Bienvenido

Si eres nuevo o eres seguidor de este blog, te interesará saber que además de este hay otros blogs míos. Las direcciones están debajo de este texto. En ellos encontrarás desde una corrección de esta historia. A un blog de vídeos y noticias que engloban a todos los blogs que me pertenecen. Tambien puedes acceder al blog dedicado al futuro cómic basado en la historia.

sábado, 4 de febrero de 2017

NECROWORLD Capitulo 143

Día 8 de Noviembre de 2010
Día 863 del Apocalipsis.
13:00 horas del medio día.

Ante nosotros se encontraba un cartel en el que podía leerse claramente un mensaje que me había dejado allí Eva. El día anterior habíamos decidido dar la vuelta y regresar sobre nuestros pasos, debido a que Luci había perdido el rastro de los otros, lo habíamos vuelto a encontrar  cerca de Gray, lo habíamos seguido y eso nos había llevado hasta el cartel. Me acerqué  a observarlo de cerca. Indudablemente, para mí, era Eva quien lo había escrito.
—No se— dijo en ese momento Mélanie. —Podría haberlo escrito ella, o no.
—¿Qué quieres decir?— pregunté mirándola. —Se reconocer la letra de mi mujer. Si esto está aquí es por que ella pasó por aquí. Nos están esperando en Juliette.
—Escucha. Entiendo lo que sientes, pero recuerda que hay más gente por ahí y que parece que sabe cosas sobre nosotros. Esos dos tipos de la farmacia a los que mataste, sabían mi nombre— la forma en que dijo “mataste” no terminó de gustarme y me acerqué a ella.
—Gracias a matar a esos tipos, estás aquí— le respondí. Entonces señalé el cartel. —Y esa es la letra de Eva.
—Solo te estoy diciendo que seamos cautelosos. Podría  ser una trampa. No digo que no vayamos, simplemente que no nos precipitemos.
—Opino como Juanma— intervino en ese  momento Luci. —No está de más andarnos con ojo, pero yo creo que ese mensaje lo dejó Eva. Yo también conozco su letra. Es evidente que hay más  gente por ahí, de hecho, juraría que nos siguen.  Esos tipos te asaltaron a ti por que estabas sola. Es evidente que nos seguían, desde luego son muy hábiles para evitar ser  vistos. No creo que si quieren pillarnos, vayan dejando mensajes como este por ahí. Directamente saltarían sobre nosotros. Iremos hacia Juliette, pero lo haremos con cuidado y antes de entrar, observaremos bien el lugar por si acaso. Puede que esos tíos sean listos, pero nosotros lo somos más.
Los tres nos pusimos en marcha pasando del cartel y tomando el camino que nos llevaría a Juliette. Mélanie también accedió al final, aunque su desconfianza era obvia. No podía culparla.
El camino hacia Juliette nos llevó al menos tres horas. Eran las cuatro de la tarde cuando llegamos a las puertas del pueblo. Nada más llegar, encontramos dos cuerpos en el suelo, siendo devorados por caminantes. Estos nos vieron llegar y entonces Luci  se  adelantó para acabar con ellos. Cuando los mató, observé los cadáveres mientras los registraba en busca  de algo que nos sirviera. No encontré armas de fuego. Aunque ya teníamos algunas, las que les habíamos quitado a los que asaltaron a Mélanie. También me di cuenta de que los dos cadáveres que acabábamos de encontrar, llevaban el mismo distintivo que ya había visto varias veces. El mismo cuervo con alas abiertas y las dos tibias.
—No son de los nuestros. Son un chico y una chica y mirad esto…— dije mirando a mis compañeras. —Tienen esa marca. Estos eran del mismo grupo  que los otros dos.
—Juanma— Luci me llamó. Me levanté para mirarla y vi que señalaba un nuevo cartel. En el leí que fuera hacia el norte y que tuviéramos cuidado con los cazadores. Entonces me giré para mirar a Mélanie. —¿Sigues pensando que es una trampa? Si fuera una trampa, nos habrían cogido aquí… Y todavía menos nos advertiría sobre los cazadores. Es evidente que ellos también están al tanto de que hay un grupo por ahí que parece que nos va siguiendo— dije mientras señalaba los dos cadáveres.
En ese momento escuchamos un ruido entre los matorrales y los tres nos apartamos un poco mientras  apuntábamos con las armas. No tardamos en ver salir a varios caminantes. Aunque rápidamente, entre Luci y yo acabamos con ellos sin gastar una sola bala. Después de eso, seguimos caminando, atravesamos el pueblo y llegamos de nuevo al bosque. Mientras caminábamos, me acerqué a Mélanie y comencé a hablar con ella.
—Siento haberte hablado como te hablé antes. Me pasé.
—No pasa nada. Entiendo que estés estresado. Solo es que me sorprendió como  actuaste en esa farmacia. Los mataste sin pestañear. Ni siquiera vi una expresión en tu rostro. Los mataste como si nada— respondió Mélanie. —Supongo que me asusté.
—Yo también me asusté cuando los vi atacándote— respondí. —No  quiero perder a más gente. Ya he perdido a demasiadas personas que me importan. He visto ya demasiado y se que esto ha sacado lo peor de los seres humanos. Ya no siento remordimientos al matar. Con mi hermano los sentí al principio, pero ya no.
—Esta situación ha sacado lo peor de algunas personas, pero también lo mejor. Las personas como tu, son  las que cambiarán el mundo. Este mundo necesita a gente como tu que se preocupe por los demás más que de si mismo. Desde que esto comenzó, eres la primera persona que veo que hace tal cosa. No matas a nadie por matarle. Eso te diferencia de los otros. Se que no matasteis a Kennedy y sus hermanos por venganza, lo hicisteis por que eran una amenaza para todos nosotros. Igual que hiciste con tu hermano.
Seguimos caminando hasta que se nos hizo de noche. Estando en mitad del bosque, Luci encontró la entrada a una cueva y me miró.—Pasaremos la noche ahí.
Luci se fabricó una antorcha y se acercó a la cueva que habíamos visto. Luci alumbró con el fuego, pero no vimos nada extraño en el interior. Aunque era bastante grande. Los tres entramos y no nos llegó olor a descomposición. Solo nos llegó olor a humedad y tierra mojada. Avanzamos por el interior y llegamos a una zona amplia. Allí Luci hizo una hoguera y el interior quedó alumbrado del todo. Después, Luci salió fuera y volvió a entrar.
—Nadie nos verá aunque pase por delante. De todas formas montaremos guardias de tres o cuatro horas. Ahora vamos a  comer algo, necesitaremos recargar las pilas.
—Está bien. Yo seré quien se ocupe de la primera guardia. Vosotras dormid— dije mirando a mis compañeras. Poco después comenzamos a comer lo poco que teníamos.
******
22:00 horas de la noche…
En algún lugar del bosque…

Levine debía estar cerca de Jeffersonville. Seguía al frente de la horda de caminantes que había alejado de los demás. Se había alejado ya lo suficiente, soltó al No Muerto y este siguió adelante con todo el rebaño detrás. Era hora de volver con el resto de sus compañeros. Comenzó a volver sobre sus pasos mientras recordaba aquel día en que descubrió su don. Estaba en Barcelona cuando todo comenzó y hubo un día que dándolo todo por perdido se plantó delante de aquellos seres, cerró los ojos y esperó a que llegara su final, un final que nunca llegó. Levine no entendió nada de eso, no entendía porque la muerte no le llegaba, incluso intentó llamar la atención de esos seres, pero no logró nada. Desde ese día vagó solo por  las calles, entre ellos, alimentándose de lo que encontraba en casas o tiendas. Pasó  por muchas penurias, llegó a Esplugas de Llobregat y allí un día fue capturado por aquellos que lo llevaron a Manhattan. Todo lo ocurrido le había llevado a esa situación y había conocido a gente a la que había legado a apreciar, gente por la que haría cualquier cosa, incluido el hecho de llevarse a todo un rebaño de sus compañeros.
La oscuridad le impidió seguir avanzando. Finalmente, llegó a lo que parecía una estación de trenes. Ese iba a ser el lugar donde al menos esa noche, pararía a dormir. Quizás pudiera caminar entre los muertos, pero caminar de noche por el bosque, entrañaba otros peligros.
Rodeó la estación de tren y encontró una ventana abierta por la que pudo entrar. Una vez dentro, inspeccionó el  lugar, no por si había caminantes, más bien quería asegurarse de que no hubiese nadie allí.  Inspeccionar el lugar le llevó un par de horas, era muy grande, hasta  el punto que dentro, había varias tiendas pequeñas, tanto de souvenirs como de comida, aunque de esta ultima, no había nada  que pudiera aprovechar. Finalmente, se tumbó en un banco de la terminal y allí se quedó dormido.
No sabía exactamente cuanto tiempo había pasado cuando escuchó un ruido  y se levantó de golpe. Rápidamente, fue a esconderse detrás de un cartel. No tardó en ver varios focos de luz. Los cuales provenían de unas linternas. Seguidamente comenzó a escuchar voces. Voces de hombres y mujeres, los cuales hablaban entre si. Se asomó un poco y vio a una pareja, el le tenía el brazo pasado por encima de los hombros a ella, mientras que otro hombre parecía insinuarse. La pareja de la chica lo apartó de un empujón.
—Aléjate ya hostias. O te romperé la cara.
—Vamos Sammy. Aquí todo es de todos.
—Menos mi novia, imbécil.
Más hombres y mujeres siguieron entrando y entonces, Levine vio algo que le llamó la atención. Había tres personas  que iban en fila, encadenados los unos a los otros. Fue en ese momento cuando Levine los reconoció. Eran dos chicas y un chico jóvenes y habían estado en el  hotel. No había hablado mucho con ellos antes más allá de un hola o un adiós, pero los conocía, eran Paula, Violet y Drew. Se fijó especialmente en el chico, este tenía la cara hinchada a consecuencia de golpes. Los captores los obligaron a detenerse y seguidamente a arrodillarse. En pocos minutos, había allí más de dos docenas de personas.
Levine observaba en silencio. Hubiese querido intervenir, pero si lo hacía, se pondría en peligro el también y eso no ayudaría a los prisioneros. Solo le quedaba observar mientras pensaba en algo que poder hacer para ayudarles. Entonces vio a un hombre que parecía destacar sobre todos los demás, era un hombre corpulento. De unos cincuenta años y pelo canoso.
—¿Qué se supone que debemos hacer con vosotros? No os han querido comprar  por que ya tenían bastante con los otros. Parecéis muy blandengues— comenzó a decir el que parecía el jefe. —Soy un hombre razonable.  Así que decidme. ¿Qué debemos hacer con  vosotros? Tu…— el jefe señaló a Violet.
Violet comenzó a hablar, pero no entendía lo que decía, pero por la expresión, parecía que estaba suplicando por su vida. Entonces, el jefe hizo un gesto y una mujer le quitó las cadenas a Violet. Todos los presentes comenzaron a hablar en voz alta y el jefe los hizo callar con un gesto. Seguidamente, sacó un cuchillo y se lo puso  en las manos a Violet.
—Puedes unirte a nosotros, pero para eso tienes que demostrar que vales. Mátala— dijo señalando a Paula. Solo si la matas, llegarás viva a mañana.
Levine comenzó a moverse con cautela para acercarse. Quería saber más sobre esa gente, quería saber quienes eran en realidad. Levine llegó hasta un punto detrás de otro cartel. Estaba más cerca, pero eso lo ponía más en peligro. Allí podía escuchar mejor lo que decían.
—No puedo matarla. Es mi amiga— decía Violet con lágrimas en los ojos.
—Si no la matas. Serás tu quien muera. Te doy una última oportunidad. Hazlo y dejaremos que te unas a nosotros. Somos cazadores y vivimos como queremos. Nunca nos falta de nada. ¿No quieres ser como nosotros?— dijo el jefe del grupo. —Podrás tener todo lo que desees. Incluso más.
Violet miró a Paula y por unos momentos, pensó que Violet iba a hacerlo, pero  entonces, esta se dio la vuelta y trató de apuñalar al jefe de aquel grupo, pero el le detuvo la mano en el aire. Después le pegó un puñetazo en el estomago y la obligó a arrodillarse. El jefe se agachó, cogió el cuchillo y entonces le cortó el cuello delante de todos los presentes. La sangre no tardó en formar un charco en el suelo. Levine pudo ver las miradas de Drew y Paula. Ambos estaban horrorizados. Paula intentó salir corriendo, pero uno de los hombres la detuvo y la tiró al suelo, luego allí la pateó.  De repente se paró al mismo tiempo que más personas entraban en la estación de tren. Todos se quedaron en silencio y el jefe fue hacia ellos.
—¿Qué nuevas traéis?—  preguntó el jefe.
—Encontramos a Mandy y a Vic en las puertas de Juliette. Muertos. Con un tiro en la cabeza.
Cuando Levine escuchó aquello, no pudo evitar que los pelos se le  pusieran de punta. Estaban hablando  de Juliette. El mismo lugar al que habían ido Eva y los otros. Aquel nuevo grupo recién llegado, estaba hablando de que habían encontrado a dos de los suyos muertos. Las cosas se estaban complicando.
El jefe regresó y se plantó delante de los cautivos. Se puso en cuclillas frente a ellos y entonces señaló al otro grupo. —¿Veis a mis amigos? Pues me han traído muy malas noticias. Dos de mis camaradas. Un chico y una chica han sido asesinados por los vuestros. Se supone que deberíamos estar en paz por que nosotros al fin y al cabo, también matamos a los niños del autobús. No era nada necesario y admito que nos pasamos, pero hoy en día nadie quiere niños. Dejaría pasar esto… Pero da la casualidad de que Vic, era mi sobrino. Y lo quería. Así que…— en ese momento, el jefe cogió a Paula por la cabeza y sin pensárselo dos veces le rompió el cuello. Se volvió hacia Drew y le pegó una patada en el costado. —Reventadlo a golpes.  Disfrutad del momento.
En ese momento, varios hombres rodearon a Drew y comenzaron a golpearle. Levine no tardó en verlo desaparecer entre todos los que se turnaban para golpearle. Tenía que marcharse de allí cuanto antes. Se puso de pie y comenzó a alejarse lentamente. No tenía que ser visto. Entonces, pisó unos cristales y el ruido se escuchó en todo el lugar. Levine se dio la vuelta y varios de los hombres lo vieron. Estos entonces comenzaron a correr tras el.
—No le disparéis. Ese es Levine— escuchó decir al jefe de aquellos tipos. Le conocía.
Levine  llegó a las puertas y trató de abrirlas, pero fue imposible. Estaban cerradas con llave. Entonces, uno de los hombres lo alcanzó y lo agarró. Levine forcejeó con el y se libro de su agarre dándole un codazo en el estomago y con una llave de judo. Levine le golpeó varias veces en el  suelo, pero tuvo que dejarlo cuando vio llegar a más hombres.
Levine corrió hacia unas escaleras y comenzó a subirlas rápidamente. Justo cuando estaba llegando al final, tropezó y cayó rodando por las escaleras. Intentó levantarse, pero entonces, una bota cayó sobre su cara y perdió el conocimiento.
Cuando Levine recobró el conocimiento, levantó la cabeza. Se notó como encadenado a algo. Tenía los brazos abiertos en cruz y notaba algo duro en su espalda. También sentía calor que le venía desde abajo. Fue en  ese momento cuando se dio cuenta que estaba a unos tres o cuatro metros de altura por encima del suelo y bajo sus pies había una hoguera.
También se dio cuenta de que ya no estaba en la estación de trenes, aquel lugar era más bien un almacén.
—Es un placer conocer en persona al gran Richard Levine. El hombre que es invisible para los muertos. No se encuentran muchos como tu. Honestamente te lo digo— dijo el jefe mirándole desde abajo. Detrás de el, entre la oscuridad, pero alumbrados por el resplandor de las llamas. Había todo un grupo de personas observándole.
Levine intentó soltarse uno de los brazos, pero fue imposible. Entonces miró a sus captores. —¿Qué queréis de mi? ¿Queréis venderme a otras comunidades?— preguntó Levine.
—Tu don es único, pero no eres tan importante. Aunque no me importaría poseerlo, pero siendo honestos. La gente como tú me sobra completamente en este mundo— el jefe hizo un gesto con la mano y Levine vio como uno de los hombres se acercaba a un conjunto de cadenas y comenzaba a bajarlo. Levine cada vez sentía más el calor.
—¿Quiénes sois vosotros?— preguntó Levine.
—No tenemos un nombre concreto. Aunque nuestra firma es el cuervo negro. Así que supongo que otros grupos como el nuestro, nos conocerán como los cuervos. No es que me guste, pero es lo que hay.
Levine siguió bajando hasta que las llamas comenzaron a tocar sus botas. Estaba comenzando a notar el dolor. Esos mal nacidos iban a quemarlo vivo.
—No les daréis caza— comenzó a decir Levine —Ellos son más listos que vosotros. Son verdaderos supervivientes.
—Eso lo veremos. Pronto partiremos para terminar de atraparlos. Los primeros a los que cogeremos serán al líder del grupo, a la chica de la katana y a la otra. El resto del grupo al ser más, será un poco más difícil lo de cogerles, pero será fácil si logramos dividirlos. Casi lo conseguimos en la mansión Crawford.
Levine siguió bajando y las llamas comenzaron a envolver sus piernas. El dolor era atroz y los que lo miraban, hacían chistes y se reían. Levine comenzó a gritar mientras veía al jefe de aquel grupo mirándole con una sonrisa.
—Tu don te hace diferente, pero ante la muerte, todos somos iguales. Adiós Levine.  Adiós.
Las llamas envolvieron a Levine por completo mientras este gritaba de dolor. Fueron diez minutos de agonía hasta que finalmente su vida se apagó, dejando solo los restos calcinados del hombre que tenía el don de caminar entre los muertos. Solo  la cabeza estaba casi intacta. Ross se acercó al  cuerpo y con un machete, separó la cabeza del tronco.la levantó en el aire y la  observó con una  sonrisa.
—¿Qué es lo siguiente que haremos Ross?— preguntó uno de los hombres.
—Regresaremos a nuestro cuartel general. Eso nos deja cerca de ambos grupos. Prepararos, partimos en media hora— dijo Ross. —Los primeros serán esos tres. Del resto nos encargaremos más tarde. Algo  me dice, que las gallinas van directamente al corral. El único lugar del que no pueden escapar de los zorros.
Todos los hombres de Ross comenzaron a  prepararse, dentro de nada. Iban a tener que salir de cacería.
El grupo comandado por Ross no tardó en llegar al cuartel general, el último en el que se habían establecido, estaba cerca de Juliette. Se trataba de un gran almacén. El lugar constaba de varias partes. Estaba la zona donde tenían varias jaulas, en ellas había encerradas varias personas. La mayoría eran hombres fuertes que pretendían vender. En otras había mujeres jóvenes y fértiles. Las demás jaulas estaban llenas de caminantes, estos eran usados como ejercito para diezmar a los grupos a los que acechaban.
Ross se acercó a una de las jaulas y se quedó mirando a las mujeres. Hizo un gesto con la mano y apareció un hombre portando un carro con varios platos de comida de aspecto delicioso. Otro hombre abrió la puerta de la jaula y metieron el carro, las mujeres enseguida fueron a comer de forma ordenada.
—¿Ya hay compradores?— preguntó Ross mirando a uno de sus hombres.
—Aun no. Es mala señal, significa que quedan pocos vivos. No sacaremos mucho.
—Es una putada, desde luego. Bueno, voy a ir a dormir un rato. Quiero que reúnas a un grupo y que partas en busca del líder del grupo  y las dos chicas que le acompañan— dijo Ross mirando a uno de sus hombres. —Cuando los encuentres. Avísanos e iremos.
—A la orden— respondió el hombre. Seguidamente se alejó y reunió a cinco hombres. Segundos después, se marcharon de allí mientras Ross se iba a su habitación. Ubicada en la parte más alta del almacén. Cruzó la puerta y nada más entrar dejó la mochila en el suelo.
—Has tardado mucho.
Ross miró hacia la cama y allí vio a Rory. Su pareja sentimental. Lo estaba esperando tumbado en la cama sin camiseta. —¿Qué haces aquí? Creí que estabas vendiendo a gente cerca de México.
—Hace unos días. Me decepcionó mucho no encontrarte aquí en mi regreso. Espero que me hayas traído algo para compensarlo— dijo Rory.
—Por  supuesto— Ross abrió la mochila y sacó un tarro lleno de formol. Dentro había flotando una cabeza semi quemada, aunque aun podían verse sus rasgos faciales. Era un hombre de unos treinta años. —¿Qué te parece?
Rory se levantó de la cama y caminó hacia Ross. Entonces le quitó el frasco de las manos. —¿Quién es este bello príncipe?
Ross le quitó el frasco de las manos y lo dejó encima de un mueble. Seguidamente, besó a Rory en los labios. —Se llamaba Richard Levine. Tenía un don. Ahora es solo una cabeza flotante en un frasco de cristal lleno de formol.
Rory sonrió a Ross y se arrodilló delante de el. Después le bajó la bragueta y a Ross le asaltó una gran sensación de placer. Llevaba bastante tiempo pensando en reencontrarse con Rory.

Bosque al norte de Juliette…
05:45 horas de la madrugada…

Estaba despierto y sentado, observa a Luci a través de las llamas de la hoguera. Ella dormía plácidamente. Hacía tiempo que no la veía dormir así, tan tranquilamente. Luci había pasado muchas cosas desde la última vez que nos vimos hacia ya tanto tiempo. Me hubiese gustado estar con ella cuando fue confinada en aquel barco prisión. Ese acontecimiento la había acercado más a Dorian. Si hubiese estado en la superficie, quizás la podría haber ayudado. Miré entonces a Mélanie, ella también dormía de espaldas a nosotros. Dentro de un poco más de una hora, tendría que despertarlas para seguir con nuestro viaje.
Iba a apoyarme en la pared de piedra que tenía detrás, pero entonces escuché un ruido que venía del exterior. Metí la mano en la mochila y saqué una de las pistolas que llevábamos. Comprobé el cargador y me puse de pie. Recorrí el túnel de piedra y llegué a la entrada de la cueva. El cielo comenzaba a ponerse claro, iba a amanecer dentro de nada. El aire era fresco y respiré hondo, entonces, nuevamente, escuché el ruido, venía de entre los matorrales.
—Sal de ahí— dije en ese momento apuntando con el arma.
En ese momento, un chico joven salió de entre la maleza levantando las manos en señal de rendición. —Tranquilo. Estaba por aquí de paso y…
—¿Dónde están tus compañeros?— pregunté.
—Estoy solo. No se quien te piensas que soy, pero te aseguro que te equivocas— dijo el chico dando vueltas sobre si mismo para que viera que no llevaba armas. —¿Lo ves?
En ese momento escuché un ruido a mi espalda y vi a un tipo salir corriendo hacia mí. Yo fui más rápido y le disparé a las piernas. Este cayó de bruces al suelo. El otro quiso escapar, pero entonces yo le disparé varias veces. Me volví hacia el primero y le disparé en la cabeza. El ruido hizo que tanto Mélanie como Luci salieran de la cueva.
—¿Qué ha pasado aquí? ¿De donde han salido estos tipos?— preguntó Mélanie.
Yo me agaché junto al primer cuerpo y encontré el mismo dibujo de siempre, el maldito cuervo. Luci también lo vio.
—Sean quienes sean estos tipos, tienen una extraña fijación con nosotros. Puede que haya más en el bosque— dijo Luci mirando hacia la espesura.  —Es evidente que vengan a por nosotros. Tenemos que irnos de aquí.
—Recoged. Nos vamos— dije.