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sábado, 12 de noviembre de 2016

NECROWORLD Capitulo 135

Día 29 de Octubre de 2010
Día 852 del apocalipsis…
Las Vegas…00:45 horas de la madrugada…

Me quité los primaticos de la cara y se los pasé a Juan para que también mirara. Hacia poco que habíamos llegado a Las Vegas, pero aun no nos habíamos acercado a la zona a partir de la cual habían levantado los muros, los cuales se encontraban alrededor de Las Vegas Strip y algunas otras zonas donde residían sus habitantes, aunque el Caesar Palace era el centro de mando de la ciudad, ocupado antes por Dorian y ahora por mi hermano.
—No será fácil entrar— dijo Juan. Después miró a Luci. –Vosotros lograsteis salir, pero dudo que sigan con la misma seguridad. La habrán reforzado.
—Seguramente. Carlos es así, aunque creo que más bien no le importó que escapáramos. Ya no le interesábamos, de hecho a mi intentó matarme— respondió Luci señalando la herida de su vientre, la cual había sido curada perfectamente por Mélanie cuando llegaron al hotel.
—¿Algún plan?— preguntó David bajándose de uno de los vehículos.
—Un asalto solo traería bajas para nosotros, estamos en minoría. Lo más lógico sería plantarnos delante de esa puerta y decir que queremos hablar con Carlos, si entramos a la fuerza para sacar a Silvia ya los demás será un suicidio.
—Si, seguramente les hayan torturado. Si apenas pueden andar nos costará mucho cargar con ellos. No son uno ni dos, son cuatro personas a las que retienen ahí dentro y nosotros solo somos siete, nos atraparían a todos y todo habría sido en vano. Creo que si vamos de frente, aun tenemos una posibilidad. Al menos si lo hacemos con una estrategia, pero es evidente que Carlos también tendrá la suya, la ideará nada más te vea aparecer— explicó Yuriko. –Lo conozco bien.
—Mañana al amanecer— comencé a decir –Yuriko, David, Luci y yo nos plantaremos delante de esas puertas para intentar que libere a Silvia y a los demás, si es necesario, yo me ofreceré a ocupar su lugar, pero por si las cosas fallan, quiero que Juan, Mike y Alexandra ocupen esos edificios de ahí— dije señalando a unos que se podían ver desde donde estábamos. Eran bastante altos y desde sus ventanas, si mis cálculos no fallaban, tendrían a tiro a todo aquel que estuviese en la puerta. –Vosotros os encargareis de cubrirnos desde ahí si algo sale mal. Confió en vosotros. Desde allí tendréis a tiro a cualquiera.
—¿Y como sabremos cuando disparar?— preguntó Alexandra.
—No te preocupes. Os haré algún gesto, me tocaré la cabeza con las dos manos. Esa será la señal, pero no quiero que abráis fuego bajo ningún concepto. Si eso ocurre, todo se irá a la mierda. Ahora dormiremos, mañana por la mañana haremos una visita a mi hermano.
Nos fuimos a un almacén a pasar la noche. Allí permanecimos. Las horas pasaban lentamente y yo no podía dormir, me levanté y fui junto a Luci, la cual estaba de guardia sentada junto a una hoguera, todos los demás dormían, eran las cinco en punto de la madrugada. Al verme llegar no pudo evitar sonreír.
—¿Nervioso? Ni que fueses a ver de nuevo a ese hermano encantador al que hace años que no ves. Relájate, al que vas a ver es al cabrón psicópata.
Sonreí y me senté a su lado. –No puedo dejar de darle vueltas. No es cualquier persona, es mi hermano. Se las cosas que ha hecho y ha intentado hacerme, he tenido ocasiones y siempre me he frenado por que es mi hermano. Siento que no sería capaz de matarlo. Antes de esto nuestra relación era la de dos hermanos cualquiera, teníamos nuestras discusiones, pero esto es totalmente distinto. Se que he matado a gente, ya no se ni siquiera a cuantos, pero eran gente que no tenía ningún lazo familiar conmigo, pero ahora es que es mi hermano quien está tratando de destruirme. Joder, no es tan fácil.
—¿Qué es lo que de verdad te da miedo? ¿Matarle y sentirte mal por ello o frenarte de nuevo aun sabiendo quien es? Por lo que yo he visto, el ni se sentiría mal al matarte ni se frenará una vez tenga ocasión. Este mundo es una mierda y eso lo sabemos todos. Nadie nos preparó para el, nadie tiene un master en supervivencia al apocalipsis, pero aun así hemos aprendido a sobrevivir, ahora existe la ley del más fuete. Si eres fuerte vives, si no lo eres… Mueres. Yo tuve que aprender eso de la noche a la mañana en Valencia, cuando mi novio con el que llevaba años intentó matarme ¿Y por que? Por que era débil y tenía miedo. Yo también lo tenía y fui fuerte, fui lo bastante fuerte como para que no me temblara el pulso cuando hice lo que tenía que hacer, si no hubiese dejado de lado esos sentimientos… Yo no estaría aquí hoy. El dejó de ser mi novio cuando quiso matarme y Carlos hace tiempo que dejó de ser tu hermano, ya no queda nada de lo que una vez fue. Ese que hay ahí en esa ciudad es otro Carlos, uno cruel y despiadado. Sinceramente, no matarás a tu hermano, ya que ese de ahí lo mató antes, tu hermano lleva tiempo muerto. Cuando yo maté a mi novio, su parte mezquina y cobarde lo había matado antes.
—¿Y que sentiste?— pregunté. Lo cierto era que nunca habíamos hablado en profundidad del tema. —¿Sentiste dolor?
Luci agachó la cabeza. –Si. Lo sentí al mismo tiempo que me daba cuenta de que ese tipo se había cargado a mi novio. Por eso lo maté, técnicamente fue una venganza. Te sugiero que pienses en ello, por que ese de ahí dentro ya no es tu hermano. No te voy a decir lo que tienes que hacer, al fin y al cabo eso solo depende de ti, pero si tienes la oportunidad, que no te tiemble el pulso y acaba con el de una vez por todas. Eso marcará los acontecimientos de lo que sucederá en adelante. Ahora si me disculpas, voy a echar una meada y a dormir. Esta última guardia te tocaba a ti.
Luci se levantó, pasó por mi lado dándome una palmada en el hombro y se alejó mientras yo me quedaba allí sentado. Ella tenía razón, esa persona que estaba allí no era ya mi hermano.
*****
Butch entró en la caseta desperezándose. Seguidamente fue a un armario, sacó unas aspirinas del armario y se las tomó con un poco de agua. Le dolía la cabeza debido a la resaca. La noche anterior había tenido una buena fiesta que había terminado como tenía que acabar, sexo salvaje y consentido con una chica que había conocido en el bar, a la que no había dicho nada cuando se fue de su casa.
—¿Sabes que hora es?— preguntó una voz a sus espaldas. Se dio la vuelta y se encontró con Daniel. Su compañero para aquella mañana de vigilantes de las puertas principales.
—Joder Dan. Me duele la cabeza a horrores, parece que me va a explotar— respondió Butch dando otro trago de agua a la vez que cerraba los ojos. –Baja un poco el volumen del megáfono.
—Gracias por hacer referencia a mi voz. Si Carlos se entera que has llegado una hora tarde, te colgará boca abajo para que los caminantes se den un festín contigo. Termínate el agua y reúnete conmigo en tu puesto— dijo Daniel antes de salir por la puerta de la caseta.
Cuando se quedó a solas, Butch se miró el reloj, eran las siete de la mañana. Salió de la caseta y cogió el arco que había allí, se lo habían apropiado tras atrapar a la chica morena, esa tal Katrina y que había resultado ser hermana de Carlos.
Subió por las escaleras y se situó en su puesto. Nada más subir, vio que un caminante se acercaba, puso una flecha en el arco y la disparó, atravesando la cabeza del No Muerto, el cual se derrumbó al instante.
—Buen tiro— dijo Daniel. –Se te da bien el tiro con arco, pese a la resaca. Si al día siguiente toca currar, no te hinches a beber. Es de sentido común.
—Pasa de mí— respondió Butch. –Yo por lo menos follé anoche. ¿Qué hiciste tú? ¿Quedarte hasta tarde leyendo comics?
—Eso es un golpe bajo. Al menos me lo paso bien— respondió Daniel.
—Yo también lo pasé bien. Tres veces… Y a pelo— Butch se quedó en silencio mirando el cuerpo del caminante al que había abatido.
—¿Qué pasa?— preguntó Daniel.
—Abre la puerta. Creo que ese lleva algo interesante encima— dijo Butch.
—No creo que sea buena idea. Podrían entrar caminantes— respondió Daniel.
—¿Ves alguno por aquí?— preguntó Butch. –Mira. ¿Sabes que te digo? Que me da igual— Butch dejó de hablar, pasó por encima del muro y se dejó caer al otro lado pese a que Daniel le estaba diciendo que regresara. Butch ignoró a su compañero y se acercó al cadáver, seguidamente levantó la cabeza y miró a Daniel. –Nos ha tocado el premio gordo. Este tío lleva más oro encima que el mismísimo rey Midas. Mira que anillo— dijo al tiempo que sacaba la alhaja del dedo del caminante.
—¡¡¡Butch!!!— dijo en ese momento Daniel.
Butch no entendía lo que pasaba. Su compañero estaba señalando hacia la calle. Butch miró en esa dirección y entonces vio dos vehículos acercándose en dirección a el. El pensó en salir corriendo, pero entonces los dos vehículos llegaron hasta donde estaba, la puerta del conductor del primero se abrió y cuando vio salir al conductor no pudo ocultar su sorpresa.
—Venga ya. No me jodas.
*****
Salí del vehículo y me planté delante de Butch, el cual me observaba con los ojos abiertos como platos, los cuales todavía abrió más cuando vio a David, Yuriko y Luci. Este levantó un arco y el otro tipo que estaba a tras los muros me apuntó con el arma. Mis compañeros hicieron lo mismo y les apuntaron a ellos.
—Hola Butch— dije amablemente. –Avisa a mi hermano y dile que quiero hablar con el. Le espero aquí. Venga. No me moveré de aquí hasta que no venga.
—Hazlo cabrón— dijo David apuntándole a la cabeza con su arma.
Butch nos miró a todos y levantó las manos. –Está bien. Está bien. Ahora lo llamo. Butch regresó rápidamente al interior de la ciudad y corrió a la caseta. Cogió el teléfono y llamó a Carlos. Cuando respondió, lo hizo muy bruscamente.
—¿Qué hostias pasa Butch?
—Creo que deberías venir a la puerta principal…— respondió Butch.
—¿Por qué? ¿Qué coño pasa?— preguntó Carlos.
—No… No te lo vas a creer… Tu hermano… Tu hermano está aquí en las puertas y quiere verte— respondió Butch casi tartamudeando. No sabía como informar de lo ocurrido.
—Repite eso que has dicho— dijo Carlos cambiando totalmente el tono de su voz.
*****
Carlos no tardó ni diez minutos en llegar a la puerta principal. Nada más hacerlo, miró a través de un agujero y vio que Butch decía la verdad. Su hermano estaba allí plantado y no estaba solo, allí también estaban David, Yuriko y Luci… La condenada Luci.
Carlos se alejó un poco de la puerta y se dirigió a los hombres que se habían congregado allí. –Salid de la ciudad por la zona en obras y rodead el muro. Quiero que impidáis que puedan escapar, pero no disparéis a matar, los quiero vivos. Venga, yo ganaré tiempo.
Los hombres se dispersaron y Carlos comenzó a subir las escaleras, pronto quedó al descubierto por encima del muro y nos observó con una sonrisa de oreja a oreja.
—Os juro que cuando me lo dijeron no podía creérmelo. Mi hermano le ha echado un par de huevos y ha venido a la puerta de mi casa para charlar conmigo… Y no lo ha hecho solo. Hola David, Luci y Yuriko— dijo Carlos mirando a mis compañeros uno por uno y deteniendo su mirada en Yuriko, a la cual le dedicó una sonrisa mucho más amplia, luego volvió a mirarme a mí. –Os veo a vosotros, pero no veo ni a Eva, ni a Vicky ni a mis hijos. Hacer lo que habéis hecho es algo muy kamikaze, lo que me hace preguntarme si sois muy valientes o muy estúpidos. Por que hace falta tenerlos bien gordos para plantarse aquí queriendo hablar conmigo.
—Quizás hablaríamos mejor si tú salieses aquí a hablar conmigo— respondí. —¿O tienes miedo de algo?— pregunté al final.
—Abrid las puertas— dijo Carlos dejando las armas a uno de sus hombres.  
Yo al ver que dejaba las armas decidí hacer lo mismo, regresé al coche y comencé a dejarlas sobre el asiento del conductor pese a las advertencias de Luci.
—No lo hagas. No dejes tus armas. No me fio de el, ese trama algo.
—Es posible, pero el también va desarmado. Además, vosotros no tenéis por que hacerlo, si pasa algo… Estáis vosotros para cubrirme— respondí.
Segundos después las puertas comenzaron a abrirse y Carlos las cruzó caminando hacia mí. Yo también comencé a caminar hacia el y nos acabamos teniendo el uno frente al otro. Era la primera vez desde hacía bastante tiempo. El parecía muy sereno, mucho más que yo. Entonces me sonrió. –Dime… ¿Qué me impide matarte en estos momentos?
—Los francotiradores que hay en estos momentos apuntándote a la cabeza— respondí tajantemente. Eso te lo impide.
—Sabes que si me matases, ellos os dispararían— dijo Carlos haciendo un gesto con la cabeza señalando a sus hombres que estaban al otro lado del muro.
—Lo se, pero no he venido a matarte. He venido a por mi gente. Los que tienes retenidos. Silvia, Rachel, Dylan y Katrina. Me los entregarás— respondí.
—Bueno. Lo de Dylan va a ser un poco difícil. Está muerto— respondió Carlos rascándose la cabeza. –Digamos que no tuve más remedio que acabar con el.
—¿Cómo hiciste con Sandra?— pregunté mientras apretaba los puños. Estaba deseando matarlo allí mismo.
—Yo no maté a Sandra. Fue ella, decidió dejar de respirar— Carlos sonrió en ese momento. Era evidente que me estaba provocando.
—Bueno. Déjate de tonterías. Entrégame a mis compañeros y nos largaremos de aquí sin más.
—Entiendo que te los quieras llevar, son tu gente, digamos que en cierto modo te pertenecen. De hecho ya has recuperado a una. Deduzco que si estás aquí es por que encontraste a Sheila. Te felicito… Y a ella también. No creí que durara mucho ahí fuera ella sola. Es una escoria más fuerte de lo que pensaba.
—Entrégamelos Carlos. No te lo diré más veces.
—Relájate. Me parece perfecto entregártelas, yo no las quiero, pero quiero que mires esto desde otra perspectiva. No puedo devolvértelas sin más, así que te propongo un trueque. Tu tráeme a Vicky, Eva y a mis hijos y todo estará solucionado.
—Olvídalo— respondí.
—Mira el lado positivo. Lo de Vicky solo sería algo temporal, cuando ya no hiciese falta usarla más, te mandaré una postal para que vengas a recogerla. Es algo muy sencillo.
—No hay trueques. No son mercancía… Y Eva es mi mujer.
—Si, la que parió dos hijos míos y disfrutó mientras me la follaba. No puedes culparla, te daba por muerto. Tú también dabas por muerta a Lidia cuando te la tiraste la primera vez— dijo Carlos con una sonrisa todavía más amplia. –Una pena que Lidia si muriera después. ¿No crees? Eva aprovechó bien todo aquello. Muere tu querida Lidia y ella se lanza a tus brazos nuevamente. Luego mueres tú y se lanza a los míos— entonces Carlos hizo un gesto con la mano señalándome y guiñando un ojo. –La pena ahí es que no te quedaste bien muerto. Tuviste que volver para seguir dando por culo.
—No te entregaré a Eva— respondí.
—Eres un cabezota. Pues entonces no hay trueque. Y si no hay trueque, entonces para que necesito a las rehenes. Es una pena para ellas, son muy guapas, especialmente nuestra hermana Katrina. Lo malo es que no serán tan guapas después de que mis chicos se vayan turnando con ellas, a algunos se les va un poco la mano. No voy a matarlas tampoco, creo que tienen más utilidades, mucho más interesantes.
—Eres un cabrón. ¿Dejarías que le hicieran eso a tu hermana?
—Es una hermana cuya existencia acabo de conocer. Aun no surgió esa chispa de cariño. Tanto me da lo que pueda pasarle. También se que tiene una hija, quizás pueda ir a por ella, traérmela aquí y entregársela a mis chicos, se que es una menor… ¿Pero que le voy a hacer si algunos de mis muchachos son unos depravados?— en ese momento le pegué un puñetazo a Carlos y este cayó al suelo. Eso hizo que los que había detrás del muro me apuntaran y que Luci, David y Yuriko les apuntaran a ellos. Entonces Carlos alzó una mano al tiempo que se iba levantando del suelo mientras se tocaba la barbilla. –Tienes un buen puñetazo. La verdad. Supongo que me lo merecí después de todo.

*****
Juan tenía a Carlos en el punto de mira. Podría haberle disparado ya, pero Juanma aun no había dado la señal. El podía acabar con Carlos y terminar con todo aquello, pero si disparaba en esos momentos, sería como si matara a los suyos. Miró al otro edificio al que se habían dirigido Mike y Alexandra. Podía verlos desde su posición, quizás ellos estaban pensando lo mismo que el, disparar a Carlos y acabar con todo aquello, pero si Juanma no daba la señal, no había nada que hacer, solo les quedaba esperar. Volvió a mirar a través de la mira telescópica y entonces vio algo, a unas calles más allá vio movimiento. Al principio pensó que eran caminantes, pero no se movían como ellos. Estos vestían como ropas negras y llevaban cascos de color negro, parecían anti disturbios, incluso llevaban armas. Estaban dirigiéndose a donde se encontraban sus compañeros. Fue entonces cuando se dio cuenta. Carlos estaba tendiéndoles una trampa.
***** 
—Te estoy dando la oportunidad Carlos. Deja que se vayan— le advertí nuevamente.
Carlos se cruzó de brazos. –Solo dejaría que se fueran si me trajeses a Eva. Tráemela y podrás llevártelas.
—Está bien. Te ofrezco un trueque. Me quieres a mi ¿No? Pues bien. Deja que se vayan y yo me quedaré aquí para que hagas conmigo lo que te salga de los cojones— le dije.
—¿Hablas en serio? Vaya, eso si que no lo esperaba. Debo admitir que me has sorprendido— en ese momento Carlos hizo un gesto extraño. Una mirada extraña hacia mi izquierda. Eso me hizo mirar a mí también y entonces vi a alguien avanzando por detrás de unos contenedores. Entonces miré a Carlos.
—Eres un cabrón.
Carlos volvió a sonreír. –Lo siento, pero no puedo dejar que te vayas. Ahora sed buenos y rendiros. Manos a la cabeza.
—Muy bien— dije yo llevándome las manos a la cabeza. Justo en ese momento comenzaron a sonar los disparos.
Una bala impactó en el hombro de Carlos y este rápidamente se retiró detrás de un vehículo abandonado que había cerca de la puerta. Yo retrocedí rápidamente hasta nuestro coche mientras David, Luci y Yuriko me cubrían. Llegué hasta la puerta del conductor y me lancé dentro, cogí mi fusil y comencé a disparar contra los hombres de Carlos que nos iban a emboscar. Logré abatir a uno, pero yo fui alcanzado en un brazo. Rápidamente cerré la puerta y David cogió el volante mientras Yuriko y Luci subían y yo pisaba el acelerador. Nuestro coche comenzó a ir marcha atrás mientras los hombres de Carlos nos disparaban.
Carlos fue rápidamente socorrido por uno de sus hombres y llevado al interior de la ciudad mientras varios de sus hombres trataban de dar caza a los francotiradores.
Butch se acercó a Carlos y le comprobó la herida. –No es nada. Todo está bien. Ahora mismo los seguimos.
—No. No los sigáis. Mi hermano ha hecho que esto sea mucho más divertido. Dejadlos que se vayan.
*****
Aun no nos habíamos alejado bastante de las puertas de Las Vegas, pero David detuvo el vehículo pese a que yo no quería. Una vez parados, Yuriko y Luci salieron del coche.
—Parece que no nos siguen, pero debemos estar atentos. Deberíamos marcharnos— dijo Yuriko.
—No. Faltan todavía los demás— respondí yo mientras dejaba escapar un gemido de dolor.
David me hizo un torniquete. –La bala ha entrado y ha salido, pero hay que curarte. Volvemos a casa.
En ese momento escuchamos el ruido de un motor y vimos llegar al otro coche. Se detuvo a nuestro lado y de el bajaron Juan, Mike y Alexandra.
—¿Sabéis si nos siguen?— preguntó Yuriko
—Se han vuelto al interior de la ciudad. No parece que quieran seguirnos. Quizás podríamos volver a ver si podemos rescatar a las demás, pero esta vez a la fuerza— dijo Alexandra.
—No— dije en ese momento. –Ya saben que estamos aquí. Para entrar ahí necesitaríamos un ejercito, el cual no tenemos. Regresemos a casa y planeemos algo mejor. De momento no podemos hacer nada. El no las matará, a ellas no, quiere a Eva y todavía cree que se la entregaré.
—¿Y si te equivocas?— preguntó David. —¿Y si las mata?
—Entonces arrasaré esa ciudad— respondí.
Poco después nos pusimos en marcha de vuelta al hotel.

Las Vegas Strip…
Enfermería…
11:00 de la mañana…

Carlos estaba en la enfermería. Allí estaban curándole la herida del hombro. El doctor le dio un calmante y se sentó frente a el. –Han ido a matarte. Si no llegas a moverte, te habría dado en la cabeza y estarías muerto, pero no entiendo por que no los han perseguido.
—No tengo necesidad de mandar a nadie tras ellos— dijo Carlos a medida que se ponía la camisa. Tuvo que ir con cuidado cerca de la herida. –Mi hermano no me entregará a Eva, por eso, es mejor que seamos nosotros quienes nos plantemos allí delante con las rehenes y le incitemos a que ceda a mis peticiones, si no lo hace, primero las mataré delante de el para que sienta el dolor. Luego arrasaré ese hotel pase lo que pase. Quiero que el lo vea— Carlos salió de la enfermería y se encontró con Butch.
—¿Qué tal te encuentras? Sabemos que tu hermano está herido también.
—Me la suda. Escúchame bien, reúne a todos los hombres y mujeres que puedas, me da igual cuantos sean. Que se empiecen a preparar, dentro de unos días partiremos hacia el hotel. Mi hermano va a sufrir.
—¿Y el armamento?— preguntó Butch.
—Quiero emplearlo todo. Es a una guerra a lo que vamos, así que no hay que reparar en ello. Vamos a ganar y lo haremos con todo lo que tengamos— respondió Carlos mientras se alejaba de Butch.
Butch solo pensaba que el ahora líder de Las Vegas había perdido por completo el juicio y que aunque el lo seguiría hasta el final, sospechaba que los llevaba a un punto sin retorno, algo que haría que nada volviera a ser como antes. Se acercaba una guerra inevitable.
*****
Carlos fue a la habitación donde estaba Katrina. Cuando ella lo vio entrar y le vio la herida, no pudo ocultar su sorpresa.
—¿Qué es lo que ha pasado?
—Nuestro querido hermano ha venido a las puertas de mi casa y ha decidido complicar las cosas. Podría haber sido más sencillo, pero no… Así que… No saldrás de aquí hasta nuevo aviso, pero debes saber, al menos tú. Dentro de unos días nos pondremos rumbo al hotel. Te lo digo por que espero que tú puedas convencerle entonces de ceder, si no, no solo te mataré, si no que arrasaré el hotel, mataré a todos los que están allí y eso incluye a tu hija.
—No puedes hacer eso. ¿Vas a matar a personas inocentes?

—Yo ya te dije lo que hay. Lo hice por que espero que pienses en algo para convencerlo entonces— Carlos regresó hacia la puerta y antes de salir miró a Katrina. –Que pases un buen día.