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sábado, 21 de mayo de 2016

NECROWORLD Capitulo 116

Día 9 de Octubre de 2010
Día 832 del Apocalipsis…
07:00 horas…
Bosque cerca del hotel…

Vicky, Stephany y yo habíamos salido temprano a cazar. Eran las siete de la mañana y hacía bastante frio. Los tres caminábamos por un sendero, con todos los sentidos alerta. Había nieve por todas partes, incluso pudimos ver a algunos caminantes cubiertos de nieve, totalmente congelados, aunque al vernos, trató de levantar el brazo, aunque tenía muchas dificultades. Yo lo vi y enseguida miré a mi hija y a Stephany.
—Quedaros aquí— les dije al tiempo que sacaba un cuchillo. Llegué junto al No Muerto y le clavé el cuchillo en la cabeza, después lo saqué de un tirón.
—No era una amenaza— dijo en ese momento Stephany. –Podríamos haberlo ignorado.
—Estamos cerca de casa… Se podría haber descongelado y haber llegado hasta las puertas. Quizás junto a muchos más. Siempre que vemos a uno aletargado, acabamos con el— explicó Vicky. –Es mejor.
—Entiendo— respondió Stephany. –Solo creí que no era necesario.
—Siempre es necesario— dijo Vicky dando un paso al frente sacando el cuchillo. Se adentró entre los arboles y yo la seguí con la mirada hasta que vi como hacía lo mismo que había hecho yo. –Ahí tienes uno. Ocúpate tu— dijo Vicky señalando hacia un árbol mientras miraba a Stephany.
Stephany avanzó entre los arboles y vio a otro caminante atrapado entre unas ramas. Este trataba de moverse, al ver a Stephany alargó el brazo para cogerla. Ella se alejó un poco para evitar que pudiera cogerla. Lo cierto era que tenía miedo, no quería arriesgarse a que la cogiera y le mordiera, por que entonces estaría perdida. Había visto ya muchas veces lo que pasaba y que no había solución posible, ni siquiera amputando la zona afectada.
—¿Vas a hacerlo o que?— la voz de Vicky hizo que Stephany se diera rápidamente la vuelta. –Es solo acercarse y clavárselo en la cabeza. Está medio congelado, no es peligroso, tu misma lo dijiste antes. ¿Te vas a cagar ahora?
—Yo no me cago— respondió Stephany. –Es solo que…
—Que tienes miedo. Para esto podrías haberte quedado en el hotel contándoles cuentos a los demás niños junto a Diana. Se te daría mejor que esto— dijo Vicky al tiempo que le daba una patada en el brazo al caminante. Este se partió con un crack y seguidamente Vicky le clavó el cuchillo en la cabeza. –Bueno, no pasa nada. No todos tenemos las mismas agallas. Unos crecemos antes que otros.
—¿Qué insinúas?— preguntó Stephany. –No me gusta la forma que tienes de hablarme. Solo eres una cría. Eres más joven que yo.
—Y también más valiente— añadió Vicky.
Me acerqué al verlas discutir y las miré a ambas. –Hemos salido a cazar. No a que discutáis. Seguid y os mandaré de vuelta al hotel. ¿Está claro?
Seguimos nuestro camino con Vicky delante, entonces Stephany se me acercó. –Siento lo que te diré, pero tu hija necesita modales. Quizás un par de bofetones bien dados. No puede hablar así a la gente.
—Ha vivido mucho. La mayoría de cosas malas. Ha tenido que madurar muy deprisa— le expliqué a Stephany. –Hace unos meses seguía siendo una niña. Dio un cambio muy drástico. Con esto no quiero decir que tú seas inmadura, pero ella ha hecho cosas que tú nunca has hecho. ¿Has matado a alguien alguna vez? Ella si— entonces comencé a contarle a Stephany todo lo que había vivido con Vicky desde el momento que la encontré en aquella perrera. Seguimos andando el largo camino hasta que llegamos a lo que parecía una pequeña casa con un cobertizo al lado. Los tres nos la quedamos mirando. Habíamos explorado los alrededores del hotel, pero nunca habíamos dado con ese lugar. Vicky fue la primera en acercarse al cobertizo, seguidamente nos miró.
—Está cerrado. Y aquí hay huellas de neumático— dijo Vicky cogiendo el candado. Cuando Stephany y yo llegamos junto a mi hija, inspeccioné todo lo que me llamó la atención. —¿Qué opinas?
—Que alguien ha estado usándolo hace poco. Horas en realidad.
—Iré a mirar— dijo Vicky rodeando el cobertizo. Yo la seguí para evitar que le pasara nada. Llegamos junto a unos bidones y vi como Vicky me señalaba una obertura cerca del techo de uralita. –Si me aúpas quizás pueda ver lo que hay dentro.
—Vale, pero con cuidado. Súbete a mis hombros— dije mientras me agachaba. Vicky se subió a mis hombros y yo me levanté poco a poco hasta que ella pudo asomarse, mientras, Stephany vigilaba. Alcé un poco la cabeza y pregunté. —¿Ves algo?
—Hay un coche. Y huele a gasolina. Lo han usado hace poco— respondió Vicky. –Voy a entrar a inspeccionarlo.
—No será necesario. Baja— dije agachándome de nuevo. Entonces Vicky bajó.
—¿No nos lo llevamos?— preguntó Stephany. –Podría sernos útil.
Yo negué con la cabeza. –Pertenece a alguien y lo están usando. No quiero que alguien pueda tener problemas por nuestra culpa. Dejémoslo aquí.
—Si pertenece a alguien que se joda. Nosotros lo aprovecharemos mejor. Rompemos el candado y listo— dijo en ese momento Vicky.
—Esa boca— dije. –No nos lo llevamos. Piensa que es nuestro y es nuestra única posibilidad para sobrevivir… Sigamos nuestro camino.
—¿Y si pertenece a ese tal A.J?— preguntó Stephany. —¿No será peligroso?
—Aunque pertenezca a el no importa. Estamos a unos tres kilómetros del hotel. Aunque le pertenezca a el no corremos peligro. El está solo y hemos aumentado las guardias. Tendría que estar loco para atacarnos, le superamos en número, de largo además. Venga sigamos.
Estuvimos cazando hasta el medio día. Regresamos al hotel con varias piezas. Habíamos cazado varias liebres, un par de faisanes y un jabalí. Cruzamos las puertas del hotel y varios vinieron a recibirnos. Dos de los primeros en llegar fueron las hermanas Tamara y Arianne, estas se quedaron mirando el jabalí.
—Tiene buena pinta. Hace dos días cuando estaba de vigilancia vi a un grupo de ellos. Supuse que no andaban muy lejos— dijo Arianne. –Estaré encantada de cocinarlo para esta noche. Llévalo a la cocina.
—Si. Hoy comeremos carne. Los cerditos aun son demasiado jóvenes— respondí cargando el jabalí a mis espaldas. Caminé hacia el interior del hotel y llegué a la cocina. Antes de entrar escuché ruido, dejé el jabalí en el suelo y saqué el fusil. Entré con cuidado en la cocina y descubrí a Mouse dando patadas a las puertas de los armarios que abría. Bajé el arma y me dirigí hacia el. —¿Qué estás haciendo?
—Buscar una puta botella de buen alcohol. Se me ha acabado y lo necesito— respondió Mouse sin mirarme, aunque por la voz y por como hablaba pude deducir que ya iba borracho perdido.
—Me parece que por hoy ya has bebido demasiado. Te recomiendo que te vayas a dormir. Mañana será otro día y pensarás con más claridad.
—¿Es una orden?— preguntó Mouse levantándose y dándose la vuelta para mirarme. –Por que si lo es. Te la puedes meter por el culo. Si no vas a darme una botella, será mejor que te des media vuelta y te largues.
—No estás bien. Desde lo de Jill…
—Ni se te ocurra decir su nombre. No tienes derecho a ello. Lárgate— dijo Mouse dándose la vuelta y abriendo otro armario. Allí por fin encontró una botella de wisky. La puso sobre la mesa y cogió un vaso. Abrió la botella y enseguida comenzó a llenárselo. Se lo llenó tanto que incluso se le salió, seguidamente cogió el vaso y dio un largo trago, volvió a mirarme. —¿Sigues aquí? Lárgate y déjame solito con mis miserias. Esto es un asco. No se tu, pero yo ya me di cuenta…
—¿De que?— pregunté yo. –Mira John, no se de que hablas, pero esta conversación deberíamos tenerla cuando estés sobrio. Ahora no sabes lo que dices.
—Se muy bien lo que digo. Me di cuenta de que dará igual lo que hagamos. Todos vamos a morir. Ya han muerto varios de los nuestros y nosotros no seremos menos, moriremos. Lo más gracioso de todo es que tu serás el ultimo en morir por que todos los demás habremos muerto por tu culpa. Quizás te suicides. Pero antes verás morir a tu hija, a tu mujer y a ese par de preciosos bebés hijos de tu hermano. Incluso puede que te los cargues tu mismo. Apostaría por ello. Ya te lo dije, ahora lárgate.
—No dejaré que nadie muera… Y cuidaré a esos niños como si fueran míos. Aunque sean hijos de mi hermano, son de mi sangre al fin y al cabo. Ahora deja eso— dije acercándome a coger la botella, pero Mouse fue más rápido y la alejó de mí. –Ni lo intentes cabrón.
—El alcohol no te ayudará. Solo te pondrá peor, Jill no querría verte así. Hazlo por ella, deja de beber así. Vuelve a ser tu, se esa persona en la que confié en los túneles y el hombre que me ayudó cuando fuimos a por Levine. Vuelve a ser el.
—No digas su nombre— dijo Mouse señalándome –No lo digas.
—Jill era una mujer valiente y te quería. Fue una desgracia que muriera, se avergonzaría de verte en este estado— dije acercándome más.
—¡¡¡¡No digas su nombre!!!!— gritó Mouse al tiempo que cogía el cuello de la botella y la usaba para golpearme con ella en la cara mientras esta reventaba en pedazos.
Me tambaleé a consecuencia del dolor y del mareo que esta me había producido. Caí de lado sobre una de las encimeras y las cazuelas que había sobre esta cayeron al suelo. Alcé un poco la cabeza al tiempo de ver como Mouse se lanzaba contra mi. Reuní las fuerzas que tenía y me aparté en el ultimo momento, seguidamente le asesté una patada en el estomago, tan fuerte que Mouse vomitó y luego cayó de bruces. A trompicones me acerqué a el y me deje caer, una vez estuve sobre el, comencé a darle puñetazos en la cara. Justo cuando iba a darle uno más, algunos entraron en la cocina y nos separaron. No me enteré de mucho, solo que me levantaron en volandas y vi a Mélanie mirándome a la cara, seguidamente, antes de desvanecerme, la vi a ella dando ordenes.
Cuando recuperé la consciencia vi que estaba tumbado en la camilla de la enfermería, aunque notaba algo raro. Me llevé la mano a la cara y descubrí que había una venda en mi cabeza y unas gasas sobre mi ojo izquierdo. Quise quitármelo, pero entonces escuché la voz de Mélanie.
—No te lo quites.
—¿Qué ha pasado?— pregunté tratando de encontrarla, giré la cabeza hacia la izquierda y allí la vi a ella. Justo detrás vi a Mouse tumbado en otra camilla con la cara hinchada y siendo atendido por Sheila. –No recuerdo mucho.
—Y no me sorprende. Estabas totalmente ido cuando os separamos. Ahora escucha, te he sacado algunos cristales de la cara. Creemos que no has sufrido daños en el ojo y por lo tanto no lo perderás, pero hasta dentro de unos días no estaremos seguros. De momento es mejor que lleves esto así. Aunque debo decirte que te quedará una buena cicatriz.
—¿Y el?— pregunté mirando a Mouse.
—Nariz y dientes rotos. Te ensañaste— respondió Mélanie. —¿Por qué os peleasteis?
—Creo que por algunas diferencias— respondí tratando de levantarme de la camilla, pero el mareo me lo impidió. Mélanie me empujó y me ordenó que me acostara. Justamente en ese momento, la puerta de la enfermería se abrió y vi entrar a Katrina, Eva, Cindy y Vicky. Al verlas intenté sonreírles, pero la cabeza comenzó a dolerme a horrores.
—Está bien, pero tendrá que estar tomando antibióticos unos cuantos días. Y dejar de salir por ahí. Quiero que se evite infecciones innecesarias.
—Oye Mél— dijo en ese momento Sheila. —¿Has cogido tu el hilo y la aguja? También falta una botella de desinfectante. No lo encuentro.
—¿Estás segura? Bueno, de todos modos en el almacén hay de todo eso. Coge lo que necesites— respondió Mélanie. Después, esta siguió hablando con mi mujer y mi hermana mientras las niñas se acercaban a mí. Vicky me miró y luego miró a Mouse, el cual seguía dormido.
—Tendrías que haberle matado. Mira lo que te ha hecho.
—No— respondí –Lo está pasando muy mal. Se le fue de las manos, a los dos se nos fue.
—Ahora vas a parecer un pirata— dijo Cindy.
Yo acaricié la mejilla de Vicky y les sonreí a las dos. –Y con un poco más de barba ya podréis comenzar a llamarme barba negra.
Las niñas rieron ante el chiste. Poco después se fueron, Mélanie me suministró una dosis de calmantes para el dolor y yo me quedé completamente dormido.

En algún lugar de Georgia…
16:00 hora de la tarde…

—No se marchan. Hay algo que los hace permanecer por la zona. Quizás sean alimañas— decía Johana mirando por el ojo de buey de la buhardilla. Juan se asomó también y observó al menos cuatro docenas de caminantes en el exterior. Entre los arboles había más.
—No podemos seguir mucho más tiempo aquí. La comida que cogimos del autobús antes de partir se nos está acabando. Y nos queda poca agua. Podríamos bajar y abrirnos paso, pero hay demasiados y nos acabarían rodeando en cualquier momento.
—¿Y que sugieres?— preguntó Mike.
—No se. Dejadme pensar— respondió Juan. Este se alejó de la ventana y se sentó en un rincón. Solía hacer eso a la hora de necesitar idear planes. Por otro lado, los hermanos estaban en corrillo hablando en voz baja. Como si no quisieran que nadie se enterase de lo que estaban hablando. Blair y Brandon se habían quedado dormidos en una parte detrás de un montón de muebles. Brendan se había quedado dormido junto a un maniquí. Nina estaba sentada en silencio con la cabeza entre las rodillas.
—Quizás podríamos avanzar corriendo, pero somos muchos y eso podría salir mal. Si fuéramos menos— comentaba Johana.
—Podríamos serlo— respondió Mike en voz baja. –Somos cuatro de más. La chica y los tres hermanos. No son de los nuestros.
—¿Estás proponiendo que los dejemos? Juan nunca lo haría. El no es así… Y yo hace tiempo que dejé de pensar solo en mi. Tu ahora, sin embargo, te noto distinto.
—Quiero volver a ver a mis hijos. Eso es todo, me necesitan. No quiero morir aquí— respondió Mike. –Lo único que digo es que hagamos lo que sea necesario. Primero somos nosotros. Ya hemos pasado por mucho y…— Mike no terminó la frase, escuchó un ruido que todos escucharon. Johana se acercó más a la ventana al tiempo que un jeep salía de entre los arboles atropellando a varios caminantes. Sobre el iban cuatro tipos, estos estrellaron el vehículo contra un árbol y los ocupantes saltaron mientras disparaban a los No Muertos que iban llegando atraídos por el ruido.
—¿Qué cojones está pasando?— preguntó Juan levantándose de golpe. Justo cuando llegó junto a la ventana, el jeep explotó causando tanto ruido que los que estaban durmiendo se despertaron de golpe. No tardaron en escuchar como los cristales de la casa se rompían.
—Están entrando. Esos gilipollas se han metido en la casa y han atraído a los caminantes. ¡¡¡Mierda!!!— gritó Juan. Seguidamente escucharon pasos a la carrera en el piso de abajo, también escucharon gritos y disparos. Escucharon voces que hablaban en otro idioma. Quizás eran polacos.
En el exterior, iban llegando caminantes de cada rincón. Estaban todavía peor, los caminantes estaban invadiendo la casa y cada momento que pasaba, su problema se iba complicando.
—Estamos jodidos. ¿Qué hacemos ahora?— preguntó Brendan.
Juan se dio varias palmadas en la frente y entonces pareció que tuvo una idea. –Necesito que me ayudes Mike. ¿Puedo contar contigo?
—Si. Dime— respondió Mike.
—Ya se como podemos salir de aquí, pero necesitamos actuar ya— dijo Juan avanzando hacia la trampilla. Justo en ese momento escucharon carreras y gritos en el piso de abajo. Seguidamente vieron como la trampilla descendía y surgía la cabeza de un hombre, al verlos, este gritó y les apuntó con el arma. Antes de que pudiera disparar, Juan corrió hacia el y le asestó una patada en la cara. El hombre Polaco se vio lanzado hacia atrás y cayó por las escaleras donde fue atrapado por varios caminantes. –Ayúdame a coger dos de ellos— dijo Juan a Mike. Ambos bajaron y abatieron a dos caminantes. Seguidamente los subieron a la buhardilla y cerraron la puerta. Al verlos Nina se tapó la nariz para que el olor a descomposición no entrase en sus fosas nasales.
—Será mejor que te acostumbres a su olor cariño— dijo Johana acercándose a Juan. —¿Vas a hacer lo que estoy pensando?.
Juan sacó su cuchillo y lo clavó en el estomago de uno de los caminantes. Abrió un boquete y dejó las oscuras tripas al descubierto. –Es lo único que podemos hacer para salir de aquí. Aunque no es muy higiénico.
—¿Qué vamos a hacer?— preguntó Kennedy.
Johana le dijo a Blair que la acompañara y comenzaron a sacar mantas. –Nos cubriremos con ellas y las untaremos con las tripas de los caminantes. Así pasaremos a través de ellos sin llamar la atención.
—¿Funcionará?— preguntó Blair mientras se ponía una de las mantas por encima.
—Si, pero una vez ahí abajo, habrá que mantener la calma— respondió Johana poniéndose encima la manta y comenzando a untarla al mismo tiempo que Juan y Mike hacían lo mismo.
—No pienso hacer eso. Debe haber otra manera— decía Nina. –Es asqueroso.
—Seguramente hay otras maneras… Pero esperate a encontrarlas. No nos queda tiempo— respondió Johana cogiendo una manta y echándosela por encima a la joven. Seguidamente comenzó a untar las entrañas del No Muerto por encima de Nina. La muchacha pelirroja no pudo ocultar su expresión de repulsa.
—Nosotros también— dijo Riley mirando a sus hermanos.
No tardaron en estar todos preparados. Juan los miró a todos y comenzó a dar indicaciones. –Lo que tenemos que hacer ahora es bajar la trampilla y bajar al piso de abajo. Caminaremos lentamente sin llamar la atención. Olemos como ellos y no deberían molestarnos. En ningún momento debéis perder la calma, y mucho menos dentro de la casa, por que si hay que correr, nos tropezaremos los unos con los otros.
—No estoy seguro de que vaya a funcionar— dijo Stephan.
—Pues entonces quédate— respondió Brendan al tiempo que veía como Nina vomitaba. –Si algo falla estaremos jodidos.
Juan respiró hondo consciente del gran riesgo que tenían. Seguidamente hizo bajar la trampilla y seguidamente comenzaron a bajar en fila india las escaleras. Cuando llegaron al piso de abajo vieron caminantes a ambos lados. Algunos estaban comiéndose los intestinos de dos hombres, el que había sido golpeado por Juan y otro. El grupo comenzó a caminar lentamente sin hablar. De vez en cuando los No Muertos los miraban, pero más allá de eso no les hacían ningún caso. Llegaron a las escaleras que habían subido anteriormente y vieron restos de sangre en los escalones, cuando llegaron al piso inferior vieron varios caminantes deambulando por el salón. Se percataron de que todas las ventanas se habían roto y las puertas estaban todas abiertas. Dentro de la casa había alrededor de veinte caminantes.
Mientras caminaban hacia la puerta, Juan vio como Stephan comenzaba con un ataque de ansiedad. Si se dejaba llevar por el pánico estarían perdidos todos. Juan retrocedió unos pasos y se puso a la altura de su compañero. –Si pierdes la calma harás que nos maten. Tranquilízate, joder.— siguieron caminando y por fin llegaron al exterior. Fuera, el número de No Muertos era todavía mayor. Había cientos, quizás miles. Avanzaron chocándose con ellos, en más de una ocasión, alguno se les quedó mirando fijamente antes de seguir su camino sin rumbo.
—Lo conseguiremos. Mantened la calma y lo conseguiremos— dijo Johana en voz baja mirando a Nina. La cual estaba haciendo todo lo posible para no gritar y salir corriendo. Justo en ese momento escucharon a alguien diciéndoles que se quedaran quietos. Todos alzaron la vista y sobre el tejado de la casa, atrapado, había un hombre, este se puso en pie y les apuntó con el fusil.
—Quietos. Quietos— repetía aquel hombre una y otra vez. Eso hizo que los caminantes de alrededor se excitasen más todavía y caminaran hasta quedar debajo del lugar donde estaba aquel hombre. –No moverse… Sacadme de aquí o yo disparar. Juan se dio cuenta de que aquel tipo se había dado cuenta de la jugada que habían empleado y ahora también el se quería beneficiar de ella, aunque no parecía comprender que era imposible ayudarle. Juan intentó que bajase el arma haciéndole señas, pero este no pareció entender. Aquel hombre estaba en estado de pánico. –Vosotros sacar de aquí o yo matar a todos— en ese momento aquel tipo apuntó directamente a Stephan.
Al ver que le apuntaban, Stephan no pudo contenerse y se orinó en los pantalones. Repentinamente alzó su fusil y disparó a aquel tipo. El disparo hizo que sus compañeros se tapasen los oídos. Nina comenzó a gritar y echó a correr apartando a los caminantes. También Stephan lo intentó, corrió hacia su derecha alejándose del grupo. Creyó escuchar a su hermano Riley llamándolo, creyó escuchar disparos, pero nada de eso importaba, simplemente corrió mirando en todas las direcciones, pero lo único que veía eran muertos que por alguna razón que el no comprendía, habían puesto interés en el. mientras corría chocó con dos caminantes y cayeron al suelo los tres, la manta quedó por el suelo cuando el se alejó rodando. No tardó en verse rodeado. Fue entonces cuando el pánico hizo acto de presencia. Comenzó a disparar y a golpear mientras escuchaba gritos, creyó ver a Riley avanzando hacia el, pero entonces un No Muerto apareció ante el y le mordió en la cara arrancándole la mejilla. Stephan quiso gritar, pero entonces desapareció entre una avalancha de aquellos seres.
Riley vio desaparecer a su hermano. Ya no podía hacer nada por el. Se dio la vuelta y siguió al resto alejándose de allí. No tardaron en alcanzar a la muchacha pelirroja. La cual se había subido a un árbol.
Se habían alejado del rebaño, pero habían perdido a uno de ellos. Aunque Riley y Kennedy, pese a ser hermanos del chico que había muerto, se mantuvieron fríos como el hielo.
—Siento lo de vuestro hermano, pero no podíamos hacer nada. Ahora tenemos que seguir. Con suerte llegaremos al hotel a la madrugada— dijo Juan. Y así siguieron el camino todos juntos, esperando que nada los volviera a retrasar.

Hotel…
23:45 horas de la noche…

La gran mayoría de los habitantes del hotel o dormían o se habían quedado en el gran comedor hablando o tomándose algún café. Silvia solo tenía preocupación por los que vigilaban, pero si lo hacía como la noche anterior, nadie la vería salir del hotel. Como cada noche después de lo ocurrido en el área de servicio Marcus Bikers, ella salía a buscar a A.J. El estaba en algún lugar y ella daría con el, entonces lo mataría. Cuando eso ocurriera podría estar tranquila y vivir apaciblemente con sus compañeros. Por eso salía siempre de noche, lo hacía para no ser vista y así no arriesgarse al destierro, por eso siempre volvía al amanecer.
Bajó a la enfermería y entonces se encontró cara a cara con un hombre con la cara hinchada. Le llevó un buen rato reconocerlo, pero se trataba de Mouse. Hacía unas horas que se había enterado de la pelea con Juanma. Mouse la miró de arriba abajo.
—Una noche más… Te largas de aquí. No se que coño haces en el exterior, pero cuando te descubran estarás jodida— dijo Mouse alejándose de ella. Fue cuando Silvia se percató de que de alguna manera, Mouse sabía que se fugaba cada noche.
—No se lo digas a nadie— pidió Silvia. –Por favor.

—¿Decírselo a alguien? Descuida, no tengo tal intención. Haz lo que te de la gana. No es asunto mío— Mouse desapareció y Silvia siguió su camino. Pasó por delante de la celda donde Malaquías roncaba y salió al exterior. Hacía frio y tubo que subirse el cuello de la chaqueta. Caminó ocultándose hasta que llegó a la alcantarilla, abrió la tapa y entró. Tras recorrer los túneles de alcantarillado salió al bosque y una vez fuera comenzó a correr hacia el cobertizo donde guardaba el coche que utilizaba para desplazarse.