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sábado, 7 de mayo de 2016

NECROWORLD Capitulo 114

Día 7 de Octubre de 2010
Día 830 del Apocalipsis…
21:00 horas de la noche…
En algún lugar de Georgia…

Llevaban horas parados tratando de arreglar el motor del autobús, el cual se había averiado al poco de salir de Gray. El motor había comenzado a echar humo y de repente se detuvo en medio de un camino, donde había bosque extendiéndose a ambos lados del camino. Brandon y Mike estaban tratando de arreglarlo sin éxito.
—¿Cómo va la cosa?— preguntó Blair pasándole una llave inglesa a Mike.
—Como el culo. El motor está muerto. Creo que podemos decir que estamos oficialmente jodidos. Esto no tiene pinta de que vaya a moverse. Primero perdemos un Kuad y ahora el autobús.
—¿Eso es malo?— preguntó Blair
—¿Malo? Que va. Es sensacional, estamos parados en medio de ninguna parte, de noche, rodeados de exuberante bosque y somos el menú del día para los caminantes. Yo creo que mejor no podemos estar— respondió Mike con sorna al mismo tiempo que cerraba el capó de golpe. –No nos queda otra que ir a pie, pero eso nos llevará quizás dos días. Puede que más.
En ese momento Juan se bajó del autobús cargado con un par de bolsas. Las dejó en el suelo y comenzó a repartir tanto ropa de abrigo como armas. –Las temperaturas bajaran y es posible que nos nieve un poco. Si vamos a ir a pie será mejor que lo hagamos preparados, si no lo hacemos es probable que no lleguemos al hotel… Y si lo hacemos, más bien pareceremos “Calipos”— dijo el a medida que le pasaba un abrigo a Mike.
—¿Qué coño es un “Calipo”?— preguntó Mike con expresión estupefacta.
—Helados. Helados largos de varios sabores que vendían en España. Supongo que aquí también, aunque quizás los llamaran de otra manera. Bueno, que da igual. Lo que quiero decir es que si no nos abrigamos, corremos el riesgo de no llegar o de llegar con serios síntomas de hipotermia.
—¿No están los dioses de nuestra parte hoy?— preguntó Johana mientras se ponía una chaqueta. –Te veo muy pesimista.
—Esta vez no lo tengo tan claro. Esta empezando a hacer frio y es posible que estos estén delante de una chimenea contándose batallitas de apocalipsis que han montado y castigos divinos. Ahora nosotros estamos por nuestra cuenta.
—Esperad— dijo en ese momento Brandon. –Tengo una idea. Los asientos del autobús son gruesos ¿No? Podríamos usarlos para cuando nos enfrentemos cuerpo a cuerpo con los caminantes a la hora de reservar balas.
—¿Qué quieres decir?— preguntó Nina al ver que durante la explicación, Brandon la miraba a ella. –No entiendo lo que quieres hacer.
—Es sencillo. En un cuerpo a cuerpo, es más fácil que un caminante de muerda, principalmente esas zonas suelen ser brazos y piernas. Es lo que los podridos tienen más a mano. Así que se me ocurre que…
—Forrarnos brazos, piernas y torso con los asientos. ¿No?
—Exactamente eso— respondió Brandon. –Los adheriremos a nuestros cuerpos con cinta aislante. Se que hay varios rollos en la caja de herramientas. Quizás sea algo cutre, pero nos irá bastante bien. Confío en ello.
—Muy bien. Hagámoslo. Hay bastante para todos— dijo Juan pasándoles abrigos y armas a los tres hermanos que habían rescatado de la mansión Crawford. –Espero que sepáis disparar.
—No estaríamos vivos de no ser así— respondió Riley con una sonrisa.
Cuando estuvieron todos preparados, partieron. Alumbrándose con las linternas se adentraron en el bosque  justo en el momento que comenzaban a caer los primeros copos de nieve.

En algún lugar de Georgia…

No solo fue el frio lo que despertó a A.J, también fueron los gruñidos y el tacto al notar como algo rozaba la punta de sus dedos. Abrió los ojos poco a poco sin recordar mucho de lo que había pasado. Entonces se vio que estaba colgado boca abajo, le dolía la cabeza y notaba algo húmedo y frio detrás de la cabeza. Nuevamente escuchó los gruñidos, miró hacia abajo y vio a varios caminantes debajo de el, alzando los brazos para cogerle, uno de ellos, el más alto, estaba rozándole la punta de los dedos. En ese momento, A.J entró en pánico y quitó los brazos del alcance de los caminantes, seguidamente comenzó a gritar y a zarandearse, pero estaba atrapado y si se caía, estaría perdido. No tardó en ver aparecer a más caminantes, rápidamente se llevó una de las manos a la cintura y buscó a tientas la pistola, pero sin éxito, volvió a mirar abajo y entre los pies de los No Muertos vio la pistola. Estaba perdido.
De pronto escuchó varios disparos y vio como los caminantes caían abatidos como sacos de patatas. Cuando los caminantes estuvieron todos muertos vio aparecer a dos personas de entre la maleza. Ambos iban ataviados con ropa de abrigo y uno era más alto que el otro. Unas gafas de sol ocultaban sus rostros. Al ver a A.J colgado boca abajo se miraron el uno al otro.
—Bajadme de aquí, por favor— suplicó A.J –No busco problemas. Si me bajáis me largaré por donde he venido.
—¿Qué hacemos?— preguntó el más bajo.
—Cuando salimos del refugio, aposté por un jabalí o un ciervo. Me he equivocado. Ya veras cuando se lo digamos a los otros— respondió el más alto, seguidamente se dirigió a A.J —¿Estás con alguien cocodrilo Dundee?
—No… Estoy solo. Ahora lo estoy… Mis amigos están…— respondió A.J hasta que lo cortaron.
—Te pregunté si estabas solo. En ningún momento te pedí que me contaras tu vida. ¿Entiendes?— respondió el más alto mientras avanzaba hacia el tronco del árbol con un cuchillo. Se puso detrás de este, se escuchó un ruido y A.J cayó sobre los cuerpos de los No Muertos. Al ver que estaba sobre estos, mostró una mueca de asco y rodó sobre si mismo para alejarse, cuando volvió a alzar la vista se encontró con dos cañones apuntándole a la cara.
—¿Llevas algo? ¿Comida o armas?
A.J se llevó las manos a la espalda y sacó el cuchillo – Solo este cuchillo y una pistola que está debajo de todos esos cuerpos. No llevo nada más. ¿Y vosotros?
—Aquí las preguntas las hago yo— respondió el más alto acercándose. Lo rodeó y vio la mancha de sangre de la cabeza. –Te has dado un buen golpe.
—¿Qué hacemos con el?— preguntó el más bajo. –Se suponía que debíamos llevar algo para comer. Nos morimos de hambre.
En ese momento, el más alto alzó la cabeza y miró a su compañero. —¿Has visto la película “Viven”?— ante la negativa de su compañero, el más alto comenzó a explicar. –Es una película basada en hechos reales. Un equipo de futbol que viajaba en un avión, se estrelló en algún lugar de los Andes. Algunos murieron en el acto y otros después. Los supervivientes no tardaron en quedarse sin comida. Parecían condenados a morir, ya que habían suspendido la búsqueda al no encontrarlos— A.J se comenzó a dar cuenta del camino que iba tomando la explicación. El también conocía esa historia. –Fue entonces cuando uno de los supervivientes tomó una decisión. Una decisión que los cambiaria para siempre. Algo que muchos en principio no aceptaron… Sin embargo, todos acabaron haciendo. La supervivencia era lo más importante en esos momentos. Decidieron que para sobrevivir deberían comerse a sus compañeros, amigos y familiares muertos. Fue una decisión drástica y a todos los efectos horrible, pero necesaria.
A.J guardó silencio sin moverse del sitio mientras observaba como el más bajo se rascaba la cabeza. No parecía saber bien a lo que se refería su compañero, aunque estaba bastante claro que era a lo que se refería.
—Está hablando  de comer carne. La mía— respondió A.J en ese momento. –Está usando la historia de “El Milagro de los Andes” como ejemplo.
—Eso es— respondió el más alto.
—No. No me comeré a otro, ni aun que no lo conozca. Eso nos convertiría en caníbales.
—¿Acaso piensas que no los hay ya por ahí? Joder. Los he visto, yo mismo escapé de ellos. Antes de encontraros a los demás. Es un hecho que la comida escasea y que muchos se ven obligados a cazar a otros. Incluso a cazar a los más débiles de su grupo. ¿Qué crees que pasará cuando el hambre apriete y empiecen a ser prescindibles algunos miembros del grupo. ¿Debo decirte quienes son los más débiles de tu grupo? Exacto, tu madre y tu hermana. Tu hermana es joven y su carne es tierna. Cualquier día te despertarás y algunos ya se la estarán comiendo— entonces el más alto señaló a A.J –El no es nadie para nosotros, el nos puede alimentar mientras seguimos cazando, nos hará ganar tiempo. Lo necesitamos, con suerte esta será la única vez que tengamos que hacerlo. Simplemente debemos sobrevivir.
—Comprendo— respondió el más bajo.
—Muy bien— en ese momento el más alto se dio la vuelta y golpeó a A.J dejándolo inconsciente.

Las Vegas…
23:00 horas de la noche…

David había sido llamado para hacer un trabajo aquella noche. Un grupo de caminantes había llegado hasta una de las vallas y la habían tirado. Habían sido fácilmente abatidos, pero debían reparar la grieta rápidamente. No tardaron mucho, David se despidió de sus compañeros y decidió volver a casa. Ya estaba llegando cuando vio un convoy de vehículos, de uno de ellos vio bajar a Carlos seguido por Butch. A estos los recibió Dorian. David se detuvo y se quedó en una esquina observando la escena. Por los gestos, parecía que estaban discutiendo algo, seguidamente Carlos hizo una señal y unos hombres bajaron unas bolsas del tamaño de una persona de uno de los vehículos. Indudablemente eran muertos, seguramente miembros del grupo.
—¿Qué miras?— la voz de Luci hizo que David se diera la vuelta sobresaltado. Entonces se encontró con Luci, Claire y la bebé. La niña iba dentro de un carrito. En ese momento, Luci también observó la escena. –Parece que Carlitos ha vuelto y su grupo son unos pocos menos.
—Se ve que se lleva muy bien con su amiguito Dorian— decía David hasta que vio como Sandra también llegaba al lugar. Al verla, Carlos caminó hacia ella y le dio un beso. Le hizo un par de gestos y esta se alejó por la calle. David y las chicas se ocultaron para no ser vistos. –Parece ser que Sandra está demasiado coladita por ese capullo.
—Un capullo al que todos seguisteis hasta aquí— replicó Luci. David iba a decir algo, pero Luci se disculpó rápidamente por que conocía los motivos por los que el había ido allí.
—Me pregunto que habrá pasado exactamente.
—Escucha. Claire y yo nos dirigíamos a tu casa. Hay algo que me gustaría hablar con vosotros. Con Alicia y contigo. Con los del grupo básicamente— comenzó a decir Luci.
—¿Y que ocurre con Sandra?— preguntó David mientras observaba como el convoy se disolvía.
—Sandra era mi amiga también, pero ha tomado la decisión de aliarse con al capitán garfio. ¿Te fiarás de ella? Creo que estamos por nuestra cuenta.
—Muy bien— respondió David. –Vamos a mi casa.
*****
Dorian y Carlos llegaron a un almacén. Tenían varias cosas de las que hablar. Una vez allí entraron en lo que parecían una ducha. Allí Carlos vio a Tina Morales. Esta estaba desnuda y colgada del techo mediante unas cadenas, sus piernas habían desaparecido. Está miró a Carlos y trató de decir algo, pero no pudo.
—Creo que te está pidiendo ayuda— dijo Dorian con una sonrisa.
—¿Y sus piernas?— preguntó Carlos.
—Digamos que tengo ciertos gustos. Algo fetichistas. La señorita Morales vio algo que no debía. Teníamos que quitarla del medio antes de que como buena periodista, se fuera de la lengua con alguien. Quizás con tus amigos. Vio como los tengo vigilados día y noche. Los tengo vigilados a todos. A Luci, a tu chica y a la parejita del niño.
—¿Y que? A mi eso me da igual. No se por que me has traído aquí. Esta tía me da exactamente lo mismo. Igual que el hecho de que muchas veces te guste comer carne humana. ¿Querías ver la cara que se me quedaba al verla? Ya la has visto, es cara de indiferencia. ¿Para que coño me has traído aquí?
—Este es el lugar más seguro para hablar. En la ciudad hay demasiados oídos y ojos. No es nada seguro… Y menos para hablar de tu querido hermano. ¿Alguien conoce los motivos por los que te fuiste?
—Sandra— respondió Carlos.
—Tu chica… Ella podría irse de la lengua y avisar a los otros. De hecho, Luci ya está planeando largarse, escapar, y planea llevárselos a todos con ella. Si ahora va Sandrita con el cuento de que estás buscando a tu hermano para cargártelo, pues podríamos tener un lio de cojones. Quiero mandarles un aviso subliminal. Quiero que te cargues a Sandra. Quiero que la hagas desaparecer.
—¿Quieres que mate a mi pareja?
—¿Ahora es tu pareja? Pensaba que solo la usabas para no tener que machacártela por las noches. Lo que quiero que hagas está muy claro. Haz lo que quieras con ella, pero que no tenga posibilidades de hablar. Es más, quiero que elimines a todos aquellos que fueron del grupo de tu hermano. Empieza por Sandra.
—Lo que quieres es tener a Luci. Quieres retenerla aquí. Y piensas que matando a todos aquellos en los que se apoya la tendrás controlada y donde tú quieres. Eliminando a los que traje conmigo y que la conocen, le jodes la moral. Eres un cabronazo muy sádico.
—Cuido de mis pertenencias. Ahora solo haz lo que te dije.
—Muy bien— respondió Carlos. –Pero cuando acabe esto me lo cobraré con intereses.
—Muy bien. Como tú quieras— respondió Dorian tendiendo la mano. Carlos se la estrechó y seguidamente se marchó de allí.
*****  
Claire le hizo una señal a Luci y esta comenzó a hablar.
—Tenemos que escapar de aquí. A mi no me harán nada, pero a vosotros. No les importáis y no os necesitan.
—Escapar es una locura— dijo Alicia mirando a Luci mientras sostenía a Cristian entre sus brazos. Escapar de aquí es imposible.
—No es imposible, pero tampoco fácil— respondió Luci –Solo tenemos que intentarlo.
—¿Y por que estamos aquí en la cocina hablando en voz baja?— preguntó David.
—Por que nos observan en todo momento. Dorian nos observaba. Es posible que no estén mirando ahora, pero estoy segura de que nos observaban cuando Claire y yo hablábamos en la cocina. Escucharon lo que yo quise que escucharan. Escucharon mis planes falsos. De todos modos, Claire ya inutilizado las cámaras, al menos temporalmente. Dorian cree que Claire está de su lado. Queremos que siga pensándolo.
—¿Eres un topo?— preguntó David mirando a Claire.
—Prefiero el término agente doble si no te importa. Ahora atended bien el plan, por que no tenemos mucho tiempo— respondió Claire cruzándose de brazos. –He inutilizado los micros de la cámara, pronto funcionaran. Haced como si la conversación fuera normal. Tenemos que hacer creer a Dorian que conoce unos planes y que nos tiene donde quiere, pero la realidad es distinta, seremos nosotros quienes tengan la situación controlada.
—¿Y que haremos?— preguntó David. –No lograremos salir de aquí. Está todo muy vigilado. Y llevamos dos niños pequeños, también una mujer embarazada. No haré nada que ponga en peligro a mi familia.
—No tienen por que correr peligro. No si lo hacemos de una manera que ellas puedan salir sin ser vistas— dijo Luci mirando a David. –Tú tienes acceso a armamento ¿No? Bien, la clave está en que dos de nosotros, tú y yo, armemos el suficiente follón como para atraer a todos a un lugar. Estarán ocupados repeliendo caminantes.
—¿Y cual es ese lugar?— preguntó David.
—Al norte hay un circuito. Es donde me hicieron luchar contra otros. Al final de este, donde maté a Dante. Hay unas vayas, en las cuales hay pocos guardias debido a que nadie se acerca por allí. Tendréis que eliminar a los pocos guardas y colocar unas cargas explosivas que tu David, te encargarás de conseguir. Confío en que lo consigas. Una vez eliminados los guardas, colocaremos las cargas y las detonaremos, la explosión no solo mandará las vallas a tomar por culo, atraerá a los caminantes de toda la zona. No me cabe duda que acabarán con todos, pero les llevará un rato, eso implicará que algunas zonas queden desprotegidas, en concreto hay una cerca de la entrada principal de la ciudad. Nadie la vigilará. Claire, Alicia y los niños saldrán por ahí. Ahí es donde necesito que tú también hagas algo.
—¿El que?— preguntó David.
—Mañana a primera hora sale un convoy a buscar suministros en una fábrica cercana. Dorian tiene suministros allí guardados. Necesito que tú vayas en ese convoy y consigas entonces un vehículo. Lo conseguirás si eres rápido, luego solo tendrás que inventarte una historia convincente. Asegúrate de que también haya armas, el vehículo lo dejarás en un garaje que hay en la zona infestada de Las Vegas. Será el vehículo que luego Alicia y yo cogeremos— respondió Claire.
—Pero… ¿Qué pasará con David y Luci mientras nosotros escapamos?— preguntó Alicia.
El silencio en ese momento inundó toda la cocina, solo se rompió cuando David habló. –Es evidente que los que se queden atrás no lo lograrán ¿Verdad Luci?
—Es probable que no lo consigamos. Puede que nos cojan o nos maten, pero unos deben sacrificarse para que los otros puedan escapar— respondió Luci. –Ahora quiero dejar claro que aunque te había elegido a ti para que me acompañaras. No tienes el por que hacerlo, puedo ir yo sola, pero siendo solo yo, las posibilidades de triunfo se reducirían a cero. La decisión es tuya.
—¿Alicia logrará escapar de aquí? ¿Lograrán encontrar a los otros?
—Lo de encontrar a los demás no te lo puedo garantizar. Desde que los enviados por Dorian desaparecieron. Nadie sabe donde están vuestros amigos, pero te puedo garantizar que escaparemos de aquí. Eso si puedo hacerlo.
David se levantó de donde estaba y caminó hacia Alicia, entonces la abrazó. –No puedo dejar que hagas esto. Puedes morir— dijo Alicia.
—Pero tú podrás escapar— respondió David. –No me importa morir si con ello logro que tú salgas de aquí.
—Estamos aquí por mi culpa— sollozó Alicia. –Nunca tuvimos que irnos con Carlos. Me dejé llevar por el miedo y las cosas que me dijo. Creí que yendo a un sitio fijo estaríamos a salvo, pero no es así.
—No te culpes por eso ahora. Tomamos una decisión y ahora estamos tomando otra. Haré lo que haga falta. Lo que haga falta para que Cristian y tú salgáis de aquí. Además, se que encontrarás a Juanma y a los demás. Estoy seguro de ello.
—¿Entonces estás de acuerdo conmigo? ¿Lo haremos?
—Lo haremos— respondió David. –Armaremos un jaleo de cojones. Y si nos cargamos a Dorian durante ese jaleo, mejor.

Día 8 de Octubre de 2010
Día 831 del Apocalipsis
Hotel… 05:00 horas de la madrugada…

El despertador sonó y me apresuré a apagarlo. No quería que el sonido despertara a Eva ni a los bebés. Me levanté de la cama que compartía con Eva en la habitación 101 y me vestí. Noté que hacía frio y me abrigué. Seguidamente me asomé por la ventana y vi que estaba nevando un poco. Cuando estuve vestido cogí mi arma y salí de la habitación. Me acerqué a la habitación 102, ahí era donde dormía Vicky, abrí la puerta con cuidado y me di cuenta de que la lamparilla estaba encendida, sobre la cama, estaban Vicky y Cindy. Ambas jugaban con el gatito de Cindy, al verme se quedaron quietas, como disimulando que no estaban haciendo nada.
—¿No es muy temprano para que estéis jugando? Deberíais estar acostadas— miré a Cindy. –Tu madre podría asustarse si se despierta y no te ve. Quizás deberías volver a la habitación.
—Está en la habitación de al lado. Aun duerme, no quiero despertarla— respondió Cindy.
—Muy bien. Haced lo que queráis, pero no hagáis mucho ruido. Voy a bajar a hacer el desayuno. ¿Queréis tostadas y chocolate— Las dos niñas asintieron rápidamente con la cabeza y yo sonreí. –Muy bien. Vestiros, abrigaros y bajad dentro de un rato a la cocina.
Cerré la puerta y me dirigí a las escaleras, las bajé tranquilamente mientras me frotaba las manos, hacía realmente frio. No quería imaginarme lo que nos podría haber pasado si no estuviéramos en el hotel en esos momentos, podríamos haber muerto de frio en el exterior. Iba a tener que hablar con todos para poner en marcha las calderas para tener calefacción en todo el edificio, parecía ser que el invierno que se nos acercaba iba a ser duro. Llegué a la planta baja y fui hacia lo que era el gran comedor que en su día había proporcionado lujosas cenas a famosos y personas ricas, entonces escuché un ruido a mis espaldas. Me di la vuelta, pero no vi a nadie. Aun así no le presté mucha atención, quizás había sido alguno de los que vigilaba, fuese lo que fuese no me preocupaba, seguí mi camino y entré en el comedor.
*****
Silvia se asomó por la esquina con la respiración entrecortada. Su cara estaba pálida y sentía sudores fríos. Había estado en la enfermería y cuando subió, casi había sido descubierta. Solo cuando Juanma desapareció en el interior del comedor, salió de su escondite. Comenzó a subir escaleras con gran esfuerzo. El hotel estaba tranquilo, menos los que vigilaban, todos dormían. Llegó al primer piso y se paró jadeando apoyándose en la pared, decidió seguir y justo cuando pasaba por delante de la 101, vio como la puerta de la 102 se abría de golpe y las dos niñas salían corriendo. Una de ellas no tuvo los reflejos necesarios para esquivarla y chocó contra ella golpeándola en el brazo derecho. Silvia estuvo a punto de gritar de dolor, pero se contuvo, solo miró con enfado a la hija de Katrina. La cual le había golpeado sin querer.
—Lo siento Silvia. Fue sin querer— dijo Vicky acercándose a ella. Silvia se había inclinado sobre si misma mientras aguantaba el dolor. La niña trató de ayudarla, pero Silvia la apartó de un empujón.
—Largo de aquí. ¡¡¡Fuera!!!
Las dos niñas se miraron y se alejaron de Silvia, la cual había apoyado la cabeza contra la pared mientras jadeaba. Incluso escuchó como Cindy y Vicky cuchicheaban algo, aunque eso a Silvia no le importó. Respiró hondo y siguió caminando apoyándose en la pared. Por fin llegó a la 113, su habitación. Abrió la puerta con cuidado, intentando hacer poco ruido. Cuando estuvo dentro cerró la puerta y se dejó caer sentada al suelo. Allí se quitó la chaqueta, dejando al descubierto la herida de su brazo, la cual había sangrado más tras el choque con las niñas. Se quitó el trozo de tela que tenía sobre la herida y sintió un dolor penetrante, tan fuerte que parecía que le estaban clavando cientos de cuchillos con los que le estaban desgarrando la piel. Poco a poco se fue levantando y caminó hacia el escritorio, se sentó y de los bolsillos se sacó una aguja, hilo de coser, desinfectante y unas vendas. Lo tenía todo, lo había sacado de la enfermería a hurtadillas, había esquivado a Malaquías, el cual dormía en su celda al lado del libro que estaba leyendo.

Con todo listo abrió uno de los cajones de la mesa con una mano y sacó unos calcetines enrollados. Se los metió en la boca tras enhebrar la aguja, seguidamente se echó el desinfectante sobre la herida y sintió un dolor atroz, tuvo que apretar los dientes con fuerza para no escupir los calcetines y gritar de dolor, únicamente dio varios golpes sobre la mesa, incluso pensó que se iba a marear. Respiró profundamente y comenzó a coserse la herida tal y como le había enseñado A.J hacía ya tanto tiempo que parecía una eternidad.