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sábado, 3 de diciembre de 2016

NECROWORLD Capitulo 138

Día 1 de Noviembre de 2010
Día 855 del Apocalipsis…
09:00 horas de la mañana… Las Vegas…

Carlos estaba observando satisfecho como varios de sus hombres hacían grandes avances en el campo de tiro. Pronto estarían listos, pero él quería salir como muy tarde al día siguiente. Según tenía entendido, el hotel estaba cerca de Macon, y desde Las Vegas, había unas treinta horas de viaje. Era un viaje demasiado largo y quería que pasase cuanto antes. Siguió paseando y llegó hasta el hangar donde  estaban preparando los vehículos que usarían. Allí había varios  coches blindados y algunos de sus hombres estaban poniéndolos a punto. Cuando lo vieron llegar, uno de los mecánicos se acercó a saludarle.
—Buenos días señor. Como ve, casi lo tenemos todos a punto.  Tenemos ocho vehículos blindados y un par de jeeps a los que les estamos soldando unas ametralladoras  en la parte trasera.
—¿Y qué pasa con esos?— preguntó Carlos señalando unos vehículos que estaban apartados y nadie trabajaba en ellos.
El mecánico se rascó el bigote y lo volvió a mirar.—Esos… No estamos trabajando en ellos.
—Eso ya lo veo. ¿Puedo preguntar porque?
—No creí que los necesitáramos— respondió el mecánico.
—No creíste ¿Eh?... Aquí soy yo quien da las órdenes. Quiero más vehículos y me da igual lo que tú, creas. Ponte a trabajar en ellos ahora mismo. Los quiero listos  antes del anochecer, así que será mejor que te des prisa si no quieres pasar la noche fuera, al otro lado de los muros. ¿Me explico?— preguntó Carlos.
—Si señor— respondió el mecánico saliendo corriendo mientras daba órdenes a otros hombres. Estos enseguida comenzaron a trabajar en los vehículos que estaban parados.
Carlos siguió paseando por el hangar hasta que llegó a una puerta que daba al exterior. Enseguida se encontró en una pista de aterrizaje para helicópteros. Allí había varios hombres trabajando en un helicóptero militar bajo la custodia de Butch. El helicóptero era militar, por lo visto había pertenecido a los Seals, al menos, hasta que el mundo se fue al infierno.
—¿Cómo va?— preguntó Carlos
—Va bien. Pronto levantará el vuelo. Creo que has tenido una idea acojonante con lo de usar este trasto. Seguro que no se lo esperan— respondió Butch cruzándose de brazos mientras miraba el aparato metálico.
—Mi hermano no es tan estúpido. Sabe que atacaremos de frente, porque sabe muy bien cuál es mi forma de pensar. Y es por eso que sé que ya deben estar esperándonos— Carlos hizo una pausa. –Y se deben estar preparando para recibirnos en las puertas. Sé que mi hermano tratará de convencerme de terminar con esto. De hecho, sé que Eva intentará parar esto… Y entonces será capaz de hacer y decir cualquier cosa por pararlo, pero no servirá de nada.
—¿Qué es lo que quieres decir?— preguntó Butch.
—Quiero decir que pase lo que pase, Eva vendrá con nosotros y no habrá nadie que nos lo pueda impedir. Los días de mi hermano están contados.
—¿Entonces matarás a las rehenes?— preguntó Butch.
—Claro, pero todo a su tiempo. No es necesario hacerlo aun. Todavía no— respondió Carlos.
—¿Matarías a tu hermana?— preguntó Butch.
—Es un mal polvo que echó mi padre, solo eso. Y de mi familia ya no queda nadie más a parte de ella y Juanma. Nadie les echará de menos cuando desaparezcan.
—Eva si lo hará— dijo Butch con una sonrisa.
—Eva no dirá ni mierda— respondió Carlos. –Voy a seguir supervisando esto. Que llenen el helicóptero de munición y que tiren todo lo que no nos sirva para nada.
—A la orden— respondió Butch mientras Carlos se alejaba. En el fondo, Butch tenía la sensación de que las cosas se iban a poner peor de lo que esperaban. Así eran las guerras.
*****
A Silvia y Rachel las habían trasladado de sitio más de tres veces. El último sitio donde las habían metido era la parte trasera de un camión. Allí las habían esposado y obligadas a sentarse en el suelo. Rachel estaba sentada frente a Silvia, aún faltaba Katrina, a la  que no habían vuelto a ver desde que Carlos la mandara llamar después de lo del baile.
—¿Qué harán con nosotras?— preguntó Silvia mirando a Rachel en la oscuridad. Tan solo había una tenue luz que se filtraba a través de los agujeros que había en las paredes de aquel lugar.
—¿No es evidente? Somos la moneda de cambio. Irán al hotel y nos ofrecerán a cambio de Eva, Vicky y los bebés. Ese es su plan— respondió Rachel.
—Pero eso es absurdo— replicó Silvia. –Juanma nunca cederá a lo que Carlos le pida. Eso nos condenará.
—Ya estamos condenadas de todos modos. ¿Acaso piensas que nos dejarán vivir? Nos matará en cuanto tenga ocasión. Él es así.
—Todo es culpa mía. Tendría que haber venido yo sola a este lugar. Nunca tuve que dejar que me acompañarais. Era asunto mío… Y al final no ha servido para nada. Mi hija no está aquí. Puede  que lo estuviera, pero ya no.
En ese momento la puerta del camión se abrió y entraron dos hombres, estos iban empujando  a Katrina. La cual parecía que tenía la mirada perdida. La obligaron a sentarse y la esposaron como a ellas. Cuando Rachel la miró bien, les lanzó una mirada.
—¿Qué es lo que le habéis hecho? Está en estado de shock.
—Ya estaba así antes de traerla. Si quieres saber lo que le ha pasado, pregúntaselo tu misma— respondió uno de los hombres. Después estos salieron del camión y las dejaron a las tres solas.
Rachel se inclinó hacia delante. –Kat. ¿Estás bien? ¿Qué te han hecho? Katrina. Kat, mírame— en ese momento, los ojos de Katrina se movieron y se clavaron en Rachel.
—Fue Carlos. Yo no quería… Pero me llamó a su habitación después de lo del baile y me pidió que bailara solo para el… Y que me desnudara… Luego me hizo tumbarme a su lado mientras se desnudaba. No pude evitarlo. El me…
—Es un cabrón. Juro que se lo haré pagar. Lo juro— gritó Rachel para que se le escuchara. Ese maldito Carlos era un maldito depravado. Un ser despreciable que merecía una muerte lenta y dolorosa.

Las Vegas…
21:00 horas de la noche…

Carlos salió al escenario donde le esperaba el micrófono que iba a dar. Delante del escenario había un centenar de hombres y mujeres. Todos ellos preparados para emprender el viaje que los llevaría a una guerra que  cambiaría todo para siempre, algunos, especialmente los más jóvenes, temblaban de miedo ante la idea de una muerte casi segura.
—Buenas noches a todos. Me alegra teneros aquí esta noche. Todos estáis listos y preparados. Mañana a primera hora de la mañana, partiremos rumbo al hotel que hay cerca de Macon, con la misión de recuperar a mi mujer e hijos.  Es de esperar que no nos recibirán con los brazos abiertos. Aunque primero ofreceré el intercambio de las tres rehenes. Si no ceden, prepararos para la guerra. No voy a engañaros. Es más que probable que muchos no logréis regresar con vida, pero caeréis con orgullo por haber luchado— decía Carlos.
Butch observaba el discurso desde la lejanía, estaba cruzado de brazos. Su compañero Daniel apareció en ese momento a su lado.
—Es todo un líder. ¿No crees? Sin embargo. Creo que se le fue un poco la olla con todo eso de la tal Eva. Nos está metiendo en una guerra por una tía. Espero que por lo menos sea espectacular. ¿Me estás escuchando?
Butch miró a Daniel. –Tengo un mal presentimiento sobre todo esto, pero cualquiera le lleva  la contraria a ese grillado. Esa gente a la que atacaremos no son unos cualquiera, saben cómo defenderse y sobrevivir. No se dejarán chantajear ni manipular. Sea cuando sea que empiece el jaleo, la mayoría de los que están aquí presentes, morirán. Conozco bien a la mayoría de ellos.
—¿Insinúas que nos matarán?— preguntó Daniel.
—Más bien lo afirmo, pero yo no pienso morir, si veo que las cosas se ponen demasiado feas me daré  el piro y que le den por culo a ese tarado. No me fui con él para esta mierda.
—Si te pilla desertando te mandará matar, eso claro si  no lo hace el mismo. Créeme, estoy seguro de que no le temblará el pulso si tiene que matar a alguien— respondió Daniel. –Pero coño, yo confío en el. Seguro que sabe lo que hace, coño, si hizo lo que muchos queríamos, hizo largarse al cabronazo  de Dorian. Yo pienso seguirlo hasta el final.
—Allá tú— dijo Butch mirándolo. –Supongo que te echaré de menos cuando estés muerto.
—Estás muy negativo— respondió Daniel mientras Carlos seguía con su discurso.
—Mañana a primera hora de la mañana, nuestro convoy  saldrá de Las Vegas, pero  no atacaremos inmediatamente. Montaremos  nuestro campamento a unos diez kilómetros de distancia del hotel. Dividiremos en dos oleadas nuestro ataque. Estaremos comunicados por radio— Carlos hizo una pausa. –Tenéis que saber que esa gente son un hueso duro de roer. Los dirige mi hermano y nos deben estar esperando. No quiero tomar prisioneros, cuando la guerra empiece,  quiero que disparéis a matar. No importa si es una mujer o un niño, todos los que están en ese hotel son enemigos. Bien ¿Alguna pregunta?
En ese momento una mujer levantó la mano. —¿Y qué ocurrirá si se rinden y ceden?
—En ese caso, no habrá guerra— respondió Carlos —¿Más preguntas?— nadie hizo más preguntas y Carlos dio por finalizada aquella reunión. –Buenas noches. Id y descansad, mañana partimos.

Día 1 de Noviembre de 2010
Día 855 del Apocalipsis…
07:00 horas de la  mañana…

Todo estaba listo para la partida. Todo el convoy estaba en las puertas principales de Las Vegas. Había más de dos docenas de vehículos blindados del ejército americano. Varios jeeps con ametralladora soldada en la parte trasera, dos camiones que iban cargados de armas y municiones, el camión donde llevaban a las rehenes y un camión que transportaba el helicóptero militar.
Carlos comenzó a caminar entre sus hombres. Llegó  al primer vehículo de la fila y se dio la vuelta para mirar a todos sus seguidores. Levantó el puño  en el aire y gritó con todas sus fuerzas.
—¡¡¡¡En marcha!!!!
Carlos se subió al primer vehículo y las puertas de Las Vegas se abrieron, seguidamente todos los vehículos comenzaron a cruzarlas. Eran muchos los que seguían a Carlos a la guerra, pero eran muchos más los que se quedaban protegiendo sus muros. Carlos no quería arriesgarse a dejar la ciudad desprotegida, al fin y al cabo, Dorian podría  regresar, aunque estuviera solo. De hecho, Carlos sospechaba que  en la ciudad aún podría quedar alguien que en secreto, le siguiera siendo leal.
*****
Silvia estaba medio dormida cuando notó el movimiento. Se levantó sobresaltada y miró en todas direcciones. No tardó en mirar a Katrina y Rachel.
—¿Qué está pasando ahora?
—Nos movemos. No estoy segura, pero creo que nos están llevando al hotel. He escuchado mucho jaleo ahí fuera. Nos llevan de vuelta a casa— respondió Rachel.
—Nos llevan directas a una guerra— añadió Katrina levantando la cabeza.
Rachel asintió. –Y nosotras somos algo así  como una pieza clave. Nosotras a  cambio de Eva, Vicky y los bebés, pero sé que Carlos no lo dejará estar ahí y atacará. Él no quiere vivo a nadie de nuestro grupo. Su única intención es matarlos a todos.
—Esto es el final— respondió Katrina –No descansará. No hay quien lo pare.
—Sí que hay una manera— dijo Rachel –La única manera de que esto acabe de una vez por todas, es que Carlos muera. Ese bastardo debe morir, y sé que Juanma tendrá que tomar esa decisión. Nosotras aún tenemos una oportunidad y yo no pienso rendirme. Sé que Sheila está viva y debe estar allí, quiero volver a verla. Pase  lo que pase no pienso rendirme.
—Ni yo. Mi hija está viva en algún lugar— dijo Silvia. –No descansaré hasta encontrarla, no me importa si tengo que recorrer medio mundo, mataré a quien se cruce en mi camino e intente detenerme.
—Yo tampoco me voy a dar por vencida. Quiero volver junto  a mi hija, y si es posible, si  se me presenta la ocasión. Yo misma mataré a Carlos. Él me ha humillado. Le haré pagar lo que me hizo.
—Solo tenemos que ser pacientes y esperar nuestra oportunidad— dijo Rachel.

Día 3 de Noviembre de 2010
Día 857 del Apocalipsis…
Hotel… 12:00 del mediodía…

—Son blancos móviles maldita sea. Y estos no son caminantes estúpidos. Son personas con capacidad de raciocinio. No podéis dudar ni un solo segundo. ¿Me habéis entendido?— gritaba Juan mientras adiestraba a los que practicaban disparando. –Carlos y los suyos  estarán aquí delante cualquier día y no dudarán en matarnos a todos. Espabilad— yo lo observaba desde la puerta, a mi lado estaba Faith.
—Algunos de ellos no están preparados y Juan los está llevando al límite— dijo la muchacha.  –Dice que los sacará fuera si hace falta para que disparen a caminantes. Eso podría provocar muchas bajas.
—Puede que Juan esté siendo duro, pero si no lo es, ellos no se lo tomarán en serio. Tienen que estar preparados. Carlos vendrá con un ejército. Y este será de personas, estos piensan y nos tenderán emboscadas si pueden. Deben aprender a defenderse en cualquier situación. Lo necesitan si quieren sobrevivir más adelante.
En ese momento, un joven comenzó a hablar. –Creo que se me encasquilló el arma— el joven se dio la vuelta con el arma en alto y  todos los que estaban a su lado se tiraron al suelo. Cuando Juan lo vio, se acercó a él, le quitó el arma rápidamente y lo empujó.
—¿Se puede saber qué coño estás haciendo? Si se te encasquilla el arma, la dejas en el suelo y me llamas. No te des la vuelta apuntando a la gente. Podría haberse disparado.
—Lo…Lo siento. Lo olvidé— replicó el chico desde el suelo.
—Vuelve a cagarla de ese modo y me olvidaré de dejarte ahí fuera sin armas. ¿Queda claro?
—Si señor— respondió el chico volviendo a la formación.
Faith en ese momento sonrió. –En realidad está disfrutando como un enano. Tiene en sus manos a todo un pelotón. Me recuerda un poco al sargento de “La chaqueta metálica” con tanto grito.
—Por eso quiero que  sea Juan quien los adiestre. Nadie lo haría mejor que el— respondí.
—Oye. Quizás no debería preguntarte esto, pero tengo ciertas dudas. Al igual que otros.
—Dispara— dije mirando a Faith.
—Hemos reforzado las defensas del hotel. Las barricadas están terminadas, los vehículos están listos para una retirada si se diese el caso. Los nidos de ametralladora están listos también y colocados donde dijiste. Los explosivos colocados también, pero la gente sigue pensando que no será suficiente. Algunos tienen miedo. Quiero que me digas algo que transmitirles. Quiero que me ayudes a convencerlos de que todo saldrá bien.
—No puedo hacer eso. Porque ni yo mismo lo sé. No sé qué ocurrirá una vez mi hermano y su ejército estén al otro lado de la valla. Sinceramente no tengo la menor idea de lo que nos espera, simplemente sé, que mi hermano atacará con todo lo que tenga a mano. De todos modos daré una reunión más tarde. De todos modos, sea como sea, estamos en minoría. Y seremos todavía menos cuando mande a algunos a la mansión Crawford,  también los que están allí necesitan estar protegidos.
—Lo estarán. No te preocupes— respondió Faith.
—Voy a hablar con Mél y Sheila. Necesito más antibióticos para la herida  del brazo. Ayuda a Juan— le dije al mismo tiempo que salía por la puerta. Di unos cuantos pasos y entré en  la enfermería.
—¿Cómo va todo?— preguntó Mélanie —¿Hay progresos?
—Los hay, pero algunos están asustados. No puedo culparles— respondí— —Venía a por antibióticos en capsula. Se me han acabado.
Mélanie caminó hacia un armario, lo abrió, sacó un bote y me lo pasó. –Aquí tienes, pero no deberías hacer esfuerzos. La herida podría abrírsete. De hecho, creo que tú también deberías estar en la mansión. No estás para demasiados trotes.
—Yo no puedo irme. Debo permanecer aquí. Si Carlos no me viese, podría atacar sin pensárselo dos veces. Mi plan es por lo menos aplazar el enfrentamiento todo lo posible. Sin embargo, una de vosotras dos, sí que debería estar en la mansión. Recordad que Alicia está embarazada y allí, os necesitará si pasa algo.
—¿No  está David con ella?— preguntó Sheila.
—Sí, pero David volverá más tarde aquí. El estará al frente con Juan, con Luci y conmigo cuando empiece la fiesta.
—Yo no puedo irme— dijo en ese momento Mélanie. –debo estar aquí para ayudar a los heridos.
—Yo tampoco me iré. Ese mal nacido traerá a Rachel y quiero recuperarla— dijo Sheila.
—No sabemos lo que hará Carlos. Aun es…
—Nos quedamos. Los heridos nos necesitarán— respondió Mélanie. –Alicia estará bien. Yo luego tengo turno en la galería de tiro además.
—Está bien. Voy a fuera. Luego más tarde haré una reunión. Os veo ahí.
Salí de la enfermería y me dirigí al exterior, por el camino me crucé con varios miembros del grupo, todos me saludaron, incluidas Tamara y Arianne, ellas me habían odiado y culpado cuando su padre murió, pero cuando todo se aclaró, habían pasado a ser miembros fundamentales de nuestro grupo. Ambas eran grandes expertas con armas de fuego. Iban a ser ellas quienes se encargarían de estar en la azotea con rifles de francotirador.
Caminé por la plaza central del hotel hasta una de las torretas, subí y allí me encontré con Alexandra.
—¿Se ve algo?— pregunté.
—No. Nada— respondió. —¿Quieres mirar?— preguntó ofreciéndome los prismáticos.
Yo acepté y los cogí, me los llevé a los ojos y no vi nada más allá de unos caminantes solitarios que deambulaban sin rumbo. Nada más. Carlos iba a venir por allí, atacaría de frente muy confiado de sí mismo y también con la intención clara de desafiarme. Solo faltaba saber cuándo aparecería, pero cuando eso ocurriese, la batalla empezaría de forma inevitable. Lo único que podía hacer era ganar tiempo si veía que teníamos las de perder.

Día 4 de Noviembre de 2010
Día 858 del Apocalipsis…
Macon… 20:45 horas de la noche…

Carlos y su grupo habían montado su campamento entre Macon y Atlanta. Una vez allí habían encontrado los restos del grupo que partió llevándose a Sheila. Tal como había sospechado, aquella maldita había logrado escapar cuando los caminantes invadieron el campamento. Una vez allí, obligaron a que una de las chicas les indicara la dirección del hotel. Fue a Silvia a la que obligaron, ella pudo haber mentido, pero eso no les hubiese servido de nada. Estaban a su merced.
La noche fue llegando en el campamento. A su alrededor habían levantado vallas de alambre de espinos, aunque los caminantes aparecieran, no podrían cruzarlas. Era hora de seguir planeando y Carlos reunió a Butch y a  otros en su tienda de lona.
—Muy bien. Nosotros estamos aquí— dijo Carlos señalando con un punto en el mapa que tenía sobre la mesa. –Y el hotel de mi hermano está aquí. Están a unos nueve o diez kilómetros de donde estamos nosotros.
—¿Iremos ahora?— preguntó Butch.
—No. Todavía no. Pero mañana, a esta misma hora, estaremos delante de las puertas del hotel— respondió Carlos. –Esta noche la emplearemos para terminar de prepararnos. Quiero todas las armas cagadas y a todos los hombres y mujeres frescos. Así que esta noche olvidaros de follar. Si pillo a alguien incumpliendo mis órdenes, estará muerto antes de que pueda siquiera explicarse. ¿Os ha quedado claro?— todos asintieron y Carlos continuó hablando. –Ahora lo importante. La primera oleada, constará de quince blindados con cuatro hombres en cada uno, armados con lanzagranadas y rifles de asalto. Luego en un vehículo iremos Butch y yo con las tres rehenes. Será lo primero que haremos. Pase lo que pase, entreguen o no a Eva y a los críos. Atacaremos con todo lo que tengamos. Los blindados atravesaran las puertas y se colocaran en modo de barrera. Los que vayan dentro saldrán y comenzarán a descargar una lluvia de balas y granadas sobre la fachada. Eso los hará salir corriendo como ratas. Mientras eso ocurre, quiero que el helicóptero se prepare y venga hasta allí, lanzareis bengalas para que sepan dónde estamos. Quiero quince hombres a bordo de ese pájaro, los cuales descenderán en la azotea y entrarán dentro del hotel matando a todos los que se crucen en su camino. No quiero prisioneros.
—¿Y si es con tu hermano con quien nos cruzamos?— preguntó Butch.
—Oh si— Carlos sacó una foto de su hermano y la puso sobre la mesa. –Este es mi hermano, para los que no sepáis quien es. Si os  lo cruzáis, ni se os ocurra matarlo. Él es mío. ¿Entendido?— todos asintieron y Carlos se guardó de nuevo la foto. Iba a seguir hablando cuando uno de sus hombres apareció en la puerta. Carlos se lo quedó mirando. —¿Qué cojones quieres? Por tu bien espero que sea importante.
—Será mejor que venga señor— respondió el joven.
Carlos siguió al joven hasta el exterior y allí vio a varios de sus hombres congregados. Estos estaban observando y apuntando a varios tipos que habían aparecido allí de repente. Carlos se abrió camino a través de sus hombres seguido por Butch. No tardó en ver a varias personas allí paradas. La mayoría presentaban un aspecto deplorable, incluso llegó a ver a alguno que por el aspecto, tan solo le quedaban horas de vida. Los observó uno por uno y se quedó mirando a un tipo gordo. Parecía que era el único que no había pasado hambre. Aquel tipo lo miró a él.
—¿Eres  tu quien está al mando aquí?
—Así es. ¿Quién o qué coño sois vosotros?— preguntó Carlos apuntando al tipo a la cabeza con una pistola. –Deprisa. Habla.
—Mi nombre es Malaquías. Yo estoy al mando de este grupo de infelices almas. Llevamos tiempo dando vueltas por aquí. Vimos luces y nos acercamos con la esperanza de que se apiadaran de nosotros y nos dieran algo de comer.
En ese momento apareció uno de los hombres de Carlos y se acercó a hablarle al oído. –No parece  que haya más.  Lo único que he encontrado son algunos cuerpos tirados por ahí.
—Son aquellos a los que perdimos por el camino. Todos moriremos si no nos dan de comer— dijo Malaquías. –Por favor. Solo un poco de comida.
—Hablas como si estuvieses hambriento, pero por tu aspecto se diría que eres el único que come mientras tus hombres mueren de hambre. ¿Qué te hace pensar que vamos a darte algo? No nos importa.
—Pensé que sería un buen hombre— replicó Malaquías –Pero parece ser que ya no quedan buenas personas en este mundo. Solo nos queda que dios se apiade de nosotros. Ni siquiera nos dejaron quedarnos en ese hotel a pesar de que les sobra sitio. Su líder nos echó de allí condenándonos a muerte.
Carlos se quedó mirando a aquel tipo con expresión de sorpresa. –Espera. ¿Hablas del hotel que hay en esa dirección?— preguntó Carlos señalando en la dirección que Silvia le había dicho.
—Así es. Sé que cometimos un error con ellos, pero no nos perdonaron… Y su jefe…
—Su jefe… ¿Era este?— preguntó Carlos mostrándole la foto de su hermano.
Malaquías agarró la foto y la miró atentamente hasta que dejó ver una mueca de odio casi enfermizo. –Sí, es el. Yo maldigo a ese maldito. Tuvimos que matarlo a él y a su puta mujer… Y a sus hijos.
Carlos recuperó la foto y miró a Malaquías  con una sonrisa. –Vaya. ¿Quién lo iba a decir? Yo también odio este tipo, de hecho, pronto le haremos una visita y acabaremos con él.
—¿De verdad? Veo que tenemos algo en común. Podríamos ir juntos al hotel y acabar con él, pero no lo mataremos enseguida. Tengo un plan mejor. ¿Quieres escucharlo?
—Coño. Claro que si— respondió Carlos con una sonrisa.
—El mató a sangre fría a tres buenos hombres y luego los exhibió mientras nos echaba de allí y nos amenazaba. Por eso, la mejor venganza, es que matemos a su mujer Eva y sus hijos delante de él.  Incluso ella no tendría por qué morir inmediatamente. Ella incluso podría servirnos de diversión.
Carlos volvió a sonreír. –Claro que sí, primero te la tiras tú y después yo.
—O en el orden que quieras. Puedes hacerlo primero tú y después yo. O los dos a la vez— comenzó a reír Malaquías.
—Por supuesto que si— dijo Carlos dando unos pasos hacia Malaquías. Le pasó  la mano por detrás de la nuca. –Y ahora claro te invito a mi tienda a comer todo lo que quieras. Tenemos mucho en común mi obeso amigo. No sabía que había alguien que odiara tanto como yo a mi hermano— En ese momento Malaquías puso cara de desconcierto— Tanto que hasta se follaria a Eva delante de él. Y a sus hijos también ¿Verdad? Tú tienes pinta de que te gustan los niños ¿Eh? Cuanto más jóvenes mejor ¿No? Después podemos montar una fiesta y caminar juntos de la mano— Carlos siguió riendo  de manera histérica mientras agarraba con más fuerza la nuca de Malaquías. Justo en ese momento, Carlos sacó un cuchillo y lo clavó varias veces en el vientre de Malaquías mientras este, sorprendido a la vez que asustado, abría los ojos de par en par. Carlos soltó a Malaquías y este dio unos pasos hacia atrás mientras se tapaba la herida. –Acabad con estos montones de mierda— ordenó Carlos apuntando a Malaquías y a los suyos con el cuchillo manchado de sangre. Los disparos no tardaron en comenzar a sonar y los cuerpos de los nómadas comenzaron a caer abatidos, en pocos segundos, el suelo del campamento se llenó de cuerpos y charcos de sangre. Tan solo Malaquías, a pesar de estar herido de gravedad seguía vivo. Carlos se acercó a él con la pistola en la mano.

—Estaría loco de atar si uniera fuerzas con una ballena como tú— Carlos en ese momento le disparó varias veces y el cuerpo de Malaquías quedó inmóvil. Después, Carlos miró a sus hombres. –Sacad estos despojos de aquí. Luego iros a dormir, mañana será un gran día.