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sábado, 19 de noviembre de 2016

NECROWORLD Capitulo 136

Día 30 de Octubre de 2010
Día 853 del apocalipsis…

—Has hecho lo que has podido, no te preocupes— me iba diciendo Luci en el asiento trasero del vehículo mientras cruzábamos las puertas del hotel y veía al resto del grupo salir a recibirnos. –Lo entenderán, Carlos no es esa clase de persona con la que se pueda razonar, pero tenias que intentarlo. Ahora solo te queda…
—¿Cómo los preparo para la inminente guerra que se avecina? Muchos no están ni siquiera preparados. Diga lo que les diga se alarmarán, muchos podrían optar por marcharse, si eso ocurre, nos quedaremos en minoría y eso nos hará todavía más débiles— dije interrumpiendo a Luci. En ese momento vi a Sheila salir también acompañada por Mélanie y Stephanie, por su mirada estaba esperando ver a Rachel salir de uno de los vehículos. Volví a mirar a Luci. —¿Cómo le explico a Sheila que no logré traer a Rachel?
—Supongo que encontrarás la manera. Ahora debes ir a la enfermería y que te curen bien el brazo. Yuriko y yo solo te hemos hecho una cura muy básica.
Los vehículos se detuvieron y yo salí del coche, entonces todos los que estaban allí se congregaron a nuestro alrededor. Unos hablaban con otros, otros miraban por encima de nosotros para ver si venia alguien más.
—¿Qué ha pasado? ¿Dónde están Rachel y las demás?— preguntó Stephanie.
—No pudimos rescatarles— respondí. –Nos atacaron y tuvimos que huir, pero Carlos me aseguró que Rachel, Silvia y Katrina están vivas. Creo que…
—Yo os contaré todo lo que queráis saber, yo también estuve a su lado— me interrumpió Luci. Esta miró entonces a Mélanie y Sheila. –Juanma necesita que le curéis este brazo, llevadlo a la enfermería.
Yo me fui con Mélanie y Sheila mientras Luci se quedaba explicándoles todo lo que había pasado. Cuando llegué a la enfermería, Mélanie me quitó la venda e inspeccionó la herida. —¿Quién te lo ha curado? Ha hecho un buen trabajo.
—Fueron Yuriko y Luci— respondí con un suspiro, entonces miré a Sheila. –Siento no haber traído a Rachel. Carlos nos atacó de repente y tuvimos que huir, aun así no parecía que fuese a ceder, pero dijo que vivían. El único que dijo que murió fue Dylan…— hice una pausa y entonces las miré a las dos. –Carlos sabe donde estamos.
—Eso no es bueno supongo— dijo Mélanie mientras me echaba desinfectante a la herida.
—No. No lo es— respondí mirando a Sheila.
—¿Le creíste?— preguntó en ese momento Sheila. —¿Creíste a tu hermano?
—No sabría que decirte— le respondí sinceramente –Pero por como hablaba… Creo que lo que el pretende es un intercambio. Si es lo que quiere, las necesita vivas. Vendrá aquí y amenazará con matarlas si no le entrego a Eva, a Vicky y a los niños.
—Y supongo que no se la entregarás— respondió Sheila.
—Entregársela no creo que cambiara nada. El ya intentó matarnos allí, aunque se la entregara, no creo que se marchara de aquí tranquilamente, incluso podría largarse y regresar después pillándonos desprevenidos y matándonos a todos. Para el somos una amenaza que hay que erradicar. Si no fuese así no nos habría emboscado— respondí.
—Claro… Si tuvieras que entregar a alguien para salvar a Eva no te lo pensarías tanto— dijo Sheila, después se marchó de la enfermería dando un portazo.
—Se le pasará, es algo normal. Tiene miedo— dijo Mélanie mientras me curaba. –Todos lo tenemos. Entiendo que esté así por que está preocupada por Rachel, pero también te entiendo a ti. No puedes entregar así como así a la mujer que amas y esperar que tu hermano cumpla su palabra. No lo conozco, pero no creo que sea buena persona, de esas que cumplen su palabra. Entonces… ¿Qué otra opción nos queda?
—Carlos sabe donde estamos y vendrá. Se que lo hará. Puede que mañana ya lo tengamos en las puertas del hotel. Cuando eso ocurra intentaré hablar con el, jugaré mis ultimas cartas y si nada de eso funciona…
—¿Qué ocurrirá?
—Que tendremos que matarle. A el y a los que le sigan, habrá que matarlos a todos. Solo así erradicaremos esa amenaza que Carlos nos supone, mientras el siga vivo no nos dejará en paz. Intenté evitarlo allí y lo intentaré una vez más… Pero… Creo que esto solo acabará cuando uno mate al otro.
—Matar a un hermano no es lo mismo que matar a tres tipos cualquiera— respondió Mélanie recordando a Kennedy. Cuando la miré, ella clavó sus ojos verdes en mí. –No te culpo. Tuvisteis que hacerlo, esa gente nos hizo daño y por su culpa muchos murieron— Mélanie hizo una pausa para colocarme la venda nueva. –Pero tampoco puedo evitar pensar que solo buscaban lo mismo que nosotros, sobrevivir, aunque no escogieron el camino correcto de hacerlo, tu si lo haces, aunque tomes decisiones que no son acertadas. En este caso, la decisión de no entregar a Eva es la más acertada.
Me levanté de la camilla para ponerme la camisa y me di la vuelta para mirarla. –Dentro de un rato organizaré una reunión. Se avecina una guerra y hay que prepararse, a los que quieran defender este lugar se les instruirá en manejo de armas más potentes más allá de las pistolas de nueve milímetros. Los que no quieran luchar serán llevados a la casa donde están Eva y los demás. Los llevaré yo mismo tras la reunión.
—Yo me quedaré aquí. Quiero defender este lugar, es mi casa y mataré por ella si hace falta. Solo tengo que aprender a hacerlo sin sentir remordimientos después. ¿Puedes enseñarme a ello? A matar sin miedo… A matar sin mostrar sentimientos.
—Cuando alguien amenaza tu vida y lo matas. No hay sentimientos— respondí. Seguidamente salí de la enfermería y fui al hall principal del hotel, allí Juan y Luci habían reunido al resto. Era algo que ya habíamos hablado mientras regresábamos a Casa. Cuando me vieron aparecer todos me miraron, pude ver caras que expresaban cosas distintas, caras de miedo, de preocupación, de decisión, incluso caras que transmitían odio por no haber podido hacer nada. –Muy bien— comencé a decir. –Iré directo al grano, dejadme hablar y luego decid todo lo que queráis.

Mansión Crawford… Gray…
20:00 horas de la noche…

Eva se encontraba mirando por la ventana de una de las habitaciones, la misma en la que se quedarían ella y los bebés. estos dormían tranquilamente en la cuna que Nina les había traído, la había encontrado en la buhardilla y recordaba haberla visto allí hacía bastante tiempo. Abajo en el exterior, Johana y Nina cerraban las verjas tras trabajar en ellas para impedir que entraran caminantes. La llegada a la mansión había ido bien, no había nada ni nadie, lo cual les hizo fácil lo de tomar la mansión.
Eva estaba preocupada, conocía bien a Carlos y se imaginaba que no les pondría las cosas fáciles al grupo, en realidad no se fiaba de el.
—Mamá— la voz de Vicky hizo que se diera la vuelta. Todavía no se acostumbraba a que Vicky la llamase así.
—Dime— dijo Eva apartándose de la ventana.
—No me gusta este lugar. Deberíamos estar en el hotel esperando a papá y si hace falta, luchando para proteger nuestro hogar, nos costó mucho establecernos allí. No podemos perderlo ahora por que tío Carlos quiera que tu y los bebés os vayáis con el— respondió Vicky.
—Tu padre hace lo que cree que es conveniente para nosotras. El ha ido a ver a tu tío para hablar con el, y evitar que pueda pasar algo malo. Solo quiere arreglar las cosas— respondió Eva sentándose en la cama y cogiendo a Vicky del brazo.  –Lo importante es que permanezcamos aquí hasta que las cosas se solucionen.
—No se solucionarán mamá. Yo se lo que hay que hacer.
—¿A que te refieres?— preguntó Eva.
—Si tío Carlos no estuviera vivo, esto no pasaría. Papá tuvo que matarle cuando tuvo ocasión— respondió Vicky. –Todo sería mucho más fácil.
—No digas eso cariño.
—Es la verdad. Ya no soy una niña, he tenido que madurar mucho y entiendo lo que pasa a mí alrededor. Quizás al principio no entendía del todo las cosas, pero ahora si. El tío Carlos debe morir. Si es necesario le mataré yo misma, yo os protegeré si papá no puede.
—Tu padre juró que nos protegería— respondió Eva sorprendida por la actitud decidida de Vicky.
—Se lo que juró papá, pero tío Carlos no deja de ser su hermano, papá no pudo matarlo antes y tampoco podrá hacerlo ahora. Al fin y al cabo son lazos de sangre lo que les une. Por eso yo iré al hotel.
—¿Qué quieres decir?— preguntó Eva
—Quiero decir que yo iré allí y lucharé cuando vengan. Ya lo he hablado con Johana y me iré con ella— explicó Vicky.
—¿Qué harás que? no puedo dejarte. Johana no tuvo que dejarte.
—Johana también irá a allí y quiero ayudar. Aquí no hago nada. Tu debes quedarte aquí con todos los demás, pero yo iré quieras o no.
—No te dejaré— respondió Eva
—No te estoy pidiendo permiso— respondió Vicky. –Solo vine a informarte— Vicky se alejó de Eva y salió por la puerta de la habitación. Eva también se levantó y la siguió, cuando salió de la habitación, se encontró a Vicky hablando con Johana. Cuando estas vieron a Eva se quedaron en silencio.
—Vicky. A tu habitación— dijo Eva mirándolas a las dos.
—Estoy hablando con ella— respondió Vicky.
—Tranquila, ve a tu habitación y te avisaré cuando vaya a irme. Luego te veo— dijo Johana.
Vicky le lanzó una mirada a Eva y se alejó por el pasillo mientras Johana se acercaba a Eva. Cuando llegó junto a ella se plantó delante. —¿Qué es lo que ocurre?
—Tú eres lo que ocurre. ¿Quién te dio permiso para decidir? No puedes llevártela. No puedes llevarla al hotel. Juanma dio órdenes al respecto.
—Juanma no está aquí. Y Vicky quiere tomar cartas en el asunto. Si es lo que quiere no podemos impedírselo. Tiene derecho a luchar para proteger su hogar.
—Carlos también la quiere a ella. Su presencia en el hotel hará que Carlos vaya a por ella— respondió Eva. –Juanma quiere alejarla de todo eso.
—¿Se te ha olvidado a que más viene Carlos? El viene a por ti y tus hijos. Esto se podría haber evitado si tu no te hubieses abierto de piernas con el— respondió Johana. –Si lo miras desde otra perspectiva… Todo esto tiene que ver contigo, todos nos estamos jugando el cuello por ti. Estamos en esta mansión para protegerte a ti, Juanma se fue a Las Vegas para protegerte a ti y las chicas están donde están por protegerte a ti. Tú no eres la más indicada para decidir aquí. Si Vicky quiere regresar al hotel la llevaré y solo la devolveré aquí si Juanma lo ordena. Eso claro, si han logrado regresar. Ahora si me disculpas, tengo cosas que hacer— Johana se alejó de Eva y esta se quedó pensando.
Johana tenía razón. Todo era culpa suya, todo había surgido desde aquella vez que se acostó con Carlos, si no hubiese pasado eso nunca, quizás Carlos no sería el que era en esos momentos y quizás no estarían en la situación que estaban. Entonces Eva comenzó a tomar una decisión. Una que podría cambiarlo todo.

Hotel…
21:00 horas de la noche…

Lo había contado todo. Era hora de ponerse a trabajar. Para la guerra que se avecinaba había mandado construir unas trincheras cerca de la entrada principal. Sabía que Carlos nos atacaría y sabía que estaba muy confiado, el nos atacaría de frente. Los muros que ya habían comenzado a construirse nos servirían para mantenerlos a raya desde las puertas. Estos eran dobles, se trataba de dos muros con un metro y medio entre ellos, formando de esa manera un pasillo. En las paredes había oberturas para que pudiéramos disparar desde la seguridad que estos nos proporcionaban. La forma era en arco, protegiendo toda la entrada al edificio.
En las ventanas del hotel íbamos a poner ametralladoras, ahí solo estarían los mejores tiradores. Por si no conseguíamos mantenerlos a raya en esa zona y lograban penetrar en el hotel, los recibiríamos con explosivos, los cuales detonaríamos si llegaban a las puertas del edificio, estos solo serían puestos cuando Carlos llegara a las puertas del hotel. El único sitio donde no pondríamos las cargas sería en las puertas que daban a los jardines y huertos de detrás, las demás puertas estarían todas preparadas, Juan sería el que se encargaría de hacerlos detonar. También había hecho colocar cargas explosivas en el túnel de la alcantarilla, allí una detonación causaría grandes daños y dejaría atrapados aquellos a los que no matara.
La instrucción había comenzado en la planta baja del hotel y todos estaban practicando con blancos en movimiento mientras yo los observaba. Les estábamos enseñando a que debían disparar a cualquier punto, pero si no podían acertarles en puntos vitales tenían que dispararles a las piernas o los brazos para neutralizarlos. Eso nos daría unos segundos preciosos.
—Juanma— la voz de Levine hizo que me diera la vuelta.
—Dime Richard— le dije.
—Juan ya está listo para llevarte a la mansión Crawford. Me ha pedido que te lo dijera.
—Gracias— le dije dándole una palmada en el hombro. —¿Sigues tu supervisando las practicas de tiro?— le pregunté.
—Si. No hay problema— respondió. Yo se lo agradecí nuevamente y entonces volvió a llamarme —¿Cuándo crees que llegarán?
—Aun no lo se, pero no creo que se demoren mucho. En los próximos días es muy probable que los tengamos aquí delante. Por eso nos estamos preparando ahora, les estamos esperando.
—Sabes muy bien que un enfrentamiento directo aquí destrozará el hotel… ¿Ya has pensado a donde iremos después?
—La mansión Crawford será un buen lugar temporal. Ese es nuestro plan B. Prepararemos la retirada con varios vehículos en la parte trasera. Serán los que usaremos para largarnos si la cosa se complica— respondí.
—También sabes que muchos morirán. Esto no acabará bien— dijo Levine.
—También lo se. Eso es lo que más me ronda la cabeza, podríamos largarnos sin más, pero eso sería dejar tiradas a Silvia, Rachel y Katrina. Más bien lo hago por ellas— dije finalmente. Después salí por la puerta y me reuní con Juan en el hall principal.
—¿Estás listo?— preguntó Juan.
—Lo estoy— respondí.
Ambos salimos del hall. En el exterior nos subimos a un coche y nos fuimos en dirección a la mansión Crawford.

Las Vegas…
22:00 horas de la noche…

Carlos había organizado una cena en uno de los grandes casinos que había en Las Vegas Strip. Allí se habían reunido todos los residentes de alto estatus en una gran mesa en forma de semicirculo. Lo primero que hizo fue proponer un brindis. Esa cena era algo que tenía previsto desde antes de desterrar a Dorian.
Había ordenado retirar también todos los carteles con la cara de Dorian y había ordenado que hicieran unos con su cara, también había comenzado a ordenar la construcción de una estatua que le representara, definitivamente, Carlos había conseguido uno de sus mayores propósitos, pero la cosa aun no había terminado, le faltaba lo más importante, una mujer y sus herederos.
—Gracias por haber venido. Es un honor y un placer teneros aquí esta noche. Os he reunido aquí hoy en esta lujosa cena por que hoy es el comienzo de una nueva era para todos nosotros— dijo Carlos levantando la copa. Todos hicieron lo mismo y seguidamente bebieron, entonces Carlos prosiguió. –Me gustaría hablaros de los nuevos cambios que tengo preparados. Aumentaré considerablemente el número de soldados. Tenemos muchos, pero aquí todo el mundo debería ser capaz de defenderse. Así que a partir de la próxima semana, comenzara lo que llamaré la escuela militar donde adiestraremos a jóvenes a partir de los diez años. Otra cosa… Dentro de unos días confío en poder ofreceros los primeros avances de la vacuna. Si las cosas salen como espero, dentro de unos meses tendremos una vacuna que muy superior a la que se estaba preparando, esta no tendrá caducidad.
—¿No es la misma que tenían en Manhattan?— preguntó un hombre grueso, calvo y con bigote. Este vestía un traje de etiqueta y junto a su silla descansaba un bastón con un pomo de oro macizo.
—Si, lo es, pero en Manhattan la usaron nada más conseguirla, no contaban con que esta acabara desapareciendo del organismo y volviésemos a estar como al principio, pero si todo sale como tengo previsto, pronto tendremos la fuente inagotable de esta y experimentaremos antes de vacunar a los residentes de la ciudad, por supuesto todos optarán a ella.
—Pensé que ya la teníamos con esa chica, Luci— dijo una mujer totalmente enjoyada.
—Así era, pero Luci se escapó, además era incontrolable e imprevisible. La nueva fuente es una niña, es mucho más fácil de controlar— respondió Carlos.
—¿Vas a usar a una niña para extraer la vacuna?— preguntó un hombre mientras cortaba un trozo de carne y se lo metía en la boca.
—No es una niña cualquiera. Se trata de mi sobrina, ella y Luci, actualmente son las personas más importantes de este mundo, aunque ahora mismo, una de ellas me es bastante prescindible— respondió Carlos.
En ese momento sonó un pitido y Carlos se llevó la mano al bolsillo. Después sacó un aparato, lo miró, sonrió y luego miró a sus invitados. –Debo anunciaros que he preparado un espectáculo para esta noche— la puerta se abrió en ese momento y tras chicas entraron en la sala, eran Rachel, Silvia y Katrina. Estas fueron llevadas a un escenario delante de la mesa. Iban vestidas con lencería de color negro. Justo en ese momento comenzó a sonar la música mientras ellas comenzaban a bailar. –Por favor. Deleitaros con el espectáculo y disfrutad de la noche. Recordad, se miran pero no se tocan.
Katrina observaba a Carlos mientras bailaba y se iba quitando la ropa. Este le sonreía desde la otra punta de la sala y levantó la copa antes de beber. El estaba disfrutando de esa humillación. Katrina miró entonces a sus dos compañeras, ellas también se sentían humilladas, aun así Katrina siguió bailando y desnudándose mientras se juraba a si misma que Carlos pagaría por ello.
Carlos observaba a las chicas y no pudo evitar fijarse en su hermana recién descubierta. Entonces se le ocurrió una idea de hacer daño para vengarse por lo que ocurrió en las puertas de Las Vegas. Se le ocurrió algo que haría mucho daño a Juanma.

Mansión Crawford…
Gray…
22:30 horas de la noche…

Juan detuvo el vehículo delante de las verjas de la mansión y bajamos. Enseguida vino Johana a abrirnos las puertas. Nada más ver a Juan se abrazó a el y le besó en los labios, después vino a abrazarme a mi.
—¿Cómo os ha ido?— preguntó ella. Se nos quedó mirando y volvió a hablar. –Por vuestras caras diría que no muy bien.
—Ahora te lo contaré todo— dijo Juan.
—¿Dónde están Eva y Vicky?— pregunté.
—Están dentro cenando. Iba a ir al hotel después de cenar— Johana hizo una pausa. –Por cierto. Tu hija quiere estar en el hotel, me ha pedido que la lleve, yo le dije que si y Eva no está de acuerdo. Tú tienes la última palabra.
—Hablaré con ellas— dije yo al tiempo que entraba.
Los tres avanzamos hacia la puerta principal, justo antes de llegar, Vicky salió corriendo y vino a abrazarme. Yo la recibí con los brazos abiertos.
—¡¡¡Papá!!! Me alegro mucho de verte— dijo Vicky con una sonrisa.
—Y yo de verte a ti. Te he echado de menos— respondí. Esta volvió a abrazarme y entonces me hizo daño en la herida del brazo. Yo emití un leve gemido y ella se dio cuenta. —¿Qué te ha pasado en el brazo?
—Solo es una herida. Una más que se suma a todas las que tengo. Vamos a dentro— dije caminando junto a los demás, una vez dentro cerramos la puerta y entonces vi a Eva bajando las escaleras. Cuando me vio, bajó corriendo y me abrazó.
—Tenía miedo de no volver a verte.
—Yo también lo temía. ¿Habéis cenado?— pregunté.
—Si. Ya hemos cenado, algunos de los niños ya duermen. ¿Vosotros habéis comido algo?
—Este si que comerá algo ahora— dijo Johana pasando a mi lado tirando de Juan y subiendo por las escaleras.
—No me lo canses demasiado— dije antes de que los perdiéramos de vista. Después miré a mi familia, más concretamente a Vicky. –Johana me ha dicho lo que quieres y las respuesta es no. Es demasiado peligroso.
—Papá. No es justo— se quejó Vicky. –Ya no soy una niña. Dejad de tratarme como tal. Soy más madura que muchas de las que se han quedado en el hotel. Se disparar mucho mejor que ellas.
—Eso lo se. Por eso mismo estás aquí. Eres lo bastante mayor como para proteger a tus hermanos. Las cosas en el hotel pueden salir mal y si eso ocurre, quiero saber que cuento contigo aquí, protegiéndolos— le puse la mano en la cabeza y le acaricié el pelo. –Ahora ve a dormir y descansa. Mañana hablaremos más tranquilamente, ya que pasaré aquí la noche.
Vicky me dio un beso en la mejilla y subió por las escaleras mientras que yo me quedaba a solas con Eva en las escaleras.
—¿Qué pasa? Por tu cara se diría que las cosas no salieron bien— dijo Eva.
—Tienes toda la razón ¿Dónde podemos hablar tranquilamente?— pregunté.
—Ven. Aquí al lado hay una biblioteca— dijo Eva. Seguidamente me llevó hasta la mencionada biblioteca. Era una habitación bastante grande. Había varios sillones en torno a una mesita, varias estanterías llenas de libros y un piano en una esquina. Una vez allí comenzamos a hablar. Se lo comencé a contar todo.

Día 31 de Octubre de 2010
Día 854 del apocalipsis…
00:15 horas de la madrugada Las Vegas Strip…

Carlos se encontraba en su casa bebiéndose un vaso de vino. Entonces llamaron a la puerta y el ordenó que pasaran. Eran Butch y Katrina, ella aun iba vestida con la misma ropa que se había quitado durante la cena. Carlos los miró.
—Gracias Butch. Puedes irte.
Butch se fue y Katrina se quedó allí plantada de pie. Miró a su alrededor buscando algo que pudiera usar como arma mientras Carlos estaba desprevenido llenando una segunda copa.
—¿Por qué querías verme?— preguntó Katrina.
—Ponte cómoda— dijo Carlos sin darse la vuelta. Al ver que no se movía se dio la vuelta y la miró con una sonrisa. –Es inútil. No hay nada que puedas usar como arma y aunque lo encontraras… No podrías hacer nada— dijo Carlos señalando una cámara. –Entrarían a dispararte. Siéntate.
Katrina caminó hacia uno de los sillones y se sentó, segundos después Carlos se sentó a su lado y le dio la copa de vino.
—¿Qué es lo que quieres ahora?
—Felicitarte por tu actuación. Lo has hecho muy bien— la felicitó Carlos. –Quería saber si me harías un baile privado.
—¿Qué?— preguntó Katrina estupefacta.
—Un baile privado, pero primero bebe— dijo Carlos.
Katrina bebió un trago y seguidamente se levantó. Se quedó frente a Carlos y este le hizo un gesto para que empezara. Katrina comenzó a contonearse lentamente mientras se iba quitando la ropa. Tuvo que cerrar los ojos para no mirar a Carlos, aunque eso no impidió que las lágrimas comenzasen a deslizarse por sus mejillas. Primero se quitó el sostén dejando sus pechos al descubierto. Carlos la miraba con una sonrisa de oreja a oreja y asintió. –Lo estás haciendo muy bien. Quítatelo todo— dijo Carlos mientras se quitaba el cinturón. Katrina siguió moviéndose y finalmente se quitó las bragas, quedándose totalmente desnuda. Ella miró a Carlos y vio que el también se había quedado desnudo. –Ven aquí y siéntate a mi lado— Katrina obedeció y caminó hacia el sofá. Una vez allí, Carlos le ordenó que se tumbara.
—Por favor… No…— suplicó Katrina. –Somos hermanos.
—Ya lo se— dijo Carlos. –Ahora túmbate- Katrina hizo lo que Carlos le ordenó y se tumbó. Fue en ese momento cuando Carlos le separó las piernas y se puso sobre ella. Katrina cerró los ojos cuando notó que entraba dentro de ella. Carlos la obligó a mirarle mientras la penetraba. –Quiero que pienses en Juanma. Quiero que veas que todo esto es culpa suya, quiero que cuando te vea, sepa lo que te he hecho.
Katrina volvió apartar la mirada y lloró amargamente. Se sentía humillada, y todavía se sintió peor cuando Carlos eyaculó dentro de ella.