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sábado, 18 de febrero de 2017

NECROWORLD Capitulo 145

Día 10 de Noviembre de 2010
Día 865 del Apocalipsis…
00:34 de la madrugada…

Luci corría por el bosque a oscuras volviendo sobre sus pasos. Guiándose únicamente por la luz de los relámpagos. No se quería alejar mucho de la orilla. Solo así encontraría a sus compañeros o al menos, un rastro que la llevaría hasta ellos. Primero trepó junto a la catarata y siguió corriendo cuando llegó a arriba. Siguió corriendo y entonces llegó al puente desde el que habían saltado y allí vio a varios caminantes. Estos estaban devorando los restos de un hombre. Entonces vio que este llevaba una mochila todavía. Luci tomó una decisión y se lanzó contra los No Muertos. Acabó con los dos primeros que se le acercaron con un movimiento rápido. Les  cortó la cabeza. Al siguiente que se le acercó, le clavó la espada en el pecho para mantenerlo alejado de ella. Le asestó una patada y lo hizo retroceder. El No Muerto tropezó con una piedra y cayó de espaldas, rápidamente, Luci le pisó la cabeza. Tan solo quedaba un caminante. Luci se acercó a el con paso firme y le cortó la cabeza.
Sin caminantes a la vista, Luci caminó hasta el cuerpo del hombre y lo registró. Encontró el pañuelo que lo identificaba como uno de los cazadores. También encontró una linterna, un mechero, una foto manchada de sangre donde se veía a eso hombre junto a varias personas más, probablemente su familia. Cogió la mochila y dentro encontró varios cargadores, un mapa, una caja de bengalas y un par de latas de conserva.
Luci encendió la linterna y buscó el arma que debía llevar  aquel tipo. Justo la encontró entre dos rocas. Luci cogió el rifle con mira telescópica y llegó a la conclusión de que quizás ese hombre fuese quien disparó e hirió a Mélanie.
Luci enfocó con la linterna al puente y fue alumbrando hacia arriba. Entonces vio que estaba en la zona contraria a la que iban a ir. Había vuelto sobre sus pasos. Ahora solo debía regresar, volver a bajar junto a la catarata y cruzar a nado el rio. Tenía que darse prisa, el amanecer llegaría en unas horas y entonces estarían más expuestos.
*****
Había logrado entrar en calor y poco después había comenzado a buscar dentro de la caravana. Por  lo que había podido observar, no llevaba allí mucho tiempo. Quizás alguien había pasado por allí y los caminantes habían acabado con el. Nosotros habíamos tenido suerte. Dentro de uno de los cajones de la cocina encontré varios trapos y cubiertos. En uno de los armarios encontré un cuenco, el cual deposité fuera para que se llenara de agua de lluvia, unas cerillas y unas velas. Las cuales encendí y las puse en la pequeña mesa que Mélanie tenía al lado. Tras hacer eso, me dirigí hasta la parte de los asientos y me senté al volante. Lo intenté arrancar, pero me fue imposible. Miré en la guantera y encontré varios mapas de carretera, también encontré unas gafas de sol rotas.
Regresé a la parte donde seguía Mélanie tumbada y la miré. —¿Cómo te encuentras? Salvó cubiertos no he encontrado nada que pueda servir para extraerte la bala.
—Mira dentro del baño. Debe haber un botiquín. Tú también necesitas curarte.
Me miré la herida del costado. La cual había cubierto como me había sido posible. –No es grave. Puede esperar— respondí caminando hacia la puerta que suponía que era el  baño. Abrí la puerta lentamente y enseguida me asaltó un olor nauseabundo que me hizo retroceder tapándome la nariz. Al verme, Mélanie se incorporó preocupada.
—¿Qué pasa? ¿Qué hay ahí dentro?
—Nada. No es nada— respondí. –Solo es un gato muerto.
Entré en el baño tapándome la nariz evitando el gato muerto que había dentro del lavamanos. Sobre este había un espejo, al cual me quedé mirándome. Apenas podía reconocerme a mi mismo, ensangrentado y sucio. Abrí el espejo y encontré un pequeño armario detrás de el. Allí encontré varios botes de pastillas, una caja de vendas y material de sutura.
—¿Has encontrado algo?— preguntó Mélanie. Su voz sonaba bastante débil. Yo temía que no le quedase mucho. Una herida de bala, teniendo el proyectil todavía dentro, podía causar infecciones terribles y la muerte.
Cogí todo lo que había y lo saqué fuera. Lo dejé encima de la mesa a la luz de las velas para que Mélanie pudiera verlo.
—Tendrás que guiarme paso a paso para sacarte la bala. No se como puedo hacerlo de forma segura. No pienso perderte.
—Tu también tienes que curarte— dijo en ese momento Mélanie señalando mi herida. –Cúrate tu primero. Yo te diré como.
—¿Y tu que?— pregunté. –Yo solo tengo una herida de nada. Tu una herida de bala. Tienes prioridad. Eres tu quien me tiene que curar, si te mueres ahora por esa herida de nada… ¿Qué pasará conmigo entonces?
Me quedé un rato pensativo y llegué a la conclusión de que ella tenía razón. Si a mi me pasaba algo. La condenaría a ella también. Me senté en el sofá que había al otro lado de la mesita y me quité lo que quedaba de mi camisa. Me quité lo que cubría mi herida y la observé. Pese a no parecer nada, no tenía muy buen aspecto.
—Bueno. Tu dirás— dije mirándola. –La hemorragia ha parado.
—Lo primero que tienes que hacer es limpiar la herida y luego echarte desinfectante— dijo Mélanie señalando la botella. –Échate el que necesites.
Me puse de pie y salí fuera a coger el cuenco de agua. Lo entré y volví a sentarme. Mojé un trapo y comencé a limpiar mi herida. El dolor que sentía me hizo dar un grito. Aun así, apreté los dientes y seguí limpiándola hasta que Mélanie vio que ya estaba limpia. Seguidamente cogí la botella de desinfectante y me la eché sobre la herida.
—¡¡¡¡Joder!!!!— grité. El dolor era muy penetrante, pero aun así aguanté. Cuando acabé, tras unos minutos de gran dolor, me cosí la herida siguiendo las indicaciones de mi compañera y finalmente cubrí la herida de nuevo con una gasa y me vendé el torso. Miré entonces a Mélanie. –Ahora si. Llegó tu turno. Comencemos.
Seguí las indicaciones que Mélanie me iba dando hasta que finalmente logré extraer la bala, pese a que al principio me costó un poco, pero lo conseguí. Cosí la herida alumbrándome con las velas y luego la vendé.
—Lo has hecho muy bien. Gracias— dijo Mélanie.
—No me des las gracias todavía. Esto aun no terminó. Ahora necesito que te quedes aquí mientras yo salgo un momento— dije poniéndome de pie y tapándola con la manta.
—¿A dónde vas?— preguntó Mélanie.
—Luci sigue por ahí fuera. Iré a buscarla— respondí mientras cogía un par de cuchillos. –Quiero que te quedes aquí y me esperes. La encuentre o no, regresaré antes del amanecer.
—¿Me vas a dejar sola?
—Escóndete y quédate en silencio. Nada ni nadie te encontrará… Pero si no es así. Defiéndete— le di entonces uno de los cuchillos. Si son caminantes, procura matarlos de uno en uno y evita que te acorralen. Si son cazadores… Basta con que mates a uno de ellos y te hagas con su arma. Ellos son más inteligentes que los caminantes, por eso tienes que recordar una única cosa.
—¿El que?
—Es o ellos o tu— respondí.
Me puse por encima una manta y salí por la puerta. Una vez en el exterior cerré la puerta. Miré hacia la ventana y entonces vi como Mélanie apagaba las velas, quedándose totalmente a oscuras dentro de  la caravana.
Comencé a correr bajo la lluvia hasta que  me adentré nuevamente en el bosque. Estaba regresando sobre mis pasos. No iba a dejar que Luci siguiera por ahí sola. Y si la habían capturado esos tipos, los cuales era seguro que seguían por la zona. Haría todo lo necesario por rescatarla. Mataría hasta el último de ellos si hacía falta.
*****
Luci seguía caminando por el bosque volviendo hacia abajo. Había cruzado el rio a nado una vez había llegado a la catarata. Era increíble como se había separado de sus compañeros, pero no iba a desistir en encontrarse con ellos. No podían haber ido muy lejos. Fue en ese momento  cuando escuchó un ruido y apagó la linterna. Rápidamente se ocultó detrás de un árbol y esperó. No tardó en ver aparecer a un grupo de cinco personas.
—Esto es un rollazo— dijo  una chica. –Estamos buscando una aguja en un pajar. Ross se ha obsesionado con este grupo.
—¿Hay algo con lo que no se obsesione Ross? Cuando se le mete algo en la cabeza, no hay quien se lo quite. A ver si se muere de una condenada vez. Su puto discurso de que somos cazadores me tiene harto— respondió la voz de un chico.
Luci comenzó a moverse lentamente para no ser descubierta. Tenía que salir de ahí antes de que la descubrieran. Si eso ocurría, no habría mucho que ella pudiera hacer, pero para salir, tenía que deshacerse de ellos, de todos. Algo que no iba a ser fácil. Si al menos lograba separarlos, podría acabar con ellos de uno en uno.
Luci pensó rápidamente y entonces dio con la solución. Se descolgó la mochila del hombro y sacó una de las bengalas. La encendió y la lanzó por los aires. Esta cruzó el cielo y cayó al otro lado de donde estaba ella. Entonces los cazadores se dieron cuenta.
—¿Qué ha sido eso?— preguntó la chica.
—Está allí— dijo uno de los chicos corriendo en dirección a la bengala.
—Vuelve aquí gilipollas. No debemos separarnos. Debemos ser más listos. Separarnos es como pedirle a la muerte que venga a por nosotros— dijo en ese momento la voz de un hombre.
—Tienes razón. Perdona— respondió el chico más joven.
—Recordad que ellos son tres. Es evidente que tratarán de dividirnos. Usad lo que habéis aprendido— dijo el que parecía ser el más maduro de todos.  –Recordad cuando estuvimos con aquel grupo. Quisieron dispersarnos y acabaron con la mayoría de los nuestros. Espabilad.
Luci los había subestimado. Entonces tomó una decisión. Sacó la escopeta y apuntó entre la maleza. Entonces Luci situó el punto de mira sobre la chica y puso el dedo en el gatillo.
La chica vestía un chubasquero de color negro. Su cara estaba iluminada por la tenue luz de las linternas que llevaban, pero aun así podía ver una cicatriz en su cara, hecha seguramente por un cuchillo.
Luci iba a disparar justo cuando notó que la agarraban del hombro. Rápidamente se dio la vuelta y se encontró cara a cara con un caminante. Este intentó morderla, pero Luci logró mantenerle la boca alejada de su cara. Aun así cayó de espaldas al suelo y comenzó a forcejear con el caminante. A partir de eso momento  todo fue muy confuso. Luci escuchó mucho movimiento y varios disparos. De pronto, alguien levantó al caminante y se lo quitó de encima.
Luci se levantó rápidamente y se encontró cara a cara con uno de los cazadores. Entonces, este comenzó a gritar. –Es una de ellos. Solo una…
Luci no dejó que acabara la frase. Le apuntó con el rifle y disparó. El pecho del muchacho reventó y cayó de espaldas. Seguidamente, Luci pasó por encima del chico de un salto y comenzó a correr tratando de huir del lugar mientras le iban disparando. De pronto los disparos cesaron y Luci se ocultó detrás de un árbol.
—La queremos viva. No le disparéis— dijo el hombre.
Luci en ese momento se  asomó por el tronco y vio a dos de ellos ocultos. —¿Qué es lo que queréis? ¿Por qué no nos dejáis en paz de una puta vez?
—Ríndete y entrégate. Será lo mejor— respondió la voz de otro hombre. No compliques más las cosas Luci.
Luci se sintió confusa y volvió a hablar. —¿Cómo sabéis mi nombre? ¿Quiénes sois?
De pronto, una figura salió de la oscuridad y se lanzó sobre Luci. Derribándola de un golpe. Luci entonces pudo ver la cara de su atacante. Se trataba de la  chica.
La muchacha puso sus manos sobre el cuello de Luci  y trató de estrangularla. Luci comenzó a golpearla y logró quitársela de encima. Se levantó, desenvainó la katana y le cortó la cabeza a la chica. Entonces sintió un fuerte golpe en la cabeza y cayó de bruces. Alguien la inmovilizó y le quitaron la espada mientras alguien le apuntaba a la cabeza.
—Esta zorra ha matado a Franky y a Gina. Hay que hacérselo pagar— dijo un chico joven. –Mátala Brody.
—Ross los quiere vivos. Sus órdenes son claras— dijo el hombre más maduro. Era el quien apuntaba y retenía a Luci. –Si los matamos…
—Que le follen a Ross. El ha vuelto al cuartel general. El bosque está lleno de podridos. Bastará con que digamos que se la comieron y punto— dijo otro chico señalando varias siluetas que se movían por el bosque atraídos por el ruido. –Ross nunca encontrará el cuerpo.
—Maldita sea. Tu— Brody señaló a uno de los jóvenes –Cárgate a esos podridos mientras yo decido que hacer.
—Pero…
—Que lo hagas hostia. Soy yo quien toma aquí las decisiones— respondió Brody sin dejar de apuntar a Luci.  El joven se alejó y comenzó a disparar a los caminantes mientras Brody seguía apuntando a Luci. –No sabes lo que has hecho. Ahora no me queda más remedio que matarte.
—Hazlo y deja de aburrirme— respondió Luci.
De pronto, los disparos cesaron y cuando Brody se dio la vuelta para ver que había pasado. Un disparo abatió al otro chico joven. Brody se vio rápidamente sorprendido por aquello, pero la sorpresa le duró poco cuando una silueta salió de la oscuridad por delante de el, le apuntó a la cabeza y abrió fuego.
El cuerpo de Brody cayó sin cabeza al lado de Luci. Esta por fin pudo levantarse y ver la silueta de quien le había salvado.
—¿Estás bien?— pregunté mirándola.
—¿Cómo me has encontrado?— preguntó Luci.
—No estamos muy lejos. Fue muy fácil cuando escuché los disparos— respondí.
—¿Y donde está Mélanie?— quiso saber Luci mientras se agachaba para recuperar su katana y registrar los cadáveres.
—La dejé en un lugar seguro. Regresemos junto a ella. Probablemente hay más grupos como este buscándonos. Tenemos que…— en ese momento  escuché un ruido. Me agaché junto al cuerpo del ultimo hombre al que había matado, lo registré y encontré el origen  del ruido. Era un walkie talkie.
—Adelante Brody. Quiero informe… Cambio…
Cogí el walkie talkie y miré a Luci. Nuevamente volvimos a escuchar la voz llamando a Brody. Fue en ese momento cuando apreté el botón y me dirigí al que estaba al otro lado de la línea. –No soy Brody.
—¿Y con quien hablo?— preguntó la voz.
—¿Qué coño estás haciendo?— preguntó en ese momento Luci tratando de quitarme el walkie talkie, pero yo no le dejé cogerlo.
—Hablas con Juanma— respondí –Pero supongo que eso ya lo sabes.
—¿Dónde está Brody y su grupo?— preguntó la voz.
—En estos momentos Brody está indispuesto. De hecho lo está de forma permanente. Los tipos que tienen sus sesos desparramados por el suelo no es que sean muy comunicativos.
—¿Están todos muertos?— preguntó la voz.
—Lo están. Supongo que tú eres su jefe. ¿Podrías decirme tu nombre?
Hubo un silencio algo largo y entonces escuchamos la voz de nuevo. –Soy Ross.
—Muy bien Ross. Gracias por presentarte. Ya te vi en ese puente. Como supongo que no vas a dejarnos en paz… Veo inútil decirte que dejes de seguirnos. Ya que no lo harás.
—No. No lo haré. Sois presas que no deben escapar— respondió Ross. –Esa es la emoción de la caza. Eso es lo que me  hace sentir vivo.
—Y me parece sensacional que vengas a por nosotros. Estoy deseando volver a verte. Por que cuando te vea, ten por seguro una cosa— dije apretando con fuerza el walkie.
—¿Qué es lo que tengo que tener por seguro?
—Tienes que tener por seguro que la próxima vez que te vea, será la última. Por que te voy a matar. Y te prometo que lo haré— respondí.
—Te estás metiendo en un juego peligroso chaval.  Creo que no tienes ni idea de con quien estás hablando. Lo sabemos todo sobre vosotros,  os habíamos estado vigilando.
—Entonces. Si me has estado vigilando. Si sabes todo sobre mí. Ya sabes de lo que soy capaz y de que cumplo mis promesas. Te he prometido que te mataría y así lo haré. Hasta pronto Ross— entonces corté la comunicación y lancé lejos el walkie talkie. Miré entonces a Luci. –Cojamos todo lo que nos sea útil y salgamos de aquí. Vienen más infectados.
Luci miró hacia los arboles y vio varias siluetas –Acabas de declararle la guerra a un tipo. Estás como un cencerro. Ahora vendrán a  por nosotros con todo lo que tengan.
—Ya lo se— respondí mientras le quitaba la ropa a uno de los cazadores muertos. –Eso es lo que quiero. Así los podré matar a todos.
Cuando ya tuvimos todo lo necesario, le hice un gesto a Luci y ambos comenzamos a correr por el bosque en dirección a la caravana donde nos estaba esperando Mélanie.

Cuartel general de los cazadores…
2:45 de la madrugada…

Ross dejó el walkie talkie dentro del cajón de la mesa de su despacho. Abrió otro cajón, de ahí sacó una botella de wisky y un vaso. Se sirvió un vaso y bebió un trago. Justo en ese momento, uno de sus hombres entró.
—Han vuelto todos… Todos menos el grupo de Brody.
—El grupo de Brody no volverá. Están todos muertos. Ese tipo los ha matado. Acabo de hablar con el— respondió Ross. –Ese cabrón nos ha declarado la guerra.
—¿Qué?— preguntó el joven cazador.
—Moviliza a todos los hombres y mujeres. Salimos en un par de horas. Iremos a por  ese grupo de tres. Olvidaros del resto de momento. Esos tres son el único objetivo. A estos no los vamos a vender. Los  cogeremos vivos y los torturaremos hasta la muerte. Va a pagar por  todos los que ha matado. O mejor, a el lo mantendremos vivo hasta que atrapemos al resto del grupo. Los venderemos delante de el y si hace falta los mataremos. Solo quiero hacérselo pagar. Ese puto crio no sabe con quien está jugando.
—Es y los suyos acabaron con el grupo de  A.J— respondió el otro hombre.
—A.J era un niñato prepotente. Además de muy imprudente. Nosotros no somos así. Nosotros estamos más organizados. No te preocupes. Nosotros no caeremos igual. Ahora organicémonos. La gran diversión está a punto de comenzar.
—A sus órdenes jefe— respondió el hombre. Después este se marchó y Ross siguió bebiendo. Si Juanma quería jugar, el jugaría también y no estaba dispuesto a perder.
Caravana…
2:55 de la madrugada…

Entré el primero en la caravana y entonces vi a Mélanie tumbada en el sofá. Cuando levantó la cabeza dejé que me viera.
—Tranquila. Somos nosotros— dije encendiendo la vela con una cerilla.
Luci entró detrás de mí y cerró la puerta. Después caminó por dentro de la  caravana corriendo las cortinas para que la luz de la vela no fuera tan vistosa desde fuera. Después me miró. –Tenemos que movernos cuanto antes. Aquí estamos demasiado expuestos. Así que rapidito.
Extendí el mapa de la zona sobre la mesa y comencé a señalar. –A unos seis kilómetros de aquí tenemos un conjunto de varias cabañas. Las marcan como cabañas de cazadores. Esa será nuestra siguiente parada.
—Espera— dijo Mélanie –Si ese mapa es suyo… No estaremos seguros allí tampoco. Vendrán a por nosotros.
—Ya vienen a por nosotros— respondí mirando a Luci. Eso hizo que Mélanie nos mirara a ambos.
—¿Qué es lo que pasa? ¿Hay algo que no me habéis contado?
—Juanma les ha declarado la guerra y ellos han aceptado gustosamente. Si antes se lo tomaban con calma a la hora de venir a por nosotros. Ahora vendrán con más empeño— respondió Luci –No  puedo decir que haya tomado la mejor decisión, pero como está chalado, a mi ya ni me sorprenden sus idas de olla.
—¿Te has vuelto loco? Si ¿Verdad?
—Si seguimos huyendo nos acabarán atrapando— respondí.
—Y si les plantamos cara también. Si te quedas a encararles, solo les harás más fácil el trabajo. Nos cogerán de todos modos. Debemos seguir huyendo.
—No. Hay que hacerles venir hacia donde nosotros queremos y es importante que crean que nos tienen cogidos por los huevos, pero ahí está la gracia. Que se lo crean. Así será mucho más fácil pillarlos. No podemos seguir huyendo— hice una pausa. –Tenemos que ir a esas cabañas por dos motivos. Tenemos más espacio que aquí para maniobrar. Aquí nos atraparían fácilmente. Allí por lo menos les será más difícil rodearnos, por otro lado podemos prepararles trampas. Hemos encontrado cosas muy interesantes. Podemos  ganarles.
Mélanie nos miró a ambos y Luci la miró a ella. –A mi no me mires. La idea ha sido suya.
—¿Y cuando iremos a esas cabañas?— preguntó Mélanie.
—Nos ponemos en marcha ya— respondí. 
—Pero yo no puedo caminar aun— dijo Mélanie.
—No te preocupes. Yo te llevaré a cuestas. Esos tipos deben estar organizándose todavía. Por lo tanto, aun disponemos de tiempo. Bastante además. No os preocupéis. Si las cosas saliesen mal. Ya tengo un plan B. Ante todo, pase lo que pase, no pienso  dejar que os cojan.
Hacia las tres y media de la madrugada, salimos de la caravana. No sin antes dejar una pista en la caravana. A las cuatro, llegamos a las cabañas. Estas constaban de dos pisos. Eran un total de cuatro.
—Ya estamos aquí. Ocuparemos esa de allí. La más grande— dije señalando la que era más grande. Lo cierto era que eran mucho más que cabañas, más bien parecían albergues. Me imagine que en un tiempo del pasado. Esos lugares habían sido un lugar de reposo para los cazadores que frecuentaban la  zona. También había restos de vallas por todas partes. Con Mélanie a caballo sobre mi espalda, me acerqué a una puerta corredera y con cuidado la fui corriendo.  Entramos y entonces Luci pasó por delante de mi alumbrando con la linterna.
—Será mejor que me adelante un poco y compruebe que no haya indeseables aquí dentro.
—Ve  con cuidado— le dije.
—No soy yo quien debe tener cuidado. Si no quien esté ahí dentro— respondió Luci a la vez que entraba en uno de los edificios. Entonces la perdimos de vista. Mélanie y yo nos quedamos debajo de un toldo resguardados de la lluvia.
—Es muy valiente ¿Verdad?
—Es mucho más que eso. Es una verdadera superviviente. Mucho más que yo. Y es alguien en quien tengo gran confianza. Se que siempre estará ahí si lo necesito. Del mismo modo que yo estaré ahí para ella si lo necesita.
—Hacéis buena pareja ¿Nunca te lo han dicho?— preguntó Mélanie.
—Si alguien lo dijo, ahora no lo recuerdo. La verdad— respondí.
—Despejado— dijo en ese momento Luci asomándose por una de las ventanas.
Volví a cargar con Mélanie y entré dentro del edificio que había escogido como base de operaciones. Una vez dentro, tumbé a Mélanie en un colchón y yo me acerqué a la ventana en la que se encontraba Luci. Cuando llegué me miró.
—Espero que tu plan funcione. Si nos atrapan aquí estaremos jodidos. A propósito ¿Cuál es el plan B?
—Que si las cosas se complican. Tu huyas de aquí llevándote a Mél. Yo los frenaré aquí. Me llevaré por delante a todos los que pueda— respondí lanzándole una mirada a Mélanie y descubriendo que se había quedado dormida casi instantáneamente. No puede evitar sonreír. Ella estaba muy cansada.
—Se supone que son más que nosotros. Vendrán muy preparados.

—Y confiados. Por eso les sorprenderemos. Cuando dije de venir aquí fue por que podemos usar este lugar en nuestro favor. No te preocupes. No se lo vamos a poner nada fácil.