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sábado, 6 de mayo de 2017

NECROWORLD Capitulo 154

Día 16 de Noviembre de 2010
Día 871 del Apocalipsis…
13:30 de la mañana. Hospital

Amparo y yo avanzábamos por uno de los pasillos en dirección a la sala donde Dingan y Yuriko estaban trabajando. Mientras caminábamos, iba hablando con Amparo sobre lo del traslado a Thomaston. Estaba agradecido con ella por considerar que fuéramos. Eso era una ayuda para todos.
Llegamos a la sala y allí vimos a Yuriko y a Dingan. Yo me acerqué a ellos. —¿Qué tal vamos? ¿Todo bien?— dije poniéndole una mano en el hombro a Yuriko.
—Esto ya está— dijo Yuriko mirándome. –Solo queda poner la música.
—Nos ha llevado un poco más de tiempo del esperado, pero ya está— dijo Dingan ajustando el aparato en su sitio. Seguidamente le puso una cinta de cassette. –Es lo único que tenía a mano. Se que está algo anticuado, pero no tenía a mano nada en CD.
—Enciéndela— dije.
Dingan encendió la radio y comenzó a subir el volumen. En pocos segundos, una canción de heavy metal comenzó a sonar a todo volumen por todo el hospital y en el exterior. Eso me hizo sonreír.
—¿Qué te parece?— preguntó Yuriko.
—Que los cazadores se van a llevar una sorpresa muy grande a la par que desagradable— respondí. Miré entonces por una de las ventanas y vi que había comenzado a nevar con fuerza.  Me di la vuelta y miré a Amparo. –Venga, vayamos al hall principal con todos los demás. Ross y los suyos deben estar al caer— miré entonces a Yuriko y Dingan. –Vosotros quedaros aquí y comprobad que nada de esto falle. Estad atentos al walkie talkie, os avisaremos cuando tengáis que apagar la música.
—Juanma— dijo Dingan a la vez que miraba a Amparo. –He cargado la cámara… En ella se ven cosas muy interesantes.
—Cuando acabe esto, la veremos todos juntos— respondí. Seguidamente, Amparo y yo salimos de la sala y comenzamos a caminar de regreso al hall.
—Ya os dije que decía la verdad. Aunque viendo lo que tenéis encima, no me sorprende que desconfiarais de mí. Llegué en el momento menos oportuno. En realidad, llevaba mucho tiempo sin salir de Thomaston. No tenía ni idea de lo mucho  que habían cambiado las cosas por el exterior. Me siento como si hubiese estado dormida todo este tiempo. Supongo que me acomodé demasiado.
—¿A que te dedicabas antes de esto? Me refiero a cuando vivías en España— pregunté.
—Era militar. No estuve mucho tiempo, pero estuve lo suficiente para aprender como sobrevivir. Aunque creo que para sobrevivir a esto, a eso no nos enseña nadie.
—Yo también era militar…— respondí. —¿No te parece curioso?
Llegamos al hall y allí nos encontramos con el resto del grupo. El primero en acercarse a nosotros fue David. –Ya están aquí.
—¿Hace mucho que llegaron?— pregunté acercándome a una de las ventanas y mirando a través de ella. Allí vi entonces a Ross, al niño y a los otros dos hombres que lo habían acompañado al principio.
—Hace unos dos minutos— respondió David. Entonces me cogió del brazo. –Espero que esto salga bien. Me refiero a todo.
—No te preocupes. Saldrá bien. No dejaré que le pongan un dedo encima a ninguno de vosotros. Escucha, ve con Alicia y los demás. Quédate allí con ellos.
—Bien— dijo David alejándose de la ventana.
Miré a Juan y Luci. Entonces les hice un gesto para que me siguieran igual que la vez anterior. Los tres avanzamos hasta la puerta principal del hospital y nos dispusimos a salir.
—Esperad— dijo en ese momento Jake. –Dejad que yo vaya con vosotros.
Los tres miramos a Jake a la vez y yo asentí. –Muy bien. Ven.
—No intentes nada raro o te cortaré los huevos antes de que puedas dar medio paso— le amenazó Luci.
Los cuatro salimos por la puerta principal del hospital y comenzamos a caminar al encuentro de Ross. La nieve caía con fuerza sobre nosotros. A medida que avanzábamos me iba fijando en los alrededores. Mirando a los cazadores que permanecían ocultos. Salvo Ross, el niño y los hombres que lo acompañaban, todos los demás se habían quedado al otro lado de las vallas. Eso nos facilitaba un poco las cosas cuando llegaran los caminantes, atraídos por la música que se escuchaba en bucle.
—Deben haber rodeado todo el hospital— dijo Jake en voz baja. –Si accedes a entregarte, entrarán todos y comenzaran a sedar a todos tus compañeros. Es lo que hemos hecho siempre en la mayoría de los casos. Cuestión de seguridad.
—Pareces orgulloso de ello…— murmuró Juan.
—No se trata de orgullo… Si no de otra forma de sobrevivir. Este mundo no es igual de fácil para todos. Cada uno sobrevive como puede— respondió Jake mirando a Juan.
Los cuatro llegamos a donde estaba Ross y nos plantamos delante de el. Entonces, de nuevo abrazó al niño. Nuevamente lo estaba usando de escudo humano.
—Se os ha acabado el tiempo. ¿Has tomado una decisión? Podemos hacer esto muy fácil. Por cierto… ¿Qué significa esto? ¿Nos recibís con música y con Jake? No te lo tomes a mal, pero hubiese preferido un chico más guapo y música de Mozart.
—Creo que deberías dejar todo esto estar. Devolverle ese niño a su madre y dejarnos tranquilos a todos nosotros— respondí. Eso hizo que Ross sonriera de oreja a oreja.
—Espera. Debe ser que tengo los oídos sucios, por que creo que no te he oído bien. ¿Podrías repetir?— Ross soltó al niño y se fue acercando a mi.
—Pues límpiatelos. He dicho que no, que os marchéis. No pienso entregarme, ni dejar que nadie de mi grupo se vaya con vosotros— respondí.
—¿Y por eso traes a Jake? ¿Para hacer un intercambio?— preguntó Ross. –Ya os dije que os podíais quedar con este inútil. No quiero a tipos como el en mi grupo.
—¿Así es como un líder trata a sus hombres? ¿Aprovechándose de ellos mientras le puedan ser útiles y luego dejándolos tirados? Tú no eres un líder. Eres un cabrón.
—No hablaba contigo Jake— dijo Ross cortándolo en seco. –Hablaba con el— Ross me señaló. –Es con el con quien me interesa hablar. No contigo, ni con el, ni con ella. Solo con el. –Ross nos señaló a todos. Dejándome a mí para el final. –Está bien. Hagamos una cosa. Tu no haces falta que vengas con nosotros. Quédate con los tres o cuatro que tu quieras, pero el resto dámelos a mi. Te prometo que les buscaré un hogar digno.
—Eso es lo que harías tú, pero no yo— respondí.
Justamente, en ese momento. Escuchamos un grito que venía de detrás de Ross. Seguido de unos disparos. Eso hizo que Ross dejara de mirarme y se diese la vuelta. En ese momento aproveché la situación. Le pegué una patada en el pecho  a el, este retrocedió y entonces, repentinamente saqué mi pistola rápidamente, le apunté a la cabeza y sin pensármelo dos veces, disparé.
La bala atravesó la cabeza de Ross y este cayó de espaldas al suelo ante la sorpresa de sus dos hombres y el niño. Sus dos hombres quisieron dispararme, pero Juan y Luci se adelantaron a ellos y los mataron rápidamente. Miré entonces al niño.
—Vamos, ven conmigo— dije tendiéndole la mano, pero en lugar de venir conmigo. El niño retrocedió y comenzó a correr de nuevo hacia las vallas. Donde de repente habían aparecido varios caminantes atacando a los cazadores. Rápidamente comencé a correr detrás del niño mientras sacaba el walkie para ponerme en contacto con Yuriko  y Dingan. –Desconectad la música. Ahora.
La música cesó de golpe. Entonces me vi envuelto en una lluvia de balas. Los cazadores no solo disparaban contra el rebaño. Algunos estaban disparándome a mí. Tuve que lanzarme detrás de unos bancos de piedra para evitar ser alcanzado por las balas. Me lancé al suelo y me fui arrastrando. Fue en ese momento cuando vi que el niño saltaba la valla.
Miré en otra dirección y entonces vi como varios caminantes aprisionaban a uno de los cazadores contra una valla y comenzaban a devorarlo. Se juntaron tantos que la valla acabó cediendo y algunos de ellos entraron en el parking del hospital.
Miré a mi alrededor y decidí que era mejor regresar al hospital. Me puse en pie y comencé a correr. Fue en ese momento cuando un vehículo atravesó las vallas y comenzó a perseguirme mientras uno de los cazadores me iba disparando desde lo alto de la torreta. Fue en ese momento cuando sentí un fuerte dolor en la pierna y caí rodando al suelo. El vehículo se detuvo a pocos metros de mi y de el se bajó un tipo apuntándome con un arma, detrás de el bajó otro.
De pronto. Alguien abatió a aquellos dos tipos.  Me di la vuelta y vi aparecer a Amparo y Keity. Ambas armadas con fusiles. Me ayudaron a levantarme y me llevaron hacia la entrada al edificio. Una vez allí vi a todos los demás.
Rápidamente vinieron  a curarme la herida de la pierna. No era nada grave y acabaron enseguida. No había tiempo que perder y miré a mis compañeros uno por uno. Miré a Dingan y le pedí que quitaran la  música. Cuando la quitaron, miré a Jake.
—Esto aun no ha terminado. Ahora es el momento de que nos guíes hasta el refugio más cercano. Será a este a donde se dirijan.
—Muy bien. Vamos— dijo Jake.
Rápidamente, David, Mike, Johana, Juan, Luci, Silvia, Amparo, Keity, Glenn y Marta comenzaron a  prepararse. Todos ellos vendrían conmigo y con Jake. La que más me sorprendió fue Amparo. Me acerqué a ella y comencé a hablar con ella.
—¿Por qué vienes con nosotros?— pregunté.
—Por que esa gente también son una amenaza para los míos.  Debemos acabar con esto ahora— dijo Amparo. –No quisiera ver a esa gente o a otros como ellos frente a las puertas de Thomaston.
—Muy bien. Entonces vamos— dije.
Todos los que íbamos a salir estábamos preparados ya. Me despedí de Eva y Vicky. Les prometí que volvería pronto. Silvia dejó a su hija al cuidado de Katrina y Mike dejó a sus hijos al cuidado de Sheila. Después de las despedidas, salimos del hospital.
En el exterior nevaba con fuerza, los No Muertos se habían dispersado persiguiendo a los cazadores que habían huido. Tan solo quedaban aquellos que estaban ocupándose de los caídos. Llegamos al lugar donde estaba el cuerpo de Ross y allí vimos a varios caminantes comiéndoselo. Jake se acercó a ellos y los abatió antes de que estos pudiesen reaccionar a nuestra presencia. Entonces se agachó junto a el y comenzó a registrarlo.
—¿Qué estás haciendo?— preguntó Luci.
—Mis antiguos compañeros se encerrarán allí dentro. No podremos entrar sin esto— respondió Jake mostrándonos unas llaves. –Además, esta es la única llave que hay de las jaulas.
—¿Qué jaulas?— preguntó David.
—Las de los prisioneros— respondió Jake. –Antes de vender a la gente, hasta que encontrábamos algún comprador. Solemos meter a los  prisioneros en jaulas. Ya que vamos, los liberaremos.
—¿Es donde ibais a meternos a nosotros?— pregunté mirando a Jake.
—No— respondió Jake. –Vosotros ibais a ser entrega inmediata. Aunque no se mucho sobre a quien os iban a vender. Todo eso lo llevaba este capullo.
Entonces me acerqué a el y le dije en voz baja para que los demás no me escucharan. –Si se te ocurre traicionarnos o jodernos. Te mataré sin pensármelo. Espero que te haya quedado claro.
—Te juro que estoy de vuestro lado— respondió Jake mirando al resto que estaba detrás de mi. –Si os ayudo quiero que me garantices que mi vida no correrá peligro.
—Tú no nos traiciones— respondí tajantemente. Me di la vuelta y miré al resto. –Sigamos.

Hospital…
14:45…

La doctora Green no se había apartado de la ventana desde que el grupo se había marchado. Fuera, la nieve caía con fuerza. Se podía imaginar el frio que hacía y le preocupaba por supuesto su hijo. No lo había vuelto a ver desde la llegada de los caminantes, pero aun así, esperaba que hubiese logrado ponerse a salvo.
—Juanma lo traerá de vuelta— la voz de Eva hizo que la doctora dejara de mirar por la ventana y mirara a la muchacha. Esta llevaba en brazos a la pequeña Shanon.
—Eso quiero creer— respondió la doctora. –He pasado mucho tiempo sin el. Y ahora que puedo recuperarlo… No concibo la idea de estar sin mi hijo. Quiero tener de vuelta a mi Warren. Solo me queda el.
—¿Ese es su nombre?— preguntó Eva. —¿Y como terminó en manos de esas personas?
—Perdí a mi marido y a mi hijo recién nacido durante el gran pánico… Así lo llamaron aquí. Warren y yo logramos llegar hasta aquí y aquí sobrevivimos con todos los demás. Hasta que un día llegaron Ross y los suyos. Hubo un momento que me dieron a elegir. O morir todos a sus manos o entregarles a unos cuantos. Todos estuvieron de acuerdo en entregar a una parte de nuestra gente, pero fue entonces cuando Ross vio a Warren y me obligó a entregárselo, por que quería un heredero. O se lo entregaba o lo mataría…
—Prefirió que su hijo viviera con otros antes que verlo muerto.
La doctora asintió. –Mi hijo seguiría vivo, pero yo no lo vería crecer…
—Eso es duro. Es una elección que un padre nunca debería hacer— respondió Eva. –Pero pronto lo recuperará. Crea usted en Juanma. El hará todo lo posible por devolvérselo.
En ese momento, la pequeña Shanon comenzó a llorar y eso hizo sonreír a la doctora. –Nunca creí que echaría tanto de menos el llanto de un bebé. Escucharlo… Me da esperanzas… Y ganas de tener algún hijo otra vez. Puede que si lo de Thomaston sale bien…
—Bueno. Creo que esta gamberrilla tiene hambre. Le veo luego doctora— dijo Eva. Justo cuando se iba, la doctora Green la llamó.
—Tienes mucha suerte al contar con un hombre como el a tu lado.
—Lo se… He cometido muchos errores, pero el nunca se ha apartado de mi lado. Le debo la vida— respondió Eva con una sonrisa. Seguidamente  se alejó y la doctora siguió mirando por la ventana mientras recordaba aquellos tiempos felices y los que vendrían.

Bosque…
15:20 horas…

Hacía mucho frio y la nieve caía sobre nosotros. Jake iba a unos metros por delante de mí, pero siempre, vigilado por Juan. El cual por cada movimiento que Jake hacía, Juan se llevaba las manos al arma. En cualquier momento parecía que iba a dispararle.
—Estamos cerca— dijo Jake dándose la vuelta para mirarnos.
En ese momento escuchamos un grito. Era el grito de un niño. Al escucharlo, comencé a correr siguiéndolo. Hasta que llegué a un camino y vi a un caminante sobre el cuerpo de un niño que pataleaba por liberarse mientras el No Muerto le mordía en el cuello. Me acerqué corriendo y de una patada le quité de encima al caminante, después le disparé. Tras matar al No Muerto, me di la vuelta y miré al muchacho. El alma se me cayó a los pies al ver que se trataba del hijo de la doctora. Este sangraba por el cuello y tenía la mirada perdida mientras luchaba por respirar. Justo en ese momento llegaron los demás, la primera en verlo fue Keity.
—No me jodas…
—¿Es el hijo de Green?— preguntó Glenn.
Algunos se apartaron un poco mientras Keity y yo permanecíamos junto al chico. Yo me saqué una camisa de la mochila y taponé la herida del cuello. Tratando de que no se desangrara.
—Le han mordido. Sabes que no hay nada que hacer. Aunque pudiésemos evitar la transformación amputando. Le ha mordido en el  cuello. No le queda mucho— dijo Keity.
—No… Me dejaron entrar… No…— murmuraba el muchacho.
—Ya… Ya lo se— respondí ejerciendo presión sobre la herida. Aunque sabía que el chico estaba condenado, no podía dejar de tratar de salvarle la vida. Entonces  el chico puso los ojos en blanco y dejó de respirar. Keity me puso la mano en el hombro.
—Lo haré yo si quieres…— dijo Keity.
Yo me levanté y le di un puñetazo al tronco de un árbol mientras Keity clavaba un cuchillo en la cabeza del hijo de la doctora Green. Había fallado en mi promesa y un niño inocente que tenía toda la vida por delante, había muerto ante mis ojos. Si hubiese llegado unos segundos antes. Entonces, alcé la vista y vi una fábrica en cuya puerta había un grupo de caminantes aporreando sin descanso.
—Ahí es— dijo en ese momento Jake.  –Es ahí donde se esconden.
—Antes de morir… Ese niño dijo que no lo dejaron entrar— dije lleno de rabia. –Probablemente trataba de regresar al hospital para reunirse con su madre.
Todos los demás acudieron a donde me encontraba y comenzamos a mirar hacia la fábrica. David se acercó a mí y me miró. —¿Qué hacemos? ¿Entramos ya o esperamos?
—Vamos a entrar— dije. Entonces los miré a todos. –No quiero prisioneros. Los quiero a todos muertos.
******

Eleonor era una de los pocos supervivientes de los Cuervos negros. Cuando comenzó aquel día nunca se imaginó lo que iba a pasar, se imaginó que los integrantes de aquel grupo opondrían resistencia, pero nunca se imaginó que serían capaces de poner música para atraer a aquellos seres y así reducir su número,  como tampoco se  imaginó que Ross acabaría muerto con un tiro en la cabeza.
Entró en el despacho que un día perteneció a Ross y allí vio la cabeza que este guardaba allí como un tesoro. Eleonor no sabía que hacer, sabía que tras la muerte de Ross, allí surgirían conflictos tarde o temprano, todos iban a querer estar al frente del grupo y a ella le aterrorizaba lo que podría ocurrir. Fue en ese momento cuando escuchó unos disparos y pensó que la guerra por el liderazgo había comenzado, pero no era eso. Se asomó por las ventanas del despacho y vio como la puerta de la fábrica se abría de golpe y el grupo del hospital entraba disparando a sus compañeros supervivientes. Rápidamente, Eleonor se escondió dentro de una taquilla que había allí y se quedó quieta, tratando de no respirar fuerte. Los disparos habían cesado, pero aun así no salió, simplemente esperó.
No sabía cuanto tiempo había pasado cuando vio abrirse la puerta del despacho. Entonces entraron un hombre y una mujer. El era un tipo delgado con barba y el pelo algo largo. Sus manos estaban manchadas de sangre, a el lo reconoció, era el líder del grupo. La mujer era delgada también, tenía el pelo algo corto y portaba una katana. Ambos comenzaron a mirar por el despacho y el se quedó mirando la cabeza.
—Levine…— dijo el.
—Esos malnacidos ya han pagado por ello— respondió la mujer. –Será mejor que regresemos al hospital. Liberaremos a los prisioneros y regresaremos.
—Si… Por favor. Marcharos— pensó para si misma Eleonor. –Marcharos.
Justamente en ese momento entró una tercera persona. Un chico joven al que Eleonor reconoció enseguida. Se trataba de Jake. El estaba con ellos. El los había traicionado y había llevado a ese grupo allí. En ese momento se le escapó un suspiro y llamó la atención de los presentes. La chica, sin pensárselo dos veces, avanzó hacia la taquilla y abrió la puerta. Eleonor cayó de bruces, trató de incorporarse, pero entonces un pie sobre su espalda se lo impidió.
—Eleonor…— murmuró Jake.
—Mira tú por donde. ¿Qué te parece?— preguntó la mujer mirando al líder. –Aún quedaba una. ¿Qué hacemos con ella?
En ese momento, Eleonor vio su oportunidad. –Por favor. Dejadme vivir. Yo no soy como ellos. Solo estaba en el grupo para sobrevivir. Os puedo servir de ayuda, mucho más que Jake. Si me dejáis vivir…— Eleonor vio en ese momento como el líder negaba con la cabeza y entonces comenzó a salir por la puerta. Quiso decir algo más, pero antes de que pudiera abrir de nuevo la boca, su cabeza rodó por el suelo.
******
Jake, Luci y yo bajamos por las escaleras. Debajo de mi brazo llevaba una bolsa con la cabeza de Levine. No podía hacer mucho por el, pero al menos, quería darle un digno entierro. Detrás de mi, iba Luci limpiando la sangre de la katana, a su lado, Jake no dejaba de hablar.
—No era mala persona, pero últimamente estaba como muy influenciada por Ross. Todos los estaban— Jake miró los cadáveres de sus antiguos compañeros. Juan y Mike los estaban amontonando en una pila mientras los demás liberaban a los prisioneros. –Yo también lo estaba. Quizás si la hubieses dejado hablar…
—Vinimos aquí con un propósito claro. Ya lo hemos cumplido— respondió Luci de forma tajante. –Ahora volvamos al hospital.
Una vez abajo y con todos los prisioneros liberados, me dirigí a ellos. Había hombres y mujeres de todas las edades, pero ningún niño. Busqué a los que habían desaparecido de nuestro grupo, pero no había ni rastro de ellos.
—A algunos los mataron. Estaban muy débiles o trataron de escapar— explicó Jake. Yo lo miré y Luci le dio un codazo.
—Será mejor que ahora no le hables. Solo es una recomendación que te hago.
Me planté delante de los prisioneros liberados y me dirigí a ellos. –Mi nombre es Juanma, y ellos son mis compañeros. Nosotros no somos como los que os tenían cautivos. Os hemos liberado y os ofrecemos una nueva oportunidad, si venís con nosotros tendréis un lugar en el que vivir. Un lugar en el que empezar de cero— entonces miré a Amparo y ella asintió. Seguí hablando –Os invito a que vengáis con nosotros y sobreviváis, todos vosotros. Bienvenidos a nuestro grupo.
Ninguno de los liberados dijo nada, todos parecían estar de acuerdo con lo que decía. Poco después, usamos dos de los camiones que había allí y comenzamos a regresar al hospital JFK. Dentro de poco iba a tener que decirle a la doctora que no había logrado traer a su hijo de vuelta. Era lo que iba pensando en el camión hasta que se me acercó Keity.
—Cuando lleguemos… Deja que sea yo quien se lo diga a Green. Será lo mejor.
—Green no lo entenderá. Le di mi palabra y la pifié— respondí.
—Has liberado a más de dos decenas de personas. Estaban condenadas y las  has salvado. Puede que no salvaras a Warren, pero lo que has hecho hoy, es digno de una persona necesaria para este mundo. Este mundo necesita a gente como tu.
—¿De verdad lo crees?— pregunté.
—Lo se…— respondió Keity. –Se que eres esa persona necesaria. Los demás te necesitan. No se puede  salvar a todo el mundo, pero si que se puede mantener a gente viva en las situaciones más duras. Tú lo has hecho.
—Gracias— dije mirándola.
—No me las des. Solo dije la verdad— respondió Keity.

17:00 horas…
Hospital…

Los camiones llegaron al hospital y fuimos recibidos por todos los demás. Algunos estaban estupefactos por vernos aparecer subidos en aquellos camiones. En un principio habían pensado que eran los cazadores que regresaban, hasta que al final vieron que se trataba de nosotros. Todavía más estupefactos se quedaron cuando vieron a nuestros acompañantes una vez entramos.
—Necesito que les echen un vistazo a estas personas— dije mirando a los celadores y enfermeras. –Presentan signos de desnutrición y deshidratación.
Los celadores y enfermeras comenzaron a llevarse a los presos liberados y entonces se me acercó Eva.
—¿Quiénes son?
—Los prisioneros de los cazadores. No  podía dejarlos allí. Habrían muerto— respondí. En ese momento vi a la doctora buscando a su hijo por allí. Pensé en ir a decirle algo, pero entonces Keity se me adelantó y se llevó a la doctora a un lugar apartado para darle la mala noticia. En mi corazón sentía un profundo dolor por no haber podido salvar a aquel niño. Aun así, confiaba en Keity.

Día 17 de Noviembre de 2010
Día 872 del Apocalipsis…
01:00 de la madrugada, Hospital…


Como un jarro de agua fría. Así era como la noticia de la muerte de su hijo le había caído a la doctora Green. Le habían prometido que recuperaría a su hijo, pero no había sido así. Ya no volvería a verlo, ya lo tenía asumido, pero alguien tenía que pagar. El culpable de la muerte de su hijo, y ese culpable estaba allí.