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sábado, 20 de mayo de 2017

NECROWORLD Capitulo 156

Día 21 de Diciembre de 2010
Día 906 del Apocalipsis…

Habían pasado varios días desde el incidente con la doctora Green. Después de lo ocurrido, con el amanecer y amaino de la tormenta, habíamos regresado al hospital. Allí, Eva y yo les habíamos dado nuestra versión de lo ocurrido con la doctora. Nadie hizo preguntas y los días transcurrieron hasta el día de la partida hacia Thomaston.
Amparo, Keity, David, Luci, Vicky y yo andábamos por  el bosque. Hacía dos horas que habíamos abandonado el hospital y el tiempo, por el momento, no amenazaba con fuertes tormentas. Nos habíamos despedido de todos los que estaban en el hospital y habíamos emprendido nuestro viaje, con la promesa de volver lo antes posible, aunque a nosotros aun nos quedaban horas de viaje.
Vicky estaba completamente ilusionada. Tanto, que se acercó a Amparo y comenzó a hacerle preguntas sobre como era el colegio allí en Thomaston. Vicky le contaba como era el colegio en Manhattan y como le había ido allí.
—No te preocupes preciosa. El colegio de Thomaston es el colegio perfecto del nuevo mundo. Incluso podrás estudiar una carrera si tú quieres. Cuando lleguemos, le pediré a mi hija que te enseñe el colegio.
—¿Qué edad tiene?— preguntó Vicky.
—Es un poco más mayor que tu, pero os llevareis bien— respondió Amparo.
Yo me adelanté un poco y me puse justo a su lado, miré a Vicky. –Vamos a hablar en privado. ¿Nos dejas solos un momento?— Vicky asintió y yo miré a Amparo. –Está muy emocionada con esto. Supongo que quiere tener una vida normal, sin tener que ver muerte cada día. Es lo que buscamos todos.
—Te entiendo— respondió Amparo. –Yo también lo busco. Por eso fundé la comunidad de Thomaston. Por que todos buscamos, quizás no volver a lo que una vez fuimos, pero al menos, algo parecido. Una vida donde no tengamos que dormir con un ojo abierto y un cuchillo debajo de la almohada.
—Me temo que eso nunca llegará a pasar del todo. Siempre habrá alguien que no buscará lo mismo que nosotros y seguirá sus propios intereses por puro egoísmo— miré que Vicky se alejó de nosotros y volví a dirigirme a Amparo. –La historia que conté sobre la doctora… No fue exactamente así. Digamos que lo conté a mi modo.
—¿Me vas a contar a mi lo que pasó de verdad?— preguntó Amparo.
—Quiero ser sincero contigo— respondí –Lo que ocurrió, fue que aun habiéndose rendido, acabé con su vida. Lo hice por que era peligrosa y no quería arriesgarme a que ocurriera algo similar. Le disparé tres veces. La odiaba por que quiso matar a mis hijos.
—Lo entiendo y acepto. Creo que habría hecho lo mismo que tu, pero sigo sin entender el porque me lo estás contando— dijo Amparo.
—Por que es necesario que sepas lo que puede pasar si resulta que esto es una trampa y nos pones en peligro. Quiero que sepas de todo lo que soy capaz de hacer por proteger a todas esas personas a las que quiero. Simplemente, no intentes jugármela.
—Me gusta esa actitud. Hacen falta más hombres como tu en este mundo. Alguien con valores, valores humanos que tras el apocalipsis, muchos han perdido. Aunque eso implique tener que matar a otros. No es que sea la única opción, pero a veces es necesaria.
—Entonces está todo claro— respondí una vez más. –No intentes jugármela.
Seguimos caminando y llegamos a un lugar donde antes había un puente según Amparo.
—No lo entiendo. Cuando pasé por aquí había un puente— dijo Amparo asomándose y mirando al fondo del barranco. Luci también miró y luego me miró a mí.
—Está allí abajo. Aun se pueden ver los restos.
—Jake dijo que nos alejáramos de los puentes. Me habló de tres grupos de cazadores que merodeaban de camino a Thomaston. Puede que fueran ellos, los cuervos negros o el mismo temporal— dije mirando a mis compañeros. –Supongo que ya nunca lo sabremos.
—Escuchad. Anochecerá dentro de un par de horas. Sugiero que paremos y prosigamos mañana— dijo Keity. –Será lo más seguro— Keity sacó entonces un mapa y nos señaló un punto. –Aquí hay una estación de esquí. Se que está vacía y es segura, podemos refugiarnos allí por esta noche.  Será lo mejor, además, creo que viene tormenta.
—Muy bien— dije. –Hagamos eso. Pongámonos en camino a esa estación de esquí.
Seguimos la sugerencia de Keity y llegamos a la estación de esquí. Era un edificio bastante grande y parecía seguro. Luci y yo entramos los primeros y luego nos siguieron los demás. Una vez dentro, bloqueamos las puertas. Cuando comenzó a hacerse de noche, abrimos unas latas y cenamos en torno a una chimenea. Con suerte, nadie vería el humo en la tormenta que había comenzado hacía nada.
—¿Cuánto nos queda?— preguntó David mirando a Amparo.
—Aun nos queda un poco, pero si no pasa nada. Si seguimos el camino correcto, el tiempo nos lo facilita y nadie nos da problemas. Puede que lleguemos mañana al medio día o al atardecer como muy tarde. Tranquilos, lo conseguiremos— dijo Amparo con una sonrisa. –Os encantará Thomaston. Somos una comunidad bien preparada y bien unida.
En ese momento, Vicky se apoyó en mí y no tardó en quedarse dormida sobre mi hombro. Aun era muy joven y era normal que tras andar tanto, estuviera tan cansada. Poco después, mientras algunos se fueron a dormir, yo me quedé de guardia mirando a través de la ventana. Fuera nevaba con fuerza y podía ver como el fuerte viento mecía los teleféricos, incluso vi como uno de ellos se soltaba y se perdía entre los arboles.
—Las tres de la madrugada. Me toca vigilar— la repentina voz de Luci me hizo darme la vuelta para mirarla. Esta avanzó y se sentó a mi lado. –Menuda se ha liado ahí fuera. Hazme sitio bajo esa manta hasta que te vayas a dormir— yo hice lo que ella me dijo y se puso a mi lado debajo de la manta. Ambos estuvimos un rato en silencio hasta que ella lo rompió. –Se lo que hiciste.
—¿De que hablas?— pregunté.
—De la doctora. No hace falta ser un lince para saber lo que pasó. La mataste. ¿Verdad?
Yo asentí entonces con la cabeza. –Debí suponer que no podría ocultarlo mucho tiempo. Aun así no me arrepiento de lo que hice. Esa mujer había amenazado a mis hijos tras secuestrarlos. No podía dejarla ir, era un peligro para todos nosotros.
—Te entiendo. Yo hubiese hecho lo mismo. De hecho… Lo que hiciste, fue proteger a los tuyos. Ni más, ni menos. También entiendo que lo ocultaras. Eres nuestro líder y como líder debes hacer que prevalezca la calma.
—Gracias por entenderme— respondí. –Eres un gran apoyo para mí.
—Vale. Ahora vete a dormir. Descansa. Mañana partiremos temprano, con suerte. Llegaremos a Thomaston al medio día. Aunque no te lo creas, siento curiosidad por ese lugar. Aunque suene raro viniendo de mí… Tengo ganas de respirar tranquilidad, tengo ganas de dejar esta espada y no cogerla más. Quiero ser la Luci que era antes de esto. Quiero recuperar mi ser antes de que se pierda del todo.
—Yo también he estado pensando en eso. No quiero perder la humanidad. Siento que nos estamos volviendo salvajes. Por eso he decidido cambiar. No quiero tener que volver a  matar. Una vez lleguemos allí. No volveré a matar. Quiero dejar atrás eso, quiero ser un hombre normal.
—¿Y que harás si resulta ser una trampa? No hay motivos para desconfiar, pero tampoco para confiar. ¿Qué harás entonces?— preguntó Luci mientras ambos mirábamos a Amparo. La cual estaba acurrucada debajo de una manta.
—Si al final resulta que intenta jugárnosla. Ella será la ultima persona con cuya sangre me mancharé las manos— respondí mirando a Luci. –Hay que ser cautelosos. Ten los ojos bien abiertos. A la menor sospecha de que algo no va bien. Tomaremos a Amparo como rehén.
—Dalo por hecho— respondió Luci.

Día 22 de Diciembre de 2010
Día 907 del Apocalipsis…
07:00 de la mañana…

Estaba amaneciendo y la tormenta había cesado por completo. Me quité la manta de encima y me acerqué a David. La última guardia había sido la suya. Detrás de mi, los demás iban desperezándose y levantándose.         
Cuando llegué junto a David, este bostezó. –Va tocando preparar el desayuno antes de partir— entonces David miró a Amparo. –Espero que no nos la juegue.
—Es lo que esperamos todos— respondí. –Mantente atento en todo momento. Ya se lo he dicho a Luci.
—¿Y Keity?
—Ella lleva atenta desde que salimos del hospital. Cada vez que pasa por al lado de Amparo acaricia la culata de su pistola. Como a esa mujer se le ocurra dar un paso raro. Keity le disparará.
Amparo se levantó en ese momento y nos dio los buenos días. Detrás de ella apareció Vicky y vino a traerme mi mochila. —¿De que habláis?
—De cosas de mayores— respondí acariciándole el cabello.
—Oh bien. Cuenta— dijo en ese momento Vicky. Eso hizo que David y yo nos miráramos y sonriéramos. —¿Qué pasa? Yo también soy mayor. Te recuerdo que tengo catorce años.
—Pues vuelve aquí dentro de cuatro años— respondí con una sonrisa. –Ahora ve y desayuna algo. Nos vamos dentro de un rato.
Vicky se dio la vuelta y se alejó hablando en voz baja. Aunque no lo suficiente. –Hombres…
—¿Por qué a ella no la avisas?— preguntó David.
—Ella aun es joven. Si le digo que esté alerta, cualquier cosa podría hacerla cometer alguna imprudencia. Ya me encargaré de protegerla. Es mi hija al fin y al cabo— en ese momento, David comenzó a reír. —¿Dije algo gracioso?
—No, pero es que no me acostumbro a verte con una hija. Es alucinante lo que han cambiado las cosas para nosotros. Hace unos años creí que a día de hoy estaría quizás intentando sacarme algo en la universidad. Como muchos, supongo.
—Yo pensaba que a estas alturas estaría como policía o algo parecido— respondí. –Es evidente que nadie ha hecho lo que esperaba— miré  a Vicky mientras se comía unas galletas bañadas en leche. –Preferiría que esa niña estuviese viviendo una vida feliz. No con un ojo abierto a la hora de dormir. Eso es lo que quiero conseguir, que esa niña tenga la vida que merece. Tanto ella como Eva y mis hijos. Aunque no sean hijos realmente, llevan mi sangre.
—Hablando de sangre. ¿Cómo llevas lo de tu hermano? Ya ha pasado tiempo…— David hizo una pausa y me miró. –Hostia tío, perdona… No debí preguntar.
—No. Está bien, creo que  es algo de lo que hay que hablar. Muchas noches sueño con el, en como éramos y en como terminamos. Esto lo cambió, hizo de el un monstruo. Alguien sin sentimientos. Al menos eso es lo que pensaba. Era lo que quería creer…
—¿Qué quieres decir?— preguntó David.
—No creo que esto te cambie. Más bien creo que hace aflorar la verdadera cara del individuo. Mi hermano llevaba eso dentro de el y este apocalipsis lo hizo surgir. Nuestro verdadero yo es lo que ha salido a la luz. Esto ha sacado lo mejor y lo peor de nosotros.
En ese momento, Luci se acercó a nosotros. –Es hora de marcharnos.
Eran las ocho de la mañana cuando abandonamos la estación de esquí. Hacía buen tiempo, aunque todo el camino estaba cubierto de nieve. Llegamos a un conjunto de casas, era como una aldea. Seguramente, una aldea Amish.
—Estamos cerca— dijo en ese momento Amparo parándose –Pasé por aquí de caminó al hospital. Cuando el puente aun estaba en su sitio.
—Entonces, si Thomaston está cerca, vamos— dijo Keity adelantándose.
Avanzamos entre las casas y entonces vimos una silueta entre dos casas. Se trataba de un caballo de color marrón. Este estaba atado a un poste de madera. Justo en ese momento. Un hombre salió de detrás del animal subiéndose la bragueta. Al vernos,  este levantó la cabeza y se nos quedó mirando. Entonces lanzó un grito —¡¡¡Ariadna!!!
—Mierda— dijo Luci en ese momento. Seguidamente miró a Amparo —¿Es una trampa?— fue en ese momento cuando de repente, varias personas comenzaron a aparecer apuntándonos con sus armas. Fue en ese momento cuando Luci desenvainó su espada y se puso detrás de Amparo, poniéndole la hoja de la espada en el cuello. Nosotros nos pusimos en círculo en torno a ella y apuntando con nuestras armas a los que acababan de aparecer.
Había alrededor de unas diez personas rodeándonos, probablemente había más ocultos.
—No es una trampa. Tienes que creerme— dijo Amparo mirando a Luci de reojo y luego a mi.  –Esto es solo un mal entendido.
—Cállate, o te corto el cuello— amenazó Luci.
—¡¡¡Ariadna!!!— volvió a gritar el hombre que había aparecido al principio. Fue en ese momento, cuando una chica de unos diecisiete o dieciocho años, salió de una de las casas. Esta tenía un rifle de caza entre las manos. Esta levantó el puño para que los que allí había bajaran las armas. Esta nos escudriñó a todos y fijó su vista en Amparo.
—No des un paso más. Ni se te ocurra— dijo Keity apuntándole con su rifle.
—No queremos problemas. Solo estamos aquí de paso. Somos buena gente, pero vosotros tenéis algo que me pertenece. Dejad  ir a mi madre. Seguro que podemos llegar a un acuerdo.
—¿Tu madre?— pregunté mirando a Amparo de reojo.
—Si. Mi madre, Amparo. Dejadla ir y os daremos lo que queráis. ¿Comida? ¿Munición? No importa. De eso, tenemos de sobra. No queremos problemas, por eso, es mejor solucionar las cosas— dijo la chica. —¿Eres tu su líder?
—Bajad todos las armas. Ariadna, tu también. Ellos no me tienen retenida— dijo en ese momento Amparo. Algo que hizo que Luci la zarandeara para que callara.
Volví a mirar a la chica y a los que la acompañaban, después miré a Amparo y decidí jugármela. –Luci. Suéltala.
—¿Te has vuelto loco? Nos superan en número y nos tienen a tiro.
—Es una orden. No dispararán— dije.
Luci me miró a mí y empujó a Amparo sacándola del círculo. Esta tropezó en la nieve y cayó de bruces. La muchacha quiso correr hacia ella, pero David se interpuso.
—Ni te muevas. Ni se te ocurra.
En ese momento, Amparo se puso en pie y se metió en medio. Entre David y la chica. Apuntando a cada uno de ellos con las manos desnudas, como si quisiera impedir una pelea. Entonces comenzó a hablar. –Salid todos y bajad las armas. Ellos son de confianza.
—Bajadlas vosotros también— dije mirando a mis compañeros.
Todos bajamos las armas y entonces, Amparo abrazó a su hija. —¿Qué hacéis aquí? ¿Qué hacéis fuera de Thomaston?
—Llevabas tiempo desaparecida. Decidimos salir a buscarte— respondió la chica. Entonces nos miró. —¿Quiénes son ellos?
—Son amigos— respondió Amparo. –Son como nosotros. Los llevo a Thomaston.
*****
Nos habíamos metido todos dentro de una casa. Allí se habían hecho las presentaciones. Ariadna era la que estaba al mando en esa expedición de búsqueda. Ellos, habían salido de Thomaston durante la noche y se habían refugiado allí cuando estalló la tormenta. Se habían preocupado por la ausencia de Amparo tanto tiempo. Con Ariadna iban varios hombres y mujeres. Todos habitantes de Thomaston. Después de eso, retomamos nuestro camino hacia Thomaston. Aquella gente usaba caballos, de los cuales, uno de ellos nos lo cedieron a Vicky y a mi. Durante el camino comenzó a hablarme.
—Estuve a punto de disparar cuando aparecieron esas personas. Estuve a punto de dispararle a Amparo, pero no lo hice.
—Me alegro de que no lo hicieras. Yo también pensé que era una trampa, pero me di cuenta de la mirada de esa chica— miré en ese momento al caballo donde iban madre e hija. –Vi que no mentía y que quería evitar un enfrentamiento.
—Supiste ver que eran buenas personas— dijo Vicky.
—Si. No todos tienen por que ser malos. Aun hay gente buena en el mundo. Se nos ha olvidado eso. La humanidad. Tenemos que ser más humanos.
—¿Qué quieres decir?— preguntó Vicky.
—Cuando lleguemos a Thomaston empezará una nueva vida para todos nosotros. Tío Carlos ya no está. Ya no hay nadie que nos amenace. He tomado la decisión de que quiero ser de otro modo. Quiero ser otra persona. No quiero tener que volver a matar.
—¿Por qué?— preguntó Vicky.
—Se que a veces es necesario. Al menos desde que vivimos así, pero eso debe cambiar. Debemos tratar de crear una nueva sociedad. Una sociedad mejor, con gente mejor. Con gente humana.
—Entonces no quieres volver a matar…— murmuró Vicky.
—Así es. Se acabó— respondí. –Una vez vivamos en Thomaston, seremos gente nueva.
—Entonces yo tampoco quiero tener que volver a matar… Pero… ¿Eso incluye a los caminantes? ¿O solo a las personas?
—Solo a las personas— respondí –Podemos crear un nuevo mundo y aplicar leyes. Recuperar parte del mundo que se ha perdido. ¿Lo entiendes? Estoy convencido de que eso es posible.
—Suenas muy convencido de ello— dijo en ese momento Keity situándose a nuestro lado. –Aun no sabemos si nos quedaremos a vivir allí. Sobre lo que hablas… Pareces el Papa. Yo no afirmaría nada todavía, siempre hay algún cabrón por ahí suelto. Por H o por B. Siempre habrá alguien al que solo se le podrán parar los pies con un tiro en la cabeza.
—Eso lo se, y es precisamente eso lo que debemos cambiar— respondí.
—Mirad eso— dijo en ese momento Vicky.
Todos miramos al frente y entonces vimos que bajo el sol del medio día, comenzaban a erguirse los altos muros de Thomaston. Eran tal y como los habíamos visto en las fotos. Llegamos a las puertas y  vimos a varios guardas subidos en torretas. Estos nos vieron llegar y enseguida dieron la orden de abrir las puertas.
Las puertas se abrieron y los caballos cruzaron. Una vez dentro, puede comprobar que era como si allí no hubiese pasado nunca nada, como si allí la vida hubiese seguido tal cual. Entonces Amparo me miró y sonrió.
—Bienvenidos a Thomaston.
En ese momento un chico joven se acercó a nosotros y acarició el caballo donde iba Amparo. –Me alegro de verte Amparo— entonces nos miró a nosotros. –Y veo que trae a más gente. Bienvenidos a Thomaston.
Amparo se bajó del caballo y yo también lo hice. Ella y yo avanzamos hasta el muchacho. Entonces nos presentó. –Este es Xander. Los caballos son suyos. Xander, el es Juanma.
Yo le estreché la mano al muchacho y este centró toda su atención en el caballo. –Espero que Sombra se haya portado bien. No suele aceptar bien a  los desconocidos.
—Sombra se ha comportado perfectamente— respondí.
—Xander. Llevad a los caballos a los establos. Yo les mostraré el pueblo a nuestros invitados— dijo Amparo mirándonos  a David,  a Keity, a Luci, a Vicky y a mi.
En ese momento la hija de Amparo se acercó a ella y la abrazó. –Iré a casa y avisaré a papá de que has regresado. Se alegrará mucho.
Comenzamos a caminar por las calles mientras Amparo nos iba mostrando lugares. Casas, parques, establos, huertos… —La zona que hemos ocupado no es demasiado grande, pero para la cantidad de habitantes nos es suficiente. Incluso hay casas sin ocupar, esas os las podréis quedar vosotros, os las mostraré.
—¿Cuántos habitantes sois en total?— preguntó Luci.
—Ciento cincuenta y uno en total. Aunque pronto aumentaremos en número. Hay mujeres a punto de dar a luz. Hace un año se decidió que algunas mujeres se quedaran embarazadas. Digamos que fue algo así como intentar repoblar el planeta.
—¿Obligasteis a mujeres a quedarse embarazadas?— preguntó Keity.
—No exactamente. Nosotros pusimos la propuesta sobre la mesa y las mujeres se presentaron voluntarias. Aquí no hay leyes que obliguen a nada, aunque si que hay leyes. Por ejemplo, el asesinato se paga con la muerte. Hace tres meses ejecutamos a un hombre que maltrataba a su mujer. Le dimos muchos avisos, incluso alejamos a su mujer de el, pero una noche la asesinó. Fui yo misma quien acabó con el. Fue duro.
—¿Cómo fue? La ejecución— dijo Luci.
—Fue inyección letal en el hospital. No ejecutamos en público ni nada de eso. Tratamos de ser mejores personas. Creemos que si hemos sobrevivido a esto es porque se nos ha dado una segunda oportunidad— entonces me miró a mi y me di cuenta de que sabía lo que había dicho sobre no perder nuestra humanidad.
Llegamos entonces a una casa y Amparo se detuvo. –Esta es mi casa. Os presentaré a mi marido— llamó al timbre y un hombre abrió la puerta. Se trataba de un hombre de unos cuarenta años. Llevaba gafas y en una de sus manos sostenía un libro. Enseguida abrazó a Amparo y nos miraron a nosotros. –Este es Reed, mi marido. Cariño, te presento a Juanma, a su hija Vicky, a David, a Luci y a Keity. Ellos y el resto de su grupo que no está aquí se van a convertir en integrantes de nuestra comunidad.
Reed bajó los escalones y se acercó a estrecharme la mano a mí y a los demás. –Es un placer conoceros. Hacía tiempo que no traíamos a nadie. Básicamente por que no hay nadie que nos haya convencido. No dejamos entrar a cualquiera, pero si mi esposa os ha traído es porque sois buenas personas. Bienvenidos.
En ese momento, Amparo pareció oler algo  y miró a su marido. —¿Estás preparando la comida?
—Si— respondió Reed. Entonces Amparo nos miró a nosotros.
—Podéis comer con nosotros si queréis. Aceptad por favor.
Nosotros aceptamos y nos quedamos a comer en casa de Amparo. Fue una comida deliciosa. Hacía tiempo que no comíamos así de bien. Durante la comida habíamos hablado de distintos temas y Amparo había dado el aviso al taller para que prepararan dos autobuses para regresar al hospital lo antes posible a recoger a los demás.
Estábamos realmente impresionados. Thomaston era un lugar idílico, de hecho, cruzar las puertas había sido como retroceder en el tiempo a antes de que el mundo que conocíamos se fuese al infierno. Despues de la comida, nos llevaron a una de las casas, allí pasaríamos la noche. Después nos llamaron para cenar. Tras la cena regresamos a casa y allí, mientras unos se fueron a dormir, yo me quedé mirando por la ventana. Fue entonces cuando Keity se me acercó.
—¿No duermes?— preguntó.
—No. Aun no ¿Y tu?— le respondí.
—No es que tenga demasiado sueño— entonces se sentó a mi lado. –Verás. No es que desconfíe de esta gente. Pienso que si quisieran hacernos algo, no estaríamos teniendo esta conversación. No nos han quitado ni las armas. Es decir, si nos quisiesen muertos ya lo estaríamos, aun así… Todo esto es demasiado perfecto, demasiado bonito para ser cierto. Creo que lo que me pasa es que tengo miedo a dormirme y al despertarme, ver que todo esto ha desaparecido.
—Bueno. Creo que puedes irte a dormir tranquila. Esto es real del todo— respondí.
—Supongo que tienes razón. Debo estar algo paranoica. No estoy acostumbrada a que las cosas sean tan perfectas— en ese momento sonreí. –Estoy paranoica ¿No?
—Casi tanto como yo— respondí mientras veía a una mujer pasear a tres perros a la luz de las farolas. –Venga, ve a dormir. Mañana exploraremos mejor este pueblo. Yo me iré a dormir en breves.
En ese momento Keity se inclinó sobre mí y me dio un beso en la mejilla. –Siento que debo darte las gracias. Es gracias a ti por lo que estamos aquí en Thomaston. Así que bueno… Gracias.
—No hay de que— respondí.
Pasadas cerca de dos horas me alejé de la ventana y decidí irme a dormir. Aunque antes decidí pasar por la habitación donde estaba Vicky. Abrí la puerta con cuidado y entonces vi a mi hija. Se había quedado dormida boca abajo. Junto a ella había varios comics. Entonces sonreí ante la idea de que allí podríamos ser felices todos nosotros.


sábado, 13 de mayo de 2017

NECROWORLD Capitulo 155

Día 1 de Diciembre de 2010
Día 886 del Apocalipsis…
10:30 de la mañana. Hospital

—Mi comunidad es grande. Hay sitios para todos y cada uno de los que estamos aquí. Disponemos de varias casas vacías, de una escuela, de un hospital con todas las comodidades. No es tan grande como este, pero estamos bien abastecidos. Yo aquí vine a buscar algunos medicamentos que necesitábamos por que se nos habían acabado. Allí en Thomaston tenemos grandes muros que nos separan de los muertos y de los vivos. Tenemos vigías las veinticuatro horas del día— decía Amparo mientras veíamos las grabaciones de la cámara de video. Estas se estaban viendo en una pantalla grande.
Hacía días que había pasado lo del refugio de los cazadores. Los prisioneros liberados se habían adaptado bien a nosotros y al hospital, los heridos se habían recuperado por completo. Por otro lado, la doctora llevaba tiempo sin aparecer ante nosotros, según Keity, esta se había recluido en su despacho y no quería hablar con nadie. No podía culparla, todas las esperanzas de volver a estar con su hijo se habían evaporado de un plumazo.
—¿Cuántas personas viven allí actualmente?— preguntó una chica llamado Hope. Una de los prisioneros liberados. Era la que más se había adaptado a nosotros y enseguida había hecho buenas migas con nosotros.
—Alrededor de ciento veinte personas. Aunque pronto aumentará el número debido a que algunas de nuestros habitantes están a punto de dar a luz. En Enero tendremos un número bastante elevado de partos. Con vosotros seremos unos cuantos más. Es la unión lo que nos hará más fuertes y capaces de afrontar estos tiempos oscuros— respondió Amparo. –Nuestra fuente de energía consta de paneles solares, como aquí, pero tenemos unos cuantos más. Tres veces más de los que tenemos aquí.
—¿Y que ocurre con el virus?— preguntó Luci. –Me refiero a lo de si alguien muere de forma natural.
—Tenemos patrullas que están alerta siempre. Llevamos más de un año sin sufrir ninguna baja por ataque. Nada, ni vivo ni muerto, puede entrar o salir  de Thomaston. Estoy orgullosa de lo que hemos logrado construir allí. Me gustaría llevaros a todos.
—Es un buen plan— dijo en ese momento Keity. –Pero no nos olvidemos del tiempo. Aquí hay ancianos. No hace buen tiempo y algunos no llegarían vivos— Keity tenía razón. El tiempo era muy inestable, solía nevar con mucha frecuencia y había constantes tormentas de nieve. Tantas que habíamos perdido los huertos y algunas puertas de la primera planta se habían quedado bloqueadas desde el exterior. –Por no hablar de que la nieve tardará en derretirse. Muchos caminos estarán cortados. Un viaje en vehículos en estas condiciones es muy difícil. Conozco el terreno, se de lo que hablo. Es mucho más sencillo un viaje a pie.
Eso que dijo Keity me dio una idea. Caminé al frente y me puse a hablar delante de todos mirando a Amparo. –Propongo algo, si a ti te parece bien. ¿Podrías llevar a un pequeño grupo contigo hacia Thomaston. Una vez  allí veremos como podemos venir a recoger al resto.
—Me parece bien. Podemos salir cuando tú quieras. Allí en Thomaston estábamos trabajando en unos autobuses para casos como este. Por si teníamos que trasladar a varias personas.
—Me parece estupendo entonces— respondí. —¿Cuántas horas tardaríamos en llegar allí a pie?
—Unas quince o dieciséis días— respondió Amparo.
—Unas pocas más si tenemos que dar rodeos. No olvidemos lo que hay ahí fuera y los territorios que tendremos que atravesar. Tendremos que tener ojos hasta en la nuca— dijo Keity.
—Bueno. Pues esto ya está— dijo Amparo apagando la cámara donde habíamos visto imágenes de Thomaston. –Os dejo para que decidáis quienes son los que vendrán a Thomaston conmigo.
Amparo se fue a descansar y yo me quedé con el resto del grupo. No tardé en ver las caras de duda de algunos. Muchos no terminaban de  creerse lo que Amparo decía.
—No arriesgaré a Alicia a ir a un sitio del que no sabemos si es seguro. Tampoco a caminar— dijo David mirando a Alicia mientras le ponía las manos sobre la barriga. Algunos deberíamos hacer lo que has dicho. Ir con ella y ver lo que hay. Así que me apunto a la expedición.
—Pues yo también me apunto— dijo Luci. –Necesitareis a alguien que os cubra el culo cuando os de por hacer alguna estupidez. Además, odio estar aquí encerrada.
—Yo también iré. No es necesario que seamos muchos. Cuatro basta— dijo Keity.
—Muy bien— respondí mirando a los tres miembros de mi grupo que me acompañarían a mí y a Amparo. Éramos más que suficientes. Los demás se quedarían allí a cuidar de los otros. Justo en ese momento, Vicky se abrió paso entre los presentes.
—Déjame ir contigo papá. Quiero formar parte de esa expedición. Soy una mujer y se que puedo ayudar, por favor papá. Prometo que no estorbaré— dijo Vicky ante la mirada de sorpresa de todos los presentes. Yo también la miré sorprendido, sobretodo me fijé en la determinación de su mirada. Me acerqué a ella y le puse la mano en el hombro. Era evidente que ella ya no era mi pequeña. No era aquella niña que encontré, había madurado casi sin darme cuenta y hablaba como una mujer adulta.
—Se que eres toda una mujer. Por eso vendrás con nosotros. Confío en ti— respondí con una sonrisa. De todos modos no iba a dejar que le pasara nada.
Disolví la reunión y el día fue pasando rápidamente mientras fuera. La tormenta de nieve seguía azotando la fachada del hospital JFK y el bosque que nos rodeaba. Cuando esta cesara, sería cuando el grupo de reconocimiento, saldríamos hacia Thomaston.
Decidí ir a hablar con Jake a la celda donde estaba. Aunque confiábamos más en el, por seguridad y por petición de el, seguía allí donde un día estuvo encerrado.
Llegué y abrí la puerta, nada más entrar, dejé la bandeja de comida que le llevaba. Este enseguida se sentó frente a la bandeja y comenzó a comer. Cuando terminó, me miró.
—Gracias tío. Gracias de verdad. Algunos no se fían aun de mi, pero tu eres distinto. Tengo la sensación de que si estoy vivo hoy es por que tu tienes algo que ver.
—Tal vez. ¿Cómo lo llevas? Esta celda no es gran cosa, pero los demás aun no se fían de ti. Piensan que podrías traicionarnos en cualquier momento— respondí.
—No puedo culparles— respondió Jake acercándose a su colchón y sentándose frente a mi. —¿Y tu? ¿Cuál es tu opinión real sobre mí?
—¿Acaso importa a estas alturas? Los cuervos negros quedaron en el pasado, como tu relación con ellos. Te has adaptado y has seguido nuestras reglas— respondí sentándome frente a el y sacando un mapa, el cual, desplegué sobre la mesa para que Jake pudiera verlo.
—¿Y esto?
—Es un mapa— respondí.
—No me jodas… ¿En serio?— respondió Jake en tono irónico. –Me refería a que quieres que haga con esto.
—Un pequeño grupo iremos a Thomaston con Amparo— respondí. –Tomaremos estos caminos— dije marcando el mapa con un rotulador.
—Sensacional… ¿Has venido a invitarme a la expedición?— preguntó Jake. –Debes saber que está a un cojón de aquí. Más de quince horitas a pie. Todo un  paseo.
—No. Lo que quiero, es que me digas que otros grupos de cazadores hay por esa zona. Si es que los hay… Tú estabas de lleno en un grupo. Nadie lo sabe mejor que tu.
Jake cogió en ese momento una pelota de tenis y comenzó a jugar con ella mientras me miraba. La hacía rebotar en la pared y la cogía al vuelo. –¿Si te lo cuento me dejarán salir? ¿Me dejarán unirme al club? ¿Pertenecer al equipo A? Creí que teníais a un tipo que se encargaba de hacer garabatos de los emblemas de cazadores que veía y así los identificaba.
—Ese era Boggs. El ya no está… Te sugiero que no lo menciones. Su novia está aquí en el hospital y lo tiene muy reciente. Si te oye, podrías despertarte un día, desnudo en la nieve, atado y al otro lado de la valla.
Jake cogió la pelota que rebotaba y me miró. –No. Eso no me mola. Siento lo de ese tío— seguidamente dejó la pelota sobre el colchón y comenzó a señalarme varios puntos. –De camino a Thomaston os sugiero que evitéis estos dos lugares. Los dominan los “Perros salvajes” y los “Chacales”…— Jake vio que lo miraba. –Si. Son tal como sugieren los nombres, son una panda de chalados que no atienden a razones. Ross no solía tener tratos con ellos… Por que francamente, no se puede tratar con ellos. Ya estaban chalados antes, imagínate como deben estar ahora. Esos capullos tienen una guerra abierta entre ellos. Sobretodo evitad los puentes.
—Amparo no mencionó nada de ello— dije.
—Por que probablemente tu amiguita sabe como evitarlos. Puede que tuviera suerte o que simplemente os lleve a una trampa. La  cuestión es: ¿Qué es lo que piensas tú sobre lo que ha pasado?
—Ella no tiene marcas que la identifiquen como perteneciente a un grupo de esos. Según Silvia es algo obligatorio en los grupos— respondí.
—Y es cierto… Nah, tu amiguita probablemente tuvo suerte. Estarían tratando de conquistar nuevos territorios. Esa es otra, todos los grupos de cazadores, además de traficar con gente, armas y alimento. Buscan poder. Buscan controlar a otros y hacerse con el control de este país o de lo que queda de el. Ross hablaba a veces de eso. Otra posibilidad es que haya pasado otro grupo venido de otra parte y los hayan exterminado o se hayan exterminado entre ellos.
—¿Hay más grupos?— pregunté.
—Solo conozco a esos. No creo que haya más. Los otros más o menos estaban cerca de donde estábamos nosotros. Los carnívoros por ejemplo. Luego está la hermandad, pero esos operan lejos de aquí. No son una preocupación— dijo Jake.
—¿La hermandad?— pregunté.
—Ellos eran por así decirlo… Los que estaban interesados en un grupo fuerte y numeroso. Son unos comodones que hacen que otros grupos cacen para ellos. Ellos eran los que nos hicieron ir tras vosotros…— dijo Jake con una sonrisa.
—¿Y no sabes donde están?— pregunté.
Jake negó con la cabeza. –Nadie lo sabe. Nosotros os cazábamos y os llevábamos a un punto de entrega. Allí os recogían y os llevaban a dios sabe donde. Si te soy sincero, nunca los he visto en persona… Pero por lo que se de ellos. Son los más chungos de todo este tinglado. Su líder, del que he oído hablar… Bueno, eran rumores… Pero esos rumores hablan de que es un tipo que está verdaderamente chiflado. Creo que el único que había hablado directamente con el era Ross. Podríamos preguntarle… A no, espera… Que Ross está bajo metros de nieve con un agujero en la cabeza.
Cogí el mapa, lo doblé y volví a guardármelo en el bolsillo. –Gracias por tu ayuda. Aunque esperaba algo más por tu parte. Algo más de ayuda.
—Siento no haber sido más útil…— dijo Jake mientras yo me levantaba, justo cuando iba a salir por la puerta, el me llamó y yo lo miré. –Hay una cosa más. Esa hermandad, tiene un distintivo. Una letra, una Z. No se a que se refiere ni su significado real, pero si la veis. Corred sin mirar atrás. Eso quiere decir que la hermandad anda cerca.
Salí de la celda y caminé por el pasillo dándole vueltas a lo que Jake me había dicho. Lo cierto era que me había asustado con todo eso de los grupos. Era increíble como había cambiado el mundo. Ya no solo había que preocuparse por los muertos que nos superaban en número, si no también por aquellos vivos avariciosos que no respetaban la vida de los demás. De repente me vino a la mente una imagen de mi hermano y me detuve. Me apoyé en una columna y noté que me faltaba el aire. Busqué donde sentarme y allí me quedé. No sabía que me  había pasado exactamente, pero de repente me vino un presentimiento desagradable. No sabía por que, pero la idea de que mi hermano siguiera vivo me aterrorizó. Podría volver a por nosotros con más ansias de venganza que nunca. De repente escuché un ruido, levanté la cabeza y vi una botella de vidrio rodar por el suelo. Se trataba de una botella de vino vacía, detrás  de ella. Apareció la doctora Green, a la que hacía días que nadie veía.
Me levanté y caminé hacia ella. Traté de hablarle, pero ella me apartaba la cara. Enseguida me llegó el olor a alcohol que desprendía. Me imaginé enseguida lo que había pasado.
—Doctora…— no terminé la frase. Esta me apartó de un empujón y luego me escupió. Fue entonces cuando la pude mirar a los ojos. No estaba borracha, pero se le notaban los efectos de una fuerte resaca.
—Aléjate de mí. No me toques. No te atrevas a tocarme— la doctora comenzó a empujarme. –Mi niño. Mi niño está muerto y todo por tu culpa.
—Se lo que siente.  Yo…
—Y una mierda. No sabes una mierda de lo que siento. Tú no has perdido a tus hijos. Tus hijos siguen vivos. No se los ha comido uno de esos seres… Ojala se murieran. Así sabrías lo que siento. Así conocerías mi dolor— la doctora me empujó una vez más y se alejó de mi por el pasillo. Eso hizo que me sintiera todavía peor.

23:00 horas de la noche…

Muchos se habían ido a dormir después de cenar. Yo me encontraba en una de las salas de espera, mirando por la ventana. Aun no tenía sueño y en la habitación aun estaba Eva tratando de dormir a los gemelos. No dejaba de darle vueltas a todo, a lo de los grupos, a lo dela doctora. Mi mente era un ir y venir de pensamientos que me hacían plantearme muchas cosas. La seguridad del hospital y la seguridad del viaje hacia Thomaston.
—¿Nervioso?— preguntó en ese momento Amparo a mis espaldas. Yo me giré rápidamente y la vi apoyada en la pared detrás de mí. Entre las manos sostenía un vaso de plástico con café caliente.
—Más bien… No dejo de darle vueltas al tema de los grupos de cazadores. ¿En serio no sabías nada de ellos?— pregunté.
—No.  Nada— respondió Amparo. –Entiendo que estés preocupado, pero piensa en lo positivo. Thomaston. Allí podríais estar a salvo, no es por que yo viva allí y sea quien manda, pero te garantizo que es un buen lugar para vivir. Se que es lo que tu grupo y tu buscáis.
Miré entonces a Amparo. –No es que dude de ti en estos momentos, pero te aseguro que si traicionas mi confianza, si pones en peligro a mi gente o a mi familia, te juro que no dudaré en matarte, aunque tenga que morir yo también, pero te llevaré por delante.
—Es lo justo— dijo en ese momento Amparo. –Me gusta tu actitud. Eres la clase de personas que necesitamos en Thomaston. Gente que proteja con su vida aquello a lo que ama. Aunque tenga que hacer cosas que no son del todo buenas. Yo haría lo mismo que tu.
*****
La doctora Green salió de su despacho.  Había estado pensando en lo que iba a hacer y finalmente se había decidido. Cargaba con una mochila amplia y caminaba dando grandes zancadas mientras miraba a ambos lados para ver si la seguía alguien. Llegó a la puerta de la habitación donde estaba Eva. Estuvo a punto de abrir la puerta, pero se paró a escuchar. Al otro lado escuchaba a Eva cantar una nana a sus bebés.
Con mucho cuidado, la doctora Green abrió la puerta y entró. Eva aun no se había dado cuenta. Avanzó  lentamente hacia ella mientras sacaba una llave inglesa. En ese momento, sin querer le dio una patada a algo que había en el suelo y produjo ruido. Entonces, Eva se dio  la vuelta y la miró.
—Doctora… ¿Qué…?— Eva no terminó la frase. La doctora levantó el brazo y golpeó a Eva con la llave inglesa en la cabeza, dejándola inconsciente y tirada en el suelo.
La doctora avanzó hacia la cuna y se quedó mirando a los bebés. Estos le devolvieron la mirada. Una mirada inocente. No había tiempo que perder, cogió a uno de los bebés y lo metió dentro de la mochila, seguidamente cogió al otro y lo metió también. Nuevamente miró a Eva, esta seguía inconsciente y sangrando por la cabeza. La doctora pensó en rematarla en ese momento, pero finalmente no lo hizo. Salió de la habitación y cerró la puerta con llave desde fuera. Seguidamente comenzó a caminar por el pasillo. Se marchaba del hospital con los bebés, a los que criaría como sus hijos lejos de allí, lejos de todos. Nunca la encontrarían.
La doctora Green no podía bajar al hall por que no podría salir, únicamente llegó a la primera planta  y allí se encaminó hacia una de las ventanas. La abrió y entró una ola de aire frio.
Hacía mucho frio y temía que los niños murieran congelados, ya que no sabía a donde ir. Quizás pudiera refugiarse en una de las casas que había por allí cerca. Finalmente, se armó de valor y salió por la ventana, dejándose  caer  sobre el techo del camión que había pegado a la pared. Con mucho cuidado, descendió por la parte delantera y se dejó caer sobre la nieve. La doctora se hundió hasta la cintura, pero aun así, pese al frio, comenzó a alejarse del hospital.
******
Seguía hablando con Amparo. Ella estaba junto a la ventana cuando vi que se quedaba mirando algo. Yo la vi a ella y me  miró.
—¿Qué es eso? Ahí hay alguien.
—¿Qué?— pregunté levantándome de las sillas y corriendo a la ventana. Cuando llegué. Amparo me señaló a lo que se refería y efectivamente vi a alguien que se estaba alejando del hospital. No tardé mucho en reconocer de quien se trataba. Era la doctora Green, iba con el pelo ondeando al viento, con su bata de medico y cargada con una mochila.
—¿Vamos a buscarla? No sobrevivirá en medio de la tormenta— preguntó Amparo.
Yo negué con la cabeza. –No. Es su decisión. Si ella se va es por decisión propia. No conseguiríamos nada trayéndola de vuelta. Si quiere regresar que lo haga por su propio pie.
En ese momento, vi a Eva aparecer tambaleante por el pasillo mientras se tapaba con una mano parte de la cabeza por la que sangraba. En una de sus manos llevaba a rastras un extintor. Al verla, me acerqué corriendo a ella.
—¿Qué es lo que ha pasado?— pregunté.
—Ha sido Green. Me golpeó y me dejó inconsciente y encerrada. Me desperté y había desaparecido. Se ha llevado a Nathan y Shanon. Me desperté y ya no estaban— dijo Eva casi histérica. Yo no daba crédito a lo que decía.
—Acabo de verla por esa ventana. Se marcha del hospital— respondí. En ese momento, Eva me  cogió de los brazos y me miró a los ojos.
—Se está llevando a nuestros hijos— dijo Eva.
Sin pensármelo dos veces corrí hasta donde teníamos las armas. Cogí uno de los fusiles y me lo cargué al hombro. Entonces, llegó Amparo a donde estaba.
—¿Qué vas a hacer?
—Salir tras ella. No nos lleva mucha ventaja— respondí saliendo de la sala. Corrí por el pasillo con Amparo pisándome los talones y llegué a la ventana del  primer piso que estaba abierta, la misma que habría usado Green para escapar. Salí por ella y me dejé caer en la nieve. Esta me llegaba hasta la cintura. Hacía mucho frio, pero aun así avancé siguiendo el rastro en la nieve que la doctora había dejado, debía darme prisa antes de que la tormenta lo borrara.
Llegué a la valla y traté de treparla. Miré a mi alrededor y vi que había caído una parte de ella, seguramente había sido la doctora la que la había tirado. Pasé por allí y me adentré en el bosque. No tenía tiempo que perder, el frio podía ser fatal para mis hijos.
Tropecé y caí rodando, llegué a un camino y entonces vi una sombra a unos metros de mí. Rápidamente, alcé el arma y apunté.
—¡¡¡Green!!! ¡¡¡Doctora!!! Aun no ha hecho nada de lo que pueda arrepentirse. Deténgase ahora mismo y devuélvame a mis hijos. ¡¡¡Doctora!!!— volví a gritarle. Entonces la sombra se detuvo y comenzó a caminar hacia mí. No podía calcular la distancia que había entre nosotros. —¡¡¡Doctora!!!— la silueta quedó a la vista y entonces me di cuenta de que se trataba de un caminante. Este me pilló de sorpresa y no me dio tiempo a disparar.  El caminante y yo caímos al suelo, yo lo hice de bruces y mi cara se hundió en la nieve, quise levantarme y quitarme de encima al No Muerto, pero no lo logré. Sentí que todo iba a terminar, hasta que escuché un disparo. Por fin pude incorporarme, miré entonces al caminante y luego apunté a la sombra que se acercaba a mí. Entonces descubrí de quien se trataba, era Eva.
—¿Estás bien?— preguntó Eva mirándome.
—¿Qué demonios haces tú aquí?— pregunté mirándola y observando la herida de su cabeza.
—Lo mismo que tu. Busco a mis hijos. Esa zorra no andará  muy lejos— respondió Eva.
—Regresa al hospital. Yo me ocuparé de esto— dije alejándome de ella, pero aun así, ella me siguió. Yo me di la vuelta y la increpé. –Maldita sea Eva.
—Si quieres que vuelva,  de acuerdo, pero será con mis hijos en brazos. No pienso discutir contigo. No aquí, no ahora— respondió Eva. Yo entonces la cogí de la mano y ambos comenzamos a caminar, perdiéndonos en la tormenta.
—No te separes de mí—  dije apretándola entonces contra mi cuerpo.
No se cuanto tiempo habíamos estado así, pero entonces llegamos a un sitio que reconocía. Era el mismo lugar donde Eva y yo nos habíamos encontrado.
—Maldición. Hemos estado andando en círculos— dije en un estallido de rabia. Hacía demasiado frio y los bebés eran muy pequeños, podían morir de hipotermia en cualquier momento. Entonces, Eva me tiró de la manga de la chaqueta y me señaló lo que parecía una luz. Ninguno de los dos la habíamos visto antes.
—¿Qué es eso? Antes no estaba— dijo Eva.
—¡¡¡Vamos!!!— dije comenzando a correr mientras rezaba por que aquella luz no se apagara.
Eva y yo llegamos a un porche de madera y subimos rápidamente los escalones. Cruzamos la puerta y nos refugiamos en el interior, una vez dentro, cerré la puerta. Tanto Eva como yo estábamos helados.  Fue en ese momento cuando escuché un ruido que venía de arriba. Eva quiso decir algo, pero yo le pedí que guardara silencio. Poco después, ambos comenzamos a subir los escalones  de uno en uno, tratando de hacer el menos ruido posible. Cuando llegamos al piso superior, fue cuando escuchamos el llanto de un bebé. Eso nos demostraba que habíamos llegado al lugar correcto. También era evidente que cuando la doctora abandonó el hospital, sabía muy bien a donde iba.
Siguiendo el  llanto del bebé llegamos a una puerta de donde salía algo de luz. Una vez allí la abrí y fue entonces cuando encontré a la doctora con Nathan en brazos. Era el quien lloraba. Shanon estaba tumbada en la cama y arropada. Cuando nos vio, la doctora sacó una pistola y me apuntó. Eva y yo hicimos lo mismo.
—Marcharos de aquí. Dejadme en paz— dijo la doctora.
—Deja a mis hijos puta loca— dijo Eva apuntándole a la cabeza. –Te juro que dispararé.
Entonces la doctora me señaló a mí. –El tiene la culpa. Esto no habría pasado si no hubiera dejado morir a mi Warren. Por eso yo me quedaré a estos niños. Yo los criaré mejor que vosotros. Conmigo estarán a salvo, pero con el…  No.
—Siento lo de su hijo. Siento no haber podido hacer nada, pero esto no se lo devolverá— dije tratando de acercarme a ella, fue en ese momento, cuando dejó de apuntarme a mi y puso el cañón de la pistola sobre  la cabeza de Nathan. Eva y yo nos quedamos quietos.
—Si no los tengo yo, no los tendrá nadie. Primero los mataré a ellos y luego me mataré yo— amenazó la doctora. –Lo haré.
—Comprendo lo que siente doctora. Noes fácil perder hijos, yo me moriría  si los perdiera a ellos. Lo son todo para mi, son lo mejor que he hecho desde que el mundo que conocíamos dejó de existir. Nathan y Shanon  son mis hijos, y nada de lo que haga cambiará eso, aunque los crie usted. Nunca los verá como hijos suyos— dijo Eva.
En ese momento, la doctora se derrumbó y comenzó a llorar amargamente, dejando a Nathan en la cama junto a Shanon y sentándose en el suelo. Fue en esos momentos, cuando Eva corrió a coger a sus hijos.
—Vete abajo y espéranos ahí— le dije. Eva obedeció rápidamente y yo me quedé a solas en la habitación con la doctora. —¿Es consciente de lo que ha hecho?
—Estaba desesperada— respondió la doctora.
—Ha amenazado la vida de uno de mis hijos— respondí cogiendo la pistola de la doctora. –Mañana por la mañana, todos en el hospital sabrán lo que ha hecho. Nunca se lo perdonarán.
—¿Qué puedo hacer?— preguntó la doctora en ese momento.
Entonces le apunté con la pistola y le disparé tres veces. Dos veces en el pecho y una en la cabeza. Sus ojos se habían quedado clavados en mí. Salí de la habitación y bajé las escaleras. Me dirigí hasta el salón y me senté ante la mirada atónita de Eva, la cual, había escuchado los disparos.
—Regresaremos mañana al amanecer al hospital… Cuando pregunten por la doctora les diremos que no tuvimos más remedio que abatirla cuando amenazó la vida de nuestros hijos— dije sin mirar a mi mujer.
—¿Qué ha pasado ahí arriba?— preguntó Eva.

Entonces la miré. –Acabo de evitar que la doctora ponga en peligro nuestras vidas otra vez.