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sábado, 18 de junio de 2016

NECROWORLD Capitulo 120

Días previos al gran pánico…

Silvia encendió el ordenador y esperó un rato, no tardó en aparecer una ventana con el nombre de su madre. Hizo click rápidamente sobre la ventana y se abrió el chat. Rápidamente comenzaron una video llamada. Silvia no pudo evitar esbozar una sonrisa cuando vio a su madre, aunque esta presentaba un aspecto cansado. Era como si llevara horas sin dormir.
—Hola mamá. ¿Cómo estás? Aquí las cosas parecen calmadas de momento— dijo Silvia con una sonrisa y tratando de ocultar los nervios. En esos días que estaban viviendo, el que no estuviera nervioso era por que no era consciente de lo que estaba pasando en el mundo.
—Las cosas aquí en España no andan muy bien. Hay muchos infectados y muchos muertos. La infección se ha extendido demasiado y nadie sabe que va a pasar. El gobierno trata de calmar a la población y de quitarle hierro al asunto, pero nadie está tranquilo. Te juro que anoche vi algo cuando bajé a tirar la basura. No se si era uno de ellos, solo volví a casa muy rápido y cerré con llave.
—Aquí hay toque de queda desde las ocho de la tarde. No podemos salir. Aaron no está ahora en casa. Salió a hacer unas cosas.
En España era de noche a esas horas y Silvia podía ver la ventana que había detrás de su madre, primero escuchó un sonido de motor y luego vio pasar un haz de luz. Su madre miró hacia la ventana, se acercó y corrió las cortinas antes de volver a sentarse delante de la pantalla.
—Era un helicóptero. Están evacuando a los vecinos. Nos quieren llevar a la base militar. A todos los que no estén infectados— dijo su madre. –Tu padre está preparando las maletas. No te imaginas lo enfadado que está. Dice que nos tendrán a pan y agua hasta que pase esto y que nos harán mear en un cubo.
—Ya lo conoces…— respondió Silvia. –Mamá… Sabes que me gustaría ir a estar con vosotros, pero todos los vuelos están cancelados. El otro día hubo un problema en el aeropuerto con los últimos vuelos cuando un grupo de personas intentaron pasar el cordón policial. Fue horrible. No dejaban de emitirlo en televisión, fue mucho más terrible que el atentado de las torres gemelas. Dispararon sobre esos hombres, en la televisión dijeron que eran terroristas, pero creo que eso no es cierto.
—Ya verás como esto pasa pronto— dijo su madre.
—No lo se. Esto…— Silvia escuchó un ruido y dejó de hablar, después miró a la pantalla. –Creo que Aaron ya ha vuelto a casa.
—¿Los has visto cariño?— preguntó en ese momento su madre cambiando la expresión de su cara. —¿Has visto a los muertos? Los muertos que caminan…— Silvia guardó silencio un momento y finalmente asintió. Realmente no los había visto en persona, pero si los había visto en televisión. –En Caceres hay muchos. Parte de la ciudad está en cuarentena y aunque los militares se enfrentan a ellos… No saben como matarlos. Las bajas son muchas y hay deserciones… No sabemos que va a pasar.— en ese momento el padre de Silvia entró en la habitación y sin mirar a la pantalla se dirigió a su mujer.
—Los militares ya están aquí. Es hora de irnos.
—Saluda a tu hija— dijo su madre. Justo cuando el padre iba a decir algo, dos militares aparecieron en escena.
—Es hora de irse. No hay mucho tiempo— dijo un militar que por la voz parecía bastante joven.
—Estaba hablando con mi hija, que vive en Chicago… — El militar no la dejó terminar la frase, tiró de ella del brazo, aunque ella trataba de zafarse.
Fue en ese momento cuando en el forcejeo golpearon la cámara y esta cayó perdiendo gran parte de visión. Silvia solo podía ver la mesa del escritorio y la cintura de un militar. De fondo escuchaba a sus padres discutir con los militares, los cuales se mostraban reacios a esperar. Fue en ese mismo momento cuando se escuchó un grito acompañado de disparos. Le pareció que alguien había gritado la palabra infectados. Más disparos se escucharon acompañados de los gritos de sus padres y de los militares. Después la pantalla se volvió oscura y la señal desapareció. Silvia trató de contactar varias veces, pero era imposible. Silvia no pudo evitar desesperarse y romper a llorar, no sabía que había ocurrido, pero se temía lo peor, y ni siquiera podía volver a España.
A.J entró en la habitación y descubrió a su novia llorando con  la cabeza entre las manos.
—¿Qué ha pasado cielo?— preguntó A.J
—Estaba hablando con mis padres y ha pasado algo. No se el que… Había infectados… No se— A.J abrazó a Silvia y le dio un beso.
—Seguro que estarán bien. Nosotros también tenemos que irnos. Buscaremos la manera de ponernos en contacto con ellos, pero ahora debemos irnos de aquí. Esta zona pronto dejará de ser segura. No te preocupes, yo te voy a proteger con mi vida, nada ni nadie te hará daño. Te quiero mi vida.

Día 11 de Octubre de 2010
Día 834 del Apocalipsis…
Hotel… 09:32 horas de la mañana…

El corazón le iba a mil por hora, podía escuchar los latidos muy por encima del sonido de los disparos. Miraba a su alrededor desde el suelo y lo veía todo como a cámara lenta mientras respiraba de forma acelerada. Miró hacia un lugar y vio como una mujer que trataba de huir era abatida de un tiro en la espalda, miró a su lado y vio a Mouse con la mirada clavada en ella, el estaba muerto. La bala le había atravesado a Mouse el cuello y luego le había atravesado el hombro a ella, la herida le ardía y sentía que la vida se le iba. Trató de gritar, pero no pudo, entonces volvió a mirar a Mouse y entonces lo vio mover la boca y las manos, por unos momentos pensó que estaba vivo, pero entonces se dio cuenta de que sus ojos habían cambiado, esta vez si estaban clavados en ella. Fue entonces cuando entre lo que parecía el sonido lejano de los disparos, este comenzó a arrastrarse hacia ella. Justo cuando estaba a punto de alcanzarla, alguien le clavó un cuchillo en la cabeza y se abalanzó sobre Silvia. Se trataba de Juanma, este la arrastró hasta que ambos quedaron a cubierto detrás del coche que Mouse iba a coger para marcharse. Juanma le cogió la cara y la miró, le habló, pero ella no escuchaba nada, solo los latidos de su corazón. Vio como Juanma hablaba con Juan, el cual estaba disparando y ocultándose, pareció que llegaron a un acuerdo, Juanma la cargó y comenzaron a caminar cubiertos por el coche, el cual, Juan estaba usando como cobertura móvil.
No sabía cuando tiempo había pasado, pero tratando de no desmayarse, se vio alzada en alto y se sintió volar mientras el suelo corría bajo ella, luego vio las puertas del hotel abrirse, los pasillos, las escaleras, la celda de Malaquías, este estaba agarrado a la verja de hierro gritando o hablando algo que no entendió, seguidamente vio como la metían en la enfermería y la tumbaban en la camilla, no tardó en ver a Mélanie acercarse a ella y con unas tijeras cortar por la zona por donde había entrado la bala, Mélanie le habló y a Silvia le pareció entender que le estaba diciendo que no se durmiera.
*****
Me senté en una de las camillas de la enfermería mientras Sheila me inspeccionaba un rasguño en el brazo. Una de las balas me había pasado muy cerca. Desde allí observaba como Mélanie trataba de salvarle la vida a Silvia, justamente en ese momento irrumpieron en la enfermería Juan y Mike.
—Fuese quien fuese quien disparaba ya no lo hace. Se ha largado… ¿Qué coño ha pasado ahí fuera? Hemos perdido a Mouse y a otras tres personas. ¿Quién narices se ha puesto a dispararnos?— preguntó Juan.
Iba a responder, pero entonces escuchamos a Silvia decir algo, como no la entendíamos, Mélanie se inclinó sobre ella para escucharla, seguidamente alzó la cabeza y nos miró. –Está diciendo el nombre de A.J, puede estar delirando a causa del shock.
Comencé a pensar que no tenía nada que ver con el shock, que era verdad que era el. Me levanté de la camilla de un salto. –Mél. No dejes que se muera.
—La bala le atravesó el hombro izquierdo. Lo tengo controlado, no te preocupes.
Asentí y salí de la enfermería seguido por Juan y Mike. Entonces comencé a hablar. –Es solo un tipo. No hay nadie más. Quiero organizar grupos, los quiero en cinco minutos. Que todos los que no puedan hacer nada que se queden en sus habitaciones. Que nadie salga fuera, el no se acercará al hotel.
—¿Y que hacemos con los caminantes? Se ha armado mucho jaleo y pronto estarán junto a las vallas— dijo Juan.
—Eso no me importa. Lo importante ahora es cazar a ese cabrón. No quiero a nadie desarmado fuera. Solo los grupos que vamos a salir. Tenemos que dar caza a ese cabrón. Os veo en el hall dentro de cinco minutos— me separé de Juan y Mike. Subí a mi habitación para hablar con Eva antes de salir, entonces me encontré con Vicky.
—¿Qué ha pasado?
—Tenemos problemas. Vamos a salir varios a por un tipo. Quiero que te encierres en tu habitación con tu madre y tus hermanos— le respondí pasando por su lado.
—Y una mierda— respondió Vicky. Yo me di la vuelta y la miré. –Ya no soy esa niña a la que había que proteger, he cambiado, me he hecho más fuerte. Quiero salir ahí contigo y matar a ese que ha intentado matar a Silvia. Quiero hacerlo, y lo haré aunque tú no me dejes, aunque tenga que salir yo sola. Deja de tratarme como a una cría.
—Muy bien. Vendrás conmigo— respondí. Después de eso entré en la habitación, hablé con Eva, le expliqué todo lo que había pasado y después salí. Bajé al hall y me encontré con todos los voluntarios que íbamos a salir. En un rincón estaban los cuerpos tapados de los que habían sido asesinados. Entre ellos Mouse. –Saldremos en varios grupos. Vicky y Katrina vendrán conmigo. Los demás formad los grupos. Escuchad, el es solo uno, pero está armado y es peligroso. No le tiembla el pulso a la hora de disparar a nadie. Es un tipo bastante fornido y no estará muy lejos de aquí. Si lo veis, disparad y preguntad después. Y si es el, no lo queremos vivo— en ese momento vi como Sheila y Mélanie parecían allí. —¿Cómo está Silvia?— les pregunté.
—Se quedó dormida. No ha sido nada grave, se recuperará pronto— respondió Sheila. —¿Qué hacemos nosotras?
—Vosotras id a vuestras habitaciones o a la enfermería y esperad. Sois las únicas especialistas en medicina que tenemos y no quiero que corráis peligros innecesarios. ¿De acuerdo?
En ese momento Riley, uno de los nuevos integrantes del grupo dio un paso al frente. –No nos conocemos mucho, pero ayudaremos en todo lo que podamos. Mi hermano y yo estamos aquí para lo que nos necesitéis.
—Muy bien. Todos en marcha— dije.
Salimos al exterior, fuimos a la puerta y la abrimos. Seguidamente comenzamos a dispersarnos en grupos por el bosque. La lluvia en esos momentos era torrencial y los truenos retumbaban por todo el bosque. La caza había comenzado y yo no estaba dispuesto a volver sin antes haberme cobrado la presa.
*****
Sheila y Mélanie regresaron a la enfermería. Cuando abrieron la puerta y entraron vieron que Silvia ya no estaba sobre la camilla. Tan solo quedaban gasas y parte de su camisa manchada de sangre, salieron de la enfermería y se encontraron con la puerta de la armería abierta de par en par. Mélanie miró a Malaquías.
—¿Has visto algo? ¿Dónde está Silvia?— preguntó Sheila.
—Ha ido a cobrarse la dulce venganza— respondió Malaquías con una siniestra sonrisa. –Eso es lo que ha ido a hacer.

Las Vegas…
10:00 horas de la mañana…

Luci se despertó tras recibir un cubo de agua fría. Abrió los ojos y nuevamente se vio en ropa interior, sentada y amarrada a la silla de hierro, en la misma mugrienta sala, la cual seguramente la habían usado las mafias de Las Vegas en otro tiempo, era ahí donde la habían estado golpeando y torturando desde el momento que ella y David habían sido capturados. Después de eso no había vuelto a ver ni a la niña, ni a David, ni a Alicia, ni al niño que ambos cuidaban. Se los habían llevado a otro sitio, quizás estarían sufriendo lo mismo que ella o algo peor.
—Venga, despierta— dijo la voz de Carlos. Seguidamente la agarró del pelo y la obligó a mirarlo. Aunque ella tenía los ojos tan hinchados a causa de los golpes que apenas podía abrirlos totalmente. –No tengo todo el puto día. ¿Comprendes?
Luci le escupió. Aun había sangre en su saliva. –Que te follen
—Que no te quepa duda de que eso será lo que haga contigo después— respondió Carlos. –Pero ahora hay que divertirse.
—¿Dónde están los demás?— preguntó Luci. —¿Los has matado como a Sandra?
—No. Todavía no… A ti no puedo matarte por que Dorian se pillaría un rebote de cojones. Creo que le gustas y que te la quiere meter. Los demás… La cría está siendo cuidada por una mujer hasta que te la devolvamos. David, Alicia y su crio están en las celdas. En teoría deberían estar muertos ya, pero hemos considerado que lo hagan a su debido tiempo. Ya sabes a que me refiero. Aunque ahora mismo hay unos muchachos muy cariñosos dando buena cuenta de David, aunque les dije que no se pasaran demasiado, que no lo mataran. Espero que no se les vaya la mano.
—Si les haces algo… Te…
En ese momento Carlos le asestó un violento puñetazo y Luci cayó al suelo con silla incluida. Luego Carlos puso el pie sobre su cabeza y comenzó a ejercer presión. —¿Qué me harás? ¿Eh? Mírate, mira tu situación. No estás en situación de amenazar a nadie.
En ese momento la puerta de aquella mugrienta sala, y Dorian la cruzó clavando la mirada en Carlos. —¿Se puede saber que estás haciendo? Ya basta. Ya has hecho suficiente. Si sigues golpeándola, la matarás, y todavía es muy importante.
—Ya le sacasteis sangre y a partir de ella sacasteis la vacuna. Ya no la necesitas— respondió Carlos mirando a Dorian.
—Aun la necesitamos. Solo con ella podremos mejorar la vacuna. Las que sacamos a partir de su sangre han resultado no ser del todo eficaces. El virus ha resultado ser más complejo de lo que imaginamos en un principio. Ella sigue sana, pero los que fueran vacunados a partir de su sangre, esa vacuna pierde el efecto pasado un tiempo. Todo depende del tipo de sangre del individuo. Por eso la necesitamos viva, por que en su sangre está la cura de la salvación. Solo en su sangre, si la perdemos a ella. Estaremos como al principio. Podemos seguir extrayéndole la sangre para elaborar una vacuna superior a la que ya se sacó.
—¿Quieres decir que la vacuna que me administraron ha perdido efectividad? ¿Quieres decir que los efectos de esta eran por un tiempo limitado? ¿Cómo lo sabes?
—Lo hemos estado viendo desde que empezamos con las pruebas. Si ahora murieras, te levantarías por que el virus seguiría estando ahí. La vacuna que te pusieron, solo lo mantenía como dormido. Aun no tenemos la vacuna perfecta, y esta solo podemos sacarla de su sangre y con mucha investigación.
—Está bien. Toda tuya— dijo Carlos saliendo de la sala. Salió a la calle y comenzó a pasear mientras una sonrisa se iba dibujando en su cara. Dorian no lo sabía, pero había otra persona como Luci. Solo una y esta estaba viva en algún lugar de los Estados Unidos. Ahora, había alguien más además de Eva con quien quería hacerse. Vicky.

Bosque…
10:30 horas de la mañana…

Silvia había escapado del hotel mientras todos los demás hablaban en el hall y planeaban salir a cazar a A.J. este estaba en algún lugar de ese bosque. No podía estar muy lejos y tampoco podía permitir que fuera otro quien lo matase. Eso le correspondía a ella. Quería ser ella quien pusiera fin a su vida.
Se tropezó y cayó al suelo, se intentó levantar y sintió un fuerte dolor en el hombro donde le habían disparado. Había perdido bastante sangre y se mareaba constantemente, de hecho seguía sangrando, y de seguir así acabaría muriendo. No le importaba, ya no le quedaba nada por lo que luchar, pero obviamente no moriría hasta que no matase a A.J. Era lo único que le importaba, matar a A.J, era lo único que le interesaba, morir le era completamente indiferente, pero de momento debía seguir viva. Miró al frente con firmeza y se fue incorporando lentamente, el agua de lluvia caía sobre ella con fuerza, pero eso no la frenaría. A duras penas lo consiguió y siguió su camino, apoyándose en los arboles cada vez que lo necesitaba, soportando el dolor de la herida que le ardía a cada paso que daba, avanzaba pese a que la vista se le nublaba, pese a que se mareaba y caía de rodillas, cuando eso pasaba volvía a ponerse en pie apretando los dientes y tratando de vencer al dolor y al cansancio. Incluso avanzó cuando comenzó a tener alucinaciones. Escuchó llorar a un bebé, incluso vio un carrito para bebés en medio del bosque, al que ignoró. Sabía que no era real, aun podía diferenciar lo real de lo que no lo era.
Se paró un momento a descansar debajo de un árbol, apoyada en el tronco. Se miró la herida y vio que las vendas que le habían puesto volvían a estar manchadas de sangre. Seguramente se le habían abierto los puntos que le habían puesto, ella sabía que esa herida había que cerrarla, solo así dejaría de sangrar. Y ella sabía como hacerlo de forma rápida. Sacó una bala y un cuchillo, cortó un poco la bala, lo suficiente para que pudiera salir la pólvora, cuando lo hizo, dejó que esta cayera sobre la herida, seguidamente buscó en sus bolsillos un mechero, el cual lo había cogido de uno de los cajones de la enfermería antes de salir, lo había hecho con la idea de que podría pasar bastante tiempo fuera del hotel y quizás necesitaría hacer una hoguera, pero en esos momentos iba a hacer otra cosa. Se llevó una manga de su chaqueta a la boca y la mordió con fuerza. Encendió el mechero y se lo acercó a la herida cubierta de pólvora. El fogonazo vino tan rápido como el dolor, pero Silvia lo soportó sin gritar, aunque no pudo evitar que las lágrimas brotaran de sus ojos.
Silvia sintió que se iba a desmayar, pero en lugar de eso, reunió fuerzas y se puso en pie para seguir su camino. Pasase lo que pasase, ese día terminaría todo con respecto a A.J.
***** 

A.J corría por el bosque. Después de su ataque inicial en el que pensaba que había matado a Silvia. Había visto a varios grupos de personas salir del hotel armadas. Todos iban a por el. no había duda, iban a cazarlo, y a la cabeza de todos ellos iba el tuerto, al cual no había podido matar, aunque lo había intentado cuando comenzó a disparar, en su lugar había matado a otros. Aunque no sabía a cuantos exactamente, se había emocionado tanto disparando que había agotado toda la munición que tenía, tan solo le quedan unas balas en la pistola y un cuchillo.
De vez en cuando escuchaba voces de aquellos que lo buscaban, entonces se escondía a esperar a que el peligro pasara. Ellos eran más que el y el no podría hacer nada contra un grupo numeroso. Aunque aun tenía en la cabeza que quería matar al tuerto. Se escondió detrás de un árbol y allí esperó, entonces escuchó una voz que parecía de una niña. Esperó oculto y entonces vio a una niña pasar, a unos metros detrás de ella vio a un tipo y a una mujer, el tipo era ni más ni menos que el tuerto. Entonces ni siquiera pensó, salió de su escondite rápidamente abordando a la niña, la golpeó para desarmarla, luego la agarró tomándola como rehén y le puso el cuchillo en el cuello.
*****
Todo ocurrió muy rápido, ni siquiera lo vi venir. Aquel tipo atacó a Vicky y en pocos segundos estaba ante nosotros con mi hija de rehén, amenazándola con un cuchillo. Katrina y yo le apuntamos con nuestras armas y el apretó más la hoja del cuchillo contra el cuello de Vicky, provocándole un pequeño corte.
—Suéltala. Deja a mi hija— dije apuntándole con el arma. Aunque este me hizo caso omiso mientras me apuntaba con su arma. –Que la sueltes.
—Mira tú por donde. El tuerto tiene una cría. Parece que al final, Silvia tiene la hija que tanto quería… Dime. ¿Cuánto hace que te la tiras?
—¿De que coño estás hablando? Solo eres un loco— entonces miré a Vicky. –No tengas miedo cariño. Todo saldrá bien. Ya lo verás.
—No le mientas a tu hija. Sabes que la voy a matar, para que lo veas, luego te mataré a ti y luego mataré a esa zorra que te acompaña.
—Estarás muerto antes de tocarla— dijo Katrina apuntándole con una flecha, pero A.J usó a Vicky de escudo humano.
—Venga. Disparadme si tenéis cojones, pero no podréis matarme si matar antes a la cría. Estáis jodidos…
De repente escuchamos una voz a las espaldas de A.J. –Aaron…— A.J se quiso dar la vuelta, pero antes de que pudiera hacerlo, alguien le disparó, este perdió el equilibrio y Vicky se soltó. Cayó al suelo, rodó sobre si misma y se alejó al tiempo que disparaban a A.J dos veces más. Este cayó al suelo y entonces vimos aparecer a Silvia con una pistola en la mano. Katrina quiso lanzarle una flecha, pero yo no se lo permití, simplemente nos quedamos mirando.
Silvia se acercó un poco más y le disparó a A.J en una mano cuando este intentó dispararle a ella. Pude ver lo aterrorizado que estaba este. Silvia le disparó tres veces más, dos en las piernas y una entre las piernas. Los gritos de A.J expresaban el dolor y la impotencia del momento. Cuando Silvia llegó junto a el se dejó caer sobre su cuerpo y le puso la pistola en la cabeza, luego apretó el gatillo, pero no salió ninguna bala. Tiró la pistola a un lado y cogió el cuchillo.
—No… No lo hagas… Por favor… No quiero morir…
—¿Recuerdas lo que me dijiste aquella vez tras la videollamada con mis padres?
—¿Qué?— preguntó A.J
En ese momento, Silvia le provocó un corte en la cara, tan profundo que se juntó con los labios, haciendo que la boca pareciera más grande. —¿Recuerdas lo que me dijiste? ¡¡¡Dímelo!!!
—Juanma. Tenemos que hacer algo. Lo va a matar— dijo Katrina queriendo caminar hacia ellos, pero yo nuevamente la detuve. —¿Qué haces? Si lo mata….
—Déjala que lo haga. Ese es su deseo… Ni tú ni yo podemos meternos en esto.
—Te dije que te protegería con mi vida, que nada ni nadie te haría daño. Te dije que te quería…— dijo A.J mientras escupía sangre.
Silvia asintió. –Si. Eso dijiste, y yo te creí… Pero hiciste todo lo contrario— en ese momento clavó el cuchillo en el estomago de A.J. –Me encerraste y te fuiste turnando con tus asquerosos amigos para abusar de mi— Silvia clavó más veces el cuchillo en el estomago de A.J. Hasta el punto de que sus tripas comenzaban a asomar. —¡¡¡¡Y me arrebataste a mi hija!!!! ¡¡¡Nuestra hija!!!! ¡¡¡¡Y la dejaste morir!!!! ¡¡¡¡Era de tu sangre!!!— Silvia clavó repetidas veces el cuchillo en el pecho y brazos de A.J. Finalmente puso el cuchillo otra vez en el cuello de A.J. –No te imaginas lo mucho que te odio…— Silvia comenzó a derramar lagrimas. –Me mataste en vida. Yo confiaba en ti.
—Nuestra hija está…— A.J no terminó la frase. Antes de que pudiera hacerlo, Silvia le cortó el cuello y la sangre comenzó a manar de las arterias seccionas del cuello de A.J. Aun así, este seguía tratando de hablar, entonces agarró a Silvia y la acercó a su boca.  Este pareció decirle algo y entonces Silvia abrió los ojos de par en par, luego lo miró y volvió a clavarle el cuchillo en la cabeza. Después de eso se levantó dejando el cuerpo de A.J. Se acercó a mí y entonces vi que sonreía.

—Mi hija… Está… Viva…— dijo con lágrimas en los ojos, pero tampoco terminó de hablar. Se desmayó y yo la agarré antes de que se cayera. Silvia por fin había llevado a cabo su venganza. A.J estaba muerto.