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sábado, 20 de mayo de 2017

NECROWORLD Capitulo 156

Día 21 de Diciembre de 2010
Día 906 del Apocalipsis…

Habían pasado varios días desde el incidente con la doctora Green. Después de lo ocurrido, con el amanecer y amaino de la tormenta, habíamos regresado al hospital. Allí, Eva y yo les habíamos dado nuestra versión de lo ocurrido con la doctora. Nadie hizo preguntas y los días transcurrieron hasta el día de la partida hacia Thomaston.
Amparo, Keity, David, Luci, Vicky y yo andábamos por  el bosque. Hacía dos horas que habíamos abandonado el hospital y el tiempo, por el momento, no amenazaba con fuertes tormentas. Nos habíamos despedido de todos los que estaban en el hospital y habíamos emprendido nuestro viaje, con la promesa de volver lo antes posible, aunque a nosotros aun nos quedaban horas de viaje.
Vicky estaba completamente ilusionada. Tanto, que se acercó a Amparo y comenzó a hacerle preguntas sobre como era el colegio allí en Thomaston. Vicky le contaba como era el colegio en Manhattan y como le había ido allí.
—No te preocupes preciosa. El colegio de Thomaston es el colegio perfecto del nuevo mundo. Incluso podrás estudiar una carrera si tú quieres. Cuando lleguemos, le pediré a mi hija que te enseñe el colegio.
—¿Qué edad tiene?— preguntó Vicky.
—Es un poco más mayor que tu, pero os llevareis bien— respondió Amparo.
Yo me adelanté un poco y me puse justo a su lado, miré a Vicky. –Vamos a hablar en privado. ¿Nos dejas solos un momento?— Vicky asintió y yo miré a Amparo. –Está muy emocionada con esto. Supongo que quiere tener una vida normal, sin tener que ver muerte cada día. Es lo que buscamos todos.
—Te entiendo— respondió Amparo. –Yo también lo busco. Por eso fundé la comunidad de Thomaston. Por que todos buscamos, quizás no volver a lo que una vez fuimos, pero al menos, algo parecido. Una vida donde no tengamos que dormir con un ojo abierto y un cuchillo debajo de la almohada.
—Me temo que eso nunca llegará a pasar del todo. Siempre habrá alguien que no buscará lo mismo que nosotros y seguirá sus propios intereses por puro egoísmo— miré que Vicky se alejó de nosotros y volví a dirigirme a Amparo. –La historia que conté sobre la doctora… No fue exactamente así. Digamos que lo conté a mi modo.
—¿Me vas a contar a mi lo que pasó de verdad?— preguntó Amparo.
—Quiero ser sincero contigo— respondí –Lo que ocurrió, fue que aun habiéndose rendido, acabé con su vida. Lo hice por que era peligrosa y no quería arriesgarme a que ocurriera algo similar. Le disparé tres veces. La odiaba por que quiso matar a mis hijos.
—Lo entiendo y acepto. Creo que habría hecho lo mismo que tu, pero sigo sin entender el porque me lo estás contando— dijo Amparo.
—Por que es necesario que sepas lo que puede pasar si resulta que esto es una trampa y nos pones en peligro. Quiero que sepas de todo lo que soy capaz de hacer por proteger a todas esas personas a las que quiero. Simplemente, no intentes jugármela.
—Me gusta esa actitud. Hacen falta más hombres como tu en este mundo. Alguien con valores, valores humanos que tras el apocalipsis, muchos han perdido. Aunque eso implique tener que matar a otros. No es que sea la única opción, pero a veces es necesaria.
—Entonces está todo claro— respondí una vez más. –No intentes jugármela.
Seguimos caminando y llegamos a un lugar donde antes había un puente según Amparo.
—No lo entiendo. Cuando pasé por aquí había un puente— dijo Amparo asomándose y mirando al fondo del barranco. Luci también miró y luego me miró a mí.
—Está allí abajo. Aun se pueden ver los restos.
—Jake dijo que nos alejáramos de los puentes. Me habló de tres grupos de cazadores que merodeaban de camino a Thomaston. Puede que fueran ellos, los cuervos negros o el mismo temporal— dije mirando a mis compañeros. –Supongo que ya nunca lo sabremos.
—Escuchad. Anochecerá dentro de un par de horas. Sugiero que paremos y prosigamos mañana— dijo Keity. –Será lo más seguro— Keity sacó entonces un mapa y nos señaló un punto. –Aquí hay una estación de esquí. Se que está vacía y es segura, podemos refugiarnos allí por esta noche.  Será lo mejor, además, creo que viene tormenta.
—Muy bien— dije. –Hagamos eso. Pongámonos en camino a esa estación de esquí.
Seguimos la sugerencia de Keity y llegamos a la estación de esquí. Era un edificio bastante grande y parecía seguro. Luci y yo entramos los primeros y luego nos siguieron los demás. Una vez dentro, bloqueamos las puertas. Cuando comenzó a hacerse de noche, abrimos unas latas y cenamos en torno a una chimenea. Con suerte, nadie vería el humo en la tormenta que había comenzado hacía nada.
—¿Cuánto nos queda?— preguntó David mirando a Amparo.
—Aun nos queda un poco, pero si no pasa nada. Si seguimos el camino correcto, el tiempo nos lo facilita y nadie nos da problemas. Puede que lleguemos mañana al medio día o al atardecer como muy tarde. Tranquilos, lo conseguiremos— dijo Amparo con una sonrisa. –Os encantará Thomaston. Somos una comunidad bien preparada y bien unida.
En ese momento, Vicky se apoyó en mí y no tardó en quedarse dormida sobre mi hombro. Aun era muy joven y era normal que tras andar tanto, estuviera tan cansada. Poco después, mientras algunos se fueron a dormir, yo me quedé de guardia mirando a través de la ventana. Fuera nevaba con fuerza y podía ver como el fuerte viento mecía los teleféricos, incluso vi como uno de ellos se soltaba y se perdía entre los arboles.
—Las tres de la madrugada. Me toca vigilar— la repentina voz de Luci me hizo darme la vuelta para mirarla. Esta avanzó y se sentó a mi lado. –Menuda se ha liado ahí fuera. Hazme sitio bajo esa manta hasta que te vayas a dormir— yo hice lo que ella me dijo y se puso a mi lado debajo de la manta. Ambos estuvimos un rato en silencio hasta que ella lo rompió. –Se lo que hiciste.
—¿De que hablas?— pregunté.
—De la doctora. No hace falta ser un lince para saber lo que pasó. La mataste. ¿Verdad?
Yo asentí entonces con la cabeza. –Debí suponer que no podría ocultarlo mucho tiempo. Aun así no me arrepiento de lo que hice. Esa mujer había amenazado a mis hijos tras secuestrarlos. No podía dejarla ir, era un peligro para todos nosotros.
—Te entiendo. Yo hubiese hecho lo mismo. De hecho… Lo que hiciste, fue proteger a los tuyos. Ni más, ni menos. También entiendo que lo ocultaras. Eres nuestro líder y como líder debes hacer que prevalezca la calma.
—Gracias por entenderme— respondí. –Eres un gran apoyo para mí.
—Vale. Ahora vete a dormir. Descansa. Mañana partiremos temprano, con suerte. Llegaremos a Thomaston al medio día. Aunque no te lo creas, siento curiosidad por ese lugar. Aunque suene raro viniendo de mí… Tengo ganas de respirar tranquilidad, tengo ganas de dejar esta espada y no cogerla más. Quiero ser la Luci que era antes de esto. Quiero recuperar mi ser antes de que se pierda del todo.
—Yo también he estado pensando en eso. No quiero perder la humanidad. Siento que nos estamos volviendo salvajes. Por eso he decidido cambiar. No quiero tener que volver a  matar. Una vez lleguemos allí. No volveré a matar. Quiero dejar atrás eso, quiero ser un hombre normal.
—¿Y que harás si resulta ser una trampa? No hay motivos para desconfiar, pero tampoco para confiar. ¿Qué harás entonces?— preguntó Luci mientras ambos mirábamos a Amparo. La cual estaba acurrucada debajo de una manta.
—Si al final resulta que intenta jugárnosla. Ella será la ultima persona con cuya sangre me mancharé las manos— respondí mirando a Luci. –Hay que ser cautelosos. Ten los ojos bien abiertos. A la menor sospecha de que algo no va bien. Tomaremos a Amparo como rehén.
—Dalo por hecho— respondió Luci.

Día 22 de Diciembre de 2010
Día 907 del Apocalipsis…
07:00 de la mañana…

Estaba amaneciendo y la tormenta había cesado por completo. Me quité la manta de encima y me acerqué a David. La última guardia había sido la suya. Detrás de mi, los demás iban desperezándose y levantándose.         
Cuando llegué junto a David, este bostezó. –Va tocando preparar el desayuno antes de partir— entonces David miró a Amparo. –Espero que no nos la juegue.
—Es lo que esperamos todos— respondí. –Mantente atento en todo momento. Ya se lo he dicho a Luci.
—¿Y Keity?
—Ella lleva atenta desde que salimos del hospital. Cada vez que pasa por al lado de Amparo acaricia la culata de su pistola. Como a esa mujer se le ocurra dar un paso raro. Keity le disparará.
Amparo se levantó en ese momento y nos dio los buenos días. Detrás de ella apareció Vicky y vino a traerme mi mochila. —¿De que habláis?
—De cosas de mayores— respondí acariciándole el cabello.
—Oh bien. Cuenta— dijo en ese momento Vicky. Eso hizo que David y yo nos miráramos y sonriéramos. —¿Qué pasa? Yo también soy mayor. Te recuerdo que tengo catorce años.
—Pues vuelve aquí dentro de cuatro años— respondí con una sonrisa. –Ahora ve y desayuna algo. Nos vamos dentro de un rato.
Vicky se dio la vuelta y se alejó hablando en voz baja. Aunque no lo suficiente. –Hombres…
—¿Por qué a ella no la avisas?— preguntó David.
—Ella aun es joven. Si le digo que esté alerta, cualquier cosa podría hacerla cometer alguna imprudencia. Ya me encargaré de protegerla. Es mi hija al fin y al cabo— en ese momento, David comenzó a reír. —¿Dije algo gracioso?
—No, pero es que no me acostumbro a verte con una hija. Es alucinante lo que han cambiado las cosas para nosotros. Hace unos años creí que a día de hoy estaría quizás intentando sacarme algo en la universidad. Como muchos, supongo.
—Yo pensaba que a estas alturas estaría como policía o algo parecido— respondí. –Es evidente que nadie ha hecho lo que esperaba— miré  a Vicky mientras se comía unas galletas bañadas en leche. –Preferiría que esa niña estuviese viviendo una vida feliz. No con un ojo abierto a la hora de dormir. Eso es lo que quiero conseguir, que esa niña tenga la vida que merece. Tanto ella como Eva y mis hijos. Aunque no sean hijos realmente, llevan mi sangre.
—Hablando de sangre. ¿Cómo llevas lo de tu hermano? Ya ha pasado tiempo…— David hizo una pausa y me miró. –Hostia tío, perdona… No debí preguntar.
—No. Está bien, creo que  es algo de lo que hay que hablar. Muchas noches sueño con el, en como éramos y en como terminamos. Esto lo cambió, hizo de el un monstruo. Alguien sin sentimientos. Al menos eso es lo que pensaba. Era lo que quería creer…
—¿Qué quieres decir?— preguntó David.
—No creo que esto te cambie. Más bien creo que hace aflorar la verdadera cara del individuo. Mi hermano llevaba eso dentro de el y este apocalipsis lo hizo surgir. Nuestro verdadero yo es lo que ha salido a la luz. Esto ha sacado lo mejor y lo peor de nosotros.
En ese momento, Luci se acercó a nosotros. –Es hora de marcharnos.
Eran las ocho de la mañana cuando abandonamos la estación de esquí. Hacía buen tiempo, aunque todo el camino estaba cubierto de nieve. Llegamos a un conjunto de casas, era como una aldea. Seguramente, una aldea Amish.
—Estamos cerca— dijo en ese momento Amparo parándose –Pasé por aquí de caminó al hospital. Cuando el puente aun estaba en su sitio.
—Entonces, si Thomaston está cerca, vamos— dijo Keity adelantándose.
Avanzamos entre las casas y entonces vimos una silueta entre dos casas. Se trataba de un caballo de color marrón. Este estaba atado a un poste de madera. Justo en ese momento. Un hombre salió de detrás del animal subiéndose la bragueta. Al vernos,  este levantó la cabeza y se nos quedó mirando. Entonces lanzó un grito —¡¡¡Ariadna!!!
—Mierda— dijo Luci en ese momento. Seguidamente miró a Amparo —¿Es una trampa?— fue en ese momento cuando de repente, varias personas comenzaron a aparecer apuntándonos con sus armas. Fue en ese momento cuando Luci desenvainó su espada y se puso detrás de Amparo, poniéndole la hoja de la espada en el cuello. Nosotros nos pusimos en círculo en torno a ella y apuntando con nuestras armas a los que acababan de aparecer.
Había alrededor de unas diez personas rodeándonos, probablemente había más ocultos.
—No es una trampa. Tienes que creerme— dijo Amparo mirando a Luci de reojo y luego a mi.  –Esto es solo un mal entendido.
—Cállate, o te corto el cuello— amenazó Luci.
—¡¡¡Ariadna!!!— volvió a gritar el hombre que había aparecido al principio. Fue en ese momento, cuando una chica de unos diecisiete o dieciocho años, salió de una de las casas. Esta tenía un rifle de caza entre las manos. Esta levantó el puño para que los que allí había bajaran las armas. Esta nos escudriñó a todos y fijó su vista en Amparo.
—No des un paso más. Ni se te ocurra— dijo Keity apuntándole con su rifle.
—No queremos problemas. Solo estamos aquí de paso. Somos buena gente, pero vosotros tenéis algo que me pertenece. Dejad  ir a mi madre. Seguro que podemos llegar a un acuerdo.
—¿Tu madre?— pregunté mirando a Amparo de reojo.
—Si. Mi madre, Amparo. Dejadla ir y os daremos lo que queráis. ¿Comida? ¿Munición? No importa. De eso, tenemos de sobra. No queremos problemas, por eso, es mejor solucionar las cosas— dijo la chica. —¿Eres tu su líder?
—Bajad todos las armas. Ariadna, tu también. Ellos no me tienen retenida— dijo en ese momento Amparo. Algo que hizo que Luci la zarandeara para que callara.
Volví a mirar a la chica y a los que la acompañaban, después miré a Amparo y decidí jugármela. –Luci. Suéltala.
—¿Te has vuelto loco? Nos superan en número y nos tienen a tiro.
—Es una orden. No dispararán— dije.
Luci me miró a mí y empujó a Amparo sacándola del círculo. Esta tropezó en la nieve y cayó de bruces. La muchacha quiso correr hacia ella, pero David se interpuso.
—Ni te muevas. Ni se te ocurra.
En ese momento, Amparo se puso en pie y se metió en medio. Entre David y la chica. Apuntando a cada uno de ellos con las manos desnudas, como si quisiera impedir una pelea. Entonces comenzó a hablar. –Salid todos y bajad las armas. Ellos son de confianza.
—Bajadlas vosotros también— dije mirando a mis compañeros.
Todos bajamos las armas y entonces, Amparo abrazó a su hija. —¿Qué hacéis aquí? ¿Qué hacéis fuera de Thomaston?
—Llevabas tiempo desaparecida. Decidimos salir a buscarte— respondió la chica. Entonces nos miró. —¿Quiénes son ellos?
—Son amigos— respondió Amparo. –Son como nosotros. Los llevo a Thomaston.
*****
Nos habíamos metido todos dentro de una casa. Allí se habían hecho las presentaciones. Ariadna era la que estaba al mando en esa expedición de búsqueda. Ellos, habían salido de Thomaston durante la noche y se habían refugiado allí cuando estalló la tormenta. Se habían preocupado por la ausencia de Amparo tanto tiempo. Con Ariadna iban varios hombres y mujeres. Todos habitantes de Thomaston. Después de eso, retomamos nuestro camino hacia Thomaston. Aquella gente usaba caballos, de los cuales, uno de ellos nos lo cedieron a Vicky y a mi. Durante el camino comenzó a hablarme.
—Estuve a punto de disparar cuando aparecieron esas personas. Estuve a punto de dispararle a Amparo, pero no lo hice.
—Me alegro de que no lo hicieras. Yo también pensé que era una trampa, pero me di cuenta de la mirada de esa chica— miré en ese momento al caballo donde iban madre e hija. –Vi que no mentía y que quería evitar un enfrentamiento.
—Supiste ver que eran buenas personas— dijo Vicky.
—Si. No todos tienen por que ser malos. Aun hay gente buena en el mundo. Se nos ha olvidado eso. La humanidad. Tenemos que ser más humanos.
—¿Qué quieres decir?— preguntó Vicky.
—Cuando lleguemos a Thomaston empezará una nueva vida para todos nosotros. Tío Carlos ya no está. Ya no hay nadie que nos amenace. He tomado la decisión de que quiero ser de otro modo. Quiero ser otra persona. No quiero tener que volver a matar.
—¿Por qué?— preguntó Vicky.
—Se que a veces es necesario. Al menos desde que vivimos así, pero eso debe cambiar. Debemos tratar de crear una nueva sociedad. Una sociedad mejor, con gente mejor. Con gente humana.
—Entonces no quieres volver a matar…— murmuró Vicky.
—Así es. Se acabó— respondí. –Una vez vivamos en Thomaston, seremos gente nueva.
—Entonces yo tampoco quiero tener que volver a matar… Pero… ¿Eso incluye a los caminantes? ¿O solo a las personas?
—Solo a las personas— respondí –Podemos crear un nuevo mundo y aplicar leyes. Recuperar parte del mundo que se ha perdido. ¿Lo entiendes? Estoy convencido de que eso es posible.
—Suenas muy convencido de ello— dijo en ese momento Keity situándose a nuestro lado. –Aun no sabemos si nos quedaremos a vivir allí. Sobre lo que hablas… Pareces el Papa. Yo no afirmaría nada todavía, siempre hay algún cabrón por ahí suelto. Por H o por B. Siempre habrá alguien al que solo se le podrán parar los pies con un tiro en la cabeza.
—Eso lo se, y es precisamente eso lo que debemos cambiar— respondí.
—Mirad eso— dijo en ese momento Vicky.
Todos miramos al frente y entonces vimos que bajo el sol del medio día, comenzaban a erguirse los altos muros de Thomaston. Eran tal y como los habíamos visto en las fotos. Llegamos a las puertas y  vimos a varios guardas subidos en torretas. Estos nos vieron llegar y enseguida dieron la orden de abrir las puertas.
Las puertas se abrieron y los caballos cruzaron. Una vez dentro, puede comprobar que era como si allí no hubiese pasado nunca nada, como si allí la vida hubiese seguido tal cual. Entonces Amparo me miró y sonrió.
—Bienvenidos a Thomaston.
En ese momento un chico joven se acercó a nosotros y acarició el caballo donde iba Amparo. –Me alegro de verte Amparo— entonces nos miró a nosotros. –Y veo que trae a más gente. Bienvenidos a Thomaston.
Amparo se bajó del caballo y yo también lo hice. Ella y yo avanzamos hasta el muchacho. Entonces nos presentó. –Este es Xander. Los caballos son suyos. Xander, el es Juanma.
Yo le estreché la mano al muchacho y este centró toda su atención en el caballo. –Espero que Sombra se haya portado bien. No suele aceptar bien a  los desconocidos.
—Sombra se ha comportado perfectamente— respondí.
—Xander. Llevad a los caballos a los establos. Yo les mostraré el pueblo a nuestros invitados— dijo Amparo mirándonos  a David,  a Keity, a Luci, a Vicky y a mi.
En ese momento la hija de Amparo se acercó a ella y la abrazó. –Iré a casa y avisaré a papá de que has regresado. Se alegrará mucho.
Comenzamos a caminar por las calles mientras Amparo nos iba mostrando lugares. Casas, parques, establos, huertos… —La zona que hemos ocupado no es demasiado grande, pero para la cantidad de habitantes nos es suficiente. Incluso hay casas sin ocupar, esas os las podréis quedar vosotros, os las mostraré.
—¿Cuántos habitantes sois en total?— preguntó Luci.
—Ciento cincuenta y uno en total. Aunque pronto aumentaremos en número. Hay mujeres a punto de dar a luz. Hace un año se decidió que algunas mujeres se quedaran embarazadas. Digamos que fue algo así como intentar repoblar el planeta.
—¿Obligasteis a mujeres a quedarse embarazadas?— preguntó Keity.
—No exactamente. Nosotros pusimos la propuesta sobre la mesa y las mujeres se presentaron voluntarias. Aquí no hay leyes que obliguen a nada, aunque si que hay leyes. Por ejemplo, el asesinato se paga con la muerte. Hace tres meses ejecutamos a un hombre que maltrataba a su mujer. Le dimos muchos avisos, incluso alejamos a su mujer de el, pero una noche la asesinó. Fui yo misma quien acabó con el. Fue duro.
—¿Cómo fue? La ejecución— dijo Luci.
—Fue inyección letal en el hospital. No ejecutamos en público ni nada de eso. Tratamos de ser mejores personas. Creemos que si hemos sobrevivido a esto es porque se nos ha dado una segunda oportunidad— entonces me miró a mi y me di cuenta de que sabía lo que había dicho sobre no perder nuestra humanidad.
Llegamos entonces a una casa y Amparo se detuvo. –Esta es mi casa. Os presentaré a mi marido— llamó al timbre y un hombre abrió la puerta. Se trataba de un hombre de unos cuarenta años. Llevaba gafas y en una de sus manos sostenía un libro. Enseguida abrazó a Amparo y nos miraron a nosotros. –Este es Reed, mi marido. Cariño, te presento a Juanma, a su hija Vicky, a David, a Luci y a Keity. Ellos y el resto de su grupo que no está aquí se van a convertir en integrantes de nuestra comunidad.
Reed bajó los escalones y se acercó a estrecharme la mano a mí y a los demás. –Es un placer conoceros. Hacía tiempo que no traíamos a nadie. Básicamente por que no hay nadie que nos haya convencido. No dejamos entrar a cualquiera, pero si mi esposa os ha traído es porque sois buenas personas. Bienvenidos.
En ese momento, Amparo pareció oler algo  y miró a su marido. —¿Estás preparando la comida?
—Si— respondió Reed. Entonces Amparo nos miró a nosotros.
—Podéis comer con nosotros si queréis. Aceptad por favor.
Nosotros aceptamos y nos quedamos a comer en casa de Amparo. Fue una comida deliciosa. Hacía tiempo que no comíamos así de bien. Durante la comida habíamos hablado de distintos temas y Amparo había dado el aviso al taller para que prepararan dos autobuses para regresar al hospital lo antes posible a recoger a los demás.
Estábamos realmente impresionados. Thomaston era un lugar idílico, de hecho, cruzar las puertas había sido como retroceder en el tiempo a antes de que el mundo que conocíamos se fuese al infierno. Despues de la comida, nos llevaron a una de las casas, allí pasaríamos la noche. Después nos llamaron para cenar. Tras la cena regresamos a casa y allí, mientras unos se fueron a dormir, yo me quedé mirando por la ventana. Fue entonces cuando Keity se me acercó.
—¿No duermes?— preguntó.
—No. Aun no ¿Y tu?— le respondí.
—No es que tenga demasiado sueño— entonces se sentó a mi lado. –Verás. No es que desconfíe de esta gente. Pienso que si quisieran hacernos algo, no estaríamos teniendo esta conversación. No nos han quitado ni las armas. Es decir, si nos quisiesen muertos ya lo estaríamos, aun así… Todo esto es demasiado perfecto, demasiado bonito para ser cierto. Creo que lo que me pasa es que tengo miedo a dormirme y al despertarme, ver que todo esto ha desaparecido.
—Bueno. Creo que puedes irte a dormir tranquila. Esto es real del todo— respondí.
—Supongo que tienes razón. Debo estar algo paranoica. No estoy acostumbrada a que las cosas sean tan perfectas— en ese momento sonreí. –Estoy paranoica ¿No?
—Casi tanto como yo— respondí mientras veía a una mujer pasear a tres perros a la luz de las farolas. –Venga, ve a dormir. Mañana exploraremos mejor este pueblo. Yo me iré a dormir en breves.
En ese momento Keity se inclinó sobre mí y me dio un beso en la mejilla. –Siento que debo darte las gracias. Es gracias a ti por lo que estamos aquí en Thomaston. Así que bueno… Gracias.
—No hay de que— respondí.
Pasadas cerca de dos horas me alejé de la ventana y decidí irme a dormir. Aunque antes decidí pasar por la habitación donde estaba Vicky. Abrí la puerta con cuidado y entonces vi a mi hija. Se había quedado dormida boca abajo. Junto a ella había varios comics. Entonces sonreí ante la idea de que allí podríamos ser felices todos nosotros.


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