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sábado, 25 de febrero de 2017

NECROWORLD Capitulo 146

Día 9 de Noviembre de 2010
Día 864 del Apocalipsis…
07:00 de la mañana…

El grupo de Eva avanzaba por la carreta en dirección a Jackson. Estaban cansados y hambrientos, también tenían frio. Eva llevaba en brazos a Shanon. A su lado caminaba Vicky con Nathan en brazos. Todos los bebés estaban abrigados. Al final de la fila iba Mike con sus dos hijos. Fue en ese momento cuando Beth comenzó a toser y se dejó caer de rodillas. Enseguida, Mike se agachó a su lado.
—Vamos Bethy. ¿Qué te pasa tesoro?— preguntó Mike intentando levantarla. Entonces le tocó la frente y notó que estaba hirviendo. Rápidamente llamó a Sheila y esta acudió corriendo. Le tocó la frente y miró a todos.
—Esta niña tiene mucha fiebre. Muchísima.
Mike la cogió en brazos y comenzó a caminar. Entonces vieron un cartel que indicaba que había un hospital cerca de allí. A unos seis kilómetros. Era como una especie de señal divina. Todo el grupo siguió caminando mientras Eva se quedaba junto al cartel, sacó el spray y comenzó a escribir un mensaje.
“JUANMA, NOS DIRIGIMOS HACIA EL HOSPITAL” Eva.
—Esperemos que nos encuentren pronto— dijo Silvia situándose a su lado. –Al menos. Quizás podamos descansar en ese hospital. Solo recemos para que el sitio no esté invadido.
—Esperemos que no. No se que tiene esa niña, pero si no podemos conseguir nada en ese hospital, morirá.  Todos podríamos morir. No tenemos de nada.
El grupo siguió avanzando. Pasaron por debajo de un puente donde podía verse una barricada, al menos lo que quedaba de ella. De las barandillas del puente colgaban tres hombres en avanzado estado de descomposición.
Juan y David se adelantaron un poco y entre los dos hicieron una obertura en la barricada para que los demás  pudieran ir pasando. Cuando todos habían pasado, cerraron la obertura.
—Esto no es cualquier cosa— dijo Juan caminando junto a David. –Esto es una zona de cuarentena. Fíjate en esas tiendas de lona. Dentro hay camillas y cajas con medicamentos.
Al escuchar eso, Mike dejó a Beth al cuidado de Katrina y corrió hacia una de las tiendas. Los demás escucharon ruidos y a Mike maldecir. Poco después volvió con los demás. –No hay nada. Está todo vacío. Esto es una mierda— regresó junto a Katrina para volver a coger a su hija en brazos. –Vámonos de aquí. Lleguemos a ese puto hospital.
El grupo siguió caminando y Juan se adelantó para hablar con Mike. —¿Qué ha sido eso de antes?
—¿A que te refieres?— preguntó Mike sin dejar de andar. Por como respondió. Se le notaba frustrado.
—A tu imprudencia. Te pusiste a buscar tu solo en esas tiendas, haciendo ruido y gritando. Apenas nos queda munición. Si hubieses atraído a un rebaño de caminantes habríamos tenido problemas.
—¿Y?— preguntó Mike.
Juan bajó la voz y siguió hablando. —¿Cómo que “Y”? Parece que se te olvida que hay más gente aquí. Tus hijos y tú no estáis solos aquí. Me parece bien que te preocupes por ellos, pero no a costa de poner en peligro a los demás. Tienes que tener la cabeza fría en estos momentos.
—Cabeza fría en estos momentos… Yo tengo dos hijos a los que cuidar… Ahora que su madre ya no está. ¿Qué tienes tú? No tienes nada.
—Tengo todo un grupo. Un grupo del que tu, formas parte también— respondió Juan.
—Por poco  tiempo. Ya estoy harto de esta mierda. Estar con vosotros solo me ha traído problemas. Encontraremos ese hospital, mi hija se curará y entonces nos marcharemos. No  permaneceré más tiempo en este grupo. Está condenado— respondió  Mike. Este había cambiado mucho en los últimos días después de lo  sucedido en el hotel. Estaba como muy encerrado en si mismo.
—Si quieres irte… No te lo voy a impedir. Pero deberías pensártelo mejor. Solos  no sobreviviréis por ahí. No tendríais posibilidades. Por favor tío, piénsalo mejor. Juanma…
—Juanma solo nos ha jodido una y otra vez. Ya lo tengo pensado, no he dejado de hacerlo. Me marcharé y fin. Espero que ni tu ni nadie intente impedírmelo. Si no, será muy desagradable para todos.
Juan iba a responder cuando escucharon a David gritar. Este estaba subido encima de un autobús abandonado y les estaba haciendo señas. –Es el hospital. Está ahí. Hemos llegado.
Juan se alejó de Mike y corrió hacia el autobús, se subió y se puso al lado de David. –Parece despejado ¿No?— preguntó Juan sacando unos prismáticos de su mochila. Observó el hospital y solo vio cadáveres por todas partes. Se notaba que había habido una gran batalla allí.
—¿Qué opinas?— preguntó David.
—Parece seguro. Quizás deberíamos acercarnos a ver. No nos acercaremos muchos. Hagamos una avanzadilla de exploración. Según lo que veamos, llevaremos a todos allí. No quiero arriesgarme a que vayamos todos y llamemos demasiado la atención.
—Muy bien. Pues vamos— dijo David bajando del autobús.
Juan bajó también y se reunieron con el resto del grupo. –El hospital está ahí al otro lado. Es un edificio de seis plantas. Parece seguro, pero no obstante hay que asegurarse. En primer lugar iremos un pequeño grupo y veremos si hay algo o alguien. El resto del grupo que se quede en esta zona. Esta parece segura y aunque aparezca alguien. No podrán acorralaros. Aun así, los que os quedéis aquí, tened los ojos bien abiertos.
Juan eligió a tres personas del grupo. Estos fueron David, Johana y Mike. Este último aceptó a regañadientes. Dejó a Beth dentro del autobús junto a su hermano, Katrina, Cindy y Vicky.
—¿A dónde vas papá?— preguntó Beth.
—Papá tiene que ir a hacer unas cosas, pero volveré en breve. Se que no te encuentras bien, pero ya verás como papá logra que te mejores— Mike miró entonces a Katrina. –Cuida de ellos. Con tu vida si es necesario.
Katrina asintió y Mike salió del autobús y se reunió con el resto del grupo que iría hacia el hospital. Atajaron por un terraplén y no tardaron en llegar  a unas vallas que no tuvieron problemas en saltar. Estas rodeaban todo el hospital. Al otro lado se encontraron lo que parecía una plaza con una estatua con un busto de John Fitzgerald Kennedy en el centro. A su alrededor tenían amplios jardines donde la naturaleza había seguido su curso y las plantas lo habían invadido todo.
—Esto está muy tranquilo— dijo David mirando a su alrededor.
—Si. Demasiado. Que nadie se separe, y tened los ojos bien abiertos y las armas listas. Disparad contra todo aquello que se acerque y no se detenga si le decís que se quede plantado.
Los cuatro fueron avanzando por la plaza mientras miraban en todas direcciones. No querían verse sorprendidos. Llegaron a un conjunto de varias tiendas y allí escucharon un ruido que venia de dentro de una de ellas. Los cuatro levantaron las armas y caminaron lentamente y con cuidado. Juan fue el primero en llegar, miró a David y le hizo una señal. Abrieron las cortinas y de repente salió corriendo un grupo de monos. Estos corrieron por la plaza y desaparecieron saltando la valla. Les dieron un buen susto.
—No me jodas. ¿Monos?— preguntó Johana.
—¿De que te sorprendes? Cuando todo se fue a la mierda, los zoológicos se quedaron sin cuidadores. Puede que dejaran libres a los animales o que estos encontraran una forma de escapar de sus jaulas. Te puedo asegurar que puede que monos no sea lo más raro que nos encontremos— respondió David. –El mundo ya no es el que era al fin y al cabo.
Siguieron su camino hasta que llegaron a las puertas acristaladas de lo que seguramente era la entrada a recepción. Mike fue el primero en llegar y trató de abrir la puerta. Sin mucho éxito. Miró a través del cristal y vio una cadena al otro lado, eso era lo que impedía que pudieran entrar. Juan se acercó a el.
—Venga. Buscaremos otra forma de entrar— Pero Mike lo ignoró y zarandeó varias veces la puerta. Eso hizo que Juan le agarrara del brazo. –Mike, joder.
—¿Qué coño es lo que quieres ahora?— preguntó Mike apartando a Juan de un empujón.
—Escucha. Entiendo que quieras entrar por que tienes a tu niñita enferma, pero si está cerrado es por algo. Solo tenemos que ser cautelosos. Ten la cabeza fría.
—¿La cabeza fría? Para ti es muy fácil hablar, por que no tienes a nadie. Solo tienes que preocuparte de mantenerle el coño caliente a esa fulana— dijo Mike señalando a Johana, la cual estaba alejada de la puerta, buscando una entrada junto a David.
—Escucha tío. Estoy siendo muy paciente contigo por que lo estás pasando mal,  pero estás cruzando una raya que no deberías. Te sugiero que lo dejes estar. De verdad.
—Claro. Es mejor ignorar a algunos. Déjame a mi— respondió Mike volviendo a zarandear la puerta para intentar abrirla. –Vamos. Muévete de una puta vez.
—Así no vas a abrirla. Déjalo ya Mike— repitió Juan.
—Que te den— respondió Mike. Entonces Juan trató de alejarlo y Mike le golpeó con la mano izquierda. Juan retrocedió un par de pasos y cayó de espaldas al suelo mientras Mike regresaba a la puerta. En la cual, justamente en ese momento, dos caminantes habían aparecido y estaban dando golpes en el cristal. Eso no disuadió a Mike. Como zarandeando la puerta no había conseguido nada. Comenzó a dar patadas en el cristal. Eso hizo que varios caminantes más aparecieran al otro lado de la puerta y otros tantos aparecieran apoyándose en la valla de hierro. Incluso algunos aparecieron subiendo unas escaleras que parecían conectar con un parking subterráneo.
Nuevamente, Juan trató de llevare a Mike, pero este volvió a apartarlo de un empujón. Entonces logró romper el cristal. Eso provocó que los caminantes del interior se lanzaran todos por esa brecha y trataran de salir todos a la vez mientras se despellejaban. Uno de ellos logró agarrar a Mike por la pierna y estuvo a punto de morderle. Solo la rápida intervención de Juan logró evitar que Mike fuera mordido. Tiró de el.
Juan y Mike comenzaron a retroceder mientras el grupo de caminantes de la puerta y los que habían llegado por la escalera avanzaba. Llegaron David y Johana. Ambos comenzaron a disparar y a abatir a los No Muertos. En ese momento, los que se apelotonaron en la valla lograron tumbarla y entrar.
*****
Eva se encontraba junto a Katrina, Silvia y Alicia cuidando de los niños  dentro del autobús cuando comenzaron a escuchar los disparos. Rápidamente se puso de pie y salió del vehículo abandonado. Vio a todos los demás que estaban mirando hacia donde  estaba el hospital.
—¿Eso son disparos?— preguntó la doctora Brown.
—Todo el mundo preparado— comenzó a decir Eva mientras hacía señas al resto. –Es posible que en breves estén aquí. Necesitarán que les cubramos.
Vicky se subió rápidamente al techo del autobús y miró entonces hacia el hospital. Allí vio a David, Johana, Mike y Juan. Estaban disparando contra varios caminantes. Sin pensárselo dos veces, bajó por el otro lado del autobús. Bajó rápidamente el terraplén hasta llegar abajo. Corrió por el asfalto hasta que llegó a las vallas. Desde allí veía al grupo de caminantes que estaba rodeando a sus compañeros. Ella comenzó a trepar por la valla y pasó por encima, se dejó caer al otro lado y entonces comenzó a disparar. Abatió a varios y eso hizo que un grupo de No Muertos comenzara a caminar hacia ella. Ella estaba sola y disparó a los que se le iban acercando, así lo hizo hasta que vio que ya no tenía munición. Se guardó la pistola y sacó un cuchillo. Evitó el abrazó de un caminante y se lanzó sobre el, clavándole el cuchillo varias veces en la cabeza. Vicky y el caminante cayeron al suelo, quedando el peso de este sobre el cuerpo de ella. Intentó quitárselo de encima mientras un par de aquellos seres se le iban acercando. Iban a alcanzarla cuando alguien los abatió. Pensó que había sido uno de sus amigos, pero no era así. Una chica vestida de militar apareció a su lado, la miró y rápidamente comenzó a disparar.  Otros  cuatro militares hicieron su aparición y comenzaron a disparar a los caminantes. No tardaron en abatirlos a todos y encañonar a Juan y a los otros.
—Tirad las armas— dijo uno de los militares. Un chico afroamericano de unos treinta años.
—Y las manos en alto. Que las veamos— añadió otra chica militar.
—Haced lo que dice— dijo Juan tirando su arma sin munición al suelo y levantando las manos.
Otro militar los obligó a arrodillarse mientras otro los cacheaba. Vicky por su lado, fue agarrada por el brazo y llevada casi a rastras hacia el grupo. Cuando se acercaron, uno de ellos miró a la chica que llevaba a Vicky.
—Keity. No llevan ninguna marca  que los identifique como cazadores.
—No lo son— dijo la chica que agarraba a Vicky del brazo. –Solo pasan por aquí.
En ese momento. Eva y los otros aparecieron al otro lado de la valla apuntando a los cinco militares.
—Dejadlos marchar o dispararemos— amenazó Eva apuntando a la chica que tenía agarrada a Vicky. Aunque eso no hizo que los militares obedecieran. La chica miró a dos de sus soldados.
—Boggs… Dingan… Abrid esa puerta y que entren. Llevan niños.
—Keity… ¿Estás segura?— preguntó uno de ellos.
—Ábrela. Ahora— dijo la chica que respondía al nombre de Keity. Los dos soldados abrieron la puerta y Eva entró seguida de  todo el grupo. Una vez dentro, la militar que parecía estar al mando se dirigió a ellos. –Por favor.  Dejad las armas en el suelo.
—¿Por qué deberíamos hacer eso?  ¿Qué te hace pensar que vamos a confiar en vosotros? No sabemos nada de vosotros. Podría ser una trampa.
—Sabemos de vosotros lo mismo que vosotros de nosotros. Aquí todos estamos igual. Dejad las armas, se os devolverán después. Una vez dentro. Créeme. Es lo más sensato que podrías hacer. No te conviene para nada empezar ahora una guerra que no vais a ganar. Lo haríais para nada— dijo Keity dejando entonces su arma en el suelo. –Mira. Las dejaremos todos.
—¿Cómo se que no me la vas a jugar?— preguntó Eva. –Podría haber más de vosotros ahí dentro.
—Los hay— afirmó Keity en ese momento –Pero la mayoría son ancianos y el resto son gente enferma que hemos mantenido vivos hasta  ahora. Acéptalo chica, aquí, ahora mismo. Solo sois vosotros los peligrosos. Por favor, haz que sea fácil.
Eva miró a los suyos y entonces dejó su arma en el suelo. Todos los demás, pese a que dudaron, hicieron lo mismo. Cuando todos estaban desarmados. Dos de los soldados comenzaron a recoger las armas.
—¿Qué pasará ahora?— preguntó Eva mirando a Keity mientras esta avanzaba hacia ellos. Pasó por al lado de Eva y se paró junto a Katrina. La cual llevaba a Beth en brazos.
Keity observó a Beth y le tocó la frente. Se dio la vuelta y miró al resto de los soldados. –Esta niña tiene mucha fiebre. Los llevaremos a dentro y que Green le eche un vistazo. Creo que podría tener algo de neumonía.
Todo el grupo avanzó por la plaza, rodearon el hospital y llegaron a un camión que estaba pegado a la pared. Allí sobre el remolque, había una escalera de mano que conectaba con una ventana del segundo piso.
—¿Qué es esto?— preguntó Eva mirando a Keity.
—Es la única  entrada al hospital. Id subiendo todos— dijo Keity.
Todos comenzaron a subir uno detrás de otro. Beth fue subida por Mike. Este la llevó en brazos. Cuando todos estuvieron arriba. Dos militares subieron la escalera y la dejaron apoyada en la pared. Entonces Keity los miró a todos.
—¿Eres tu quien está al mando aquí?— preguntó Eva.
—Así es— respondió Keity. –Y supongo que tú estás al mando de tu grupo. Muy bien. Mi nombre es Keity. Keity Lenihan. Bienvenidos al hospital privado JFK. Por favor, seguidnos. Os llevaremos a un lugar seguro.
Eva y el grupo fueron conducidos por la segunda planta hasta que llegaron a unas escaleras. Allí se encontraron con un  chico joven que parecía ser un civil. Este estaba junto a la puerta de hierro. Pareció ponerse nervioso cuando vio a todo el grupo encabezado por Eva.
—Keity… ¿Son?
—Tranquilo Travis. Son civiles. No son ningún grupo de cazadores. Los llevamos a la planta tres.
El joven se calmó y todos comenzaron a subir las escaleras. Cuando pasaron todos, el chico cerró la puerta de hierro con un candado y una cadena. Mientras avanzaban. Eva caminó rápidamente para ponerse al lado de Keity.
—¿Qué es todo esto?
—Un hospital— respondió Keity.
—No me refiero a eso. Me refiero a lo de los cazadores, me refiero a todo esto. El que nos hayáis dejado pasar así como así.
—Se a que te refieres. Bueno, de líder a líder, supongo que te debo una explicación. No  son solo zombis lo que pulula por el mundo. Hay de todo, civiles, cazadores, grupos armados, caníbales… Estos son ya casi como una nueva sociedad, saqueadores… Debemos tener cuidado con la mayoría de ellos. Hay veces que nos las hemos tenido que ver con varios de ellos, especialmente con cazadores. Aun así hay un detalle que distingue a cada grupo. De entre todos los mencionados, solo hay dos grupos que llevan niños, los caníbales y los civiles. Y vosotros no tenéis pinta de caníbales. Si lo fuerais, ya hace tiempo que os habríais matado los unos a los otros. Parecéis hambrientos. Eso me dio la certeza de que sois civiles. Aun así era necesario que nos dierais las armas, ya que no todos los civiles son amistosos. Siempre hay alguien que te la quiere jugar. No te preocupes…
—Eva— dijo la chica presentándose.
—No te preocupes Eva. Os devolveremos las armas antes de que acabe el día.
El grupo llegó a una sala. Allí había varias personas vestidas con ropa de hospital. Estaban cuidando de ancianos a los que les estaban poniendo oxigeno. También había una chica como en un corrillo, esta estaba leyendo un libro y el grupo escuchaba atentamente.
Eva y el resto se quedaron sorprendidos por todo lo que estaban viendo. Entonces Keity se dio la vuelta y miró a Eva. –Otra cosa que nos diferencia de la mayoría de la escoria que pulula por ahí es que ellos no mueven un dedo por los ancianos. Nosotros aquí nos desvivimos por ellos y hacemos todo lo posible para que el resto de su vida no sea  una desgracia.
En ese momento apareció una mujer con una bata de medico. Junto a ella había un hombre con rasgos latinos. Esta observó al grupo recién llegado y su mirada se posó en Eva. Entonces se presentó. –Soy la Doctora Samantha Green y el es el doctor Raúl Lopez. Bienvenidos al hospital privado JFK. Los que necesiten ser atendidos que  den un paso al frente.
En ese momento, Mike con su hija en brazos, se acercó a la doctora. –Mi hija. Tiene mucha fiebre.
—Es cierto— dijo Keity. –Podría tener neumonía. Muchos podrían tenerla.
—A ver. Déjame ver— dijo la doctora tocándole la frente a Beth. –Si… Tiene fiebre— entonces miró a Mike. –Por favor. Acompáñeme. El resto poneros cómodos. Tenéis pinta de haber pasado hambre. Por favor, chicos, dadles algo de comida y que recuperen fuerzas.
Las horas en el hospital iban pasando. Beth había dado positivo en neumonía y le habían puesto oxigeno. Mike no tuvo más remedio que salir de la habitación. Cuando lo hizo, se encontró con Juan.
—¿Cómo está tu hija?
—Está bien. La doctora dice que la hemos cogido a tiempo— respondió Mike tratando de sonreír.
—Me alegro de que tu hija esté bien. Ahora tengo que hablar contigo de algo importante— dijo Juan cambiando de tema.
—Si. Ya se lo que me vas a decir— respondió Mike apartándose de Juan y caminando por el pasillo. Aun así, Juan lo siguió.
—¿Y si lo sabes por que no te quedas a afrontarlo? ¿Qué coño fue lo de ahí abajo tío? ¿Es que te has vuelto loco? Fuiste imprudente, podrías haber hecho que nos mataran. Había caminantes ahí dentro y tu… Aun así. Querías entrar. ¿Estás perdiendo el juicio?
—Pero estamos vivos— dijo Mike.
—Pero no gracias a ti— respondió Juan mirando a  Mike. –Estamos vivos por que esos militares vinieron a salvarnos el culo. Gracias a ellos estamos vivos.
—Entonces ve y dales las gracias mientras les lames el  culo como has hecho y estás haciendo con Juanma.
En ese momento, Juan empujó a Mike contra la pared, le dio la vuelta y lo inmovilizó. Entonces se puso detrás de el. –Escúchame… Y escúchame bien, capullo. No pienso volver a permitir que pongas en peligro la vida de nadie. Ni siquiera por tus hijos. ¿Te ha quedado claro o no? Te lo advierto ahora por que no habrá más advertencias. Vuelve a cagarla, vuelve a perder los papeles y a actuar por tu cuenta sin pensar. Y te juro que acabaré contigo.
—¿Algún problema chicos?— la voz de Keity hizo que Juan soltara a Mike y ambos miraran a la militar.
—No. Ninguno. Solo estábamos zanjando un asunto que teníamos pendiente— respondió Juan.
—¿Y está zanjado?— preguntó Keity.
—Está hasta con candado— respondió Juan mostrando la mejor de sus sonrisas.
—Perfecto. Entonces venid conmigo— dijo Keity.
Ambos siguieron a la militar hasta una sala, allí también se encontraron con Eva, David y Johana. También estaban presentes los demás militares compañeros de Keity.
—¿Qué es esta reunión?— preguntó Juan.
—Vamos a devolveros vuestras armas. Supongo que podemos confiar en vosotros. Aun así, dejadme que os diga una cosa. Confiamos en vosotros, pero intentad algo raro y os juro que yo misma me ocuparé de esparcir vuestros sesos en esa pared de ahí.
—No intentaremos nada— dijo Eva.
—Y así lo espero. Ahora simplemente poneros cómodos. El hospital es bastante grande. Tenemos cuatro plantas en uso. De la tercera a la sexta. También usamos la terraza del hospital. Ahí tenemos nuestros cultivos y los paneles solares que nos suministran la luz.
—¿Y que pasa con la planta baja y las dos primeras?— preguntó David.
—La planta baja es un hervidero de caminantes. Hemos logrado aislarlos ahí dentro… Bueno, hasta que vuestro amigo decidió soltarles— dijo Keity mirando a Mike.
—Escaparon— respondió Mike.
—¿Y por que escaparon? Pues por que tú rompiste el cristal. Por suerte escaparon pocos y será fácil reparar esa brecha y volver a aislarlos. Al menos sabemos que nunca llegarían hasta nosotros.
—¿Y por que hay que aislarlos?— preguntó David. —¿No sería más fácil bajar ahí y acabar con ellos?
—Es una idea que Dingan ya había sugerido— dijo Keity señalando a un hombre afroamericano.
—Pero al final se echaban atrás. Ahora somos más. Podríamos tener el parking y la planta baja limpias en pocas horas. También hay que reparar esas vallas— dijo Dingan.
—Por cierto. Ya que estamos. Os voy a presentar, ese es Dingan, como ya os he dicho. Esa chica de ahí es Marta, y el joven que está a su lado es su novio Boggs.
Boggs y Marta debían tener entre veinte y veinte tres años. Ella tenía la piel blanca y una larga cabellera negra, Boggs era alto y delgado. Sus ojos eran verdes y su pelo era castaño.
—Y  ese calladito de ahí es Glenn. No habla mucho, pero es muy inteligente. Es quien se ocupa de las reparaciones de aquí. Yo soy Keity Lenihan y soy quien está al mando aquí en lo que ha protección y defensa se refiere.
Glenn era un chaval menudo, delgado y de pelo rizado. Keity sin embargo tenía el porte de una líder. Se notaba las horas de gimnasio en su cuerpo. Tenía el pelo largo recogido en una coleta y sus ojos eran los de alguien con firmeza.
Eva y los suyos también se presentaron. Entonces Keity dio por disuelta la reunión. Se iban a tener que poner manos a la obra antes de que se hiciera de noche.
Unas horas después, Eva se acercó a Juan y comenzó a hablarle en voz baja. No había nadie cerca, pero tenían que ser cautos.
—Ahora estamos aquí. Tendremos que organizarnos para buscar a Juanma. Por otro lado, no quiero que bajemos la guardia. Esta gente parece de fiar, pero aun así debemos estar atentos por si pasa algo raro.
—No te preocupes. Lo se, no dejaré que nos pillen por sorpresa— dijo Juan encendiéndose un cigarro. Había encontrado una maquina de tabaco en una de las plantas y había tenido suerte al abrirla y encontrar varios paquetes dentro. Le ofreció uno a Eva, pero esta lo rechazó. –Por otro lado. Hay algo que tengo que hablar contigo. Es Mike. Últimamente… Y no se por que, está algo descontrolado. Temo que ponga en peligro al grupo. Si eso pasa…

—Hagas lo que hagas te apoyaré— respondió Eva. –Debe entender que no solo está el en el grupo.