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sábado, 11 de junio de 2016

NECROWORLD Capitulo 119

Día 10 de Octubre de 2010
Día 833 del Apocalipsis…
08:00 de la mañana…

Silvia y yo íbamos andando el uno al lado del otro por el bosque. Después de las presentaciones de los nuevos integrantes del grupo, ella y yo salimos de caza tal y como habíamos acordado horas antes. Ella no hablaba, se mantenía en silencio, simplemente me miraba de vez en cuando. No tardamos en llegar a una de las primeras trampas. Levine la había marcado en un mapa y con un pañuelo rojo en un árbol, allí entre los arbustos había una trampa para conejos, aunque esta estaba vacía. Yo me acerqué y comprobé el estado de la trampa.
—¿No ha caído nada?— preguntó Silvia acercándose.
—Si que cayó algo, pero creo que escapó. Eso, o un caminante se nos ha adelantado. Aquí hay restos de sangre— dije señalando las hojas del suelo. —¿Ves? La sangre está congelada, lo que significa que tiene poco tiempo— me levanté y miré a mi compañera. –Vamos, quizás tengamos más suerte con las otras trampas.
Volvimos a ponernos en camino, íbamos a dirigirnos hacia la siguiente trampa cuando Silvia abrió la boca por fin. —¿Cómo lo llevas?. Lo del ojo digo— dijo Silvia señalándome a la cara.
—Bien. Mél dice que no perderé el ojo, pero que me quedará una buena cicatriz. Aunque no me preocupa. Si algo tengo en mi cuerpo, son cicatrices. Me han apuñalado, disparado, golpeado… Si por cada una de las que tengo hubiese ido al hospital, creo que a estas alturas ya me habrían hecho paciente vip. ¿Y como lo llevas tu?— pregunté refiriéndome al asunto de A.J. Debe ser duro saber que quizás anda por ahí, pero no sirve de nada vengarse. Yo lo se. Lo se por que una vez me vengué de un tipo y eso no hizo que me sintiera mejor. Crucé una línea, una cosa es matar en defensa propia y otra es matar por venganza. Puede parecer lo mismo, pero no lo es.
—¿Qué ocurrió?— preguntó Silvia.
—Un tipo mató a la mujer a la que amaba. Ella murió en mis brazos. Recibió un disparo que era para mí— respondí. –Fue después de que se desatará el apocalipsis.
—Lo siento… Pero A.J es un monstruo, merece morir— respondió Silvia. –Es…— Silvia no terminó la frase, se quedó en silencio cuando el cobertizo que habíamos encontrado Vicky, Stephani y yo la mañana anterior, apareció ante nosotros. Yo me percaté de eso y la miré.
—Lo encontramos Vicky, Stephani y yo ayer por la mañana. Hay un coche dentro— seguidamente me agaché y miré las huellas de los neumáticos en la nieve. –Alguien ha estado aquí hace poco. Las huellas son muy recientes, ayer no estaban estas de aquí.
—Quizás no. Quizás ya tengan tiempo— dijo Silvia.
—No ha vuelto a nevar desde que encontramos esto. Las huellas son de hace apenas unas horas. Alguien está por aquí, pero no tiene sentido el que una persona deje aquí un coche y tenga que vivir fuera. Lo normal es que tuviera el coche muy cerca de él, hasta el punto de que quizás tenga que vivir en el vehículo. El que lo usa, lo usa de forma puntual. Lo que quiero decir es que es de alguien, alguien que vive en un lugar no muy lejos de aquí. Es fácil de deducir— Silvia rodeó el cobertizo y yo la seguí, entonces le señalé la ventana por la que había entrado Vicky.
—¿Habéis entrado?— preguntó Silvia.
—Vicky entró— respondí. –Pero no encontramos nada de gran interés. Solo un coche que se está utilizando. Quizás debamos hacernos con el. Nos vendrá bien un vehículo más.
—¡¡¡No!!!— gritó en ese momento Silvia. Yo me la quedé mirando y ella reculó un poco. –Quiero decir… Podría ser muy necesario para esa persona o personas. Si se lo robamos es posible que los estemos condenando… O peor aun. Podrían ser personas peligrosas que luego quisieran vengarse por robarles. Dejémoslo estar.
—Pareces nerviosa. Bueno, supongo que es normal estando aquí fuera— respondí. Justo en ese momento escuchamos un ruido a nuestras espaldas y un caminante surgió de entre la maleza. Seguramente atraído por el grito de Silvia. Se trataba de un hombre con barba, muy delgado y sin camisa.
—Me ocupo yo de el— dijo Silvia acercándose a el mientras sacaba un cuchillo. Agarró rápidamente al No Muerto por el cuello y le clavó el cuchillo en la cabeza.
—¡¡¡Silvia!!!— grité al mismo tiempo que veía aparecer a otro caminante por su derecha. Me lancé contra el No Muerto y chocamos contra un árbol, seguidamente cogí su cabeza y la estampé contra el tronco de un árbol. No tardaron en comenzar a surgir más caminantes. Se movían muy lentamente debido al frio, aunque eran muchos, los cuales no dejaban de salir. Silvia me ayudó a levantarme y ambos comenzamos a alejarnos del cobertizo. Corrimos alejándonos, pero enseguida nos topamos con una docena de ellos de frente. Nos dimos la vuelta y vimos a los otros que nos habían seguido. Estábamos rodeados.
—¿Qué hacemos?— preguntó Silvia mientras nos poníamos espalda contra espalda.
—Abrir fuego— respondí apuntando con el fusil y disparando al más cercano. Silvia hizo lo mismo y comenzó a disparar también.
—¿Esto no atraerá a más?— preguntó Silvia.
—Si, pero elimina los de delante solo para abrir camino— dije disparando a otro. –Corre y solo dispara cuando no tengas más remedio— Vi como Silvia abatía a otro y seguidamente echamos a correr golpeando a unos que trataban de cogernos.
Llegamos hasta un tronco caído que ambos saltamos rápidamente. Seguimos corriendo hasta que llegamos a un camino donde nos encontramos más caminantes cortándonos el paso. Comencé a disparar nuevamente hasta que se me acabó la munición. Me lleve la mano al bolsillo para sacar otro cargador, sin darme cuenta de que por mi lado izquierdo. Por el punto muerto del ojo que tenía tapado, un No Muerto se iba acercando. Noté sus dedos fríos tocándome ya la cara y me di la vuelta, en el momento justo de ver la boca de aquel ser descendiendo sobre mi cara, pude oler su aliento. No puede reaccionar, lo di todo por perdido, pero entonces apareció Silvia agarrando a aquel ser, lo alejó de mi, lo derribó y le pisó la cabeza.
—Gracias— le dije.
Volvíamos a estar rodeados. Volvimos a disparar hasta que nuevamente se nos acabó la munición. Estábamos preparados para luchar cuerpo a cuerpo justo cuando los caminantes fueron abatidos a tiros. Cuando todos los caminantes estuvieron muertos, vimos a Faith, a Alexandra y a Stacy aparecer por allí.
—Menos mal que habéis llegado chicas— dijo Silvia –Podríamos no haberlo contado.
—¿Cómo nos habéis encontrado?— pregunté yo dejándome caer sentado sobre una roca del camino.
—¿Bromeas? Escuchamos los disparos desde el hotel. Teniendo en cuenta que vosotros erais los únicos que estaban fuera, no era difícil deducir que erais vosotros los que estaban en problemas— respondió Stacy. —¿Los podridos os han jodido la cita?
—Salimos a cazar— respondió Silvia.
—¿Y tenéis las manos vacías?— preguntó Faith –No quiero meterme, pero Eva se va a cabrear, todos los tíos sois iguales.
—Regresemos a casa— dije. Nos pusimos en marcha. No tardamos mucho en llegar al hotel y una vez allí me dirigí a Silvia. –Gracias por salvarme. Creía que ya no lo contaba. Si hubiese tenido el ojo sano lo habría visto venir, pero eso no cambia que me has salvado la vida. Gracias. Te debo una.
—No me debes nada. Tú ya me salvaste la vida aquella vez en aquel camino. Estaba desorientada y podría haber muerto de haber seguido sola. Así que ya estamos en paz. Voy a ir a darme una ducha, nos vemos a la hora de la comida— Silvia se dio la vuelta y se fue hacia las escaleras, entonces la llamé y ella se dio la vuelta. —¿Qué ocurre?
—Silvia. Aunque te agradezco que me hayas salvado… Te agradecería que no me ocultaras nada. No cometas ese error.
—No te ocultó nada— respondió Silvia. Después subió las escaleras.

23:45 horas de la noche…

Como cada noche, Silvia se levantó de la cama con cuidado, era hora de como cada noche, salir de caza. Su caza particular.
La gran mayoría de los habitantes del hotel dormían y esa era la ventaja que ella aprovechaba para salir sin ser vista. Por un lado sentía en el alma mentir a Juanma, ya que el había depositado en ella una gran confianza, confianza que ella estaba traicionando en esos momentos, aun así lo que ella debía hacer era algo tan personal que no podía dejarlo pasar. A.J debía morir y ella iba a ser el brazo ejecutor. Aun así, antes de salir al exterior, necesitaba munición para sus armas.
Bajó por las escaleras al sótano del hotel, solo allí en lo que era la antigua bolera, encontraría lo que necesitaba. Durante el día había podido sustraer las llaves a quien las guardaba sin que se diera cuenta.
Llegó junto a la puerta y sacó las llaves, las puso en el cerrojo y abrió la puerta, entró con cuidado y fue hacia el armario donde guardaban todo. Justo cuando iba a coger los cargadores vio aparecer una silueta en la puerta, de repente se encendió la luz y pudo ver a Yuriko, la muchacha japonesa.
—¿Qué estás haciendo? ¿Qué haces aquí?— preguntó Yuriko avanzando hacia ella.
Silvia dudó unos momentos y respondió mintiendo. –Me toca guardia y venía a coger munición. La voy a necesitar…
—¿Tienes guardia? Creía que las guardias ya estaban completas… Le preguntaré a Juanma y veremos que me dice…— en ese momento Silvia golpeó a Yuriko con la culata de su fusil y está cayó al suelo. Seguidamente la arrastró al fondo de la sala y allí la dejó tumbada.
Con la munición conseguida se dirigió a las alcantarillas y comenzó a recorrerlas en dirección al exterior. Una noche más, iría a buscar a A.J.

23:49 horas de la noche…

Llamaron a la puerta de mi habitación y me levanté enseguida, cuando abrí la puerta me encontré con Johana. Esta me explicó que habían encontrado a Yuriko en la armería y me condujo hasta allí. Cuando llegué me encontré a Sheila curándole una herida de la cara a la joven japonesa.
—¿Qué ha pasado?— pregunté.
—Fue Silvia. No se por que lo hizo, llegué aquí y me dijo que estaba buscando munición para seguir con la guardia…
En ese momento apareció Juan allí seguido de Faith. Este me miró. –No hemos encontrado a Silvia en su habitación, pero hemos encontrado esto— en ese momento Juan me pasó un bote de desinfectante, una aguja manchada de sangre, hilo y vendas manchadas de sangre. Al verlo, Sheila se sorprendió.
—Eso me desapareció hace unos días de la enfermería. Fue Silvia quien lo cogió. No me cabe duda… ¿Pero para que lo necesitaba?
—¿Qué más da? Esa cabrona nos la ha jugado. Propongo que demos con ella y le demos su merecido. Vamos— dijo Johana.
—No…— dije poniéndome de pie. –Yo me encargo de todo. Vosotros no os preocupéis. Es cosa mía— salí de allí, me puse ropa de abrigo, cogí mis armas y salí del hotel para acto seguido comenzar a recorrer el bosque. Intuía a donde había ido Silvia.

Día 11 de Octubre de 2010
Día 834 del Apocalipsis…
00:15 horas de la noche…

Silvia había llegado al cobertizo donde guardaba el coche. Entró dentro y se subió al vehículo. Se puso al volante, y cuando se disponía a salir se encontró con una silueta.
—¿A dónde vas? ¿Por qué haces esto?— pregunté yo plantándome delante del vehículo. Seguidamente alcé el arma y le apunté. –Baja del coche Silvia. No me hagas disparar. No quiero hacerlo.
Silvia se bajó del coche y también me apuntó con su arma. –Entonces si no quieres hacerlo… Simplemente déjame ir a hacer lo que tengo que hacer. Esta es mi lucha. Es mi venganza, es mi jodida cruzada personal. A.J me lo ha quitado todo, solo vivo para matarle. Déjame pasar, si no quieres que vuelva no volveré, pero déjame hacer lo que debo hacer. No creo que me entiendas.
En ese momento bajé el arma, me la guarde y me abrí de brazos. –No pienso apartarme. Si quieres disparar, hazlo, pero no te marcharás. No dejaré que la sed de venganza te consuma, por que cuando la lleves a cabo no volverás a ser la misma. Por mucho que odies a A.J, no podrás olvidar nunca lo que has hecho. Será como si estuvieras muerta en vida.
—Ya estoy muerta en vida. Y se lo que pasará, pero no me importa. Solo quiero dar con A.J y hacérselo pagar— respondió Silvia. –Déjame hacerlo. Deja que me ocupe de ello.
—Entonces déjame acompañarte— respondí. Silvia me miró y bajó el arma.
—Nos vamos a Fort Valley— dijo Silvia en ese momento.

Fort Valley…
00:30 horas…

A.J terminó de escribir lo que estaba escribiendo en una de las paredes del refugio que había cogido en Fort Valley. Se dio la vuelta y miró a Clara. Esta estaba sobre una mesa de madera atada y desnuda. Su cuerpo estaba lleno de cortes. A.J había disfrutado como nunca, mucho más que aquella vez en aquella casa donde todos violaron a una chica y obligaron al novio a mirar debido a que le habían cortado los parpados. También disfruto matando al hermano pequeño de aquella chica, más todavía de que lo hubieran obligado a violar a su hermana mayor. Todas esas acciones terminaban con la muerte de la victima. A.J observaba a Clara, esta tenía los ojos vacios de vida y lo miraba gruñendo como si fuera un animal salvaje. No hacía mucho que había vuelto de la muerte.
—No te pongas así cariño. Sabías que era un aquí te pillo aquí te mato— A.J hizo una pausa. –Nunca mejor dicho. Ahora relájate y quizás te llame algún día. Aun estando muerta me la pones dura. Ahora entiendo a Banks…
No era que a A.J no le gustaran las violaciones, en realidad le encantaban, pero las detestaba cuando estas ocurrían sin que el diera permiso para ellas o que el no pudiera participar, por eso hizo lo que hizo con Craig. Aquel maldito, aquel maldito saco de mierda como lo llamaba el, se había pasado de la raya con la mujer del predicador, y por eso había tenido que castigarlo con dureza, haciendo así que fuera un ejemplo para todos los demás, pero ahora estaba solo, estaba por su cuenta y la verdad es que quería aprovechar cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día, cada puto siglo. Quería estar a su libre albedrio y no depender de nadie, ni siquiera estar acompañado. Sus amigos eran buenos chicos, fuertes y leales, pero en un mundo así, la lealtad no dura mucho, quizás se hubiesen aliado en algún momento para acabar con el, pero ellos ya no estaban y el se sentía como el maldito dios de ese mundo.
Se disponía a salir del refugio cuando escuchó un ruido en el exterior. Por unos momentos pensó que se trataba de algún estúpido caminante que se había tropezado y caído. Si algo había descubierto de aquellos seres era que eran torpes siempre, pero cuando hacía frio, pasaban de torpes a completos inútiles. Se acercó a una de las ventanas y observó a la calle esperando ver a algún No Muerto en el suelo intentando ponerse de pie sin éxito, pero en lugar de eso, lo que vio, fue un coche, un coche del que se bajaron dos personas, eran al parecer un chico y una chica, aunque no podía verlos con claridad. Solo podía diferenciar su sexo por la silueta y la forma de moverse, ella le resultaba muy familiar, demasiado.
Los dos desconocidos se acercaron al maletero del vehículo, lo abrieron y pareció que sacaban algo. A.J no tardó mucho en descubrir que eran linternas, fue entonces, en ese preciso instante donde vio las caras de ellos. El era un tipo joven y delgado, bastante delgado, aunque de cuerpo algo dado al ejercicio diario, su pelo era algo largo, más o menos hasta los hombros, tenía barba y unas vendas en la cara que le cubrían el ojo izquierdo. Cuando la vio a ella el corazón se le aceleró, era una chica delgada y rubia, se fijó en sus ojos, aquellos ojos que lo cautivaron la primera vez que los vio, vio sus facciones, sus labios. Esa chica era Silvia. Los pelos se le pusieron de punta a A.J, incluso se podría decir que se excito cuando al verla se imaginó a si mismo estrangulándola, sintió que la amaba todavía, la amaba tanto que deseaba verla muerta de una vez por todas, pero ya habría tiempo para eso. Antes quería averiguar que hacían allí esos dos, que estaban buscando y también quería averiguar quien era ese tipo en realidad, aquel que estaba con su novia, la madre de su hija. Incluso llegó a imaginárselos juntos en la cama retozando, eso lo puso enfermo y deseó matarlo a el también, se imaginó clavándole un cuchillo en el estomago y rajándolo hasta hacer que sus tripas salieran despedidas. A.J apretó los puños con fuerza mientras se imaginaba las salvajadas que les haría a ambos, entonces los gruñidos de Clara lo sacaron de sus pensamientos. Eso lo enfureció tanto que se dio la vuelta, corrió hacia Clara y le clavó un cuchillo en la cabeza repetidas veces. Fue en ese momento cuando se le ocurrió una idea, volvió a la pared donde había escrito y escribió algo más. Entonces pensó que debía hacer que ellos acudieran a ese lugar y vieran ese mensaje, a A.J le apetecía jugar un poco y se le había ocurrido una idea, tan macabra como brillante. Al menos para el.
*****
Fort Valley estaba desierto. No veíamos caminantes por ningún lado, seguramente los había en algún lugar, aunque estos estarían aletargados o congelados. Lo cierto era que esa noche hacía bastante frio. Silvia había querido ir hasta allí por que la noche anterior no lo rastreó todo lo que había querido. La notaba obsesionada por dar con A.J y matarle. Ese tipo le había hecho demasiado daño y yo entendía que quisiera hacérselo pagar, pero esperaba que al final no lo hiciera, matar a alguien es algo que te cambia la vida, y aunque ella había matado antes no era tan personal como lo era el hecho de acabar con A.J.
—Deberíamos volver al hotel. Aun podemos olvidarlo todo. No te hagas esto.
—No vas a convencerme— replicó Silvia. –Si quieres regresa tú. Esto es solo cosa mía. Ni siquiera tendrías que haber venido.
—Atacaste a Yuriko para hacerte con la munición. A estas alturas, todos saben lo que has hecho y están furiosos. Por eso estoy aquí, para darte la oportunidad de regresar. Dejémoslo estar, no te condenes.
—Ya estoy condenada de hace tiempo. Mi mundo comenzó a desmoronarse desde antes del Apocalipsis. A.J al principio era un hombre maravilloso, pero cambió, ni siquiera me di cuenta. Debí percatarme cuando todo esto empezó, algo cambió ese día en el y fue creciendo, convirtiéndose en una enorme bola que acabó estallando. Merece morir, no es necesario que lo apruebes, solo entiéndelo y déjame que haga lo que tengo que hacer cuando llegue el momento.
—Y yo te digo que lo medites— respondí mientras caminábamos.
No recorrimos ni veinte metros cuando escuchamos un ruido. Al principio no supimos que era, pero entonces ambos llegamos a la conclusión de que se trataba de un claxon que se había quedado accionado y estaba empezando a escucharse por toda la localidad.
En ese momento escuché gruñidos que venían de un callejón, del que segundos después comenzaban a aparecer siluetas tambaleantes.
—¿Qué hacemos? Esta cerca. Si no lo apagamos, atraerá a todos los caminantes— dijo Silvia mirándome.
Yo le hice un gesto con la cabeza y comenzamos a correr de nuevo hasta el vehículo con el que habíamos llegado a Fort Valley. Mientras corríamos veíamos a los No Muertos hacer acto de presencia, abandonando sus lúgubres escondites. Si no parábamos ese ruido, en pocos minutos, aquella calle se llenaría de caminantes y nosotros estaríamos literalmente atrapados.
Llegamos al vehículo al mismo tiempo que me daba cuenta de que comenzaba a nublarse. El tiempo advertía tormenta. Una vez allí nos dimos cuenta de que el sonido venía de un almacén cercano. Nos adentramos en el rápidamente, mirando en cada esquina. Llegamos a una amplia zona y descubrimos una camioneta, nos acercamos y sobre el claxon encontramos el cadáver de una muchacha joven, estaba desnuda y tenía el cuerpo lleno de magulladuras. La retiramos del claxon y el sonido se detuvo.
—¿Quién ha hecho esto? Por que esto está hecho con toda la intención— dije mirando a Silvia. Esta pareció que me devolvió la mirada, pero no me miraba a mí, miraba algo que tenía detrás. Me di la vuelta y vi algo escrito con sangre en la pared.

“LAS ZORRAS CONFIADAS ENCUENTRAN LA MUERTE DOLOROSA, NO SON TAN ASTUTAS COMO SE PIENSAN Y SU ESTUPIDEZ LA PAGAN CON LA MUERTE”

Y justo debajo de ese escrito, había otro más pequeño, este escrito con cortes en la pared que probablemente habían hecho con un cuchillo. Ahí podía leerse.

“SILVIA, PRONTO SABRAS LO QUE ES ARDER EN EL INFIERNO Y TODOS AQUELLOS QUE SE TE ACERQUEN ARDERÁN CONTIGO, ZORRA”

Silvia me miró y entonces vi miedo en su mirada, tan solo pudo decir una frase –Es el. Está aquí.
*****
A.J los estaba observando a los dos. Los tenía a tiro y podía disparar en cualquier momento. Matarlos a los dos y largarse de allí. Los miró a través de la mira telescópica y puso el dedo en el gatillo. Respiró hondo y situó el punto de mira sobre aquel tipo tuerto. Estaba ahí, lo tenía ahí, incluso se pasó la lengua por los labios relamiéndose al imaginarse la bala atravesando la cabeza de aquel desgraciado. Se imaginaba el chorro de sangre que saldría disparada. Sin embargo no lo hizo. No quería hacerlo así. Entonces los vio salir corriendo en dirección al exterior. No podía dejar que cogieran el vehículo. El se apresuró a salir antes, golpeó a los caminantes que se le cruzaron y llegó hasta el coche. Sacó el arma y disparó dos veces al depósito, la gasolina no tardó en comenzar a derramarse por el asfalto, sacó un mechero que había encontrado y lo encendió, seguidamente prendió la gasolina y se alejó corriendo mientras el coche ardía.
Se ocultó a esperar y entonces vio a Silvia y a aquel tipo salir, luchar contra los No Muertos y quedarse atónitos ante la escena. Los escuchó a hablar mientras veían acercarse a los No Muertos.
—Regresemos. No nos queda nada que hacer aquí. Regresemos al hotel— dijo el tipo.
Silvia pareció mostrarse reticente a eso, pero finalmente accedió y ambos comenzaron a correr esquivando a los muertos vivientes. Habían hablado de un hotel, a A.J solo le quedaba seguirlos y ver donde se refugiaban, allí acabaría con ellos dos, y si había más gente, también los mataría a ellos. Quería hacer una autentica masacre.

09:30 horas de la mañana
Hotel…

Llegamos al hotel a las nueve y media pasadas de la mañana con un agua torrencial. Lo hicimos agotados y extenuados. No habíamos parado de andar y correr desde que salimos de forma accidentada de Fort Valley. Nada más llegar nos abrieron la puerta y nos vimos a varias personas reunidas en torno a Mouse y un vehículo.
—¿Qué está pasando? ¿Qué ocurre?— pregunté mirándolos a todos.
—Mouse se marcha— respondió Juan. –He intentado convencerle de que se quede, pero no quiere quedarse. Quizás puedas convencerlo tú.
Rodeé el vehículo junto a Silvia y me planté delante de el. —¿Por qué quieres marcharte?
—Yo ya no tengo sitio aquí. Me marcharé lejos y no volveré. Llevo pensándolo desde hace tiempo, pero no lo tuve claro hasta después de la pelea— entonces este miró a Silvia, la cual estaba a mi lado. –Creo que por hoy ya tienes bastantes cosas de las que preocuparte. No soy asunto tuyo, me marcho, que os vaya bien.
En ese momento se escuchó un disparo, todo fue muy rápido. Muchos se echaron al suelo o buscaron cobertura tras el vehículo. La bala había pasado justo a mi lado tras atravesar el cuello de Mouse. El cayó y yo me tiré al suelo también. Miré a mi alrededor cuando escuché un segundo disparo y vi caer a un hombre mayor tras ver como en su pecho brotaba una flor de color rojo intenso. Quise gritar, pero entonces vi a Silvia en el suelo. De su pecho brotaba sangre, la bala le había dado de lleno y su mirada estaba perdida. La vida se le escapaba y nadie sabía que estaba pasando.