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sábado, 3 de septiembre de 2016

NECROWORLD Capitulo 127

Día 21 de Octubre de 2010
Día 844 del Apocalipsis
Las Vegas…00:32 de la noche.

La explosión fue repentina y casi sin darse cuenta comenzaron los disparos por parte de los hombres de la puerta. Cloe y Silvia buscaron rápidamente cobertura detrás de un coche abandonado. Dylan también lo intentó, pero el fue alcanzado y derribado. Rápidamente el fuego de los hombres de Las Vegas fue respondido por Rachel y Sheila desde su posición.
—Tenemos que salir de aquí— dijo Cloe quitándole el seguro a su arma y mirando a Silvia.
—No podemos. Mi hija… Dylan…— replicó Silvia, pero al mirar a Cloe se dio cuenta de que en esos momentos, tratar de razonar con esas personas iba a ser inútil. Algo había pasado en el interior de la ciudad e instantáneamente las habían hecho a ellas responsables.
—Yo iré a por Dylan. Tu huye rápidamente mientras te cubro— Cloe miró a su amiga a los ojos. –Te prometo que volveremos a por tu hija en otro momento, pero primero tenemos que salir de aquí. Si mueres aquí se acabó— Cloe dejó de hablar al tiempo que escuchaba un ruido, las puertas se abrían. –Deprisa… ¡¡¡Corre!!!— gritó al mismo tiempo que salía disparando.
Silvia no se lo pensó dos veces y salió corriendo en la dirección opuesta a la que había salido Cloe. Mientras corría se dio la vuelta para ver que ocurría y entonces vio como Cloe llegaba hasta Dylan, pero eso la dejaba al descubierto. Entonces un hombre apareció y la desarmó rápidamente, seguidamente la golpeó.
Rápidamente esa calle se llenó de hombres armados, también apareció un helicóptero sobrevolando la zona alumbrando con un foco. Silvia se ocultó rápidamente y el foco pasó de largo, volvió a asomarse y vio como se llevaban a Cloe y Dylan.
Silvia se dispuso a salir. Salió lentamente sin hacer ruido y en ese momento escuchó una voz a sus espaldas seguida de un sonido metálico, el mismo sonido que emite un arma al ser cargada.
—Deja caer el arma y pon las manos sobre la cabeza— dijo la voz de un hombre.
Silvia hizo lo que le ordenaron y entonces el hombre la obligó a caminar. Salieron a la calle donde estaban antes y ella pudo comprobar el despliegue que se había organizado en cuestión de minutos. Miró a su derecha y vio a Rachel y Sheila allí también. Rachel tenía un corte en la frente. Estando allí, un hombre se le acercó y la miró a los ojos.
—¿Quién está al mando?
—¿Qué?— preguntó Silvia extrañada.
En ese momento, aquel tipo le pegó un puñetazo en el estomago y Silvia cayó al suelo de rodillas sin respiración mientras se agarraba el estomago. Entonces el hombre le pisó la cabeza. –Te lo preguntaré solo una vez más. ¿Quién coño está al mando? Habla o te juro que te mato aquí y ahora.
—No sabemos de que estás hablando— dijo en ese momento Rachel.
—Habéis atacado por dos puntos distintos, pero vuestros amigos no escaparán. Daremos con ellos. Llevadlas a dentro y ya veremos que hacemos con ellas.

*****

00:33  horas…

La jaula se desmoronó con la explosión y David rápidamente se apresuró a proteger a Alicia y Cristian. Tiró de ellos y comenzó a correr entre el humo y la confusión de los asistentes. David se topó de frente con un tipo armado, este le apuntó, pero David fue mucho más rápido. Le golpeó y le arrebató el arma. Tenían que salir de allí rápidamente.
Comenzaron a correr apartando a todos, fue en ese momento cuando David vio a Carlos entre la multitud, sin pensárselo dos veces apuntó y abrió fuego.
La ráfaga no alcanzó a Carlos, este había comenzado a moverse y se iba escudando detrás de otros, los cuales eran abatidos en su lugar.
—¡¡¡Carlos!!!— gritó David apuntándole nuevamente.
David disparó y Carlos se ocultó detrás de unos asientos. Haciendo que así, nuevamente, David fallara en el intento de matarlo. David estaba tan cegado en darle caza que comenzó a alejarse de Alicia y Cristian.
Carlos corrió rápidamente hacia una puerta y la cruzó, cerrando la puerta detrás de el. David llegó hasta esa misma puerta y comenzó a golpearla lleno de furia. Carlos se le había escapado. De repente escuchó un grito a sus espaldas, se dio la vuelta y se encontró a Alicia con el niño en brazos. Se habían subido a unos altavoces y varios caminantes que se habían escapado, estaban intentando alcanzarlos. David corrió hacia ellos y disparó a dos de los No Muertos. Al tercero, alguien lo mató cortándole la cabeza, cuando David miró quien había sido, se llevó una gran sorpresa, era Luci. David quiso darle las gracias, pero Luci lo cortó rápidamente.
—Ya me las darás luego. Ahora tenemos que salir de aquí perdiendo el culo. No nos queda mucho. Seguidme, se por donde tenemos que salir.
David y Alicia siguieron a Luci, la cual iba repartiendo mandobles de espada a todo el que se cruzaba con ellos. Llegaron a una salida de emergencia y salieron por ella.

***** 

Carlos llegó hasta una sala llena de televisores y comprobó las pantallas una por una. Estaba totalmente enfurecido, no entendía nada de lo que había sucedido. Todo había pasado demasiado rápido. Miró la pantalla que estaba todo el tiempo grabando la zona donde estaba ubicada la jaula. El humo y el fuego lo invadían casi todo. Había caminantes por todas partes. Miró otra pantalla y entonces vio a uno de los hombres ser abatido. En esa misma pantalla apareció David guiando a su familia y con ellos estaba Luci. Verla, le hizo dar un puñetazo sobre la consola, seguidamente comenzó a carcajearse de forma histérica y descontrolada.
—Tendría que haberte matado y haberme asegurado de que estabas bien muerta— dijo en ese momento Carlos tocando la pantalla. –Pero este acto es justo lo que necesitaba.
En ese momento escuchó ruido al otro lado de la puerta y seguidamente miró a la pantalla que mostraba aquella misma puerta desde el otro lado. Allí había dos caminantes que probablemente lo habían seguido. Carlos se dio la vuelta, caminó hacia la puerta, la abrió y seguidamente disparó a los dos No Muertos.
No tardaron en aparecer varios de sus hombres armados, uno de ellos se dirigió a Carlos.
—Hemos cerrado todas las puertas del casino. Podremos tener la situación controlada en menos de una hora.
—Bien— respondió Carlos.
—Hay algo más— dijo otro hombre.
Carlos lo miró. —¿Qué es lo que pasa?
—Hemos capturado a varias personas. Estaban en la zona exterior, los capturamos al mismo tiempo que ocurría todo esto.
Carlos sonrió. –Muy bien. No quiero que matéis a ninguno de ellos. Quiero que en treinta minutos los traigáis a la casa principal. Quiero ver de quien se trata— en ese momento. Carlos se llevó la mano al bolsillo y sacó una foto donde aparecía su hermano. —¿Es el uno de los prisioneros?
—No señor— respondió uno de los hombres armados.
Carlos guardó la foto y volvió a mirar a sus hombres. –Lo dicho. En treinta minutos los quiero ver.
*****
David, Luci y Alicia llegaron a una de las vallas, esta estaba sin vigilancia y eso sorprendió a Luci.
—No hay nadie— dijo Alicia apretando a Cristian contra su pecho. –Esto es muy raro.
—Ha ocurrido algo— dijo de repente una voz a sus espaldas. Todos se dieron la vuelta y vieron a una mujer latina con un bebé en brazos. David alzó el fusil, pero Luci le hizo bajarlo.
—Está con nosotros— dijo Luci acercándose a la mujer y cogiendo al bebé en brazos, después miró a la mujer. —¿Qué ha pasado?
—No lo se. Se fueron de repente, pero podrían volver en cualquier momento— respondió la mujer mirando a David, el cual se había abrazado a Alicia y Cristian. —¿Son sus amigos?
—Si— respondió Luci. –Ahora debemos irnos de aquí antes de que regresen— Luci le devolvió el bebé a la mujer y caminó hasta la valla. Se asomó por encima y miró a David. —¿El coche seguirá en el mismo sitio?
David asintió. –Si… Si no se lo llevaron.
Todos comenzaron a pasar por encima de la valla, Luci cogió en brazos a la niña y se la dejó a David al otro lado, después miró a la mujer y le tendió la mano. –Venga, vamos.
—Yo no voy con ustedes. Mi hogar es este.
En ese momento, David escuchó voces, fuese quien fuese, estaba regresando allí. Miró a Luci. –Venga. Tenemos que irnos de aquí. Aquí no estamos seguros.
—Voy— respondió Luci mirando a David, luego miró a la mujer. –Si te quedas, sabrán que nos ayudaste y eso te costará la vida. Ven con nosotros, este lugar es malo.
—¡¡¡Luci!!!— David comenzó a meterle prisa. Los hombres de Carlos se acercaban.
—Vamos— le espetó Luci a la mujer. Esta finalmente aceptó y le cogió la mano a Luci, la cual tiró de ella y ambas pasaron por encima de la valla. Estando todos juntos, comenzaron a perderse entre las oscuras calles de la zona infestada de Las Vegas.

*****
Carlos se encontraba en la casa principal bebiendo algo de vino cuando varios hombres aparecieron allí. Estos traían a seis prisioneros encapuchados. Cinco de los prisioneros eran mujeres a juzgar por el cuerpo, uno era un hombre, el cual iba cojeando debido a una herida que tenía en una pierna.
Los hombres de Carlos los obligaron a arrodillarse y Carlos caminó hacia el hombre y le quitó la capucha, pero se decepcionó al ver a un hombre rubio al que no conocía de nada. No era su hermano tal y como había esperado. Carlos le quitó la mordaza.
—¿Quién eres tu y que haces aquí?
—Vine buscando a mi hermana Claire— respondió el desconocido.
—Vienes buscando a tu hermana… Podríamos haberte llevado con ella si no nos hubieseis atacado— respondió Carlos percatándose de que una de las mujeres trataba de decir algo. se dirigió a ella y le quitó la capucha, descubriendo a una mujer con media cabeza rapada y un tatuaje en la zona donde no había pelo. Carlos le quitó la mordaza y está comenzó a hablar.
—Nosotros no atacamos. Vinimos con la bandera blanca y tus hombres nos comenzaron a disparar tras la explosión, pero nosotros no tenemos nada que ver con eso. Vinimos a buscar a la hermana de Dylan y a una niña pequeña. Después nos marcharíamos.
—Entiendo— respondió Carlos. Miró a los demás y con una señal hizo que sus hombres les quitaran la capucha. Carlos entonces vio a una chica rubia con los ojos marrones, a una chica morena con los ojos verdes. A las dos primeras no les hizo caso, pero cuando llegó a las dos últimas, sonrió de oreja a oreja. –Bueno, bueno, bueno. ¿Qué tenemos aquí? Ha pasado mucho tiempo desde que nos vimos la última vez. Sheila y Rachel creo recordar— Carlos hizo una señal y uno de sus hombres le quitó la mordaza a Rachel. –Adelante, se que tu lo sabes. ¿Dónde está mi hermano?
—No pienso decirte una puta mierda. Serías capaz de ir a matarlo— dijo Rachel mirándolo desafiante.
—Por supuesto que lo haré. No vivo para otra cosa. Por eso, dime donde está. Así podré garantizar que sigáis con vida.
—No te creo. Nos matarías de todos modos— dijo la chica rapada.
—En realidad no. Soy un tipo con palabra— respondió Carlos mirando a Cloe.
—Está muerto. Hace meses que murió… Y Eva también— dijo Rachel en ese momento.
Carlos comenzó a reír. Se puso de pie y caminó hacia el mueble bar de la casa, allí se sirvió otra copa y se la bebió de un trago, entonces volvió a mirar a Rachel. –Mientes. Mi hermano sigue por ahí en algún lugar y tú me vas a decir donde está. No tengo la necesidad de mataros por que para mi no suponéis una amenaza. Prefiero manteneros con vida, parece que a algunos de mis chicos les habéis gustado. ¿Dónde está?
—Que te jodan cabrón— dijo en ese momento Rachel.
Carlos iba a dar una orden, pero entonces otro hombre apareció allí. –Dorian está despierto y quiere verte. También hemos buscado a la chica de la katana y a los otros, pero no hay rastro de ellos.
Carlos suspiró y miró a Rachel. –Muy bien. Haced lo que os de la gana. Llevad a los prisioneros a las celdas y ya me ocuparé de ellos más tarde.
—¿Podemos divertirnos con ellas?— preguntó uno de los hombres, pero Carlos negó con la cabeza.
—De momento no quiero ni que las toquéis. Luego seguiré con ellas. Y si les veo una sola magulladura… Si eso ocurre. No me tomaré ni la molestia de preguntar quien lo hizo, directamente os mataré a todos. ¿Quedó claro?
Carlos salió de la sala y sus hombres llevaron a las prisioneras y prisionero hasta unas celdas que quedaban en un sótano. Allí los encerraron, después se marcharon y las dejaron solas. Katrina ayudó a Dylan a sentarse y se volvió hacia Rachel mientras Sheila le hacia un torniquete.
—¿Por qué le has dicho que mi hermano estaba muerto? Íbamos a acabar aquí de todos modos.
—Si le hubiese dicho que estaba vivo nos habría torturado para sacarnos donde. Lo habríamos pasado realmente mal. Le he dicho que está muerto por que evidentemente no se lo iba a creer. Aunque no te lo creas, hemos ganado algo de tiempo. Ahora solo nos torturará menos— respondió Rachel, seguidamente miró a Dylan. —¿Qué tal se encuentra?
—Le he hecho un torniquete. La bala entró y salió, pero ha perdido mucha sangre— respondió Sheila mirando a su novia. Deberías haberle dicho que estaban vivos, total, nos van a matar de todos modos. Lo hará cuando le digamos lo que quiero saber. ¿En que demonios pensabas realmente?
—Solo trataba de proteger a los demás y alargar nuestra esperanza de vida. He observado que aquí ha pasado algo hoy. Carlos estaba ocupado y visto lo visto, no iba a pararse a torturarnos. Ya habéis visto que quiere ser el quien nos saque la verdad. Aun tenemos una oportunidad de escapar. Aun tenemos tiempo de idear un plan— explicó Sheila.
—Aunque escapemos…— Sheila miró a Dylan. –El no podrá hacer mucho.
—Yo no pienso irme de aquí sin mi hermana— respondió Dylan con una mueca de dolor mientras intentaba ponerse en pie. –Vosotras podéis iros si queréis, pero yo me quedo.
—Al paso que vas. Habrás muerto antes del amanecer— dijo Cloe mirando al joven.
—La culpa es mía. Tendría que haber venido yo sola a buscar a mi hija. De hecho tendría que haberme olvidado de ella. Es imposible que pueda seguir viva en este lugar. Están todos locos— dijo Silvia. –Si por lo menos hubiese venido yo sola.
—No digas eso. Tal como Rachel dice, aun tenemos una oportunidad. Ese Carlos no parece un Entein precisamente. Yo lo veo bastante desequilibrado, su mirada y su sonrisa no me parecen de alguien normal.
—Es un sádico y un cabrón, pero le gusta regodearse y eso es lo que aprovecharemos— dijo Rachel sentándose en el suelo. –Pero no será fácil. Tendremos que resistir mucho. Todos— Rachel miró a todas las demás. –Quiero que tengáis en cuenta una cosa… Y esto es algo importante. No importa lo que nos hagan, por que nada puede ser peor de lo que nos ha pasado hasta ahora. Somos fuertes.
Sheila miró a Rachel y enseguida supo a que se refería, pero a diferencia de su pareja. Ella no estaba segura que pudiera resistir todo lo que les esperaba.

*****
Dorian se encontraba sentado en una silla con las manos esposadas detrás del respaldo dentro de una sala, la misma donde había estado Luci. Tenía la cabeza sobre el pecho, pero la levantó cuando vio entrar a Carlos seguido por dos hombres armados que hasta ese momento le habían sido leales a el.
—Te veo mala cara— bromeó Carlos. –No se, te veo… ¿Cómo es la palabra?... Ah, si. Derrotado. Te veo justo donde te mereces.
—Suéltame y prometo matarte rápidamente. No sufrirás— dijo Dorian.
—Respuesta incorrecta— respondió Carlos. –Verás… Y escucha con atención. El que manda aquí ahora en Las Vegas soy yo. Tus hombres ahora me son leales a mí. Se han hartado de ti y de tu dictadura. Muchos de ellos quieren ver tu cuerpo colgando como una bandera, pero para ti tengo reservado un destino mucho mejor. Algo a la altura de tu gran ego. Hoy al amanecer serás desterrado, sin comida ni armas. No se el tiempo que sobrevivirás ahí fuera, pero francamente me importa poco, pero te aseguro que vivirás lo suficiente como para ver como la que creías que era tu ciudad, está en manos de otro.
—¿Y que te hace pensar que no pasará lo mismo contigo? ¿Qué te hace pensar que no se sublevarán contra ti del mismo modo que tu has hecho conmigo?— preguntó Dorian.
—No dudo que eso sea algo que pueda suceder, pero ha diferencia tuya, yo lo veré venir y cortaré el problema de raíz— Carlos miró su reloj y luego miró a Dorian. –Quedan cuatro horas para el amanecer. Ahora te bajaremos a las celdas para que reflexiones mientras esperas, y lo mejor de todo es que tendrás compañía ahí abajo—  Carlos sonrió –Verás, quizás no deba darte esta información… ¿Pero que coño? Esta noche han pasado cosas muy interesantes. Por un lado tu adorada Luci y otros más, han logrado escapar. He mandado a algunos detrás de ellos, pero me es indiferente tanto si los cogen como si no. Sinceramente, por mi pueden pudrirse, quien sabe… Puede que incluso te los encuentres por ahí en algún momento. Por otro lado, hemos atrapado a seis personas. Un hombre y seis chicas… ¿Y a que no sabes lo mejor? Esas personas son como un regalo divino. Esas personas han estado con mi hermano y me van a decir donde está. Y cuando lo sepa, pienso ir a buscarlo. Se que te gustaría matarlo a ti y lo entiendo. Mi hermano es como esos seres, que están mejor muertos, así dejan de entorpecer, pero en esto, también te he adelantado.
Dorian comenzó a reírse. —¿Sabes lo que os diferencia a tu hermano y a ti?— Carlos sonrió y se llevó la mano al oído, después se acercó girando la cabeza con gesto de escuchar a Dorian. –La diferencia es que tu hermano tiene un par de huevos y vino de frente a por mi, no como tu que has actuado escondido, como una puta rata.
Eso enfureció tanto a Carlos que se dio la vuelta y golpeó a Dorian, haciendo que este y la silla, cayeran al suelo. Allí en el suelo, Dorian comenzó a reír.
—Llevadlo a una celda a ver si ahí se le pasa la risa— dijo Carlos.
Los hombres se llevaron a Dorian y Carlos regresó a su casa, allí fue directo al mueble bar, se sirvió una copa y justo cuando le iba a dar un trago se la quedó mirando. Entonces la lanzó contra un cristal al tiempo que gritaba de rabia.

*****
Silvia se sobresaltó cuando escuchó la puerta del pasillo donde estaban las celdas. Enseguida escuchó como hablaban unos hombres, estos se pararon delante y metieron a un hombre de unos cincuenta y pocos años en la celda de enfrente. Los guardas se burlaron de el y escupieron, después se marcharon. Silvia se acercó a los barrotes y trató de llamar la atención de aquel hombre. El cual no le hizo ningún caso.
—Oiga. ¿Qué ha pasado?
—No insistas— dijo en ese momento Rachel. –Ese tipo de ahí es Dorian. El gran jefazo de este lugar— cuando Dorian escuchó la palabra jefazo, comenzó a reír y se acercó a los barrotes, pasó los brazos por ellos y miró a Silvia y a las demás.
—Acaban de degradarme. Yo ya no mando aquí. Que putada ¿Verdad?
—Supongo que estás donde te mereces— dijo en ese momento Rachel saliendo de entre las sombras. Al verla, Dorian arrugó la nariz.
—Yo a ti te conozco. Estabas en Manhattan, eras una de los soldados. Si, recuerdo que te invité a cenar y me dijiste que no. Ahora te veo ahí, rodeada de mujeres y se confirma mi teoría. Supongo que después de todo eres bollera.
—Estás jodido y aun así bromeas. Debes estar muy asustado.
—Puede que si lo esté. Al fin y al cabo… Todos estamos en manos del mismo loco, pero a mi me largan al amanecer y os puedo asegurar que no moriré ahí fuera. Estaré esperando mi oportunidad de darle por culo a ese cabrón. Vosotras sin embargo estáis más jodidas que yo. Os sacarán la información que quieran sacaros, luego se turnarán para follaros, os follarán tantos que pronto perderéis la cuenta, luego os cortarán el puto cuello y se acabó. No soy yo quien está jodido. Os sugiero que toméis pronto la decisión más acertada, especialmente con el. –Dorian señaló a Dylan, el cual tenía mal aspecto. –Ese muchacho no tiene muy buena pinta, es muy posible que tenga septicemia. Cuando muera, lo cual será pronto, intentará mataros. Yo de vosotras acabaría con el. ahora si no os importa, voy a dormir, me espera un largo viaje por delante.
Dorian se adentró en las sombras de su celda y desapareció de la vista de las chicas.

Las Vegas… Zona infestada…
05:50 de la madrugada…

David se asomó por la esquina y observó a dos hombres cruzar la calle. Estaban armados. Rápidamente se ocultó y miró a sus compañeras.
—Son solo dos. Están patrullando esa zona y es precisamente ahí donde escondí el coche. Parece que Carlos ha soltado a sus perros— dijo David mirando a Luci y luego observando al pequeño Cristian, el cual se había quedado dormido.
—Pues tenemos que llegar hasta el coche. También necesitamos sus armas— dijo Luci acercándose a la esquina para observar a los dos hombres. Se fijó entonces en las armas y miró a David. –Llevan dos fusiles en las manos, munición para los fusiles y las semiautomáticas que llevan en la cintura. Además de los cuchillos de caza. Resumiendo. Nos ha tocado la lotería. ¿Te apetece jugar?
*****
—Te lo juro tío. Estoy hasta los huevos de estas patrullas. Estoy deseando dejar este curro de mierda y no salir de la ciudad— dijo uno de los patrulleros.
—Dejarás este curro de mierda y te darán otro más mierda aun. Somos tipos corrientes. Lo de ser peces gordos no es para nosotros. Nosotros somos sus peones, los que ponen el culo mientras ellos miran.
—Supongo que tienes razón. ¿Crees que el tal Carlos nos tratará mejor que Dorian?
—Ambos son putos dictadores y…— no acabó la frase, escucharon un ruido y ambos apuntaron con sus armas y linternas, entonces vieron una silueta.
—¡¡¡Eh!!! ¡¡¡Sal de ahí con las manos en alto!!!
***** 
David salió al descubierto con las manos en alto y se quedó mirando a los dos tipos que le apuntaban. –Hola. Buenas noches. Estaba paseando a mi perro y lo he perdido de vista. ¿No lo habéis visto vosotros por casualidad?
—¿Nos estás vacilando tío?— preguntó uno de ellos.
—Este es uno de los huidos— dijo el otro.
—¿Huidos? No se de que me habláis. ¿Os importa si lo llamo?— preguntó David con una sonrisa mientras avanzaba hacia ellos. Estos entonces prepararon las armas y le apuntaron a la cabeza. –Tranquilos chicos. Tranquilos. Buen rollo.
En ese momento una sombra apareció por detrás de ellos y con un rápido movimiento los decapitó a los dos. Las cabezas rodaron por el suelo y los cuerpos se derrumbaron como si fueran sacos de patatas.
David corrió hasta los cuerpos y Luci le devolvió su fusil mientras les quitaba las armas a los dos hombres que acababa de matar.
—La próxima vez que hagamos algo así, entretenles tú. Creí que me iban a disparar— dijo David al tiempo que sacaba la pistola de uno de ellos y comprobaba que estuviese cargada.
—Estoy de acuerdo. Ahora salgamos de aquí. ¿Dónde tienes el coche?— preguntó Luci.
David señaló un garaje. –Ahí…
Alicia y la mujer salieron de su escondite y fueron hacia donde estaban ellos. Seguidamente siguieron a David, llegaron hasta el coche y David se sentó al volante, seguidamente puso el motor en marcha.
—¿A dónde nos dirigimos ahora?— preguntó David.
—En primer lugar nos dirigimos a Manhattan, dudo que los demás estén allí, pero quizás allí nos sea más fácil encontrar su rastro.
—Muy bien— David miró al retrovisor que tenía delante y sus ojos se cruzaron con los de Alicia. –Volvemos a casa.
El coche salió del garaje y comenzó a alejarse por las calles.

08:00 de la mañana
Las Vegas…

Las puertas principales de Las Vegas se abrieron y Dorian las cruzó con Carlos y varios hombres armados detrás de el. Todos le apuntaban y aunque saltase sobre Carlos, los demás acabarían con el antes de que pudiera abrir la boca.
—Aquí acaba tu reinado. Contempla por última vez lo que un día fueron tus dominios y no vuelvas más por aquí, olvídalo todo. No quiero volver a verte, ni siquiera quiero captar tu olor. Si eso ocurre, no dudaré en matarte.
Dorian miró a Carlos y le sonrió. –Quizás deberías matarme. No vaya a ser que te arrepientas. Es un consejo que te doy.
—Tus consejos… ¿Quieres saber por donde me los paso?— preguntó Carlos.
Dorian sonrió y se dio la vuelta mientras murmuraba. —Desearás haberme matado.