Bienvenido

Si eres nuevo o eres seguidor de este blog, te interesará saber que además de este hay otros blogs míos. Las direcciones están debajo de este texto. En ellos encontrarás desde una corrección de esta historia. A un blog de vídeos y noticias que engloban a todos los blogs que me pertenecen. Tambien puedes acceder al blog dedicado al futuro cómic basado en la historia.

sábado, 21 de enero de 2017

NECROWORLD Capitulo 141

Día 6 de Noviembre de 2010
Día 861 del Apocalipsis...
10:00 horas de la mañana...

Hacía unas horas que habíamos dejado atrás el hotel. En mi mente no dejaba de repetirse la misma escena una y otra vez. La escena en la que yo había matado a mi propio hermano clavándole un cuchillo en el vientre. Sentía que había perdido la humanidad que me quedaba, la que a esas alturas, debía ser poca. Después del incidente, nos habíamos detenido en una casa cerca de Gray. Aun nos quedaba alrededor de unas horas antes de llegar a la mansión Crawford. La casa donde nos encontrábamos no era muy grande, pero era lo bastante grande como para que los tres pudiéramos descansar y Mélanie pudiera curarme la herida de la mano izquierda. Mientras Luci vigilaba, Mél y yo nos encontrábamos en el baño, ella me estaba vendando la mano.
—¿Qué tal te encuentras?— preguntó Mélanie.
—Acabo de matar a mí hermano... ¿Cómo crees que me siento? Me siento como una mierda— respondí. No entiendo como he permitido que las cosas llegaran a esto. Podría haber salvado a Rachel... Y sin embargo ha muerto. Al igual que muchos otros.
—Pero también has salvado a muchos— respondió Mélanie. —A mi me has salvado— hizo una pausa y terminó de vendarme la mano. —Esto ya está.  Podemos seguir, solo que necesitaremos antibióticos para evitar que se te infecte.
Ambos salimos del baño y bajamos las escaleras, Luci nos esperaba apoyada junto a la puerta, nos miró y nos hizo un gesto con la mano para que no nos moviéramos. Yo miré en ese momento hacia la ventana y entonces vi él porque, Luci nos había dicho que paráramos. Había varios caminantes pasando por delante de la casa, desde donde yo estaba, vi pasar a al menos una docena de ellos. Cuando pasaron todos, nos reunimos con nuestra compañera.
—Era un rebaño. Puede ser que vayan hacia el hotel. Quizás los haya atraído el humo.
Los tres salimos de la casa y miramos en la dirección donde estaba el hotel, aun había humo.
—Olvidaros del hotel. Ya no hay nada que hacer. Debemos reunirnos con los demás antes de que se haga de noche. En dos horas deberíamos llegar a las puertas de la mansión. Vamos.
—Quizás deberíamos volver al hotel. Puede que podamos recuperar algún arma. Lo único que tenemos es una katana y una pistola sin balas. No es que sea mucho para defendernos— sugirió Mélanie.
—Tenemos bastante. Vamos— dije adelantándome caminando hacía el bosque.
Cuando pasé junto a ellas, Mélanie y Luci se miraron. Luci le hizo un gesto de que lo dejara estar y me siguieron adentrándose también en el bosque.

12:00 horas del medio día...
Mansión Crawford... Gray...

—Esto no puede ser. No puede ser cierto— decía yo mientras observaba la mansión Crawford desde lo alto de una colina.
Allí no había nadie de los nuestros, solo había caminantes donde quisiese que mirase. Los No Muertos habían invadido la mansión. Sin pensármelo dos veces, bajé por la colina. Llegué abajo y comencé a correr hacia la mansión, empujando y golpeando a los caminantes que se cruzaban conmigo y trataban de cogerme. A mis espaldas podía escuchar los gritos de mis compañeras, pero yo no les prestaba atención, estaba totalmente cegado por la idea de llegar hasta la maldita mansión. Llegué a las puertas de hierro y varios No Muertos centraron su atención en mi. Yo le asesté un golpe a uno de ellos y entré pasándole por encima, en ese momento comencé a gritar los nombres de Eva y Vicky, pero no obtuve respuesta, justo en ese momento, Luci y Mél llegaron junto a mí.  Luci me agarró por detrás y comenzó a tirar de mi.
—No están aquí. Tenemos que irnos— Yo me solté de Luci y corrí hacia el interior de la casa. Llegué al pasillo y solo encontré señales de lucha por todas partes. Se me ocurrió subir corriendo a la habitación que había compartido con Eva los días que había estado allí. Subí a toda velocidad, casi tropezándome en los escalones. Llegué al piso superior, corrí hasta la habitación y entré, pero allí dentro no encontré nada. Me di la vuelta y salí de nuevo al pasillo, entonces vi a Luci caminar hacia mi mientras iba acabando con caminantes.
—¿Qué coño estás haciendo? No están  aquí. Sea lo que sea lo que haya pasado aquí, nuestra gente ya no está— Luci me cogió del brazo y tiró de mi nuevamente. Me sacó de la mansión y nos reunimos con Mélanie, seguidamente, los tres comenzamos  a correr a través del bosque.
No recuerdo el tiempo que estuvimos huyendo a través del bosque, pero la noche se nos echó encima y tuvimos que parar  en una casa que nos encontramos junto a un camino.
—¿Que se supone que debemos hacer ahora?— preguntó Mélanie mirando a Luci.
Luci me miró a mí. —Estamos agotados y si seguimos así, no lograremos nada. Pasemos la noche aquí— Yo quise decirle algo, pero ella me interrumpió rápidamente. —Ya sé que estás desesperado por encontrar  a tu familia, y créeme que lo entiendo, pero no aguantaremos mucho si seguimos así. Además, mírate, estás  agotado. Pasaremos aquí la noche y mañana al amanecer seguiremos. No te preocupes, Juan y David están con ellos. No dejarán que le pase nada a nadie del grupo.
—Está bien— respondí  apoyándome en un árbol.
Los tres nos dirigimos al interior de la casa y nada más entrar, Luci cerró la puerta, me miró a mí y silbó. Repitió el silbido varias veces y no obtuvo respuesta, de haber  algún caminante allí dentro, ya lo hubiésemos visto. Con cierta tranquilidad, los tres comenzamos a caminar por la casa y llegamos a una habitación de la planta superior. Allí entramos y nos quedamos sentados.
—Quedaros aquí. Yo iré a inspeccionar el resto de la casa. Será mejor que lo hagamos ahora, así evitaremos llevarnos sorpresas desagradables— dijo Luci. Yo me levanté para seguirla. —No, tu quédate aquí. Necesitas descansar— Yo volví a sentarme y Luci salió de la habitación.
—¿Cómo te encuentras?— preguntó Mélanie.
Apenas podía verla en medio de tanta oscuridad. —No lo sé. No creí que esto acabara así, sinceramente. No solo he matado a mi hermano, también he perdido a mi familia. Ni siquiera sé donde pueden estar en estos momentos.
—Estarán bien— respondió ella. —Verás como los encontramos antes de que te des cuenta.
—Eso no lo sabes. No quiero ponerme en lo peor, pero... El hecho de no verlos allí esperándonos, después de todo... Me ha quitado esperanzas...
—Has hecho lo que debías hacer. Tu hermano era una amenaza para todos.
—Ya lo sé, pero todo esto se podría haber evitado ¿Sabes? Hace tiempo que podría haber evitado esto. Cuando aun estábamos en Manhattan, podría haber acabado con Carlos y esto no habría ocurrido. Fui un estúpido, me dejé llevar por el hecho de que Carlos era mi hermano. Todo esto que ha ocurrido, es simplemente culpa mía. Yo soy el único responsable. Es como lo de Portland... Si nosotros nunca hubiésemos ido, puede que aquel lugar siguiera en pie.
—Algún día podría haber caído del mismo modo que ha ocurrido con el hotel. Dorian nos tenía en el punto de mira. Nos hubiesen masacrado tarde o temprano.
—Desde que esto comenzó, siempre he buscado la manera de mantener a salvo a todos aquellos a los que aprecio, pero siempre ocurre lo mismo. Siempre hay alguien que tiene que morir. Estoy harto de esto Mél. Llegamos al hotel y creí que era algo definitivo, creí que ahí  podríamos echar raíces y creí que podría criar a mis hijos allí, pero de nuevo, todo se fue al infierno, de nuevo todo se estropeó. Antes pensaba que existe ese lugar donde nada de esto importará, porque estaríamos a salvo, pero ahora estoy convencido. Ese lugar no existe.
—Pues yo creo que sí. Ese lugar debe existir, no sé donde, pero me niego a tirar la toalla. No pienso rendirme, y tu tampoco deberías, porque yo creo en ti al igual que todos los demás. Cuando estaba en Portland... Escuché a algunas chicas hablar de una ciudad amurallada, no recuerdo el nombre, decían de ella que sus muros eran tan altos que nada, ni vivo ni muerto, podría cruzarlos sin autorización. En un principió creí que eran solo fantasías desesperadas de gente que busca esa tierra prometida, pero por aquel entonces creía muchas cosas, como que ya no se podía confiar en los hombres, o que un niño era incapaz de matar a alguien.
—El mundo ha cambiado— respondí. —Todo aquello que había antes ha empeorado y las cosas que nunca creímos posibles, ahora lo son. Esta es la triste vida que nos está tocando vivir.
—Aun así... Sé que algún día encontraremos ese lugar donde no debamos temer por nuestras vidas y nuestro legado pueda seguir adelante.
                                                                     *****
Luci recorrió toda la casa con la katana preparada. Al entrar había hecho la prueba, pero aun debía asegurarse en otras plantas. Cada vez que llegaba a una habitación, se paraba delante de la puerta y daba un leve golpe con los nudillos, después esperaba una respuesta que nunca llegaba. La última prueba en la planta superior, la hizo en una habitación donde había un cartel donde ponía "Prohibido el paso a los adultos", una habitación que muy probablemente pertenecía a un adolescente. Tras dar el golpe y esperar, al no escuchar nada, abrió la puerta y entró. En las anteriores habitaciones no había tenido suerte,  pero quizás en aquella encontrara algo que pudiera ser útil.
Entró con cautela e iluminó la habitación con el mechero que llevaba. La habitación estaba prácticamente nueva, aunque llena de polvo. La ventana estaba abierta y Luci fue a cerrara para evitar que siguiera entrando aire frio. Siguió iluminando la habitación y vio varios posters de "Star Wars" en la pared, en uno de ellos aparecía el protagonista de las películas esgrimiendo su sable laser. A Luci le asaltó una idea loca, ella iba por el mundo con una katana desde que este se fue literalmente al infierno, era algo así como una especie de Jedi en un mundo post apocalíptico. Sacudió la cabeza para quitarse la imagen de la mente y siguió con lo suyo. La habitación era bastante grande, quizás, demasiado para un adolescente que podría tener quince años como mucho. También era cierto que además de esa, no había visto más habitaciones que pudieran pertenecer a un niño, por lo tanto, el dueño de aquel cuarto, podría haber sido hijo único.
Luci comenzó a abrir cajones y en ellos encontró ropa interior de chico, un inhalador para el asma que parecía estar entero. También encontró algunos  petardos dentro de una caja donde se podía leer "No abrir hasta el cuatro de Julio"
Abrió más cajones, en el ultimo, debajo de una pila de libros de texto, encontró lo que todo adolescente guarda como oro en paño, un par de revistas pornográficas con dos chicas de grandes pechos en la portada. Dejó las revistas en su sitio, aunque el dueño no iba a regresar a por ellas.
Salió decepcionada de la habitación por no haber encontrado nada útil, aun así, su investigación no había terminado. Bajó hasta la primera planta y se quedó quieta al escuchar unas voces, por un momento se alarmó, pero enseguida descubrió que eran Juanma y Mélanie, estos estaban hablando y sus voces llegaban a través de un tubo de ventilación. Luci caminó por el pasillo más cercano y llegó a la cocina, allí comenzó a abrir cajones y armarios, dentro de uno de los cajones, encontró algunos tenedores y cuchillos. De los cuchillos cogió un par de los más grandes, al menos, podrían usarlos como arma si era necesario. Siguió buscando en la cocina y encontró dos latas de conserva dentro de un armario. No eran gran cosa, pero al menos les serviría para comer al menos esa noche.
Siguió buscando y encontró una caja de cerillas, las cuales le vendrían bien más adelante cuando el gas del mechero se agotara. Salió de la cocina y se quedó un rato en el pasillo, caminó hacia una puerta e hizo lo de siempre, al no obtener respuesta, abrió la puerta y entonces sintió el olor, el hedor a podredumbre era intenso, tanto, que Luci se tapó la nariz con el pañuelo que llevaba al cuello. La puerta daba al sótano.
Luci comenzó a bajar las escaleras con cautela y a cada paso que daba, el olor era mucho más fuerte. Cuando llegó abajo escuchó un gruñido y comenzó a mover el mechero en busca del origen de dicho ruido. Finalmente vio de que se trataba, atado a una de las vigas del sótano había un chico amordazado y desnudo. Su piel estaba rasgada por las cuerdas y le imposibilitaban escapar, aun asi, Luci acabó rápidamente con él, después examinó el cadáver y vio varias marcas, eran cruces que habían sido dibujadas en el cuerpo del muchacho. Luci siguió escudriñando el sótano y en un rincón encontró dos cuerpos más en avanzado estado de descomposición, prácticamente eran esqueletos. Por como vestían, a Luci le fue fácil distinguir el sexo de estos. Eran un hombre y una mujer, el hombre tenía los restos de una biblia sobre el regazo. Siguió inspeccionando el cuerpo del hombre y se dio cuenta de algo, ese hombre iba vestido como un predicador. Entonces a Luci le fue fácil imaginarse lo que había pasado allí. El muchacho se infectaría en  los primeros días y sus padres, guiándose por la religión le habían hecho un exorcismo, seguramente no habían obtenido resultados y luego ellos se habían encerrado allí al ver que todo el  mundo se volvía como su hijo. Probablemente allí murieron de hambre, aunque estos no parecía que se hubiesen reanimado.
Luci decidió que no les contaría nada a sus compañeros, no era necesario. Volvió a la planta superior y después regresó a la habitación donde Juanma y Mélanie la esperaban.
—¿Encontraste algo?— preguntó Mélanie cuando la vio entrar.
—Poca cosa— respondió Luci dejando las latas de conserva y las cerillas encima de la cama.
—¿Solo encontraste esto? ¿Dos latas?
—Solo, pero bien racionadas habrá bastante para los tres— respondió Luci.
Yo me acerqué. Cogí las latas y le di una a cada una. —Tenéis bastante para las dos.
—¿No vas a comer?— preguntó Luci.
—No tengo hambre— respondí. Seguidamente me fui a una parte de la habitación y me tumbé en el suelo donde no tardé en quedarme dormido.

Día 7 de Noviembre de 2010
Día 862 del Apocalipsis...
03:00 horas de la madrugada...

Mélanie se despertó al escuchar murmullos, levantó la cabeza lentamente y vio a Juanma en el mismo sitio que en que se había quedado dormido. Por cómo se movía, estaba teniendo alguna pesadilla.
—Lleva así un rato. Hay veces que se queda tranquilo y luego vuelve a ello. Es como si la misma pesadilla se repitiera en bucle. Hace un rato hablaba, hablaba con Lidia— dijo en ese momento Luci desde la ventana, junto a la que se había sentado para vigilar.
—¿Quien es Lidia?— preguntó Mélanie caminando hacia Luci.
—Lidia era su novia cuando estábamos en España. Murió en sus brazos porque un tipo la mató. Yo estuve presente... Y Eva.. Fue bastante duro para él, creo que aun no lo superó.
—Hay cosas que no se superan supongo— Mélanie se paró a mirar a Juanma, parecía que se había quedado tranquilo, después miró a Luci. —¿Que haremos ahora? ¿Cuál es el plan?
—Seguiremos el rastro que encontré— respondió Luci.
—¿Encontraste el rastro?— preguntó Mélanie —¿Y por qué no dijiste nada?
—Se habría empeñado en seguirlo, pese a que necesitaba descansar. Mañana al amanecer partiremos. Estamos cerca de Haddock. Pasaremos por allí y buscaremos algo que pueda servirnos, luego seguiremos el rastro. Será mejor que vuelvas a dormir.
—Mira esto. Lo encontré fuera de la mansión Crawford mientras vosotros estabais dentro— Mélanie se sacó  un pañuelo del bolsillo. Este era de color rojo y tenía un dibujo en el centro. Era un pájaro sobre dos huesos cruzados.
Luci cogió el pañuelo y lo observó. —Juraría que esto es un cuervo. —¿Donde estaba?
—Estaba atado a uno de los barrotes. Pero creo que había otro en el hotel. ¿No te parece extraño?
—En este mundo ya nada me parece extraño. Esto podría no significar nada o significar mucho. De momento guárdalo— dijo Luci. —A él no le digas nada, pero andaremos con mil ojos. No  quiero precipitarme, pero esto  del pañuelo no me da buena espina. Ahora ve a dormir. Necesitas descansar.
—Y tu también— respondió Mélanie.
—Yo aun puedo aguantar. Ya tendré tiempo de dormir cuando encontremos al resto— respondió Luci.
—¿De verdad crees que los encontraremos?— preguntó Mélanie.
—Eso espero— respondió Luci. —Eso espero...
Mélanie se fue a dormir tras despedirse de Luci. Antes de quedarse dormida miró a Juanma. El seguía dormido y parecía tranquilo, pero no tardaron en regresar a las pesadillas.
*****
Corría a través del bosque envuelto por la niebla. Huía de algo, pero no sabía de qué. Llegué a una zona sin árboles donde escuchaba gruñidos, estos me rodeaban y yo alcé un cuchillo para defenderme.
—Tranquilo— la voz de Carlos me hizo darme la vuelta, entonces me encontré cara a cara con Carlos. Este me sonrió y levantó las manos. —Tranquilo hermano, vengo en son de paz.
—¿Qué haces aquí? No deberías estar aquí— respondí apuntándole con el cuchillo.
—Quizás deberías dejar eso en el suelo antes  de que alguien se haga daño...
Antes de que mi hermano terminase de hablar, me lancé contra él y le clavé el cuchillo repetidas veces  en el estomago mientras gritaba de rabia.
—Juanma...— la voz de Eva me hizo levantar la  cabeza. Fue entonces cuando la vi sangrar por la boca. Miré a mi mano y me vi empuñando el cuchillo que tenía clavado en su vientre.
Me desperté sobresaltado y gritando, hizo falta que Luci se echara sobre mí y me calmara. Cuando me calmé, ella se quitó de encima. Yo me levanté un poco aturdido y me senté en la cama, entonces miré a mis compañeras.
—Lo siento— me disculpé.
—Es normal. Llevas con pesadillas toda la noche— respondió Luci.
—¿Qué hora es?— pregunté.
—Las 7:45 de la mañana— respondió Luci.
—Tenemos que ponernos en marcha— dije mientras me levantaba de la cama. En ese momento, Mélanie se acercó a mí para mirarme la mano. —¿Todo bien?— pregunté cuando le vi la expresión de preocupación.
Mélanie miró a Luci y luego a mi —Tengo que cambiarte los vendajes otra vez y curártelo mejor. También necesitas que te de antibióticos.
—¿Se me ha infectado?— quise saber.
—No. Aun no, pero podría infectarse. Por eso es mejor que nos pongamos en marcha ya.

08:00 horas de la mañana...

Los tres nos pusimos en pie y salimos de la habitación, en pocos minutos estuvimos en el exterior escuchando el canto de los pájaros.
—Cerca tenemos el pueblo de Haddock. Pararemos allí a buscar lo que necesitemos. Estamos como a unos quince minutos de distancia— dijo Luci. Al escucharla asentí y los tres comenzamos a caminar por el camino más cercano.
Los tres íbamos  juntos. Siempre alerta por lo que pudiera pasar, en cualquier momento podían asaltarnos caminantes o personas vivas. Eso nos pondría en serios aprietos debido a que la única que llevaba un arma era Luci, y ella sola no podría hacer demasiado si nos atacaba un grupo grande.
Habríamos avanzado unos dos kilómetros por el camino cuando divisamos algo a unos doscientos metros de nosotros. Se trataba de un gran vehículo parado en mitad del camino. Enseguida comencé a correr hacia él, con el corazón a punto de salirse de mi pecho, ya que indudablemente, ese vehículo era nuestro. Cuando llegamos, mis temores se confirmaron, era uno de los autobuses. El mismo en el que Johana y Nina se habían llevado a los niños. Abrí la puerta y retrocedí unos pasos, pero de dentro no salió nada ni nadie. Subí rápidamente y busqué por todos los asientos, quizás quedase alguien escondido, pero no fue así. Estaba completamente vacío. Luci subió también y me miró.
—Parece que no hay señales de lucha. Así que no creo que les atacaran. Lo habríamos notado enseguida.
Salí del autobús y vi a Mélanie allí de pie mirándome. Entonces  comencé a gritar nombres, con la esperanza de recibir respuesta, pero no fue así. Rodeé el vehículo buscando indicios de algo que me revelara que había pasado allí, lo único que encontré fueron las ruedas reventadas. Llame a Luci y esta vino enseguida.
—Mira esto— dije señalando las ruedas. —¿Qué crees que ha pasado? No parece un pinchazo normal.
Luci se agachó e inspeccionó la rueda, entonces me miró. —Aquí hay algo— Luci metió la mano dentro de los restos de la goma de neumático y sacó lo que parecía una flecha.  Entonces me la mostró. —¿Qué opinas?
Me levanté y miré a mi alrededor. —La flecha vino disparada de esa dirección. Por eso el autobús está en esta posición. Puede que se bajaran por si solos.
—O los obligaran a bajar— añadió Luci.
En ese momento, Mélanie nos llamó y ambos corrimos a reunirnos con ella en la parte delantera del autobús. Allí no había nada, salvo una enorme pintada con espray. El dibujo simbolizaba un ave y dos huesos cruzados detrás de ella, algo que me sonaba de haber visto antes. De repente, vi como Mélanie se sacaba un pañuelo del bolsillo, en el centro de este, se encontraba el  mismo dibujo.
—¿Que cojones es esto?— pregunté al tiempo que cogía el pañuelo y recordaba el que trató de enseñarme Stephanie en el hotel antes del ataque. —¿Donde lo encontraste?
—En las verjas de la mansión Crawford— respondió ella. —¿Qué crees que significa?
—Que aquí hay alguien más y que es posible que llevaran tiempo siguiéndonos.
—¿Hombres de tu hermano?— me preguntó Mélanie.
—Lo dudo.
Los tres seguimos caminando hasta que vimos un cartel que nos indicaba que ya habíamos llegado a Haddock. A nuestro alrededor había casas vacías  y algún que otro caminante solitario que no nos prestó atención. Caminamos por el centro de la carretera y vimos lo que parecía la fachada de un supermercado. Junto a él, había varios carteles y en uno indicaba donde había una farmacia. La cual, se podía ver que no estaba muy lejos, a unos veinte metros al otro lado de la calle.
—Vosotros ocuparos del supermercado. Yo voy a la farmacia— dijo en ese momento Mélanie.
—¿Estás segura? Podemos acompañarte— dije yo.
—Sí. Estoy segura. Así cubriremos el doble de terreno en menos tiempo— respondió Mélanie. Al ver que Luci y yo nos mirábamos, sonrió. —Tranquilos, de verdad, se apañármelas yo sola. Será entrar y salir, cuestión de minutos.
—Muy bien— dijo en ese momento Luci. —Pero si pasa algo, grita y nosotros acudiremos corriendo.  ¿Entendido?
Mélanie asintió y se dio la vuelta, se alejó de nosotros. Luci y yo caminamos hasta la puerta del supermercado y entramos con cautela. Tal como habíamos pensado en su momento, los saqueadores ya habían pasado por allí, aunque aún quedaban cosas que podríamos aprovechar. Una vez dentro, me acerqué al mostrador y miré por encima, allí vi restos de envoltorios y el teléfono descolgado. Cogí el auricular y me lo llevé al oído, aunque era evidente que no iba a haber línea. Rodeé el mostrador y miré debajo del cristal con la esperanza de encontrar un arma de fuego que hubiese pertenecido al dueño, pero no hubo suerte. Me agaché y rebusqué en un pequeño armario, allí encontré mudas de ropa dobladas y apiladas. Las fui separando y entonces debajo de todas ellas encontré una porra extensible. La cogí y la probé, aunque esta no me serviría contra los caminantes.
—¿Algo útil?— preguntó Luci saliendo de uno de los pasillos. Ella llevaba una  bolsa.
—Solo esto— dije mostrándole la porra. —¿Y tú?
En ese momento, Luci metió la mano dentro de la bolsa, cogió una botella de agua y me la pasó —Bebe. Lo necesitas. Puedes aguantar sin comer, pero no aguantarás sin beber agua. Si te deshidratas tendremos que cargar contigo.
Sin pensármelo dos veces, le quité el tapón a la botella y comencé a beber, de hecho me estaba tirando el agua por la cara. Cuando vacié la botella lancé un suspiro. —Lo necesitaba de verdad.
—También he encontrado latas de conserva. Hemos tenido suerte, la verdad.
En ese momento miré a Luci a los ojos. —Respóndeme sinceramente.
—¿Qué?— preguntó Luci.
—Ya hace rato que encontraste el rastro, pero no has querido decirme nada. ¿Por qué? ¿Es porque crees que no los encontraremos con vida? Se sincera conmigo.
—No se lo que nos encontraremos. No te dije nada porque te habrías empeñado en seguirlo y no habrías descansado... Y descanso es lo que más necesitas. Mírate, estás hecho polvo, tanto física como psicológicamente. No hubieses aguantado mucho si no nos hubiésemos parado. Lo hice por ti.
—Siempre estás haciendo cosas por mi... Y yo casi nunca te doy las gracias por ello— respondí. —Así que gracias.
—No hay de qué. Si ya lo tenemos todo, vamos a reunirnos con Mél.— No vaya a ser que te pongas sentimental.
Por primera vez desde que dejamos atrás el hotel. Había logrado sonreír.
******
Mélanie acababa de coger todo lo que necesitaba de la farmacia. Lo cierto era que había encontrado mucho más de lo que esperaba y había cogido un poco de todo.  Eso hizo que se pusiera muy contenta. Cargada con un carrito, se dirigió hacia la puerta y allí vio dos siluetas, paradas de pie. Al principio no las vio bien y pensó que eran Juanma y Luci. Ella sonrió y estuvo a punto de decir algo, quiso decirles lo que había encontrado, pero entonces su alegría duró poco. Los de la puerta eran dos hombres.
Uno de los tipos le apuntó en ese momento con una pistola. —Se que no quieres morir... Y muerta no nos sirves de nada. Asi que  se buena chica Mél... Y ven con nosotros sin armar follón.
Ella no entendía nada, pero uno de esos tipos sabía su nombre. ¿Quizás era por que fuesen quienes fuesen los habían estado siguiendo? Mélanie retrocedió unos pasos y entonces gritó a la vez que les lanzaba el carrito, cuando lo hizo, echó a correr por dentro de la farmacia. Recorrió rápidamente uno de los pasillos y cuando iba a doblar la esquina, uno de aquellos tipos le cortó el paso. Este la golpeó y ella cayó al suelo de espaldas. No tardó en ver aparecer al segundo, este se abalanzó sobre ella y entonces comenzó a gritar mientras este trataba de amordazarla.
—Cógela de las piernas... Y procura no hacerle un rasguño.
Ella intentó zafarse, pero entonces uno de ellos tiró de ella. Le ató rápidamente las piernas con una cuerda pesé a que estaba pataleando. Entonces la golpeó y se quedó inmóvil.
—Te he dicho que no la golpearas. Eso le dejará marca.
En ese momento. Dos siluetas aparecieron en el pasillo.
******
Luci y yo teníamos delante a dos tipos que tenían inmovilizada a Mélanie en el suelo. Ella apenas se movía debido a que le habían dado un golpe en la cabeza. Enseguida uno de ellos se levantó y se puso delante del otro y de Mélanie mientras nos apuntaba con una pistola. Luci también les apuntó con la katana.
—Más vale que la dejéis en paz y os larguéis de aquí— amenazó Luci.
—No. Lo que va a pasar es que tu dejarás esa espada en el suelo y vendréis voluntariamente con nosotros. Créeme que es vuestra única opción.
—Que la sueltes— repitió Luci.
Ambos comenzaron a gritarse y a amenazarse. De repente sin avisar, le quité la katana a Luci y me lancé contra el primero. Fue tan repentino que ni siquiera disparó. Le clavé la espada en el vientre y lo atravesé. Me lo quité de encima de un empujón y me lancé contra el otro, al que con un rápido movimiento le corté la cabeza. En pocos segundos ambos hombres, ambos desconocidos, yacían muertos a mis pies y su sangre estaba sobre mí. Observé sus cuerpos mientras Luci y Mélanie me contemplaban asombradas por lo que había hecho. Me agaché a inspeccionar los cuerpos y entonces vi un tatuaje. Un cuervo de color negro con las alas abiertas sobre dos tibias cruzadas entre sí.  Levanté la cabeza y miré a mis compañeras mientras Luci  ayudaba a Mélanie.

—Vámonos de aquí. Ahora.