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sábado, 20 de agosto de 2016

NECROWORLD Capitulo 125

Día 19 de Octubre de 2010
Día 842 del Apocalipsis…
Hotel… 00:30 horas de la madrugada…

Todos dormían y yo había bajado a la cocina a comer algo, cuando llegué me encontré con Silvia. Estaba preparando algo de comida que se llevarían al amanecer en su partida hacia Las Vegas. Cuando llegué, di unos golpecitos en una de las mesas para no asustarla. Ella se dio la vuelta y al verme sonrió.
—Pensé que dormías— dijo ella.
—Me entró hambre y decidí bajar a comer un poco. No esperaba encontrarte aquí.
—No podía pegar ojo de los nervios y decidí bajar a preparar la comida que nos llevaríamos. Ahorraremos tiempo mañana por la mañana— respondió Silvia mientras yo avanzaba y me sentaba a su lado. Ella paró de llenar la bolsa y suspiró. –Estoy muy nerviosa. Ni siquiera se lo que me voy a encontrar. Temo llegar allí y que ella no esté. O incluso temo que ocurra algo y que no lleguemos, pero sobre todo, temo que fuese una mentira más de A.J.
—Entiendo… Pero escucha a tu corazón y haz caso a tu intuición ¿Qué es lo que te dicen?— pregunté. Entonces Silvia me miró.
—Me dicen que mi hija está viva allí— respondió Silvia. Entonces me miró. –Debo darte las gracias por todo. Por haberme acogido aquí y haber permitido que me quedara cuando hice todo lo que hice. Aunque aun no se como me encontraste en ese cobertizo.
—Te seguí con sigilo por las alcantarillas que usabas. Lo demás vino solo.
En ese momento vimos aparecer a Riley en la cocina, este nos miró. –Vaya. No imaginé que encontraría a alguien aquí a estas horas. Yo vine a prepararles café a los que están vigilando. ¿No os importa?
Yo negué con la cabeza y seguidamente comencé a ayudar a Silvia a terminar de llenar las bolsas. Cuando Riley se fue con los cafés. Silvia me miró. –Hay algo que no te había contado y que se me olvidó con todo el jaleo. Antes de que ellos llegaran, en una de mis salidas buscando a A.J. Me crucé con ellos y el grupo de Juan. Venían en dirección al hotel, aunque en un principio no los reconocí. Mientras estaba escondida, vi al hermano de Riley.
—¿A Kennedy?— pregunté.
—Si— respondió Silvia. –No recuerdo bien lo que decía, pero estaba hablando con alguien por walkie talkie. Alguien que no es de aquí. Creo que ocultan algo y habría que vigilarles.
—Está bien… Veré que hago. Si los vigilamos hay que hacerlo de una forma que ellos no se den cuenta. Ahora vete a dormir, mañana saldréis temprano. Buenas noches— le dije a Silvia. Esta me miró, me dio un abrazo y un beso en la mejilla.
—Gracias por todo— dijo ella. Después se dio la vuelta y subió a su habitación. Unos minutos después subí a la mía y me acosté.

04:00 de la madrugada…

Riley salió a hurtadillas del edificio y corrió hacia las vallas del hotel. Antes de llegar se paró a observar los puestos de vigilancia. No parecía que los guardas siguieran despiertos, al parecer, los somníferos que había puesto en los cafés habían hecho efecto. Eso dejaría fuera de combate a los guardias un par de horas. Lo suficiente.
Llegó a la valla y se sacó un papel del bolsillo, lo pasó a través de los barrotes y alguien lo recogió. Alguien en la oscuridad comenzó a ojear la hoja.
—¿Estos son todos ellos?
—La mayoría. Solo he apuntado los nombres de los que tienen más voz y voto aquí. Los demás son solo meros habitantes. No son ni importantes ni peligrosos— respondió Riley.
—¿Por qué los nombres de Silvia, Dylan, Katrina, Rachel, Sheila y Cloe están marcados con una cruz?— preguntó el hombre.
—Por que esos seis se van al amanecer a Las Vegas. Y ya sabes como son allí las cosas. Puede que no vuelvan de allí. Y puede que ni siquiera lleguen. De todos modos no son importantes.
—Vicky y Juanma— leyó el hombre al otro lado de la valla.
—El líder de este grupo como ya te dije. Vicky es su hija adoptiva. Es una cría, pero no le tiembla el pulso a la hora de apretar el gatillo. Eva, Shanon y Nathan son la mujer y los dos hijos recién nacidos de Juanma. Los he marcado con un círculo por que son nuestra mejor carta para poner a ese cabrón contra las cuerdas. ¿Cuándo vendréis?
—No tardaremos. Estamos ultimando los detalles del asalto. Pronto tendrás noticias nuestras. De hecho nos verás llegar, pero solo tú y Kennedy sabréis que vamos. Ahora vuelve al interior. Es importante que no te descubran. Nos vemos pronto— dijo el hombre desapareciendo en la oscuridad. Riley se dio media vuelta y regresó al interior del edificio.

Día 20 de Octubre de 2010
Día 843 del Apocalipsis…
Cobertizo… 07:00 de la mañana…

Le quité la capucha de la cabeza y el rostro de Riley quedó al descubierto. Estaba amordazado y maniatado a una silla. Cuando me vio trató de zafarse y de gritar. Seguidamente clavó su mirada en mí. Yo me alejé de el y cerré la puerta del cobertizo. El mismo cobertizo donde Silvia había estado ocultando el coche con el que salía a buscar a A.J.
Miré a Riley y comencé a caminar hacia el mientras le hablaba con tranquilidad. –Puede que te sorprenda lo que está sucediendo y es normal. Ahora voy a quitarte la mordaza y hablaré contigo. No quiero que grites, lo que quiero es que mantengas la calma. Asiente si me entiendes— Riley asintió y yo le quité la mordaza.
—¿Por qué haces esto? ¿Qué vas a hacerme?— preguntó Riley nada más quitarle la mordaza. –No hagas algo de lo que después puedas arrepentirte.
—Vayamos paso a paso y no tengas tanta prisa. Estas aquí por que no me fio de ti ni de tu hermano. Se que ocultáis algo y vas a hablar— respondí mientras cogía un taburete y me sentaba frente a el.
—No se de que me hablas. Mi hermano y yo no te ocultamos nada. Te lo juro. Estás cometiendo un error. Si me sueltas ahora… Si me sueltas ahora prometo que olvidaré esto. Nos marcharemos si quieres.
—Lo siento, pero no. Antes de que acabe el día te habré sacado la verdad. Por tu bien, espero que seas tu quien hable por si mismo, si no, traeré a tu hermano y entonces uno de los dos hablará. Colabora.
—Estás chiflado. ¿Qué pretendes? ¿Vas a torturarme?
—Si— respondí tajantemente. –A menos que vayas a hablar. El que te torture solo depende de ti. Así que empieza. ¿Quién más hay aparte de vosotros? Tu hermano hablaba por el walkie con alguien. Alguien que está ahí fuera, alguien con quien mantenéis el contacto. ¿Quién es? ¿Cuántos son?
—No se de que me hablas. Mi hermano y yo estamos solos. No hay nadie más ahí fuera.
Me levanté del taburete y le propiné un puñetazo en la cara, seguidamente me senté al tiempo que Riley volvía a mirarme mientras un hilillo de sangre comenzaba a surgir de su boca. –Respuesta incorrecta. Se que mientes. Se sincero, di la verdad y todo esto acabará ahora. Incluso podríamos llegar a un acuerdo. No compliques más las cosas.
—Estás loco. Estás torturando a un hombre inocente— respondió Riley escupiendo al suelo. —¿Qué es lo que harás cuando veas que por mucho que me tortures no diré nada por que no hay nada que decir? Cuando llegué al hotel y te vi, pensé que eras diferente a todos esos que deambulan por ahí fuera. Mis hermanos y yo hemos visto gente de todo tipo. Pero tú no eres distinto, eres otro más. Otro chalado más. Otro monstruo.
—¿Con quien hablaba tu hermano?— pregunté nuevamente. –Habla y será mucho mejor para todos. Si no, las cosas se van a complicar.
—Que te follen— respondió Riley.
—Muy bien. Tú lo has querido— respondí. Me lleve la mano a un bolsillo y saque astillas de madera muy afiladas. Las cuales había estado preparando durante la noche. Me levanté y rodeé a Riley, cuando estuve detrás de el, me acerqué a su oído y le susurré. –Quise evitarlo, pero ahora relájate, creo que esto te va a doler— seguidamente le puse la mordaza y clavé la primera de las astillas debajo de una de las uñas de Riley.

Hotel…
7:15 de la mañana…

Yuriko estaba en una de las torretas vigilando cuando subió Laura. Está traía dos cafés y uno se lo dio a su compañera. Ambas comenzaron a beber mientras observaban al camino. En el cual se podían ver varios caminantes moviéndose de un lado al otro.
—Hace un rato que se fue Juanma con el coche. ¿No dijo a donde iba? Me parece raro. Juan y el cargaron algo en el maletero. Un saco o algo así— dijo Laura sentándose en una de las sillas.
—No lo se. Pero bueno, el sabrá lo que hace. Por cierto…¿No crees que hay muchos caminantes? Hace frio, se supone que deben estar aletargados, pero estos parecen muy activos— respondió Yuriko cogiendo los prismáticos para observar a los No Muertos. –Deberíamos avisar a los otros y limpiar un poco la zona. ¿No te parece?
—No será necesario. Míralos, ni siquiera se acercan. Se mantienen alejados, simplemente caminan de aquí allá. No son una amenaza, además, si nos ponemos a disparar ahora podríamos alterarlos. Déjalos y ya nos ocuparemos de ellos solo si se acercan demasiado— respondió Laura cogiendo unos prismáticos para mirarlos también, su mirada se posó sobre un caminante que tenía un largo cabello cubriéndole el rostro. Entonces el No Muerto pareció mirarla y luego seguir caminando.
En ese momento sonó el walkie y la voz de Stacy surgió de el. —¿Habéis visto la cantidad de caminantes? Aquí donde estamos Alexandra y yo hay varios. Están paseándose entre los arboles del bosque. Y quizás os parezca extraño, pero hemos visto como dos de ellos chocaban y se quedaban quietos, no se, era como si estuvieran cuchicheando.
—¿Hablas en serio?— preguntó Laura cogiendo el walkie. –Quizás te lo hayas imaginado.
—No me imaginé nada. Alexandra también lo vio— respondió Stacy. –Puede que solo se chocaran y nada más, pero os juro que pareció que cuchicheaban.
—Puede que sea una especie de reflejo. Lo he visto antes, algunos de ellos a veces hacen cosas que hacían cuando estaban vivos. Una vez durante una incursión vi a uno de ellos con unas llaves en la mano. Estaba frente a un coche y estaba tratando de meter las llaves en el paño de la puerta del conductor, también vía a otro que estaba un día tratando de beber de una fuente. Quizás esto solo sea uno más de esos casos. Algo en su cerebro todavía les hace tener esos recuerdos— explicó Yuriko.
—Podríamos hablarlo con el doctor. Seguro que tiene una teoría interesante acerca de esto— dijo Laura mirando en dirección al hotel, detrás de este. En uno de los jardines, estaba el cobertizo donde el doctor Alard y la doctora Brown trabajaban.
—Pues buena suerte— dijo Yuriko. –Apenas sale de su pequeño laboratorio. De hecho, últimamente duerme allí y no deja que nadie entre. De hecho a puesto plásticos en la ventana para que nadie vea lo que hace. Es un tipo muy raro.
En ese momento alguien más subió a la torreta. Yuriko y Laura entonces vieron a Kennedy. El hermano menor de Riley, no lo conocían mucho, ya que apenas habían cruzado más de dos palabras con el. Este venía totalmente abrigado y cuando estuvo en la torreta comenzó a frotarse las manos. Luego se quitó la bufanda y les dedicó una sonrisa a las dos chicas.
—Buenos días. Estoy buscando a mi hermano Riley, pero no lo encuentro. ¿Lo habéis visto por casualidad? Por cierto, menudo frio hace… Debemos estar como a unos dos grados bajo cero. Puede que más, no entiendo mucho sobre esto del clima.
Laura y Yuriko negaron con la cabeza. Ninguna de ellas había visto a Riley esa mañana. La última vez que lo vieron había sido en la cena de la noche anterior, pero después de eso ya no lo habían vuelto a ver.
*****
Kennedy acudió a la cocina buscando a su hermano, pero cuando llegó allí, tan solo se encontró a Mélanie, a Diana y a Faith preparando lo que harían para la cena. Cuando vieron entrar a Kennedy se dieron la vuelta y se lo quedaron mirando.
—Estoy buscando a mi hermano. ¿Lo habéis visto? Llevo rato buscándolo pero no hay ni rastro de el— dijo Kennedy acercándose a ellas, cuando llegó, se encontró con que estaban trocando los conejos que Levine había cogido de las trampas. —¿Puedo ayudaros?— preguntó Kennedy repentinamente en ese momento, como si hubiese olvidado por completo a su hermano.
—¿Te manejas bien en la cocina?— preguntó Mélanie incrédula. –No te veo en cocina, la verdad.
—Pues doctora. Yo era quien preparaba la comida en mi casa desde los once años. Después, antes de que el mundo se fuese al infierno, tuve mi propio restaurante y gané varios concursos de cocina. Quería dedicarme a la alta cocina, pero ya sabéis, entonces los muertos comenzaron a caminar— Kennedy observó los conejos y preguntó. —¿Cómo queréis hacerlos?
—Al horno— respondió Mélanie.
—Vale. Eso está muy bien… Pero ¿Cómo? Me refiero ¿queréis hacerlo con patatas y tomates del huerto? Es mejor usar especias, se que las trajeron de una incursión— Kennedy rebuscó en los armarios de la cocina y sacó unas bolsas donde podía leerse “Finas hiervas”. Se las mostró a las chicas y sonrió. –Con esto, haréis que coja mucho más sabor, mirad, os apunto el tiempo que tiene que estar puesto así. Yo voy arriba a mi habitación y ahora bajaré. Es importante que esté jugoso y que la carne absorba bien el sabor.
Kennedy les apuntó en un papel los pasos que había que seguir y después salió de la cocina, fue hasta su habitación y se encerró en ella. Una vez allí comprobó que nadie le hubiese seguido y cogió su mochila, rebuscó en el interior y sacó una bolsa llena de pastillas. Eran somníferos. Se puso de pie y se subió a una de las camas, abrió un tubo de ventilación y de el sacó un walkie talkie. Lo encendió y comenzó a hablar.
—Jacob… ¿Estás ahí?
No tardó en responder una voz. –Aquí estoy. ¿Qué ocurre?
—Ha llegado el momento, voy a hacerlo. Esta noche tomaremos este lugar. Pondré los somníferos en la cena. Eso nos facilitará las cosas… Pero no encuentro a Riley. No se donde está. ¿Está con vosotros?
—No…, pero déjanos a Riley a nosotros. Nosotros nos ocuparemos de el. Tú haz lo que tienes que hacer y asegúrate de que el plan salga bien— respondió la voz al otro lado del walkie talkie.
Kennedy cortó la comunicación del walkie talkie y se dio la vuelta, justo en ese momento vio en la puerta a la chica extraña, recordó que se llamaba Diana, ella también estaba allí abajo observando como las otras dos preparaban la cena para la noche. La chica lo miraba con los ojos abiertos como platos, tenía la boca abierta y estaba mirando el walkie y las pastillas. Esta se dio media vuelta y se alejó de la puerta, Kennedy la siguió y la cogió en el pasillo, le tapó la boca para evitar que gritara y se la llevó a rastras hasta su habitación. Allí la tiró a la cama y puso sus manos alrededor del cuello de la muchacha y comenzó a apretar, la joven quiso gritar, zafarse, pero Kennedy era demasiado fuerte.
Kennedy apretó los dientes en un último esfuerzo y la chica dejó de moverse. La había matado. Después de eso se alejó del cuerpo espantado, no quería haberla matado, pero ella lo había visto y podía contárselo a otros. No sabía que enfermedad tenía, ni le importaba, pero si ella se iba de la lengua, tendría serios problemas.
Dejó el cuerpo sobre la cama y se asomó al pasillo, al parecer nadie lo había visto, ni a el ni a la chica. Tenía que bajar el cuerpo a la habitación de la chica, la numero 111, meterlo en el baño y hacer que pareciera un suicidio. Lo malo era que compartía habitación con otra chica.
Envolvió el cuerpo en una manta y se lo cargó a los hombros. Con cuidado de no ser visto recorrió el pasillo y comenzó a bajar hasta el primer piso. Lo positivo era que a esas horas la mayoría todavía dormían. Llegó a la 111 y abrió la puerta con cuidado, allí vio a la otra chica, la cual respondía al nombre de Stephanie. Esta dormía tranquilamente. Entró en el baño y dejó el cuerpo con cuidado en el suelo, cogió un cuchillo y le hizo un corte en ambas muñecas. No tardarían en encontrar el cuerpo, pero aun así su plan ya estaba en marcha. Salió de la habitación de las chicas y regresó a la cocina. Cuando llegó, se encontró con Mélanie y Faith, las cuales ya habían comenzado a seguir los pasos que el les había indicado.
—Disculpadme si he tardado— dijo Kennedy.
—No te preocupes. Por cierto, mandamos a Diana a buscarte para hacerte una pregunta. ¿La has visto? Era la muchacha que estaba aquí antes— dijo Mélanie dejándole paso a su compañero.
—No. No la he visto. ¿Hace mucho que la mandasteis?— preguntó Kennedy tratando de ocultar sus nervios. Aun le dolían las manos de haber apretado tanto el cuello.
—Déjala. Ya sabes como es. Seguro que se entretuvo con cualquier otra cosa por el camino— respondió Faith. –Nosotros a lo nuestro y ya volverá si quiere.
*****
Las horas pasaron y el cuerpo de Diana fue encontrada al medio día, cuando Stephanie se despertó y encontró el cuerpo de Diana en el baño de su habitación. Todos los demás se enteraron cuando Stephanie gritó aterrorizada. Poco después sacaron el cuerpo en de la habitación y lo sacaron al jardín. Allí le dedicaron unas palabras, todo había quedado como un suicidio, solo Faith se había percatado de las marcas en el cuello de la chica y que le faltaba una de las zapatillas de color amarillo que solía llevar siempre. Esas marcas no tenían motivo de estar ahí, ya que la chica se había cortado las venas.
Llegó la hora de la cena y todos comenzaron a cenar, aunque el pesar por la muerte de Diana seguía presente, aquello había afectado profundamente a Stephanie por ser quien compartía habitación con ella y por ser ella quien la encontró, Eva también estaba muy afectada y Johana lo notó.
—¿Qué te ocurre? ¿Estás así por la muerte de la chica?— preguntó Johana.
—Si. Le teníamos mucho cariño, Juanma y yo. La habíamos acogido con nosotros como si fuera hija nuestra, no era más que una niña. Y no se como se lo diré a Juanma. Sigue fuera y todavía no ha regresado. No se donde está.
—Tenía cosas que hacer fuera— respondió Johana alzando la cabeza para mirar a Kennedy. Este estaba en otra mesa hablando y riendo con Mélanie. –No te preocupes. Estará bien y estará de vuelta antes de que te des cuenta.
—Pero no me dijo lo que iba a hacer. Estamos todos menos el… Y el hermano de Kennedy— respondió Eva mirando también al hermano de Riley.
—No te preocupes. Todo está bien respondió Johana dándole un mordisco al trozo de carne de conejo.
Faith observaba a Kennedy desde su sitio. Había algo que no le cuadraba, ella y Mélanie mandaron a Diana a buscarlo y esta se había ido a su habitación a suicidarse cortándose las venas. Era imposible que esa chica se hubiese suicidado, y era más imposible que ella sola se hubiese hecho las marcas del cuello. Si Katrina hubiese estado allí, también ella habría llegado a esa misma conclusión. El cuerpo presentaba signos que hacían imposible que la joven se hubiese suicidado. De hecho, el como estaba el cuerpo, más bien indicaba que había sido asesinada. Por un momento pensó que podría haber sido Stephanie, pero esa chica no mataría ni a una mosca, mucho menos a Diana, además, las marcas del cuello eran grandes y las manos de Stephanie no lo eran tanto. Ella no había sido, tan solo quedaba un sospechoso posible. Observó a Kennedy levantarse y poner varios platos de la cena sobre el carrito, seguidamente se dirigió hacia el exterior. Seguidamente Faith dejó de comer y se levantó. Salió del salón y pensó en seguir a Kennedy, pero no sacaría nada en claro. Entonces decidió subir a la habitación de los hermanos. Si iba a encontrar alguna pista sobre la muerte de Diana y que esta implicara a Kennedy. Esta estaría en la habitación.
Subió rápidamente las escaleras y llegó a la habitación de los hermanos, entró sin cuidado, era evidente que allí no había nadie. Una vez dentro de la habitación miró a su alrededor buscando señales de lucha y en efecto las encontró. La alfombra del suelo estaba movida como si hubieran arrastrado algo por allí. La cama estaba deshecha,  de tal modo que más que durmiendo, parecía que alguien se había retorcido sobre el. Faith reconstruyó en su mente la escena del crimen. Kennedy habría agarrado a Diana y la había arrastrado, luego la había tirado sobre la cama y la había estrangulado hasta matarla.
Faith se agachó y miró debajo de la cama y entonces encontró la zapatilla que le faltaba a Diana. Eso implicaba a Kennedy del todo. Justo en ese momento escuchó abrirse la puerta a sus espaldas, se dio la vuelta rápidamente sacando su arma y apuntó. Frente a ella se encontraba Kennedy.
—Entra y cierra la puerta. Haz otra cosa y te pego un tiro entre las cejas.
Kennedy hizo lo que Faith le había ordenado, cerró la puerta y levantó las manos. —¿Qué pasa? ¿Por qué haces esto?
—Cierra el pico y saca la pistola con la punta de los dedos. Ahora— ordenó Faith sin dejar de apuntar.
Kennedy cogió su pistola con los dedos y la dejó en el suelo, luego miró a la chica. —¿De que va esto?
—Sabes muy bien de que va— respondió Faith. –Has matado a Diana. Es inútil que lo niegues.
—¿Y vas a matarme por ello?— preguntó Kennedy sin perder detalle de los movimientos de Faith.
—¿Matarte? Si. Debería hacerlo, pero esperaremos a que Juanma regrese y entonces el decidirá que hacer contigo— respondió Faith al mismo tiempo que comenzaba a notarse rara. Era como si se le estuviesen escapando las fuerzas. Cuando se quiso dar cuenta, tenía una rodilla en el suelo y le costaba apuntar a Kennedy. Justamente en ese momento, el se lanzó contra ella, le golpeó y le arrebató el arma, seguidamnte le apuntó. —¿Qué me está pasando?— preguntó mirando a Kennedy.
—Nada. Simplemente duérmete— respondió Kennedy con una sonrisa mientras Faith caía rendida al suelo y se quedaba dormida.
Kennedy salió de la habitación y recorrió el pasillo, bajo todos los escalones y comenzó a ver a varios de los habitantes del hotel en el suelo. Algunos de ellos estaban al pie de las escaleras, otros seguían en el salón. Salió al exterior y vio a Alexandra tirada en el suelo. Miró hacia las torretas y allí vio a sus ocupantes, también dormidos. Entonces vio a un hombre acercarse tambaleándose, intentó levantar el brazo para pedirle ayuda, pero entonces se desplomó.
Kennedy siguió caminando hacia la puerta principal al mismo tiempo que los No Muertos comenzaban a acercarse. Cuando Kennedy estuvo junto a las puertas, entonces las abrió y los caminantes comenzaron a pasar por delante de el, ninguno le hizo caso hasta que uno de ellos de detuvo delante de el y lo miró.
—Has tardado mucho ¿No?— dijo el No Muerto.
—Aquí dentro las cosas no son como ahí fuera. He hecho lo que me habéis dicho y lo que planeamos. Este sitio ahora es nuestro. ¿Y mi hermano?
—Tu hermano estará aquí pronto— respondió el No Muerto. –Ya tenemos a alguien ocupándose de traerlo. Perdona, pero voy a quitarme esto— en ese momento el caminante se llevó las manos a la cabeza y la piel y el cabello se deslizaron hacia arriba de un tirón dejando al descubierto el rostro de un hombre de unos cuarenta años. –Nunca creí que haríamos esto para apropiarnos del hogar de otros. Es asqueroso— seguidamente dejó caer el trozo de piel al suelo.

Día 21 de Octubre de 2010
Día 844 del Apocalipsis…
Cobertizo… 00:30 de la noche…

Le había hecho de todo a Riley para que hablara. Le había clavado astillas debajo de las uñas de la mano derecha y le había roto los dedos de la mano izquierda uno por uno. Le había golpeado la rotula con un martillo y le había arrancado las uñas de los pies. Aun así seguía sin hablar. Estaba comenzando a desesperarme ¿Y si decía la verdad? ¿Y si me estaba excediendo? Pero ya no había marcha atrás.
—Tienes que decirme la verdad. Esto solo se pondrá peor si no dices nada. Se que ocultas algo— dije mirándolo directamente.
—Mátame ya si es lo que quieres. No vas a sacarme nada— respondió en ese momento Riley. –Da igual si me matas ahora o después, pero al final todos moriremos.

En ese momento saqué el arma y le apunté a la cabeza. –Muy bien. Si es lo que quieres. Si tu no hablas lo hará tu hermano. Puedes estar seguro— me quedé unos segundos apuntándole a la cabeza. Retiré el arma y me fui fuera. Tenía que estar seguro de lo que iba a hacer. Fue en ese momento cuando escuché un ruido entre los matorrales, podría ser algún caminante atraído por el ruido o alguien que venia a buscarme, ya era tarde. Vi aparecer una silueta y justo en ese momento me golpearon haciéndome perder el conocimiento.