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sábado, 25 de marzo de 2017

NECROWORLD Capitulo 150

Día 11 de Noviembre de 2010
Día 866 del Apocalipsis
02:00 de la madrugada. Hospital…

Stephanie corría emocionada por los pasillos del hospital para reunirse con Eva. Llegó a la puerta de la habitación y se detuvo para respirar hondo, lo hizo y llamó a la puerta. Esta se abrió y apareció Eva con uno de sus hijos en brazos. Cuando vio a Stephanie tan alterada pensó que pasaba algo malo, pero entonces, Stephanie sonrió.
—¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?
—Han vuelto— respondió  Stephanie.
Eva cogió a sus dos hijos. Los sentó en el carro y siguió a Stephanie hasta el Hall. No podía creerse lo que le estaban  diciendo ¿De verdad habían regresado? Sentía como si hiciera años que no veía a Juanma, pero cuando llegó al hall y lo vio allí de pie, dejó el carro y corrió a su encuentro.

Eva llegó hasta donde estaba y me abrazó. Sentí dolor cuando me rozó la herida del vientre, pero me dio igual. Yo también la abracé a ella, luego la miré a los ojos y la besé. También Vicky apareció por allí y vino a abrazarme, miré a la niña y vi que aun tenía los ojos cansados, seguramente estaba durmiendo cuando llegamos.
—Me alegro tanto de veros— dije mirándolas. Después miré a mí alrededor –Me alegro tanto de veros a todos— aunque realmente no estábamos todos.
En ese momento apareció allí una mujer vestida con bata blanca. Ella se acercó a mí y me tendió la mano para que se la estrechara. Yo, evidentemente lo hice.
—Supongo que eres Juanma. He oído hablar de ti. Soy la doctora Green. Bienvenido al hospital JFK— la doctora me miró y se fijó en las diversas heridas que tenia por todo el cuerpo. –Veo que estás herido. Sígueme y te curaré.
En ese momento señalé a Mélanie. Esta estaba sentada en una silla de ruedas. El camino había sido largo y ella estaba cansada. –Ella es Mélanie. Es también medico y tiene una herida de bala en el muslo. Ella lo necesita más que yo. Puedo esperar.
—Muy bien— dijo la doctora Green. Ella se alejó de mí, se acercó a Mélanie y no tardó en llevársela. Yo seguí hablando con Eva y los demás.
—¿Viste todos mis mensajes? No estaba segura de que los vieras— me contó Eva.
—Si que los vi, aunque fue algo temerario por tu parte. Ya sabes lo de los cazadores ¿No?— le pregunté. –Casi no lo contamos.
—Pero aquí estamos— dijo Luci mirándome desde el otro lado. Ella se había quedado junto a Silvia y la niña. Yo la veía feliz.
—Si. Lo se. De hecho…— Eva iba a decir algo, pero se quedó en silencio.
—¿Qué? ¿Qué pasa?— pregunté.
Eva entonces me miró a los ojos y bajó la voz. –Antes de que volvierais. Cogimos a uno de ellos.
Me aparté un poco del grupo para hablar con Eva. —¿Qué cogisteis a uno? ¿Está vivo?— Eva asintió. —¿Y sabes donde está?
—Si— respondió Eva.
—Llévame con el— respondí. –Quiero verlo.
Eva me miró y enseguida me pidió que la siguiera. Yo quería ver a ese cazador por que con uno de ellos vivo, podría saber donde tenían su escondite y así dar  con Ross.
*****
Luci jugaba con la pequeña Lucia sacándole la lengua y haciéndole muecas. Silvia estaba a su lado sonriendo.
—No te imaginas lo mucho que la he echado de menos— dijo Luci. –Pero estaba tranquila al saber que esta pequeñaja estaba con su madre. Con su verdadera madre, de la que nunca debió separarse.
—Gracias, pero tu la cuidaste en Las Vegas y hasta que llegasteis al hotel. Estoy con ella gracias a ti y aun no he podido agradecértelo. Gracias, de verdad. Me gustaría que la criáramos juntas. Quiero que cuando sea mayor, nos tenga a las dos. No veo justo separarte de ella, además… Ahora mismo todos los que estamos aquí somos una familia— dijo Silvia.
Luci sonrió y la miró. –Me parece bien. Lo  que pasa es que la niña se hará un lio con nosotras. Por cierto, le puse Lucia cuando me la dieron. Si no te gusta, aun estamos a tiempo de cambiarle el nombre. Tú decides.
—No. Lucia me gusta. Creo que es el nombre que le habría puesto yo.
En ese momento ambas se abrazaron y sonrieron.
*****
Llegué a una puerta y miré a través del ojo de buey. Allí, dentro de la habitación y esposado a una tubería de hierro, se  encontraba durmiendo un chico joven al que no había visto antes, aunque si el tatuaje de su brazo, era sin duda uno de los cazadores del grupo de Ross. Intenté abrir la puerta, pero esta estaba cerrada con llave.
—Seguramente la llave la tiene Green. Ha dicho que no quiere ver a nadie en esta puerta. A menos que ella lo hay autorizado. ¿Habías visto antes a ese chico?— preguntó Eva mirándolo también a través del ojo de buey.
—No. Es la primera vez que lo veo, pero es uno de ellos— respondí –Si el está aquí, los  otros no andarán lejos. Incluso, es probable que tengan su escondite por aquí. Operan por esta zona, lo se por que por lo visto, se la conocen bien.
—¿Y que harás?— preguntó Eva.
—Primero hablaré  con Green y le pediré la llave. Entonces le preguntaré amablemente donde están.
—¿Y si no te lo dice? No ha hablado mucho. Johana y Mike le han hecho preguntas, le han pegado y no ha dicho nada. Es duro de pelar.
—Cuando entre yo, veremos si es tan duro. Más le vale hablar, por que si no, deseará no haber sobrevivido al apocalipsis. Le voy a hacer mucho daño— respondí. En ese momento, vi a Eva mirándome. —¿Qué pasa?
—Estás sangrando— dijo señalándome a la camiseta. Yo miré y vi una mancha de sangre en el mismo lugar donde tenía la herida del vientre. –Necesitas que te curen.
Yo asentí y me alejé con Eva por el pasillo, antes de salir del pasillo donde estaba aquella puerta, me di la vuelta para mirar de nuevo mientras pensaba: “Hasta pronto”
Eva y yo regresamos al hall y allí nos encontramos de nuevo con el resto, nos dirigimos a Sheila y Eva habló con ella.
—Juanma necesita unos puntos. Se le han saltado un par de la herida— dijo Eva señalándome la herida del vientre. Sheila se quedó un rato pensativa y nos pidió que la  siguiéramos a una sala. Entonces miré a Eva.
—¿Nos puedes dejar a solas? Necesito hablar  con ella. Tú acuesta a los niños. Nos vemos más tarde ¿Vale?— le di un beso a Eva y me fui con Sheila.
Entramos en una sala y allí Sheila encendió la luz. Pasé al interior, me senté en una camilla, me quité la camisa y me quité las vendas, dejando al descubierto la herida. Sheila cogió lo que necesitaba y comenzó a curarme la herida. Lo hacía de forma delicada mientras yo pensaba en como comenzar a hablar con ella. Pasaron unos minutos y entonces me lancé.
—Se que quizás no quieres hablar de esto… Pero tengo que sincerarme contigo. Tengo… Ambos tenemos que quitarnos esa espinita que tenemos  clavada. En el hotel pasó todo tan rápido que ni siquiera te pedí disculpas correctamente.
—No tienes que pedirme disculpas. No lo necesito— respondió Sheila. –Lo que pasó, pasó.
—Pasó por mi culpa. Antes de lo del hotel tuve varias oportunidades para acabar con mi hermano y no lo hice. Si lo hubiera matado cuando tuve la ocasión, muchas cosas de las que pasaron después… Podrían haberse evitado. Rachel aun estaría aquí.
—O puede que no. Puede que ni siquiera yo estaría aquí. La gente muere cada día— respondió Sheila. Aun así, ya tengo asumido lo de Rachel.
—Pero yo no— respondí. –Ella era mi amiga y la quería. Siempre voy a lamentar lo que pasó. Y por eso quiero que al menos tú me perdones, ya que yo no puedo perdonarme a mi mismo.
—¿Mataste a tu hermano?— preguntó Sheila.
Yo asentí en ese momento. –Si. Lo maté.  Te juro que cuando lo hice, lo hice pensando en lo que le había hecho a Rachel, pero al mismo tiempo… Al mismo tiempo me sentí culpable por lo que estaba haciendo. Era mi hermano al fin y al cabo.
—Entonces ya hiciste lo que tenias que hacer. Eso no nos devolverá a Rachel, pero al menos se lo hiciste pagar a su asesino. Si querías pedirme perdón, de acuerdo, acepto tus disculpas. Se que hiciste todo lo que pudiste, al principio te guardé rencor, te juro que lo hice y te juro que deseaba hacértelo pagar… Pero se que eso no cambiaria nada y se que Rachel no querría eso. Tú hiciste todo lo que pudiste. Y yo no puedo odiarte ¿Sabes por que?
—No— respondí.
—Por que todo el tiempo que pasé con Rachel fue gracias a ti— respondió Sheila.
En ese momento nos abrazamos y ambos nos desahogamos derramando lagrimas. Ambos habíamos perdido a alguien muy importante.

09:00 horas de la mañana…

Me desperté  con el sonido de un despertador y miré a mi derecha. Eva estaba durmiendo todavía. Después de que Sheila me curara y habláramos, yo había ido a buscar a Eva y habíamos ido a lo que iba a ser nuestra habitación y la de nuestros hijos.
Me fui levantando con cuidado para no despertarla, pero no sirvió de nada por que ella misma se despertó y me miró.
—¿A dónde vas? Acabo de recuperarte. No me digas que te vuelves a ir.
Me vestí con algo de ropa que los celadores  nos habían dejado. Cuando terminé de ponerme la camisa respondí. –Voy a ver que tal está Mél y de paso a hablar con la doctora Green sobre el rehén. Le pediré que me deje las llaves para sacarle información a ese tipo— fui hasta Eva y le di un besó en los labios. Luego me acerqué a la cuna a ver a mis hijos, ellos seguían dormidos y  no pude evitar sonreír por que los estaba viendo de nuevo.
Salí de la habitación y me dirigí hacia el despacho de la doctora, Eva me había dicho donde estaba. Iba tan rápido y con tantas ganas de hablar  con ella que abrí la puerta sin avisar. Entonces la doctora se apresuró a guardar lo que parecía una foto en un cajón. Me fijé un poco y vi que parecía que había estado llorando, pero no le di importancia.
—No tengo muchas normas, pero una de las pocas que tengo es que nadie entre en mi despacho sin avisar—  me increpó la doctora.
—Si. Lo siento, tiene razón doctora, pero es que vine a hablar de algo importante— respondí.
—Tu amiga Mélanie está mejor, aunque no tenía ni idea de que fuera medico, ha sido toda una sorpresa, pero bueno, dentro de poco se habrá recuperado y vosotros podréis proseguir vuestro camino— dijo la doctora. –Os dejaré quedaros un tiempo hasta que pase el invierno, pero luego os pediré que os marchéis.
—Me alegro que Mél esté bien y sobre lo de quedarnos o irnos ya hablaremos en otro momento. He venido a hablar con usted por otro motivo.
—¿Qué motivo?— preguntó la doctora.
—El rehén. Se que tienen en una sala a uno de los cazadores. Quiero que me de las llaves para interrogarle— respondí.
—Ya lo hicieron algunos de tus amigos y no consiguieron sacarle información— dijo la doctora cruzándose de brazos. –No  creo que sea necesario torturar más a ese hombre.
—Quizás ellos no le pusieron suficiente empeño. Yo si le sacaré información. Deme las llaves y deje que sea yo quien se encargue de esto. Ese chico es un miembro de los cazadores. Ellos saben o deben saber ya que estamos aquí. Deben estar preparándose para atacar, pero si sabemos donde se esconden, nosotros podríamos atacar antes, podríamos cortar en problema de raíz.
—¿Me estás exigiendo que te de las llaves?— preguntó la doctora. –Aquí eres un invitado temporal. No estás en situación de exigir  nada.
—No… Pero hay que hacer algo. Tener a ese chico aquí es un problema. Hay que hacer algo. Estamos en el punto de mira de esa gente y es evidente que terminarán viniendo, pero si me da las llaves… Podemos acabar con esto.
—Escucha. Yo soy quien está al mando aquí. Deja que sea yo quien tome esas decisiones.
—Muy bien— dije –Pero espero que tome las decisiones adecuadas— hice una pausa. –Ahora hablemos sobre nuestra estancia aquí. En nuestro grupo hay niños pequeños y una embarazada que dará a luz dentro de unos cuatro o cinco meses. No se exactamente de cuanto está.
—Alicia está de cinco meses— dijo la doctora.
—Vale. De cinco. Si nos obliga a irnos, será como si nos matara. Será como si la matara a ella. Ahí fuera es muy difícil vivir si se es adulto. Imagínese como debe ser para unos bebés. Se que este es su hospital y que es usted quien decide. ¿Pero dejaría ir a los ancianos de los que cuida? Solo  le pido que nos deje quedarnos. Podemos vivir aquí y adaptarnos. En pocos meses podríamos haber construido en un hogar para todos. He visto esa plaza y las vallas. Podemos tener animales y podemos salir a cazar. Este hospital es grande y podemos vivir juntos, nosotros ya lo hemos hecho. Por favor, piénselo, es lo único que le pido. Hágalo al menos por los niños.
La doctora cruzó las manos, se quedó un rato pensativa y me miró. –Me lo pensaré, pero lo haré por los niños. Solo espero que no me traigáis problemas. Ahora, si no te importa, déjame a solas.
Salí de la sala y cerré la puerta dejando sola a la doctora.
*****
De nuevo a solas. La doctora, abrió de nuevo el cajón y sacó la foto que había estado mirando antes de que la interrumpieran. En la foto se veían a dos niños, uno de ellos un bebé. También se podía ver a un hombre además de a ella misma.
Recordó lo ocurrido con el rehén. El le había dicho que “El” aun preguntaba por ella. Eso solo podía significar que su hijo mayor seguía vivo. Podría haber sacado más información del rehén, pero cuando este comenzó a hablar, ella se negó a escucharle y se marchó de allí, pero no había dejado de darle vueltas al asunto. Debía volver a la sala donde lo tenían esposado y hablar con el. Quería saber si decía la verdad. Iba a esperarse a la noche para volver a ir sin ser vista. Tenía que esclarecer todo ese asunto y si su hijo seguía vivo, recuperarlo.
*****
Regresé a la planta donde estaba la sala donde tenían metido al miembro de los cazadores. Caminé por el pasillo y llegué a la puerta tras la que se encontraba, entonces me encontré con que uno de los militares estaba delante de la puerta. Este me saludó cuando me vio llegar.
—Hola— dijo.
—Hola— respondí. –Tu nombre era…
—Boggs— respondió.
—Eso es. Boggs. Perdona, venía a ver si era posible que me dejaras entrar a hablar con el. Es algo importante. Podríamos estar en peligro— dije mientras miraba al rehén a través del ojo de buey. También el me miró a mi.
—Lo siento. Solo puedo abrir esa puerta con autorización de la doctora Green. Entiendo lo que dices, pero cuando estamos fuera es Keity quien está al mando, pero aquí, la jefa es Green. Te recomiendo que esperes y dejes que ella haga lo que quiera hacer. No os conviene que os tome manía. Si eso pasa, jamás os dejaría quedaros. Es la recomendación que te hago. Simplemente espera.
Boggs tenía razón, no convenía tener a Green con enemiga, pero tener a ese chico ahí con los demás cazadores por ahí fuera, nos convenía todavía menos. Saludé de nuevo a Boggs y me alejé por el pasillo. Doblé una esquina y me encontré con Keity apoyada en la pared. Estaba esperándome.
—Green no lo ve, pero yo si. Ese capullo de ahí dentro nos puede traer problemas. ¿Qué es exactamente lo que quieres de el?
Yo me puse delante de ella y comencé a hablar mientras miraba a Boggs de vez en cuando. –Quiero sacarle donde tienen su escondite. Parece que operan por esta zona.
—Así es. Este es su territorio, pero ninguno hemos sabido donde se ocultan. Es posible que en alguna de las fábricas madereras del bosque, pero no puedo asegurártelo.
—Por eso mismo. Quiero sacarle la verdad y saber donde se esconden— respondí
—¿Y que harás después?— preguntó Keity.
—Acabar con ellos. Sea como sea, antes de que pasen más días, quiero sacarle toda la información e ir a por ellos— dije.
—Puedes contar conmigo— dijo Keity –Pero no vayamos a lo loco. Seamos cautos. Yo también llevo tiempo queriendo deshacerme de esos cabrones, pero hasta hoy no he tenido un apoyo solido.
—Muy bien— respondí.
Ahora con Keity de mi lado, podíamos proceder y elaborar un plan con el que llegar hasta ese rehén y entonces, sacarle toda la información e ir a por los  cazadores.

Base de  operaciones de los cazadores…
17:00 horas de la tarde…

Ross estaba en su despacho observando la cabeza de Levine metida en una urna. Mientras, golpeaba con los nudillos la mesa. Estaba furioso desde lo ocurrido en los albergues y cabañas para cazadores. Le habían dado donde más dolía, no solo eso, si no que también, solo tres personas habían acabado con la gran mayoría de sus hombres. ¿Cómo era posible que los hubiesen destrozado así?
En ese momento alguien llamó a la puerta y Ross le dijo que pasara. Se trataba de una mujer llamada Eleonor. Nada más entrar, esta mujer se quedó mirando la cabeza de Levine. Ella no la había visto antes. Se quedó sorprendida de que la cabeza no se hubiese reanimado como otras.
—¿No se reanima?
—El es especial— respondió Ross. –Era inmune… ¿Qué quieres?
—Es sobre Jake. Lo tienen como rehén en ese hospital. Así nos ha informado un grupo que se acercó allí sin ser visto. ¿Qué hacemos?
—Ya lo dije— dijo Ross –El ha fallado. Que le den, por otro lado, el no necesita ayuda. Es el tipo de hombre que vendería un frigorífico a un esquimal. Si de verdad es apto para estar en nuestro grupo, se las apañará el solo.
En ese momento, la puerta se abrió de golpe y un niño de ocho años entró en la sala. Este corrió hacia Ross y lo abrazó. –Papá. Los chicos no me dejan jugar con ellos a las cartas.
Ross cogió al niño y se lo sentó sobre las rodillas. –Tú ya tienes tus propios juegos. Aun eres pequeño para jugar a las cartas con los mayores. Carga la batería de tu consola y juega un poco ¿De acuerdo Junior?
—Vale papá— respondió el niño bajándose de un salto y dándole un beso en la mejilla a Ross. Cuando el niño salió de la sala, Eleonor miró a Ross.
—Nunca imaginé que alguien como tu se encariñaría de un niño que ha sido arrebatado a su madre. Te llama papá, pero el sabe que no lo eres. De hecho, a veces, pregunta por su madre. Tú no dejas de decirle que algún día irá a verla. ¿Qué harás cuando eso no ocurra?
—Los niños se acaban olvidando— dijo Ross. –El es mi hijo y mi heredero. El será quien esté al mando aquí cuando yo no esté.
—Sabes que la gente habla mucho y algunos te están cuestionando. Creo que deberías decir unas palabras y zanjar esto. Acabar con ese grupo. Algunos han perdido a seres queridos en estos enfrentamientos— dijo Eleonor.
—No te preocupes. Todo vendrá a su debido tiempo— respondió Ross. –Por cierto. Ponte en contacto con los de “La hermandad” y diles que dentro de unos días tendrán a varios. Que preparen toda la munición que les pedimos para el trueque.
—Sabes como son los de “La hermandad”. No solo cuesta encontrarlos, si no que no son muy pacientes. No se si estarán muy de acuerdo— respondió Eleonor.
—Tú ponte en contacto con ellos y déjame el resto a mí. Ahora déjame a solas con Richard— dijo Ross señalando a la cabeza cortada. Los ojos de esta parecían estar fijos en el. Cuando Eleonor se fue, Ross se levantó y se dirigió hacia la cabeza. –Pronto tendrás compañía Richard. Pienso traerte la cabeza de Juanma. Ese desgraciado no sabe donde se ha metido, se lo haré pagar con creces.

Hospital JFK…
23:45 horas de la noche…

La doctora Green salió de su despacho y se dirigió hacia la sala de detención. Nadie podría verla, los demás estaban en la cafetería cenando y algunos ya comenzaban a irse a dormir. Tenía vía libre para hablar con Jake. Llegó hasta la puerta y allí se encontró con Dingan de guardia.
—Buenas noches doctora— dijo Dingan. —¿Todo bien?
Green asintió. –Si. Está todo bien. Va todo perfecto. ¿Cómo estás tú?
—Bien, pero me muero de hambre. Gleen no vendrá ha relevarme hasta dentro de una hora.
—Ve a cenar. Yo me ocupo de esto— dijo en ese momento la doctora.
—¿Habla en serio? No puedo dejar que entre ahí usted sola. Ese tipo podría ser peligroso— dijo Dingan. —¿No prefiere que entre con usted?
La doctora sacó una pistola en ese momento y le quitó el seguro delante de Dingan. Seguidamente, miró a través del ojo de buey y se quedó mirando al rehén.
—No. No es necesario. Puedo ocuparme de esto yo sola. Ve a cenar y descansa— dijo la doctora sacándose las llaves de la puerta del bolsillo. Entonces comenzó a abrir. Antes de entrar, volvió a mirar a Dingan. –Venga. Ve.
Dingan se marchó y la doctora entró dentro de la sala. Nada más entrar, el rehén le sonrió.
—Sabía que volverías. Era lo obvio después de que te dijera lo que te dije. Me alegro que lo hayas hecho— dijo Jake con una sonrisa de oreja a oreja. Aun así, la doctora no respondió, caminó hacia el, se agachó delante de el y le puso la pistola en la barbilla.
—Será mejor que me convenzas de que no te mate. Te juro que no tengo miedo de apretar el gatillo.  No tengo miedo de matarte. ¿Por  que me has mentido con lo de mi hijo?  Ross se lo llevó. Yo dejé que se lo llevara para poder mantener a salvo a la gente de aquí… Pero ahora… Vienes hasta aquí… ¿Por qué?
—No vinimos a por tu gente. El pacto sigue en pie. Solo vinimos a por dos de los de ese grupo. Sobre tu hijo. Si, sigue vivo, es un buen chico. He jugado mucho con el. Es muy listo y sabe que estás viva. Cree que vendrás algún día. Ross le ha ocultado siempre que fuiste tu misma quien lo dejó. El piensa que es solo algo temporal, incluso llama papá a Ross.
—No te creo. Seguro  que lo habéis matado o vendido a algún depravado—  la doctora Green hizo una pausa para intentar no llorar. –No te creo.
—Te lo puedo demostrar— dijo en ese momento Jake. –Puedo demostrártelo. Solo tienes que bajar abajo, a donde me cogieron. Allí detrás de unos palés hay una mochila. Dentro encontrarás un walkie talkie. Úsalo y ponte en contacto con Ross. El te confirmará lo que digo. Podrás estar al lado de tu hijo… Pero tienes que hacer algo.
—¿El que?— preguntó la doctora Green sin poder contener más las lágrimas.
—Este  grupo. No dejes que se vayan bajo ningún concepto. Que permanezcan aquí— respondió Jake. –Sírveselos en bandeja de plata a mis compañeros y tú volverás a reunirte con tu hijo. Yo creo que es un trato justo. No seas estúpida, no vuelvas a serlo. Pasa de esta gente y recupera a tu hijo.
La doctora Green le quitó la pistola de la barbilla y entonces comenzó a llorar. –Está bien…

Jake sonrió satisfecho. Había conseguido embaucar a la doctora.