas comenzaron a despertar. Eso hizo que el medico se mirara el reloj y suspirara. –Se les está pasando el efecto de los sedantes. Creo que van a necesitar otra dosis… Y vosotros también. La necesitareis para ser trasladados y…— de pronto sonó el walkie del medico y este lo sacó rápidamente. —¿Qué ocurre ahora?
La voz de un hombre sonó al otro lado. –Traemos a otro. Hemos cazado a otro conejo.
El doctor miró a Juan y se dio la vuelta. —¿Otro? Vale, pues traédmelo aquí. O llevadlo directamente a las celdas del sótano, allí mejor… Y no quiero que sufra daños— el medico cortó la comunicación y volvió a mirar a Juan. –Jodidos locos. Son eficientes, pero a veces solo dan problemas. Tendría que haber dejado que se pudrieran en ese carguero. Parece que traen a otro de vuestros amigos. No me importaría que fuera una de las mujeres. Siempre he querido tener un aren.
—Juro que te mataré— respondió Juan. –Te lo prometo.
—No. No lo harás. Ahora debo terminar de sacar los pulmones de ese— dijo señalando el cuerpo del hombre al que había matado. Seguidamente volvió al trabajo.
*****
Al mismo tiempo que le seguían el rastro a Brandon. Johana y Blair iban llamando la atención de todos los caminantes que veían, hasta el punto de que ya había más de dos docenas siguiéndolas a través del bosque. Por fin llegaron hasta la entrada de una cueva donde vieron varias huellas, unas encima de otras.
—Podrían ser de caminantes— dijo Blair sin perder de vista a los No Muertos que estaban comenzando a llegar a la entrada de la cueva.
—Podrían serlo, pero los que se han llevado a Brandon han pasado por aquí. Vamos. Y que esos nos sigan— dijo Johana dando unos pasos al frente.
Las dos mujeres entraron más en la cueva con los caminantes pisándoles los talones. Entonces vieron que esta comenzaba a estrecharse, no tardaron en recorrer un pasillo de paredes blancas, dejando atrás el pasillo de pared de roca. Llegaron a unos barrotes con un interruptor al otro lado. Seguidamente Blair lo pulsó y los barrotes les dejaron paso. Cruzaron una puerta y la dejaron abierta, por esta comenzaron a pasar los primeros No Muertos.
—¿Qué es este lugar?— preguntó Blair mirando el pasillo en el que se encontraban. –Parece el pasillo de una casa.
—Eso es lo que es. Vamos— respondió Johana.
Ambas comenzaron a correr por el largo pasillo. Mientras corrían, una puerta se abrió y apareció una chica pelirroja empujando una silla de ruedas donde había un anciano sentado con un respirador. Al verlas abrió los ojos de par en par. La chica al ver que iban armadas levantó las manos.
—Por favor. No me hagáis nada.
—Estamos buscando a unos amigos. ¿Dónde están?— preguntó Johana apuntando a la chica con su fusil. Habla o te juro que tu pelo no será lo único rojo que se esparza por las paredes.
En ese momento el anciano alzó la mano empuñando una pistola, con toda la intención de disparar a Johana, pero esta fue mucho más rápida y descargó una bala en el pecho del anciano. Eso hizo que los caminantes se guiaran más por el pasillo, al verlos, la chica de cabellos rojos pegó un grito de horror. –Llévanos con ellos ahora, y no quiero nada de juegos.
La chica les pidió que la siguieran mientras los No Muertos seguían su camino, aunque algunos de ellos se habían detenido para comerse al anciano.
*****
El doctor Desmond Locke ya había terminado de extraer los pulmones y los había puesto en una nevera portátil. Justamente en ese momento escucharon el disparo. El que lo había efectuado no andaba muy lejos, y en efecto así era. Las puertas de la cocina se abrieron y dejaron paso a tres mujeres, una de ellas era Nina. Otra simplemente le apuntó mientras Nina y la otra chica bloqueaban la puerta. La cual comenzó a moverse, alguien la aporreaba desde el otro lado.
—¿Qué está pasando aquí?— preguntó el doctor.
Johana no respondió, caminó hacia el y le asestó un violento golpe con la culata del fusil. El medico cayó al suelo y luego ella le apuntó. —¿De que va todo esto cabrón?
—Que te follen zorra.
—Respuesta incorrecta— respondió Johana al mismo tiempo que le asestaba un golpe en la cara dejándolo inconsciente. Rápidamente se dio la vuelta y comenzó a quitarle las correas a Juan. Este se soltó, le dio un beso y saltó de la camilla para ir a ayudar a Mike y Brendan. Mientras, Johana ayudaba a los desconocidos que había en otras camillas. —¿Nos los llevamos a todos?
—Si— respondió Juan.
Mike y Brendan también se levantaron de las camillas y liberaron también a los que estaban allí. Mientras la puerta seguía siendo aporreada por los caminantes que había al otro lado.
—¿Hay otra puerta para salir de aquí?— preguntó Blair mirando a la chica pelirroja.
—No. Solo esta puerta— respondió la muchacha.
—Habrá que luchar entonces— respondió Mike cogiendo un cuchillo que encontró encima de una encimera. Encontró otros, los cuales distribuyó entre los que estaban allí.
—¿Y Brandon?— preguntó Brendan a Blair.
—Se lo llevaron. Gracias al localizador que llevaba encontramos este sitio. Trajimos caminantes para allanarnos el camino— respondió Blair.
—Supongo que el doctor carnicería se refería a el cuando dijeron que lo llevaran a las celdas del sótano— respondió Juan.
—Esas celdas se donde están. Os llevaré hasta ellas— dijo uno de los liberados. –Me llamo Riley. Y no me importará ayudaros. Nos habéis sacado de aquí— este señaló a dos hombres más. –Ellos son mis hermanos: Kennedy y Stephan.
En ese momento la puerta cedió y los caminantes comenzaron a entrar en tromba en la cocina. Blair y Johana disparaban a los que entraban. Una de ellos, una mujer desnuda con una mascara entró rápidamente, esta estaba llena de mordiscos y por como se movía, hacía poco que había resucitado. Johana la recibió con una patada y la derribó, seguidamente le pisó varias veces la cabeza.
Algunos de los hombres que habían liberado aun estaban grogui por las drogas, estos fueron presa fácil de los caminantes y desaparecieron bajo una avalancha de ellos, sus gritos fueron desgarradores. Solo tres de ellos, los tres hermanos lograban defenderse.
Cuando acabaron con los caminantes, el grupo salió al pasillo y Johana sacó el aparato para localizar a Brandon. El punto rojo no quedaba demasiado lejos.
—Tu con nosotras— le dijo Johana a Riley. –Los demás buscad una salida de aquí. Hemos armado mucho jaleo, es cuestión de tiempo que los No Muertos de los alrededores acudan aquí como moscas.
—Yo tengo que encontrar a un niño. Es solo un crio que no tiene culpa de nada— dijo en ese momento la chica de cabellos rojos.
—Muy bien. Yo te acompaño— dijo Juan. –Venga, no perdamos tiempo.
Los tres grupos se separaron. El tiempo corría en su contra.
*****
Juan y la chica pelirroja vestida de doncella comenzaron a recorrer pasillos. Los caminantes habían invadido la mansión Crawford y se los encontraban por todos los rincones devorando los restos de los que habían acompañado al medico. Todos los presos estaban muertos. Llegaron por fin a la habitación del niño y cuando abrieron la puerta se encontraron a tres No Muertos sobre el cuerpo del niño, uno de ellos aun sostenía entre sus manos uno de sus riñones. La muchacha pelirroja se llevó las manos a la cabeza y Juan al ver que ya no había nada que hacer la cogió del brazo y tiró de ella.
Llegaron a una ventana y Juan la abrió. –Vamos.
La chica salió primero y Juan la siguió. Avanzaron por el tejado hasta que llegaron a una zona por la que ya no podían avanzar más. Fue en ese momento cuando Juan vio la piscina. Había agua, pero estaba sucia.
—¿Qué hacemos ahora?— preguntó la chica
—Saltaremos. No te preocupes. Llegaremos. Solo coge carrerilla.
La chica hizo lo que Juan había dicho. Se echó unos pasos hacia atrás y de repente corrió hasta el borde y saltó. Juan la siguió y ambos cayeron al agua. Emergieron rápidamente y nadaron hasta la orilla. Cuando salieron escucharon un grito y Juan se dio la vuelta para ver a un tipo con barba correr hacia el con un cuchillo en la mano.
El tipo se lanzó sobre Juan y ambos cayeron al suelo, sin embargo, Juan era mucho más fuerte y le ganó terreno, le arrebató el cuchillo y se lo quitó de encima, seguidamente se subió sobre aquel tipo y comenzó a golpearle, haciendo que la sangre salpicara el césped y la piedra del borde de la piscina. Le golpeó hasta que dejó de moverse.
Juan dejó el cuerpo sin vida del tipo y tanto el como la chica comenzaron a correr en dirección al bosque. Desde su posición vieron a unos cuantos caminantes avanzando hacia la casa, también vieron a Blair y a los otros avanzar disparando a los No Muertos con los que se cruzaban, segundos  después vio aparecer a Riley, Johana y Brandon.
—Vamos. Les alcanzaremos— dijo Juan mirando a la muchacha. La cual le dedicó una sonrisa de alivio. De alguna manera, Juan comprendió que habían sacado a esa chica de un infierno.
*****
El doctor Desmond Locke recuperó la consciencia tumbado en el suelo de la cocina. Estaba rodeado de cadáveres. Incluso vio que algunos estaban volviendo a la vida. Se intentó incorporar poco a poco para no hacer ruido. Había tenido mucha suerte, de nuevo había sobrevivido, no lo habían matado y se sentía afortunado por ello.
Se puso en cuclillas y comenzó a avanzar, llegó hasta la puerta y salió al pasillo. No podía contener la alegría, así que comenzó a correr por el pasillo, tenía que salir de aquella maldita casa. Ya no le importaba nada ni nadie. Dobló una esquina y tropezó con algo, cayó de bruces al suelo y la respiración se le cortó. En ese momento escuchó un jadeo y se dio la vuelta a tiempo de ver como el señor Crawford se abalanzaba sobre el con la boca abierta y con los ojos carentes de vida. Fue lo último que vio antes de morir.
*****
Los grupos se reunieron en uno de los caminos. Los conocidos se abrazaron y felicitaron por lo que habían logrado. Seguidamente decidieron volver hacia el autobús. El cual les esperaba en el mismo sitio donde lo habían dejado.
—¿A dónde nos lleváis ahora?— preguntó Riley.
—A un lugar seguro— respondió Juan. –Os llevamos a nuestro refugio.
—¿De verdad es un sitio seguro?— preguntó Stephan.
—Lo es. Estamos bien organizados— respondió Blair.
—¿Y nos acogerán?— preguntó Stephan nuevamente.
—Por supuesto— respondió Johana.

Llegaron al autobús y se pusieron en marcha de regreso a casa. Les quedaba un largo camino todavía. Ya habían dejado atrás lo que era una pesadilla.