Bienvenido

Si eres nuevo o eres seguidor de este blog, te interesará saber que además de este hay otros blogs míos. Las direcciones están debajo de este texto. En ellos encontrarás desde una corrección de esta historia. A un blog de vídeos y noticias que engloban a todos los blogs que me pertenecen. Tambien puedes acceder al blog dedicado al futuro cómic basado en la historia.

sábado, 28 de mayo de 2016

NECROWORLD Capitulo 117

Día 10 de Octubre de 2010
Día 833 del Apocalipsis…
00:45 de la madrugada… En algún lugar de Georgia…

Silvia llegó al cobertizo donde guardaba el coche que había encontrado la noche anterior. Con el cubriría el doble de terreno y le daría tiempo de volver al hotel antes del amanecer. La noche anterior le fue por los pelos, tuvo que hacerse un corte en la mano para poner sangre en los barrotes de las vallas del hotel para atraer a ellos a un grupo de caminantes cercanos. Solo así lograría distraer la atención de los guardas y entrar dentro del hotel nuevamente sin ser vista. Aunque no contaba con que avisaran a Juanma. Este por poco la había descubierto cuando se acercó a la alcantarilla abierta. Ella tuvo que esconderse detrás de unos matorrales. Si la hubiesen descubierto le habrían hecho preguntas y ella habría acabado diciendo la verdad, lo que podría haber terminado con su destierro del hotel. Sabía que era arriesgado, pero tenía fe en que encontraría a A.J, lo mataría y después volvería al hotel donde viviría feliz siempre, una vez consumada su venganza.
Con cuidado abrió la puerta y se metió dentro del cobertizo. Cerró la puerta y sobre el capó del vehículo extendió un mapa de todo el estado de Georgia. A.J tenía que estar en algún lugar de el. Pensó que lo mejor para empezar la búsqueda de esa noche, era regresar al almacén donde la tuvieron retenida cierto tiempo, aunque no sabía cuanto. Quizás A.J había regresado. Primero iría hacia ese almacén y luego iría hasta Macon. Desde allí iría a Warner Robins y si le daba tiempo buscaría por Fort Valley. Tomaría la 475. Tenía entendido que esa autopista estaba bastante más despejada que las otras. Aunque seguramente habría más vehículos abandonados, lo cual le vendría de perlas por si tenía que cambiar de vehículo en algún momento.
Guardó el mapa y seguidamente comprobó sus armas. Las había tenido que robar esta vez, después de perder las suyas durante la primera salida que hizo, donde se vio sorprendida por un grupo de caminantes. Tuvo que huir, eso le provocó una caída y un buen corte en un brazo al caer sobre una chapa de metal. Una herida que ella misma se había tenido que coser.
Con los cargadores del fusil y la pistola llenos. Se guardó la pistola en el cinturón y dejó el fusil en el asiento del copiloto. Con todo listo se sentó al volante y saco el coche del cobertizo. Se salió del vehículo para cerrar las puertas del cobertizo y regresó, seguidamente se puso en marcha en dirección a Macon.

En algún lugar de Georgia…

A.J se despertó cuando escuchó abrirse una puerta. No tardó en ser alumbrado por una linterna. Detrás de ella se encontraba la chica. Esta enseguida le pasó una bandeja con algo de comida. Al verla, A.J dudó un poco, no sabía si aceptarla, pero finalmente el hambre ganó la batalla y el se lanzó sobre la bandeja como un lobo hambriento. Masticó tan rápido que ni siquiera sabia que tipo de carne estaba comiendo.
—¿Es pollo?— preguntó el cuando terminó.
—¿A ti te parece que era pollo? No hay gallinas por aquí, pero ratas hay muchas— respondió la chica. –No hay mucho donde elegir— en ese momento la chica le pasó una botella de agua. A.J se la bebió de un trago.
—¿Estáis alimentándome para comerme después?— preguntó entonces A.J –La jugada os ha salido redonda. Espero atragantaros.
—A decir verdad… Aun se está debatiendo eso. Algunos se niegan a ello, pero no pueden evitar estar hambrientos. Necesitan comer y las ratas no es que hagan mucho. De hecho creo que me matarían si se enterasen que te he dado de comer.
—¿Y por que me has dado de comer si para ti puede suponer un problema? No lo entiendo. Por cierto, aun no se como te llamas.
—Me llamo Clara— respondió la chica.
—Deja que me vaya Clara— dijo en ese momento A.J –No cometáis el error de comer carne humana. Eso no os hará distintos de esos seres de ahí fuera. Os hará iguales o peores. Ellos no piensan, los humanos si. No tenéis por que hacer esto.
—Yo no tomo aquí las decisiones. Por mucho que dijera, no me harían caso. No serviría de nada. Lo siento— respondió Clara.
—No es necesario— dijo A.J –Solo tienes que conseguir las llaves de la perrera y dejarme ir. Me alejaré de aquí y nadie me verá.
—Si te vas sospecharán de mí… Y me matarán. Aquí hay reglas ¿Sabes? Y las reglas se cumplen. El mundo es así…
—Si te da miedo que te hagan algo… Puedo llevarte conmigo… Tengo una comunidad con más gente. Serás acogida allí. Solo tienes que traerme unas putas llaves. No pido más. Hazlo y ya no tendrás que preocuparte por estúpidas reglas. Tienes que creerme, solo soy un buen hombre que no merece esto y tú eres una buena chica que merece algo mejor. En mi comunidad estamos bien organizados. Hay hombres, mujeres y niños.
—Yo quería ser profesora— respondió la chica.
—Genial. Por que los niños necesitan aprender. Esto no durará siempre y puede que sean tus enseñanzas las que perduren en un futuro. Suéltame y nos largaremos de aquí.
—Esto no gustará nada a mi padrastro… Quiere que le llame papá… Pero yo lo detesto, detesto hacerle buena cara… Dejó morir a mi madre… Joe es un cabrón.
—¿El tío alto? El que me trajo aquí… ¿Ese es tu padre?
—Ese es Wayne… Es un cabrón salido que nos espía a las mujeres mientras nos duchamos. Cualquier día podría hacer algo, se está descontrolando. Fue el quien sugirió al resto lo de comernos tu carne. Temo que acaben cediendo.
—No cederán si nos vamos de aquí. ¿Ahora duermen?— preguntó A.J.
—Todos menos Donnie y Frank. Ellos son los que hacen guardia esta noche— respondió Clara. –Mañana dicen que quieren madrugar para votar que hacer contigo.
—Entonces no tenemos tiempo que perder. Tienes que ayudarme— dijo A.J.
—¿Cumplirás lo que has dicho?— preguntó Clara.
A.J se llevó la mano al pecho. –Te lo digo de corazón.
Clara se marchó de aquella sala y tardó aproximadamente diez minutos en regresar. Lo hizo con las llaves en la mano. Cuando le abrió la jaula a A.J el perro comenzó a ladrar. Eso llamaría la atención de los demás habitantes de aquel lugar, sin embargo, A.J comenzó a buscar algo por allí ante la incomprensión de Clara.
—¿Qué es lo que haces?— preguntó ella mirando hacia la puerta. –Los ladridos del perro despertarán a los demás.
En ese momento A.J la miró mientras arrancaba un trozo de cristal de la ventana más cercana, la cual estaba ya rota. –Necesito algo con lo que podamos defendernos. Por lo que pueda pasar— en ese momento Clara sacó un cuchillo y se lo entregó a A.J. Este sonrió. –Si, esto servirá— seguidamente se acercó a la jaula del perro y cuando este se lanzó contra los barrotes, A.J le clavó el cuchillo en la cabeza.
—¿Por qué has hecho eso?— preguntó Clara sorprendida.
—No me gustan nada los perros— respondió el.
En ese momento escucharon pasos fuera. A.J corrió a ocultarse rápidamente. La puerta se abrió y entró un hombre, este se quedó mirando a Clara, justo cuando iba a decirle algo, A.J lo sorprendió por la espalda y le cortó el cuello, haciendo que la sangre salpicara a la muchacha. Aquel tipo cayó al suelo de bruces y comenzó a convulsionarse mientras se desangraba con los ojos muy abiertos. El charco de sangre llegó hasta los pies de Clara, esta estaba tan sorprendida que no podía articular palabra.
A.J comenzó a rebuscar entre las pertenencias de aquel tipo y se quedó con una pistola, el fusil y varios cargadores.
—Has matado a Donnie— dijo Clara con la voz temblorosa.
—El nos habría matado a los dos. A mí por escaparme y a ti por soltarme— al ver que Clara no reaccionaba se acercó a ella y la cogió de las mejillas. —¡Eh! Necesito que te centres. Te necesito para salir de aquí. Vamos— Clara asintió y ambos salieron de la sala. Ella iba a cerrar la puerta, pero A.J no se lo permitió. –No la cierres. Se reanimará dentro de un rato, eso nos hará ganar tiempo y reducirnos los problemas.
Dejaron la puerta abierta y avanzaron por el pasillo siguiendo las indicaciones de Clara. No tardaron en llegar a una puerta que daba a un garaje. Entraron en el y A.J vio una camioneta al lado de una furgoneta con el logo de la clínica. A.J inspeccionó el lugar y enseguida tuvo una idea. Caminó hacia la puerta del garaje y comenzó a abrirla. Cuando estuvo abierta vio el camino y las siluetas de algunos caminantes en la lejanía.
—¿Qué vas a hacer ahora?— preguntó Clara al ver como A.J caminaba hacia la furgoneta de la clínica. Comprobó que la puerta estaba abierta y la abrió. Entonces comenzó a tocar el claxon hasta que lo dejó atascado, se dio la vuelta y con un gesto le indicó a la chica que fuera a la camioneta. Ella subió en el asiento del conductor, pero entonces apareció A.J y de un empujón la quitó del volante. Seguidamente se subió el, arrancó el motor y pisó el acelerador. La camioneta salió de allí a toda velocidad mientras los caminantes comenzaban a invadir la clínica. De hecho, también escucharon los primeros disparos de los supervivientes condenados.

Macon…
02:00 horas de la madrugada…

Silvia iba conduciendo por las calles de la ciudad con los focos encendidos. Sabía que un vehículo en esos días podría ser muy codiciado y conocía muy bien a A.J como para saber que si andaba por allí solo, no dejaría escapar la oportunidad de hacerse con un vehículo. Lo que estaba haciendo era algo así como un reclamo.
No tardó en llegar a una calle bloqueada por dos autobuses escolares, detrás de ellos había varias vallas de hierro montadas unas sobre otras. No le cabía duda de que era una barricada creada para frenar el avance de los muertos. Se imaginó el caos en aquella zona viendo a los supervivientes sufriendo mientras una horda de aquellos seres trataba de darles caza. También le deprimía que no hubiese señales de vida al otro lado, eso era señal de que la barricada no había servido de nada, los muertos habían encontrado una manera de entrar y lo habían arrasado todo. Silvia trepó por un lateral del autobús y se quedó de pie sobre el techo de este, al otro lado vio varias tiendas de lona del ejercito y del CDC. Sin embargo no había cuerpos, enfocó con la linterna en varias dirección y descubrió un brazo esqueletizado sosteniendo todavía una pistola. Pensó que podía hacerse con ella y bajó por el otro lado, no sin antes asegurarse de que no había nadie cerca. Llegó junto al brazo y le quitó la pistola, miró el cargador y vio que estaba lleno. En el cañón de la pistola podía leerse la palabra Magnum. Ella no sabía mucho de armas, pero sabía que la Magnum era mucho más potente que la pistola que ya llevaba.
En ese momento escuchó algo, en un principio pensó que eran caminantes, pero lo descartó cuando escuchó voces. Voces humanas, de personas vivas. Rápidamente fue a ocultarse y esperó. No tardó en ver varias siluetas aparecer por detrás de una tienda de lona del CDC. Eran un total de nueve personas. Iban hablando tranquilamente. Ella los observó y escuchó algo que le llamó la atención. Estaban hablando del hotel… Y ella solo sabía de un hotel. Su hogar. ¿Quiénes podían ser? En la oscuridad no podía ver sus caras, y además iban cubiertos con lo que parecían unas capas. Entonces vio a uno de ellos que les hacia un gesto y seguidamente se separaba del grupo, los cuales se habían sentado en el interior de una tienda. Silvia podría haber ignorado aquello, pero no pudo. Con mucha cautela se escabulló de su escondite y siguió al solitario superviviente. Lo siguió hasta un callejón donde ella se ocultó detrás de un contenedor. En un principio solo lo vio orinar, pero cuando acabó pareció sacarse algo del bolsillo. Era un walkie talkie.
—Soy yo… Si, ya se que ha pasado bastante tiempo, pero hemos tenido algunos problemas. Tranquilo…— Silvia no lograba escuchar a la persona que estaba al otro lado de la línea –Tengo que decirte algo… Si, joder, escucha…— en ese momento aquel tipo se dio la vuelta y vio a Silvia oculta. Cortó la comunicación rápidamente y comenzó a gritar. Eso hizo que Silvia saliera corriendo a toda velocidad.
Silvia no tardó en llegar a la barricada, la volvió a pasar y se metió dentro del coche rápidamente, lo puso en marcha y se alejó rápidamente de allí, mientras se alejaba le dio tiempo a ver por el retrovisor a tres personas en lo alto del techo del autobús. Ninguno de ellos era A.J, pero tampoco se fiaba. Por el momento tenía que seguir con el plan. Faltaban unas pocas horas para que amaneciera y quería estar de vuelta antes de que eso ocurriera.

Fort Valley…
04:00 de la madrugada…

El cartel que indicaba que estaban entrando en Fort Valley estaba tirado en el suelo y cubierto de nieve. A.J detuvo el vehículo y se quedó mirando el pueblo, seguidamente miró a Clara. Esta estaba llorando.
—¿Por qué lloras ahora?— preguntó el.
—Los hemos matado. Hemos matado a personas— respondió ella. –Yo nunca…
—Pues acostúmbrate. Este mundo es así. O matas o te matan… Y yo se lo que me conviene. No quiero morir… Y menos en un mundo que está hecho para tíos como yo. Cuando uno sobrevive solo no puede dejar que cualquiera le joda.
—¿Sobrevivir solo?— preguntó en ese momento Clara. –Se suponía que estabas en una comunidad… ¡¡¡Me mentiste!!!
—Necesitaba que me sacaras de ahí. Además, fue una mentira a medias. Deberías agradecerme el que te haya sacado de ahí. Por lo visto eras la única tía de ahí. Con el tiempo los hombres tienen necesidades… Y tú ahí eras un blanco fácil. Se habrían turnado para metértela, incluido tu padrastro.
—¿De que estás hablando?— preguntó Clara estupefacta. Para ella era como si aquel tipo hubiese cambiado de repente. Vio miedo en sus ojos cuando estaba en la jaula, pero ahora el miedo había desaparecido y en su lugar había frialdad. Una frialdad que estaba comenzando a aterrorizarla. Comenzaba a preguntarse si había hecho lo correcto. —¿Quién eres en realidad?
—Me llamo A.J y soy un superviviente del apocalipsis. Como tu— respondió el con una sonrisa. –Ahora es cosa tuya ser de ayuda o un lastre.
—Llévame a mi casa. Quizás quede alguien vivo. Solo déjame allí— dijo ella comenzando a llorar. A.J la miró con una sonrisa burlona. –Por favor.
—Ya veo. Solo serás un lastre— en ese momento A.J la golpeó y la dejó inconsciente.

Cuando Clara recuperó la consciencia se encontró atada a una viga de lo que parecía un garaje, también estaba amordazada. Miró a su alrededor y vio la camioneta, pero ni rastro de A.J, solo lo escuchaba silbar algo. Intentó gritar, pero solo pudo dejar escapar unos murmullos, aunque estos hicieron que el silbido cesara. Seguidamente escuchó pasos y A.J apareció paseando por la derecha con una sonrisa de oreja a oreja.
—No intentes hablar. Deja que lo haga yo— A.J se puso en cuclillas delante de ella y le quitó la mordaza, esta entonces intentó morderle, pero A.J retiró la mano rápidamente. –Ojo con lo que intentas bonita. Será mejor que no intentes gritar, nadie vendrá a ayudarte. Conseguirás todo lo contrario, únicamente atraerás a caminantes… Y la verdad, no seré yo quien salga perjudicado.
—Por favor… Déjame ir… No se lo diré a nadie…
—Pues claro que no se lo dirás a nadie. ¿A quien coño se lo vas a decir si todos están muertos? No seas estúpida Clara… Verás. Tengo algo muy importante que hacer. Tengo que encontrar a alguien que me ha jodido mucho. Una zorrita estúpida que pensó que podría darme por culo… Pero me cago en la puta, que me parta un rayo si no se lo hago pagar. Por que se que me la encontraré, y cuando lo haga, juro por mis cojones que se lo haré pasar mal— A.J sacó en ese momento un cuchillo, cuya hoja pasó por la cara de Clara, finalmente le provocó un corte antes de retirarlo. –Tu me recuerdas mucho a ella si te soy sincero, por eso creo que podré practicar un poco contigo lo que le haré cuando la agarré. Quizás lo primero que haga sea follarmela por delante y por detrás para recordar viejos tiempos. Quizás lo haga durante días. Cuando me canse de metérsela, le meteré otras cosas, cosas como este cuchillo. Pienso agrandarle el coño con el, se lo pienso meter hasta la empuñadura. Espero que eso no la mate, por que me joderia todos los planes que tengo… Y eso me tocaría mucho la polla— A.J comenzó a reír –Me cago en mi puta madre… Disculpa que sea tan mal hablado y explicito, pero cuando estoy eufórico no vigilo ni me vocabulario ni mis actos.
—Estás loco— dijo en ese momento Clara. –Estás completamente loco. Eres un monstruo.
—Hay que ser un monstruo para sobrevivir a los monstruos que hay ahí fuera. En este mundo solo sobrevives si aparcas tus sentimientos y la culpa a un lado. Eso ya no sirve para nada. A los podridos no les importa quien o que seas, te destripan y se acabó. Pues lo mismo tenemos que hacer nosotros. Maldita sea, me siento como la puta alfa y la omega. Me siento como si fuera el puto rey de este mundo, conmigo empezó y acabará todo. Puedo hacer todo lo que siempre he querido hacer desde que me cagaba en los calzoncillos. Ahora solo tengo que pensarlo y hacerlo, veo a una tía y me la quiero follar, pues me la follo, veo a alguien a quien quiero matar y lo mato. Dios o lo que quiera que haya provocado esto, me ha servido el mundo en bandeja de plata para que pueda sacudirme la polla como quiera y donde quiera. Este es mi mundo, es mi puto mundo ideal.
—Estás loco— dijo en ese momento Clara con lágrimas en los ojos.
—Tal vez— respondió A.J –Pero debo ser sincero contigo. Debo admitir que me habías gustado. Podríamos haber tenido algo, incluso veía posible una casa en una pradera con unos cuantos críos, algún perro y un jodido campo donde plantar girasoles… Pero me demostraste que eras débil, que no estabas a la puta altura, no estabas a mi jodida altura. Lo único que me queda hacer es hacer lo que mejor se me da. Lo siento, pero es así. Espero por lo menos hacerte disfrutar antes de que llegue tu inevitable final. Debo practicar por que estoy algo oxidado— A.J se puso de pie y se quitó el cinturón. –Es hora de comenzar a trabajar.

Cobertizo…
05:50 de la madrugada…
Silvia había regresado al cobertizo, no había tenido suerte esa noche, pese a que había ido a todos los sitios que tenía planeados, incluido Fort Valley. Con gran frustración, todavía dentro del vehículo golpeó varias veces el volante. ¿Qué más podía hacer para dar con A.J? Ese mal nacido debía estar en algún maldito lugar, era evidente que alguien como el seguía vivo ¿Dónde estaba entonces? Era como si se lo hubiese tragado la tierra. Silvia dio un último puñetazo en el volante y salió del vehículo.
Salió del cobertizo y caminó por el bosque regresando al hotel, no tardó en llegar a la alcantarilla que usaba siempre. No tardó en llegar a las escaleras de mano que daban a la entrada de alcantarilla del hotel. Las subió y abrió la tapa con cuidado para no ser descubierta. Salió al exterior y se escabulló entre los matorrales de los jardines. Con mucho cuidado se adentró en el hotel y entonces se encontró de frente con Juanma.
*****
Miré a Silvia con el único ojo que en esos momentos podía usar, ella me devolvió la mirada y noté que estaba nerviosa por algo, era como si hubiese visto un fantasma.
—¿Has madrugado?— pregunté.
—Si…Si. Salía dar un paseo y ahora me dirigía a la cocina a tomarme algo para desayunar. Tu también has madrugado ¿Eh?— respondió Silvia. Aunque pude notar cierto tono de nerviosismo en su voz. Algo le ocurría.
—¿Te apetece que nos tomemos un café caliente?— le pregunté. Ella aceptó enseguida y ambos entramos en la cocina. Allí comencé a prepararlo. De vez en cuando me ajustaba la gasa del ojo para evitar que se me cayera. Después seguramente tendría que ir a cambiarme las vendas y la gasa. Cuando terminé de hacer el café saqué dos vasos y los llené, uno de ellos se lo pasé a Silvia. —¿Qué tal lo llevas?
—¿A que te refieres?— preguntó ella.
—Todo el asunto de A.J… La niña… Todo— respondí dando un trago de café. –Supongo que es duro para ti, pero tienes que superarlo.
—Estoy en ello. A.J ya no me preocupa, está solo. Ya no es una amenaza para mí ni para nadie. Puede que haya muerto. Se lo habrán comido los caminantes o habrá muerto de frio. Esta noche ha hecho bastante.
—¿No funcionaba la calefacción en tu habitación?— pregunté en ese momento. Ella me miró rápidamente.
—Bueno. Quiero decir… Que supongo que ha hecho frio. Desde mi ventana vi a los guardas pelándose de frio. Así que supongo que estaríamos a uno o dos grados bajo cero. Una pasada…
—Silvia… Aquí soy yo quien está al mando. Debo preocuparme por todos y cada uno de los que viven en este hotel. Eso te incluye también a ti. Eres una más de los nuestros, has entrado a formar parte de lo que es esto… Somos una familia… No me ocultes nada— dije –No lo hagas.
—No te oculto nada— respondió Silvia. Aunque para si misma pensaba que seguramente Juanma sospechaba algo. Ella había cometido un error y eso podría haber hecho que el sospechara. –Te juro que no te oculto nada.
—Espero que así sea— respondí dándole otro trago al café. –Por cierto. Luego quiero salir a cazar y se que se te da bien disparar. ¿Te gustaría venir conmigo? Será difícil que le de a algo con un ojo vago. Me vendría bien que me ayudaras.
—¿No solías llevarte a Vicky y a Stephani?— preguntó Silvia.
—Anoche ya les di otras tareas para hoy. Quiero que seas tu quien me acompañe— respondí terminándome el café. –Sube a prepararte, nos iremos dentro de tres cuartos de hora. También quiero comprobar las trampas que Levine puso ayer por la mañana, con suerte, esta noche comeremos pescado. Me apetece, hace tiempo que no como nada de pescado.
Silvia y yo salimos de la cocina y justo cuando estábamos en el hall, vimos como abrían la puerta principal dejando paso a varias siluetas. Eso hizo que Silvia y yo saliésemos corriendo hacia la puerta que Rachel y Stacy estaban abriendo. Cuando llegamos junto  a las siluetas, estas retiraron las capuchas y el grupo que había ido a Gray quedó al descubierto. Con ellos iban dos hombres y una muchacha pelirroja. Nos los presentaron, los dos hombres eran hermanos y sus nombres eran Kennedy y Riley, la chica no guardaba relación con ellos, su nombre era Nina.

Silvia se quedó mirando al que se había presentado como Kennedy. Era el mismo que había visto en aquel callejón. Y que el la había visto a ella, pero este, aunque en esos momentos en el hall la miró no pareció reconocerla, lo cierto era que estaba demasiado oscuro, aun así no podía estar segura, pero si la había visto y la delataba, estaría en un buen lio.