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sábado, 29 de octubre de 2016

NECROWORLD Capitulo 133

Día 27 de Octubre de 2010
Día 850 del apocalipsis…
Hotel…

Entré en la enfermería con Sheila en brazos y Mélanie que estaba en ella se sobresaltó, pero cuando me vio cargando con Sheila, enseguida se puso en marcha. Se llevó rápidamente las manos al cabello y comenzó a hacerse una coleta mientras me guiaba hacia la camilla donde debía tumbar a Sheila. Una vez la tumbé, Mél miró a Stephanie.
—Necesito que me ayudes Stephanie. Los demás esperad fuera— ordenó rápidamente Mélanie.
Salí de la enfermería y me encontré con varios del grupo. Los cuales me habían visto entrar con Sheila en brazos.
—¿Esa era Sheila? ¿Qué le ha pasado?— preguntó Tamara.
—¿Y donde están los demás? Los que se fueron con ella— añadió Arianne.
No sabía que responder. Lo cierto es que había cogido a Sheila en brazos nada más ver que era ella. Todo había ocurrido tan rápido que ni siquiera me había parado a mirar si venía alguien más con ella. No respondí a las preguntas, comencé a recorrer el pasillo a paso rápido, me dirigí al exterior mientras cargaba el arma, enseguida me crucé con David y Juan.
—Vamos a salir fuera. Acompañadme— les espeté.
Ellos se miraron y enseguida me siguieron. No tardaron en alcanzarme. —¿Qué está pasando?— preguntó David.
—Sheila y otras cinco personas salieron de aquí para ir a Las Vegas, pero solo regresó Sheila. Vamos a ver si están los demás ahí fuera o por si lo contrario, alguien de Las Vegas la ha seguido.
Llegamos a las puertas y Faith nos abrió. Los tres salimos y comenzamos a observar los alrededores. No se veía a nadie. Volvimos al lugar donde había caído Sheila, esperaba encontrar algo, pero no había nada. En ese momento escuchamos un ruido a nuestra derecha y los tres apuntamos, pensamos que podría ser alguien vivo, pero no era más que un caminante al que David se encargó de abatir.
—No hay nadie— dijo Juan. –Si hubiera alguien ya lo sabríamos, para bien o para mal. Ella llegó sola hasta aquí. Les ha pasado algo y me temo que solo Sheila será capaz de decirnos que ha ocurrido. Regresemos al hotel.
Los tres comenzamos a caminar de regreso a las puertas del hotel. Yo iba pensando en que podría haber ocurrido, sobretodo, pensaba en Katrina y en que Cindy de momento no se enterase de que su madre no había regresado. Cuando cruzamos las puertas miré a Faith.
—Quiero de tres a cuatro personas en cada una de las torretas, mirando en todas las direcciones. También quiero a dos francotiradores en la terraza del hotel.
Yuriko también se acercó allí. —¿Qué está pasando?
—Puede que suframos un ataque en las próximas horas. Quiero a todo el mundo preparado— respondí. Avancé hacia la entrada mientras David y Juan se encargaban de organizar las vigilancias. Nada más entrar en el interior del edificio, vi a Cindy y a Vicky jugando con su gatito. Entonces llamé a Vicky y esta se acercó corriendo. Yo me agaché para ponerme a la altura de sus ojos. –Ha ocurrido algo. Del grupo que salió hacia Las Vegas solo regresó Sheila. No sabemos nada ni de Cloe, ni de Silvia, ni de Rachel, ni de Dylan, ni de tía Katrina. No sabemos que puede haberles pasado, no lo sabremos hasta que Sheila se despierte.
—De acuerdo— respondió Vicky asintiendo.
Entonces le puse la mano en el hombro a mi hija. –Te lo digo para que trates de que Cindy no se entere de que su madre no ha vuelto. De momento no hay motivos para que se preocupe. ¿De acuerdo?— pregunté finalmente.
—De acuerdo… Pero… ¿Y nosotros? ¿Tenemos motivos para preocuparnos?
Yo asentí. –Probablemente si— Me despedí de mi hija, la cual regresó corriendo junto a mi sobrina.
Bajé a la planta baja del hotel y me dirigí hacia donde teníamos las armas. Nada más entrar apareció Laura allí también. Desde que habíamos recuperado el hotel nos habíamos dado cuenta de que aquellos tipos habían estado malgastando la munición disparando a latas de refresco o caminantes que ellos mismos atrapaban. Eso había reducido nuestro arsenal.
—Quiero que tu te ocupes de que cada uno de los habitantes de aquí lleve un arma con el. Cuando Sheila se despierte y pueda hablar con ella, si la cosa es como pienso, quiero convocar una reunión. Ahí os explicaré el plan a seguir, pero ya te adelanto que la cosa no pinta bien.
Una hora después, Stephanie vino a buscarme para que fuera a la enfermería, Mélanie quería hablar conmigo. Acudí rápidamente y cuando entré me encontré con que Sheila seguía inconsciente.
—¿Aun no se despertó?— pregunté.
Mélanie negó con la cabeza y comenzó a explicarme la situación. –La he inspeccionado de arriba abajo. No tiene señales de agresión sexual. Nadie la ha violado. Solo está algo deshidratada y probablemente tenga un hambre de lobo cuando se despierte. Aparte de eso, solo tiene los dedos de la mano izquierda rotos. A juzgar por las esposas que cuelgan de su mano derecha… Diría que ella misma se los rompió para poder liberarse.
El hecho de que no la hubiesen violado me aliviaba, pero había otra cosa que me preocupaba. Las esposas, si había estado esposada, significaba que había sido prisionera, y si ella lo había sido, era probable que las demás también.
—¿Cuándo calculas que despertará?— pregunté.
—Es difícil saberlo con exactitud. Está agotada, podría estar así horas o despertarse de un momento a otro. Puede que ni siquiera despierte hasta mañana— respondió Mélanie.
—Nosotras vamos a estar vigilándola en todo momento. Si se despierta te avisaremos. Tú haz lo que tengas que hacer. Tranquilo, puedes confiar en nosotras— dijo Stephanie.
Yo le acaricié a Stephanie la mejilla en señal de agradecimiento. –Gracias. Lo se— En ese momento saqué dos pistolas y se las di, una a cada una. –Quiero que las llevéis en todo momento. Puede que… Es lo que pienso… Pero lo tenéis que saber. Puede que ella fuese liberada a propósito para que regresara aquí. Así ellos la seguirían y llegarían hasta nosotros. Hay que estar preparados para que no vuelva a ocurrirnos lo mismo.

21:00 horas de la noche…

Mélanie estaba sola en la enfermería vigilando a Sheila mientras cenaba. Los demás estaban todos en el salón cenando. Era su turno y Stephanie iría a relevarla a las once de la noche. Cuando terminó de cenar, decidió continuar con el inventario. Se levantó del taburete y fue a coger la libreta, justo cuando la consiguió y se dio la vuelta, se encontró con que Sheila estaba recobrando el conocimiento, pero parecía asustada. Rápidamente, Mélanie dejó la libreta y se dirigió a su compañera, eso hizo que Sheila se sobresaltara un poco al no distinguir todavía donde estaba ni con quien.
—Tranquila. Soy yo, no te preocupes. Soy yo, Mél— dijo Mélanie con voz amable. –Estás bien. Estás en el hotel.
Sheila alzó un poco la cabeza, miró a su alrededor y volvió a apoyar su cabeza en la almohada. —¿He estado inconsciente? ¿Cuánto tiempo?— preguntó.
—Unas cuantas horas. Te hemos inspeccionado Stephanie y yo. Estás bien. Solo tienes los dedos de la mano izquierda rotos, nada grave— respondió Mélanie. –Ahora es conveniente que descanses— Mélanie se agachó y cogió la botella de agua que tenía guardada para cuando Sheila se despertara, le quitó el tapón y se la ofreció. Enseguida, Sheila comenzó a beber rápidamente. Cuando terminó volvió a recostarse. –Voy a ir a por algo para que comas, vengo aho… —Mélanie no terminó la frase, Sheila la agarró del brazo.
—Necesito hablar con Juanma. Ahora.
*****
Me encontraba en el salón cenando junto a todos los demás. Estaba a punto de terminar cuando vi a Mélanie irrumpir en el salón. Algunos se la quedaron mirando como avanzaba hacia donde yo me estaba. Cuando estuvo delante de mi, se inclinó y me habló al oído.
—Sheila quiere verte. Se ha despertado. Creo que es importante.
Sin pensármelo dos veces, me levanté de la silla y seguí a Mélanie hasta la enfermería. Cuando entré, vi a Sheila tumbada en la camilla. Nada más verla, caminé con paso firme y la abracé con fuerza. No podía ocultar, ni siquiera en esos momentos, lo feliz que estaba de verla bien.
—Me alegro de que estés bien— le dije. –Mél me ha dicho que necesitas verme. Que quieres decirme algo.
—Si. Es importante. Logramos llegar a Las Vegas, pero una vez allí todo se complicó. No se como sucedió, pero fue muy rápido— comenzó a decir Sheila. –Antes de que nos diéramos cuenta ya nos habían capturado.
—¿Y las demás?— pregunté yo.
—Siguen vivas, todas menos Cloe. Ella murio. Al menos lo estaban cuando me sacaron de allí. Cinco hombres me custodiaban con la intención de que los guiara hasta vosotros.
—¿Y donde están esos tipos?— preguntó Mélanie cruzándose de brazos detrás de mi.
—Muertos. Un grupo de caminantes los masacró. No puedo decir que lo lamente. Gracias a eso logré escapar. Ahora hay algo que debes saber. Ahora mismo, y aun no se por que… Es tu hermano quien está al mando en esa ciudad.
—¿Mi hermano? ¿Y que ha pasado con Dorian?— pregunté.
—Lo poco que sabemos es que lo echaron de Las Vegas—  respondió Sheila. –Ahora mismo Dorian no importa. Lo importante es que Carlos nos ha estado torturando… Y es posible que ya sepa donde estamos… Y si lo sabe… Es posible que estén preparándose para venir o incluso ya estén de camino. Carlos únicamente quiere algo, más bien a alguien…
—¿A quien?— preguntó Mélanie. Todo aquello era nuevo para ella.
—Quiere a Eva— respondí adelantándome a la respuesta de Sheila. –A Eva y a los bebés.
—No solo eso. También quiere a Vicky. Aunque no se el porque a ella también. Lo único que se es que si viene hasta aquí. No se las llevará por las buenas, por que te quiere a ti muerto. Es un monstruo.
—A ver si lo entiendo, tienes un hermano que te quiere muerto— dijo Mélanie. —¿Y que por alguna extraña razón quiere a tu mujer e hijos.
—Nathan y Shanon son hijos suyos. Hubo un tiempo que me tomaron por muerto y Eva tuvo un desliz con el. Desde ese momento cree que Eva le pertenece— le expliqué. –Aunque no logro entender para que quiere a Vicky.
—La respuesta es sencilla— la voz de Luci nos sobresaltó a todos. Nos giramos y la vimos en la puerta. Seguidamente entró en la enfermería. –El hecho de querer a Vicky es por que solo a partir de ella o de mí. Pueden sacar una vacuna más perfecta. La que os administraron a vosotros no es de efectos permanentes. Podrían haberla sacado a partir de mi sangre, pero lo que Carlos quiere es a alguien a quien pueda dominar. Ósea, a una niña— Luci me miró. –Tu hermano es un hijo de puta chalado. Si lo que dice Sheila es cierto y ya saben que estamos aquí… Que no te quepa duda de que vendrán y lo harán armados. Dispuestos a arrasar este lugar.
—Luci tiene razón. Si Carlos viene aquí… Reducirá este sitio a cenizas. Lo haría aunque cedieras y le entregaras a Eva y a los bebés— añadió Sheila. –También matará a los rehenes… Si no es que lo hizo ya.
Me quedé un rato pensativo y entonces miré a Luci. –Estoy pensando en algo, pero será arriesgado. Pero quiero saber si puedo contar contigo. Se que lo has pasado mal y si dices que no… Lo entenderé.
—¿En que piensas?— preguntó Mélanie.
—Puede que no sirva de nada… Pero quiero intentar hablar con el. Convencerle de parar esto. Es mi hermano al fin y al cabo. Quizás pueda…
—Si te plantas delante de la puerta de su casa, si de verdad te quiere muerto… No te dejará hablar. Te matará nada más te vea… Y luego vendrá aquí a por Eva— replicó Mélanie tratando de convencernos de que lo que pensaba hacer era una locura.
—Pasará de todos modos si esperamos aquí a que venga— respondió Luci mirando a Mélanie. Entonces me miró a mí. –Si vamos a hacerlo. Adelante. Si partimos pronto, estaremos allí en las puertas al anochecer de mañana.
—Pues preparemos esa maldita reunión— respondí mientras caminaba de vuelta al hall. No podía dejar de pensar en Katrina. Todos los que estaban allí prisioneros me importaban, pero Katrina era mi hermana. Me negaba a pensar que Carlos pudiera haberla matado, de hecho, si ella había sido lista, a esas alturas, Carlos sabía que era su hermana. Quizás eso, detuviese su mano si pensaba en matarla. Quería pensar que en mi hermano aun quedara algo de lo que una vez fue.

Las Vegas…
22:45 horas de la noche…

Carlos estaba pletórico. Por fin sabía donde estaban su hermano y Eva. De hecho, había conseguido sacar más detalles. El lugar exacto donde estaba el hotel y que Eva no había tenido un hijo. Si no dos, un niño y una niña. Eso lo hacía inmensamente feliz. Iba a tener por fin una familia.
—Te traigo la cena querida hermanita— dijo Carlos entrando en la habitación en la que había metido a Katrina tras la confesión. Nada más entrar, vio a esta tumbada en la cama. –Venga, levanta. Tienes que comer algo.
—No tengo hambre— respondió Katrina. –Puedes irte.
—No digas eso. Se que hemos comenzado con mal pie, pero ahora que ya dijiste lo que quería saber, todo irá mejor para ti y las otras dos. Te doy mi palabra de que no las he matado. Siguen encerradas, pero a salvo. A ti te puse aquí por que eres mi hermana y debes tener lo mejor.
En ese momento, Katrina se levantó y miró a Carlos. —¿Lo mejor? Lo mejor sería estar de vuelta en nuestro hogar, con mi hija. Lo mejor sería que nada de esto hubiese pasado o que solo hubiese conocido a Juanma.
—No seas así. Aunque no te lo creas, has salvado la vida de muchos— respondió Carlos.
—¿Se supone que debo creerte?— preguntó Katrina. —¿Cómo se que no matarás a todos cuando llegues al hotel? Al fin y al cabo, a ti solo te interesa Eva, sus hijos y Vicky. A los demás no los necesitas. Y tampoco te importa Juanma.
—Te doy mi palabra— dijo en ese momento Carlos. –Si ceden a lo que les pediré. No pasará nada, pero si ellos iniciasen un ataque, tendré que responder. No soy estúpido.
—¿Y por que no nos sueltas ya? Ya sabes lo que querías. Ya no nos necesitas— replicó Katrina. –Déjanos ir.
—No puedo hacer eso Katrina. Lo siento— respondió Carlos. –Es esencial que permanezcáis conmigo. Vosotras sois la clave, por que seréis la moneda de cambio, vosotras tras a cambio de Eva, mis hijos y Vicky. Juanma no tendrá más remedio que ceder a lo que le pido. Tendrá que hacerlo.
—¿Crees que Juanma cederá a eso?— preguntó Katrina estupefacta. –Nunca lo hará. Nunca te dará a su familia.
—Eso ya lo se, pero si no lo hace. Amenazaré con mataros. Eso lo hará pensárselo un poco. No quisiera tener que hacerlo, pero hay veces que no hay más remedio para según que cosas.
En ese momento, Katrina cogió a Carlos de las manos. –Por favor. Tienes que prometerme que no les harás daño y que tratarás de llegar a un acuerdo no violento con Juanma. El sabe que los hijos son tuyos y no creo que quiera alejarte de ellos. Eres el padre y nuestro hermano.
—No puedo hacerte esas promesas, por que se como es el, pero haré todo lo que esté en mis manos para que la cosa no termine en un baño de sangre, pero esto ya no solo se trata de mi. Varios hombres vendrán conmigo y no puedo parecer débil ante ellos. Si Juanma me ataca, me defenderé.
—¿Y cuando pretendes ir?— preguntó Katrina.
—Estas cosas requieren su preparación. Pero creo que en unos cuantos días podremos ponernos en marcha. Ahora como algo. Yo tengo cosas que hacer, mañana por la mañana vendré a verte otra vez y espero que podamos empezar a tener esa relación de hermanos— Carlos se levantó y salió de la habitación dejando sola a Katrina.
Ella no se terminaba de fiar de el. Tenía la sensación de que Carlos se guardaba un as bajo la manga, y eso lo hacía extremadamente peligroso. Todos estaban en peligro.

Día 28 de Octubre de 2010
Día 851 del apocalipsis…
00:15 horas de la noche Hotel…

Todos estábamos reunidos en el salón. Todos a excepción de los niños, Alicia, Eva y Stephanie. Las cuales, más o menos estaban enteradas de todo, por lo tanto no era necesario que estuvieran presentes, era mejor que se quedaran cuidando de los niños, los cuales no quería que se enteraran de nada, aunque Vicky si lo sabía, en el caso de Cindy eran razones obvias. Si se enteraba de que Katrina podía estar muerta, las cosas podrían complicarse un poco.
Los observé a todos y comencé a hablar. –Supongo que todos sabéis por que estáis aquí ya. Como todos sabéis, hace unos días, seis personas de nuestro grupo partieron hacia Las Vegas para buscar a la hija de Silvia. No sabíamos nada de ellas hasta que esta tarde apareció Sheila— dije señalando a Sheila, la cual estaba sentada en una silla. Todos la miraron y ella mostró una mueca de incomodidad. –Según me informó, es mi hermano Carlos quien está al mando allí y tiene a Dylan, Rachel, Silvia y Katrina todavía como rehenes.
—¿Y que pasa con Cloe?— preguntó en ese momento Alexandra.
—Cloe murió— respondí tajantemente. –Lo siento.
Alexandra y las demás supervivientes de Portland se miraron, todas afectadas por la noticia. Ellas conocían bien a Cloe.
—¿Se sabe quien la mató?— preguntó en ese momento Faith.
—Según parece la mató Silvia, pero tuvo una buena razón— respondí.
En ese momento Sheila entró en escena. –Cloe fue golpeada brutalmente mientras la interrogaban. Hasta el punto que la dejaron tan mal que no podía ni andar. Ella le pidió a Silvia que la matara.
—¿Y como sabes eso?— preguntó Alexandra. –Podría ser una invención de Silvia.
—No tenemos motivos para dudar de ella. Si Silvia dijo que sucedió así es por que ocurrió así— respondió Sheila tratando de justificar los actos de Silvia.
—No es para eso para lo que he convocado esta reunión— les interrumpí –Lo que quiero hacer es ir a Las Vegas a intentar evitar que esto estalle demasiado. Carlos sabe donde estamos y es evidente que vendrá. Lo conozco demasiado bien, pero esta vez quiero adelantarme y tratar de llegar a un acuerdo con el. Tratar de evitar una guerra.
—Carlos quiere una guerra— dijo en ese momento David. –El es así. No le importa nadie salvo el. Intentó matarnos a Alicia y a mi, pero si vamos. Quizás puedas hacer algo, al fin y al cabo eres su hermano mayor. Puede que logres convencerle, pero no deberías hacerte demasiadas ilusiones.
—Eso ya lo se. Yo estoy decidido a intentarlo, pero no puedo hacerlo solo. Necesitaré voluntarios que me acompañen. Solo… Lo único que conseguiré es que me mate antes de que pueda abrir la boca, pero no quiero obligar a nadie a hacerlo. Quiero que seáis vosotros quienes decidáis quien quiere venir.
—¿Cuándo se partiría?— preguntó Stacy.
—Al amanecer— respondí.
—Yo iré con el. Ya lo he decidido. Si la cosa se torciera, no quiero perderme la oportunidad de decapitar a ese cabrón— dijo Luci levantando la mano.
Comencé a mirarlos a todos, uno por uno. No quería obligar a nadie, pero necesitaba un buen numero de acompañantes por si las cosas se nos complicaban una vez allí, al fin y al cabo, íbamos a plantarnos delante de las puertas de una ciudad en la que mi hermano, el que me odiaba a muerte, tenía bajo su mando.
David levantó la mano y después lo hizo Yuriko. Enseguida también lo hicieron Mike y Alexandra.
—¿Qué coño? Yo me apunto— dijo Juan poniéndose en pie y caminando para ponerse a mi lado. Este entonces se inclinó y me habló al oído. –Espero que sepas lo que haces.
Nadie más pareció apuntarse, así que continué hablando. –También intentaré que Carlos libere a los rehenes. Si todo sale bien, estaremos aquí de regreso con nuestras compañeras.
—¿Y si no sale bien?— preguntó Nina.
—Entonces deberemos prepararnos para una inminente guerra— respondí. Entonces algunos comenzaron a hablar entre ellos. Todos sabían lo que significaba una guerra. Podríamos perder de nuevo nuestro hogar, pero esta vez de forma permanente. –Aun así, no debéis preocuparos por que estamos preparados para ello. Esta visita debe ser también para ganar tiempo, por que el aun no ha salido de Las Vegas. Si vamos, mientras lo mantenemos allí, eso os dará una oportunidad a los demás para prepararos.
—Pero aquí no todos sabemos usar un arma. Yo ni siquiera se disparar. Nunca he matado a nadie— dijo en ese momento la doctora Susy Brown.
—Ya he pensado en eso— respondí. –Se muy bien que aquí hay gente que no sabe luchar. Por eso a esas personas les doy dos opciones. Seguir un curso intensivo de supervivencia o simplemente irse a otro lugar a esperar a que todo esto pase. Será allí a donde enviaré a los más jóvenes. Por aquí cerca hay casas.
—Yo conozco un lugar— dijo en ese momento Johana mirando a Nina.
—¡¡¡La mansión Crawford!!!— exclamó en ese momento la muchacha pelirroja. –Allí cabe bastante gente. Tiene túneles subterráneos en los que podemos ocultarnos si ocurre algo.
—Exacto— añadió Johana. –Puede que aun queden caminantes, pero no creo que sea algo que no podamos limpiar en poco tiempo. Puedo coger un autobús, meter a los críos allí y llevarlos.
—Muy bien. Nina y Johana os dejo al mando en ese asunto. ¿Cuándo podéis partir?
—Al amanecer— respondió Johana.
—Muy bien. Prepáralo— respondí. –Muy bien. Ya está todo más claro. Los que no se vean capaces de luchar, serán los que se vayan con ella a esa casa. Necesito que dos o tres personas con conocimiento sobre armas de fuego vayan con ellos. Corey, Scott y Paula. Os he visto en las prácticas de tiro que hicimos hace unos meses. Creo que seríais los más adecuados para ello. Recordad que tenéis niños bajo vuestra protección.
—¿Es una orden?— preguntó Corey.
—¿A ti que te parece?— se adelantó preguntando Luci.
—Entonces ya está todo claro. Mañana al amanecer, partiremos. Queda terminada la reunión.

*****
Todo estaba claro y preparado, al día siguiente, mientras unos se quedaban en el hotel para defenderlo, los demás partiríamos en dos direcciones, un grupo dirigido por Johana y Nina se irían a la mansión de la que había hablado Johana, el grupo encabezado por mi haría lo más difícil, ir hacia Las Vegas.
Subí a la habitación con intención de dormir un poco. Cuando entré, me encontré con Eva sentada en la cama, los dos bebés dormían tranquilos en su cuna. Al verme entrar, ella se dio la vuelta para mirarme. —Ya estoy al tanto de todo. Se lo que haréis.  
Yo me senté a su lado y le pasé el brazo por encima del hombro, la acerqué a mí y ella apoyó la cabeza en mi pecho. –Es lo único que podemos hacer de momento. Solo así podré teneros protegidos pase lo que pase. Por mucho que llegue al hotel no os encontrará.
—¿Crees que podrás convencerlo y llegar a un acuerdo? Sabes muy bien que querrá matarte nada más te vea— preguntó Eva.
—Francamente no lo se. El asunto no pinta demasiado bien, pero mientras pueda protegeros. No me importa nada lo que pueda pasarme a mí— respondí, seguidamente la miré y la besé.

Día 28 de Octubre de 2010
Día 851 del apocalipsis…
08:00 de la mañana… Hotel…

Todo estaba apunto, los que iban a irse a la mansión ya habían subido al autobús. Desde una de las ventanas, tanto Eva como Vicky me observaban. Vicky había insistido en quedarse en el hotel, pero yo me había negado rotundamente.
—Ya está todo listo— dijo Johana acercándose a mi.
—Bien. Pues venga, iros ya— le dije.
—No te preocupes. Me encargaré personalmente de que no les ocurra nada. Puedes confiar en mí— Johana y yo nos abrazamos, ella se subió al autobús y seguidamente se puso en marcha.
Juan se acercó a mí. –Cuidará bien de ellos. Ya lo verás.
—¿Ya te despediste de ella?— pregunté mirando a Juan.
—Claro que si. Anoche, seis o siete veces. Luego si quieres te cuento todos los detalles.
Yo sonreí y miré a mi compañero. –No gracias.
—Ya podemos irnos— dijo Luci interrumpiéndonos.
Yo me di la vuelta y los miré. –Muy bien. Pues vayamos de visita a casa de ese cabrón.

Me subí a uno de los dos coches y seguidamente comenzamos a alejarnos del hotel en dirección a Las Vegas.