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sábado, 29 de abril de 2017

NECROWORLD Capitulo 153

Día 15 de Noviembre de 2010
Día 870 del Apocalipsis…
19:00 horas… Hospital…

—¿Qué es lo que me estás pidiendo?— preguntó Amparo mirándome a los ojos. –Creo que no te he entendido bien. Me encerráis y acusáis primero de ser una cazadora. Tu amiga amenaza con romperme un brazo… Y ahora tú me pides esto. Perdona, pero somos muy selectos con las personas a las que acogemos en nuestra comunidad. No queremos problemas ni a nadie que pueda causarlos.
—Mi grupo y yo no causamos problemas. Somos solo un grupo de personas que buscan un sitio en el que establecerse. Creo que tu comunidad puede ser un hogar para todos,  un lugar al que podemos aportar mucho. Solo tienes que ser paciente y te sacaré de aquí. Ya lo verás. Hablaré con todos de ti y con la doctora. Pronto serás libre— me levanté y salí de la sala, después cerré la puerta.

23:00 horas…

Me reuní con todos los miembros del grupo sin excepción, con los militares del hospital y con algunos de los trabajadores de allí, incluida la doctora Green. Habíamos acabado de cenar y era hora de exponerles todo lo que tenía planeado.
—Todos vimos a esa mujer que llegó antes de que trajeran a Boggs. Automáticamente la encerramos, pensando que podría ser una de los cazadores, pero lo cierto es que viene de una comunidad, concretamente de Thomaston. Keity y yo no la creíamos  y fuimos hasta su coche a confirmarlo. Dice la verdad, viene de Thomaston. Eso, sumado a las fotos y a la cámara que Dingan está tratando de cargar. Pronto sabremos más— hice una pausa y miré de nuevo a mis compañeros. –Le he pedido que nos lleve a esa comunidad. Allí viviremos mucho mejor que aquí. Incluso los enfermos tendrán mejor calidad de vida allí.
—Hay demasiados enfermos y fuera hay una tormenta de nieve. Hace frio y Thomaston está a casi veinte horas de viaje a pie, a más de seis horas en vehículo si contamos los desvíos que tengamos que dar. Hay muchas carreteras cortadas. Muchos no sobrevivirían al viaje— dijo uno de los celadores.
—Nos organizaremos para conseguirlo. No os preocupéis. No dejaré que os pase nada a ninguno. Mañana soltaré a esa mujer y la convenceré de que nos lleve a unos pocos, veremos como es aquello y organizaremos los traslados.
—Nadie de mi grupo se marchará de aquí… Y yo es he acogido aquí. Os he dejado quedaros. Vosotros no podéis iros tampoco— dijo la doctora levantándose de la silla donde estaba sentada y se marchó de la reunión mientras yo seguía hablándoles a todos.
—Mañana, cuando ella esté libre. Le pediré que nos hable un poco a todos.
*****
La doctora Green llegó a su despacho y cerró la puerta con llave. No quería que nadie la molestara ni la sorprendiera. Caminó hasta su escritorio y abrió el cajón donde tenía la foto de su hijo junto al walkie talkie. Cogió el aparato y lo encendió. Esperó unos segundos y apareció la voz que estaba esperando.
—Ross. Soy Green… Sea lo que sea lo que tengáis que hacer. Tenéis que hacerlo ya.
—Tranquila.  Ya está en marcha. Mañana al amanecer estaremos allí— respondió Ross.
—Y recuerda nuestro trato. Recuerda lo que me prometiste. Mi hijo a cambio de todos los adultos de ese grupo. Ni se te ocurra jugármela— amenazó la doctora.
—Tranquila… Y tu asegúrate de que no nos ven llegar—Ross cortó la comunicación.

Bosque…
23:15 horas…

Ross dejó el walkie talkie sobre una caja de madera junto a un mapa de la zona donde tenía señalado el hospital. Miró a todos los que estaban allí y sonrió.
—Preparad las jaulas y todas las armas que tengamos. Mañana al amanecer, este grupo será nuestro y esto habrá terminado. Recordad que los quiero a todos vivos. Incluido al líder.
—Creí que a ese querías verlo muerto— dijo un hombre de su grupo.
—Y así es. Yo me ocuparé de matarlo. Pero lo primero es lo primero, mañana es día de caza— dijo Ross.

Día 16 de Noviembre de 2010
Día 871 del Apocalipsis…
09:00 de la mañana. Hospital

Abrí la puerta de la sala donde estaba encerrada Amparo y esta salió, nada más cruzar la puerta me miró. –Has cumplido tu palabra.
—Ya te  lo dije. Quiero que hables con todo mi grupo sobre tu comunidad. Quiero que nos lleves allí como ya te dije. Podemos seros de gran ayuda allí.
Ambos comenzamos a caminar por el pasillo mientras hablábamos. Yo le iba explicando cosas que nos habían pasado y ella me contaba cosas de la comunidad de Thomaston. Me contó cosas tan interesantes que estaba deseando que escucharan los demás. Estábamos llegando al Hall cuando vi pasar corriendo a varios celadores. Eso me sorprendió  y salí corriendo detrás de ellos. Llegamos al hall y entonces vi a Keity, esta nos miró a los dos. Estaba repartiendo armas.
—¿Qué ocurre?— pregunté yo.
—Tenemos un problema. Son ellos, los cuervos… Están aquí. Acaban de aparecer.
En ese momento Amparo nos miró a los dos. —¿Quiénes son los cuervos?
—Mierda…— dije rascándome la cabeza. Entonces miré a Amparo. —¿Sabes disparar? Espero que si, por que es muy posible que tengas que hacerlo dentro de unos minutos.
—¿Qué es lo que pasa?— preguntó Amparo.
—¿Recuerdas que te confundimos con unos cazadores?... Pues esos que están ahí fuera, son ellos. Vienen a por nosotros, quieren capturarnos y vendernos a otros grupos. Se que no debería pedírtelo, pero necesito que nos ayudes. Se  que no tienes nada que ver con esto, pero ellos son un problema para todos, incluida tu comunidad. Si ellos la encuentran…
En ese momento, Amparo le pidió un arma a Keity. –No dejaré que esos mal nacidos pongan en peligro a mi gente.
—Toma— dijo en ese momento Keity pasándole un arma. –Siento el mal entendido cuando llegaste. Ahora te creo. Ahora no es un buen momento, pero cuando todo esto pase, tienes mi permiso para pegarme una hostia, me lo merezco.
—Ya hablaremos de eso en otro momento— dijo Amparo cargando el arma –Ahora tenemos algo que hacer.
*****
La doctora Green estaba en su despacho justo cuando vio aparecer a los cazadores avanzando por la nieve. Enseguida se puso en marcha y salió de su despacho. Iba a ir a abrirles la puerta a Ross y a sus hombres. Ellos se encargarían de llevarse a todos los que estaban allí, solo dejarían a los más cercanos a ella, a los enfermos y a los niños, a los cuales, ella se encargaría de cuidar como si fueran sus hijos, esos niños serían como hermanos para su hijo.
Bajó corriendo al hall y entonces se  encontró algo que no se esperaba. Todos estaban movilizándose portando armas. Hablaban a voces y decían algo de los cazadores. También ellos se habían dado cuenta de que habían llegado los cazadores y se estaban preparando para el enfrentamiento. Las cosas no habían salido como ella esperaba y se imaginaba que Ross tampoco se esperaba eso.
*****
Ross y un par de sus hombres estaban parados en medio del parking. Se habían quedado allí quietos en el momento que habían visto movimiento dentro del hospital.
—Parece que nos han visto llegar— dijo uno de sus hombres.
—Era de esperar que la doctora metería la pata en algo. Da igual, seguimos con el plan previsto— dijo Ross sacando algo de la mochila que llevaba. Desplegó aquello y sus hombres se dieron cuenta de que se trataba de una bandera de color negro. Seguidamente la clavó en la nieve y esperó. Pocos minutos después, apareció una mujer con un niño de la mano. Este cogió a Ross de la mano. –Tu madre está ahí dentro. Salúdala.
El niño comenzó a saludar en ese momento.
*****
—Dios mío…— dijo la doctora Green observando la escena desde una de las ventanas del primer piso. Keity la vio y se acercó a ella.
—¿Ese es su hijo? Responda doctora.
La doctora asintió en ese momento. –Si. Es el.
—Keity. Estamos listos— dije llegando por el pasillo. Entonces vi la reacción de la doctora mirando por la ventana, estaba llorando mientras miraba al niño. —¿Qué está pasando aquí?
—Ese niño de ahí es su hijo… Esta zorra nos ha vendido a cambio de recuperar a su hijo. Es evidente, se le nota en la mirada.
En ese momento cogí a la doctora por el brazo y la obligué a mirarme. —¿Es eso cierto doctora? Dígamelo ahora mismo.
—No tuve más remedio…— dijo la doctora con lágrimas en los ojos. –Solo quería recuperar a mi hijo y…
Solté a la doctora y miré a Keity. –Que nadie dispare. Vamos a intentar solucionar esto ahora mismo.
Keity y yo bajamos al hall, allí nos encontramos con Juan y Luci. Ella se dirigió a mí. —¿Qué hacemos ahora?  Se supone que ellos no llevan niños… Sin embargo, ahí hay uno.
—Es el hijo de la doctora. Lo han traído como un intercambio. La doctora nos ha vendido a cambio de recuperarlo.
—Menuda zorra. Supe desde el principio que no era trigo limpio. Voy a reventarla— dijo Juan.
—Quizás después. Ahora debemos salir a hablar con ellos. Veamos si podemos llegar a un acuerdo. Veamos si podemos ofrecerles un intercambio. El niño por Jake.
—¿Vas a hacer que esa puta que nos ha vendido recuperé a su hijo? No te lo tomes a mal, pero… ¿Eres gilipollas?— preguntó Juan.
—Ella estaba desesperada y solo vio esa salida, no la justifico, pero entiendo que lo hiciera— respondí. –Ahora salgamos y tratemos de solucionar esto.
Juan, Luci y yo comenzamos a caminar hacia la salida del hospital. Entonces me crucé con David, le seguían Alicia, Eva, Silvia y los niños.
—He pensado en llevarles a un lugar seguro, por si las cosas se ponen feas. Los dejaré en un lugar seguro y volveré aquí— dijo  David.
—Bien pensado— dije. Entonces miré a Vicky. –Ve con ellos sin rechistar y encárgate de protegerlos.
Vicky asintió y Juan, Luci y yo seguimos nuestro camino. Salimos del hospital y avanzamos por la nieve al encuentro de Ross  y sus hombres. Solo estaban Ross, los dos hombres que lo acompañaban y el niño, aunque detrás de ellos, detrás de los arboles, se encontraban más cazadores. No sabíamos cuantos de ellos podría haber. A cada paso que daba, el corazón se me iba acelerando. La guerra entre ambos bandos podría estallar en cualquier momento.
*****
David dejó a Silvia, Eva, Alicia y los niños en el último piso. Entonces miró a Vicky. –Ya  escuchaste a tu padre. Cuida de ellos. Confío en ti.
—Lo haré. No te preocupes— respondió Vicky. –Haré todo lo necesario para protegerles. El resto depende de vosotros. Acabad con ellos.
Vicky sonrió a David y este salió corriendo para volver al hall y prepararse. Vicky entonces se dio la vuelta y miró a Eva y Silvia. Ellas tenían en brazos a los bebés.
—No dejaré que os toquen. Si llegan hasta aquí y tratan de entrar, mataré hasta el último de ellos.
***** 
Juan, Luci y yo llegamos a donde estaban Ross, el niño y sus dos hombres. Nada más llegar, nos quedamos a unos dos metros de ellos. Ross nos miró a los tres y finalmente detuvo su mirada en mí.
—No me imagine que serías capaz de salir aquí a hablar conmigo. No después de todo lo sucedido. Pensé que te quedarías escondido… Aunque sin embargo has venido con dos de tus perros— dijo Ross.
—Mira quien habla…— murmuró Luci.
—Hemos salido a negociar o al menos a tratar de negociar contigo. Te has plantado aquí y no has entrado a lo loco disparando. Así que deduje que eras un hombre con el que se puede razonar— dije –Como bien sabes. Tenemos a Jake en nuestro poder— miré al niño y luego a Ross. –Y tú tienes al hijo de la doctora Green. Te propongo un intercambio. Te devolveremos a Jake y tú al niño. Luego nos dejareis en paz.
—Yo no estoy reteniendo a nadie. Junior está conmigo por propia voluntad. No sabes de la misa ni la mitad chaval. Yo te diré lo que vamos a hacer. Vosotros, los adultos de tu grupo, saldréis en fila y os entregareis voluntariamente. Sois mercancía que hay que vender y no podéis estar en malas condiciones. Entregaros voluntariamente y evitaremos un enfrentamiento que no favorecerá a nadie. ¿Quieres eso?
—Os devolveremos a Jake, nos devolveréis al niño y  esto quedará zanjado. Esa es mi propuesta— dije.
—Que le jodan a Jake. No lo necesitamos con nosotros. Es un inútil que se dejó coger. No quiero a inútiles entre mis hombres. Quedároslo si queréis. Os voy a dar cuatro horas para que os decidáis. Solo cuatro horas, pasadas esas cuatro horas vendremos y si no habéis salido, entraremos a buscaros. Y no seremos tan simpáticos.
En ese momento pensé en disparar a Ross y acabar con el. Poner fin a todo eso, pero este pareció prever lo que iba a hacer, y puso al niño delante de él, abrazándolo. Estaba usándolo de escudo. Así no iba a poder hacer nada. Apreté los dientes y los puños. Miré a mis compañeros y con un gesto les indiqué que regresábamos al hospital. Nos dimos la vuelta y comenzamos a caminar en dirección al interior. Mientras, Ross y lo suyos volvían al interior del bosque.
Cuando entramos. Nos vimos asaltados por nuestros compañeros. Allí Mike se nos acercó. —¿Qué ha pasado?
—Nos han dado cuatro horas para que nos entreguemos. Se nos quieren llevar a todos y quieren evitar un enfrentamiento. Quieren que nos entreguemos por las buenas y sin oponer resistencia.
En ese momento la doctora Green se abrió paso entre todos, se acercó a mí, sacó una pistola y me apuntó a la cabeza con ella. Entonces, yo levanté las manos.
—Tenéis que entregaros. Solo así recuperaré a mi hijo. Tenéis que entregaros. Todos.
En ese momento, Keity golpeó a la doctora y la dejó inconsciente. Después le quitó el arma y miró a Glenn y Dingan. –Llevaros a  esta cabrona y encerradla. Ha ido demasiado lejos.
Dingan y Glenn cogieron a la doctora tal como había dicho keity y se la llevaron. Entonces Keity me miró. –Nos han dado cuatro horas. Tiempo suficiente para elaborar un plan. Aunque también tenemos la oportunidad de acabar con esos desgraciados de una vez y para siempre. Esta es nuestra oportunidad.
—Lo primero es lo primero. Hay que hablar con Jake— dije. –Necesitamos que nos de información.
—Sabes que no hablará así como así. Les es totalmente leal a esos cabrones— dijo Keity.
—Ellos ya no lo quieren en su grupo y la lealtad es algo que se puede vender muy barato— respondí.
Keity y yo fuimos a la celda donde teníamos a Jake. Una vez allí nos plantamos delante de el y cerramos  la puerta con llave desde dentro. Este entonces nos  miró a ambos.
—Se os ve angustiados. No me lo digáis, voy a adivinar… Estáis de mierda hasta el cuello por que mis amigos han venido. Yo que vosotros cedería a los que os dicen. Ross es un cabrón muy duro de roer.
—Tu le admiras ¿Verdad? Ves a Ross como si fuera una especie de héroe…— dije sentándome delante de Jake. –Pues creo que deberías saber que a Ross le importas más bien poco. Le ofrecimos dejarte volver con ellos a cambio del hijo de la doctora. Ya ves, un intercambio justo.
—Pero nos dijo que podíamos quedarnos contigo. Que no le interesaba tenerte de vuelta. Que habías sido un inútil— dijo Keity.
—Y a juzgar por como dejó morir a varios de sus hombres… No diría que os adora. Más bien sois sus marionetas. Incluso vi como abrazaba al niño delante de mí por si pretendía dispararle. Ese tipo no siente aprecio alguno por sus compañeros. Eso te incluye a ti.
—¿Por qué se supone que debería creerte?— preguntó Jake.
—A el, solo le interesa cazarnos y vendernos. Sigue sus propios intereses. Si le importaras algo, habría accedido a nuestra propuesta o habría entrado a buscarte. ¿Tú lo ves aquí? Aunque no te lo creas Jake. Lo que te estamos ofreciendo es un cambio de aires. Te estoy ofreciendo que nos ayudes a nosotros y que formes parte de nuestro grupo.
—¿En serio quieres tener en tu grupo a un miembro del grupo que os ha ido jodiendo desde que salisteis del hotel? Yo no participé directamente, pero tíos de mi grupo se cargaron a miembros del vuestro, entre los que había niños. También vi como Ross se cargaba a ese tío raro. No me acuerdo como se llamaba. Solo se que podía caminar entre los muertos.
—Levine…— dije.
—Eso es. Levine… Ross tiene su cabeza como trofeo dentro de una vitrina en su despacho. Primero lo quemó vivo y luego le cortó la cabeza— confesó Jake. –No me hagas reír. Nunca admitiríais a alguien como yo.
—Ayúdanos— dije mientras asumía la muerte de Levine. —¿Cuántos de ellos hay? Hemos matado a varios ya, pero aun quedan.
Jake se quedó un rato pensativo y me miró. —¿Prometes que seré admitido en el grupo?
—Te doy mi palabra— respondí. –Quedarás libre y de ti dependerá si te quedas con nosotros o te marchas, pero quedarás libre.
—La última vez que estuve  con ellos debían quedar unos cincuenta o sesenta— dijo Jake.
—Y Luci, Mél y yo acabamos con unos veinte o más— dije mirando a Keity.
—Pues deben quedar unos treinta o más— dijo en ese momento Jake. –Más o menos.
—Bien. Y ahora… ¿Dónde está su escondite?— pregunté.
—En un almacén cerca de Juliette. Tienen sus sub refugios por toda esta zona. Los usan para establecer sus territorios. Probablemente ahora estén refugiados en uno cerca del hospital. Creo que se trata de una fundición…
—Muy bien— dije poniéndome de pie. Miré entonces a Keity. –Suéltalo y dale un arma.
Jake me miró y luego miró a Keity. –No. No quiero armas. Vamos a empezar haciendo las cosas bien. Con un arma en las manos no confiareis en mí del todo.
—Muy bien entonces— dije. –Bienvenido al club.
Keity, Jake y yo salimos al hall donde estaban los demás. Cuando algunos de ellos lo vieron, enseguida  me miraron a mí. Rápidamente comencé a calmarlos.
—¿Quién es ese?— preguntó Amparo.
—¿Recuerdas que a ti te confundimos con uno de esos cazadores?— preguntó Juan mirándola. Amparo asintió. –Pues ese es uno de ellos. Además de verdad.
—Pero ahora está de nuestro lado. Está con nosotros— dije mientras miraba a Jake. –Nos ayudará.
—O aprovechará para servirnos en bandeja de plata a sus amigos. No creo que sea sensato dejar que este tío campe por aquí a sus anchas. ¿Te has vuelto loco?— preguntó Luci.
—Se lo  que estáis pensando y en gran parte tenéis razón. Por eso yo soy su responsable, pero eso lo discutiremos luego. Nos han dado cuatro horas. Cuatro horas para decidir si nos entregamos. Es evidente que no lo haremos y que habrá que luchar. Por eso he estado dándole vueltas a un plan. Puede que algo descabellado, pero no perdemos nada por intentarlo.
—¿Qué plan?— preguntó Marta.
—Vosotros os topasteis con un rebaño de caminantes. ¿No es así?— pregunté mirando a Keity.
—Así es— respondió la militar. –Pero no entiendo tu plan.
—Es sencillo. Cuando Mél, Luci y yo estábamos en el albergue de cazadores. Logramos atraer a un grupo de caminantes. A los cuales logramos echarles encima sin problemas. Si ese rebaño está cerca todavía y parece ser que es así, podemos atraerlos hasta el hospital. Estos se encargarán de reducir el número de cazadores.
—No hablas en serio— dijo en ese momento Glenn. –Había un porrón de podridos ahí fuera. Arrasarían el hospital. Nos matarían…
—No necesariamente. No si sale como estoy pensando— entonces miré a Dingan. –Dingan. Cuando vinimos me fijé en unos altavoces que están repartidos por todo el exterior del hospital. ¿Funcionan?
—Creo que si, pero no estoy seguro. Yo diría que si, lo que no funciona es el aparato que conecta con ellos— respondió Dingan.
—¿Crees que podrías arreglarlo? Tienes poco más de tres horas para conseguirlo— dije mirando al soldado. –Contamos contigo.
—Necesitaré ayuda— dijo Dingan.
Entonces miré a Yuriko. –Yuri. A ti se te dan bien esos aparatos. Ayúdale.
—Bien— dijo Yuriko.
—Vale, pero… ¿Cuál es tu plan?— preguntó Dingan.
—Quiero que pongáis eso en marcha y que pongáis la música con el volumen al máximo. Eso debería atraer a ese rebaño. Esos cazadores no se lo verán venir. Los caminantes estarán tan entretenidos con ellos que no se fijarán en nosotros. Cuando lleguen, bastará con que quitemos la música. Es un plan arriesgado, pero ellos son más que nosotros. Hay que reducir su número como ya he dicho.
—Estás como una cabra, pero es un plan con su lógica— dijo Luci.
—Muy bien, pues a trabajar— dije dando una palmada.
Después de hablar con el resto de mi grupo, bajé a donde habíamos encerrado a la doctora tras el incidente de cuando habíamos visto al niño. Abrí la puerta y entré. Una vez dentro cerré la puerta y me senté frente a la doctora, esta entonces me miró.
—¿Has venido a matarme? Adelante— dijo la doctora Green. –Nunca recuperaré a mi hijo. Lo habéis estropeado todo. Nunca debí dejar que os quedarais.
—¿Qué le hace pensar que habrían cumplido su palabra? Nos habría entregado y probablemente nunca habría recuperado a su hijo. Puede que incluso la hubiesen atrapado a usted también. No puede fiarse de todo el mundo, y menos de gente así— dije.
—¿Qué es lo que haces aquí? No tengo ganas de hablar con nadie. Y menos contigo— dijo la doctora mirándome. –Fuera de aquí.
—He venido para decirle que recuperaré a su hijo. Yo se lo devolveré— dije mirándola fijamente.
—¿Hablas en serio?— preguntó la doctora.
—Si— respondí. –Ahora que ya está más calmada, puede salir. Necesitaremos a otro medico si hubiese heridos. Además, no quiero tener a nadie encerrado.

Bosque…

Ross se encontraba en el campamento que habían establecido cerca del hospital. Miraba constantemente un reloj. En ese momento fue a verlo uno de sus hombres.
—¿Qué quieres?— preguntó Ross. —¿Alguna novedad con respecto a nuestras presas?
—Nada. Apenas se aprecia movimiento dentro del hospital. La verdad, dudo mucho que vayan a entregarse así como así.
—¿Acaso lo dudabas? Yo ya sabía que no iban a ceder. No habrá más remedio que entrar a por ellos y sacarlos a la fuerza. Es algo que quisiera evitar, pero hay veces que las cosas no salen como uno quiere. Es como cuando quieres hacer salir a unas ratas. Solo puedes hacerlas salir con humo. Nosotros entraremos a por ellos… Y si en la reyerta matamos a alguno pues nos  tendremos que fastidiar— dijo Ross dejando ir un suspiro.
—¿Y el niño? ¿Se lo devolverá a su madre?
—No. Nunca pretendí devolvérselo. De hecho, ella también será capturada y vendida. Podemos sacar  mucho por un medico. Ese niño es ahora mi hijo y lo criaré yo. El será mi legado en este mundo cuando yo no esté. Le enseñaré todo lo que se. Yo ya tengo una edad y no se cuanto me queda. Quiero poder morir tranquilo… Oh, oh, oh…
Ross avanzó hacia el reloj que había estado mirando y esbozó una sonrisa. El hombre que había ido a hablar con el se lo quedó mirando.
—¿Qué es lo que ocurre jefe?
—Diles a todos que se preparen. Ha llegado el momento. El momento más emocionante de la caza. El momento que todo cazador espera tras acechar horas y horas. El momento cumbre de todo esto.
—¿De que está hablando?
Ross comenzó a reír y levantó el reloj mostrándoselo a su hombre. El contador del reloj había llegado a cero. –Ha llegado el gran momento. Que se preparen todos, que cojan los vehículos y las armas. A ese grupo se le ha acabado el tiempo.


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