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sábado, 4 de junio de 2016

NECROWORLD Capitulo 118

Día 10 de Octubre de 2010
Día 833 del Apocalipsis…
Las Vegas… 08:00 de la mañana…

David se levantó de la cama con cuidado para no despertar a Alicia ni a Cristian. Fue hacia la cocina y se tomó las pastillas que le habían recetado para el dolor del brazo. En teoría nadie sospechaba nada del plan que iban a llevar a cabo, si sospechasen, suponía que ya lo sabrían, directamente los habrían matado a todos. Se tomó las pastillas y fue a darse una ducha, en unas horas tenía que ir a hacer un trabajo, al estar herido le habían dado trabajos menores. Después de la ducha salió al salón y entonces junto a la puerta vio algo, era un papel. Se acercó, lo cogió y lo desplegó. Se trataba de una carta escrita por Claire.

“El plan lo llevaremos a cabo esta noche. No tenemos tiempo que perder, prepararos bien. Salid a las nueve de la noche de casa y nos reuniremos. Yo me reuniré con Alicia en el callejón que hay detrás de vuestra casa. Tu reunte con Luci en el campo de entrenamiento. No hace falta decirte lo importante que es esto, hazlo de una forma que no llame la atención de indeseables. Hasta entonces trata de dar con Sandra. Tanto si quiere venir como si no, que no se vaya de la lengua. Haz lo que sea necesario para que así sea”
Claire

David arrugó el papel y lo tiró dentro de una papelera. ¿Hacer lo que fuera necesario para que Sandra no se fuera de la lengua? Eso no sonaba nada bien. Justamente en ese preciso instante alguien llamó a la puerta y David fue a abrir. Cuando abrió se encontró cara a cara con un tipo al que antes solo había visto de reojo. Antes de que David pudiera decir nada, este entró y cerró la puerta ante la mirada estupefacta de David.
El tipo no era muy alto, tenía el pelo rapado, un pendiente en la oreja derecha. Sus ojos eran azul claro y eran bastante grandes, su nariz no era ni muy grande ni muy pequeña. Este vestía una chupa de cuero negra y pantalones vaqueros.
—No está nada mal tu choza. Algunos aquí tenéis más suerte que otros. Ofréceme una cerveza ¿No?— dijo aquel tipo mirando a su alrededor.
David seguía estupefacto, no comprendía nada. ¿Los habrían descubierto y por eso aquel tipo estaba allí? Lo recordaba por ser uno de los tantos matones de Dorian, aunque nunca había cruzado palabra con el. David pensó en alcanzar la pistola y matarlo allí mismo, pero esta estaba sobre el armario, un sitio seguro que Cristian nunca podría alcanzar.
—¿Quién eres?— preguntó David por fin. El tipo lo miró y abrió todavía más los ojos.
—Soy tu compañero para hoy. Me llamo Vladimir, pero todos me llaman Vlad. Ya sabes, como Vlad el empalador— el tipo de ojos de sapo comenzó a reír a carcajadas. –Si, es por que antes empalaba a los que me cargaba— volvió a reír. Eso hizo que apareciera Alicia en la puerta de la habitación con Cristian en brazos.
—¿Qué pasa aquí?— preguntó Alicia mirando a David.
—Alicia… Enciérrate en la habitación y no salgas— dijo David.
Vlad los miró a los dos rápidamente y comenzó a reír. Entonces se acercó a Alicia. David quiso ir detrás, pero este se dio la vuelta y lo miró mostrándole la pistola.
—Tranquilo hombre. Solo quiero saludar a tu hermosa mujercita. No cometas un error del que luego te puedas arrepentir— seguidamente Vlad le besó la mano a Alicia al tiempo que se presentaba y volvió a mirar a David. –Si no vas a ofrecerme una cerveza será mejor que no perdamos más el tiempo. Vístete y salgamos de aquí. Tenemos mucho trabajo que hacer.
—¿Trabajo?— preguntó David.
—Si hostias. Trabajo, job… ¿En que idioma quieres que te lo diga? Vamos… Y coge tu pistola. La vas a necesitar— respondió Vlad.
David se cambió de ropa, cogió su pistola y seguidamente salió de la habitación. Cuando llegó al salón se encontró a Vlad con Cristian sobre sus rodillas. Delante de ellos estaba sentada Alicia, entre ellos había una pequeña mesa de cristal y sobre ella estaba la pistola. Entonces ambos lo miraron y Vlad le susurró algo a Cristian, seguidamente el niño se levantó y corrió a los brazos de Alicia.
—¿Qué pasaba?— preguntó David.
—Nada. Relájate. Solo le daba consejos al crio. ¿Estas listo? Pues vámonos— dijo guardándose de nuevo la pistola.
Antes de salir, David les dio un beso a Alicia y Cristian. Cuando salió a la calle con Vlad, frente a su puerta se encontró un coche de color negro.
—¿Qué clase de trabajo vamos a hacer?— preguntó David.
—Lo verás cuando lleguemos allí. Disfruta del paseo— respondió Vlad.
David no tuvo más remedio que hacer lo que aquel tipo le dijo, se sentó en el asiento del copiloto y Vlad comenzó a conducir.
*****
Luci estaba sentada con la niña en brazos en el salón de su casa. Justamente en ese momento llegó Claire con una bolsa de deporte. La dejó sobre la mesa y miró a su compañera. –He conseguido pocas armas. Entre ellas— Claire metió la mano dentro de la bolsa y sacó la katana de Luci— eso hizo que Luci mirara a las cámaras. –No te preocupes. Me colé en la casa de Dorian e hice un apaño en los videos. Estos repiten lo mismo en bucle. Eso nos dará un tiempo precioso.
—Será muy complicado… Lo sabes ¿Verdad?— dijo Luci haciendo girar la katana. –Esto nos viene muy grande. Dorian lo tiene todo bajo control… Puede que ya sepan que tramamos algo. No me fio de que vaya a salir bien.
—Tienes que tener fe. Lo conseguiremos— dijo Claire. –No se lo verán venir. Ya lo verás.
—Y tu tienes que prometerme algo a mi— dijo en ese momento Luci. –Probablemente David y yo no salgamos de esta. Tienes que prometerme que mantendrás a Alicia y a los niños a salvo. Busca al resto del grupo, Alicia los reconocerá. No se el tiempo que eso os llevará, pero da igual. Llega hasta ellos y cuéntales lo que ha pasado… Tráelos cuando te sea posible y que arrasen este puto lugar, que acaben con todo y con todos. Prométemelo.
—Te lo prometo— respondió Claire. Seguidamente se abrazaron.
Luci guardó las armas y fue a darle el biberón a la niña. Aun faltaban horas para que el plan comenzara. Aun faltaban las cargas de explosivos que debían colocar en las vallas indicadas. Cuando estas explotaran, allí acudirían cientos de tipos armados hasta los dientes, solo estarían ella y David contra todos ellos a los que también se añadirían los caminantes que acudieran al lugar atraídos por el barullo armado.
Luci sintió ganas de llorar, pero no lo haría, no iba a permitirse ese lujo. Simplemente esperaba que cuando se armara todo aquel jaleo, Dorian fuese uno de los que acudiese, así podría matarlo de una vez por todas. De hecho la sola idea de que Dorian acudiese al lugar y ella pudiera matarlo, la excitaba. Nunca antes había deseado tanto matar a nadie, ni siquiera a Dante.
*****
Alicia estaba preparándole el desayuno al pequeño Cristian cuando alguien llamó a la puerta. Rápidamente corrió a abrir pensando que sería David que ya volvía, pero cuando abrió la puerta se encontró con la cara sonriente de Carlos.
—Buenos días ¿Puedo pasar?
Alicia no sabía que responder. –Da… David no está. Vino a buscarle un tal Vlad y se fueron a hacer no se que trabajo. Vuelve más tarde— Alicia quiso cerrar la puerta, pero Carlos puso el pie para impedir que la cerrara.
—No importa si no está. Déjame pasar.
Alicia se hizo a un lado y Carlos pasó. Llegó a un sillón y se sentó. Alicia también fue hasta otro sillón y se sentó frente a Carlos. Este no podía dejar de sonreír.
—¿En que puedo ayudarte?— preguntó Alicia tratando de contener los nervios que Carlos le provocaba. No se fiaba de el, ya no.
—Sandra está muerta— dijo en ese momento Carlos –Yo la he matado— vio como Alicia se alejaba, pero el fue más rápido y la agarró de los brazos. –Eh, eh, eh. No te preocupes. Me dijeron que os matara y te juro que iba a hacerlo… Pero… No lo necesito. A David y a ti no necesito mataros.
—¿Y por que has matado a Sandra?— preguntó Alicia con lagrimas en los ojos. –Ella estaba contigo… Era tu…
—No era nadie para mí. Era solo alguien que sustituía a Eva, pero a Eva la recuperaré pronto. Por eso Sandra debía desaparecer, pero a vosotros os necesito. Yo os prometí algo cuando os traje aquí y lo quiero cumplir… Pero Dorian es peligroso. Por eso tengo mi propio plan, pero el debe creer que estoy de su parte, por eso aproveché también lo de matar a Sandra. Lo que planeo es dar un golpe de estado, esta ciudad será mía. Echaremos a Dorian de ella.
—Estás loco— dijo Alicia.
—No. Simplemente quiero hacer las cosas bien. Quiero traer felicidad y para eso Dorian debe desaparecer. No es necesario matarle, pero si nos unimos todos, podemos desterrarle a el y a todos los que le sigan. Mi visita se debe a eso, necesito teneros de mi parte. A el no le importáis, os quiere muertos, sin embargo a mi si me importáis. Me demostrasteis lealtad al venir conmigo y dejar a  mi hermano— Carlos se levantó y se dirigió hacia la puerta. –Te dejo pensando. No tendré prisa con la respuesta. Simplemente pensad en ello— seguidamente se marchó de allí.
*****
David no quería hablar. Iba de copiloto junto a Vlad, el cual conducía el vehículo fuera de los límites seguros de Las Vegas. Cuando David salió de casa aquella mañana nunca se imaginó lo que iba a ocurrir. Todo había sucedido muy deprisa, llegaron a una casa y Vlad entró a la fuerza golpeando a un hombre de unos cincuenta años por lo menos, entonces apareció una chica a la que rápidamente Vlad disparó en la cabeza, lo mismo hizo con el tipo. Seguidamente entre los dos cargaron los cadáveres en el vehículo y dejaron la ciudad.
Vlad detuvo el vehículo en medio del desierto y allí David puso ver una especie de vertedero lleno de vehículos, electrodomésticos y cuerpos putrefactos siendo devorados por los buitres, incluso se podían ver algunos cuerpos que se habían reanimado, pero que estaban en tan mal estado que un siquiera podían moverse. David se los quedó mirando cuando salió del vehículo, rápidamente se giró y miró a Vlad.
—¿Qué es este lugar? ¿Por qué has matado a esas personas?
—¿En serio? ¿Ahora me preguntas eso? Ayúdame con los cadáveres— David no respondió. —¿Estás sordo? Ayúdame hostias— David fue con Vlad al maletero y sacaron los cuerpos. Mientras los llevaban al borde, Vlad comenzó a hacer comentarios respecto a la chica. Dijo que se llamaba Stela y que había sido una autentica pena tener que matarla. –Como te lo digo. Es una pena lo de esta tía, tenía un buen par de tetas… Y el gilipollas de Qüentin, pese a ser un jodido retrasado supo elegir bien cuando la compró, no me quiero ni imaginar a ese viejo de mierda metiéndosela a este bomboncito. Le habría perdonado la vida a ella y me la habría estado tirando yo, pero ni de puta coña la meto ahí… Lanzala— ambos lanzaron el cuerpo envuelto en plástico, el cual cayó sobre varios buitres que enseguida alzaron el vuelo espantados hasta llegar a un lugar seguro, aunque no tardaron en regresar al mismo lugar. David y Vlad cargaron el cuerpo del hombre.
—¿Por qué nos mandaron a matarlos?— preguntó David.
—Nos mandaron, pero tuve que hacer yo todo el trabajo por que tú no moviste un puto dedo. Te tendrías que haber cargado por lo menos a uno de ellos. En cuanto a la pregunta. ¿Qué coño importa? Este es mi trabajo, algunas veces me mandan matar y otras simplemente apresar para llevarlos a las celdas para hacerlos participar en los juegos de la jaula o del circuito del todos contra todos. Eso es lo más jodidamente épico que he visto. Lanzalo.
David y Vlad lanzaron el cuerpo del hombre y este acabó cayendo sobre lo que parecía la cabeza de un ciervo, quedando totalmente atravesado. Entonces David se llevó las manos a la cara para evitar el hedor de los quizás más de cien cuerpos que se pudrían allí abajo. Entonces escuchó un chasquido a sus espaldas, se dio la vuelta y vio a Vlad apuntándole con el arma.
—¿Qué estás haciendo?
—¿Qué parte de soy un matón no has entendido? Me mandaron a tu casa por orden de Dorian. Querían que en primer lugar me ayudaras a deshacerme de los cuerpos y luego te matara. Levanta las manos, aléjalas de tu arma.
—¿Por qué? ¿Por qué quieren matarme?— preguntó David queriendo ganar tiempo cuando vio a un caminante salir de detrás de una roca. Este estaba avanzando hacia Vlad. –Al menos dime eso, ya me tienes donde querías. ¿Qué más te da? Además, estoy seguro de que eso te hará disfrutar, eres un matón al fin y al cabo…
—Muy bien. ¿De verdad te creíste que le colaste tu historia de “Me han robado el vehículo”? No seas estúpido. Dorian no es imbécil, sabe que tú y tus amiguitos ocultáis algo. Os quiere a todos fuera de circulación, incluido Carlos, al que ya le dijo que os matara y que por el momento solo se cargó a la del pelo castaño. Sandra creo que se llamaba.
David sintió que el corazón le daba un vuelco. Habían matado a Sandra, en esos momentos pretendían matarlo a el, y sobretodo, temía por Alicia y Cristian que se habían quedado solos en casa. Debía regresar lo antes posible a Las Vegas y sacar a su familia de allí. Justamente en ese momento, el caminante silencioso llegó hasta Vlad, el cual se vio sorprendido y se dio la vuelta para disparar a su agresor. No tuvo que hacer un gran esfuerzo, puso la pistola debajo de la barbilla del No Muerto y le disparó, pero cuando se dio la vuelta para volver a apuntar a David, fue este quien le disparó en el cuello. Vlad cayó de espaldas con la mano tapándose la herida del cuello, David corrió hacia el y le quitó el arma. Seguidamente le apuntó a la cabeza.
—Cabrón…— seguidamente le disparó a quemarropa varias veces en el pecho. No iba a dispararle a la cabeza, prefería que se transformara, no le importaba nada. Seguidamente se subió al vehículo y comenzó a conducir de vuelta a Las Vegas. Necesitaba llegar a casa cuanto antes.
*****
Era medio día cuando David llegó a la puerta principal de Las Vegas. Los guardias le abrieron sin problemas, no parecía que se hubiesen percatado de que Vlad no estaba ahí.
David condujo a toda velocidad por la calle sin importarle a quien veía o quien le veía a el. Llegó a su casa y entró rápidamente por la puerta, allí encontró a Alicia, corrió hacia ella y la abrazó y besó.
—Ha venido Carlos— dijo ella en ese momento. –Ha dicho cosas muy raras. Dijo que había matado a Sandra y que pretendía hacerse con el control de la ciudad. He tenido mucho miedo. Están todos locos.
—Recoge al niño y ropa. Nos vamos a ir de aquí. Ese tipo, Vlad. Ha intentado matarme.
—¿Cómo?— preguntó Alicia.
—Ya te lo explicaré. Ahora tenemos que irnos a casa de Luci— dijo David.
Alicia hizo rápidamente lo que David le dijo y salieron de casa, se subieron al vehículo y David lo puso en dirección a la casa de Luci. Cuando llegaron se encontraron con Claire y Luci en la cocina.
—¿Qué ocurre?— preguntó Luci.
—Es hora de poner en marcha el plan. Las cosas parece que se nos han complicado un poco. Han intentado matarme y Carlos ha estado en mi casa mientras yo no estaba— dijo David.
—Carlos ha matado ha Sandra— añadió Alicia.
—Aun no estamos listos. Claire ha conseguido armas, pero aun nos faltan las cargas explosivas. Las necesitaremos— respondió Luci.
—Pues tendremos que ir a por ellas— dijo David. –Es lo único que nos falta ¿No? Las ponemos, las detonamos y entretenemos a los que vengan mientras Claire, Alicia y Cristian escapan. Podemos hacerlo esta misma tarde.
*****  
David y Luci lo habían estado planeando toda la tarde, estuvieron tantas horas que la noche comenzó a caer. Tenían que tenerlo bien planeado, no querían que quedara nada al descubierto. Una vez estuvo todo claro comenzaron las despedidas. David se acercó a Alicia y a Cristian y los abrazó, luego puso sus manos sobre la ya notable tripa de Alicia.
—Siento que tenga que ser así, pero… Si así logro que tengáis una vida…
—Tendríamos que habernos quedado con Juanma. Quizás estaríamos en un sitio mejor. Fui una egoísta y te arrastré conmigo— respondió Alicia.
—Eso no importa ahora. Y en su momento solo me importó que tú estuvieras bien. Ahora simplemente hay que hacer lo que tenemos que hacer— dijo David. Soltó a Alicia y a Cristian y se dio la vuelta para mirar a Luci. Esta estaba totalmente preparada.
—¿Listo?
—Lo estoy— Luci miró a Claire. –Vosotras poneros ya en marcha. Tratad de mezclaros entre la multitud y pasad desapercibidas.
—Cuenta con ello— respondió Claire.
Luci y David salieron de la casa y comenzaron a escabullirse entre los matorrales del jardín. El punto al que se dirigían era un antiguo casino que estaba siendo usado como polvorín. No tardaron mucho en llegar al lugar, desde un punto seguro observaban la parte trasera de aquel lugar, este estaba siendo vigilado por tipos armados. Había dos en un muelle de carga y otros dos en el tejado.
—Con esos ahí será difícil pasar— dijo David. –Podríamos cargarnos a uno o a dos, pero eso haría que los demás se dieran cuenta, además, es seguro que dentro deben haber más. Darían la voz de alarma.
—¿Se te ocurre algo?— preguntó Luci –Estoy abierta a sugerencias.
—Bueno. Lo que está claro es que estamos en inferioridad numérica. Hagamos lo que hagamos llamará la atención de los otros antes o después— respondió David. –Podríamos ser rápidos y habernos largado para cuando los demás lleguen, pero a estos habría que matarlos a todos. No creo que tengamos demasiadas opciones.
—Vale, pues prepárate. Ponle el silenciador a la pistola y ocúpate de los de abajo. Yo me ocupo de los de arriba— dijo Luci.
Ambos pusieron el silenciador a las pistolas y comenzaron a disparar. No tardaron mucho en lograrlo. No parecía que hubiesen llamado la atención. Salieron de su escondite y corrieron hacia la puerta trasera más cercana. Cruzaron la puerta apuntando y dispararon contra la primera persona que se encontraron. No tardaron en hacer lo mismo con otros dos tipos que aparecieron. Parecía que no había nadie más.
Luci comenzó a leer los carteles que se iban encontrando por las estanterías. Había armas de todo tipo, finalmente encontraron unos estantes donde había varios tipos de explosivo.
—Nos llevamos granadas y c—4— dijo Luci cogiendo varias cargas y granadas. David también cogió unas cuantas. Cuando tuvieron las mochilas llenas salieron de allí del mismo modo que habían entrado, apuntando en todas las direcciones. La siguiente parada era el circuito del que hablaba Luci.
*****
Claire había golpeado hasta la muerte a aquel hombre que les había salido al paso. Tuvo que hacerlo, de no haberlo hecho las habrían descubierto. Habían llegado hasta sus puestos tal y como lo habían planeado Claire y Luci. Solo les quedaba esperar.
—¿Cómo sabremos que es el momento?— dijo Alicia mirando hacia el lugar por el que tenían que salir. Estaban ocultas en una especie de caravana observando a los guardias.
—Habrá explosiones, las escucharemos y esos hombres abandonaran su puesto. Será muy fácil. Ya casi lo hemos conseguido. Un poco más y estaremos fuera de aquí— respondió Claire con una sonrisa. Justo en ese momento escucharon un ruido a sus espaldas. Ambas se dieron la vuelta y se encontraron a Carlos y a otros dos tipos apuntándoles con armas. Claire al verlos, se puso delante de Alicia con el arma en alto para protegerla.
—Llevo siguiéndoos desde que salisteis de casa. Aunque no se donde están David y Luci. ¿Seriáis tan amables de decirme donde están? Eso mejoraría un poco las cosas para todos— dijo Carlos con una sonrisa mientras miraba a Alicia.
—Que te follen— dijo Claire interponiéndose otra vez entre ellos y Alicia. En ese momento Carlos golpeó a Claire y arrinconó a Alicia.
—No juegues conmigo zorra de los cojones. O me dices lo que quiero saber o tendrás que cargar con tres muertes. Primero mataré al crio y luego le dispararé a ella en la barriga hasta que se me acabe la munición, ella y el bebé que espera morirán en el acto.
—¿Y tu eres el que quería traicionar a Dorian? Sigues siendo su perrito faldero. No eres más que un miserable— dijo Alicia. Seguidamente escupió a Carlos. El se limpió la saliva de la cara y sonrió. Entonces golpeó a Alicia y agarró a Cristian apuntándole a la cabeza.
—Tenéis tres segundos. Exactamente tres putos segundos para decirme lo que quiero saber. Y quiero saberlo ya. Uno…
—No lo hagas— suplicó Alicia.
—Dos…
—¡¡¡Juré protegerlo!!!— gritó Alicia.
—Tre…— Carlos no terminó de contar. Claire comenzó a gritar en ese mismo momento.
—Está bien. Yo te lo diré. Deja al niño, déjalos— Alicia y Claire se miraron la una a la otra. –Lo siento. No puedo permitir que os maten.
Carlos dejó a Alicia y miró a Claire. Se puso en cuclillas junto a ella –Muy bien. Empieza a cantar como si fueras un lindo pajarito. Soy todo oídos.
*****
Luci y David habían llegado rápidamente al lugar. Se habían deshecho rápidamente de los guardas de allí y habían colocado las cargas. Estaban a punto de hacerlas detonar cuando vieron varios faros acercándose. El primero en verlos fue David. Cuando Luci también los vio agarró a David y lo arrastró detrás de ella al interior de una especie de tienda, estaba totalmente vacía.
Los vehículos llegaron a la zona y enseguida comenzaron a bajar tipos armados. Luci los miraba con estupefacción. ¿Qué había pasado exactamente? Enseguida vieron que uno de aquellos tipos resultó ser Carlos. Este se bajó de un vehículo con un megáfono entre las manos. Lo encendió y se lo llevó a la boca.
—Buenas noches David y Luci. Se que estáis en algún lugar de este circuito. Os recomiendo que deis la cara o de lo contrario... —En ese momento aparecieron dos hombres empujando a Claire y Alicia. Alicia llevaba a Cristian en brazos. Las obligaron a arrodillarse y les apuntaron a la cabeza con sus armas. –Como podéis ver tengo toda la situación bajo control. Puede que me tengáis a tiro, no lo dudo, pero si disparáis alguna bala perdida podría acabar con ellas y si me mataseis, ellas también morirían. Se puede decir que os tengo entre la espada y la pared. Os voy a dar la oportunidad de salir y entregaros pacíficamente. Si no lo hacéis… Bueno, está bastante claro lo que ocurrirá. Para demostraros que voy en serio— Carlos le puso la pistola en la cabeza a Claire y sin pestañear disparó. –Como veis he matado a alguien que apenas os importa. Alguien a quien conocíais de hace poco— Carlos cogió a Cristian en brazos y le puso la pistola en la cabeza. –Puedo seguir. De vosotros depende que…
—Suéltalo— dijo David saliendo de su escondite, desarmado y con las manos en alto. –Nos entregamos, pero déjalos— Luci salió detrás de David también. Ambos lo hicieron completamente desarmados, estaban totalmente a merced de Carlos y los otros.

—Habéis tomado la decisión acertada. Subid a los vehículos y no arméis mucho follón. Es hora de regresar a casa. Quiero que sepáis que de todos modos, esto… No es nada personal.