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sábado, 23 de julio de 2016

NECROWORLD Capitulo 121

Día 18 de Octubre de 2010
Día 841 del Apocalipsis

Había pasado una semana desde que A.J había atacado el hotel, eso había provocado la muerte de cuatro personas. La de Mouse. La de Simon, un hombre que estaba en el grupo que salimos de Manhattan. La de Dennise, una mujer que también salió de Manhattan. Y la de Leonard, un hombre mayor que también había logrado salir de Manhattan. Sus funerales fueron después de que regresásemos al hotel después de la muerte de A.J a manos de Silvia. Después de eso, Silvia se había estado recuperando de sus heridas durante los dos o tres primeros días, pero enseguida había vuelto a hacer vida normal, vida normal dentro de nuestra situación. Normalmente se ocupaba de vigilar a los niños y contarles cuentos junto a Diana y Stephanie. Aunque cada vez que la observaba me daba cuenta de que algo rondaba su cabeza, algo que no sabía si trataba de contar o creerse. También la había escuchado gritar por las noches, seguramente a causa de alguna pesadilla, algo obvio después de haber matado a alguien a sangre fría, aunque se lo mereciera, la culpa es un sentimiento tan grande que es imposible que no nos afecte, al fin de cuentas, A.J había sido su pareja y habían pasado muchas cosas juntos. Tardaría un poco en recuperarse por completo. Durante ese tiempo se había hecho bastante amiga de Cloe, una chica del grupo de Portaland y pasaban bastante tiempo juntas. Por boca de Mélanie había conocido un poco del pasado de Cloe, la muchacha había matado a su novio por que la maltrataba y estaba en un grupo de apoyo en Portland cuando todo se fue al infierno. Cloe, antes de estar en aquel grupo había sido condenada a tres años de cárcel, pero la buena conducta le había servido para que le rebajaran la pena. Ella era quien mejor podía comprender las acciones de Silvia.
Yo seguía recuperándome del ojo. Mélanie y Sheila me atendían cada día para curármelo y cambiarme las vendas. Pronto podría volver a ver con normalidad. Aquella mañana me encontraba en la enfermería sentado sobre un taburete esperando a Mélanie, cuando esta entró se sorprendió al verme allí sentado.
—Que temprano. Buenos días— dijo saludándome mientras dejaba una caja sobre una mesa.
—Ya me conoces. Me gusta ser puntual, madrugador y ver con mis dos ojos. Ver solamente con uno puede ser un error fatal. Casi no lo cuento una vez. ¿Puedes quitarme ya esto?— pregunté señalándome a las vendas de la cara.
Mélanie se sentó frente a mí y comenzó a quitarme las vendas, cuando lo hizo, pude abrir el ojo que había llevado vendado más de una semana. —¿Qué tal? ¿Puedes ver sin problemas? Supuse que no tendrías problemas, pero tampoco podía apostar por ello debido a que no tengo mucho material. Aunque no fallé en lo de la cicatriz, tienes un buen corte, pero no tendrás problemas de visión.
Me miré al espejo y vi la cicatriz, esta me pasaba cortando un poco la ceja y me pasaba por la sien hacia abajo. También podía ver pequeños cortes al lado de esta, producidos por los cristales que se me habían clavado.
—¿Todo bien?— preguntó Mélanie.
—Todo perfecto— respondí. –No terminaba de acostumbrarme a tener un ojo tapado.
En ese momento la puerta de la enfermería se abrió y entró Kennedy. El hermano de Riley. Los dos hermanos que habían sido rescatados en Gray por Juan y su grupo. Este se sostenía el brazo y se lo cubría con una toalla, parecía que tenía una herida.
—¿Puede ayudarme doctora?— preguntó Kennedy.
—Claro. Adelante— dijo Mélanie.
Kennedy pasó al interior y se sentó sobre un taburete, extendió el brazo sobre la camilla y dejó una herida al descubierto. Parecía un corte bastante profundo.
Cuando lo de A.J. El y su hermano Riley habían sido los últimos en regresar, de hecho lo hicieron dos días después. Nos contaron que habían sido sorprendidos por un rebaño de caminantes y que habían tenido que dormir subidos en un árbol hasta que los caminantes se alejaran. Podrían haber bajado y haber huido impregnándose con las vísceras de alguno, pero optaron por esperar.
—¿Cómo te ha pasado eso?— pregunté.
—En el huerto. Estaba plantando unos tomates junto a los demás. Tropecé y me caí sobre una herramienta de trabajo. Tuve suerte de no clavarme nada en la cabeza. Imagínese doctora, he sobrevivido al apocalipsis, me he enfrentado con éxito a cientos de caminantes y podría haberla palmado cayéndome de forma estúpida— dijo mirando finalmente a Mélanie.
—Habría sido bastante irónico— respondió Mélanie mientras comenzaba a trabajar en la herida. De vez en cuando, mientras echaba el desinfectante y empezaba a coser, ella miraba a Kennedy para ver las expresiones de dolor. –Esto estará enseguida. Relájate.
—¿Me dolerá menos si me relajo?— preguntó Kennedy mostrando una sonrisa.
—No. Te dolerá igual— respondió Mélanie con una sonrisa.
—Bueno. Yo me tengo que ir, quiero hacer varias cosas y quiero hablar con Silvia— dije dirigiéndome hacia la puerta.
—Silvia se acaba de ir. Se fue con Cloe. Les di una lista con medicinas que me faltaban. Han ido a buscarlas a Macon. Les di también un mapa donde tengo apuntadas todas las farmacias que hay por allí y que no habían sido saqueadas todavía— Mélanie dejó de coser la herida y me miró. Al ver mi gesto de preocupación, me dijo. –No te preocupes. Les irá bien. Saben cuidarse.
—Eso espero— dije saliendo por la puerta. Cuando salí, antes de subir por las escaleras, miré a Malaquías. Este estaba en su celda leyendo un libro, era prácticamente lo único que hacía. No nos dijimos nada, seguidamente subí por las escaleras y me dirigí hacia los jardines donde habíamos montado nuestros huertos y corrales.

Macon…

Silvia encontró una de las medicinas que habían ido a buscar y la metió en un carro de la compra junto a otros medicamentos. Estaba contenta por que con todo lo que estaban consiguiendo estarían abastecidos durante meses. En el exterior, Cloe aguardaba esperando en el coche, más que nada por si ocurría algo, poder entrar a avisarla y salir de allí a toda velocidad.
Llegó a la zona de los productos para bebés y comenzó a llenar el carro con todo lo necesario para ellos. No pudo evitar pensar en su hija y en que según A.J seguía viva. El le había dicho el lugar, pero aun no había dicho nada a nadie, ni siquiera a Juanma. Era posible que A.J estuviese mintiendo, pero… ¿Quién miente cuando va a morir? Desde luego eso no lo hacía nadie o casi nadie, aunque con A.J todo era posible, el no era una buena persona y estaba lejos de serlo aun estando a punto de morir.
Con el carrito de la compra ya lleno se dispuso a salir de la farmacia, pero entonces escuchó algo que la hizo detenerse junto a la puerta, dejó el carro a un lado y se fue asomando un poco, entonces vio a un tipo con un pañuelo en la cabeza apuntando a Cloe y obligándola a salir del coche.
—Sal del jodido coche y no te mataré— decía aquel tipo. –Y por las manos donde pueda verlas.
Cloe dejó el arma en el coche y salió con las manos en alto, entonces comenzó a hablarle al tipo. –No tienes por que hacer esto. Nosotros no somos enemigos, el enemigo son los muertos. Formo parte de un grupo, quizás podamos ayudarte si vienes conmigo— Silvia escuchaba hablar a Cloe, y se percató de que esta estaba hablando como si estuviese ella sola allí. –Tenemos comida, armas y agua. Incluso camas y agua caliente. Si estas solo podemos ayudarte.
—¿Quién te ha pedido ayuda? Solo quiero tu puto coche y todo lo que lleves. Lo demás me da todo igual. ¿No te enteras o que? ¿Quieres que seamos amigos? Los amigos ya no existen en este mundo. Lo se, lo he visto, llega un momento en que te traicionan e intentan matarte, o bien por que eres un lastre o por que necesitan comer.
—Nosotros no somos así. Te lo prometo— respondió Cloe dando un paso al frente hacia el tipo, el que por la forma de hablar y por lo delgado que estaba, no tendría más de veinte años. –Si bajas el arma…— Cloe no acabó la frase, aquel tipo volvió a encañonarla.
Silvia tenía que hacer algo, sacó su arma, le quitó el seguro y salió de repente gritando. –¡¡¡¡Tira el arma pedazo de mierda!!!!  Tírala ¡¡¡¡No me hagas repetírtelo!!!!
El chico al verla salir se dio la vuelta y miró a Silvia, le apuntó y disparó varias veces. Ninguna bala acertó a Silvia. Ella también disparó tres veces y las tres balas dieron al chico, este soltó el arma y cayó al suelo, luego comenzó a retorcerse de dolor.
—Gracias— dijo Cloe agachándose a coger el arma que el chico había dejado caer.
Silvia observó mejor al chico y pudo comprobar que era muy joven, seguidamente miró a Cloe. –Quizás deberíamos llevarlo al hotel. Intentar salvarle.
Cloe señaló una herida de bala. –Esta le ha perforado el pulmón seguramente. No tardará en tenerlos encharcados, no sobrevivirá. Podría haber hecho lo que le dije, además, te disparó. Esta era la única solución posible. No sobrevivirá— Cloe le apuntó al chico a la cabeza. Justo cuando iba a disparar, Silvia le bajó el arma.
—Yo lo haré. Es cosa mía— seguidamente Silvia le apuntó a la cabeza y disparó. Luego miró a su compañera. –Volvamos a casa.
Ambas se subieron al coche tras cargarlo y se quedaron un momento quietas y mirándose. Silvia la observó bien, una chica rubia con medio pelo rapado, donde en parte de la cabeza podía verse un tatuaje tribal, los ojos verdes de Cloe se clavaron en ella. –Se como te sientes al matar a alguien, pero es normal, lo de este chico ha sido muy distinto a lo de A.J y sus amigos. No lo has matado por placer o por que te estés convirtiendo en un ser sin humanidad, primero le disparaste por defenderte y defenderme, segundo, le disparaste para evitarle sufrimiento y para evitar que se convirtiera. En ambos casos has actuado bien, no te vayas a torturar por eso.
—Estoy sufriendo todo lo que Juanma me dijo que sufriría. Maté a A.J y eso no hizo que me sintiera mejor. Cada noche… Cada noche tengo pesadillas donde A.J aparece en mi habitación para matarme, unas veces está vivo y otras veces es un caminante. Otras veces incluso aparece sentado a mi lado con nuestra hija en brazos y cuando la deja sobre los míos, lo que veo es una mantita ensangrentada y ni rastro de mi hija.
—El te dijo que estaba viva ¿No? Tu hija quiero decir. Te dijo que no había muerto, que te  mintió. Te dijo donde estaba ¿Verdad?
—Dijo que está en Las Vegas… Pero podría ser una mentira más, no me fio de la palabra de alguien como el, pero… ¿Y si es cierto que está allí? Podría ir allí y recuperarla de alguna manera. Es mi hija al fin y al cabo, y si vive… No se, merece la pena intentarlo.
—¿Se lo has dicho a Juanma?— preguntó Cloe.
—Todavía no. Se lo que hay en Las Vegas. Supongo que no querrá arriesgarse a que nos ocurra algo, y créeme que lo entiendo… Pero es mi hija…
—Cuando estaba en el trullo… Conocí a una tía. Aunque estaba algo chalada, su marido se llevó a los hijos lejos de ella. Esa mujer estuvo años buscándolos hasta que un día recibió una llamada de ese cabrón. En esa llamada, decía que fuera a ver a sus hijos y que se los llevará, que querían estar con ella. Por supuesto, ella hizo lo que ese mamón le dijo. Recorrió no se cuantos kilómetros para ir a por ellos. Cuando llegó a la dirección que le había dado el marido, se encontró con sus dos hijos muertos. El muy cerdo los había cosido a cuchilladas en la cama. Lo hizo para vengarse de ella, primero se los quitó, y no contento con eso la hizo creer que se los podía llevar para que ella acudiera a contemplar su macabra obra. Ella enloqueció al instante, cuando la poli la encontró… Bueno, encontraron al marido en la cocina con todos los cuchillos de la casa clavados por todo el cuerpo, a ella la encontraron llorando abrazando los cadáveres de sus hijos.
—¿Por qué me cuentas esto?— preguntó Silvia.
—Por que creo que hay verdad en las palabras que te dijo A.J. El te dijo que la niña seguía viva en Las Vegas. No conozco las circunstancias que la llevaron a allí, pero te aseguro que seguramente está viva. Convenceremos a Juanma para ir a buscarla y yo iré contigo.

Las Vegas…

Alicia se despertó en el momento que la puerta de su celda se abrió y metieron a alguien de un empujón. Este cayó al suelo y los guardas entre risas y chistes cerraron la puerta. Alicia se aseguró que Cristian seguía dormido y se levantó del colchón, se acercó a la persona que estaba en el suelo y le tocó el hombro.
—No te preocupes… Estoy bien— dijo en ese momento David mientras tosía varias veces, luego escupió un poco de sangre. Alicia le miró la cara y vio que la tenía hinchada. Llevaban dándole palizas desde el día que los atraparon. –Ayúdame a sentarme— Alicia lo ayudó a incorporarse y lo acercó hasta una pared para que pudiera apoyarse.
—Van a matarte al final…
—No. No creo que lo hagan, dudo que quieran hacerlo. Solo se divierten golpeándome, turnándose. Si quisieran matarnos… Ya lo habrían hecho… Creo que nos tienen reservada otra cosa. Quizás eso de la jaula de lo que tanto he escuchado hablar. Somos los únicos presos que tienen… No, no van a matarnos de momento.
Alicia cogió un trapo limpió y comenzó a limpiar las heridas de David. –Pero no nos dejarán ir así como así. Tampoco sabemos nada de Luci… Puede que la hayan matado como a Claire.
—Dudo que Luci esté muerta. Debe estar en otro lugar…— respondió David. –A ella si que dudo de verdad que quieran matarla. Su sangre es demasiado importante…
—¿Lo dices por la cura?— preguntó Alicia. –Nosotros también la tenemos.
En ese momento David se quedó en silencio y miró a Alicia. –Escucha. Hay algo que tienes que saber. Quizás no sea cierto, pero cuando me pegaban, hubo un momento que me quedé casi inconsciente, en ese momento dejaron de golpearme. Fue justo entonces cuando otro tipo entró en la sala, por la voz creo que era Carlos. Aunque no puedo asegurarlo, aun así escuché lo que les decía… Les decía algo sobre que la vacuna sacada a partir de la sangre de Luci, llegado a cierto punto, pierde la efectividad.
—¿Qué quieres decir?
—Que es posible que sigamos teniendo el virus. Que la vacuna que nos pusieron creada a partir de la sangre de Luci y de Vicky… Solo mantuviera el virus a raya durante cierto tiempo. Supongo que dependerá del tipo de sangre de cada uno— David tosió –Seguimos infectados Ali.
Alicia no supo como reaccionar, se dejó caer sentada al lado de David. —¿Qué haremos ahora? ¿Qué se supone que tenemos que hacer?
David bajó el volumen de su voz. –Dentro de ocho horas volverán a por mí. Siempre son dos los que vienen. Cuando eso ocurra… Me lanzaré sobre ellos, vosotros escapad.
—¿Y a donde vamos? ¿Qué pasará contigo?
—No me pasará nada. Acabaré con esos hijos de perra y os seguiré. Cuando me traían me fijé en algo. Hay un tubo de ventilación en un despacho. Si podemos acceder a el, podremos planear que hacer a continuación.
—Pero Cristian es muy pequeño… Y yo estoy embarazada… Ese plan no puede funcionar. Es demasiado arriesgado. Nos cogerán.
—¡¡¡No!!! Por que aunque tenga que morir, no dejaré que os pase nada… Haré todo lo necesario para que salga bien— respondió David.
—Es un buen plan— la voz de Carlos los interrumpió, segundos después apareció delante de los barrotes con los brazos cruzados mientras sonreía. —¿De verdad piensas que un plan tan estúpido puede funcionar? Te creía más listo David… Me decepcionas.
David  miró a Carlos y suspiró. –Si… Soy un estúpido. Soy un estúpido por pensar que contigo nos iría mejor. Tendría que haberte matado cuando separaste al grupo… Pero aquí sigues… Haciendo perfectamente el cabrón. ¿Qué coño quieres? ¿Irás corriendo a darle el chivatazo al otro lunático?— preguntó David refiriéndose a Dorian.
Carlos miró a su alrededor y se acercó más a los barrotes. –Aunque no te lo creas. Dorian me es indiferente. No cuento con el ni estoy a sus ordenes. Aunque el se crea que si. Cree que soy su mano derecha, pero soy su mano negra en realidad. Ya estoy moviendo los hilos para que Dorian desaparezca de aquí. Me haré con la ciudad.
—¿Me llamas a mi estúpido? Si tu idea es todavía peor. Nadie te seguirá. Todos aquí trabajan para Dorian. Te volarán la puta cabeza antes de que puedas dar un paso.
—Bueno… Eso es algo que ya tengo controlado. No te preocupes por eso… Si vivís lo suficiente… Quizás lleguéis a ver mi plan maestro. Será apoteósico e increíble. Me alzaré como si fuese el mismísimo dios de este país y al final cambiaré el mundo.
David comenzó a reír. –Eres un jodido megalómano.
—Puede ser… Pero se que mi plan va a salir bien… Y cuando esté al frente de esta ciudad. Si todavía sigues vivo, puede que te dejé limpiarme las botas con la lengua— entonces Carlos cambió la expresión. –Bueno, que me voy del tema. El motivo de mi visita era para deciros que las palizas se han acabado. Puedes respirar tranquilo. Ya puedo irme— Carlos se dio media vuelta y se marchó de allí dejando a David y a Alicia solos.
—¿Qué haremos ahora?— preguntó Alicia.
David se quedó un rato en silencio, suspiró y finalmente comenzó a hablar. –Mi plan se ha ido al garete… Eso es obvio… Sin embargo. Este gilipollas acaba de abrirnos un abanico de posibilidades. Veremos que hace, que planea… Y entonces solo tendremos que apostar por el caballo ganador. Se mostraba muy seguro… Y estoy seguro que era el quien entró en la sala mientras estaba casi inconsciente. Creo que está buscando adeptos y que ya tiene unos cuantos.
*****
Luci se encontraba haciendo pesas tumbada sobre un banco de ejercicios. Llevaba dentro de aquella celda acristalada con cristal irrompible desde que le habían sacado de la sala de torturas y le habían devuelto a Lucia. Fue entonces cuando el llanto de la niña la interrumpió, dejó la pesa a un lado y se incorporó. Mientras caminaba le lanzó una mirada a los guardas que la vigilaban al otro lado del cristal. En una ocasión, cuando se había cambiado de ropa, había visto a varios de ellos con la mirada fija en ella y masturbándose, otros incluso chupaban el cristal y le dedicaban palabras obscenas, se imaginaba que alguno de ellos estaba deseando poder entrar allí y abusar de ella.
Llegó hasta la cuna donde se encontraba la niña y la cogió en brazos. No tardó en sentir el olor. La niña necesitaba que le cambiaran los pañales.
Luci miró entonces a los guardas. –Necesito pañales. Traédmelos.
—¿Para que los quieres?— preguntó uno de los guardas.
—Para prepararte el almuerzo ¿No te jode? Traédmelos ¡¡¡Ya!!!
Los guardas se miraron entre si y uno de ellos se marchó. Al poco rato regreso con un paquete de pañales, el cual metió en la celda a través de una trampilla que solo se abría desde fuera. Eso era algo que Luci ya había comprobado una noche cuando uno de los guardas, el único que la vigilaba, se había quedado dormido tras beberse una botella de vodka el solo. Intentó escapar por ahí, pero fue imposible.
Luci cogió los pañales y volvió a la cama donde comenzó a cambiar a la pequeña. Cuando terminó, vio como uno de los guardas, el que lo había traído daba golpes en el cristal para llamar su atención.
—Eh. Aquí, hazme caso.
—¿Qué es lo que quieres?— preguntó Luci mientras sostenía a la pequeña en brazos.
—Pasa que los pañales no son gratis. Vas a tener que pagármelo ¿Qué te parece pagármelos con una buena mamada? Con esa boca que tienes, debes chuparla de lujo ¿Qué me dices? Si no puedo entrar ahí y molerte a palos.
—Hazlo y la mamada se la acabarás haciendo tú a Dorian. Luego alimentarás a los buitres. Paleto— respondió Luci levantándole un dedo. -Ahora si no te importa, piérdete.
En ese momento el guarda sacó su porra y se dirigió a la puerta, la cual, únicamente se podía abrir desde fuera. El guarda estaba a punto de entrar justo cuando en ese momento. Dorian hizo acto de presencia en el lugar. Este traía una bandeja con comida y bebida. Al verlo, el guarda se quedó petrificado. Dorian dejó la bandeja sobre una mesa y se quedó mirando al guarda.
—¿Qué era lo que pretendías capullo? ¿Ibas a entrar a pegarle? ¿A follartela?— El guarda comenzó a tartamudear y entonces Dorian lo cogió del cuello. —¿Te cuesta hablar?— Dorian sacó un cuchillo y se lo puso en el cuello. El guarda siguió tartamudeando y Dorian se alteró tanto que no dudo en clavárselo en el vientre y rajarlo de lado a lado mientras el guarda abría los ojos de par en par. Cuando Dorian lo soltó, este se derrumbó como un saco de patatas. Sacó un walkie y pidió que fueran a buscar el cuerpo, dos tipos entraron y se lo llevaron. Únicamente se quedaron Luci y Dorian mirándose el uno al otro.
—Gracias— dijo Luci.
—No me las des… Simplemente no dejaré que ninguno de estos mierdas te toque. No solo me perteneces a mi, si no que eres demasiado importante. Aunque lamento que no puedas recuperar tú casa. Aquí estarás más tranquilita y no cometerás ninguna estupidez como la de dirigir una fuga de mi ciudad. ¿En que estabas pensando?
—¿Sinceramente?— preguntó Luci al tiempo que dejaba a la niña en la cuna.
—Por supuesto— respondió Dorian cogiendo un taburete y sentándose delante del cristal. –Quiero tener buena relación contigo y para empezar bien, es muy importante la sinceridad.
—Pretendía perderte de vista. Alejar a la niña de ti, luego regresar y cortarte la cabeza. En ese orden— respondió Luci señalando a la katana que reposaba en un rincón de la celda. Se la habían dejado allí para demostrarle que ni aun así podría escapar, era una forma de burlarse de ella.
—Suena bien eso que dices, pero déjame recordarte que no saldrás de ahí a menos que yo quiera— Dorian se puso de pie y metió la comida a través de la trampilla. –Ahora come. Pasaré a verte más tarde.
Dorian se marchó de allí y Luci se quedó a solas. Comenzó a comer y como de costumbre comenzó a pensar en distintas formas de salir de allí. Obviamente no lo haría sola, sospechaba que David y Alicia seguían vivos. No se largaría de allí sin ellos.

Hotel…

Estaba trabajando en uno de los huertos cuando vi a Silvia acercarse junto a Cloe. No hacía mucho rato que habían regresado. Conmigo estaban Katrina, Dylan, Cindy y Vicky.
—Tenemos que hablar— dijo Silvia plantándose delante de mi.
Yo dejé de trabajar y la miré a los ojos. En ellos vi determinación. Supe en esos momentos que había tomado una decisión y que nada la haría cambiar de idea. —¿Qué ocurre?— pregunté.
—Necesito ir a Las Vegas a recuperar a mi hija. No puedes negarte. Ella vive, estoy segura que A.J me dijo la verdad antes de morir. Se lo que pasa con esa gente y quien está allí, pero no me conocen y no podrán relacionarme contigo ni con el grupo. Puedo hacerlo y luego regresar, me aseguraré de que no me siguen. Por favor.
—Es muy peligroso— respondí. –Entiendo lo que sientes, pero es un viaje largo. No lo lograrás tu sola. Lo siento— Silvia iba a decirme algo, pero entonces la interrumpí. –Sin embargo. Eres fuerte, no lo lograrás sola, pero quizás puedas reunir un grupo para que te acompañe.
Silvia sonrió y entonces miró a Cloe. Cloe me miró a mí y dijo. –Yo iré con ella.
Entonces Katrina dio un paso al frente pasando por mi lado, me miró primero a mí y luego a Silvia. –Yo te acompañaré también. Nadie de allí me conoce. Y se que si yo estuviera en tu lugar también lo haría. Puedes contar conmigo.
—Y conmigo. Mi hermana Claire está allí también. Quería ir allí antes de quedarme solo y antes de que me encontrarais. Me apunto— dijo Dylan.

El grupo que acompañaría a Silvia comenzaba a formarse. Al día siguiente partirían rumbo a Las Vegas.