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sábado, 29 de abril de 2017

NECROWORLD Capitulo 153

Día 15 de Noviembre de 2010
Día 870 del Apocalipsis…
19:00 horas… Hospital…

—¿Qué es lo que me estás pidiendo?— preguntó Amparo mirándome a los ojos. –Creo que no te he entendido bien. Me encerráis y acusáis primero de ser una cazadora. Tu amiga amenaza con romperme un brazo… Y ahora tú me pides esto. Perdona, pero somos muy selectos con las personas a las que acogemos en nuestra comunidad. No queremos problemas ni a nadie que pueda causarlos.
—Mi grupo y yo no causamos problemas. Somos solo un grupo de personas que buscan un sitio en el que establecerse. Creo que tu comunidad puede ser un hogar para todos,  un lugar al que podemos aportar mucho. Solo tienes que ser paciente y te sacaré de aquí. Ya lo verás. Hablaré con todos de ti y con la doctora. Pronto serás libre— me levanté y salí de la sala, después cerré la puerta.

23:00 horas…

Me reuní con todos los miembros del grupo sin excepción, con los militares del hospital y con algunos de los trabajadores de allí, incluida la doctora Green. Habíamos acabado de cenar y era hora de exponerles todo lo que tenía planeado.
—Todos vimos a esa mujer que llegó antes de que trajeran a Boggs. Automáticamente la encerramos, pensando que podría ser una de los cazadores, pero lo cierto es que viene de una comunidad, concretamente de Thomaston. Keity y yo no la creíamos  y fuimos hasta su coche a confirmarlo. Dice la verdad, viene de Thomaston. Eso, sumado a las fotos y a la cámara que Dingan está tratando de cargar. Pronto sabremos más— hice una pausa y miré de nuevo a mis compañeros. –Le he pedido que nos lleve a esa comunidad. Allí viviremos mucho mejor que aquí. Incluso los enfermos tendrán mejor calidad de vida allí.
—Hay demasiados enfermos y fuera hay una tormenta de nieve. Hace frio y Thomaston está a casi veinte horas de viaje a pie, a más de seis horas en vehículo si contamos los desvíos que tengamos que dar. Hay muchas carreteras cortadas. Muchos no sobrevivirían al viaje— dijo uno de los celadores.
—Nos organizaremos para conseguirlo. No os preocupéis. No dejaré que os pase nada a ninguno. Mañana soltaré a esa mujer y la convenceré de que nos lleve a unos pocos, veremos como es aquello y organizaremos los traslados.
—Nadie de mi grupo se marchará de aquí… Y yo es he acogido aquí. Os he dejado quedaros. Vosotros no podéis iros tampoco— dijo la doctora levantándose de la silla donde estaba sentada y se marchó de la reunión mientras yo seguía hablándoles a todos.
—Mañana, cuando ella esté libre. Le pediré que nos hable un poco a todos.
*****
La doctora Green llegó a su despacho y cerró la puerta con llave. No quería que nadie la molestara ni la sorprendiera. Caminó hasta su escritorio y abrió el cajón donde tenía la foto de su hijo junto al walkie talkie. Cogió el aparato y lo encendió. Esperó unos segundos y apareció la voz que estaba esperando.
—Ross. Soy Green… Sea lo que sea lo que tengáis que hacer. Tenéis que hacerlo ya.
—Tranquila.  Ya está en marcha. Mañana al amanecer estaremos allí— respondió Ross.
—Y recuerda nuestro trato. Recuerda lo que me prometiste. Mi hijo a cambio de todos los adultos de ese grupo. Ni se te ocurra jugármela— amenazó la doctora.
—Tranquila… Y tu asegúrate de que no nos ven llegar—Ross cortó la comunicación.

Bosque…
23:15 horas…

Ross dejó el walkie talkie sobre una caja de madera junto a un mapa de la zona donde tenía señalado el hospital. Miró a todos los que estaban allí y sonrió.
—Preparad las jaulas y todas las armas que tengamos. Mañana al amanecer, este grupo será nuestro y esto habrá terminado. Recordad que los quiero a todos vivos. Incluido al líder.
—Creí que a ese querías verlo muerto— dijo un hombre de su grupo.
—Y así es. Yo me ocuparé de matarlo. Pero lo primero es lo primero, mañana es día de caza— dijo Ross.

Día 16 de Noviembre de 2010
Día 871 del Apocalipsis…
09:00 de la mañana. Hospital

Abrí la puerta de la sala donde estaba encerrada Amparo y esta salió, nada más cruzar la puerta me miró. –Has cumplido tu palabra.
—Ya te  lo dije. Quiero que hables con todo mi grupo sobre tu comunidad. Quiero que nos lleves allí como ya te dije. Podemos seros de gran ayuda allí.
Ambos comenzamos a caminar por el pasillo mientras hablábamos. Yo le iba explicando cosas que nos habían pasado y ella me contaba cosas de la comunidad de Thomaston. Me contó cosas tan interesantes que estaba deseando que escucharan los demás. Estábamos llegando al Hall cuando vi pasar corriendo a varios celadores. Eso me sorprendió  y salí corriendo detrás de ellos. Llegamos al hall y entonces vi a Keity, esta nos miró a los dos. Estaba repartiendo armas.
—¿Qué ocurre?— pregunté yo.
—Tenemos un problema. Son ellos, los cuervos… Están aquí. Acaban de aparecer.
En ese momento Amparo nos miró a los dos. —¿Quiénes son los cuervos?
—Mierda…— dije rascándome la cabeza. Entonces miré a Amparo. —¿Sabes disparar? Espero que si, por que es muy posible que tengas que hacerlo dentro de unos minutos.
—¿Qué es lo que pasa?— preguntó Amparo.
—¿Recuerdas que te confundimos con unos cazadores?... Pues esos que están ahí fuera, son ellos. Vienen a por nosotros, quieren capturarnos y vendernos a otros grupos. Se que no debería pedírtelo, pero necesito que nos ayudes. Se  que no tienes nada que ver con esto, pero ellos son un problema para todos, incluida tu comunidad. Si ellos la encuentran…
En ese momento, Amparo le pidió un arma a Keity. –No dejaré que esos mal nacidos pongan en peligro a mi gente.
—Toma— dijo en ese momento Keity pasándole un arma. –Siento el mal entendido cuando llegaste. Ahora te creo. Ahora no es un buen momento, pero cuando todo esto pase, tienes mi permiso para pegarme una hostia, me lo merezco.
—Ya hablaremos de eso en otro momento— dijo Amparo cargando el arma –Ahora tenemos algo que hacer.
*****
La doctora Green estaba en su despacho justo cuando vio aparecer a los cazadores avanzando por la nieve. Enseguida se puso en marcha y salió de su despacho. Iba a ir a abrirles la puerta a Ross y a sus hombres. Ellos se encargarían de llevarse a todos los que estaban allí, solo dejarían a los más cercanos a ella, a los enfermos y a los niños, a los cuales, ella se encargaría de cuidar como si fueran sus hijos, esos niños serían como hermanos para su hijo.
Bajó corriendo al hall y entonces se  encontró algo que no se esperaba. Todos estaban movilizándose portando armas. Hablaban a voces y decían algo de los cazadores. También ellos se habían dado cuenta de que habían llegado los cazadores y se estaban preparando para el enfrentamiento. Las cosas no habían salido como ella esperaba y se imaginaba que Ross tampoco se esperaba eso.
*****
Ross y un par de sus hombres estaban parados en medio del parking. Se habían quedado allí quietos en el momento que habían visto movimiento dentro del hospital.
—Parece que nos han visto llegar— dijo uno de sus hombres.
—Era de esperar que la doctora metería la pata en algo. Da igual, seguimos con el plan previsto— dijo Ross sacando algo de la mochila que llevaba. Desplegó aquello y sus hombres se dieron cuenta de que se trataba de una bandera de color negro. Seguidamente la clavó en la nieve y esperó. Pocos minutos después, apareció una mujer con un niño de la mano. Este cogió a Ross de la mano. –Tu madre está ahí dentro. Salúdala.
El niño comenzó a saludar en ese momento.
*****
—Dios mío…— dijo la doctora Green observando la escena desde una de las ventanas del primer piso. Keity la vio y se acercó a ella.
—¿Ese es su hijo? Responda doctora.
La doctora asintió en ese momento. –Si. Es el.
—Keity. Estamos listos— dije llegando por el pasillo. Entonces vi la reacción de la doctora mirando por la ventana, estaba llorando mientras miraba al niño. —¿Qué está pasando aquí?
—Ese niño de ahí es su hijo… Esta zorra nos ha vendido a cambio de recuperar a su hijo. Es evidente, se le nota en la mirada.
En ese momento cogí a la doctora por el brazo y la obligué a mirarme. —¿Es eso cierto doctora? Dígamelo ahora mismo.
—No tuve más remedio…— dijo la doctora con lágrimas en los ojos. –Solo quería recuperar a mi hijo y…
Solté a la doctora y miré a Keity. –Que nadie dispare. Vamos a intentar solucionar esto ahora mismo.
Keity y yo bajamos al hall, allí nos encontramos con Juan y Luci. Ella se dirigió a mí. —¿Qué hacemos ahora?  Se supone que ellos no llevan niños… Sin embargo, ahí hay uno.
—Es el hijo de la doctora. Lo han traído como un intercambio. La doctora nos ha vendido a cambio de recuperarlo.
—Menuda zorra. Supe desde el principio que no era trigo limpio. Voy a reventarla— dijo Juan.
—Quizás después. Ahora debemos salir a hablar con ellos. Veamos si podemos llegar a un acuerdo. Veamos si podemos ofrecerles un intercambio. El niño por Jake.
—¿Vas a hacer que esa puta que nos ha vendido recuperé a su hijo? No te lo tomes a mal, pero… ¿Eres gilipollas?— preguntó Juan.
—Ella estaba desesperada y solo vio esa salida, no la justifico, pero entiendo que lo hiciera— respondí. –Ahora salgamos y tratemos de solucionar esto.
Juan, Luci y yo comenzamos a caminar hacia la salida del hospital. Entonces me crucé con David, le seguían Alicia, Eva, Silvia y los niños.
—He pensado en llevarles a un lugar seguro, por si las cosas se ponen feas. Los dejaré en un lugar seguro y volveré aquí— dijo  David.
—Bien pensado— dije. Entonces miré a Vicky. –Ve con ellos sin rechistar y encárgate de protegerlos.
Vicky asintió y Juan, Luci y yo seguimos nuestro camino. Salimos del hospital y avanzamos por la nieve al encuentro de Ross  y sus hombres. Solo estaban Ross, los dos hombres que lo acompañaban y el niño, aunque detrás de ellos, detrás de los arboles, se encontraban más cazadores. No sabíamos cuantos de ellos podría haber. A cada paso que daba, el corazón se me iba acelerando. La guerra entre ambos bandos podría estallar en cualquier momento.
*****
David dejó a Silvia, Eva, Alicia y los niños en el último piso. Entonces miró a Vicky. –Ya  escuchaste a tu padre. Cuida de ellos. Confío en ti.
—Lo haré. No te preocupes— respondió Vicky. –Haré todo lo necesario para protegerles. El resto depende de vosotros. Acabad con ellos.
Vicky sonrió a David y este salió corriendo para volver al hall y prepararse. Vicky entonces se dio la vuelta y miró a Eva y Silvia. Ellas tenían en brazos a los bebés.
—No dejaré que os toquen. Si llegan hasta aquí y tratan de entrar, mataré hasta el último de ellos.
***** 
Juan, Luci y yo llegamos a donde estaban Ross, el niño y sus dos hombres. Nada más llegar, nos quedamos a unos dos metros de ellos. Ross nos miró a los tres y finalmente detuvo su mirada en mí.
—No me imagine que serías capaz de salir aquí a hablar conmigo. No después de todo lo sucedido. Pensé que te quedarías escondido… Aunque sin embargo has venido con dos de tus perros— dijo Ross.
—Mira quien habla…— murmuró Luci.
—Hemos salido a negociar o al menos a tratar de negociar contigo. Te has plantado aquí y no has entrado a lo loco disparando. Así que deduje que eras un hombre con el que se puede razonar— dije –Como bien sabes. Tenemos a Jake en nuestro poder— miré al niño y luego a Ross. –Y tú tienes al hijo de la doctora Green. Te propongo un intercambio. Te devolveremos a Jake y tú al niño. Luego nos dejareis en paz.
—Yo no estoy reteniendo a nadie. Junior está conmigo por propia voluntad. No sabes de la misa ni la mitad chaval. Yo te diré lo que vamos a hacer. Vosotros, los adultos de tu grupo, saldréis en fila y os entregareis voluntariamente. Sois mercancía que hay que vender y no podéis estar en malas condiciones. Entregaros voluntariamente y evitaremos un enfrentamiento que no favorecerá a nadie. ¿Quieres eso?
—Os devolveremos a Jake, nos devolveréis al niño y  esto quedará zanjado. Esa es mi propuesta— dije.
—Que le jodan a Jake. No lo necesitamos con nosotros. Es un inútil que se dejó coger. No quiero a inútiles entre mis hombres. Quedároslo si queréis. Os voy a dar cuatro horas para que os decidáis. Solo cuatro horas, pasadas esas cuatro horas vendremos y si no habéis salido, entraremos a buscaros. Y no seremos tan simpáticos.
En ese momento pensé en disparar a Ross y acabar con el. Poner fin a todo eso, pero este pareció prever lo que iba a hacer, y puso al niño delante de él, abrazándolo. Estaba usándolo de escudo. Así no iba a poder hacer nada. Apreté los dientes y los puños. Miré a mis compañeros y con un gesto les indiqué que regresábamos al hospital. Nos dimos la vuelta y comenzamos a caminar en dirección al interior. Mientras, Ross y lo suyos volvían al interior del bosque.
Cuando entramos. Nos vimos asaltados por nuestros compañeros. Allí Mike se nos acercó. —¿Qué ha pasado?
—Nos han dado cuatro horas para que nos entreguemos. Se nos quieren llevar a todos y quieren evitar un enfrentamiento. Quieren que nos entreguemos por las buenas y sin oponer resistencia.
En ese momento la doctora Green se abrió paso entre todos, se acercó a mí, sacó una pistola y me apuntó a la cabeza con ella. Entonces, yo levanté las manos.
—Tenéis que entregaros. Solo así recuperaré a mi hijo. Tenéis que entregaros. Todos.
En ese momento, Keity golpeó a la doctora y la dejó inconsciente. Después le quitó el arma y miró a Glenn y Dingan. –Llevaros a  esta cabrona y encerradla. Ha ido demasiado lejos.
Dingan y Glenn cogieron a la doctora tal como había dicho keity y se la llevaron. Entonces Keity me miró. –Nos han dado cuatro horas. Tiempo suficiente para elaborar un plan. Aunque también tenemos la oportunidad de acabar con esos desgraciados de una vez y para siempre. Esta es nuestra oportunidad.
—Lo primero es lo primero. Hay que hablar con Jake— dije. –Necesitamos que nos de información.
—Sabes que no hablará así como así. Les es totalmente leal a esos cabrones— dijo Keity.
—Ellos ya no lo quieren en su grupo y la lealtad es algo que se puede vender muy barato— respondí.
Keity y yo fuimos a la celda donde teníamos a Jake. Una vez allí nos plantamos delante de el y cerramos  la puerta con llave desde dentro. Este entonces nos  miró a ambos.
—Se os ve angustiados. No me lo digáis, voy a adivinar… Estáis de mierda hasta el cuello por que mis amigos han venido. Yo que vosotros cedería a los que os dicen. Ross es un cabrón muy duro de roer.
—Tu le admiras ¿Verdad? Ves a Ross como si fuera una especie de héroe…— dije sentándome delante de Jake. –Pues creo que deberías saber que a Ross le importas más bien poco. Le ofrecimos dejarte volver con ellos a cambio del hijo de la doctora. Ya ves, un intercambio justo.
—Pero nos dijo que podíamos quedarnos contigo. Que no le interesaba tenerte de vuelta. Que habías sido un inútil— dijo Keity.
—Y a juzgar por como dejó morir a varios de sus hombres… No diría que os adora. Más bien sois sus marionetas. Incluso vi como abrazaba al niño delante de mí por si pretendía dispararle. Ese tipo no siente aprecio alguno por sus compañeros. Eso te incluye a ti.
—¿Por qué se supone que debería creerte?— preguntó Jake.
—A el, solo le interesa cazarnos y vendernos. Sigue sus propios intereses. Si le importaras algo, habría accedido a nuestra propuesta o habría entrado a buscarte. ¿Tú lo ves aquí? Aunque no te lo creas Jake. Lo que te estamos ofreciendo es un cambio de aires. Te estoy ofreciendo que nos ayudes a nosotros y que formes parte de nuestro grupo.
—¿En serio quieres tener en tu grupo a un miembro del grupo que os ha ido jodiendo desde que salisteis del hotel? Yo no participé directamente, pero tíos de mi grupo se cargaron a miembros del vuestro, entre los que había niños. También vi como Ross se cargaba a ese tío raro. No me acuerdo como se llamaba. Solo se que podía caminar entre los muertos.
—Levine…— dije.
—Eso es. Levine… Ross tiene su cabeza como trofeo dentro de una vitrina en su despacho. Primero lo quemó vivo y luego le cortó la cabeza— confesó Jake. –No me hagas reír. Nunca admitiríais a alguien como yo.
—Ayúdanos— dije mientras asumía la muerte de Levine. —¿Cuántos de ellos hay? Hemos matado a varios ya, pero aun quedan.
Jake se quedó un rato pensativo y me miró. —¿Prometes que seré admitido en el grupo?
—Te doy mi palabra— respondí. –Quedarás libre y de ti dependerá si te quedas con nosotros o te marchas, pero quedarás libre.
—La última vez que estuve  con ellos debían quedar unos cincuenta o sesenta— dijo Jake.
—Y Luci, Mél y yo acabamos con unos veinte o más— dije mirando a Keity.
—Pues deben quedar unos treinta o más— dijo en ese momento Jake. –Más o menos.
—Bien. Y ahora… ¿Dónde está su escondite?— pregunté.
—En un almacén cerca de Juliette. Tienen sus sub refugios por toda esta zona. Los usan para establecer sus territorios. Probablemente ahora estén refugiados en uno cerca del hospital. Creo que se trata de una fundición…
—Muy bien— dije poniéndome de pie. Miré entonces a Keity. –Suéltalo y dale un arma.
Jake me miró y luego miró a Keity. –No. No quiero armas. Vamos a empezar haciendo las cosas bien. Con un arma en las manos no confiareis en mí del todo.
—Muy bien entonces— dije. –Bienvenido al club.
Keity, Jake y yo salimos al hall donde estaban los demás. Cuando algunos de ellos lo vieron, enseguida  me miraron a mí. Rápidamente comencé a calmarlos.
—¿Quién es ese?— preguntó Amparo.
—¿Recuerdas que a ti te confundimos con uno de esos cazadores?— preguntó Juan mirándola. Amparo asintió. –Pues ese es uno de ellos. Además de verdad.
—Pero ahora está de nuestro lado. Está con nosotros— dije mientras miraba a Jake. –Nos ayudará.
—O aprovechará para servirnos en bandeja de plata a sus amigos. No creo que sea sensato dejar que este tío campe por aquí a sus anchas. ¿Te has vuelto loco?— preguntó Luci.
—Se lo  que estáis pensando y en gran parte tenéis razón. Por eso yo soy su responsable, pero eso lo discutiremos luego. Nos han dado cuatro horas. Cuatro horas para decidir si nos entregamos. Es evidente que no lo haremos y que habrá que luchar. Por eso he estado dándole vueltas a un plan. Puede que algo descabellado, pero no perdemos nada por intentarlo.
—¿Qué plan?— preguntó Marta.
—Vosotros os topasteis con un rebaño de caminantes. ¿No es así?— pregunté mirando a Keity.
—Así es— respondió la militar. –Pero no entiendo tu plan.
—Es sencillo. Cuando Mél, Luci y yo estábamos en el albergue de cazadores. Logramos atraer a un grupo de caminantes. A los cuales logramos echarles encima sin problemas. Si ese rebaño está cerca todavía y parece ser que es así, podemos atraerlos hasta el hospital. Estos se encargarán de reducir el número de cazadores.
—No hablas en serio— dijo en ese momento Glenn. –Había un porrón de podridos ahí fuera. Arrasarían el hospital. Nos matarían…
—No necesariamente. No si sale como estoy pensando— entonces miré a Dingan. –Dingan. Cuando vinimos me fijé en unos altavoces que están repartidos por todo el exterior del hospital. ¿Funcionan?
—Creo que si, pero no estoy seguro. Yo diría que si, lo que no funciona es el aparato que conecta con ellos— respondió Dingan.
—¿Crees que podrías arreglarlo? Tienes poco más de tres horas para conseguirlo— dije mirando al soldado. –Contamos contigo.
—Necesitaré ayuda— dijo Dingan.
Entonces miré a Yuriko. –Yuri. A ti se te dan bien esos aparatos. Ayúdale.
—Bien— dijo Yuriko.
—Vale, pero… ¿Cuál es tu plan?— preguntó Dingan.
—Quiero que pongáis eso en marcha y que pongáis la música con el volumen al máximo. Eso debería atraer a ese rebaño. Esos cazadores no se lo verán venir. Los caminantes estarán tan entretenidos con ellos que no se fijarán en nosotros. Cuando lleguen, bastará con que quitemos la música. Es un plan arriesgado, pero ellos son más que nosotros. Hay que reducir su número como ya he dicho.
—Estás como una cabra, pero es un plan con su lógica— dijo Luci.
—Muy bien, pues a trabajar— dije dando una palmada.
Después de hablar con el resto de mi grupo, bajé a donde habíamos encerrado a la doctora tras el incidente de cuando habíamos visto al niño. Abrí la puerta y entré. Una vez dentro cerré la puerta y me senté frente a la doctora, esta entonces me miró.
—¿Has venido a matarme? Adelante— dijo la doctora Green. –Nunca recuperaré a mi hijo. Lo habéis estropeado todo. Nunca debí dejar que os quedarais.
—¿Qué le hace pensar que habrían cumplido su palabra? Nos habría entregado y probablemente nunca habría recuperado a su hijo. Puede que incluso la hubiesen atrapado a usted también. No puede fiarse de todo el mundo, y menos de gente así— dije.
—¿Qué es lo que haces aquí? No tengo ganas de hablar con nadie. Y menos contigo— dijo la doctora mirándome. –Fuera de aquí.
—He venido para decirle que recuperaré a su hijo. Yo se lo devolveré— dije mirándola fijamente.
—¿Hablas en serio?— preguntó la doctora.
—Si— respondí. –Ahora que ya está más calmada, puede salir. Necesitaremos a otro medico si hubiese heridos. Además, no quiero tener a nadie encerrado.

Bosque…

Ross se encontraba en el campamento que habían establecido cerca del hospital. Miraba constantemente un reloj. En ese momento fue a verlo uno de sus hombres.
—¿Qué quieres?— preguntó Ross. —¿Alguna novedad con respecto a nuestras presas?
—Nada. Apenas se aprecia movimiento dentro del hospital. La verdad, dudo mucho que vayan a entregarse así como así.
—¿Acaso lo dudabas? Yo ya sabía que no iban a ceder. No habrá más remedio que entrar a por ellos y sacarlos a la fuerza. Es algo que quisiera evitar, pero hay veces que las cosas no salen como uno quiere. Es como cuando quieres hacer salir a unas ratas. Solo puedes hacerlas salir con humo. Nosotros entraremos a por ellos… Y si en la reyerta matamos a alguno pues nos  tendremos que fastidiar— dijo Ross dejando ir un suspiro.
—¿Y el niño? ¿Se lo devolverá a su madre?
—No. Nunca pretendí devolvérselo. De hecho, ella también será capturada y vendida. Podemos sacar  mucho por un medico. Ese niño es ahora mi hijo y lo criaré yo. El será mi legado en este mundo cuando yo no esté. Le enseñaré todo lo que se. Yo ya tengo una edad y no se cuanto me queda. Quiero poder morir tranquilo… Oh, oh, oh…
Ross avanzó hacia el reloj que había estado mirando y esbozó una sonrisa. El hombre que había ido a hablar con el se lo quedó mirando.
—¿Qué es lo que ocurre jefe?
—Diles a todos que se preparen. Ha llegado el momento. El momento más emocionante de la caza. El momento que todo cazador espera tras acechar horas y horas. El momento cumbre de todo esto.
—¿De que está hablando?
Ross comenzó a reír y levantó el reloj mostrándoselo a su hombre. El contador del reloj había llegado a cero. –Ha llegado el gran momento. Que se preparen todos, que cojan los vehículos y las armas. A ese grupo se le ha acabado el tiempo.


sábado, 22 de abril de 2017

NECROWORLD Capitulo 152

Día 15 de Noviembre de 2010
Día 870 del Apocalipsis…
17:00  de la tarde. Hospital…

—Deprisa. A la enfermería— decía la doctora Green al tiempo que corría junto a la camilla que transportaba a Boggs. Entraron en el quirófano y la doctora pidió que solo se quedara el personal indispensable. Entonces miró a Sheila. –Voy a necesitarte.
—De acuerdo— dijo Sheila asintiendo.
Todos los que estaban allí salieron, dejando a Sheila, el doctor López y a la doctora Green. Marta observaba desde fuera.
—No te preocupes. Todo saldrá bien— dijo Dingan mirándola. –La doctora Green no lo dejará morir. Ya verás como se pone bien.
Marta miró a Dingan. –No lo hará. Todos moriremos tarde o temprano.
—¿Por qué dices eso?— preguntó Dingan. –Llevamos sobreviviendo desde que comenzó esto. Boggs es fuerte. Logrará salir de esto. Tienes que confiar en el.
Marta apoyó la cabeza contra la pared. –No importa lo fuertes que seamos. Nuestra hora llega cuando llega y no podemos hacer nada para evitarlo… Aun así… Boggs está donde está por culpa de otros. ¿Viste a esa tía nueva que ha llegado?
—¿La rubia?— preguntó Dingan. —¿Qué tiene que ver? Keity se la ha llevado a una de las salas  para interrogarla.
—¿No te parece oportuno? Boggs acaba herido y aparece ella en el hospital… Esa tía tiene algo que ver con lo ocurrido. Seguro que pertenece a algún grupo de  cazadores de personas. Si Boggs muere, ella pagará por todos— dijo Marta sin mirar a su compañero.
—Oh dios. Creo que no sabes lo que dices. Creo que será mejor que vayas a descansar. Yo me quedaré aquí. Te informaré de ello pase lo que pase.
Marta se alejó de la pared y salió al pasillo. Allí se sentó en una de las sillas y sacó su arma. Entonces sacó el cargador y comenzó a ponerle balas mientras en su mente aparecía la cara de la recién llegada.
******
Keity apuntó a la mujer con su fusil y la obligó a ponerse de espaldas a ella apoyada en la pared. Antes de entrar allí, la habían cacheado y le habían quitado todo lo que llevaba encima.
Glenn entró en la sala y miró entonces a Keity. –Boggs ha entrado en quirófano. La doctora hará todo lo que esté en sus manos, pero vi las caras que ponía… No tiene buena pinta.
—Lo conseguirá…— Keity se acercó a la mujer y la obligó a darse la vuelta. Entonces la miró de arriba abajo. —¿Dónde tienes el tatuaje? ¿A que grupo de cazadores perteneces?
—No se de que me hablas. No pertenezco a ningún grupo de cazadores— respondió la mujer mirando a Keity y a Glenn.
—Desnúdate— dijo en ese momento Keity con tono amenazante. 
—¿Qué?...— preguntó la mujer estupefacta, entonces miró a Glenn. –No pienso hacerlo.
—Claro que lo harás. Por que si no lo haces, te coseré a balazos y luego te quitaré la ropa yo. Tú elijes.
En ese momento la mujer comenzó a quitarse la ropa. Cuando estuvo completamente desnuda, extendió los brazos hacia los lados y comenzó a dar vueltas sobre si misma, cuando dio tres vueltas completas, se detuvo y miró a Keity. –No tengo tatuajes de ningún tipo. ¿Ya estás satisfecha? ¿O quieres seguir deleitándote la vista?
—¿Te crees muy graciosa?— preguntó Keity. –No estoy para bromas tía. Tengo a uno de mis hombres debatiéndose entre la vida y la muerte. Así que no me toques los cojones por que no estoy para gilipolleces.
—Siento lo de tu hombre, pero yo no tengo nada que ver. Salí hace un día de mi comunidad para conseguir medicamentos en este hospital. No tenía ni idea de que había gente— dijo la mujer mirando a Keity.
—¿De que comunidad hablas?— preguntó Glenn.
—Hablo de…— respondió la mujer, pero no llegó a terminar la frase. Keity la interrumpió.
—No hay ninguna comunidad. Esta viene de algún grupo de cazadores. Viaja sola… Nadie con dos dedos de frente viaja solo en este mundo. Esta tía tiene a su grupo ahí fuera en alguna parte, esperando a saltarnos encima. No te fíes.
—Pero no lleva ningún tatuaje que la identifique como perteneciente a alguno de esos grupos— replicó Glenn. –Creo que dice la verdad.
—No necesariamente tiene por que llevar tatuaje, podría ser una espía o incluso una nueva integrante a la que no le han hecho el tatuaje. O puede tenerlo oculto— dijo Keity.
—¿Oculto? No se donde— respondió la mujer.
—Puede que lo tengas metido en el culo. Quizás deba separarte las nalgas para ver  si lo tienes ahí— dijo Keity avanzando hacia la mujer. Cuando llegó hasta ella, la inmovilizó con una llave. La agarró por  el brazo y la tumbó poniéndole la bota sobre la cara. –Será mejor que hables si  no quieres que te rompa el brazo.  Créeme, no es el primer brazo que rompo y se me da especialmente bien.
—Diga lo que diga no me creerás. Me harás deño de todos modos. Mira en mi mochila. La que me habéis quitado al entrar. Ahí tengo pruebas que confirman que lo que digo es verdad. Vengo desde Thomaston. Allí llevamos viviendo mucho tiempo sin problemas.
—Thomaston está a unas cuantas horas de aquí— dijo Glenn.
—Hace un día que salí de allí. Tengo una radio. Podéis poneros en contacto con mi gente de allí. Tenéis que creerme.
—Eso no demostraría nada— replicó Keity retorciéndole más el brazo. –Las mentiras son algo habitual en vosotros. Muy bien, tú lo has querido…
En ese momento la puerta de la celda se abrió y Dingan apareció en la puerta, en su cara se veía que algo no había ido bien. Keity no necesitó que Dingan dijera nada, enseguida supo que había ido a anunciarles que Boggs no lo había superado y que había  muerto.
*****
Marta se encontraba sentada junto a la camilla donde estaba el cuerpo de Boggs. Allí con ella solo quedaba Sheila, a  doctora Green había salido de la sala hacía poco.
—Siempre has estado cuidando de mí… Y yo no he sido capaz de cuidar de ti. Esto no tenía por que haber pasado. Podíamos haber tenido una vida genial si todo esto no hubiese pasado. Podríamos haber tenido una casa bonita y varios hijos— decía Marta mientras Sheila la observaba y de vez en cuando miraba su reloj. Boggs acababa de morir y podría volver en cualquier momento. Podría haber clavado algo en su sien, pero Marta le había pedido que no lo hiciera. –Se que tenías planes para nosotros cuando todo esto acabara, pero te has ido antes de que esto se terminara. No te culpo, no podría hacerlo. Se que ahora estás en un lugar mejor… O eso quiero pensar.
En ese momento. Boggs abrió los ojos y comenzó a moverse. Intentó agarrar a Marta, pero las correas que lo mantenían sujeto a la camilla se lo impidió. Habían sido previsores.
Marta sacó el cuchillo y miró al que un día había sido su novio. –Ahora tengo que hacerlo.
—Si…— dijo Sheila. –Ya no hay vuelta atrás.
Marta acercó el cuchillo a la nuca de Boggs con intención de clavárselo, pero antes de que pudiera clavarlo, se vino abajo y comenzó a llorar y a gritar al lado de la camilla. Justo en ese momento llegó Keity. Esta se quedó observando la escena. Primero miró a Marta y luego a Boggs. Keity sacó la pistola para disparar, pero antes de que pudiera apretar el gatillo. Sheila clavó un bisturí a través de  la cuenca del ojo de Boggs, quedando este inmóvil. Después de eso, Sheila salió de la sala, dejando a Keity y a Marta  solas. Keity se dio cuenta en ese momento de la frialdad con la que había actuado Sheila.
*****
Todos nos habíamos reunido en el crematorio del hospital. Allí estábamos viendo como el  cuerpo de Boggs ardía. Yo me acerqué entonces a Keity. Esta estaba de brazos cruzados apartada del resto.
—Siento lo de tu compañero— le dije con sinceridad.
—Cuando has enterrado o incinerado a muchos amigos… Al final te acostumbras— respondió Keity mientras observaba a una Marta rota de dolor que lloraba en el hombro de la doctora Green. –Por quien de verdad lo  siento es por Marta. Le costará superar esto.
—¿Qué hay de la mujer? ¿Le habéis sacado algo?
—No demasiado. No tiene tatuajes… Y ella afirma que no pertenece a ningún grupo de cazadores. Si no que viene de una comunidad. En Thomaston— respondió Keity.
—¿Le habéis creído?
—No, pero ella dice que en su mochila hay cosas que corroboran lo que dice.
—¿Y donde está su mochila?— pregunté.
Keity y yo fuimos a la sala de las  armas, la misma sala donde habían dejado la mochila de la mujer. Una vez allí me acerqué a la mochila. La abrí y vacié el contenido sobre una de las mesas.  Cayeron varias latas de conserva, un sobre, una radio y una cámara de video. No llevaba nada más.
—¿Ha dicho cuanto hace que salió de esa comunidad?— pregunté a Keity mientras cogía una de las latas y le daba la vuelta.
—Hace un día ¿Por qué?
—Lleva muy poco en la mochila. Sabía a donde iba y cuando iba a volver. No es posible que si pretendiese volver se iba a descubrir de esta manera. Ella se plantó delante de nosotros como si tal cosa— respondí al tiempo que cogía el sobre y lo abría, del interior saqué varias fotos, parecía que las habían hecho con una cámara antigua. Comencé a ojearlas y vi varias cosas. En  una de ellas se podían ver los altos muros, en otra se veía a varias personas en una gran mesa, estaban comiendo y podía verse un cochinillo recién cocinado en el medio. En otras fotos se veía lo que parecía un colegio y varios  niños con mochila acudiendo a el.
—Parece que dice la verdad entonces. En muchas fotos pueden verse los muros— dijo Keity cogiendo las fotos para ojearlas.
Yo cogí la cámara de video y traté de encenderla, pero no iba. Solo se encendía una lucecita que indicaba que no tenía batería. –Sin batería— dije dejándola en la mesa. –Y no hay nada con lo que poder cargarla.
—Se la llevaré a Dingan.  El sabrá como encenderla… ¿Qué hacemos ahora? Parece que su historia es cierta. ¿La soltamos? ¿Qué opinas?
—Me gustaría hablar con ella— dije. –Ahora todos están ocupados.
—Pues vamos a hablar con ella— dijo Keity.
Ambos fuimos a la sala de la mujer. La sala de esta no quedaba muy lejos de la sala donde teníamos encerrado a Jake. Cuando llegamos a la sala, abrí la puerta y entré yo primero, después entró Keity. La mujer entonces se nos quedó mirando, primero me miró a mí y luego miró a Keity.
—Hola— dije.
—Hola— respondió la mujer mirándome. Entonces miró a Keity. –Siento lo de tu amigo.
—¿Quién eres en realidad?— pregunté –Hemos visto las fotos de tu mochila. ¿Qué significa?
—He dicho que vengo de una comunidad. De Thomaston. Llevamos viviendo allí mucho tiempo. Yo solo vine aquí esperando encontrar medicamentos, no tenía ni idea de que había gente. Escuchad, si no queréis darme los medicamentos así como así lo entiendo. Podemos hacer un trueque. ¿Qué queréis a cambio? Os daré lo que me pidáis.
—¿Cómo te llamas? Eres española. Como yo— le dije acercándome a ella y agachándome. Como no llevaba esposas. Keity estaba detrás de mí, preparada para disparar en cualquier momento.
—Me llamo Amparo. Y si, soy española. Fui militar y tras dejar el ejército me vine a estados unidos a vivir. Dejadme ir.
—Yo soy Juanma— entonces hice un gesto con la cabeza señalando a Keity. –Y ella es Keity. Es ella quien está al mando aquí. Vamos a ser claros contigo Amparo. No podemos fiarnos así como así de ti. Entiéndelo. Hay gente mala por ahí dispuesta a jugártela por menos o nada. ¿Cómo puedes convencernos de que eres sincera? Keity dice que no llevas tatuajes.
—Y me obligó a desnudarme para comprobarlo— respondió Amparo.
—Y recuerda que lo de separarte las nalgas sigue en pie. No nos vaciles y habla. Dinos todo lo que queremos saber— dijo Keity.
—Dices que no eres una de los cazadores… Pero… ¿Qué puedes hacer para que te creamos?  La cámara no tiene batería. Las fotos en las que no apareces podrían ser de cualquier otra persona, y la radio no nos ayuda, por que el que nos pongamos en contacto con tu gente para corroborar tu historia, puede formar parte de tu plan para cogernos a todos. Acéptalo Amparo, no estás en buena posición. Tu vida pende de un hilo.
Amparo suspiró en ese momento. –Está bien. Mi coche…
—¿Tu coche?— preguntó Keity.
—Mi coche, si. Utilicé un GPS para venir hasta aquí. En el aún está grabado el trayecto que he hecho. Ahí podréis comprobar que digo la verdad— dijo Amparo. –Solo tenéis que ir a verlo. Está a tres kilómetros de aquí. Lo aparqué para no atraer la atención de los caminantes.
—¿Un GPS? ¿En serio?— preguntó Keity. –No me lo creo.
—En Thomaston tenemos ingenieros, tenemos a gente especializada en distintos campos. Estamos muy preparados… Tenéis que creerme— suplicó Amparo.
—A la mierda. No me lo creo. Voy a cargármela, si no lo hago yo, seguramente lo hará Marta, está rabiosa por lo de Boggs— dijo Keity quitándole el seguro al arma y apuntando a Amparo. Entonces me puse yo por medio y Keity me miró. —¿Qué haces? ¿Te pones de su parte?
Cogí a Keity del brazo y me la llevé fuera. Una vez fuera de la sala, la  miré y comencé a hablar. –Podría decir la verdad. Si de verdad tiene una comunidad… ¿Sabes lo bueno que sería eso? Esto es un hospital, pero no un refugio. Si tiene  una comunidad, podríamos trasladar allí a todo el mundo. ¿Has visto esos muros? Son mucho más seguros que estas vallas. Si dice la verdad, vale la pena comprobarlo.
—¿Y que sugieres?— preguntó Keity.
—Ir a donde tiene el coche. Que nos diga el punto exacto y vamos a buscarlo— respondí.
—Yo te propongo algo mejor. Voy a la otra sala, cojo a Jake y lo traigo hasta aquí a rastras. Esos cabrones se conocen entre si aunque solo sea de vista. El la delatará, le amenazaré con matarle si no dice nada. La empatía no es lo suyo y son de los que prefieren salvar su propio culo.
—¿Y no  se te ha ocurrido pensar que Jake podría mentir?— pregunté cruzándome de brazos. –Eso que dices puede hacerse, pero cuando comprobemos lo del coche. Si encontramos el coche… Eso nos abre un abanico de posibilidades. Aquí estamos encerrados y allí podríamos disfrutar de aire puro. Vamos a por el coche, tú y yo. Podemos estar de vuelta enseguida.
—Está bien. Vamos— dijo Keity –Pero como sea mentira, juro que la mataré… Y lo haré lentamente. Estoy hasta el coño ya.
—Escucha. Haz lo que tengas que hacer y prepárate, nos vamos dentro de media hora. Solo nos vamos tú y yo. Si nos miente, por lo menos no pondremos a otros en peligro. De esto nos ocupamos tú y yo— después de eso. Entré dentro de la sala y me acerqué a Amparo mientras Keity se marchaba.
—Os prometo que os estoy diciendo la verdad— dijo Amparo mirándome. –Tú pareces más razonable que ella. Tienes que creerme.
—No me  conoces de nada. No sabes quien  soy ni lo que he hecho. Ni siquiera sabes de lo que soy capaz. Ahora quiero que me digas donde está tu coche… Y por tu bien, más te vale que me digas la verdad… Y recuerda. Si hay gente tuya esperándonos, los mataremos a todos y luego te mataremos a ti.
*****
Keity entró en el despacho de Green y se encontró a la doctora con una taza de café caliente en las manos mientras miraba por la ventana. Nada más entrar la militar, ella se dio la vuelta.
—No te he llamado. ¿Qué haces aquí?
—Lo siento doctora, pero esto es importante. Hemos estado interrogando a la prisionera…
—¿Hemos?— preguntó la doctora.
—Juanma y yo… Hemos conseguido información importante… Bueno. Aún no sabemos si dice la verdad, pero iremos a comprobarlo. El caso es que…— Keity tomó asiento. –Esa mujer dice que viene de Thomaston. Según nos cuenta, allí tiene una especie de comunidad. ¿Sabe lo que eso significa?
—Nada, no significa nada. Sabíamos de otras comunidades antes…— respondió la doctora sentándose también. –Pero nunca nos hemos puesto en contacto con ellas.
—Esta está más cerca y no parecen cazadores, de confirmarse… Podríamos dejar atrás este hospital. Los enfermos progresarían más allí. Todos estaríamos más seguros. Sus muros son altos, no son míseras vallas.
—Te estás emocionando. Piensa que eso no podría ser más que una quimera más…
—Puede ser, pero es algo que he venido pensando mientras venía hacia aquí. Aun tiene que confirmarse, pero de ser cierto…
—Olvídalo Keity— dijo en ese momento la doctora. –No nos moveremos de aquí.
Keity dio un golpe en la mesa y se levantó. Salió del despacho de la doctora y comenzó a caminar por el pasillo. No entendía como podía ser que teniendo una oportunidad así al alcance de las manos, la doctora ni siquiera pensara en aprovecharla, pero no le importaba, ella se preocupaba por todos los que estaban allí, quizás más que la propia doctora, y si en otro sitio iban a estar mejor que allí, ella se encargaría de llevárselos.
*****
Me encontraba en la habitación que compartía con Eva. Estaba poniéndome la chaqueta y los guantes, fuera hacía muchísimo frio. Justo en ese momento entraron Eva y Katrina. Estas me miraron extrañadas por lo que estaba haciendo.
—¿Qué haces?— preguntó Eva. —¿Vas a salir?
—Keity y yo. Supuestamente esa mujer, Amparo, tiene un coche cerca del hospital. Supuestamente, el GPS de ese coche corrobora la historia que nos ha contado— respondí.
—¿Qué historia?— preguntó Katrina.
—Amparo dice que viene de una comunidad… O eso dice. Keity y yo iremos  donde tiene su coche y averiguaremos cuanto de verdad hay en lo que dice. Si dice la verdad… Creo que podríamos trasladarnos allí— entonces las miré a ambas –Pensadlo bien. Aquí estamos encerrados, pero no allí. Allí podríamos estar al aire libre. Si es cierto… Le pediré que nos lleve a todos— terminé de prepararme y salí por la puerta mientras Eva y Katrina me seguían.
—¿Y vais a ir vosotros dos solos?— preguntó Eva.
—Si. Así por lo menos, si es una trampa, no arriesgaríamos más vidas. No está muy lejos de aquí. Así que si no volvemos antes del anochecer, es por que nos ha pasado algo. Por eso quiero que os preparéis. Preparaos para cualquier cosa que pueda suceder. ¿De acuerdo?
Ambas asintieron y luego abracé a ambas y besé a Eva. Salí al hall y allí me encontré con Keity. Esta me miró y me hizo un gesto. Me acerqué a ella y ambos nos dirigimos a la salida del hospital. Salimos al exterior y recorrimos todo el parking, la nieve de las últimas nevadas nos llegaba casi hasta las rodillas. Nada más salir, me fijé en los monos que había por la zona. Era evidente que estos habían quedado libres tras el apocalipsis y habían colonizado aquellos bosques y toda esa zona.
—Boggs solía darles de comer— dijo en ese momento Keity. –El era quien más los alimentaba. Ya no lo hará más… Y yo siempre le echaba la bronca por hacerlo. Que estúpida fui. Quizás, si hubiese estado más atenta… El no habría muerto. De algún modo, soy culpable de ello— Keity se quitó la mochila, rebuscó dentro y sacó unos trozos de fruta. Estos se los lanzó a los monos y estos acudieron corriendo a coger los trozos.
—No fue culpa tuya— le dije –Fue un accidente. Llegó muy mal, no podrías haber hecho nada. Entiendo lo que sientes, por que yo he estado como tu muchas veces. Ahora vamos.
Ambos seguimos caminando adentrándonos en el bosque, siguiendo el mapa, buscando el punto que Amparo nos había señalizado, supuestamente, allí tenía el coche. Cerca de una fabrica de zapatos. Nos paramos y Keity señaló en una dirección. Desde donde estábamos, podíamos ver las chimeneas de la fábrica.
—Es allí. Al menos, parece que de momento dijo la verdad— dije.
—Ojalá— dijo entonces Keity. –Se que he sido borde y dura con ella, pero a medida que decía lo que decía. En el fondo deseaba que fuera cierto. Estoy harta de vivir encerrada en el hospital. Esa comunidad es una gran oportunidad para todos, aunque Green no quiera verlo. Tarde o temprano tiene que comprender que a la larga, quedarse en ese hospital significaría nuestra muerte.
—Quieres aparentar ser dura, pero tienes tu corazoncito…— dije con una sonrisa. –A mi me pasa igual.
Llegamos a la fábrica de zapatos y entonces vimos el coche. Era de color plateado, tal y como Amparo nos había dicho. Estaba debajo de una uralita, tal y como nos había dicho Amparo. Todo encajaba de momento. Nos acercamos al vehículo y abrimos la puerta. Me metí dentro y cogí el GPS. Se lo pasé a Keity y esta lo encendió. Al poco rato me hizo una señal para que me acercara. Me puse de pie a su lado y miré a la pantalla del GPS. En ella podíamos ver el ultimo trayecto que había hecho, evidentemente veíamos que había salido de Thomaston.
—Decía la verdad. Hay una comunidad  en Thomaston— dije mirando a mi compañera.
—Volvamos al hospital antes de que se empiecen a preocupar— dijo Keity.
Ambos cerramos el coche y emprendimos el camino de regreso al hospital. Durante el camino de ida a la fábrica, habíamos ido con los ojos bien abiertos por si nos topábamos con cazadores. De regreso, estábamos haciendo lo mismo. Justo en ese momento, comenzó a nevar.

Hospital…

Marta fue a la sala donde retenían a la mujer. Nadie la había visto desde la incineración de Boggs. Ella se había recluido en una de las habitaciones poco después. Allí había llorado, dormido y tomado una decisión. Boggs había muerto al caer en una trampa puesta por los cazadores, y allí en ese momento, tenían a dos.
Abrió la puerta y entró con cuidado. No cerró la puerta para no hacer ruido. Entonces la mujer la miró.
—¿Qué es lo que quieres?
—Boggs está muerto por culpa de una de vuestras trampas. Voy a vengar su muerte— dijo Marta sacando una pistola con silenciador. y sentándose en un taburete. –Voy a matarte. Se que con eso no lograré nada,  pero al menos, será un ojo por ojo. Boggs no merecía morir.
Amparo se puso en pie y retrocedió al tiempo que Marta le apuntaba. –No tengo nada que ver con los que mataron a tu amigo. Yo vengo de…
—¡¡¡Cállate!!!— gritó Marta apuntándole a la cabeza. Justo en ese momento comenzó a escuchar pasos. Alguien se acercaba corriendo a esa sala. Tenía que hacerlo ya. Apuntó y apretó el gatillo al mismo tiempo que alguien la golpeaba a la carrera y la hacía chocar contra la pared.
Entré rápidamente en la sala mientras Keity inmovilizaba a Marta y trataba de calmarla. Corrí hacia Amparo y vi que estaba bien. La bala solo le había rozado un brazo.
—¿Estás bien?— le pregunté a Amparo al mismo tiempo que la ayudaba a ponerse en pie. Me di la vuelta y miré a Keity. –Llévatela y cálmala.
Cuando Keity se llevó a Marta, yo me quedé a solas con Amparo. Ella me miraba sentada en el taburete. Yo me senté frente a ella.
—Muy simpática tu amiga…
—Está pasando un mal momento— dije. –Hemos encontrado tu coche y por eso vinimos corriendo. Te creemos. Aunque aun no podemos sacarte de aquí, pero de todos modos, voy a garantizar tu seguridad. Nadie te hará daño.
—Muy amable…— dijo Amparo.

—Pero a cambio… Quiero que nos lleves a Thomaston. A todos.

sábado, 15 de abril de 2017

NECROWORLD Capitulo 151

Día 15 de Noviembre de 2010
Día 870 del Apocalipsis…
15:00  de la tarde. Hospital…

Habían pasado varios días desde que habíamos llegado al hospital JFK. Los militares que allí vivían, habían salido a buscar suministros y nosotros, por nuestra parte nos habíamos instalado y estábamos bien. El grupo se estaba adaptando y estaba ayudando en todo lo posible. Algunos salían a cazar para traer comidas y otros estaban cultivando en el invernadero improvisado de  la terraza. Todos estaban esforzándose para que llegado el momento, la doctora no nos echara. Yo por mí parte, había intentado hablar con el rehén  varias veces sin éxito. Era imposible entrar ahí. Después de comer,  había decidido subir a la azotea del hospital. Poco después de haber subido, vi una columna de humo negro elevarse en la lejanía entre las copas de los arboles. Algo que realmente no me daba muy buena espina y que suponía que no era el único que lo había visto. En ese  momento, escuché la puerta de la terraza y me di la vuelta, entonces vi a Stephanie.
—Estás aquí. Me ha llevado un buen rato encontrarte. Fue Vicky quien me  dijo que estabas aquí. ¿Qué haces?
—Contemplar el horizonte— respondí. –Parece que se acerca tormenta— entonces señalé unas nubes muy negras que venían por el Oeste. –Va a haber una buena tormenta al parecer.
—¿Y que es eso?— preguntó Stephanie señalando la columna de humo negro.
—Apareció hace cosa de dos horas. Hay fuego allí— respondí.  –No  me gusta un pelo— entonces me di la vuelta y miré a Stephanie. —¿Me buscabas para algo?
Stephanie dejó de mirar la columna de humo negro y me miró a mí. –La doctora Green. Te estaba buscando para hablar contigo. Te está esperando en su despacho.
Cuando me dijo eso me temí lo peor. No había vuelto a hablar con ella desde mi llegada y los demás estaban muy recuperados. Incluida la hija de Mike. Yo comencé a temer  que se lo hubiera pensado mejor y que hubiese decidido echarnos ya. Eso no lo podía permitir bajo ningún concepto. Los niños no iban a sobrevivir ahí fuera. No pude evitar mostrar una mueca de fastidio, algo de lo que Stephanie se dio cuenta.
—No hay manera con esta mujer. No parece gustarle nuestra presencia aquí— dije dando un golpe en la barandilla.
En ese momento, Stephanie sacó una pistola y me la dio. Yo me quedé sorprendido debido a que desde mi llegada. Ninguno de mi grupo podía tener un arma. Según la doctora y su ayudante, no era necesario que las lleváramos. Rápidamente la cogí y me la guardé.
—¿De donde la has sacado?— pregunté alarmado —¿Te ha visto alguien?
—No. No te preocupes— respondió Stephanie. –La he sacado del almacén donde los militares guardan sus armas.
—¿Por qué lo has hecho? ¿Estás loca?— dije agarrándola del brazo. Se había arriesgado y si la hubiesen descubierto, nos  habría puesto a todos en problemas.
Ella se soltó. –No ha sido idea mía. Los demás han decidido que seas tu quien tenga el arma. Eres el líder al fin y al cabo. La gente piensa que quiere echarnos y hay que impedirlo.
Era evidente que todos temían que nos echaran de allí. Y yo al ser quien lideraba el grupo, debía intentar que eso no pasara. El hecho de haber recibido esa pistola lo dejaba claro.
—Muy bien. Iré a hablar con la doctora—dije. Me alejé de ella y entré de nuevo en el hospital. Bajé los escalones y por fin llegué al despacho. Puse la mano en el pomo y estuve a punto de entrar, pero entonces, decidí llamar primero. Lo hice y recibí respuesta enseguida. La doctora me dio permiso para pasar y yo lo hice. Una vez dentro me encontré con la doctora Green y con el doctor López. Al verme, este se levantó, se despidió de la doctora y salió dejándonos a solas.
—¿Quería verme?— pregunté.
—Así es. Toma asiento por favor. Tenemos que hablar.
Yo me senté en una silla frente a ella y puse mi mano sobre la pistola, dispuesto a usarla en cualquier momento. Aunque de verdad tenía dudas, yo no era nadie para obligarla a que nos dejara quedarnos, de hecho, amenazarla con ello solo complicaría las cosas, pero por otro lado, no era yo solo quien estaba allí, era todo un grupo con niños.
—Dígame doctora. Pero antes, de verdad, por  favor, piénseselo más. No lo haga por mí. Hágalo por los niños, piense en ellos. No nos eche, solo nos condenaría.
—No voy a hacerlo— dijo en ese momento la doctora. –He estado observando como el grupo se ha adaptado. No puedo decir que no esté contenta. Al principio tuve mis dudas, pero ahora… Creo que será mejor que os quedéis. Podéis sernos de gran ayuda.
La verdad era que no me lo esperaba. La doctora había cambiado de opinión y nos estaba permitiendo quedarnos. No pude ocultar mi alegría y sonreí. Me levanté, caminé hacia la doctora y la abracé.
—No se arrepentirá. Se lo prometo. Seremos de mucha ayuda. Ahora solo nos queda solucionar lo del rehén.
—Lo del rehén está solucionado también. En unos días será puesto en libertad. No volverá con los suyos. Mandaré a un grupo bastante lejos, llevarán al rehén con los ojos vendados y lo dejarán. Probablemente muera, pero la idea es que no regrese con los suyos. Le he estado dando muchas vueltas y será lo mejor. Esos cazadores no vendrán aquí. Luego bastará con que no entréis en su territorio.
No le veía mucho sentido a lo que decía la doctora. De hecho no lo veía nada claro, pero o acepté. La doctora había permitido que nos quedáramos y no iba a ser yo quien lo estropeara todo. Aun así seguía recordando el humo negro. Puede que la doctora dijese que no pasaría nada, pero desde luego, no iba a bajar la guardia en ningún momento.
Agradecí a la doctora su decisión y salí del despacho con una sonrisa. Iba a reunirme con el resto del grupo para informarle de la buena noticia. Íbamos  a quedarnos a vivir allí.
*****
La doctora volvió a quedarse a solas. Cuando vio que estaba segura y que nadie iba a interrumpirla, abrió el cajón de su escritorio y cogió la foto, debajo de ella había un walkie talkie. Esta cogió la foto y pasó el dedo sobre la imagen de su hijo mayor.
—Ya queda menos para estar juntos mi amor. Todo  volverá a ser como antes— se dijo a si misma mientras recordaba todo lo que había pasado hacía unos días.

Día 11 de Noviembre de 2010
Día 866 del Apocalipsis…

La doctora Green salió de la sala de detención tras la charla con Jake. Este le había contado sobre su hijo y como podría recuperarlo. Aunque al principio se quedó pensativa, pero finalmente accedió y comenzó a ir hacia el exterior, si Jake había sido sincero con ella y le había dicho la verdad, encontraría una mochila con un walkie talkie.
Recorrió rápidamente el pasillo y cuando dobló una esquina casi se dio de bruces con Keity.
—Oh dios. Keity, me has asustado— dijo la doctora llevándose la mano  al pecho.
—¿Viene de la celda del detenido?— preguntó Keity mirándola por encima del hombro.
—Si… Yo… Solo fui a ver que no estuviera enfermo ni nada. Ya sabes, soy medico. Mi trabajo es preocuparme por la salud de las personas, aunque estas no sean buena gente.
—Ya… Claro…— dijo en ese momento Keity. –Bueno doctora, evite quedarse demasiado tiempo a solas con ese tipo. Dudo mucho que sea tan desvalido como quiere aparentar. He conocido a muchos como el que parecen moribundos un minuto y al siguiente, sus pies están en tu cuello preparándose para rompértelo. No entre ahí sin alguien más. Es un consejo que le doy. Al igual que usted, yo también me preocupo de las personas. Mi trabajo es evitar que mueran de forma estúpida e imprudente.
—Ya… Lo cojo— murmuró la doctora agachando la cabeza.  –Bueno… ¿Querías algo?
—Los chicos y yo estamos listos. Mañana al amanecer partiremos en la expedición. Dingan ha terminado de arreglar una furgoneta. Creo que ya le habíamos hablado de que íbamos a salir— dijo Keity. —¿Lo recuerda? Dingan dice que necesitamos unas piezas de recambio para los paneles solares. Estaremos fuera unos tres o cuatro días. Esta es la primera vez que puedo llevarme fuera a todo mi equipo. He hablado con un par de los de ese grupo. Ellos serán los que se ocupen de la vigilancia y protección de este lugar. ¿Le parece bien?
—Si. Sin duda— dijo la doctora.
—Bien. Y recuerde, nada de entrar ahí usted sola— dijo Keity. –No queremos que le ocurra nada a usted.
—De acuerdo. Ahora si me disculpas… Tengo cosas que hacer— dijo la doctora alejándose por el pasillo y de Keity.
La doctora logró salir al exterior sin cruzarse con nadie más. Fue al lugar donde Jake le había dicho. Vio los palés y se acercó a ellos.  Su corazón latía con fuerza. Justo cuando estaba a punto de alcanzarlo, un mono salió corriendo alejándose de allí. A la doctora casi se le paró el corazón. Aun así, fue a buscar y entonces encontró la mochila de la que Jake le había hablado, la cogió y la abrió. Entonces, tal y como Jake le había dicho, dentro encontró un walkie talkie. Quiso encenderlo, pero se detuvo, no sabía como podría afrontar lo que podría descubrir. Según Jake, su hijo vivía, pero también podría ser que le hubiese mentido. Temía encontrarse con que Jake mentía y que su hijo estaba muerto o había sido  vendido. Estaba realmente aterrorizada.
Finalmente, se armó de valor y encendió el walkie talkie. Esperó unos segundos y decidió hablar. —¿Hay alguien ahí? ¿Hay alguien con quien hablar?— no tuvo una respuesta inmediata, pero aun así esperó. Fue en ese momento cuando una voz se escuchó.
—Aquí Ross. ¿Con quien hablo?
—Soy…— la doctora hizo  una pausa. Se había quedado prácticamente muda, entonces, finalmente comenzó a hablar. –Soy la doctora Green… Jake me ha dicho que…
De repente la doctora Green escuchó el silencio al otro lado y entonces una voz de niño se dejó escuchar.
—¿Mamá?
Los ojos de la doctora Green se llenaron de lágrimas en ese momento. Esa voz era indudablemente la de su hijo. Realmente estaba vivo, Jake decía la verdad. Se dejó caer de rodillas y comenzó a llorar. –Si mi amor. Soy yo… Soy mamá. ¿Estás bien?
—Si mamá, estoy bien. ¿Cuándo vas a venir?
En ese momento la voz del niño dejó de escucharse y volvió a escucharse la voz de Ross. –Tu hijo está vivo como puedes observar. Pero ahora dime… ¿Por qué me estás llamando?
—Algunos del grupo ese que perseguís… Hicieron prisionero a su hombre… A Jake… El me dijo que cogiera el walkie y…
—¿Está todo el grupo ahí?— preguntó Ross —¿Está todo el grupo en el hospital?
—Si— respondió la doctora. –Todos  están aquí.
—Muy bien. Pues escuche atentamente. Es necesario que mantenga a todo el grupo allí. Que ninguno de ellos salga del hospital. Iremos a por ellos y será mucho más fácil si están todos en un mismo sitio. Será todo mucho más rápido— explicó Ross.
—Dijeron que nos dejarían en paz. Ese fue el pacto…— replicó la doctora.
—Y  sigue en pie. A sus enfermos no los tocaremos, no nos interesan. Solo nos interesa ese grupo. El grupo de ese tipo, Juanma… Usted solo muéstrese amable con ellos. Que se les guste tanto estar ahí que no quieran irse.
—Yo… Yo…Yo les he dicho que quiero que cuando llegue el momento se marchen…
—Mal hecho. Cambie de opinión y dígales que quiere que se queden allí. Use sus armas de mujer si es necesario. Folleselos a todos si es necesario, pero que se queden allí. Es necesario. Si lo hace, si hace lo que le estoy diciendo, volverá a reunirse con su hijo y ya nunca se volverán a separar. Le doy mi palabra doctora. Se que no nos conocemos mucho, pero puede confiar  en mi. Soy un hombre de palabra. Ahora lo que tiene que hacer es guardar el walkie talkie. No volveremos hablar. Es expresamente necesario que los convenza de  quedarse y que no sospechen nada. Una vez nos los llevemos, le devolveremos a su hijo. Aunque sinceramente, le he cogido mucho cariño, es un buen chico. Preferiría que el se quedara con nosotros y que fuera usted quien se uniera a nosotros. Aquí podrá vivir tranquilamente sin tener que preocuparse de más enfermos, solo de su hijo. Piénsese eso ultimo. Hasta pronto doctora…
—Un momento. ¿Y sus niños? Vosotros no soléis querer niños. Solo a veces…
—Pues quédeselos usted. No nos interesan tampoco…— Ross cortó la comunicación y la doctora comenzó a llorar.
Jake le había dicho la verdad. Su hijo vivía y estaba a nada de recuperarlo. No tenía demasiadas opciones. Iba a tener que hacer lo que le decían.  Aunque fuese traicionar a las personas del hospital por las que tanto había luchado. Su hijo era más importante y ella ya no quería volver a equivocarse. Haría lo siguiente, entregaría a ese grupo y se quedaría en el hospital con su hijo y esos otros niños a los que criaría como suyos. Probablemente ese grupo se resistiría, al igual que Keity y los otros militares, pero también los entregaría, al fin y al cabo era ella la dueña y señora de ese hospital. Iba a tener que hacer algo para evitar que se revelaran y que fueran fáciles de atrapar.

Día 15 de Noviembre de 2010
Día 870 del Apocalipsis…
16:00 horas del medio día…
Cerca de Jackson…

Keity conducía mientras miraba a Dingan reflejado en el espejo. Marta estaba a su lado. Además de las piezas que necesitaban. Habían encontrado un camión lleno de ordenadores portátiles y otros aparatos. Dingan iba observando una caja que habían encontrado.
—Parece un niño con un juguete nuevo— dijo Marta. Entonces se dio la vuelta. —¿Me explicas otra vez que es eso?
—¿En serio hace falta que lo explique? Es un dron… Con esto. Puedo controlar el exterior desde un portátil. Imaginaros lo siguiente. Podríamos alejar a un rebaño entero solo con esto. Esos seres se guían por el sonido… Si yo cargo música en esta cosa y lo hago volar sobre un rebaño. Puedo alejarlos según me convenga. Aunque necesitará que le haga unos cuantos ajustes para que el alcance sea mayor y la batería dure más.
—Pues yo lo veo como un coche teledirigido— dijo Boggs.
—Si el mundo no se hubiese ido a la mierda. Hoy en día serían muy famosos y usados…— replicó Dingan con mal humor. –Sois vosotros los que no entendéis de tecnología. Ni lo que significa. Con esto podríamos hacer grandes cosas.
—Claro que si. Esos aparatos hoy en día se usarían para reparo de paquetes o de espionaje— respondió Keity con ironía. –Allá tu con lo que quieras hacer, pero en mi opinión es una perdida de tiempo esto.
—Reíros lo que os de la gana, pero haré grandes cosas con esto y os lo restregaré por los morros una y otra vez— dijo Dingan guardando la caja del dron en su mochila.
—Dejad de reíros de el. A mi me parece interesante y llenó de posibilidades. Dingan es nuestro experto en tecnología. Yo le daría el beneficio de la duda.  Muchas cosas del hospital son obra suya— dijo Boggs.
De repente, Keity dio un fuerte frenazo y la furgoneta se detuvo. Todos miraron en ese momento al frente y se encontraron con un enorme rebaño. Había tantos No Muertos que como llegasen al hospital y algo en el les llamara la atención, lo arrasarían.
—¿Cuántos debe haber?— preguntó Marta mirándolos a través del cristal.
—Millones— respondió Keity. –Si llegan al  hospital…
—¿Qué cojones hacemos?— preguntó Glenn
Keity miró a sus compañeros. –Hay que alejarlos. Dingan. Ese aparato tuyo. ¿Podría funcionar ahora?
—No…— dijo Dingan.
—Mucho ruido y pocas nueces— respondió Keity. –Muy bien. Agarraros fuerte. Vamos a
alejarlos.
—Eso es muy arriesgado— dijo Marta.
—Ya lo se, pero la dirección que llevan es la del hospital. Tirarán las vallas y acabarán por entrar. Aunque no hicieran daño a nadie. No podríamos salir y solo haría falta un ruido para que se dieran cuenta de la presencia de toda la gente que hay allí. Es lo que hemos hecho siempre, evitar el mayor numero de caminantes cerca de allí. ¿Estáis todos de acuerdo?
Todos asintieron y Keity apretó el claxon. Dejándolo enganchado y haciendo que el ruido llegase hasta los No Muertos. Todos en ese momento miraron al vehículo y comenzaron a avanzar. Keity había logrado atraer toda su atención, ahora quedaba lo más peligroso. Alejarlos de allí.
El vehículo comenzó a dar marcha atrás y dio un giro. Cuando los caminantes comenzaron a avanzar, ella volvió a pisar el acelerador. Llegaron a una bifurcación y entonces el vehículo se paró de repente. Keity trató de arrancarlo, pero no lo consiguió.
—¿Qué coño haces Keity?— preguntó Glenn. –Arranca de una vez.
—La puta furgoneta se ha calado— respondió Keity. Justo en ese momento el primero de los caminantes alcanzó el vehículo y comenzó a golpear al cristal. Esta miró a los demás. –Todo el mundo fuera del coche. ¡¡¡Ahora!!!
Keity y los demás salieron del vehículo y comenzaron a disparar a todo caminante que se acercaba demasiado mientras se adentraban en el bosque. Aun tenían que alejar a esos seres de allí. Llegaron a un nuevo camino y allí se pararon a descansar.
—¿Ya no nos siguen?— preguntó Glenn.
—No lo se, pero al menos los hemos alejado. Ahora somos nosotros los que estamos jodidos. Estamos a unos seis kilómetros del hospital y tenemos que caminar. Además, estamos en territorio enemigo. Los cazadores controlan este lugar. Boggs. ¿En que territorio estamos?
—En el de los carnívoros— respondió Boggs.
—Pues todos atentos— dijo Keity preparando el arma.
Los cinco comenzaron a caminar y llegaron hasta lo que parecía un campamento. El cual parecía que había sido  arrasado hace tiempo. Había vehículos abandonados, también había tiendas de campaña rasgadas y sucias. La sangre reseca estaba por todas partes y Marta no pudo evitar sentir arcadas cuando vio un cuerpo descompuesto siendo devorado por toda clase de pequeños insectos.
—¿Estás bien?— preguntó Boggs agarrando a su chica del brazo.
—Nunca me acostumbraré a esto. Odio en lo que se ha convertido el mundo. Odio tener que salir fuera…— decía Marta conteniéndose las ganas de vomitar.
—Si quieres. La próxima vez le pediré a Keity que te deje quedarte en el hospital. Seguro que no le importará. No le ha importado otras veces cuando hemos salido y tú te has quedado. Solo que como ahora está ese otro grupo, pues nos ha querido llevar a todos, pero lo hablaré con ella. No te preocupes— dijo Boggs.
—¿Qué opinas de ese grupo? Yo aun no los conozco mucho. Quiero mantener las distancias con ellos. Aunque parecen buena gente— dijo Marta. –Al menos es lo que parecen.
—Si. Son buenas personas, pero es mejor no cogerles demasiado afecto. Dudo mucho que Green les deje quedarse. Ya la conoces, si decide echarles, no habrá nada que la haga  cambiar de opinión— Boggs se quedó callado y mirando a un vehículo que parecía en buen estado. Entonces se dirigió a Keity. –Jefa. Aquí.
—¿Qué ocurre Boggs?— preguntó Keity parándose y dándose la vuelta. Entonces Boggs le señaló un coche. Este parecía nuevo y se encontraba a la sombra de un árbol.
—Voy a ver si funciona— dijo Boggs corriendo hacia el vehículo.
—No Boggs. Espera— dijo Keity, pero ya era tarde. Cuando Boggs estaba llegando al vehículo activó una trampa y una tabla de madera llena de púas salió del suelo  y atravesó el cuerpo de Boggs. Marta gritó en ese momento y todos los demás acudieron para ayudar a su compañero.
Rápidamente. Glenn y Dingan agarraron a Boggs y con cuidado lo sacaron de los pinchos. Lo dejaron en el suelo y vieron que no respiraba. Keity se lanzó sobre el cuerpo de su compañero y le tomó el pulso. Entonces miró a Marta.
—Su pulso es muy débil, pero vive. Aunque no aguantará mucho. Puede que no llegue vivo al hospital.  No puedo dejar que sufra— dijo Keity apuntándole con su fusil. Entonces Marta se interpuso. —¿Qué estás haciendo?
—Por favor. Hay que intentarlo. Hay que intentar salvarle.
Keity se quedó un momento pensativa. Dejó de apuntar a Boggs y miró a Glenn. –Ayúdame a levantarlo. No tenemos tiempo que perder— Keity y Glenn levantaron a Boggs y comenzaron a correr. Aunque Keity sabía muy bien que las posibilidades de que Boggs sobreviviera, eran muy nulas. Y si el moría, iba a tener que dispararle para que no reviviera. Marta no lo superaría nunca.

Hospital JFK…
16:45 Horas de la tarde…

Tenía a mi hijo Nathan en brazos y me encontraba junto a Eva en uno de los halls de la planta baja. Ella sostenía en brazos a Shanon. Entonces comenzaron a llegar miembros de  mi grupo. Les había pedido que se reunieran allí conmigo. Quería informarles de las últimas novedades con respecto a nuestra estancia en el hospital. Cuando todos estuvieron presentes comencé a hablar.

La doctora Green estaba oculta observando como el grupo se reunía. Justo cuando estuvieron todos, Juanma, su líder, comenzó a hablar.

—Se que desde que llegamos. Corría el rumor de que cuando nuestros heridos estuviesen recuperados, seguramente nos tendríamos que marchar— dije mirando a Mélanie. Estaba sentada en una silla de ruedas y Sheila se había encargado de traerla empujándola. –Pero eso ya no será así. He hablado con la doctora Green y nos permitirá que nos quedemos. No se a que ha venido el cambio de opinión, pero no importa. Lo importante es que podremos quedarnos a vivir aquí. Y por eso, como agradecimiento, ayudaremos en todo lo que sea necesario. También debo deciros algo, este hospital es su hogar y es ella quien manda. Así que yo dejo de ser vuestro líder. Yo ya no doy las ordenes aquí, a partir de hoy yo seguiré las ordenes de la doctora— pude ver que algunos de mis compañeros se mostraban confusos con lo que acababa de decir. –Se que os coge de sorpresa esto, pero es lo justo. Yo aquí solo soy uno más. Espero que lo  entendáis, ahora solo quiero dedicarme por completo a mis hijos.
—¿Y que ocurre con los cazadores? ¿Qué hacemos con el rehén?— preguntó Johana. —¿Te has olvidado de ellos?
—He dicho que dejo el liderazgo. No que vaya a olvidarme de esa gente. Estoy dispuesto a acabar con todos y hasta el último de ellos. Esto es ya algo muy personal— respondí.
En ese momento escuchamos un ruido y todos miramos hacia el lugar donde lo habíamos escuchado. Fue en ese momento cuando vimos una silueta parada en mitad de un pasillo. Se trataba de una mujer de unos cuarenta años y rubia. Ella nos observaba atónita, como si no esperara vernos allí. Enseguida, todos sacaron sus armas y le apuntaron, ella dejó caer su arma y entonces levantó las manos.
—No me disparéis. No sabía que aquí hubiese gente— dijo la mujer. Eso me sorprendió, por que vi que era española.
Johana se acercó a la mujer y la obligó a tirarse al suelo. Allí la inmovilizó y la cacheó. También le subió las mangas de los brazos. —¿Dónde tienes el tatuaje? ¿Dónde tienes el jodido tatuaje que te identifica como una de esos cazadores?
—No se de que me hablas. Yo no tengo ningún tatuaje. Me llamo Amparo y soy…
—Cállate. Cierra la boca— dijo Johana. Entonces me miró a mí. —¡¡Eh!! No líder. ¿Qué hacemos con esta tía? ¿Me la cargo?
Yo dejé a Nathan en brazos de Vicky y caminé hasta la mujer. Cuando llegué, me la quedé mirando y luego miré a Johana. –No. Llévala a una habitación y espósala, mantenla vigilada y luego le haré preguntas.
—Muy bien. Levanta— dijo Johana obligando a la mujer a levantarse. Entonces escuchamos un nuevo ruido. Todos apuntamos y vimos a varias siluetas corriendo por el pasillo. Enseguida nos dimos cuenta de que traían a Boggs herido.
—¿Qué ha pasado?— le pregunté a Keity cuando pasó por mi lado.

—Boggs. Está herido de gravedad. No le queda mucho— respondió Keity mirándome. Entonces ella miró a la mujer que acabábamos de coger y preguntó—¿Quién es esa?