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sábado, 6 de agosto de 2016

NECROWORLD Capitulo 123

Día 10 de Diciembre de 2007
Chicago…

—¿Qué haces?— preguntó A.J dándose la vuelta para mirar a Silvia. Iban andando por la calle y esta se había parado delante del escaparate de una tienda. Al otro lado del cristal, la dependienta se apresuraba a poner unos adornos de navidad. Cuando A.J llegó junto a Silvia se percató de que era lo que estaba mirando. Se trataba de ropa de bebé. Todo tipo de complementos, incluso una cuna con un móvil con pajaritos de colores.
—¿No te parece precioso?— preguntó Silvia.
—El hecho de que estés mirando esto no significa nada… ¿O si?— preguntó A.J mirándola.
Silvia movió la cabeza lentamente, miró a su novio y le sonrió. –No. No estoy embarazada, tranquilo, pero algún día si que deberíamos tener hijos. Solo miraba las cosas que podríamos comprar llegado el momento. No se, me gusta pensar en ello. Ser madre. ¿No te gustaría ser padre?
—¿No somos muy jóvenes todavía? Además. Hace poco que tengo un trabajo estable y los niños son muy caros. Quizás dentro de un par de años, cuando estemos mejor de dinero y vivamos en una casa más grande. Quizás me decida, me hace ilusión tener hijos contigo. De verdad, pero creo que no es el momento. De hecho estaba acojonandome cuando te vi mirar la ropa. A ver si me entiendes, no es que no quiera, pero ahora mismo creo que no podría darle a mi hijo todo lo que necesita.
—Te entiendo. No te preocupes— respondió Silvia apartándose del escaparate de la tienda. Se acercó a su novio, lo cogió de la mano y siguieron paseando por la calle cogidos de la mano. —¿Qué crees que nos depara el futuro? Yo vine aquí por ti, para estar contigo, pero me gustaría volver a España. Quiero que mis padres te conozcan en persona. Que sepan lo buena persona que eres. Que eres un ser humano maravilloso.
—Quizás este Verano. En Julio. Habremos ahorrado un poco y tendremos para el viaje. Aunque también podríamos traer a tus padres aquí a pasar unas semanas. Nos apañaremos bien en casa. Seguro que Chicago les encanta.
—Y seguro que a ti te gusta Caceres— respondió Silvia.
En ese momento se tropezaron con un hombre. Al verlo, A.J le empujó. —¡¡¡Eh!!! Tenga más cuidado la próxima vez amigo. No puede ir así por la calle. ¿En que coño está pensando? Le ha hecho daño a mi novia.
—Estoy bien Aaron. No me hizo daño— respondió Silvia tratando de calmar a su pareja. Fue en ese momento cuando el hombre los miró a los dos y vieron que llevaba un alza cuellos. Se trataba de un sacerdote. También vieron que tenía los ojos rojos, señal de que había estado llorando.
—Nuestro tiempo en la tierra se acaba. Ya está empezando. Antes de que termine el próximo año. Estaremos todos muertos.
A.J y Silvia se miraron. Después de que aquel sacerdote dijese aquello, se dio media vuelta y siguió caminando entre la multitud. Fue entonces cuando Silvia vio algo en el suelo. Se trataba de una cartera. La cogió y la abrió, fue entonces cuando descubrió un carné de identidad donde se podía ver el nombre de aquel hombre. “Kaleb Roberts”. También había una foto donde aparecía el sacerdote junto a otros dos hombres, le dio la vuelta a la foto y leyó lo que había escrito en el reverso: “Dorian, Kaleb y Graham en la cabaña del lago”

Día 19 de  Octubre de 2010
Día 842 del Apocalipsis.
Thomaston…
Silvia se encontraba mirando a través del cristal roto de una tienda de ropa. Allí delante de ella había ropa para bebé. Aunque estaba algo sucia debido al paso del tiempo.
El grupo hacía al menos un par de horas que habían salido del Hotel en dirección a Las Vegas y ya se habían topado con la primera dificultad del camino. Varios coches bloqueando la carretera que debían seguir. Se habían bajado del vehículo y habían comenzado a apartar los vehículos, después se habían parado a descansar y Silvia encontró aquella tienda.
—¿Qué haces?— preguntó Cloe acercándose a ella.
—Contemplaba la ropa para bebé. Estaba pensando en entrar a coger algo. Necesitaré vestir a mi hija cuando la tenga en brazos— respondió Silvia mirando a su amiga.
—¿Y por que no lo coges?— preguntó Cloe. –Nadie te va a detener… Y mucho menos la poli. De esos ya no quedan… Y visto lo visto, esto no tiene pinta de que vaya a solucionarse mañana ni a corto plazo. Y aunque se solucionase… Nadie te condenaría por hurto después. Así que adelante.
—Esa de ahí está muy sucia— respondió Silvia metiendo la mano y sacando una pieza de ropa. Cuando la cogió se dio cuenta de que estaba como acartonada y tenía manchas de sangre y probablemente, por como olía, heces de algún animal. –No pienso ponerle esto por encima a mi hija.
—Entonces vamos a entrar. Seguro que hay ropa en mejor estado ahí dentro— dijo Cloe dando golpes en lo que quedaba de cristal para que este se terminara de romper. Fue entonces cuando el escaparate se vino abajo del todo, provocando un fuerte ruido. Eso llamó la atención de Dylan y Katrina, los cuales acudieron corriendo con las armas en alto. Al ver que no pasaba nada las bajaron.
—¿Qué es lo que estáis haciendo?— preguntó Dylan. –Es hora de irnos.
—Silvia necesita ropa para la niña. Ya que estamos no vamos a irnos con las manos vacías— respondió Cloe entrando a través del escaparate. Seguidamente entró Silvia.
—Ve con Rachel y Sheila. Puede que el ruido atraiga caminantes. Si eso ocurre, disparad un par de veces e iremos corriendo— dijo Katrina siguiendo a sus dos compañeras al interior de la tienda.
Dentro de la tienda fue necesario encender las linternas debido a lo oscuro que estaba. Allí dentro olía como en cualquier sitio. Olía a cerrado y a muerte. Probablemente habia un cuerpo descomponiéndose en algún lugar de la tienda.
—Parece que saquearon esto a conciencia— dijo Cloe al ver que no había demasiado. Tan solo ropa sucia tirada por el suelo. Nada que realmente les sirviera. Al fondo había dos puertas. En una podía leerse “Almacén”. –En el almacén puede que encontremos algo.
—Tal vez— dijo Katrina acercándose a la puerta del almacén y abriéndola lentamente. Esperó unos segundos y luego la terminó de abrir de una patada, seguidamente entró con el arma por delante. No tardó en llegarles el olor a muerte.
Avanzaron por el pequeño almacén y llegaron hasta una zona donde había de todo por el suelo. Envoltorios de chocolatinas y botellas de agua vacías. Entonces debajo de unas mantas encontraron la fuente del hedor. El cuerpo putrefacto de una mujer. Primero Cloe le dio un golpecito con el pie para ver si se movía, en ningún momento dejó de apuntarle, seguidamente miró a Silvia y Katrina.
—No se levantará
Katrina se agachó junto al cuerpo e inspeccionó la cabeza de la mujer, al menos lo que quedaba de ella. Entonces justo debajo de otra manta encontraron una pistola. –Se cubrió con la manta y se disparó. Probablemente la mordieran o estuviera cansada de vivir— explicó Katrina.
Cloe había registrado el cuerpo y había encontrado unas llaves junto a una fotografía. –Mirad esto. Parecen las llaves de una casa, quizás esta tienda esté unida a la casa de los propietarios.
Silvia que había estado buscando en el almacén había encontrado ropa de bebé en buen estado. La había doblado con cuidado y la había metido en su mochila, seguidamente se acercó a sus dos compañeras y contempló el cuerpo. Entonces vio la foto. En ella aparecían dos mujeres gemelas y una de ellas tenía un bebé en brazos.
—¿La propietaria?
—Es posible— respondió Katrina. –Se suicidó por lo visto. ¿Ya tienes lo que has venido a buscar?
Silvia asintió. Junto en ese momento escucharon un ruido. Se trataba del sonido de algo de cristal al romperse. Las tres mujeres se miraron y enseguida se pusieron en pie.
—Viene de arriba— dijo en ese momento Cloe.
—Podría quedar alguien con vida— respondió Katrina.
Las tres salieron del almacén y se encontraron de nuevo en la tienda. Se dirigieron a la segunda puerta que habían visto y probaron una de las llaves y la puerta se abrió. Se encontraron en unas escaleras que subían hacia arriba. Comenzaron a subirla y vieron marcas de sangre en las paredes. Cuando llegaron a arriba del todo vieron que la puerta estaba entre abierta. Se acercaron a ella y vieron que se trataba de una puerta blindada.
Cloe que había sido la primera en llegar, se paró junto a la puerta y le hizo una señal a Katrina, esta subió y ambas se quedaron quietas al otro lado de la puerta. Entonces Cloe sonrió.
—¿Qué te hace tanta gracia?— preguntó Katrina.
—De lo irónico que resulta que una ex delincuente y una ex policía estén trabajando juntas— respondió Cloe.
—Lo que fuéramos antes hace tiempo que dejó de importar— respondió Katrina.
Un nuevo ruido las hizo mirarse y enseguida cruzaron la puerta seguidas por Silvia. El interior de la casa era lúgubre y frio. Entonces vieron las paredes del pasillo, en todas había algo escrito. Incluso había rayas contando los días que fuese quien fuese había estado allí. También notaron el olor a muerto, y junto a este había olor a comida podrida.
Un nuevo ruido las alertó y entonces vieron una silueta al final del pasillo. Las tres alzaron las armas y le apuntaron, entonces la silueta hizo algo que no se esperaban. Alzó los brazos en alto.
—No disparen. Por favor.
—Está viva. Bajad las armas. Está viva— dijo Silvia. Katrina y Cloe siguieron con las armas en alto, pero Silvia se puso delante. –Que está viva. Bajad las putas armas.
Cloe y Katrina se miraron y bajaron las armas. Aunque enseguida Katrina volvió a levantarla y se fue acercando a la mujer. –Mantenga las manos en alto, no va a pasarle nada, pero manténgalas en alto. Es solo por seguridad.
—¿Qué van a hacerme? ¿Van a matarme?— preguntó la mujer. Katrina llegó junto a ella y la puso contra la pared. Seguidamente comenzó a cachearla en busca de algún arma, pero no encontró nada. Cloe también se acercó y le enfocó a la cara con la linterna. Se trataba de una de las mujeres de la foto.
—Me llamo Grace. Tengo treinta años.
—No lleva nada— dijo Katrina alejándose de ella. La mujer se dio la vuelta y las miró.
—Me llamo Grace y tengo treinta años— volvió a decir la mujer. Esta vez mirando a Silvia. –Me llamo…
—Está ida. A saber cuanto tiempo lleva así— dijo Katrina. –Aunque es probable que desde más o menos desde que empezó todo.
—¿Estás tu sola Grace?— preguntó Silvia tocándole la cara a la mujer. –¿O hay alguien más contigo?
—Mi hijo. Está en la habitación. Ahora iba a darle de comer, pero escuché ruido abajo y me asusté. ¿Han encontrado a mi hermana?
—Su hermana está muerta— respondió Silvia. –Lo siento.
—Lo se. Yo la maté. Se convirtió y trató de matarnos a mi hijo y a mí— respondió Grace.
Katrina, Silvia y Cloe se miraron. Fue en ese momento cuando Cloe comenzó a hablar en voz baja. –Deberíamos largarnos ya. Esta mujer probablemente no esté en sus cabales.
—¿Dejarla aquí?— preguntó Silvia. –Podríamos llevarla con nosotros. Puede que ahora no, pero al volver de Las Vegas, podríamos recogerla.
Cloe alzó la vista y vio como la mujer se metía en una habitación mientras tarareaba una canción de cuna. –No creo que sea buena idea. Entramos a coger ropa para la niña, ya la tenemos. Nos vamos.
—Estoy de acuerdo con Cloe. No sabemos nada de esta mujer y por como habla, creo que hace tiempo que perdió el norte. Deberíamos irnos de aquí ahora mismo.
—Bueno vale— respondió Silvia. –Pero ya habéis visto su aspecto. Creo que Sheila debería echarle un ojo antes de irnos. Está desnutrida, se nota que no come como debería… Y tiene un hijo… Eso dice al menos. Escuchad, volved al vehículo y traed a Sheila. Yo os espero aquí con ella.
—¿Estás segura?— preguntó Cloe.
—Si. Id tranquilas. Yo os espero aquí.
Cloe y Katrina se miraron y se dieron media vuelta. Caminaron por el pasillo hasta que desaparecieron por la puerta. Seguidamente, Silvia se dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la habitación en la que se había metido Grace. Llegó a la puerta y se paró para escuchar. Al otro lado escuchaba a la mujer cantar algo y lo que parecían ser los pequeños sonidos que emite un bebé recién nacido. Silvia se fue asomando poco a poco y entonces notó el hedor a carne podrida y el olor a heces. Tuvo que cubrirse la cara con la manga para no vomitar. Alzó un poco la vista y entonces vio a Grace de espaldas a ella, estaba sentada delante de una cuna cuyo aspecto le pareció asqueroso debido a la suciedad. Incluso había cucarachas y moscas. ¿Cómo podía tener a un bebé en esas condiciones?
—Mamá ha encontrado amigas. Se quedarán aquí con nosotros hijo mío…
—¿Grace?— preguntó en ese momento Silvia. Grace no tardó en darse la vuelta para mirarla. Sostenía algo envuelto en una manta y había descubierto su torso.
—Estoy dando de mamar a mi niño— respondió Grace al tiempo que un bracito asomaba y se posaba sobre el pecho de Grace. En ese mismo momento, Silvia tuvo que contener un grito. El brazo no era normal, en lugar de un brazo rosado y regordete había uno delgado, esquelético y totalmente pálido, incluso había heridas con pus. La impresión fue tan grande que Silvia instantáneamente sacó el arma y apuntó a Grace. Esta soltó un chillido y entonces parte de la manta se cayó, dejando al descubierto la terrible realidad. Un pequeño No Muerto estaba mordisqueado uno de los pechos de Grace mientras con una mano que poseía uñas largas arañaba el pecho de la mujer.
—¡¡¡Atrás!!! ¡¡¡¡Suéltalo!!!— gritó en ese momento Silvia.
—¿Tu también? ¿Tú también quieres matarme? Mi hermana hizo lo mismo.
Fue en ese momento cuando Silvia lo comprendió. La mujer de abajo no se había suicidado. Tampoco se había convertido. Seguramente había intentado poner fin a la miseria de ese bebé que había muerto y había revivido. Entonces Grace la había asesinado.
—Te digo que atrás— repitió Silvia.
—Ella tampoco lo comprendía. No comprendió que a pesar de todo seguía siendo mi hijo. Que es un ser vivo que nació de mi, con mi sangre— comenzó a decir Grace. –Mira— Grace le mostró el bebé a Silvia. Fue entonces cuando ella lo vio completamente, tenía un aspecto espantoso. Tenía las piernas casi retorcidas entre si y su vientre era amarillento debido a los fluidos internos que se habían derramado, incluso caían gotitas de el. –Puedes cogerlo en brazos. Puedes cantarle.
—¡¡¡Atrás o disparo!!!— gritó Silvia de nuevo mientras contenía las arcadas y las lagrimas. Su cabeza iba a mil por hora.
En ese momento alguien la llamó a sus espaldas y se dio la vuelta. Cloe había aparecido en la puerta seguida por Katrina y Sheila. Fue entonces cuando por el rabillo del ojo vio como Grace hacía un movimiento raro y sacaba un cuchillo, justo cuando iba a lanzarse contra ella, Silvia se giró y apretó el gatillo varias veces. Las balas salieron de la pistola e impactaron en Grace y en el bebé No Muerto. Ambos cuerpos salieron despedidos hacia atrás y cayeron dentro de la mugrienta cuna.
Katrina y Cloe entraron en la habitación y se acercaron a los cuerpos mientras Silvia, todavía en shock tras disparar, se apoyaba en la pared y era abrazada por Sheila. La cual contemplaba la escena totalmente incrédula.
—Yo… Yo solo quería…— comenzó a decir Grace mientras tosía y observaba a Cloe mirándola. –Yo solo quería que mi niño sobreviviera…
Cloe miró el cuerpo del niño que todavía se movía. –Tu hijo estaba muerto desde hace tiempo. Tú no quisiste aceptarlo y te recluiste aquí. Tú hermana si lo hizo y cuando intentó darle el descanso… La mataste.
Entonces Grace miró el cuerpo de su hijo. –Quiero abrazarlo una última vez. Quiero que…        Que cuidéis de el. Le gusta que le canten cuando está comiendo.
Cloe miró a Katrina que estaba detrás de ella y le hizo un gesto de negación con la cabeza. Grace no parecía que se hubiese dado cuenta todavía de la situación. Todavía no había aceptado que su hijo estaba muerto, que ya no era un niño normal.
En ese momento apareció Silvia. Cogió al niño y se lo puso a su madre sobre el pecho, el niño entonces nuevamente comenzó a morder. Al no tener dientes, no hacía herida y por eso, Grace nunca se había puesto enferma y nunca se había convertido a pesar de que el bebé mordisqueaba sus pechos.
—Gracias— dijo en ese momento Grace mirando a Silvia con una sonrisa.
Seguidamente, Silvia, ante la sorpresa de las demás. Alzó el arma y disparó dos veces. Una bala impactó en la cabeza de Grace y la otra en la cabeza del bebé, después miró a sus compañeras. –Vámonos de aquí.
Después del incidente en la tienda, el grupo partió de nuevo y ya no pararon hasta que se hizo de noche y acamparon en un área de servicio en el desierto. Primero habían comprobado que no hubiese nada ni nadie y luego por fin habían podido parar a descansar. Durante el trayecto de Thomaston a el área de servicio. Silvia no había dicho nada, únicamente había estado mirando por la ventana, seguramente todavía en shock por lo ocurrido. Incluso cuando todos cenaban, Silvia seguía en el mismo sitio.
—Deberá superarlo algún día. Estas cosas pasan— dijo Dylan.
—Estamos en un viaje para encontrar a su hija. Cuando vio al bebé… Seguramente pensó en que su hija podría estar así. Y que este viaje sea para nada— respondió Rachel. –Puede que incluso piense en si sería capaz de dispararle si la viera así. Ha disparado contra un bebé, que aunque estuviese muerto no dejaba de ser un bebé.
—Lo mejor es que la dejemos tranquila— dijo Sheila.
En ese momento, Cloe se levantó con un plato y caminó hasta el coche. Abrió la puerta y se metió dentro. —¿No vas a cenar?
—Ahora no me apetece— respondió Silvia.
—Mañana por la noche como muy tarde llegaremos a Las Vegas. Come o no tendrás fuerzas para coger a tu hija en brazos— respondió Cloe poniéndole el plato delante. Entonces Silvia lo apartó de un manotazo. Cloe rápidamente cogió la comida que se había esparcido  sobre el asiento y la volvió a poner en el plato. –O comes o te obligaré a ello. Entiendo lo que sientes, pero esa mujer te habría matado… Y ese bebé ya estaba muerto. Hiciste lo que debías. Así que deja de martirizarte de una maldita vez.
—No es eso. Es que siento que estoy perdiendo escrúpulos. Maté a A.J y lo disfruté. No quiero que mi hija tenga a un monstruo por madre.
—Mataste a A.J por que era un cabrón que había hecho de tu vida un infierno. Bien muerto está ese hijo de la gran puta. No te arrepientas de nada de lo que has hecho hasta ahora por sobrevivir. Si no lo hubieses hecho, ahora no estarías yendo a buscar a tu hija.
—¿Y si después de todo resulto no ser buena madre?— preguntó Silvia.
—Tonterías. Lo serás. Recuperaremos a la niña y volveremos al hotel donde la criarás hasta que se haga mayor y te presente al primero de sus novios— respondió Cloe con una sonrisa al tiempo que le daba un golpe con el puño en un hombro. –Bien. ¿Te lo comes aquí o vienes con todos nosotros?
Silvia salió del vehículo y esa fue la respuesta que Cloe buscaba. Ambas se reunieron con los demás y se sentaron alrededor de la fogata que habían hecho. Fue entonces cuando Rachel comenzó a hablar.
—Veamos. Llegaremos mañana a Las Vegas por la noche como muy tarde. Es hora de que hagamos un plan. Solo podréis entrar vosotros cuatro. Allí hay gente que nos conoce a Sheila y a mí. Si nos ven, todo podría irse al traste. Por eso nosotras dos permaneceremos alejadas en un punto donde podamos cubriros si algo sale mal.
—El que os conoce es mi otro hermano. La oveja negra— dijo Katrina mientras afilaba la punta de una de sus flechas. Entonces si, es mejor que no os vean.
—Yo solo entraré a buscar a mi hermana— dijo Dylan. –No se lo que tardaré, pero si recuperáis a la niña antes que yo a mi hermana no me esperéis. Es mejor que os alejéis de allí lo antes posible.
—Lo importante es entrar y salir de allí sin necesidad de que haya heridos. Tenemos que pasar por gente que está de paso. Diremos la verdad, que vamos buscando a una niña que hace unos meses dejaron allí. Les ofreceremos armas si es necesario. Les propondremos un intercambio. Espero que salga bien.
—¿Y que haremos si no sale bien?— preguntó Silvia.
—Entonces buscaremos orea manera, pero soy buena negociando. Confiad en mí— respondió Katrina. –Ahora id a dormir. Yo haré la primera guardia, partiremos al amanecer.

Día 21 de  Octubre de 2010
Día 844 del Apocalipsis…
Las Vegas… 00:30 horas de la noche…

La noche había pasado con tranquilidad y al amanecer habían partido tal y como habían planeado. El viaje hacia Las Vegas les había durado todo el día, pero por fin habían llegado. Ya podían ver las luces de la ciudad y escuchar la música que venia de ella. Dylan aparcó el vehículo en un callejón y todos se bajaron. Silvia entonces respiró hondo. Al verla, Cloe se le acercó.
—Ya queda menos para abrazar a tu niña. Animo.
Rachel fue al maletero y sacó dos rifles de mira telescópica. Uno se lo colgó Rachel al hombro y el otro se lo pasó a Sheila. Seguidamente señaló una torre de agua. –Nosotras nos situaremos allí arriba. Desde ahí las podremos cubrir si es necesario. Alguien debería quedarse en el vehículo con el motor en marcha por si ocurre cualquier cosa. Quizás tengamos que salir echando mistos.
—Yo lo haré, pero tenéis que hacerles saber que yo estoy aquí. Si es necesario, llamadme. Acudiré enseguida— dijo en ese momento Katrina. –Vosotros tres os acercareis a las puertas.
Cloe, Dylan y Silvia asintieron y seguidamente cada uno comenzó a tomar sus posiciones. Con Silvia a la cabeza caminaron a caminar en dirección a la puerta. El corazón le iba a mil por hora, tan deprisa que en varias ocasiones se paró en seco. En su cabeza surgían todo tipo de preguntas. ¿Quién se estaría haciendo cargo de la niña? ¿Estaría viva? ¿En que condiciones? ¿Se la darían por las buenas y a la primera? No quería tener que luchar para ello contra otros, y mucho menos huir de allí con la niña en brazos y menos bajo un fuego cruzado.
—¿Estás bien?— preguntó Cloe parándose para mirarla.
—Si. Es solo que… Bueno… No importa. Ya estamos aquí de todos modos. Hagámoslo de una maldita vez— respondió Silvia.
Llegaron a las puertas de hierro de la ciudad de Las Vegas y enseguida se vieron encañonados por los guardas. Silvia, Cloe y Dylan levantaron las manos en ese momento y mostraron sus armas.
—¿Quiénes sois? ¿Qué queréis?— preguntó uno de los guardias.
Entonces, Cloe tomó el mando. –Hemos venido a buscar a alguien. Una chica joven y un bebé. Una niña de unos casi siete meses. Queremos hablar con quien esté al mando. Solo hablaremos con el.
Los guardas se miraron y uno de ellos cogió un walkie talkie. Comenzó a hablar, pasó más o menos un minuto y entonces abrieron las puertas para que pudieran entrar. Lo habían logrado. Cruzaron las puertas y Cloe miró a Silvia.
—Lo hemos logrado.

—Si— respondió entonces Silvia con una sonrisa. Justamente en ese momento se escuchó una fuerte y repentina explosión que venía de algún lugar de la ciudad.