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sábado, 14 de mayo de 2016

NECROWORLD Capitulo 115

Día 8 de Octubre de 2010
Día 831 del Apocalipsis
Bosque…06:45 horas de la mañana…

—Mis hermanos y yo llegamos a Gray en busca de provisiones. Teníamos entendido que allí se fueron tan deprisa que los supermercados se quedaron llenos. Acudimos con la esperanza de hacernos con bastantes latas de alimentos imperecederos. No llevábamos ni treinta minutos allí cuando una tía salió por una esquina. Era una chica guapísima, esta nos miró y nosotros la miramos. Esta echó a correr y nosotros la seguimos, fue entonces cuando nos cogieron, nos drogaron y nos metieron en las celdas, de eso hace más o menos una semana— explicaba Riley a Juan. Los demás dormían y eran ellos quienes se habían quedado de vigilancia en la cueva que habían encontrado. Fuera había dejado de nevar.
—¿Estáis vosotros solos? Quiero decir. ¿No tenéis grupo?— preguntó Juan.
—Solo nosotros tres. Hoy en día no se puede confiar en nadie. Confías en alguien y te la clavan cuando menos te lo esperas. Aquí solo se puede confiar en la familia.
—Pues en nosotros si has confiado— respondió Juan.
—Nos habéis salvado. Creo que os habéis ganado nuestra confianza— respondió Riley.
En ese momento los que estaban durmiendo comenzaron a despertarse y Juan los observó. –Bien. Esto quiere decir que ya podemos ponernos en marcha. Al paso que vamos, si seguimos a este ritmo, llegaremos al anochecer a nuestro hotel.
Unos treinta minutos después se pusieron en marcha a través del bosque. No habían tenido problemas durante la noche y de día tenían mejor visión de todo. Estuvieron andando una hora entera hasta que llegaron a un riachuelo donde se pararon a llenar las botellas de agua que llevaban. Las tres chicas se alejaron un poco para lavarse un poco mientras los chicos se quedaban por la zona vigilando para no sufrir ataques de caminantes.
—¿Qué hacías exactamente en esa casa?— preguntó Blair mirando a Nina. La cual estaba lavándose la cara. –Puedo deducir que cuidabas a ese hombre, pero no creo que estuvieses muy unida a el. No vi que derramaras ni una sola lagrima con su muerte.
—Llevaba en esa casa desde que comenzó todo. Durante una noche de tormenta, tenía hambre y estaba herida. Me desmayé justo en la entrada. Cuando me desperté estaba tumbada en una cama. Me habían cambiado la ropa. Aun quedaban varios de sus habitantes… Los que luego fueron muriendo o se mataron entre ellos. Aquello con el tiempo se convirtió en una casa de locos. Hace unos meses llegó aquel tipo con aquel grupo de presos y fueron acogidos en la casa, el señor Crawford enfermó y la única persona que se preocupaba por mi, murió. Desde ese día no fui más que la cuidadora del señor Crawford. Pese a su enfermedad me sometió a todo tipo de vejaciones. ¿Qué si lamento su muerte? En absoluto.
En ese momento escucharon un ruido entre los matorrales. Johana se puso en pie y observó el lugar del que vino el ruido. No tardó en ver a varios caminantes andando entre los arboles hacia ellas.
—¿Qué hacemos?— preguntó Nina sacando el arma que le habían cedido. —¿Los matamos?
—Yo me encargo de ese. Tu Blair encárgate del otro. Luego esperaremos a que vengan los demás. Solo nos cargamos a los más cercanos— dijo Johana sacando el cuchillo.
—¿Con cuchillos?— preguntó Nina.
—Ahorramos balas— respondió Johana cruzando el riachuelo. Llegó hasta el primer caminante, lo golpeó y lo estampó contra un árbol. Seguidamente le clavó el cuchillo en la cabeza. Miró a Blair haciendo lo propio con otro. Con un rápido movimiento con el machete le cortó media cabeza. Iban a ir a por los otros cuando vieron a varios caminantes más. Muchos más de los que habían imaginado. Fue entonces cuando escucharon los disparos efectuados por los chicos. Eso hizo que Nina entrara en pánico y comenzara a gritar, lo cual hizo que los caminantes se excitaran más. Johana pasó corriendo por el lado de Nina y la cogió del brazo. –Es un rebaño. Tenemos que salir de aquí.
Las chicas salieron corriendo y se encontraron con los chicos, los cuales también habían emprendido la huida. Llegaron a un camino.
—Por aquí cerca hay una casa. Recuerdo haberla visto de camino a Gray— dijo en ese momento Kennedy. –Podremos refugiarnos ahí hasta que el rebaño pase de largo.
No tardaron en ver la casa. Todos aceleraron el paso y cruzaron corriendo las puertas. Rápidamente las cerraron y usaron unos muebles para bloquear las puertas. Seguidamente se ocultaron y observaron por la ventana. No tardaron en ver surgir a los primeros caminantes, los que encabezaban el rebaño. En menos de cinco minutos, había más de un centenar de caminantes pasando por al lado de la casa. Nina tuvo que taparse los oídos para no tener que escuchar los gruñidos y los gemidos. Stephan, el más joven de los hermanos se acercó a Kennedy y este le ayudó a calmarse. Lo único que podían hacer era guardar silencio hasta que el peligro pasara. Escucharon como algunos de aquellos seres habían llegado al porche y estaban dándose golpes contra las paredes.
—Mantened la calma. Basta con que uno nos descubra para que empiecen todos a tratar de entrar. Entonces estaremos jodidos. Mantened la calma— dijo Juan en voz baja.
Nina quiso asomarse para ver, pero rápidamente Johana se lo impidió, justo en ese momento un caminante pegó la cara al cristal, escudriñando el interior de la casa. Segundos después se apartó y siguió su camino.
—Si llega a verte estaríamos jodidos. Tienes que tener cuidado— le espetó Johana a la muchacha. –Hay muchos. No podremos salir hasta que no pasen— en ese momento, Johana escuchó una respiración agitada a sus espaldas, se dio la vuelta y vio a Stephan respirar agitadamente mientras su hermano Kennedy trataba de calmarlo. Estaba sufriendo un ataque de ansiedad. –Haz lo que sea para que no entre en pánico.
—Cálmate Stepahn. Si no nos oyen no nos descubrirán. Estaremos a salvo— decía Kennedy. –Vamos hermano— sin embargo, Stephan no se tranquilizaba. El ataque de ansiedad iba en aumento.
—Tengo que salir de aquí. No lo soporto— decía Stephan empujando a su hermano. Seguidamente se alejó reculando y haciendo ruido. Ruido que estaba llegando hasta los caminantes. Uno de ellos se acercó a la puerta y comenzó a rascar. –Dejadme salir.
—Cállate—dijo Brendan mirando al más joven de los hermanos. –Cállate, joder.
En ese momento Juan se levantó rápidamente, se acercó a Stephan y lo golpeó con la culata del fusil, dejándolo inconsciente al instante. Seguidamente lo agarró y se ocultó detrás de un mueble al tiempo que otro caminante miraba por la ventana. No podían arriesgarse a ser vistos, un grupo tan grande arrasaría la casa. Juan miró a su alrededor y al fondo del salón vio unas escaleras, entonces comenzó a hacer señas. Quería que lo siguieran con cautela, si llegaban hasta las escaleras y las subían, estarían mucho más seguros. Se cargó a Stephan sobre los hombros y avanzó en cuclillas seguido de Johana. Todos poco a poco fueron siguiendo el camino marcado por Juan, parándose cada vez que un No Muerto amenazaba con descubrirlos. Aunque les costó, no tardaron en llegar todos a las escaleras. Una vez allí comenzaron a subir los escalones poco a poco. Cuando estuvieron en el piso superior, avanzaron por un pasillo hasta que Mike encontró la entrada a la buhardilla. Mike tiró de la cuerda y la trampilla se abrió. Subieron por ella y allí se refugiaron, ningún ruido que hicieran allí llegaría a los caminantes. Johana se acercó al ojo de buey y miró, desde allí vio como el rebaño seguía cruzando el bosque.
—¿Estaremos aquí hasta que pasen todos? ¿Cómo lo sabremos?— preguntó Nina.
—Solo nos queda esperar. Ahí fuera siguen pasando. ¿Es la primera vez que ves algo así? Acojona ¿Verdad?— preguntó Johana.
—Nunca vi un grupo tan grande. Ni nunca lo he pasado tan mal. Es la primera vez que siento tanta tensión en una situación como esta…— respondió Nina.
Juan tumbó a Stephan sobre un montón de mantas y se volvió hacia los hermanos de este. –Siento haberle pegado, pero no me quedó otra opción. Ahora esperaremos.
—¿Cuánto tiempo?— preguntó Riley.
—Una o dos horas. El tiempo suficiente para asegurarnos— respondió Juan acercándose también al ojo de buey junto a Johana. –Son realmente muchos. Puede que estén emigrando.
—Ni idea, pero desde luego son muchos. No habríamos durado nada con todos esos. De momento descansemos.
—Yo me quedo aquí vigilando. Os avisaré si veo algo— dijo Johana.
—¿Quieres que te acompañe en la vigía?— preguntó Juan. –No me importa.
—No. Descansa. Aun no has dormido desde que salimos de la mansión Crawford. Lo necesitas— respondió Johana. Juan la besó y se alejó, se sentó en un rincón y se quedó dormido rápidamente.

Las Vegas…
13:00 del medio día…

Luci observó el regreso del convoy en el que David se había ido a primera hora de la mañana. Antes de irse había contado el número de vehículos, habían sido un total de ocho. En el regreso volvió a contarlos, había siete, lo cual indicaba que David había cumplido con éxito. Esperó un poco más y vio salir a los hombres que habían partido, finalmente vio salir a David. Se fijó en el y presentaba el aspecto de alguien al que habían dado una paliza. Tenía cortes por toda la cara y llevaba un brazo vendado. En ese momento apareció Dorian también, el cual se acercó a David con un gesto de preocupación. Luci se fue acercando un poco para tratar de escuchar lo que decían.
—¿Qué cojones ha pasado?— preguntó Dorian.
—Llevaba uno de los vehículos y vi una farmacia con la persiana echada. Lo que quería decir que no había sido saqueada. Así que pedí permiso a mi superior y decidí pararme en ella mientras mis compañeros iban a hacer su trabajo. Me confié mientras cargaba el vehículo. Un tipo enorme salió de la nada y me atacó. Me golpeó varias veces, me disparó y se llevó el coche. Lo siento, no pude hacer nada— explicó David. Luci se fijó y se dio cuenta de que estaba mintiendo, tal y como le habían dicho que hiciera, pero nadie había contado con que fuera el mismo Dorian quien lo interrogara, la expresión de este era un autentico poema, era como si no se estuviese creyendo ni una sola palabra de lo que David le estaba diciendo. Luci rezó para que no fuera así.
—Bueno. Esas cosas pasan. No sería la primera vez, aunque espero que sea la última. Ve a que te vea el medico y tomate el resto del día libre— dijo Dorian. David se lo agradeció y caminó por su lado, entonces Dorian volvió a hablar. –Pero es extraño que no te haya matado y que solo te haya disparado en el brazo. El mundo ha cambiado, pero hay errores que no pueden cometerse. En fin, como ya te dije antes, espero que sea la última vez.
Luci también decidió que era momento de largarse, esperó unos veinte minutos, el tiempo que tardarían en curar a su compañero. Tenía que reunirse con David para confirmar que el plan había sido llevado a cabo. Se dio media vuelta y se metió en un callejón. Recorrió el callejón hasta que llegó a una esquina, allí se asomó y esperó a que llegara David, sin que nadie la viera, salió cuando David pasaba junto a la esquina, lo agarró y tiró de el. Este al principio trató de zafarse, pero Luci lo encaró y le pidió que guardara silencio. Luci se volvió a asomar por la esquina, se aseguró que no viniera nadie y se acercó a David. –Estás hecho un Cristo. ¿Qué has hecho?
—Se suponía que tenía que sonar convincente ¿No? Pues eso hice— respondió David.
—¿Dejaste el coche donde debe estar?— preguntó Luci.
—Si. En el sitio que me dijisteis. Casi me descubren, pero todo está bien. ¿Qué más nos queda?
—En primer lugar vuelve a casa y recupérate. En un par de días podremos llevar a cabo el plan. No podremos hacer mucho estando tan fastidiado. Recupérate, pero ahora escucha, es esencial que no nos veamos hasta entonces, podrían sospechar.
—Está bien— respondió David. –Pero… Hay algo. Sobre Sandra… Ya se lo que se dijo, pero no podemos irnos sin ella. Juanma no la dejaría aquí. Me da igual que esté con Carlos. Este lugar no es bueno para ninguno de nosotros.
Luci se quedó un rato pensativa, pero finalmente volvió a mirar a David. –Está bien. La pondremos en sobre aviso… Y esperemos que no le de por contarle nada al cabrón.
—Esperemos…— respondió David. Lo cierto es que no estaba muy seguro si podían confiar del todo en Sandra.

En algún lugar de Georgia…

A.J se despertó cuando sintió el agua fría sobre el. se despertó de repente y al intentar incorporarse se dio un fuerte golpe en la cabeza con las rejas que tenía encima. Reculó un poco hasta que su espalda chocó contra unos barrotes y se retiró cuando un perro se lanzó contra los barrotes contra los que había chocado, aunque el animal estaba en una jaula y no logró alcanzarlo, a decir verdad, el también se hallaba metido en una jaula, demasiado pequeña como para que cupiera entero dentro de ella. Miró a su alrededor y entonces vio a un hombre alto con el pelo rizado y alborotado, era moreno de piel y la barba que tenía delataba que hacia días que no se afeitaba.
—Ya era hora de que te despertaras. Creí que nos habíamos pasado con el sedante— A.J reconoció la voz al instante, era el mismo tipo alto que lo había capturado en el bosque. Aunque no sabía cuanto tiempo había pasado desde entonces.
—¿Dónde estoy?— preguntó A.J un tanto confuso. La cabeza le dolía muchísimo. Se llevó la mano a la cabeza y notó que le habían puesto algo. se trataba de una gasa. —¿Qué me habéis hecho?
—Te han curado la herida de la cabeza. Aunque bajo mi punto de vista no era necesario. Teníamos que haber empezado a comerte desde hace ya horas, pero son demasiado escrupulosos. Aunque ahora mismo están debatiendo que hacer contigo, si te matan y te comemos o simplemente te matamos.
—¿Y no sería más fácil dejarme libre? Yo a vosotros no os he hecho nada. Me marcharé y olvidaré esto— respondió A.J.
—Si. Claro… En este mundo ya no te puedes fiar de nadie. Podríamos dejarte libre y a las pocas horas regresar con un grupo para robarnos lo poco que tenemos y violar a nuestras mujeres. Sabemos muy bien como funcionan ahora las cosas. Pase lo que pase, tu no saldrás vivo de aquí— dijo aquel tipo alto señalando a A.J.
En ese momento se abrió la puerta y entró una chica joven muy guapa, aunque muy delgada. A.J supuso que se debía a lo poco que comían en esa casa o donde estuviera. Por donde se encontraba en esos momentos, podría jurar que era una perrera. De hecho pensó que se encontraba en una clínica veterinaria a juzgar por unos paquetes que divisó en un rincón.
—Mi padre quiere que vayas. Quieren escuchar tu opinión— dijo la chica.
—¿Otra vez? ¿Cuántas más veces más voy a tener que decirlo? Este tío nos vendrá bien como alimento— respondió el tipo. –Muy bien. Vigílalo hasta que yo vuelva, pero ni se te ocurra abrirle la puerta.
—¿Te crees que soy estúpida?— preguntó la chica haciéndose a un lado un mechón de pelo.
—Ya conoces mi opinión al respecto. ¿Estúpida? No, lo que eres es completamente gilipollas, pero tú a tu royo. Ahora volveré— el tipo alto salió de la sala y A.J se quedó a solas con la muchacha. Esta dejó ver el arma que llevaba, pasó junto a la jaula sin dejar de mirar a A.J y se sentó sobre los paquetes. Allí se encendió un cigarro.
—¿Fumas?— preguntó ella.
A.J negó con la cabeza y volvió a mirar a alrededor. —¿Dónde estoy?
—En nuestro refugio. Aunque lamento que no te haya tocado la suite de lujo. Es una putada dormir ahí. ¿Cómo te llamas?
—Aaron Jackson… Pero todos me llaman A.J… Bueno… Me llamaban…
—¿Tus compañeros te llamaban así? ¿Y que les ha pasado? ¿Están muertos?— preguntó la chica echando humo. –Lo cierto es que las cosas ahí fuera cada día están peor. Los muertos están por todas partes. Por cada humano hay miles de ellos. No quiero ni imaginarme el número tan reducido de personas que habrá quedado en todo el mundo.
—¿Y tu como te llamas?— preguntó A.J mirando a la chica. La chica iba a responder justo cuando la puerta se abrió y entró un hombre bastante más mayor que el primero.
—Te dije que no hablaras con el. Sal de aquí ahora mismo— la chica salió por orden de aquel hombre y seguidamente lo hizo el. Este ni siquiera miró a A.J.
A.J estaba solo y atrapado. Aquellas personas estaban decidiendo que hacer con el, pero no parecía que fueran a perdonarle la vida. Tenía que planear algo para salir de allí.

Hotel…
23:00 de la noche…

Habíamos acabado de cenar. No había visto a Silvia en todo el día, en realidad no la había vuelto a ver desde que habíamos regresado, eso hacía que me preocupara. Me levanté de la silla del comedor tras darle un beso a Eva. Salí al pasillo y me encontré con las niñas tumbadas en el suelo sobre una alfombra y dibujando, ellas hacía rato que habían acabado de cenar.
—¿A dónde vas papá?— preguntó Vicky levantándose del suelo.
—Voy a ver a Silvia. No la he visto en todo el día. Quiero saber si está bien. Me preocupa— respondí.
—Cindy y yo la vimos esta mañana. Tenía muy mal aspecto, creo que estaba enferma.
—¿De verdad?— pregunté sorprendido. Me di media vuelta y me dirigí a las escaleras, no tardé en ver a Vicky detrás de mí. —¿Qué haces?
—Quiero acompañarte— respondió mi hija. –Ella nos habló muy mal esta mañana.
Llegamos a la habitación 113 y llamé, pero no tuve respuesta alguna. Miré a Vicky y enseguida me llevé la mano al cinturón para coger la pistola. Si era verdad que estaba enferma, podría haber muerto mientras estaba allí dentro, ahora podría ser una caminante. Vicky hizo lo mismo con su pistola. Seguidamente puse la mano sobre el pomo y cuando iba a abrir la puerta escuché que alguien me llamaba por mi nombre al final del pasillo. Me di la vuelta y vi a Alexandra.
—¿Qué ocurre?— pregunté.
—Tenemos un problema en una de las vallas. Hay una horda de caminantes. Creemos que no son una amenaza, pero no queremos arriesgarnos— respondió Alexandra.
Solté el pomo de la puerta y tanto Vicky como yo avanzamos hasta encontrarnos con Alexandra. Después la seguimos hasta el exterior, una vez fuera fuimos hasta las vallas, donde vimos una multitud de caminantes metiendo los brazos y gruñendo. Allí estaban Faith y Stephany clavándoles unas lanzas en la cabeza, pero por cada uno que mataban llegaban dos más.
—¿Desde cuando están ahí?— pregunté.
—Desde hace unos minutos. Parecen muy excitados, lo cual es extraño. Con el frio que hace… ¿No deberían estar como aletargados?— preguntó Alexandra.
—Sea lo que sea me da igual. Situémonos a lo largo de toda la valla para atraer su atención. Si los separamos será más fácil acabar con ellos. Vamos— dije haciendo unas señas a Stephany y Faith.
Vicky y yo avanzamos junto a la valla haciendo que algunos caminantes se fijaran en nosotros. Estábamos separando al grupo. Cuando apartamos a unos cuantos comenzamos a eliminarlos poco a poco. No tardamos mucho en lograrlo, una vez estuvieron todos muertos me dirigí a la parte donde se habían concentrado todos. Allí encontré lo que perfectamente podía haberlos atraído.
—¿Eso es sangre?— preguntó Vicky.
Me llevé una mano a los bolsillos y saqué un guante de trabajo. Seguidamente pasé un dedo sobre la mancha y luego la miré. –Es sangre fresca, no está coagulada aun. No pertenece a los caminantes. Si no a alguien vivo.
—¿Eso fue lo que puso como locos a los caminantes? ¿De quien puede ser?
—Da igual eso. Simplemente vigilad bien. No quiero arriesgarme a que alguien de fuera quiera jodernos. Si veis algo sospechoso dad un aviso, si es alguien y no os hace caso… Simplemente disparad— dije.
Me di la vuelta y me fui de nuevo hacia el hotel seguido por Vicky, fue entonces mientras caminaba cuando vi algo que me llamó la atención. Miré a Vicky. –Quédate aquí, pero saca tu arma por si acaso— Vicky obedeció y yo me encaminé a través de los jardines, pasé junto a un cobertizo de la luz y alumbré con la linterna al suelo. Allí vi una alcantarilla medio abierta. Me acerqué un poco más y me asomé al interior alumbrando, pero no había nada ni nadie. Cerré la alcantarilla y volví junto a mi hija.
—¿Qué había pasado?— preguntó Vicky.
—Nada. Alguien dejó la alcantarilla abierta, pero no es nada grave. Venga, vayamos a dormir. Mañana madrugaremos para ir a cazar. ¿Te apuntas?
—Por supuesto— respondió Vicky con una sonrisa.
Llegamos a nuestras habitaciones. Vicky se metió en la suya y yo entré en la mía. Eva estaba leyendo un libro y los bebés dormían tranquilamente, al menos así estarían un par de horas. Iba a meterme en la cama justo cuando recordé que antes de que me llamaran iba a ir a ver como estaba Silvia.
—¿A dónde vas?— preguntó Eva dejando el libro a un lado.
—Hay algo que quiero comprobar. Ahora vengo— salí de la habitación y recorrí el pasillo hasta que llegué a la habitación 113 nuevamente. Iba a abrir la puerta justo cuando esta se abrió un poco y vi a Silvia, aunque no abrió toda la puerta. —¿Estás bien?
—Si. Estaba durmiendo…— respondió Silvia.
—Vale. Solo quería saber como estabas y si necesitabas algo— respondí.
—Estoy bien. No necesito nada, buenas noches— iba a decir algo, pero entonces Silvia me cerró la puerta en las narices.
No quise molestarla, me di media vuelta y regresé a mi habitación. Allí no tardé en quedarme dormido. El día siguiente iba a ser un día de caza.
*****
Silvia se dejó caer sobre la cama. Le había ido de bien poco y casi la habían descubierto. Esta vez no había podido hacer mucho, pero había logrado más facilidades. La próxima vez cubriría más terreno más rápidamente.

En algún lugar cerca de Las Vegas…

Sandra se bajó del vehículo cuando Carlos lo detuvo. Justo delante de ellos había una estación de trenes. Se dio la vuelta y miró a Carlos.
—¿Es aquí?— preguntó ella. Volvió a mirar hacia la estación de trenes –No se. Cuando hablaste de cita romántica pensé en algo así como una cena a la luz de las velas y de la luna. Este lugar no es muy romántico que digamos, pero supongo que lo que cuenta es la intención— en ese momento Sandra escuchó un chasquido a sus espaldas, se dio la vuelta y se encontró a Carlos apuntándole con la pistola. —¿Qué es lo que haces?
—Coge tu pistola con la punta de los dedos, que yo la vea y déjala en el suelo— dijo Carlos. –No es ninguna broma.
Sandra aun sin entender lo que estaba pasando hizo lo que Carlos le pidió. Dejó la pistola en el suelo y seguidamente alzó las manos. —¿Por qué haces esto? Si lo haces por lo que te dije esa mañana en el solar…
—Lo hago por que lo tengo que hacer. Dorian no confía en vosotros y no se os puede permitir que sigáis viviendo— respondió Carlos apuntando con su arma.
—Vosotros… ¿Te refieres a David, Alicia, Luci y yo?— preguntó Sandra dando unos pasos hacia atrás.
—Alicia, David y tu. Las cosas son así. No pienso arriesgarme a que siguiendo vivos vosotros me jodais los planes que tengo. Lo siento, pero tengo que matarte. A ellos también los mataré, pero con ellos no seré como contigo. Me has dado muy buenos meses y has sido una buena sustituta de Eva. Debo agradecértelo, por eso estoy permitiendo que conozcas mis razones.
—No tienes por que hacer esto. No seré ninguna molestia para ti ni para Dorian— respondió Sandra. –Te juro que…— entonces Carlos le disparó y Sandra cayó de espaldas mientras la sangre comenzaba a formar una mancha roja en el pecho. Miró a la luna y no tardó en ver a Carlos, este se guardó la pistola y se agachó junto a ella. Cogió sus mejillas y se agachó para darle un beso en la boca, seguidamente alzó la cabeza y escupió para quitarse el sabor a sangre. –Lo siento, pero me agradecerás el hecho de que te encontraras con tu querido perro— seguidamente le rompió el cuello a Sandra. Volvió al coche y cogió el walkie talkie. –Aquí Carlos. Acaba de caer la primera. Quedan dos.

La voz de Dorian sonó al otro lado. –Tres, el niño también debe morir.